Xtories

Campus Cornudo PARTE 2 (Cap. 22)

David lleva un cinturón de castidad y su esposa acaba de confesar que disfrutó siendo penetrada por dos hombres a la vez. Ahora, en la cama, él debe decidir si puede soportar la realidad de su propia impotencia mientras ella exige placer.

Lapica8.6K vistas9.3· 15 votos

NOTA DEL AUTOR:

Puedes encontrar la novela completa en Amazon:

https://www.amazon.es/dp/B0FMYHRVN5

DESPACHO DRA. ÁLVAREZ

LA COMPAÑÍA – MADRID

[LLAMADA TELEFÓNICA] TUUT... TUUT... TUUT...

[Desconocido] ¿Ya dispone del informe del seguimiento del sujeto?

[Doctora Álvarez] Sí. En estos momentos está en pleno proceso postraumático. Tal y como advertí la experiencia fue demasiado intensa y ahora siente una mezcla de culpa y vergüenza. Hay que proceder con mucho cuidado o la perderemos.

[Desconocido] Haga lo que sea necesario.

[Doctora Álvarez] Por supuesto. Así se hará.

CAPÍTULO 22

Durante la siguiente semana no hubo ningún hecho relevante ya que, de nuevo, recuperamos la rutina diaria. Despertase, trabajar y dormir. Pero cada día, cuando me levantaba podía ver sobre la mesita de noche de Laura los dos panfletos que me observaban como la espada de Damocles.

Laura no parecía que los consultara pues estuvieron toda la semana en la misma posición, aunque por algún motivo, tampoco los tiraba a la basura. Supongo que se reservaba la posibilidad de recurrir a ellos algún día.

* * * * *

Finalmente, por fin, llegó el esperado viernes de tardeo con Marisa y Edu. La verdad es que me apetecía romper con la rutina y olvidarme por unas horas del estrés laboral.

Como era habitual, los encontramos cómodamente recostados en nuestros sofás de siempre. Bromeamos de varios temas y por suerte, no se habló ni de las “vacaciones” ni de nuestras experiencias extramatrimoniales.

El local estaba relativamente vacío y las chicas aprovecharon que la pista estaba libre para salir y bailar un poco. Edu y yo nos quedamos mirando sus sinuosos movimientos durante un buen rato, hasta que Edu rompió el silencio.

–David– dijo –creo que debo contarte algo que no sabes. – añadió en tono bajo.

–¿Te acuerdas cuando el último viernes, Marisa le preguntó sobre la doble penetración a Laura? ¿Y Laura se interrumpió de golpe?

–También lo notaste, ¿no? – pregunté.

–Sí. ¿Como no darse cuenta? Además, su excusa fue un poco... inocente. Todo el mundo sabe lo que es una doble penetración. – argumentó.

–¿Y qué es lo que tú sabes y yo no? – pregunté un poco molesto y con la sensación de que aquello no iba a ningún sitio. Yo ya había detectado ese “lapsus” y tras meditarlo había decidido no darle más importancia.

–Pues bien, se ve que Laura y Marisa han estado chateando estos días, y según me dijo mi mujer, Laura le confirmó que había hecho una doble penetración.

–¿Laura se lo dijo? – pregunté.

–Sí. Yo mismo vi el mensaje. Literalmente ponía: “fue una puta pasada, uno por el coño y otro por el culo”.

Me quedé en silencio.

–¡Joder Edu!, no me jodas.

–Sólo sé eso. Creí que tenía que decírtelo. Pero, sobre todo, no le digas que yo te lo he dicho. Como se entere nunca más va a confiar en Marisa. Y aunque sea para enterarte de cosas como esa te interesa que tengan mucha confianza.

–Si claro– dije pensativamente. –de algún modo tendré que sonsacárselo. Pero no te preocupes no le diré que me lo has dicho tú.

Justo en aquel momento regresaron las chicas interrumpiendo abruptamente la conversación.

–¿De qué hablabais? – preguntó Laura.

–De nada. Tonterías de hombres... no lo entenderíais...– replicó Edu riéndose a carcajadas.

De pie frente a nosotros, nuestras hembras alfa se exhibían intencionadamente marcando sus voluptuosos cuerpos. Ambas con ropa ajustada; falda y blusa. Ambas con sus esbeltas, fuertes y torneadas piernas se sentaron simultáneamente y las cruzaron al más puro estilo “instinto básico”.

–¿Así que no lo entenderíamos? – dijo seductoramente Marisa echando ligeramente el cuerpo hacía delante mostrando su escote.

–Pues no– insistió Edu con una pose de chico interesante –cosas de hombres.

–Claro– replicó Marisa, –porque las mujeres debemos cuidar de la cocina y de nuestros maridos.

–Por supuesto– afirmó Edu con una impostada seriedad.

–Pero a cambio– interrumpió Marisa con un tono muy sugerente –los hombres debéis satisfacer a vuestras esposas.

–Por supuesto. Es responsabilidad de un buen marido garantizar que su esposa alcance, como mínimo, un orgasmo al día– reafirmó Edu.

–¿Y qué pasa si el hombre de la casa no puede cumplir con sus obligaciones adecuadamente? – cuestionó Marisa echando la cabeza atrás y el pecho fuera.

–Pues que entonces otro debe asumir su cometido – respondió Edu mirando en mi dirección.

–Pues eso, ¿vamos Laura? En la pista nos esperan esos dos buenos sementales. – y sin echar la vista atrás, las dos, se levantaron y se fueron a la pista de baile donde, rápidamente, dos chicos de unos 30 años se acercaron a ellas y les dieron sendos besos en la mejilla.

Edu y yo nos quedamos completamente anonadados mirando a nuestras respectivas esposas dejándose seducir por dos desconocidos. Sonaba música de los 80, la típica música disco de la época; Queen, Madonna, Michael Jackson… hasta que de repente sonó “I will survive” de Gloria Gaynor.

Las chicas enloquecieron, sobre todo al sonar el estribillo. Las dos gritaban al unísono la famosa frase “I will survive” levantando los brazos y ofreciéndoles a los chicos una oportunidad irrechazable para agarrarlas por la cintura y hacerlas girar.

Edu y yo nos miramos estupefactos ante el espectáculo.

–¿Tu aún lo llevas? – pregunté.

–¿El que? – respondió Edu sin perder de vista a su esposa.

–El cinturón de castidad– aclaré.

–Ui no. Nunca me lo pusieron. Creo que lo han incorporado hace poco. ¿Tú aún lo llevas? – preguntó.

–Sí– respondí medio humillado y preocupado.

–Uffff. Míralas... se me está poniendo la polla dura... lástima... tú no puedes– dijo riéndose de mi sin ninguna compasión.

–¡Cabrón! – respondí ofendido. –¿Marisa llegó tan lejos como Laura en el campus?

–Que va– respondió él sin ofrecerme más información; sin duda estaba más concentrado en el baile de las chicas que en mis preguntas.

–Y, ¿habéis tenido más experiencias de infidelidad? – pregunté.

–Sí y no. Desde hace un tiempo somos una pareja abierta, aunque también hemos hecho tríos, normalmente, con otras mujeres. Y en todas las ocasiones yo participo activamente.

–¿Con una mujer? – pregunté extrañado.

–Pues sí, a Marisa le va el tema bollo.

–Y tu encantado, ¿no?

–¡Tu dirás!

De pronto, la música cambió y empezó a sonar “Suzanne” de Alister Hill. Naturalmente, los hombres aprovecharon para bailar agarrados con nuestras hembras que no rechazaron el acercamiento. Estaba bastante oscuro y las luces de colores intermitentes no me permitían ver con claridad, pero sin duda a mi esposa le sujetaban el culo con una mano. Muy cerca de la costura inferior de la falda. Por unos instantes tuve la sensación de que un dedo se colaba por debajo y acariciaba directamente las nalgas de Laura.

Laura apoyó su cabeza sobre el hombro de su pareja de baile y se dejó llevar sensualmente, hasta que la canción terminó. Aun así, Laura permaneció agarrada al cuello de aquel hombre que, envalentonado, metió sus dos manos por debajo de la falda y manoseó a placer sus glúteos. Hasta que, repentinamente, Marisa los separó y arrastrándola con fuerza la guio hasta nosotros.

–Si la dejo sola esta se lía con el “musculitos”– dijo Marisa aludiendo a una característica del hombre en la que no me había fijado. Por su parte, los dos hombres, decepcionados, se retiraron a la barra para pedir unas copas.

–Creo que están decepcionados– dije yo al ver como los hombres se retiraban.

–Tú dirás. Han tenido la oportunidad de bailar con dos mujeres de bandera como nosotras. – dijo Marisa.

–Y de manosearlas un poco, ¿no Laura? – añadió riéndose de Laura.

Por un momento, la cara de Laura pasó por todos los tonos de color posibles hasta ponerse roja como un tomate. Sin duda, aquel acercamiento la había puesto más cachonda de lo que ella misma quería aceptar.

–Pues no parecen ser de los que se conforman con tan poco. – intervino Edu.

–Y no lo son. Aunque ya sabían que estábamos con vosotros han insistido en ir a un reservado – añadió Laura.

–Joder– respondí impresionado.

–Y la muy zorra habría ido sin pensárselo. Menos mal que me la he llevado, sino ahora estaría con una polla en el coño– dijo Marisa riéndose.

–Y una mierda– respondió Laura haciéndose la ofendida.

–¿A sí? Seguro que tienes el coño chorreando– la increpó Marisa.

–¡Que lenguaje tan vulgar! – se interpuso Edu.

–Cosas de chicas– respondieron las dos a la vez riéndose sin poder contenerse.

La conversación no fue a más, los chicos se fueron del local y poco después nosotros también. Aunque de regreso a casa me quedé con la duda...

¿Realmente habría estado dispuesta a ir a un privado con ese tío? Y tras meditarlo un poco llegué a la convicción de que sí; era capaz de ir al privado y follárselo... ¿o no? No estaba seguro.

Durante el camino de regreso aproveché la oportunidad de interrogar a Laura.

–Laura– dije para que me prestara atención, –la última vez que quedamos con Edu, dijiste algo que me dejó preocupado.

–¿Qué? – respondió

–Es sobre lo de la doble penetración...– dije sin acabar la frase que realmente quería decir.

–¿Te ha dicho algo Edu? – acusó Laura.

–No. Que va, pero durante la conversación me ha venido a la memoria ese “incidente”.

–¿Incidente?

–Bueno, pues que tengo la sensación de que realmente se te escapó y dijiste algo que no querías decir. ¿Sabes que puedes contármelo todo? ¿no? – añadí convencido.

–Cariño...– respondió Laura sinceramente afectada. –sí, lo sé.

–¿Lo hiciste? – pregunté finalmente –¿Hiciste una doble penetración en algún momento? ¿Cuándo? ¿Cuándo me desfallecí en la celda?

–No– respondió insegura.

–¿No? ¿No lo hiciste? ¿O no lo hiciste en la celda?

–No... no...– balbuceaba Laura, –no lo hice.... – se detuvo unos instantes, pero sus titubeos eran prueba más que suficiente para confirmar mis sospechas, –No lo hice en la celda… fue en la cabaña de José. – confesó finalmente.

Claro, como yo no estuve presente esa noche no la había tenido en cuenta, pero en esa ocasión, estuvieron solos en su cabaña toda la noche y, por lo visto, sucedieron más cosas de las que me habían contado.

Cuando llegamos al portal interrumpimos la conversación porque nos cruzamos con los vecinos del quinto; subimos con ellos en ascensor y, finalmente, ya solos, entramos en casa.

–¿Por qué no me lo contaste? – pregunté.

–Lo siento amor.... no sabía cómo te lo tomarías…– respondió realmente afectada. –Y no quería dañarte. Yo no quería, no lo busqué... simplemente... pasó.

–Cuéntamelo. Cuéntamelo todo esta vez. – ordené tajante.

–Esa noche, ¿recuerdas? Entré en su cabaña y a ti te dejaron fuera, me sentí mal, pero estaba terriblemente excitada; José me había dejado a medio follar en el mar. Ya lo sé, no debí quedarme. Lo sé. Pero quería volver a sentir esa polla dentro de mí. Realmente lo necesitaba.

–Una vez dentro nos enrollamos, él me desnudó, de hecho, me arrancó la ropa. Luego él también se desnudó y sin darme cuenta ya me estaba follando a lo salvaje.

–Ya te lo puedes imaginar, me folló como sólo él sabe hacerlo y en pocos minutos ya me estaba corriendo. Yo gritaba, chillaba de gusto y me corría una y otra vez.

–Continua– ordené tras detectar una pausa un poco más larga de lo necesario.

–No sé cuánto tiempo pasó, supongo que se esperó a comprobar que tú te ibas… –y tras una casi imperceptible pausa continuó, –entró Washington en silencio, sin que me diera cuenta. Cuando lo vi estábamos follando, José tumbado boca arriba y yo cabalgando como una amazona y, entonces, noté como sus manos me agarraban las tetas desde atrás y su polla se situaba en la entrada de mi culo.

–Dije que no quería, ¡no!, ¡no!, ¡no! Repetí una y otra vez. Pero continuaba con la polla de José dentro de mí y no quería sacarla. Simplemente no pude hacer nada para impedirlo. Cuando me di cuenta ya tenía las dos pollas dentro.

–Joder cariño, no me mires así, por eso no te lo conté. No quería dañarte.

–Y, sin embargo, lo disfrutaste. “Una puta pasada” estuviste a punto de decir.

–Pues sí. Ni te lo imaginas. Esos dos cabrones llevan años haciéndolo. Se mueven a la perfección; mientras uno la mete el otro la saca y luego al revés. Es placer sobre placer. Y no paran, se estuvieron así una hora o más. Me mataron de gusto; jamás había sentido algo parecido, ni lo he vuelto a sentir. Ni siquiera el día de la graduación.

–Me corrí tantas veces que perdí la cuenta. De hecho, cuando se corrieron dentro de mi quedé completamente desfallecida. Y ya no recuerdo nada más; hasta que, por la mañana, me despertaron las caricias de José. Y lo demás ya lo sabes, al despertarme me volvió a follar y me obligó a regresar completamente desnuda y sin limpiarme.

–Perdóname amor... debí contártelo, no volveré a ocultarte nada. – dijo con lágrimas en los ojos.

Se los sequé con mi dedo pulgar y la besé en sus húmedas mejillas. Y luego en los labios. Laura abrió la boca y nos besamos uniendo las lenguas en un morreo húmedo y excitante.

Y entonces, el teléfono se despertó rompiendo la magia del instante.

TUUT... TUUT... TUUT... TUUT...

Me quedé paralizado, agarré el teléfono y respondí.

–¿Dígame...?

Y una alegre voz femenina contestó.

–Hola, soy Soraya y le llamo para ofrecerle un descuento de hasta el 50% en el precio de su línea de fibra óptica... ¿Con que compañía tiene contratado el acceso a Internet?

Estupefacto levanté la vista y lo único que pude ver fue a Laura con expresión interrogativa preguntándome con señas quien estaba al otro lado del hilo.

–Me estás... me cag…!LA OSTIA! – exclamé al final, –¿justo en el momento en que mi esposa confiesa que se la follaron a la vez dos mulatos con unos pollones de 25cm… vas y me llamas para ofrecerme un descuento en la wifi? ¡ME CAGO EN LA PUTA!!!– exclamé.

–¿Perdón? – acertó a responder la supuesta Soraya.

¡CLACK!

Y colgué mirando incrédulo a mi querida Laura.

–¿Quién era? – preguntó Laura desconcertada.

–Una telefonista… me ofrecía internet por fibra óptica – atiné a responder.

–Y… ¿Y le has dicho a la telefonista que me follaron dos mulatos? – preguntó Laura tan confundida como yo.

–Pues parece que sí– respondí con media sonrisa en la cara.

Y entonces Laura se rio, fue una risa nerviosa, pero cien por cien espontánea. Y esa era una risa contagiosa y yo me uní a ella; y ambos acabamos con una de esas risas descontroladas que no te dejan parar.

–Estás loco… ¡JAJAJAJA!!!- Finalmente tuve que parar porque notaba el pecho a punto de explotar.

–¿Pero… la oferta de wifi era buena? – dijo Laura entrecortándose por las risas.

–No lo sé – respondí sin poder parar de reír, –¿Debería haber escuchado su oferta?

–Claro.

Poco a poco fuimos recuperando nuestro temple y por unos momentos agradecí a Soraya que rompiera la tensión de la confesión de Laura con una llamada tan inoportuna.

–Libera mi polla... me gustaría follarte. – me atreví a ordenar. Aunque más que una orden fue una súplica.

–Cariño...– dijo Laura compungida, –sabes que esto no es posible. Con tu pollita no puedes darme placer.

–Amor... pero quiero sentirte. – insistí.

–Ya oíste a la sexóloga, debes asumir tus limitaciones. Bueno, también dijo que era positivo tener sesiones de sexo en pareja; pero sólo dejaré que me folles si antes consigues que me venga con la lengua.

Laura se tumbó en la cama ofreciéndome su depilado coño en bandeja. Era una imagen extremadamente sexual y erótica de modo que me lancé a lamerlo con autentica devoción.

–Ummmm– suspiró Laura con el primer contacto.

Estiré los brazos para alcanzar sus tetas y sujetándolas con fuerza le pellizqué el pezón.

–¡AHHHHHH!! – se quejó ligeramente Laura.

Incorporándome un poco me coloqué encima de Laura para poder lamer sus inhiestos pezones y manosear sus impresionantes tetas. En esa posición, mi polla, encerrada en su cinturón, se situó en la entrada del coño de Laura y sin apenas empujar se introdujo él sólo.

¡Dios mío! Estaba follándome a Laura con el cinturón de castidad puesto. Mi polla no podía ponerse dura y aun así estaba disfrutando de una sorprendente y agradable sensación de calor y humedad.

–Ummmm… mi cornudito me ha metido su pollita dentro… – dijo Laura al sentirla en su interior.

No sé porque ni como pero aquel calorcito me animó a penetrar a Laura como si de un polvo normal se tratara. Con golpes rápidos, secos y también, me gustaría poder decir profundos, pero eso era imposible con un cinturón de apenas 3 centímetros.

Y aun así… me corrí.

* * * * *

Tumbado en la cama haciendo la cucharita con Laura repasé mentalmente su confesión. La cabaña de José, la doble penetración, Washington y poco antes de caer rendido caí en un detalle que me había pasado desapercibido; Washington había sido asignado como macho alfa en exclusiva para David y Mari Carmen con quienes formó una relación poliamorosa. Por aquellos días debería estar muy “ocupado” durante las noches.

¿Es posible que Laura mienta en eso? ¿Y si no fue Washington quien pudo ser? ¿Por qué ocultarlo? ¿Tal vez fue otro y creyó que me disgustaría? No se me ocurría nadie. Para mí todos los machos alfa eran lo mismo; tanto daba uno como otro. Pero, si no era uno de los machos alfa, ¿Quién era?