Xtories

Historias del complejo. Segunda serie. (27)

Tres años de silencio y barba larga para no olvidar. Pero cuando ella vuelve a su puerta, no es por amor, sino por desesperación. Ahora, Manuel debe decidir si el perdón es posible cuando la mujer que lo traicionó está a punto de ser salvada por sus propias manos.

jejen5.4K vistas8.9· 17 votos

Gabriel

Esa tarde que volví a encontrarlo, pero esta vez tan cambiado sin su larga barba y con el pelo corto y bien vestido, supe que había ocurrido, había vuelto a verla, pero a pesar de eso, estaba nuevamente allí, después de tantos meses, sentado en “su banco”, mirando al horizonte como lo había visto tantas tardes.

Por supuesto entré a preparar el mate y volví caminando por la senda de madera, al verme, esbozó una sonrisa, se puso de pie, y cuando estuve frente a él, me dio un abrazo, que sentí muy sincero.

Nos sentamos y arrancó el mate.

-GABRIEL: ¿Cómo estás Manuel? Tanto tiempo sin verte!

-MANUEL: Supongo que al verme sin barba y con el pelo corto, ya imaginarás la razón.

-GABRIEL: Casi que no te reconozco! Pero supongo que el cambio se debe a lo que alguna vez hemos hablado!

-MANUEL: Estás en lo correcto Gabriel! Y ahora estoy aquí nuevamente porque se ha vuelto a ir.

-GABRIEL: Pero tu semblante no es el de tiempo atrás!

-MANUEL: Es verdad! Pasaron muchas cosas, y en varios termos te lo contaré, merecías saber cómo siguió la historia y como sigue mi vida después de todo lo que pasó!

Por supuesto, después de que me dijera eso, ya estaba desesperado por conocer el resto de la historia, pero como en cada una de nuestras conversaciones, iba a respetar sus tiempos, dejarlo hablar al ritmo que él quisiera, como él lo sintiera, yo tan solo lo escucharía, aunque para que negarlo, por un lado me alegré de que hubiera vuelto a verla, pero por el otro, me dijo que se había vuelto a ir. Por Dios!

Fueron varias tardes, varios termos, incluso conversamos más allá de los mates, seguíamos hablando aún cuando el agua ya se había terminado.

La historia de Manuel

Capítulo 5

Aún no terminaba de creer que era verdad que volvía a estar frente a mí, después de esos casi tres años, después de toda esa sarta de cosas que había dicho, ella seguía parada allí, a unos pocos pasos, mirándome a los ojos, con esa mirada que por momentos se clavaba en la mía, bastaba tan solo eso para que por mi cabeza pasaran un millón de imágenes.

-LORENA: Te pido tan solo ese favor, que me puedas escuchar un momento!

Mi cabeza seguía trabajando a toda máquina, tratando de decir lo correcto, lo que se debería decir en estos casos, pero no eran esas las palabras que salían de mi boca.

-MANUEL: Pasá!

En ese momento, me acerqué y cerré la puerta de la casa, ella caminó hasta el medio de los sillones y se quedó allí parada.

El corazón me seguía latiendo a mil por minuto, había imaginado diez mil veces ese momento, pero ahora que la tenía allí, no sabía ni que decir, y el alcohol que me había metido, no me ayudaba con la claridad que necesitaba.

-MANUEL: Sentate por favor!

Volvía a mirar los tatuajes de sus tobillos, pero a esa distancia no podía distinguir que decía en ellos.

-LORENA: Soy perfectamente consciente de que no debería estar acá, pero ha ocurrido algo y necesito pedirte un único favor.

-MANUEL: ¿Qué pasó?

-LORENA: Mi madre tuvo un accidente y está internada, se quebró la cadera y una pierna!

-MANUEL: Susana…! ¿Qué le pasó?

-LORENA: Se cayó varios escalones bajando la escalera en el banco y tuvieron que internarla, por otros golpes que tuvo también en la cabeza y un brazo, necesita operarse y no he podido conseguir un especialista por su cobertura médica, el único que podría hacer esa operación, estará más de un mes en Europa. Es por eso que me atreví a venir.

Más allá de todo lo que había pasado, no podía desentenderme de Susana, me preocupó lo que me estaba diciendo, y contra todos los pronósticos, decidí tomar cartas en el asunto.

-MANUEL: ¿Dónde está internada?

-LORENA: En la clínica de su mutual, la clínica San Fernando.

-MANUEL: Hay que sacarla de ahí! Conozco muy bien esa clínica! No sería bueno que la operen ahí! ¿Se puede ir a verla ahora?

-LORENA: No lo sé! Estuve con ella hasta hace un rato, antes de venir para acá!

-MANUEL: Me cambio y vamos!

Me fui a cambiar, sin haber terminado de entender lo que me estaba pasando, aún seguía mareado por el whisky o por la impresión de tenerla frente a mí, y decidí darme una ducha rápida para tratar de despejarme.

Volví al estar y ella seguía allí, en el mismo lugar donde estaba sentada al irme, miraba para el piso con sus rodillas juntas, y sus manos cruzadas sobre ellas.

Me senté frente a ella y me puse las zapatillas, cuando levantó la vista vi sus lágrimas.

Salimos de casa y subimos al auto, en veinte minutos llegaríamos a la clínica y en ese momento, creí que ese viaje sería el más tenso de mi vida.

Estuvo varios minutos callada, y sin voltear a mirarme, me dijo:

-LORENA: Muchas gracias!

-MANUEL: No puedo permitir que operen ahí a Susana!

En ese momento se giró hacia mí y con esa dulce voz que tanto conocía, me dijo:

-LORENA: Casi no te reconocí con esa barba y el pelo largo!

-MANUEL: Yo te reconocí al instante!

Volvió a mirar al frente y ya no hablamos más hasta llegar a la clínica.

Por suerte, esa noche el médico de guardia, era conocido mío, para darle un poco más de presión al asunto, le dije que era el yerno de Susana Garrido y que necesitaría verla un momento.

Me dijo que ya no era horario de visita, pero por ser yo, me permitiría pasar a verla.

Le pidió a Lorena que esperara allí, y camino a la terapia, en voz baja me dijo, que tratara de que la operen en otro lado, el cirujano que andaba bien, estaba de vacaciones y el que estaba en su lugar, para él no era bueno.

Llegamos y me permitió entrar, al verme, Susana intentó enderezarse para saludarme.

-MANUEL: Tranquila Susana! No te muevas!

-SUSANA: Que alegría verte! ¿Cómo supiste?

-MANUEL: Lorena fue a casa!

-SUSANA: ¿Lorena? ¿En tu casa? ¿Cómo se animó?

-MANUEL: No muerdo Susana! Me contó lo que te pasó y nos vinimos!

-SUSANA: ¿Vinieron juntos? No lo puedo creer! Debe estar hecha un flan de los nervios!

-MANUEL: No sé muy bien cómo está! Cuando me contó lo que te había pasado, nos vinimos! Escuchame, esta noche te quedás acá, mañana te vamos a trasladar a la clínica y yo mismo te voy a operar!

-SUSANA: Qué suerte hijo! Escuché que el cirujano a cargo está de vacaciones en Europa!

-MANUEL: Por eso mismo! No quiero que nadie te toque!

-SUSANA: Gracias Manuel!

-MANUEL: No tenés nada que agradecer, vas a volver a caminar, te lo aseguro!

-SUSANA: No seas muy duro con ella! La está pasando muy mal!

-MANUEL: Ya te dije Susana! No muerdo ni soy un ogro!

Me despedí de ella con un beso en su frente, me despedí del médico conocido y volví a la planta baja, Lorena estaba sentada allí, tal cual lo estaba en casa.

Me acerqué a ella y le dije que al día siguiente, pediría el traslado a nuestra clínica, yo le enviaría los papeles necesarios a las ocho de la mañana, y que en nuestra clínica la estarían esperando.

Salimos de la clínica y Lorena se quedó en la vereda.

-MANUEL: ¿Vas para casa de tu madre?

-LORENA: Me estoy quedando allí!

-MANUEL: Si querés te llevo!

-LORENA: No quiero molestarte, ya demasiado estás haciendo!

-MANUEL: Si fuera molestia, no te lo hubiera ofrecido!

Me miró con cara de aceptación y caminamos hasta el auto.

Durante el viaje tampoco hablamos demasiado, tan solo cosas referidas a su madre y a lo que había que hacer al día siguiente.

Llegamos a la casa de su madre y antes de bajar me dijo:

-LORENA: ¿Puedo hacerte una pregunta?

-MANUEL: Según sea la pregunta, me reservo el derecho de contestar.

-LORENA: ¿Por qué la barba y el pelo largo?

Me sorprendió la pregunta, pero no era el momento de la verdadera respuesta y tan solo le dije:

-MANUEL: Una promesa!

Abrió la puerta del auto, y antes de bajar me miró a los ojos y me dijo:

-LORENA: Muchas gracias Manuel!

-MANUEL: Lorena, por favor anda mañana temprano a la clínica y te quedás con tu madre hasta que la trasladen, la ambulancia te va a permitir que vayas con ella, y asegúrate de que te entreguen la historia clínica completa, con todos los estudios que le hayan hecho.

-LORENA: Ahí estaré bien temprano! Gracias!

Me quedé hasta que entrara en casa de Susana, con el corazón aún acelerado, no había logrado que se me bajaran las pulsaciones, desde el momento que había vuelto a verla.

Hice un par de cuadras y tuve que parar, con las manos apoyadas en el volante, mi cabeza apoyada en ellas, no pude evitar las lágrimas, ¿y ahora qué? No había vuelto a verme a mí, lo había hecho por su madre.

Esa misma noche al llegar a casa, lo llamé a Marcelo, le conté que Lorena había estado en casa, pero le corté en seco la alegría, le dije que el motivo era Susana, le conté lo que le había pasado, y que mañana mismo la llevaría a la clínica.

Le dije que al día siguiente le contaría, que tenía que arreglar todo para trasladarla.

Teníamos un paciente internado, por lo que estaban los médicos de guardia.

Llamé a la clínica y hablé con Juanjo, le dije que al día siguiente temprano tendríamos un traslado a la clínica, que preparara una cama en la sala de cuidados intensivos, y un quirófano por las dudas.

Luego llamé a la empresa de ambulancias que trabaja con nosotros, y les dije que al día siguiente necesitaba una unidad para traslado de una persona mayor con la cadera rota y con un acompañante.

Al día siguiente a las siete de la mañana ya estaba en la clínica, y envié a la clínica San Fernando el pedido de traslado, haciéndonos cargo de todo, incluido los gastos que pudieran surgir.

Les pedí que me avisaran a qué hora estaría listo el traslado, para enviar la ambulancia, y que no olvidaran enviar con la paciente, su historia clínica y todos los estudios que le habían realizado.

Confirmé que todo estaba listo para recibirla, y salí de la clínica en busca de una peluquería.

Mientras esperaba que me atendieran, casi a las nueve de la mañana, me llamaron de la clínica San Fernando, para decirme que a partir de las diez de la mañana, la paciente estaba lista para el traslado.

Llamé a la empresa de ambulancias, y le mandé un mensaje al teléfono de Susana, suponiendo que Lorena lo leería.

Para antes de las diez, ya tenía el pelo corto y la cara afeitada, me miré en el espejo, y casi no podía reconocerme, eran casi tres años que no veía mi cara sin barba.

Volví a la clínica y al entrar, Alicia me vio, y salió de detrás de su escritorio, y corrió a darme un abrazo, me tocaba la cara sin barba, y me decía que había vuelto el Manuel de siempre.

Le agradecí su bienvenida con un abrazo, y como siempre le pregunté cómo seguía Milagros, me dijo que cada día mejor, y eso era todo cuánto quería escuchar. Pregunté si Susana ya había llegado, pero me dijo que aún no.

No sabía cuál era el cuadro exacto de Susana, tendría que ver los estudios, y si fuera necesario, los repetiríamos.

A las diez y media, vi llegar la ambulancia, desde la ventana del office del primer piso, mientras me tomaba un café.

La recibió el médico de guardia, y la llevaron directamente a la terapia.

Me fui a la sala, y ya le estaban tomando todos sus signos vitales, le sacarían sangre y le harían los chequeos pre quirúrgicos.

Miré atentamente la historia clínica y todos los estudios, necesitaría una prótesis en la cadera, pero estaba confiado en que volvería a caminar, y haría todo lo que estuviera en mis manos, para que así fuera.

Hable un momento con Susana y le expliqué la situación, haríamos una tomografía, y conseguiríamos la prótesis, en el mismo momento en que la tuviéramos, haríamos la cirugía.

Un momento después llegó Marcelo, y con cara de felicidad me dio un abrazo.

-MANUEL: Para boludo! Que ni siquiera hemos hablado! No sé nada de su vida, tan solo está aquí por Susana.

-MARCELO: Pero está acá pelotudo! Ya veo que te lavaste la cara, y te sacaste la peluca! Ahora volvés a parecer Manuel!

-MANUEL: Anda a cagar forro!

-MARCELO: Si hasta te cambió la cara pelotudo! Pareces otro tipo! Casi que el de antes!

Le dejé encargado a Juanjo, que pidiera la prótesis que hiciera falta, y que si era posible, el proveedor la entregara con urgencia.

Cada persona que me cruzaba en la clínica, me miraba sorprendida, incluso algunos empleados nuevos, que no me conocían sin la barba y el pelo largo, no me habían reconocido al cruzarme.

Fui hasta la sala de espera de la terapia, suponía que Lorena estaría allí esperando.

Al entrar la vi en la misma posición que la había visto en casa, con sus manos sobre sus rodillas juntas, y mirando hacia abajo, no notó mi presencia, pero me paré frente a ella, ya con el corazón acelerado y la saludé.

-MANUEL: Hola Lorena!

Levantó la vista y al verme afeitado y con el pelo corto, en su cara se dibujó una leve sonrisa, la puta madre, otra vez me volvía a atrapar esa sonrisa y esa mirada.

-LORENA: Hola Manuel! ¿Qué pasó con la barba y el pelo?

-MANUEL: Ya no están!

-LORENA: ¿Se cumplió La promesa?

-MANUEL: Algo así!

Estaba más nervioso de lo habitual, y quise dejar de hablar de mí, y le empecé a contar todo lo que pasaría con su madre, qué seguiría internada en la terapia hasta que llegara la prótesis, y mientras tanto le haríamos todos los estudios que creíamos hacían falta.

Le dije que podría ver a Susana a las doce y media del mediodía, y luego a las siete de la tarde.

Me dijo que esperaría hasta el mediodía para verla, y que luego volvería a las siete.

Le dije que en una hora tenía una operación, y que cualquier novedad la tendría al tanto, aunque ella no lo sabía, yo tenía su teléfono de Rosario, aunque no sabía si aún lo estaba utilizando.

Antes de la operación subí a ver a Susana, los traslados muchas veces suelen ser un poco estresantes, y quería que estuviera tranquila y sin dolor.

-MANUEL: Hola Susana, ¿Cómo estás?

-SUSANA: Ahora mucho más tranquila! Sé que estoy en buenas manos!

Le conté cómo sería todo, los estudios que le harían, y que la cirugía sería en el momento en que llegar a la prótesis.

-SUSANA: Volvés a parecer el Manuel de antes! Así estás más lindo!

-MANUEL: Ya lo sé Susana! Qué le voy a hacer siempre fui lindo!

-SUSANA: No me hagas reír que me duele hasta el culo! ¿Fuiste muy duro con ella?

-MANUEL: No soy un ogro Susana!

-SUSANA: Eso ya lo sé! Sos un amor de hombre! Pero veo a Lorena muy angustiada! No puedo conseguir que me cuente nada! Ni siquiera me dijo dónde estuvo! Ni con quién! Ni haciendo qué! Está muy triste, aunque trata de disimularlo delante de mí, yo la conozco, y sé que no está bien! No sé cuánto tiempo de vida me quede, pero me gustaría volver a verla sonreír!

-MANUEL: No sé si eso depende de mí Susana!

-SUSANA: Quizás me equivoque, pero creo que nunca dejó de amarte, y por eso está triste!

-MANUEL: Ya veremos Susana! Lo importante ahora es que llegue esa prótesis, y poder operarte lo antes posible para que vuelvas a caminar, porque te aseguro que vas a volver a caminar, como que me llamo José María de la Torre!

-SUSANA: Sos un boludo, pero te quiero! Y estoy tranquila porque me vas a operar vos!

Y tomándola de la mano le dije:

-MANUEL: Te aseguro que todo va a salir bien!

-SUSANA: No sé cómo voy a poder agradecerte todo esto!

-MANUEL: No tenés nada que agradecer! Aquí, a las viejas locas como vos, las atendemos bien!

-SUSANA: Basta tarado! Que me río y me duele todo!

Me fui a preparar para la cirugía, no era una cirugía complicada, y a las tres de la tarde ya había terminado.

Volví a ver a Susana, y pasadas las cuatro de la tarde, cuando me iba para casa, Juanjo me llamó, y me dijo que el importador, nos podría entregar la prótesis al día siguiente, después del mediodía.

Al llegar a casa, Adela ya se había ido, pero extrañamente, no sentí ese vacío que sentía día tras día, no sabía cómo podían terminar las cosas, pero volverla a ver, había puesto nuevamente en primer plano, lo que nunca dejé de sentir por ella.

Sentado en el sillón me tomé tan solo un whisky, pero esta vez no para emborracharme, sino para pensar en los días por venir.

Resuelta la situación de Susana, ¿se volvería a ir? ¿Tendríamos oportunidad de esa conversación que nos debíamos? ¿Cómo era su vida en este momento? ¿Estaría con alguien? ¿Alguien más ocupaba su corazón?

Me gustaría poder hablar con ella, pero creo que eso no dependía tan solo de mí, y no iba a forzar esa situación.

Eran las nueve de la noche, cuando le envié un mensaje a Lorena, a su teléfono de Rosario.

-MANUEL: Lorena, después del mediodía llega la prótesis de Susana, y si todo va bien la cirugía será pasado mañana.

Su respuesta fue inmediata.

-LORENA: Muchas gracias Manuel por todo lo que estás haciendo por mi madre!

Y luego llegó otro mensaje.

-LORENA: ¿Mi madre te dio este número?

-MANUEL: No! Hasta mañana!

Supongo que se estaría preguntando de dónde saqué este número, y si en algún momento tuviéramos esa conversación, también se lo diría.

Al día siguiente en el horario de visita, me crucé con Lorena en la clínica.

-LORENA: Hola Manuel! No sé cómo podré agradecerte lo que estás haciendo por mi madre!

-MANUEL: No hace falta que me agradezcas!

-LORENA: Claro que sí! Estoy agradecida de que el mejor cirujano del país, le permita a mi madre volver a caminar, y sé que así será!

-MANUEL: No es para tanto!

Desde que había vuelto a verla, la había notado un poco más delgada, y algo más pálida, sé que quizás no debería haber preguntado, pero me salió y lo hice.

-MANUEL: ¿Estás comiendo bien? Te noto algo pálida y un poco más delgada!

-LORENA: Sí, va… creo, como siempre!

La conversación quedó allí y me fui a trabajar.

Al día siguiente por la mañana, llegué a la clínica y fui a ver a Susana.

-MANUEL: Hola Susana, ¿cómo te sentís? Hoy después del mediodía llega la prótesis, y haremos la cirugía a las tres o tres y media de la tarde. ¿Nerviosa?

-SUSANA: No hijo! Estoy bien tranquila, sé que estoy en las mejores manos!

-MANUEL: Todo va a salir bien!

-SUSANA: Ya lo sé!

Le di un beso en la frente, y me fui a atender a mis pacientes al consultorio.

Casi a la una del mediodía llegó la prótesis, y antes de empezar a preparar todo el equipo para la operación, le mandé un mensaje a Lorena, que no la había visto en el horario de visita.

-MANUEL: Hola Lorena, la cirugía de Susana será a las tres y media de la tarde, y calculo que llevará entre dos y tres horas.

-LORENA: Muchas gracias Manuel! Ya me lo dijo mi madre en la visita, estoy en el café de la esquina, cuando pueda verla por favor avísame.

-MANUEL: Podrás verla antes de la cirugía, a las tres, cuando la llevemos al quirófano.

-LORENA: Mil gracias! Allí estaré!

A las tres en punto fui a la terapia con el camillero, Lorena estaba en la puerta, con lágrimas en los ojos, me paré frente a ella y le dije:

-MANUEL: Tranquila! Todo va a salir bien!

-LORENA: Ya lo sé! Muchas gracias por todo!

Cuándo salió el camillero con Susana, Lorena la abrazó y le dio un beso, lloraban las dos.

Había hecho muchas operaciones como esta, pero en esta ocasión, sentía la responsabilidad de que todo saliera más que bien.

La operación duró casi tres horas, por suerte no hubo ningún tipo de complicaciones, todo salió como tenía que salir, ahora le tocaría recuperarse, y de a poco comenzar la rehabilitación.

Al salir del quirófano, fui hasta la sala de espera de la terapia, para hablar con Lorena.

Estaba allí sentada, como en otras ocasiones mirando hacia abajo.

Cuándo me vio se puso de pie expectante.

-MANUEL: Todo salió muy bien! Ahora solo toca recuperarse!

Las lágrimas brotaron de sus ojos, y sin esperármelo, sin imaginarlo, se acercó a mí y me abrazó.

Sus brazos rodearon mi cintura, y su cara se apoyó en mi pecho, supongo que claramente, habrá anotado el galope de mi corazón.

Casi que no tuve reacción, tan solo apoyé una de mis manos en su espalda, como para no ser tan frío.

Se separó de mí, me miró a los ojos y me dijo:

-LORENA: Gracias Manu! Sos un sol!

La situación en verdad había logrado ponerme nervioso, y casi que no me salían las palabras.

Intentando parecer normal, le di detalles de la operación, y de lo que vendría de aquí en adelante.

Faltaban minutos para las siete de la tarde, Susana ya estaría en la terapia, pero seguramente dormida aún, me preguntó si podía verla, y le dije que sí, pero que la iba a encontrar dormida.

Fuimos hasta la terapia, entró y tan solo le dio un beso en la frente.

Cuando salimos le dije que al día siguiente podría verla al mediodía, ella fue hacia la salida, y yo me fui al office de enfermería a dejar las indicaciones de la medicación y los calmantes que le tendrían que dar a Susana, luego fui al vestuario, me cambié, pasé por mi oficina, hice algún papeleo, y cerca de las ocho de la noche salí de la clínica.

Me sorprendí al ver a Lorena en la en la puerta, ¿estaba esperándome?

-MANUEL: Lorena!, ¿todavía acá?

Claramente se la veía nerviosa, por cómo jugaba con sus manos.

-LORENA: Te estaba esperando!

-MANUEL: ¿Vas para casa de Susana? Vamos que te llevo!

-LORENA: Sé que no tengo el derecho, pero quisiera que me des la posibilidad de que hablemos.

-MANUEL: Siempre esperé tener esa oportunidad, de hecho, te he llamado todos los santos días durante todo un año!

-LORENA: Ya lo sé! Vi todas tus llamadas, leí todos tus mensajes y escuché todos tus audios, pero en todo este tiempo no he tenido el coraje de verte!

-MANUEL: No soy un ogro!

-LORENA: Claro que no sos un ogro! Sos todo lo contrario!

-MANUEL: Si te parece, podemos ir a casa, Adela siempre me prepara la cena.

-LORENA: Solo si no te molesta que vaya!

-MANUEL: Claro que no!

Caminamos hasta el auto y fuimos para casa, por un lado, me parecía mentira, volver a tenerla junto a mí, pero por el otro, no sabía que me depararía esa conversación.

-LORENA: ¿Adela?

-MANUEL: Es la hermosa mujer que trabaja en casa!

Miró hacia adelante y podía darme cuenta que estaba tan nerviosa como yo, no dejaba de mover sus manos.

Llegamos a casa, y Adela estaba a punto de salir y su cara fue un poema, una mezcla de asombro y alegría.

-ADELA: Hola Manu, ¿cómo fue tu día?

-MANUEL: Hola Adi! Ella es...

-ADELA: Ya sé quien es Manu! Es un gusto conocerla señorita Lorena!

-LORENA: Lo es también para mí! Pero tan sólo Lorena!

-ADELA: Manu, te dejé la cena en la cocina, hay que calentarla!

-MANUEL: Gracias Adi!

Y mirando a Lorena, dijo:

-ADELA: Hay suficiente comida!

-MANUEL: Como siempre!

Se sonrió, saludó amablemente a Lorena, me dio un beso a mí y se fue.

-LORENA: Tenés razón! Es hermosa!

-MANUEL: Es adorable, un pan de Dios!

-LORENA: Se nota que te quiere!

-MANUEL: Y yo a ella! Le he dicho un montón de veces que se venga a vivir acá, para que no tenga que viajar, pero no me da pelota!

Fui para la cocina y Lorena me preguntó:

-LORENA: ¿Puedo pasar al baño?

-MANUEL: Claro, está donde siempre!

Me apoyé en la mesada y respiré hondo, intentando procesar todo esto que estaba pasando.

Mientras tanto puse la comida a calentar y la mesa para comer como todos los días.

Mientras lo hacía, pensaba que Lorena se iba a encontrar aún con sus cosas en el baño, las que había dejado al irse, incluso hasta su cepillo de dientes.

La casa estaba tal cual como cuando ella aún vivía aquí, la única diferencia, era que toda su ropa estaba lavada y guardada, en el mismo lugar claro, en su lado del placard.

Al volver del baño, tan solo faltaba la comida en la mesa.

-MANUEL: ¿Cerveza?

-LORENA: Sí por favor!

Saqué dos cervezas de la heladera, las destapé y le entregué una.

Cuando estuvo lista la comida, nos sentamos a comer, Adela nos había dejado una carne al horno con papas, y unas ensaladas.

No quería ir directamente a la conversación, y mientras cenábamos, le conté de la operación, de los días que tendría que estar internada, y de cómo sería su rehabilitación, por supuesto a cargo de Marcelo.

-MANUEL: Perdón que te lo vuelva a decir, pero te veo un poco pálida, también un poco más delgada, ¿te has hecho últimamente algún chequeo de rutina?

-LORENA: En verdad no, hace tiempo que no veo a un médico.

-MANUEL: Quizás estés algo anémica.

-LORENA: Puede ser!

-MANUEL: Seguramente te preguntarás, de dónde tengo tu teléfono de Rosario, y quiero decirte que tu madre nunca me lo dio, para que no te enojes con ella.

-LORENA: ¿Y entonces?

-MANUEL: Luego de unos meses, queriendo ubicarte, contraté a un investigador, que no pudo encontrar ningún dato tuyo, pero meses después, casi por casualidad, me dijo que el teléfono de tu madre, recibía más o menos una vez por mes, un llamado desde un teléfono de Rosario, y me lo dio.

-LORENA: Nunca me llamaste!

-MANUEL: Lo hice durante un año, pero luego entendí que no tenía sentido, si hubieras querido hablar conmigo, lo hubieras hecho a mi teléfono o incluso al de la clínica.

-LORENA: No pude llamarte!

-MANUEL: Está bien, lo entiendo.

-LORENA: ¿Puedo preguntarte por la barba y el pelo largo?

-MANUEL: Prometí que no me cortaría el pelo ni la barba, hasta que volviera a verte, y si nunca más te volvía a ver, sin dudas me hubiera muerto con barba y pelo largo!

-LORENA: Ay Dios! Ahora entiendo!

Habíamos terminado de cenar, levanté los platos y volví a la mesa con dos cervezas más.

Creo que imaginando que el momento había llegado, la encontré con lágrimas en sus ojos.

Había decidido tener la charla esa noche, pero no pretendía una discusión ni nada que se le parezca, sencillamente porque no podía, la volvía a tener frente a mí, y todos mis sentimientos estaban a flor de piel, sin dudas la seguía amando como el primer día.

Casi que no me importaba lo que había hecho en aquel momento ni con quién, había pasado tanto tiempo, que ya había dejado de sufrir por eso, de llenar mi cabeza de preguntas sin respuesta, pero también sabía que en este tiempo su vida podría haber dado un giro.

¿Qué hacen las personas cuando vuelven a tener frente a sí, a quién le ha sido infiel?

¿Reprochan, recriminan? ¿Buscan venganza? ¿Insultan? ¿Compensan con una infidelidad?

Creo que la respuesta está en lo que sigue, en lo que viene después, podés llegar al punto de odiar a esa persona, tanto para no querer volver a verla o quizás buscar la forma de perdonar y que todo vuelva a ser como antes.

La segunda opción, implica un montón de sentimientos, el perdón, quizás el olvido, y el volver a confiar, nada sencillo por cierto.

Cualquiera pensaría que no es fácil o incluso imposible, sí pasó una vez, puede volver a pasar, pero creo que en el fondo depende de lo que se sienta, de los sentimientos de cada uno.

Y en ese caso hay varios involucrados, fundamentalmente el arrepentimiento, la consideración, la culpa, la capacidad de perdonar, pero por sobre todas las cosas, el respeto y el amor que se tenga.

-MANUEL: Esa tarde que volviste a casa, tirado en el piso como un boludo, vi que te habías tatuado.

-LORENA: Qué susto me pegué! No reaccionabas y no sabía qué hacer! Casi llamo al 911… Es verdad, tengo tres tatuajes.

-MANUEL: ¿Puedo preguntar?

En ese momento se puso de pie, arremangó el pantalón de una pierna, y me mostró uno de los tatuajes, me sorprendí al verlo claramente en su tobillo, se veía la fecha en que había comenzado nuestra relación.

Luego hizo lo mismo con la otra pierna, y allí tenía tatuada nuestra fecha de casamiento.

El corazón se me aceleró, no me esperaba eso.

-LORENA: El tercero no sé si mostrártelo, está en un lugar un poco más comprometido.

-MANUEL: Tranquila, no pasa nada!

-LORENA: Te veo y me doy cuenta que seguís siendo el mismo, el mismo maravilloso hombre!

-MANUEL: ¿Vos no seguís siendo la misma?

En ese momento le explotaron las lágrimas, me moría por abrazarla, nunca me gustó verla llorar, pero me contuve, se había largado a hablar y no la iba a interrumpir.

-LORENA: No pude seguir siendo la misma, hice todo mal y no he podido perdonarme! Ese día, ese maldito día, me ha cambiado la vida! No fue planeado, ni buscado, ni siquiera imaginado, pero pasó y es el día de hoy que no me lo perdono! Nunca podré perdonármelo!

Bajó la mirada, creo que lo que estaba diciendo, no le permitía seguir mirándome a los ojos.

-LORENA: Te juro por mi vida que nunca busqué hacerlo, había tomado vino pero no me voy a justificar en el alcohol, sería muy hipócrita de mi parte, no supe o no pude ver con claridad lo que se venía, y cuando me quise dar cuenta, me había dejado llevar, en ese momento no hubo nada en mí que me hiciera tomar conciencia de lo que estaba haciendo, no pude o no supe detenerlo y terminó sucediendo.

Después, cuando todo ya había pasado, se me vino el mundo encima, me sentí una mierda, así me he sentido desde entonces.

-MANUEL: ¿Y por qué irte?

Y en ese momento volvió a llorar desconsoladamente.

-LORENA: Porque la culpa me invadió! Nunca quise ni quiero lastimarte, pero sabía que lo había hecho, y en ese momento no podía enfrentar las consecuencias. Lo que más influyó en haberme alejado, fue el hecho de haber gozado en ese momento, lo he analizado cientos de veces, cada día, no gocé el haberte sido infiel, sino el acto en sí, cada vez que he recordado ese momento, me veo ajena a todo, sin tener consciencia, tan solo haciéndolo. Fue por eso que entendí que no te merecía, me lo habías dado todo, siempre fuiste el mejor hombre que cualquier mujer quisiera tener a su lado, el que me había llevado a una hermosa vida, el que estaba en cada paso que he dado, apoyándome, dándome alas.

-MANUEL: ¿Y entonces?

-LORENA: Ese fue el motivo, no merecía a un hombre como vos, me sentía la peor de todas, la que había tirado por la borda lo mejor de su vida. Ya volviendo para casa, me sentía una mierda, no merecía esa vida, vos sos un ángel y yo me sentía cada vez más hija de puta. Cuando entré aquí, todo fue a peor, y mientras me daba un baño, decidí que no merecía nada de todo aquello, y juntando unas pocas cosas, me dispuse a irme. Sé que te tendría que haber esperado y haberte dicho en la cara todo eso que cobardemente escribí en ese papel, pero no pude, te juro que no pude. Decidí irme con tan solo un poco de ropa, incluso no creía merecer nada, por eso dejé mi cámara, perdón pero la notebook no pude dejarla, es como una parte de mí.

Salí de casa, sin saber a dónde ir, pasé por casa de mi madre, pero estuve tan solo un momento, solo para despedirme, sin decirle lo que había pasado ni a donde me iría, aunque en ese momento, tampoco lo sabía.

-MANUEL: ¿Y por qué Rosario?

-LORENA: No sabía dónde ir, terminé en Rosario, porque al llegar a la terminal de Retiro, era el primer colectivo que salía, creo que me daba lo mismo cualquier lugar, tenía que huir, desaparecer de tu vida.

-MANUEL: Te busqué!

-LORENA: Ya sabía que me buscarías, aunque no tenía ni idea de cuál podría ser tu reacción, pero cualquiera que hubieras tenido, sin dudas la hubiera merecido.

-MANUEL: ¿Y te fuiste sola?

-LORENA: Sí, necesitaba estar sola, hasta me avergonzaba contarle a alguien lo que había ocurrido, a nadie se lo dije, no podría soportar, además, ser juzgada por alguien más, ya tenía suficiente con lo que yo misma pensaba de mí y de lo que había hecho.

-MANUEL: Entiendo ese sentimiento, pero…, después de un tiempo…, no sé, unos días o unas semanas, ¿no pudiste volver o llamar?

Y en ese momento, volvió a llorar desconsoladamente, casi que no podía hablar por los sollozos.

-MANUEL: Llegué a Rosario de madrugada, no sabía qué hacer, ni a donde ir y los días que siguieron, fueron los peores de mi vida, me perdí Manuel, cada minuto sentía que mi vida ya no tenía sentido, y me perdí, me perdí en la vida, en ese pozo, estuve a la deriva y en esa oscuridad, hice cosas que preferiría no contarte, me avergüenza tan solo de pensarlas.

-MANUEL: ¿Y nunca pensaste en volver?

-LORENA: No sabía qué hacer con mi vida, realmente estaba perdida, fueron unos meses muy negros para mí, muchas veces pensé en que mi vida se terminara, pero en algún momento de lucidez, pensé que solo me podría ir en paz, si te volvía a ver feliz, no me importaba donde ni con quién, tan solo el saber que habías podido superar lo que te hice y seguir adelante, me daría algo de paz. Todo fue muy negro para mí, realmente estaba perdida, no dejaba de castigarme, hasta que alguien me rescató.

En ese momento, las lágrimas fueron las mías, estaban ahí esperando por salir, escuchar lo que me estaba diciendo, me había puesto realmente mal, pero saber que alguien la había rescatado y que quizás ese alguien estuviera ahora en su vida, me estrujó el corazón.

-MANUEL: ¿Y de qué te rescató esa persona?

-LORENA: De mi caída libre, fue gracias a él que pude parar esa inercia de autodestrucción que traía, de no haber sido por él, sin dudas hubiera seguido cayendo, más profundo aún.

Cada palabra me desgarraba más el alma, estaba empezando a pensar que haber esperado tanto, de haber sufrido lo que sufrí, había sido en vano, y tan solo por haber escuchado “de no haber sido por él”, eso significaba que era un hombre quien la había rescatado, y el pecho se me volvió a estrujar, como si alguien tomara mi corazón entre sus dedos y lo apretara con todas sus fuerzas.

-LORENA: Lo conocí a las pocas semanas de estar en Rosario, y luego de un tiempo, fue quien me salvó, quien le dio una pizca de esperanza a mi vida, casi sin conocerme, me tendió la mano y evitó que mi caída fuera completa, está y estará siempre en mi corazón! Su nombre es Julio.

Continuará…

Continúa en