Historias del complejo. Segunda serie. (28)
Tres años de silencio y dolor se desvanecen ante la mirada de quien nunca dejó de amarlo. Ahora, bajo el techo que fue suyo, las palabras prohibidas fluyen y el cuerpo recuerda lo que la mente intentó olvidar. Pero el destino la llama a otro lado, y la despedida en la terminal promete más que un adiós.
La historia de Manuel
Capítulo 6
-LORENA: Lo conocí a las pocas semanas de estar en Rosario, y luego de un tiempo, fue quien me salvó, quien le dio una pizca de esperanza a mi vida, casi sin conocerme, me tendió la mano y evitó que mi caída no fuera completa, estará siempre en mi corazón! Su nombre es Julio.
No pude evitar las lágrimas, era un cúmulo de sensaciones dentro de mí, el saber el estado en que se encontraba, nunca hubiera deseado que estuviera así, pero a la vez, saber que ese tal Julio la había salvado y que estaría en su corazón para siempre, presionó un poco más la daga en mi pecho, pero que podía hacer yo, ya las cosas habían tomado otros derroteros a los que por supuesto yo había estado ajeno, indudablemente, mi vida tendría también que tomar otros caminos.
No me salían las palabras, tan solo pude decir:
-MANUEL: Entiendo!
-LORENA: Gracias a Julio es que no he arruinado aún más mi vida, lo conocí en el bar donde trabaja, iba por las tardes a tomar un café con leche o por las noches a comer o tan solo a tomarme varias cervezas. Es un buen hombre, tiene casi sesenta años, y creo que se compadeció de mí, me dijo que le recordaba a su hija, y que si ella hubiera estado en una situación como la mía, sin dudas hubiera hecho lo posible por ayudarla. Después de un tiempo, creo que sin siquiera saber mis razones, me dijo algo que me hizo pensar, que por mal que me tratara la vida, siempre había segundas oportunidades, que era una mujer joven y que no me dejara vencer.
A partir de ese día, intenté ver las cosas de otra manera, y días después, comencé a buscar algún trabajo.
En el bar comencé a ser “la sobrina de Julio” y era por él que nadie me molestaba, y por esa actitud tan paternal y desinteresada, es que le estaré siempre agradecida.
Fue por él que conseguí un trabajo, podría haber sido algún otro más calificado, pero no quería aparecer en ningún sitio, más bien quería desaparecer.
Así fue que Julio me presentó a una vecina suya que vivía sola y que estaba buscando una mujer como acompañante, y comencé a trabajar para Elvira, una mujer adorable, que lo que más necesitaba era hablar con alguien, y poco a poco le fui contando lo que me estaba pasando, hemos hablado mucho, de su vida y de la mía, y también me dijo muchas cosas que me han hecho pensar.
Creo que sentí un gran alivio de saber la relación que tenía con Julio, estaba lejos de lo que había imaginado, ese hombre la había visto como a una hija y le había dado una mano, y en verdad agradecí el hecho de que ella no hubiera echado a perder del todo su vida.
-MANUEL: ¿Y siempre viviste en ese hostel?
-LORENA: Cuando comencé a cobrar por el trabajo, me alquilé un monoambiente amueblado, a pocas cuadras de la casa de Elvira.
-MANUEL: Claro! Alquilar un departamento, seguramente costaba menos que el hostel, y si estabas viviendo allí, tenía sentido!
-LORENA: Hace unos meses volví a Buenos Aires, mi madre tuvo que operarse de unos cálculos renales. Me quedé con ella hasta que estuvo bien, y luego me volví a Rosario.
-MANUEL: ¿Y en esa oportunidad no intentaste hablar conmigo?
-LORENA: Sí, pero no pude. Una tarde en el horario en solés salir de la clínica, me quedé parada en la vereda de enfrente, cuando saliste, casi no te reconocí con la barba y el pelo largo, recién pude darme cuenta por tu forma de caminar, en ese momento el corazón se me salía del pecho, pero no tuve el coraje de acercarme a vos, te vi caminar hasta el auto, y te vi tan triste, como abatido, con la mirada tan triste, que me sentí terriblemente mal, y no pude, te juro que no pude! Pensar en que si estabas así, por lo que yo te había hecho, me hizo sentir tan mal, qué me quise morir, volví llorando a casa de mi madre, y no tuve el coraje de volver a acercarme, y cuando mi madre se recuperó, me volví para Rosario.
-MANUEL: ¿Nunca pensaste en que quizás yo necesitaba hablar con vos?
-LORENA: Claro que sí, pero no pude Manuel, te juro que no pude! Me he sentido tan culpable, tan avergonzada de mi misma que no podía mirarte a la cara!
-MANUEL: Mi intención nunca hubiera sido juzgarte, no soy quién para eso, pero entenderás que en todo este tiempo, en la cabeza he tenido muchas preguntas, muchas conjeturas, imaginé muchos escenarios posibles, y no tuve casi ninguna certeza, tan solo, que de un día para el otro, la vida que estaba viviendo, dejó de ser tal. También la he pasado terrible, preguntándome todo el tiempo, ¿qué había hecho mal?
-LORENA: Nada hiciste mal! Vos no hiciste nada mal! Fui yo la que lo hizo todo mal, tan mal que nunca he podido perdonarme!
-MANUEL: No pude trabajar por mucho tiempo, también me perdí, me perdí pero en el alcohol, necesitaba callar lo que estaba sintiendo, no le encontraba sentido a mis días, y creo que por no defraudar a mis padres, no hice una locura!
-LORENA: Ay Dios! Más culpable me siento! No merecías nada de todo eso! Vos no! Solo deseaba que pudieras olvidarme y seguir con tu vida!
-MANUEL: Marcelo me llevó a un psiquiatra que me medicó y después de unas semanas, me fui a la costa, estuve varios meses solo en la casa de La Lucila, ahí pude dejar un poco el whisky. Después tuve que volver a Buenos Aires por cuestiones de la clínica y justo pasó lo de la hija de Alicia.
-LORENA: ¿Qué pasó?
-MANUEL: Tuvieron un accidente con el auto volviendo de sus vacaciones en Córdoba y a Milagros hubo que operarla para que pudiera volver a caminar, y por suerte, cada día está mejor!
-LORENA: Ay Dios! ¿Y Alicia y el esposo?
-MANUEL: Tuvieron muchos golpes y huesos rotos pero nada de peligro!
-LORENA: ¿Y te quedaste acá o volviste a la costa?
-MANUEL: Me quedé aquí, aunque no volví a la clínica hasta un tiempo después!
-LORENA: Me duele mucho que hayas pasado todo eso por mi culpa, no me lo perdonaré nunca!
Y llorando a mares nuevamente, pero esta vez mirándome a los ojos, me dijo:
-LORENA: Te juro Manu que nunca fue mi intención que todo esto pasara! No merecías ni nunca merecerás algo como lo que yo te hice, vos no!
-MANUEL: Voy a ser completamente sincero con vos, aquella tarde al leer esa nota, el mundo se me vina abajo, pensé y sentí muchas cosas, me enojé, no entendí, lloré, maldije, me quería morir. Pero con el correr de los días, no podía entender que, al menos, no te comunicaras, no sé…, para explicarme, para divorciarnos, no sé…, hasta pensé que te podrías haber ido con la personas con la que habías estado. Mil cosas pasaron por mi cabeza, y si intenté buscarte, hasta con un investigador privado, fue porque necesitaba volver a mirarte a los ojos y que me dijeras que ya no me amabas, que ya no quería estar conmigo, que nuestra vida juntos se había terminado, que había alguien más en tu vida, no sé... algo!
-LORENA: Decirte eso hubiera sido mentirte!
-MANUEL: Me hubiera partido al medio, pero hubiera sido preferible a la incertidumbre de no saber nada! Fueron casi tres años de un sin vivir Lore, tan solo porque no tuve los huevos de irme al más allá!
-LORENA: Ay Dios! Pero sigo sintiendo lo mismo! No merezco a un hombre como vos! Fue entrar hace unos días en esta casa y que todo se me viniera encima, está todo tal cual estaba cuando me fui, los muebles, las fotos, hasta mi cepillo de dientes sigue estando en el baño. En tu lugar, cualquier otro hubiera hecho otra cosa, hubiera querido quizás reprochar, vengarse, insultar, darme una paliza, que sé yo, pero vine a tocarte el timbre por mi madre, y lejos de eso, hacés todo lo que estás haciendo por mamá, sin siquiera dudarlo. Otro en tu lugar, quizás me hubiera mandado a la mierda y que mi madre se arregle como pueda, pero vos no! Y eso me hace sentir la peor de todas!
-MANUEL: Si he querido hablar con vos durante este tiempo, no ha sido con la idea de insultarte, vengarme o reprocharte, nunca fue esa mi intención, tan solo necesitaba entender, entender que había pasado, nuestra vida era hermosa, y de un minuto para el otro, todo eso desapareció.
-LORENA: Es que de un momento para el otro, hice algo imperdonable! Tenés razón, nuestra vida era hermosa, mi vida era hermosa, pero lo eché todo a perder, por un momento de inconsciencia, porque eso fue, un momento de confusión que no supe o no pude frenar.
-MANUEL: ¿Creés que algo así no podría haberme ocurrido a mí? ¿Qué hubieras sentido en esa situación? ¿Cómo te hubieras sentido si yo me hubiera ido así, de un momento para el otro?
-LORENA: Me hubiera derrumbado! No lo habría entendido! Y creo que también me habría preguntado que había hecho mal! Y claramente me hubiera muerto en vida!
-MANUEL: Así es como me he sentido! Y sin respuestas, sin ninguna certeza!
-LORENA: Preguntame lo que quieras! Te daré todas las respuestas que necesites!
-MANUEL: Ni siquiera me importa saber con quién, ni cuando, ni donde, ya da igual, ya ha pasado tanto tiempo… mucho tiempo, pero pienso que si pasa una vez puede ser una equivocación, un error, un traspié, pero si es más de una ya es intencionado, y eso ya es otra cosa!
-LORENA: Te juro por mi vida que fue tan solo una vez, esa misma tarde, y luego me sentí tan mal que ya no pude sino irme de tu lado, no tuve el coraje y me tuve que ir, y con el correr de los días fue a peor, cada vez peor, cada vez más hundida, el pozo era cada vez más profundo, ni quiero recordar esos momentos, hice muchas cosas de las que me arrepiento cada día, y me avergonzaría mucho contárselas a alguien.
-MANUEL: ¿Puedo preguntar por qué los tatuajes?
-LORENA: Porque siempre estuviste en mi corazón, nunca quise, ni podré, ni querré sacarte de ahí, serás el único hombre que viva allí, y decidí que también te llevaría para siempre en mi piel.
Y en ese momento, desabrochó dos botones de su camisa, dejándome ver en el medio de su pecho, tatuadas las cuatro iniciales de mis nombres y mis apellidos, formando una especie de símbolo, y entre lágrimas me dijo:
-LORENA: Nunca he dejado de amarte, te llevaré en mi corazón para siempre, me juré que nunca más, nunca en lo que me quede por vivir, estaré con otro hombre, tuve al mejor hombre del mundo, y lo arruiné, le rompí el corazón, y eso no me lo perdonaré nunca! Sé que no lo merezco y es por eso que he decidido seguir mi vida sola!
No paraba de llorar, y mis lágrimas estaba ahí también, la miré un momento sin decirle nada, me estaba diciendo que seguía enamorada de mí, y conociéndola, sabía perfectamente que me estaba diciendo la verdad.
Necesitaba procesar todo lo que estaba escuchando, necesitaba un tiempo para digerirlo todo, y le propuse:
-MANUEL: Dejemos esta conversación por ahora, podemos seguirla en otro momento, ya es tarde y mañana hay que levantarse temprano.
En ese momento, secó sus lágrimas y se puso de pie.
-LORENA: No es necesario que me lleves, puedo tomar un taxi!
-MANUEL: Lorena, podés quedarte acá, dormí donde quieras y mañana vamos temprano para la clínica!
-LORENA: No te quiero incomodar!
-MANUEL: Si me incomodaras, no te estaría diciendo esto! En el placard tenés tu ropa, podés darte un baño también! Después de todo aún sigue siendo también tu casa!
Me miró un momento, bajó la mirada y volvió a llorar.
-LORENA: No quiero hacerte más daño mi amor! Perdón…, Manuel!
-MANUEL: Date un baño, y descansá! Ya sabés donde está todo!
Caminó por el pasillo, entró en la que fuera nuestra habitación, supongo que para buscar algo de ropa y luego fue al baño.
Me quedé en el estar, me serví un whisky bien grande, le puse dos hielos y mi cabeza empezó a pensar en lo que había sido cada palabra de esa conversación, sin dudas podía sentir que me seguía amando, lo veía en su mirada y en la expresión de su cuerpo, estuvo nerviosa todo el tiempo y eso no podía significar otra cosa.
Yo tenía perfectamente claro que seguía enamorado de ella como el primer día, pero no sabía en cómo podría resultar todo esto. También dijo que había hecho cosas de las que se arrepentía cada día, y que le daría mucha vergüenza contarlas, seguramente, ha estado con otros hombres, pero bueno, yo también he estado con otras mujeres.
Y en mi cabeza se presentaron un montón de cuestiones, ¿se puede perdonar una infidelidad? En mi caso, sé que ya la he perdonado. ¿Se puede volver a confiar en la persona que te ha sido infiel? En mi forma de entender, eso depende principalmente de los sentimientos de esa persona.
En el caso de Lorena, según sus palabras, entiendo que se alejó de mí porque no me merecía, la culpa no le permitió acercarse a mí y la pasó muy mal.
Claro está que eso significa que le tocó sufrir las consecuencias de sus actos y me deja ver que se arrepiente de lo hecho, muy diferente hubiera sido que me ocultara lo que pasó y siguiera su vida, nuestra vida, como si nada, o que no hubiera sufrido por lo que hizo.
Quizás mi mirada no sea la más objetiva, creo que cualquiera que viera la historia desde afuera, diría que soy un pelotudo, que me tendría que olvidar de ella, mandarla a la mierda y seguir con mi vida, pero… ¿con qué vida? ¿Qué se supone que tendría que hacer con el amor que siento por esa mujer? De hecho ha pasado mucho tiempo y no he podido dejar de pensar en ella, de extrañar la vida que teníamos, y al volver a verla, ese amor ha vuelto al primer plano, durante la conversación, varias veces tuve ganas de abrazarla y decirle que ya todo había pasado, que la vida nos había vuelto a poner frente a frente y que no me importaba todo lo que nos había tocado vivir en este tiempo.
Sin lugar a dudas, a la vista de cualquiera soy el mayor de los boludos, pero no puedo dejar de sentir lo que siento.
Pero necesité tratar de pensar las cosas más fríamente, y más preguntas vienen a mi cabeza, ¿tendrá pensado quedarse o cuando su madre se recupere y vuelva a caminar se volvería a Rosario? ¿Estaría su vida en Rosario en este momento o tan solo había sido el lugar donde escaparse? ¿Pensaría ella en la posibilidad de volver a estar juntos? ¿Lo desearía o tan solo quiere aclarar las cosas, aliviar su tormento y ya?
Un montón de preguntas que la conversación que habíamos tenido hasta aquí, no me habían quedado claras.
Casi media hora después, salió del baño, yo estaba en la cocina preparando un café y cuando entró, le ofrecí un café o un té, me pidió un té y se lo preparé.
Venía con el cabello húmedo aún, una remera suya que recordaba de hace unos años, un pantalón recortado que solía usar, casi a medio muslo y descalza, estaba sencillamente hermosa, tal cual la recordaba de años atrás, solo le faltaba la sonrisa, esa sonrisa que siempre ha logrado hipnotizarme.
En ese momento no seguimos con la conversación, tan solo hablamos de su madre mientras tomábamos el té y el café.
-MANUEL: Me voy a la cama, estoy muy cansado!
-LORENA: Yo también! Ha sido un día agotador! Que descanses… y gracias por todo!
-MANUEL: Qué descanses!
Caminó hacia las habitaciones y entró en la que teníamos preparada como para invitados, yo lo hice en la que fuera la nuestra.
Me acosté y me costó conciliar el sueño, Lorena volvía a estar en casa, la tenía ahí, a unos pocos metros, después de tanto tiempo, pero en otra habitación y en otras circunstancias.
Me quedé dormido no se cuento tiempo después, pensando en que la vida me estaba poniendo a prueba, o quizás nos estaba poniendo a prueba a los dos.
Al día siguiente, me levanté a las seis y media de la mañana, Adela suele llegar a eso de las siete menos cuarto, y mientras me baño y me cambio, ella prepara el desayuno.
Fui hasta la cocina por un vaso de agua y antes de entrar, vi a Lorena con uno de los portarretratos que están sobre el mueble del comedor, tenía en sus manos uno que tenía una foto de los dos dándonos un beso, era una selfie que ella misma había sacado con su teléfono en Punta del Este esa tarde de viento, no era una excelente foto, pero a los dos siempre nos había gustado mucho, los mechones de su pelo llevados por el viento, casi tapándonos la cara y mirándonos a los ojos durante el beso.
Lorena no advirtió mi presencia, sin quitar la vista de la foto, pasó su pulgar por sobre mi cara, como si de una caricia se tratara, y justo en ese momento, escuché que Adela abría la puerta y se encontraba a Lorena, que en ese momento volvió a dejar el cuadro en su lugar, mientras caminaba hacia ella, la oí saludarla.
-ADELA: Buenos días señorita Lorena!
-LORENA: Buenos días Adela! Pero por favor, tan solo decime Lorena o Lore!
-ADELA: Es un gusto volver a verla!
-LORENA: También para mí, pero porfa, no me trates de usted!
-ADELA: Tenés razón!
En ese momento llegó hasta donde estaba Lorena y la saludó sonriendo con un abrazo y un beso, es terrible esa Adela, pero cómo la quiero!
-ADELA: ¿Ya has desayunado o acabas de llegar?
Me sonreí por la pregunta, era una forma elegante de preguntarle si había pasado la noche en casa.
-LORENA: Aún no, me desperté hace un rato, pero Manuel aún duerme!
-ADELA: No creo, debe estar despierto, bañándose seguramente!
Volví al pasillo e hice como que recién aparecía.
Adela venía delante de Lorena, y con cara de vieja pícara, me guiño un ojo.
-ADELA: Buenos días Manu!
-MANUEL: Hola Adi, buen día!
Adela entró en la cocina, y aunque Lorena trató de disimularlo, al saludarnos, me di cuenta que había estado llorando, seguramente mirando nuestra foto y recordando ese momento, esos maravillosos días en la costa uruguaya.
Estaba con la ropa que tenía en la noche, y dijo que se iba a cambiar.
-LORENA: Entro un momento en la habitación a sacar algo de ropa para ponerme!
-MANUEL: Por supuesto, ya conocés la casa! No hace falta que me pidas permiso!
Entré a la cocina y Adela me ametralló a preguntas.
-ADELA: ¿Pudieron hablar? ¿La trataste bien? ¿La hiciste llorar? ¿Te dijo que te seguía amando? ¿Durmieron juntos? ¿Se va a quedar aquí? ¿Se vuelve para Rosario? ¿Le dijiste que la seguís amando?
-MANUEL: Pará entusiasmo! Tan solo hemos empezado esa charla que nos debíamos y como se hizo tarde, le dije que se quedara aquí!
La sonrisa de Adela le iba de oreja a oreja.
-ADELA: Bueno! Por algo se empieza!
-MANUEL: Pará loca! Que ni yo sé cómo va a terminar esto!
-ADELA: Pero si ya hasta te ha cambiado la cara! No te hagas el salame que te conozco! Además cuando entré lloraba mirando la foto de ustedes dos!
-MANUEL: No puedo hacerme ilusiones Adi! Aún no!
-ADELA: Me cae muy bien esa chica! Tiene linda mirada, aunque un poco triste! Le hace falta un abrazo! Un abrazo tuyo, tontón!
-MANUEL: Basta Adi!
Hablábamos mientras preparaba el desayuno y un momento después, volvió Lorena con un pantalón que yo conocía perfectamente y una camisa que yo le había regalado en alguna ocasión, parecía que el tiempo había vuelto atrás.
Desayunamos los tres y luego nos fuimos para la clínica, cuando Lorena se despidió de Adela, la muy zorra le dijo:
-ADELA: Espero verte pronto por acá!
-LORENA: Nos vemos Adela! Muchas gracias por todo!
Llegamos a la clínica y fuimos directamente a ver a Susana, no era horario de visita, pero haría una excepción.
Entramos a la terapia y Susana estaba despierta, Lorena se acercó y le dio un beso.
-LORENA: Hola ma! ¿Cómo te sentís?
-SUSANA: Cómo si me hubieran puesto un pedazo de chapa en el cuerpo!
Nos reímos los tres.
-MANUEL: Hola Susana! ¿Estás con dolor?
-SUSANA: No hijo! Molestia nomás!
Hablamos un rato con ella, le expliqué cuantos días estaría internada, lo que tendría que hacer antes de darle el alta y como sería la rehabilitación.
Luego me despedí de Susana, me tenía que ir a atender a mis pacientes, y Lorena, luego de saludar a su madre con un beso, salió junto conmigo de la terapia.
-MANUEL: Tengo que irme al consultorio, a las doce y media, podrás volver a verla.
-LORENA: Me quedaré esperando en el bar de la esquina. Gracias por todo Manuel!
Nos despedimos con un hasta luego y me fui a cambiar para comenzar la consulta.
Al mediodía, no crucé a Lorena, aunque cuando fui a ver a Susana, me dijo que había estado.
-SUSANA: Me contó que anoche se quedó en tu casa, ¿pudieron hablar?
-MANUEL: Hablamos un poco, pero como se hizo tarde y le dije que se podía quedar en casa, después de todo, sigue siendo suya también.
-SUSANA: Me dijo que todo está tal cual estaba antes de que ella se fuera, que toda su ropa estaba en el placard y que hasta su cepillo de dientes estaba en el baño.
-MANUEL: Así es, nunca cambié nada!
-SUSANA: ¿Nunca dejaste de amarla verdad?
-MANUEL: No te puedo mentir Susana, nunca pude, nunca quise!
-SUSANA: Cuando se agachó para saludarme, le vi el tatuaje en el pecho y le pregunté, me lo mostró y son las letras de tu nombre!
-MANUEL: Ya lo vi también, me lo mostró anoche, y en los tobillos tiene dos más, la fecha del comienzo de nuestra relación y la de nuestro casamiento.
-SUSANA: Ella te sigue amando Manuel, nunca me lo dijo, pero estoy segura de que así es!
-MANUEL: Ya lo sé! También me lo dijo anoche!
-SUSANA: ¿Vos se lo dijiste también?
-MANUEL: No!
-SUSANA: ¿Tenés dudas? ¿Miedo de que vuelva a pasar?
-MANUEL: En verdad no lo sé! Creo que no somos los mismos! Pero aún no hemos terminado nuestra conversación.
-SUSANA: Ya me dijo que fuiste muy considerado en la charla de anoche, que en ningún momento, se sintió juzgada, ni intimidada, ni criticada. Sos un sol hijo! Espero que puedan llegar a un acuerdo, que la puedas perdonar!
-MANUEL: Hace tiempo que la he perdonado Susana, no soy perfecto, también puedo equivocarme y sin lugar a dudas, me gustaría ser perdonado!
-SUSANA: Qué gran hombre sos!
Me despedí de ella con un beso en la frente, y le dije que esa misma tarde, el médico la haría levantarse y dar algunos pasos.
A las tres y media de la tarde, tenía una cirugía, y luego me fui a cambiar, pasé a dar indicaciones y cuando salía de la clínica, Lorena entraba a ver a su madre.
Nos saludamos, le conté como la había visto y nos despedimos.
Luego de un par de días, Susana estaba cada vez mejor, poco a poco dando unos pasos, todo iba muy bien, seguramente en dos o tres días más, le daríamos el alta, y a partir de allí, comenzaría la rehabilitación.
En esos días tan solo me crucé algunas veces con Lorena, y solo hablamos de cómo seguía su madre.
Nuestra conversación seguía aún pendiente, pero ya llegaría el momento de seguir hablando.
Tres días después le dimos el alta, Susana volvió a su casa y Lorena con ella.
Marcelo preparó el cronograma de rehabilitación, algunos días sería en su casa y otros en la clínica.
Volví a ver a Lorena, solo un par de veces que vino con Susana a la clínica y en esas ocasiones, tanto ella como su madre, no paraban de agradecerme, sin dudas estaba cada día mejor, incluso ya podía caminar un poco sin las muletas.
El solo verla cada tanto, sabiendo que seguía en Buenos Aires, me daba cierta tranquilidad, al menos sabía que estaba bien, aunque aún persistía en mí, cierta incertidumbre de lo que pasaría en el futuro.
La ocasión de volver a encontrarnos para seguir nuestra conversación no se daba y ya estaba queriendo buscar la forma de provocarla, aunque sin ninguna presión.
Habían pasado tres semanas de la operación de Susana, ya casi caminaba normalmente, y en uno de los turnos en la clínica, cuando salían las dos, les dije:
-MANUEL: Se te ve bárbara Susana, cada día mejor!
-SUSANA: Gracias a vos hijo! Te estaré agradecida de por vida!
-MANUEL: No hace falta Susana, lo único que importa es que has vuelto a caminar!
-LORENA: Gracias Manuel! Gracias por todo lo que han hecho por mamá, vos, Marcelo y toda la gente de la clínica!
-MANUEL: Hicimos lo que había que hacer!
El remís en que venían las estaba esperando, Susana subió adelante, y antes de que Lorena subiera al auto le dije:
-MANUEL: ¿Crees que podamos cenar un día de estos?
Una leve sonrisa se dibujó en su rostro, supongo que estaría esperando que le propusiera el encuentro.
-LORENA: Sí claro! Sé que tenemos esa conversación pendiente, ¿te parece el jueves?
-MANUEL: Perfecto! Si querés, me avisas y te voy a buscar!
-LORENA: Dale! Te mando un mensaje!
Me volví a casa pensando en que quizás, la conversación podría definir lo que vendría de aquí en adelante y aunque estaba seguro de los sentimientos, tenía mi cuota de preocupación por lo que pudiera pasar.
Al llegar a casa, Adela me saludó, como siempre me preguntó por mi día, y como últimamente, me preguntó si había visto a Lorena. Cuando le dije que sí y que cenaríamos el jueves, se sonrió y me dio un abrazo!
-MANUEL: Pará loca! No te entusiasmes! No sé qué puede pasar!
-ADELA: No seas boludo! Tené un poco de fe carajo! ¿Cómo va a terminar todo? Sí está clarísimo que los dos se siguen amando!
-MANUEL: No sé Adi, te juro que no sé!
-ADELA: Todo va a salir bien! Hacele caso a esta vieja!
Le pedí que se quedara a cenar conmigo y que luego de comer, la llevaría hasta su casa, quería que conversemos un rato más, me gusta estar tiempo con ella, en el cariño y la preocupación que me demuestra, me hace acordar a mamá.
El jueves antes de irme para la clínica, mientras desayunaba, Adela me preguntó que quería cenar esa noche, le dije que era lo mismo, sin dudas, la comida no sería lo importante de la noche.
A eso de las cinco de la tarde, Lorena me mandó un mensaje, diciéndome que si podía, la pasara a buscar a las ocho y media de la noche, para dejarle la comida preparada a su madre, antes de irse.
Aproveché para terminar algunas cosas en la clínica, y a las ocho y media en punto, toqué el timbre en casa de Susana.
Quién abrió la puerta fue ella misma, que cada día estaba mejor, me saludó con un abrazo y me dijo que Lorena se estaba terminando de cambiar.
Lo veía en su cara, sabía que quería decirme algo.
-MANUEL: Decímelo Susana! Que ya te estoy viendo!
-SUSANA: Espero que todo vaya bien! No seas duro con ella, no le está pasando bien, se hace la fuerte, pero la he visto llorar a escondidas!
-MANUEL: Susana, sabés que nunca lastimaría a Lorena, no soy el tipo de hombre qué busca venganza, ni humillación, ni nada por el estilo, tan solo tenemos una conversación pendiente, y luego se verá!
-SUSANA: Solo espero que lo puedan solucionar!
En ese momento apareció Lorena, vestía un jean y una camisa, con poco maquillaje, tan solo delineados sus ojos, aún así, la veía hermosa como siempre, solo le faltaba su sonrisa.
Nos despedimos de Susana, y salimos de su casa, al subir al auto, le pregunté si le parecía bien que cenáramos en casa, Adela había dejado comida preparada, y si íbamos a conversar, nos sentiríamos más cómodos que en un restaurante. Lógicamente, aceptó sin problemas.
Llegamos a casa, y Adela aún no se había ido, seguramente la vieja zorra nos estaba esperando.
Saludó con un abrazo y un beso a Lorena, diciéndole:
-ADELA: Hola Lorena! Es un gusto volver a verte!
-LORENA: Hola Adela! También para mí es un gusto! ¿Cómo estás?
-ADELA: Muy bien hija! Contenta de verte! ¿Cómo está tu mami?
-LORENA: Muy bien gracias a Dios! Muy bien, ya camina sin las muletas!
-ADELA: Hola Manu! ¿Qué tal tu día?
-MANUEL: Hola Adi! Todo bien por suerte!
-ADELA: ¿Tuviste que operar hoy?
-MANUEL: Así es! Hoy tuve una cirugía y todo salió bien!
-ADELA: Como siempre!
Nos miró a los dos y nos dijo:
-ADELA: Les dejé preparado un risotto de pollo y hongos! Espero les guste!
-LORENA: Estoy segura que debe estar exquisito!
-MANUEL: Y seguramente hiciste como para un Batallón!
-ADELA: No seas exagerado! Vos sos de buen comer!
-MANUEL: Gracias Adi!
Al despedirse me dio un beso y un abrazo, y lo mismo hizo con Lorena.
Cuando Adela se fue, le dije a Lorena que necesitaba darme un baño y cambiarme.
Fui a mi habitación, me saqué toda la ropa y me metí al baño, durante la ducha no podía dejar de pensar, que volvía a estar ahí, a unos metros, ¿qué se viene de aquí en adelante? ¿Qué deparará la conversación de esta noche?
Lorena ha dado muestras de que me sigue amando, y yo, aunque no se lo he dicho, también la sigo amando, pero no sé qué pinta tiene el futuro, y eso me tiene bastante ansioso.
Terminé la ducha, y me puse ropa de andar por casa, cuando volví a la cocina, la mesa estaba preparada, y el risotto caliente, y Lorena me dijo que necesitaba ir al baño.
Unos minutos después, Lorena volvió a la cocina, de la heladera saqué dos cervezas y nos sentamos a comer.
Durante la cena, degustando ese exquisito risotto de Adela, nos tomamos otra cerveza cada uno, hablando sobre la recuperación de Susana.
Terminamos y junté los platos, llevándolo a la pileta de la cocina.
-LORENA: Yo lavo los platos!
-MANUEL: No hace falta, Adela se enoja cuando no encuentra los platos sucios!
-LORENA: Es adorable Adela!
-MANUEL: Es una vieja loca, pero la quiero mucho!
-LORENA: Y ella a vos! Se nota en la forma en que te trata!
-MANUEL: Me malcría! No me deja hacer nada! En este tiempo de trabajar aquí, se ha convertido en una persona muy importante para mí!
-LORENA: Es un amor! Me trata como si me conociera de toda la vida!
-MANUEL: Solo le faltaba conocerte en persona! Ya te digo que hemos hablado mucho, hasta se leyó tu libro!
-LORENA: ¿Sí? Es un amor!
-MANUEL: ¿No has vuelto a escribir? Siempre lo has hecho muy bien!
-LORENA: No, no he tenido cabeza para escribir, tan solo he ido dejando algunas cosas en un blog, pero sin intención de que sea leído, creo que como una especie de catarsis escrita.
-MANUEL: Yo estuve bastante tiempo sin ver las cosas claramente, pero creo que mi pasión por la medicina me trajo de vuelta al mundo, al menos a una parte de mi mundo, quizás el volver a escribir te ayude! Siempre sentí que era tu pasión!
-LORENA: Es mi pasión, en realidad una de mis pasiones, pero en este momento la tengo anestesiada, me cuesta mucho poner la cabeza en otra cosa, todo el tiempo estoy pensando en lo que se ha convertido mi vida!
-MANUEL: No sé si con lo que te estoy diciendo estoy en lo cierto, tan solo lo veía como una forma de retomar las riendas de tu vida y tratar de pensar en cómo querés seguir con ella!
-MANUEL: ¿Sabías que el libro tuvo una segunda edición de veinte mil ejemplares?
-LORENA: Entré en una librería en Rosario, y al verlo exhibido, miré en las primeras páginas, y vi que era la segunda edición.
-MANUEL: Sin dudas fue todo un éxito!
-LORENA: Supongo que sí, pero de todas formas, creo que me dio lo mismo, quizás en otro momento me hubiera alegrado.
No pretendía ser demasiado incisivo, pero necesitaba saber, con cierta ansiedad lo reconozco, qué pensaba hacer de su vida, una vez que su madre volviera a caminar normalmente.
Volví a la cocina con el resto de las cosas y antes de volver a la mesa, le pregunté si quería otra cerveza, me dijo que sí y saqué dos de la heladera, las destapé y le entregué una.
-MANUEL: ¿Puedo preguntarte algo?
-LORENA: Por supuesto!
-MANUEL: Has vuelto a Buenos Aires por el accidente de tu madre, cuando tu madre vuelva a caminar normalmente, porque así será en poco tiempo, ¿volverás a Rosario?
Hizo un pequeño silencio, que casi podría decir que me confirmó su respuesta.
-LORENA: Tengo que volver!
Suponía esa respuesta, pero siendo sincero, esperaba que fuera otra, ahora el silencio fue mío, e inconscientemente bajé la mirada.
Sentí el nudo en la garganta, y para que no lo notara, fui a llevar el resto de las cosas a la cocina.
Sus palabras me habían golpeado en la línea de flotación, las había sentido como alcohol en una herida abierta, hice mi mayor esfuerzo para contener las lágrimas y volví a la mesa un momento después.
Supongo que se dio cuenta del impacto de sus palabras, y cuando me volví a sentar, me dijo:
-LORENA: Tengo que volver a casa de Elvira, me fui ni bien me enteré lo de mi madre, y me dijo que me viniera, que no me hiciera problemas por ella, que ya se arreglaría con alguien más hasta mi regreso.
-MANUEL: Entiendo! Tu vida ahora está en Rosario, seguramente si no hubiera pasado lo de Susana, aún estarías allí!
Se quedó un momento en silencio, y esta vez fue ella la que bajó la mirada, le dio un largo trago a la cerveza, y volviendo a mirarme dijo:
-LORENA: No tengo en claro dónde está mi vida, Rosario fue mi destino por casualidad, o no, no lo sé muy bien! Tan solo terminé allí, porque ese era el destino del colectivo, no tuve intenciones de ir a Rosario, podría haber sido Córdoba o Bahía Blanca, en ese momento me hubiera dado lo mismo!
-MANUEL: ¿Y si hoy pudieras elegir tu destino?
Ese momento le explotaron las lágrimas, comenzó a llorar desconsoladamente, moría por abrazarla, más allá de todo lo que pasó, no podía verla sufrir.
Y entre sollozos, con las palabras entrecortadas me dijo:
-LORENA: No lo sé Manuel! Te juro que no sé nada! Nada tengo seguro en mi vida, solo una cosa, tan solo una! Y es la que me mantiene en pie!
Y fue en ese momento, que ya no pude soportarlo, me puse de pie, me acerqué a ella, y aún estando ella sentada, la abracé.
-MANUEL: Ya no llores Lore por favor! Nunca soporté verte llorar! Ya no llores!
Pero mi abrazo no hizo más que incrementar su llanto, con su cabeza apoyada en mi panza, y mis manos rodeando sus hombros, no paraba de llorar, y luego de un momento, comenzó a decir una y otra vez:
-LORENA: Perdóname Manuel! Perdóname por favor! Una y mil veces te pido perdón! Perdón! Perdóname Manu por favor! Perdón! No puedo vivir con el daño que te hice! No puedo, ya no puedo!
-MANUEL: Ya no llores! Lo que pasó ya está en el pasado! Todo este tiempo de sufrimiento, nos tiene que haber servido para algo, para darnos cuenta que a pesar de los errores y los desencuentros, nos seguimos amando como antes! Mi vida sin vos no ha sido mi vida! El amor que te tengo desde que te conocí, nunca ha desaparecido, te he extrañado cada uno de los días! Ya necesito que todo eso quede atrás! Necesito que podamos mirar hacia adelante!
-LORENA: No lo sé Manu! Te juro que no sé lo que tengo que hacer!
No me interesaba forzar ninguna situación, ya me había abierto ante ella, ya le había dejado en claro lo que sentía, lo que nunca dejé de sentir, y que no me importaba lo que había pasado, tan solo me interesaba el futuro.
-MANUEL: Quizás tengas que hacer lo que sientas, lo que creas que es lo correcto, lo que te dicte tu corazón!
Su llanto poco a poco se fue tranquilizando, y yo volví a sentarme a mi lugar en la mesa.
Nos quedamos un momento callados, y buscando que se tranquilizara le ofrecí un té, me dijo que sí y fui a la cocina a prepararlo.
Volví a la mesa con su té y con un café para mí, y antes de sentarme me serví un whisky.
Nuestros sentimientos estaban claros, pero ninguno de los dos dijo nada sobre volver a intentarlo, sobre volver a estar juntos.
Seguramente en unos días se volvería a Rosario, y de ahí en más, ya no podía imaginar qué pasaría.
Eran casi la una de la mañana, y me dijo que ya se volvía para casa de su madre, al día siguiente se despertaba temprano para hacerle el desayuno.
Salimos de casa, subimos al auto y fuimos para lo de Susana.
Al llegar, me bajé del auto, y ella hizo lo propio, rodeando el auto llegué hasta ella, y caminamos juntos hasta la entrada.
-LORENA: Gracias por todo Manu! Y decile de mi parte a Adela, que el risotto estaba excelente.
En el momento en que se acercó a mí para darme un beso, en la mejilla por supuesto, la abracé.
Ninguno de los dos dijo nada, sus brazos también tomaron mi cintura, y lógicamente mi corazón se aceleró.
-MANUEL: Que descanses!
-LORENA: Vos también! Y gracias por todo!
Entró, y yo me subí al auto para volver a casa.
Esa noche y los días siguientes, recordé cada palabra de la conversación, sin ocultar nada, le había dicho que nunca había dejado de amarla, y ella también me lo había dicho.
Traté de imaginar lo que pasaba por su cabeza, me había dicho, "No sé lo que tengo que hacer" ¿Cuáles serían sus dudas? ¿Cuáles eran sus sentimientos? ¿Miedo? ¿Sentiría miedo de volver a estar conmigo después de lo que pasó? ¿Qué en algún momento hubiera algún reproche? Me doy cuenta que no es la misma mujer que se fue. ¿Habrá algo pendiente en Rosario, además de Elvira y de Julio?
Muchas preguntas para las cuales no tengo respuesta, ella sabe lo que siento, y a pesar de mis deseos, decidí que respetaría los suyos, sean los que sean.
Dos semanas pasaron sin verla ni saber nada de ella, y quise respetar la distancia que ella ponía.
Un jueves por la noche, estaba volviendo para casa luego de llevar a Adela, que se había quedado a cenar conmigo, cuando sonó mi teléfono, y al ver la pantalla se me aceleró el corazón, era una llamada de Lorena.
-LORENA: Hola Manuel! Perdón la hora! No quería molestarte en medio de la cena.
-MANUEL: Hola Lore! No pasa nada estoy volviendo a casa, Adela se quedó a cenar conmigo y la llevé a su casa. ¿Cómo está tu madre?
-LORENA: Muy bien gracias a Dios! Ya camina casi normalmente!
-MANUEL: Me alegro mucho!
-LORENA: Todo gracias a vos! Llamaba para avisarte, que mañana al mediodía, me voy para Rosario, y si es posible, me gustaría verte antes de irme.
Aunque sabía que se iría a Rosario, el saber que era al día siguiente, me estrujó el pecho, y en ese momento pensé, que no sabía a ciencia cierta, cuándo volvería a verla.
-MANUEL: Claro! Si querés, te voy a buscar y te llevo a la terminal!
-LORENA: No quería molestarte, pero no quería irme sin despedirme de vos.
-MANUEL: Decime a qué hora y te voy a buscar, no es molestia.
-LORENA: El colectivo sale a la una menos cuarto!
-MANUEL: Perfecto! Doce menos cuarto te pasó a buscar, ¿te parece?
-LORENA: Está bien! A esa hora te espero, ya estaré lista!
Llegué a casa y guardé el auto, serví un whisky, me senté en el sillón y no pude evitar las lágrimas.
Finalmente fueron tres whiskys, y triste me fui a la cama, se volvía a ir.
El viernes me levanté me di un baño y me cambié, fui a la cocina, y Adela ya tenía preparado el desayuno.
-ADELA: Buen día Manu!
-MANUEL: Hola Adi!
-ADELA: ¿Qué es esa carita?
-MANUEL: En un rato Lorena se vuelve a Rosario, la voy a llevar hasta la terminal!
-ADELA: Ay Manu! ¿Y cuándo vuelve?
-MANUEL: No lo sé Adi! Ni siquiera sé si vuelve!
-ADELA: Estoy segura que va a volver! Haceme caso!
-MANUEL: No lo sé Adi! Te juro que no lo sé!
Conversamos un rato más mientras desayunábamos, Adela trataba de consolarme, diciéndome que seguramente Lorena necesitaba cerrar su etapa de Rosario y que luego volvería.
A las once y media, me despedí de Adela, me dijo que me esperaba para almorzar, y salí rumbo a casa de Susana.
Puntual toqué el timbre y abrió Susana con lágrimas en los ojos, me saludó y me pidió que pasara.
Junto al sillón había un bolso, bastante grande, lo que me hizo suponer que llevaba mucha ropa, por consiguiente, que no se iría por pocos días.
Un momento después apareció Lorena con una mochila colgada, también con signos de haber estado llorando, se abrazó a su madre, y se despidió con un beso.
Me despedí de Susana y salí con el bolso hasta el auto, lo puse en el asiento trasero, abrí la puerta del acompañante, y me senté al volante, esperando a que subiera Lorena, que tras salir con su madre, se volvieron a abrazar y a besar por última vez.
De camino a la terminal, Lorena me comentó:
-LORENA: Contraté una chica para que acompañe a mamá, vivirá con ella, hará todas las cosas de la casa, y ayudará a mamá en lo que necesite.
-MANUEL: Está muy bien! También pasaré a verla y la llamaré por teléfono.
Eso confirmaba que no se iría por poco tiempo, pero no quise preguntar, para que no me doliera su respuesta.
No hablamos más durante el viaje, Lorena miraba hacia adelante, pensando vaya a saber en qué cosa.
Llegamos a la terminal quince minutos antes de la salida del colectivo y nos quedamos parados en el andén.
La verdad es que no sabía qué decir, la situación era por demás tensa, en un momento, la miré de reojo, y la vi a punto de llorar.
Unos minutos después el colectivo llegó al andén, le entregué el bolso al auxiliar para que lo acomodara en el buche del colectivo, y la mochila, Lorena la llevaría consigo, seguramente allí estaría su notebook.
Llegó la hora de la salida, y parándose frente a mí me miró a los ojos.
-LORENA: Chau Manu! Perdón por todo lo que te he hecho vivir! Siempre estaré más que agradecida con vos, siempre!
Continuará…
Continúa en
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