Campus Cornudo PARTE 2 (Cap. 28)
Carlos creía conocer a sus amigos, pero la pista de baile le revela una verdad incómoda: Laura se ha entregado al baile sensual de Edu. Mientras él observa impotente desde la sombra, la noche se transforma en un juego de poder donde las mentiras y los deseos ocultos se revelan bajo la luz de la discoteca.
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CAPÍTULO 28
Ese viernes habíamos quedado con Edu y Marisa en “La gruta” pero los servidores de los que era responsable se cayeron súbitamente.
[LLAMADA TELEFÓNICA] TUUT… TUUT… TUUT…
–Hola Carlos, ¿Qué quieres? – Respondió Laura al otro extremo del hilo.
–¿Hoy hemos quedado con Edu y Marisa? – pregunté.
–Sí. Yo ya estaba preparada para salir.
–Vale, mira, se me ha complicado la tarde y tengo que reiniciar varios servidores. Tardaré un poco, ve tirando y nos vemos en “La gruta”.
–Vale. ¿Tardarás mucho? ¿Si quieres quedamos otro día?
–No, no. En 30 minutos termino.
–Ok. Nos vemos, no tardes.
Por suerte la reparación fue rápida y en menos de 30 minutos había terminado. Así que me fui directamente a “La Gruta” donde me esperaban Laura y nuestros amigos.
Al llegar sólo vi a Marisa sentada en nuestros sofás habituales tomándose una cerveza.
–Hola Marisa. ¿Dónde están Laura y Edu?
–Allí– respondió señalándome la pista con un gesto de cabeza.
Y lo que vi me sorprendió más de lo que esperaba. Laura y Edu estaban bailando abrazados. Muy, muy, pero que muy juntos. Lara abrazaba a Edu por el cuello y apoyaba su cabeza sobre su hombro, mientras que Edu la sujetaba por la cintura muy cerca del culo.
Sonaba una canción armoniosa, con un ritmo cadencioso. No recordaba haberla oído nunca, pero, sin duda, era una canción para bailar pegados.
–Como no estabas, se lo he prestado un rato– dijo Marisa al verme sorprendido, –Edu es un gran bailarín.
La mano de Edu recorría la espalda de Laura, subía hasta el hombro para bajar más allá de la cintura y agarrar desvergonzado el culo de Laura.
De nuevo me encontraba en mi papel de observador, pero esta vez, Laura estaba en brazos de un macho beta como yo y, eso, me excitó tanto como me molestó.
Finalmente, la canción se terminó y se rompió la magia del momento. Al hacerlo, Laura, se separó repentinamente y al girarse me vio.
–Hola amor, ¡Has llegado! – dijo acercándose a mí y abrazándome para luego darme un sentido beso en la boca.
Pedimos una nueva ronda de cervezas y continuamos con nuestra charla de la semana pasada. La reprendimos casi en el mismo sitio en el que la habíamos dejado como si en lugar de 15 días sólo hiciera 15 minutos que la habíamos interrumpido.
Como ya era habitual, Edu y yo nos separamos para jugar, en esta ocasión, al billar. Rompí yo sin meter ninguna, pero dejándole a Edu dos bolas rayadas muy fáciles. Metió ambas.
–Vaya bailecito que hemos hecho Laura y yo– dijo cuando estaba a punto de meter mi primera bola. Fallé porque en el preciso momento que empujaba el taco me giré para mirarle.
Edu coló dos bolas más.
–¡Como me abrazaba!, se estrujaba sobre mi pecho– dijo de nuevo intentando desconcentrarme. Pero no lo logro y colé mi primera bola.
–Esas tetazas apretaditas…. uffff– volvió a provocarme, pero no caí en la trampa y acerté con otra bola.
–Se le notaban esos pezones bien duros– insistió.
–¡Ya vale! ¿No? – grité interrumpiendo el juego.
–Perdona, perdona, – se disculpó Edu, –sólo intentaba ponerte nervioso para hacerte fallar.
Volví a coger el taco y mientras preparaba el golpe insistió en su provocación.
–Pero las cosas son como son. Me ha puesto muy cachondo – a pesar de ello colé la siguiente bola.
–Y que culo… uffff.. mullidito, pero firme –colé una bola más.
–Creo que cuando terminemos la partida le pediré otro baile – sin vacilar colé la quinta bola.
–¿Qué te parece? ¿Me dejaras bailar otra canción con Laura? – con un certero golpe colé la sexta bola.
–No – respondí situándome para meter la última bola.
–¿Apostamos? – preguntó instantes antes de que metiera la última bola lisa.
–¿Qué apostamos? – pregunté sabiéndome vencedor ya que sólo me quedaba meter la negra y no era un tiro especialmente difícil.
–Si gano bailo con Laura y si ganas tú bailas con Marisa.
–Ok. Acepto.
Pero fue aceptar la apuesta y la suerte me abandonó. En el que debía ser el tiro de la victoria le imprimí al tacó un poco más fuerza de la debida y la bola blanca se desvió lo justo para no impactar correctamente la negra y, en lugar de entrar limpiamente en su tronera, salió rebotada.
Edu, concentrado acertó con su primer lanzamiento. No era fácil pero la bola entró delicadamente dejando la siguiente bola franca. Con un golpe fuerte coló su sexta bola y de nuevo situó la blanca en una posición óptima para su siguiente movimiento. Y no lo falló.
Ya sólo quedaba la negra. No era un tiro fácil y el único modo de lograrlo de un solo golpe era jugando la blanca sobre el lateral. Miré con escepticismo como preparaba el golpe y, sorprendentemente, lo ejecutó a la perfección.
Levantó la cabeza y con una sonrisa de oreja a oreja se rio de mí.
– ¡Uauuuu!!! ¡Un golpe de maestro! – y dirigiéndose a la mesa donde charlaban Laura y Marisa añadió –voy a cobrarme mi apuesta.
Edu se acercó al oído de Laura y le susurró algo que no pude oír. Entonces, Laura, mirándome con clara cara de disgusto dijo:
–¿En serio? ¿Me has apostado a una partida a billar?
Bajé la mirada en señal de confirmación y me senté en el sillón que Laura acababa de dejar vacío.
Edu se acercó al DJ para pedirle una canción y poco después, empezó a sonar Bachata Rosa de Juan Luis Guerra. Laura se acercó y con los primeros compases empezó a bailar abrazado a Edu. A medida que avanzaba la canción el baile se hizo más y más sensual.
Los contactos cada vez eran más sexuales, disimuladamente Edu magreaba todo el cuerpo de Laura y esta, se dejaba hacer sin resistirse. Laura lo abrazaba por el cuello mientras Edu con una mano acariciaba su espalda y con la otra le agarraba el culo. Giraron uno alrededor del otro, sus caras muy juntas.
Echándose un poco atrás, Laura se separó de Edu el cual, aprovechando que tenía los pechos de Laura a la distancia óptima los sujetó con ambas manos y los levantó obscenamente.
Soltándose del agarre, Laura giró sobre si misma quedando de espaldas a Edu el cual aprovechó para acariciar el brazo desnudo de Laura y descender por los pechos hasta agarrarla por la pelvis y cuando la tuvo bien sujeta, con un golpe de cadera unió su cuerpo con el de ella.
Seguro que Laura tuvo que notar su polla empalmada, pero en lugar de separarse perreó descaradamente.
Aprovechando el ritmo, Edu, con un golpe firme la hizo girar hasta que quedaron de frente, otra vez, cara a cara.
–Ya te lo dije, Edu es un gran bailarín– dijo hirientemente Marisa sentada a mi lado.
La respiración agitada de ambos dejaba claro el esfuerzo, pero también la sensualidad del momento. Y poco antes de que la canción terminara, Edu acercó sus labios a Laura y la besó. El beso aumentó de intensidad hasta convertirse en un morreo y, mientras con una mano agarraba a Laura por detrás de la cabeza impidiéndole escapar, con la otra se coló por debajo de la falda agarrándole el culo directamente.
–Y también sabe besar muy bien. – añadió innecesariamente Marisa pues lo estaba viendo con mis propios ojos.
Finalmente, se terminó la canción y el silencio se apoderó de la sala porque, durante unos instantes, el DJ no se atrevió a interrumpir aquel beso tan intenso dando tiempo a la pareja para abrazar sus instintos más básicos.
Yo estaba hundido en mi sillón, sin creerme lo que estaba viendo hasta que, al empezar la siguiente canción, la pareja se separó y completamente extasiada Laura me agarró de la mano y dijo.
–¡Vámonos!
Ya en casa pregunté:
–¿Qué ha pasado?
–No lo sé. Hemos empezado bailando normal, pero me he metido tanto en la canción, el baile y el momento que me he olvidado de con quien bailaba y de donde estaba. ¡Qué vergüenza!
–¿Con Edu? – pregunté, – ¿te gusta?
–¡No! Como puedes decir eso.
–Pues no lo entiendo, Edu es un macho beta, como yo. No puede darte lo que necesitas.
–No, no lo es. – respondió convencida.
–¿Cómo que no lo es? ¡Si fueron al campus cornudo como nosotros!
–Sí. Pero no como clientes, sino como propietarios.
–¡¿CÓMO?! ¡Propietarios! – ahora sí que no entendía nada. ¿Edu y Marisa eran propietarios del Campus Cornudo?
–No puede ser, antes de ir Edu me explicó que había ido y que había sido difícil de superar y que habían arreglado sus problemas de pareja – dije atropelladamente.
–Supongo que en realidad no te mintió. Por lo que me dijo Marisa, hace dos años les ofrecieron comprar acciones. Fueron para conocer el sitio y, incluso, Edu participó en las terapias como macho alfa. Desde entonces son una pareja abierta y eso ha solucionado sus problemas.
–Pero… pero… también dijo que participaron en la misma terapia.
–Sí, pero como macho alfa.
–¡Que cabrón! – exclamé, –me tenía completamente engañado. Y ahora, ¿va a por ti?
–No, eso no. Son nuestros amigos, no me enrollaré con él. Hoy ha sido… no lo sé, simplemente bailaba sin ser consciente que bailaba con Edu.
–¿Y por qué no me lo dijiste? – pregunté disgustado.
–No lo sé, no tuve ocasión. Me lo contó Marisa hace una semana, cuando se presentaron en la oficina.
–¡¿En tu oficina?! – volví a exclamar atónito, – ¿Edu y Marisa? ¿A santo de que se presentan en tu oficina? – pregunté cada vez más ofuscado.
–Ya te lo he dicho, tienen acciones de la empresa, y eso incluye el Campus Cornudo, las consultas sexológicas y las oficinas centrales.
–¿Entonces trabajas para ellos?
–Indirectamente sí. No son propietarios, sólo tienen acciones y forman parte de la junta directiva. De vez en cuando se reúnen con los otros socios.
–No me gusta – terminé, –no me gusta nada.
–No pasa nada, amor. En todo el tiempo que llevo trabajando sólo vinieron una vez, se presentaron, saludaron y se fueron a una reunión de la Junta. Luego, al terminar Marisa, me acompañó a casa y por el camino me lo explicó un poco todo por encima.
–Creo que deberías dejarlo y volver al buffet.
–Ni hablar. Me siento muy bien en ese puesto, me tratan bien, el trabajo me gusta y pagan muy bien.
–Lo que tu digas– respondí enojado y dando por terminada la charla, –voy a acostarme– y me fui a dormir sin cenar. Poco después noté como Laura me abrazaba.
–¿No quieres nada? Te preparo una tortilla o lo que quieras.
–No, no tengo hambre. – respondí tajante.
–¿Y esa pollita? ¿Tiene su cinturón? ¡Ui Sí!.... ¿Cres que le gustaría salir de su jaula y jugar un poco?
–No, hoy no. Otro día – y me di la vuelta. Apenada, Laura se levantó y se fue del dormitorio.
Tumbado, repasando las nuevas revelaciones no podía evitar sentirme francamente engañado; nuestros mejores amigos nos habían mentido, se habían reído de mí y ahora me lo restregaban contratando a Laura y bailando con ella como si aún estuviera en el Campus Cornudo. Y yo, de nuevo, relegado a mi miserable papel de mirón impotente incapaz de tener una erección porque el maldito cinturón me lo impide.
Intenté recuperar mentalmente las últimas conversaciones con Edu buscando contradicciones y mentiras flagrantes. Y no pude encontrarlas. Cuando le pregunté si Marisa se había graduado no respondió y cuando le pregunté sobre el cinturón de castidad me dijo que cuando él fue aún no lo usaban. ¡Que cabrón!
No pude encontrar ninguna mentira flagrante, aunque sí muchas medias verdades, sobre entendidos y frases ambiguas… ¡Que cabrón!
* * * * *
Ya dormía cuando noté movimiento bajo la sábana.
–Ummmmmm!!! Ummmmmm!!!
Laura se estaba masturbando, enroscándose con sus propias piernas y apretando las caderas. Escuchando sus hipnóticos jadeos volví a dormirme.
– Ummmmmm!!! Eduuuu…– me pareció oír antes de dormirme definitivamente.
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