Xtories

Quién es el que manda aquí?

El reloj marca las seis y el marido ya está abajo. Pero él no la dejará irse así como así. Con un beso como excusa, la oficina se convierte en su lecho, y la subordinada debe decidir si honra su matrimonio o se entrega al hombre que la hizo ascender.

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- Me tengo que ir, mi marido ya llegó por mí, me dice con un tono apresurado.

- Espera un momento, dame solo un beso de despedida.

- No, ya es demasiado tarde- replica con un tono de voz que denota la ansiedad y el deseo de quedarse, pero saben que la esperan abajo…

- Mmmm, bueno déjame avisarle que voy a tardar unos minutos más, pero sólo un beso, ehhhh!

- Si, sólo un beso, le contesto en voz baja, ajá sí...

Sin embargo, más allá de un solo beso, en mis pensamientos había mucha calentura, de deseos de acariciar esas nalgas tan preciosas, de besar sus labios... Esos carnosos, besables y deliciosos que coronan su boca, pero también aquellos que seguramente en este momento están llenos de jugos que mojan su tanga, de besar esos enormes pechos que se encienden al menor contacto de mi lengua y se hacen denotar por encima de su ropa, pero sobre todo de evidenciar quien es el que manda aquí.

Desde la mañana supe que hoy la haría mía, de nueva cuenta, cuando la vi entrar por la puerta de la oficina, con su vestido azul que se le ceñía perfectamente al cuerpo y que para rematar se movía con una cadencia espectacular con cada paso que daba con sus perfectas piernas sensuales, eso sin contar el enorme escote con el que tenía que batallar para que no se abriera más.

En el momento se acercó a saludarme, pude aspirar su perfume inconfundible, fue un beso en su mejilla muy discreto, muy puro, de dos compañeros de trabajo. En un breve instante en que nadie nos veía deslice mis manos por su cintura y por sus nalgas hermosas…. mmmmm le dije traes tanguita. Sí, es la que te gusta- me respondió con una sonrisa coqueta. En ese momento supe que hoy le tocaba cogida….

Y es que ese muy buen ascenso en el trabajo, que YO le había conseguido, debía tener remuneración para mí también, así que hoy se me ocurría algo perverso, y era que la mandaría a casa llena de mi leche, mientras su esposo, que por lo general pasa por ella, la esperaba a que saliera del trabajo…

Todo el día por mi mente llegaban pensamientos de como nos habíamos disfrutado ya en varias ocasiones, de lo delicioso que es verla cabalgándome y hacerla llegar a un clímax casi incontrolable, cayéndome gotas de su sudor en mi cara y poderlas degustar con mi lengua o incluso también como era terminar en su boca o en su cara que quedara impregnada parte de mi en su cabello.

Recordé su olor, recordé su sabor, recordé las veces que en algún lugar público había metido mi mano por debajo de su falda o vestido, hasta llegar a su ropa interior, hacerla a un lado con suavidad e introducir mis dedos inquietos en el paraíso. También la vez que en plena llamada con mi asistente se puso de rodillas frente a mí para comerse mi miembro con esa boquita y lengua tan inquietas, lo que sin duda me puso en un aprieto son mi subordinada al teléfono.

También me perdí por varios instantes durante el horario de trabajo viéndola como salía de su nueva oficina, imaginando que ese culito lo penetraría más tarde y si llegaría a su casa aún a coger con su esposo… Yo le había dicho que ahora sería mi perrita, por el favorsototote que le había hecho, ¿pero que opinaría mi socio?...

Apenas daban las seis de la tarde en el reloj, escuche que su marido había llegado por ella…

- Mi amor, espérame sólo 5 minutos, recojo mis cosas y bajo, no tardo. Si respondió él- te espero, no te preocupes.

En ese momento la sangre inundó mi cabeza, bueno ambas, era el momento de jugarle esta situación a ella y al cornundo de su marido… Era la hora de demostrar que era mi perrita y que haría lo que yo le dijera, por eso con el pretexto de sólo un beso de despedida, fue que inició todo…

- ¿Amor, que crees? me salió un documento que tengo que entregar para una licitación, ¿quieres adelantarte a casa?,-

- No, amorcito, te espero, no tardes…

¡¡Sólo será un beso y ya eh!!.... Ya será en una escapada que nos desquitemos de todo, me dijo con un tono firme, pero que se notaba un dejo de nerviosismo en su voz, porque incluso su cara había cambiado, estaba ruborizada, con ese color que ya sabía denotaba excitación, lujuria, sentimientos encontrados, el deseo y la pasión…

Mis manos regresaron a sus nalgas, bajaron aún más hasta sus muslos desnudos que temblaban y luchaban por mantenerla de pie. Poco a poco mis manos subían debajo de su pequeño vestido, de reojo miré el reloj que colgaba en la pared, las 6:10 PM.

El escote la traicionó y fue mi aliado, porque en un dos por tres sus pechos se liberaban y quedaban a merced de mi boca, mi lengua recorría cada centímetro de su piel, como mis manos estrujaban sus nalgas desnudas, como se introducían en medio de ellas tratando de encontrar el pedazo de tela sepultada en medio de ellas.

Después de 10 minutos de besos y caricias ella con los ojos cerrados solo atinaba a decir en medio de gemidos entrecortados...

- Cógeme mi amor, cógeme, cógeme.

- ¿Pero ya es tarde y tu marido? te espera,

- No me importa, replicó- cógeme, cógeme.

Pensé, mmmmmm, casi está a punto, deslicé mi mano hacia su conchita, tal como me la imaginé por la mañana, la tela húmeda, empapada en líquidos metida en medio de sus labios, la hice lentamente aún lado, pude tocar ahora su clítoris inflamado, lo froté una y otra vez, mis dedos exploraron toda su cuevita, estás muy rica, le dije- si cógeme seguía repitiendo.

Sin dejarla de abrazar, la conduje hacía una silla, la senté en ella, aún con los ojos cerrados, sus pechos fuera, su vestido arriba, su tanga aún lado y sus labios pidiendo ser besados, sus piernas temblaban aún más, por lo que para apaciguarlas las coloque en mis hombros y acerque mi cara hacia ello quedando a unos centímetros de su deliciosa vagina, aspiré lentamente todo ese rico aroma, el aroma inconfundible de su conchita, acerque mi lengua a sus labios, a su clítoris, lo besé, lo chupe, lo lamí, lo mordí, metí mi lengua lo más profundo de sus labios, percibí su sabor característico…

Ella estaba enloquecida, se retorcía, su respiración era agitada, El tiempo volaba, cuando al fin pude respirar un poco eran las 6:35 PM. Recordé al marido, y me prepare a hacer la faena final al cornudo, así que sin prisa la levanté de la silla e hice se subiera a la misma, pero ahora hincada y tomando el respaldo con sus manos. ¡Pero que vista tan más maravillosa!, pensé… Ese par de nalgas perfectas, con la tanga en medio, ella sólo temblaba y esperaba lo que seguía, mientras yo contemplaba como tenía a mi perrita educada…

Me acerque poco a poco, generando expectativa en ella y hasta algo de ansiedad por el deseo y la necesidad de mí que ya le había generado, pero no había prisa, así que poco a poco acerqué la punta de mi miembro a su ser, empecé con un jugueteo, recorriendo de arriba abajo todo su trasero… --- METEMELA YAAAA!!!, dijo con desesperación, sin importar que se escuchara en el resto del piso, que por fortuna al parecer ya se había quedado vacío…

Fue cuando por fin la punta de mi verga toco sus labios, los sentí inundados, haaaaa!!! exclamó con un grito de placer, cógeme, cógeme ya, dijo nuevamente, mientras se hacía hacia atrás para que rápidamente el resto de mi desapareciera completamente… Literalmente fui devorado por esa cuevita maravillosa y húmeda, mi miembro completo quedó sepultado dentro de lo más profundo de su ser, pude sentir ahora sus nalgas redondas tocando mis muslos, me quedé un instante sintiendo cuan profundo en su interior me encontraba, y pensé Rodito que rica esta tu mujer… que rica.

Unos segundos después empezó el mete y saca, lentamente en un inicio, guiado por mis manos en sus caderas, había que hacer tiempo, no teníamos prisa por terminar, al menos yo no… Por más que ella intentaba acelerar sus movimientos, yo tenía el control de la situación, por lo que una vez que entraba en ella me quedaba quieto dentro, para sentir cada uno de sus rincones antes de salir de nuevo y sentir cada milímetro del recorrido…

La escena era fabulosa, aún lo recuerdo y me vuelvo a excitar, que fue justamente esa excitación la que me hizo perder el control que tenía y le permití acelerar los movimientos, mientras percibía perfectamente olor a sexo, podía escuchar el plop, plop, plop, que hacían nuestros cuerpos, ya sudorosos al chocar, de pronto ese sonido se hizo acompañar de un plat!, plat!, y era mi mano golpeando sus hermosas nalgas hasta quedarse marcadas en ellas, lo que hacia que ella me regalara sus gemidos más profundos y placenteros que le había escuchado.

Esos exquisitos movimientos hicieron que mi verga despidiera toda la leche caliente acumulada de la excitación de todo un día, de saber que me habíamos cogido maravillosamente mientras se esposo esperaba que termináramos.

¡ROD!, dijo bruscamente, ¿qué hora es? Ambos miramos el reloj 7:20 PM. Nooo dijo en un todo desesperado, volviendo al mundo real, me va a matar, rápidamente se incorporó y gotas de leche blanca escurrieron por sus muslos, me tengo que limpiar me dijo. No, le dije ya es muy tarde, vete así y en tu casa te limpias… Bueno dijo, se acomodó la tanga que ahora quedó completamente húmeda por sus jugos y la leche que continuaba fluyendo del interior.

Se bajó el vestido que apenas cubría toda esta humedad, tomo su bolsa y se despidió con un beso a la distancia. Espera, le dije, ¿qué pasa?, Yo también voy de salida, así que tomamos el elevador juntos y aproveche ese recorrido de 14 pisos para agradecerle y recordarle que debe ser una buena perrita...

Saliendo a la calle estaba ahí su esposo, ya parado en la banqueta…

- Déjame saludar a tu marido, le dije, no vaya a pensar que soy una persona mal educada, y ambos nos dirigimos hacia donde estaba el dando vueltas como león enjaulado…

Al vernos me saludó amablemente estrechando mi mano aún con el aroma de la conchita y culito de su mujer…

- ¿Qué tal Humberto?, ¿cómo está?

- Yo muy bien ¿y usted?

- Bien, me dijo, acá esperando que terminara mi esposa.

- Que bien, que les vaya bien, cuide mucho a Gio, le dije..

- Claro me contestó, pero eso no es necesario, ella se porta muy bien.

Se dieron la vuelta y se dirigieron a su auto, y mientras me quedaba viendo de nueva cuenta el bamboleo de ese hermoso culito, me percaté de una mancha de humedad en la parte de la espalda vestido azul, ¿¿¿hasta ahí la había salpicado??? ¿¿O simplemente era sudor de ella??... fue una duda con la que me quede….