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Campus Cornudo PARTE 2 (Cap. 23 - 2ª parte)

Laura olvidó la chaqueta, pero no su deseo. Cuando él regresa por ella, el silencio del coche se rompe con los gritos que vienen del almacén. No es lo que esperaba encontrar, pero es solo el comienzo de una transformación que ningún abrazo podrá detener.

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NOTA DEL AUTOR:

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CAPÍTULO 23 (1ª parte)

–¡La chaqueta! – exclamó de repente Laura, –Me he olvidado la chaqueta en el bar.

–¡Ostia puta! ¿Qué hacemos? No podemos volver allí.

–No, no, no. Es una chaqueta buena. Hay que regresar.

El trayecto de regreso al “Pub Medianoche” fue rápido y cuando llegamos aparqué al primer sitio que encontré libre.

–¡Espérame! – dijo Laura corriendo en dirección al pub.

¿Espérame? No sabía cómo interpretar aquella simple palabra. ¿A qué?

Por el retrovisor vi como Laura entraba en el pub y, obediente, decidí esperar. No podía tardar mucho.

Pero cinco minutos después empecé a preocuparme. Recoger una chaqueta no debería requerir más de un minuto así que cerré el coche y entré en el pub. Me costó un poco acostumbrar la vista a la poca luz del local. Todo estaba tal y como lo habíamos dejado unos pocos minutos antes, pero Laura no estaba allí. Me adentré un poco y cuando los clientes percibieron mi presencia todos se giraron en mi dirección y algunos empezaron a cuchichear mientras a otros se les escapaba una desagradable risita.

Y entonces lo oí.

–¡AHHHH!!!! ¡SIIII!!! SÍ, SÍ, SÍ, SÍ, SÍ… ¡AHHHHHH!

–Pues al final sí que resultó ser una puta– dijo uno de los chicos que jugaban al billar.

–¡TOMA PUTA!!! ¡TOMA POLLLAAAA!!!!

Los gritos venían de un almacén situado detrás de la barra. Intenté acercarme al almacén, pero el camarero me lo impidió.

–Lo siento. Esta ocupado.

–¡AHHHH!!!! ¡DIOSSSS!!!! Me matas…. Que gusto.

Y entre jadeo y grito el camarero me alargó la chaqueta.

–Creo que tu mujer estaba buscando esto – y me la entregó.

–¡¡¡ ME CORRROOOO!!!… ¡¡¡ ME CORRROOOO!!!… ¡¡¡ ME CORRROOOO!!!– los chillidos de Laura resonaban por el local.

–¡TOMA MI LECHE! ¡Trágatela toda, PUTA!

¡PLAFFF! Resonó un bofetón.

–No desperdicies mi leche. ¡PUTA! – ¡PLAFFF!

Poco después del almacén salió el hombre que anteriormente había manoseado a Laura dejándola totalmente cachonda.

–Vaya puta tienes en casa– me dijo al verme, –Es más guarra que Judith y está mucho más buena.

Supongo que Judith sería la puta que pululaba por el local buscando clientes.

–¡AHHHHHH!!!! – volvió a chillar Laura.

–Por cierto, ahora Manolo le va a dejar el culo como la bandera de Japón.

¿Cómo? ¿El otro también iba a follársela? ¡Dios mío!

–¡NO! ¡NO!... ¡no entra!…es demasiado gorda. ¡AHHHHHH!!!! ¡DIOSSSS!!!

–La polla de Manolo es cortita– volvió a decir el cabrón que se había follado a Laura, –pero la tiene muy, muy gorda. – Y empezó a reír a carcajadas.

¡plof! ¡plof! ¡plof! ¡plof!

–Vaya, ya está dentro– añadió cuando pudo dejar de reír como un enloquecido.

–¡AHHHHHH!!!! DIOOOOS ¡Que gorda!! ¡AHHHHHH!!!! ¡Me llenas!!!

¡plof! ¡plof! ¡plof! ¡plof!

El ritmo de la sodomización era una locura y tuve que sentarme en mi mesa porque las piernas me flaquearon.

–¡AHHHHHH!!!!

Uno de los chicos del billar se acercó a la barra y se puso a hablar con el camarero.

–Venga bro, enróllate – oí que decía.

¡plof! ¡plof! ¡plof! ¡plof!

–Y una mierda, yo a ti ya no te fio ni un euro más.

–Venga bro, que una churri como esa sólo aparece una vez en la vida.

Pero con un gesto grosero el camarero se lo quitó de encima. Cabreado el joven se giró, pero al verme se acercó a mi mesa.

–Oye bro, ¿la churri del almacén es tu mujer?

–¡AHHHHHH!!!!

–Sí– respondí.

–Está muy buena bro, vaya dos tetazas que se marca. Manolo me ha dicho que folla por 50 pavos.

–¡AHHHH!!!! ¡SIIII!!! SÍ, SÍ, SÍ, SÍ, SÍ

–De eso yo no sé nada– respondí ignorándolo.

–Joder bro. Que tu churri es una auténtica zorra. ¿A cuántos se ha follado esta noche? – preguntó.

–No le llames zorra. Es mi mujer.

–Claro, claro, bro. Oye bro, ¿me prestas los 50 pavos para que me la folle?

–¡AHHHHHH!!!! ¡SIIII!! ¡SIIII!! ¡SIIII!! ¡Me revientas el culo!!!!

¡plof! ¡plof! ¡plof! ¡plof!

–¿Cómo? ¿Me estás pidiendo pasta para follarte a mi mujer? ¡Tú alucinas chaval! – respondí ofendido.

–Venga bro, ¿no me trolees? Venga, sé que te pone ver cómo se follan a tu parienta. No me seas loser, te prometo que me correré en su cara para que puedas lamerla.

¡plof! ¡plof! ¡plof! ¡plof!

–¡AHHHHHH!!!!

–Vete a la mierda – respondí justo cuando Laura volvió a correrse.

–Venga bro. Solo son 50 pavos y me la follaré por donde tu digas – insistió.

–¡AHHHHHH!!!! ¡¡¡ ME CORRROOOO!!!… SIIII ¡¡¡ ME CORRROOOO!!! – gritaron los dos simultáneamente.

–¡Córrete en mi cara! – exclamó Laura.

–¡SIIIIIIII!!!! – gritó una voz masculina y profunda que recordaba el grito de Cristiano Ronaldo al ganar la Bota de Oro.

Atormentado por tanta intensidad, acabé ignorando al joven que me suplicaba dinero y me levanté en dirección a la barra donde tuve que apoyarme para no perder el equilibrio. Poco después vi como salía el segundo hombre que al pasar junto a mí me guiñó un ojo.

Detrás de él salió Laura completamente desnuda y con sus ropas bajo el brazo; al pasar junto al camarero este le puso 50€ en la mano.

–Tu parte. Vuelve cuando quieras.

Las piernas me flaqueaban y ni siquiera me di cuenta cuando Laura se acercó a mí y, con la cara llena de lefa, me besó.

–Vámonos– dijo escueta.

Antes de irme pude ver como el chaval se reunía con sus amigos y, cabreado, lanzaba contra la pared el taco.

–Sois unos hijos de puta tíos. Solo teníais que prestarme 20 pavos y ahora estaría meándome en la cara de esa zorra – a mis espaldas se cerró la puerta del local y ya no pude oír sus delirios mentales.

Subimos al coche y justo cuando activé el contacto salió el joven corriendo con un billete en la mano y gritando.

–¡Eh! ¡PUTA! ¡Tengo la pasta! – pero sin contemplaciones aceleré y le obligué a saltar lateralmente para no ser atropellado.

* * * * *

–¿Qué ha pasado, Laura? – pregunté ya en casa, ambos sentados alrededor de la mesa para comer.

–Ya lo sabes… la primera vez, cuando fuiste al baño derramé parte de mi cerveza y tuve que ir a la barra y pedir un paño. Entonces ese tipo, el de los tatuajes, se acercó a hablarme.

–¿Cómo se llamaba? – pregunté.

–No lo sé, no creo que me lo dijera, y si lo hizo no me acuerdo. Era muy brusco, grosero… zafio, pero me excitó desde el primer momento y él se dio cuenta.

–Lo demás ya lo viste, me acorraló, me manoseó y no paraba de decir groserías que me ponían muy caliente.

–¿Qué tipo de groserías?

–No lo sé, no lo recuerdo… me preguntaba que hacía una puta como yo en aquel bar… me ofreció 20€ por follarme.

–¿20€? ¿Me dijiste 50? – pregunté.

–Sí, me dijo que 20€ es lo que cobraba la puta de la mesa del lado, Judith creo que la llamó, y que por 15€ la chupaba. Luego añadió que como yo estaba más buena podía ofrecerme 50€ por follarme el culo.

–Joder– casi gimoteé.

–Luego empezó a desnudarme y a besarme, me toco las tetas y me puso muy, muy cachonda. Estuve a punto… realmente muy a punto de aceptar su oferta en aquel momento. Si no hubiera sido porque se confió y aflojó su agarre… me habría follado allí mismo… él y todos los demás… ¿Por qué? ¿Por qué soy tan guarra? Me doy miedo a mí misma.

–Y nos fuimos, pero quisiste regresar.

–Lo siento, amor, me follaste en el descampado, pero aquello no sirvió para nada. Me dejaste aún más cachonda de lo que ya estaba. Lo siento cariño, pero no sabes follar.

–De modo que cuando volviste a entrar, ¿ya sabías a que ibas? No hacía falta que entraras, yo podía recoger la chaqueta.

–Sí amor. Sabía a qué entraba. Y me fui directo al tío de los tatuajes y le dije algo así como “50€ el completo”.

–Y entonces el camarero dijo que “no”, que aquello no era un “puticlub” que si quería follar tenía que pagar la habitación. Y acepté que se quedara el 50%.

–Entonces el camarero, en voz alta para todos dijo: “Quien quiera follarse a la puta que pase por caja. Son 50€ por persona.

–Joder, ¿Y lo hiciste con los dos? ¿O fueron más? – pregunté, aunque ya sabía la respuesta.

–No, sólo con los dos de la barra. El primero tenía polla normal tirando a grande, pero me folló bien, sabía moverse, y no paraba de decir guarradas mientras me la metía.

–El segundo era un cabrón violento con una polla pequeña pero muy gorda. Y él lo sabe, por eso se folla a todas las putas por el culo. Porque sabe que les hace daño.

–Pero tú te corriste.

–Sí amor, ya me han metido pollas gordas por el culo y… y me gusta sentirme llena.

–¿Te pagaron? – pregunté.

–Sí, 50€ por los dos. ¡Dios mío! Ahora sí que soy una puta de verdad.

Sólo pude responder con un –Te quiero amor–, un abrazo y limpiarle las lágrimas de sus mejillas con besos cariñosos.

–¿Tú crees que soy una puta? – preguntó sollozando.

–No amor, claro que no.

–¿Pues que me pasa? ¿Por qué me excito tanto cuando me tratan como a una puta? ¿Sabes? El día de la graduación… cuando José me humilló vendiéndome como a una puta… algo… no se… algo se rompió dentro de mi…

–O algo se despertó– respondí yo.

–¿Entonces? ¿Crees que era algo que llevaba dentro de mí? ¿Crees que realmente soy una puta?

–No amor, eres mi esposa. Mi amada.

Nos quedamos pensativos durante un buen rato, pero tras aquella conversación me di cuenta de un hecho incontestable, algo se había despertado en Laura; un instinto, un deseo ávido e insaciable Y no había manera de detenerlo.

* * * * *

La de esta noche había sido la primera experiencia extramatrimonial después del viaje a Santo Domingo y, a diferencia de las otras, Laura no me había pedido permiso y ni siquiera se le ocurrió preguntarme si me había parecido bien.

¿Cómo puede ser que Laura en tan poco tiempo haya pasado de una dulce, fiel y abnegada esposa a una obsesa del sexo que goza sintiéndose puta? Desafortunadamente no tenía respuesta a mis preguntas y no pude llegar a ninguna conclusión.

Aunque una cosa estaba clara, aquello, solo era el principio y, sin duda, volvería a repetirse.