Xtories

Aliviando al marido cornudo (2)

Mabel cree que solo está cumpliendo un capricho de su amante, pero no sabe que el coche es solo el escenario para un juego de poder mucho más oscuro. Mientras su marido la folla al otro lado de la pantalla, ella descubre que la verdadera penetración está por comenzar.

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Por la mañana me desperté muy temprano, como acostumbro, realicé mi rutina matinal y, mientras me tomaba la infusión, curioseé el teléfono. Mabel ya se había conectado, me había enviado un emoticono sexy de buenos días. Empecé a morbosear con mi petición del día anterior y con los dos polvazos que habíamos echado, así que di por supuesto que no había peligro y le respondí:

- Buenos días, qué tal, aún en la cama?

- No, estoy en la cocina, preparándole el desayuno a mi hija, que ya mismo se marcha.

- Recuerda que luego tienes que darle su desayuno a tu cornudito.

- Estás seguro? No sé si es buena idea.

- Escucha: eres mi putita, ayer prometiste obedecerme, así que, en cuanto se marche tu hija quiero que pongas el teléfono a grabar en 4K y que dejes a tu cornudo que se desleche en el coño jugoso de su esposa, pero recuerda, ni rozarte los pechos o el culo, el resto de tu cuerpo me pertenece, tampoco nada de mamadas.

Y en cuanto acabes quiero que te pongas unas bragas "cristianas", de algodón, nada pequeñito ni sexy, quiero que las traigas empapadas con la corrida del cornudo.

- Eres el diablo.

- Respóndeme.

- Sí, lo haré, me tienes en celo con tus mensajes.

- Por cierto, no quiero que te asees ni antes de dejar que te folle ni después, que huela tu coñito de loba en celo, y que yo luego pueda husmearte como tu semental que soy, me da mucho morbo saber que vendrás a verme recién follada por tu marido.

- Cerdo!!!

Mabel interrumpió el chat, yo me dirigí a mí oficina y comencé la jornada laboral, no sin antes indicarle a mi secretaria que no quería reuniones ni con clientes ni con empleados, que tendría que visitar a un cliente fuera del edificio en un rato.

Sobre las 10;30 sonó un mensaje:

- Ya, mi amor.

- Te espero en media hora en el aparcamiento del centro comercial, aparcaré en la zona del fondo.

- Dame 45 minutos, porfa.

- De acuerdo, pero recuerda: sin asearte.

- Eres un cochino depravado.

A la hora indicada Mabel apareció por el subterráneo y estacionó cerca de mi vehículo, se bajó rápidamente. Llevaba una minifalda que permitía admirar sus piernas de vértigo y que también dejaría un más cómodo acceso al tesoro de su entrepierna.

Entró a mí coche y se lanzó a besarme sin mediar palabra. Tras separar nuestros labios de aquel efusivo saludo, me soltó:

- Buenos días, amor.

- Mabel, estás bellísima, esa minifalda provoca infartos y erecciones en todos los que nos cruzamos contigo, pero tenemos poco tiempo: reclínate y enséñame tu entrepierna.

Mabel sonrió con cara de calentura, inclinó un poco su asiento, remangó su minifalda y me mostró su vientre cubierto por unas grandes bragas de algodón color visón. Cuando separó los muslos una escandalosa mancha de humedad se hizo visible sobre su coño,a simple vista se vislumbraba una deliciosa mezcla de semen del cornudo y, sobre todo, de su flujo vaginal, venía cachonda como una perra en celo.

Acaricié sus espectaculares muslos, tibios y firmes como la piedra, hasta llegar a su caliente y húmeda entrepierna, aparté la empapada tela de la braga "cristiana" de mi adúltera amante e introduje dos dedos en su interior sin dificultad ninguna. El terciopelo de su vagina estaba viscoso, mis dedos se impregnaron de una sustancia blanquecina, la misma que impregnaba sus bragas. Mabel se retorcía y ronroneaba como una pantera.

Le saqué los dedos y los acerqué a mi nariz, era muy morboso el aroma de su coño, se notaba todo lo acumulado durante la noche, más la corrida del cornudo y la humedad natural de la zorra que desea ser follada, pero en absoluto me desagradaba, pues el morbo de la situación ayudaba a franquear cualquier nimio tabú. Acerqué los dedos a la boca de mi amante, que sin dudar los chupó con avidez, degustando el sabor de la leche de su marido tomada de la mano del amante que lo tenía coronado de cuernos.

- Bien, ahora muéstrame la grabación de tu teléfono.

Obediente hurgó en su bolso, sacó su celular y lo puso en mi mano, listo para darle al play.

- No te quedes ahí quieta, chúpamela mientras veo el vídeo.

Aquella mujer era una joya, en un periquete se arrodilló sobre su asiento, con la minifalda por la cintura, su empapada braga echada a un lado y el coño bien visible para cualquiera que se acercase a la ventanilla del vehículo. Sacó mi erecto miembro del pantalón y se puso a chupar con parsimonia, ensalivando todo el tronco, lanzando su ardiente aliento sobre mi prepucio.

La grabación comenzaba con Mabel colocando su teléfono sobre lo que parecía ser la mesita de noche, con un ángulo inmejorable de toda su cama y de parte del dormitorio. El pobre marido estaba aún arrebujado entre las sábanas, remoloneando mientras sus mujeres se buscaban la vida, una estudiando y la otra.. zorreando.

Mabel se sentó en la cama, sonrió a la cámara, me lanzó un besito y se despojó del pantalón del pijama, llevaba unas braguitas lisas de color negro, que se encargó de mostrarme por detrás y por delante, cerciorándome de que le quedaban divinas. No pude evitar pasar la mano libre por detrás de su culo y empezar a masturbarla mientras me la chupaba, tarea a la que se dedicó con más afán con mi estimulación manual a su entrepierna encharcadísima.

En el vídeo Mabel se situaba a cuatro patas, de espaldas a cámara, mostrándome su carnoso culito, al tiempo que acariciaba la cabeza de su marido.

- Lolo, vamos, despierta, no seas gandul.

Acariciaba la espalda de su marido, el cual reaccionaba poco a poco.

- Holaaaaaa.. amor.. buenos días.. y la niña?

- Ya se ha marchado.. oye, qué tienes ahí?

Mabel pasó la mano por la pequeña tienda de campaña del pijama del cornudo.

- Es que.. me levanto así.. voy al baño a hacer mis cositas.

- No, cariño, hoy tus cositas las haremos juntos, pajillero, que me dejas la bañera llena de tus cositas casi todos los días, ven..

Mabel se deshizo de sus bragas y bajó el pantalón de su marido, dejando a la vista una pollita de unos once centímetros, pero yo sólo tenía ojos para mi amante, que dirigía pícaras miradas hacia el teléfono mientras le enseñaba su coño al único varón que, en teoría, tenía legítimo derecho a follarla.

- Quieres meterme tu cosita, amor?

- Síiiiii.. por favor cariño, déjame, tengo muchas ganas.

- Cómo quieres hacerlo, encima o debajo?

- Yo encima, yo encima.. déjame, déjame.. tengo muchas ganas.

- Pero tienes que aguantar un poco, eh? Tenemos que jugar un buen ratito, vale?

El cornudo ya no escuchaba ni atendía a razones, en cuanto la zorrita de Mabel se abrió de piernas mirando a cámara y lanzándome un beso, su marido se lanzó sobre ella y clavó su ridícula pollita en el coño que compartía conmigo.

- Mabel, qué mal folla tu cornudo, con lo zorra que tú eres y lo bien que follas, por no hablar de la mamada que me estás dando.

Ella no respondía, seguía chupando y moviendo su culo en círculos mientras mis dedos chapoteaban en su coño, batiendo los fluidos de su marido y los de mi zorra glotona. Cada ocho o nueve penetraciones sacaba mis dedos de su gruta y los deslizaba hasta poder frotar su cada vez más prominente clítoris, lo que animaba a Mabel a llevar hasta el extremo su garganta profunda, consiguiendo que su lengua de seda y vicio acariciase mis hinchados cojones, aquello era un ascenso al paraíso de los depravados.

El cornudo se dedicó a dar tímidos golpes de riñones clavando su pollita en la antesala de la vagina de su esposa, pero la escena no duró más allá de dos minutos, finalizando con una corrida en la que el pobre hombre emitía roncos gemidos similares a los de un lechón, mientras mi loba en celo se desesperaba por el deseo insatisfecho.

- Loloooooo.. nooooooo.. otra vez igual? Eres incorregible, me habías prometido jugar durante un rato largo.

El cornudo se limitó a darle un piquito en los labios y a retirarse de la entrepierna de su abnegada esposa, saliendo del plano, sin duda para dirigirse al baño e higienizar su micropene tras la "proeza" matinal.

Mabel se dirigió a la cámara, sacó de un cajón las bragas que llevaba ahora puestas y se las puso, tras lo que abrió sus piernas, enfocó la cámara, con lo que pude admirar en primer plano cómo el lamparón de leche y flujos mojaba la tela que cubría su coño. Tras este plano se enfocó y dijo a la cámara.

- Estás satisfecho, cerdito depravado? Porque yo no, me he dejado follar para satisfacer a mi cornudo y a mi macho, pero yo estoy a dos velas.

- Me encanta lo puta que eres Mabel, ha sido magnífico que te dejases follar para satisfacerme. Gracias, gracias, mi amor.

Seguí torturando su coño mientras ella se aplicaba a una mamada ensalivada y profunda que me estaba derritiendo. En ese momento advertí que un cuarentón barrigudo y casi calvo miraba estupefacto la escena desde su coche estacionado junto al mío. Tenía una panorámica completa del trasero y el coño de Mabel, que se estaba corriendo en mi mano como una cerda, al tiempo que yo le llenaba la garganta con una placentera y espesa corrida. Mi amante tragaba leche sin rechistar, mientras apuraba los últimos calambres de placer proporcionado por la monumental paja que le acababa de propinar, batiendo en su vagina leche de cornudo y flujo de zorra en celo.

Mi vecino de aparcamiento mantenía su mirada fija sobre la grupa de mi amante, sin perder detalle de su rosado y expuesto coño, mientras yo acababa de correrme como un bendito en la golosa garganta de aquella prodigiosa felatriz. Le guiñé un ojo al tiempo que hacía el gesto de "todo bien" con mis dedos, mientras mi mano abría los labios vaginales de Mabel y le ofrecía al mirón una visión del rosado interior de su coño.

- Cariño, tenemos un mirón, no le quita ojo a tu coño.

Se sacó mi polla de su garganta, llevó sus manos a sus caderas y se bajó las bragas cuanto pudo, exponiendo su bello culo en cueros al mirón.

Con una mano le hice un gesto para que se marchara, lo que hizo obedientemente.

- Cariño, necesito que me folles bien follada, con la paja no me he quitado las ganas, y mamártela me ha puesto cachondísima, dame tu polla.

No le respondí. Abrí la guantera, saqué un plug anal que guardaba allí, lo pasé por su encharcada vagina y, sin preámbulos, se lo clavé a Mabel en el culo.

- Oooooooohhhhggg.. qué haces, bruto? Me duele

- Silencio putita, ahora no tengo tiempo para follarte, debo volver a mi despacho. Ni se te ocurra quitarte el plug en todo el día, quiero que le prepares el almuerzo a tu cornudo y a tu hija con el culo perforado y el plug bien clavado, para que a cada segundo recuerdes que eres la más puta de las esposas, una zorra oculta, disfrazada de buena ama de casa.

En cuanto tu marido se quede dormido y tu hija se vaya a estudiar te inventas unas compras, te espero a las 5 en la misma habitación del hotel de ayer, pero quiero que sepas que si acudes a la cita te sacaré el plug para desvirgarte el culo sin compasión, si quieres polla vas a tenerla, pero por donde yo diga. Ahora márchate, pero deja tus bragas cristianas en la guantera, quiero tener un recuerdo de mi amante puta y esposa a la vez.

Mabel sólo sonrió, se terminó de quitar las bragas, me dió un cálido beso con sabor a mi propio semen y respondió:

- Sí amor. -Se bajó del coche para dirigirse al suyo, sin bajarse la minifalda, regalándome una espectacular vista del trasero que iba a comerme esa tarde-

(Continuará)

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