Xtories

Campus Cornudo PARTE 3 (Cap. 1)

Silvestre no llama por casualidad. Dice que tiene que presentarte a alguien y que eso lo cambia todo. Mientras tú intentas creer que el pasado quedó atrás, la puerta se está abriendo de nuevo.

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P A R T E I I I

E M P U T E C I D A

“Nunca pertenece a un club que admita como miembro a alguien como yo”

Groucho Marx (1890-1977)

CAPÍTULO 32

DOS MESES DESPUÉS.

Hoy, me he despertado con la, ya recurrente, pesadilla de las pollas-serpiente que mancillan a Laura penetrándola por todos sus orificios hasta cubrirla de un semen viscoso del que tiene que salir nadando. El sueño en sí era absurdo, pero suficientemente angustioso como para que me despertara cubierto de sudor.

–¿Estás bien? – preguntó Laura acostada a mi lado.

–Sí, sí, sólo ha sido una pesadilla absurda.

A pesar de que aún era temprano, el sueño me había desvelado así que me incorporé y fui a ducharme.

Estaba recuperándome de los estragos de la pesadilla bajo la tibia agua, cuando noté como unos deliciosos pechos se apoyaban en mi espalda y una cálida lengua lamía mi cuello.

–Ummmmmm– que agradable sentir la calidez del cuerpo de Laura abrazándome.

Me giré para besar a Laura y, ella, correspondió a mi beso abriendo la boca y uniendo nuestras lenguas en un húmedo morreo. El agua se escurría entre los dos cuerpos aumentando la sensibilidad de la piel.

Entonces, como si pudiera leer mi mente, se arrodilló frente a mí y se tragó mi polla completamente.

Con las dos manos, sujeté su cabeza y empecé a follarme su boca, poco a poco, pero profundamente. Laura se tragó mi polla con naturalidad, disfrutándola y saboreándola como si fuera un helado. Con sus manos agarró mis glúteos acercando sus dedos a mi culo y presionándolo ligeramente. Nunca me había hecho eso y me pareció extremadamente placentero. Tanto que, sin poder contenerme más, me corrí en su boca.

* * * * *

Ya fuera de la ducha, seco y vestido me entretuve en admirar como Laura se arreglaba. Su pelo suave, sus ojazos azules y esos pechos, grandes, turgentes con sus inhiestos pezones rosaditos; al verme, Laura, sonrió y se le marcaron en la mejilla sus deliciosos hueyecitos de niña inocente.

Inocente, no sé porque me vino esa palabra y pensé “vaya con la niña inocente que se ha pegado unos polvazos antológicos”. Y de repente, a mi mente regresó la angustiosa experiencia vivida pocos meses antes, cuando Laura estaba completamente obsesionada por la polla de José, la de Adriel y la de Edu… y la de otros tantos indeseables.

Pero todo esto había quedado atrás. “Carpetazo y vida nueva”, había sentenciado Laura el día posterior a follarse a Edu. Y tengo que aceptar que ha cumplido con su palabra. Desde entonces ya no ha habido más infidelidades y ya no ha vuelto a ver a Edu. El único inconveniente era ese fin de semana de cada mes en el que debía asistir a las conferencias que imparte el doctor Gimeno; y la ventaja, todo el tiempo libre del que disfrutaba entre semana.

Nuestras vidas pues, parecía que habían vuelto a su cauce normal, pero como si la pesadilla de la madrugada hubiera sido un mal presagio, todo dio un giro inesperado.

Porque, ese mismo día, recibí una llamada de Silvestre.

–¿Carlos? – preguntó – Hola, soy Silvestre.

Por unos segundos me quedé confundido hasta que le puse cara a la voz.

–¡Silvestre! Ei hola, que alegría oírte de nuevo. ¿Qué tal, como va todo?

–Bien, bien. Pero antes de nada me gustaría hacerte una pregunta, ¿Laura trabaja para la doctora Álvarez?

–Sí. Bueno, en realidad ahora está trabajando para el doctor Gimeno, pero está en la misma empresa – respondí, –desde hace unos tres meses. ¿Y eso? ¿Algún problema?

–Vaya– respondió – esto lo cambia todo– dijo alejándose del micrófono para hablar con otra persona, aunque no pude oír su corta conversación.

–Carlos, deberíamos quedar pronto, tengo que explicarte algunas cosas que debes saber.

–¿De qué se trata? – pregunté.

–No. Por teléfono no puedo contártelo, es mejor que quedemos en persona. Debo presentarte a una persona.

–Pero al menos dime de que se trata.

–Cuando nos veamos. ¿Cuándo estás libre?

–Los fines de semana… o los días laborales a partir de las 18h, menos el jueves que acostumbro a tener partido – respondí.

–Ok. ¿Qué te parece si nos vemos este miércoles a las 18h? Te paso a recoger. Pásame la dirección por WhatsApp – dijo sin darme opción a proponer otra fecha.

–Claro, te la paso enseguida. ¿Pero por qué tanto misterio? – insistí.

–El miércoles te pongo al corriente. Un abrazo a la familia– dijo a modo de despedida y colgó.

Continúa en