Xtories

La habitación oscura 11/15

La oficina se vacía, pero la tensión no baja. Entre reuniones y secretos, José descubre que el peligro no está en el despacho, sino en quien tiene más cerca. ¿Hasta dónde está dispuesta a llegar Valeria para mantener su atención?

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Cuando José estaba en pleno vuelo y ya se encontraba completamente relajado, fue consciente de que tenía una sensación extraña, le costó un poco descubrir a qué se debía, pero tras un ratito de estar analizándose llegó a la conclusión de que se sentía usado, era como si hubiese sido un mero juguete sexual en manos de esas dos mujeres, se había convertido en un hombre objeto. A ver, no es que se fuera a quejar, obviamente tenía sus ventajas, pero esa sensación no le gustaba nada. El viaje en sí no le había dejado buen sabor de boca, la reunión con el directivo había sido de lo más frustrante aunque hubiese conseguido el objetivo de convencerle, y los encuentros con las dos italianas le habían dejado esa sensación amarga aunque hubiese disfrutado cada momento, estaba claro que necesitaba un tiempo para replantearse como estaba gestionando su vida.

El jueves se levantó dispuesto a hacer borrón y cuenta nueva, no podía dejar que esa sensación le amargase cuando en realidad todo iba viento en popa. Por la mañana se reunió con Valeria y Edurne para contarles como había ido el viaje, Edurne se puso muy contenta al saber que había terminado de convencer al directivo pero Valeria le miraba con cierta suspicacia. José no entendía muy bien esas miradas y lo único que se le ocurría es que estuviera molesta porque la hubiesen dejado de lado, pero eso no le cuadraba nada, nunca había sentido esa absurda rivalidad profesional con Valeria. Esas miradas se debían en realidad a que Valeria no podía parar de pensar en lo que José habría hecho en Roma con Andrea, al no estar ella seguramente hubiesen estado follando como conejos todo el rato y eso, por alguna extraña razón, le seguía molestando.

Cuando estaban a punto de irse a comer, Edurne les llamó otra vez al despacho, estaba exultante, la había llamado Andrea para decirle que finalmente todos los directivos habían dado luz verde al proyecto con posibilidades de ampliarlo más. Era una noticia excelente y todos se alegraron con ella, había sido un trabajo complicado y por fin empezaban a ver los frutos. Entre frases de enhorabuena Edurne intentó motivarles para que siguieran trabajando con la misma exigencia ahora que tenían que gestionar toda la fase de definición y después la de desarrollo.

El descanso de la hora de comer José se lo volvió a pasar con Laura, tenía ganas de desconectar un poco de todo lo que tuviese que ver con ese proyecto y ella era una compañera perfecta para eso. A pesar de que era completamente normal que ellos dos comiesen juntos, a Valeria le molestó un poco, seguramente sería por la sensación que le había dejado pensar en lo que José habría estado haciendo con Andrea, pero sentía que José no le hacía ningún caso.

Por la tarde Valeria y José se pusieron a trabajar juntos, ya habían avanzado algo y todavía no tenían la comunicación oficial, pero estaba claro que se les avecinaba una avalancha de trabajo y querían estar preparados. Apenas había pasado alguna hora de la tarde cuando empezaron a oír gritos en el despacho de Edurne y un rato después vieron salir al jefe de otro departamento con muy malos modos del despacho. José sintió la necesidad de ir a interesarse por lo que había pasado y, después de dejar pasar un tiempo prudencial, le dijo a Valeria que iba a ver como se encontraba Edurne. Llamó a su puerta y tras recibir su permiso para pasar, entró y vio a Edurne claramente alterada, tenía pinta de que la discusión le había afectado bastante.

- ¿Qué ha pasado Edurne? ¿Te puedo ayudar en algo?

- Nada José, no es nada y tampoco puedes hacer nada, así que no te preocupes. El buitre ese, se ha enterado de lo bien que va el proyecto con los italianos y ahora quiere que lo lleve su departamento. Cuando había que asignárselo a alguien, él puso toda clase de excusas para que no tuviese que hacerlo su departamento, que en realidad era el más indicado para llevarlo a cabo, y ahora que ya está enfilado nos lo quiere quitar, es la cosa más rastrera que he visto. Me fastidia mucho que haya gente así, sé cuánto habéis trabajado para llegar a este punto y las condiciones tan difíciles en las que lo habéis hecho, no voy a permitir que una alimaña como esa se aproveche de lo que habéis logrado.

- No tiene sentido que nos quiten ese proyecto ahora, hemos conseguido ganarnos la confianza del cliente, si se lo dan a otro equipo eso se perdería y en este caso es trascendental para que todo vaya bien.

José pensó en como se tomaría Andrea semejante cambio y le pareció posible que se cogiese tal enfado que consiguiera que cancelaran el proyecto. Sabía que en ella tendrían una aliada fundamental para poder retener el proyecto, era casi imposible que se lo quitaran sin que los italianos lo cancelasen.

- Voy a tener que pegarme con ese malnacido delante de toda la cúpula directiva y no me apetece nada, la verdad.

- A mí me parece que tienes un argumento demoledor, diles que Andrea confía plenamente en nosotros y que si cambian el equipo puede que se lo tome muy mal, incluso puede hacer descarrilar el proyecto. Creo que solo con que le comenten la posibilidad ya se van a dar cuenta de que sería un tremendo error hacerlo.

- Gracias José, sé que esta no es tu guerra y no debería ni comentártelo, pero es que me ha alterado mucho ese energúmeno y necesitaba soltarlo.

José recordó lo que había dicho Edurne sobre su tratamiento anti stress y se le ocurrió una idea que podía ayudarla y, además, llevarle a cumplir una de sus fantasías.

- Ya te he dicho que cuentes conmigo, si puedo ayudarte lo haré. De hecho se me está ocurriendo como conseguir que se te pase el cabreo y puedas ir a la reunión con los jefazos más relajada.

Edurne miró a José pensando que no podía estar refiriéndose a lo que a ella le parecía que se le había ocurrido, pero cuando le vio dirigirse hacia la puerta de su despacho y echar el pestillo con una sonrisa maliciosa se convenció de que efectivamente era eso lo que José tenía en la cabeza.

- José, aquí no podemos hacer eso.

Edurne estaba pensando que pretendía follársela encima de su escritorio, pero cuando José se metió debajo de su mesa se le pasó un poco el susto. Sintió como le acariciaba las piernas mientras le iba subiendo la falda y pensó que no había nada de malo en dejarle hacer, que José hiciera lo que estaba tramando no tenía pinta de que fuese a empeorar la situación.

Cuando notó como las manos de José llegaban hasta su ropa interior abrió las piernas, pero intentó dejarle claro que no estaba de acuerdo con hacer ese tipo de cosas en el trabajo.

- Estamos en la oficina ¿Qué pasaría si nos descubren? Sería un escándalo mayúsculo.

Edurne sintió que José empezó a acariciar su sexo sobre la tela de las bragas y cualquier posibilidad de negarse fue destruida.

José notaba que su miembro crecía sin parar por el morbo que le estaba causando esa situación y sintió que le iba a estallar cuando vio que su jefa abría otro poco las piernas y flexionaba la cadera ofreciéndole su sexo. Apartó las bragas a un lado y todavía se entretuvo un rato más en acariciar su sexo directamente antes de hundir la cabeza entre las piernas de su jefa.

- Ummmm, José, este no es el lugar para hacer estas cosas.

José no se inmutó ante su comentario y siguió a lo suyo hasta que notó que ella comenzaba a mover la cadera. En ese momento despegó la boca del sexo de su jefa y le hizo una pregunta más bien retórica.

- Entonces ¿Quieres que pare?

- No, sigue, lo estás haciendo muy bien, pero no podemos volver a repetirlo.

José volvió a meter la cabeza entre las piernas de su jefa y le succionó el clítoris sin más preámbulos, ella se agarró con fuerza a los reposabrazos de su asiento y se abandonó al placer que la invadía. José disfrutó cada minuto, sentía que la polla le iba a reventar del morbo que le estaba dando por hacer eso en el despacho de Edurne por fin, cuanto más movía ella la cadera buscando con su sexo la boca de José más se excitaba él. Edurne se olvidó por completo de todos sus agobios y solo podía pensar en lo que estaba sintiendo.

- Méteme los dedos por favor, estoy a punto.

José obedeció a su jefa encantado y en poco tiempo sintió como ella se corría en su cara. Cuando estuvo seguro de que había completado su objetivo, se detuvo un momento para ver como seguía palpitando le la vagina y después salió de debajo del escritorio de Edurne, se levantó y la miró. Ella estaba con las mejillas coloradas y en su cara se reflejaba la satisfacción, nada que ver con el estado en el que se la había encontrado.

- Creo que ya no me necesitas más, espero que vaya bien tu reunión.

Abrió la puerta y se fue. Edurne se quedó disfrutando de la relajación que sentía, José le había cambiado por completo el estado de ánimo, en ese momento se sentía capaz de enfrentarse al desgraciado de su compañero sin alterarse lo más mínimo, además poder usar la baza de Andrea le daba bastante tranquilidad, si José pensaba que ella se negaría en rotundo a que cambiasen el equipo sería por algo, igual tenía que preguntarle porque estaba tan seguro pero tenía confianza plena en que si José estaba convencido sería así.

Valeria vio como José salía del despacho de Edurne con una erección monumental y se dirigía al baño. Le pareció tremendamente sospechoso pero no había oído ningún ruido extraño y pensó que su jefa no se atrevería a hacer nada en la oficina, igual se había sentido un poco juguetona y le había mostrado parte de su lencería, pero dudaba que hubiera pasado nada más, aún así sintió esa cosa por dentro que la empujaba a desear ser ella la que acaparase la atención de José.

José salió del baño con la cara lavada y sin ningún rastro de lo que acababa de pasar en el despacho de Edurne, se sentó junto a Valeria, le pidió disculpas por la interrupción y de nuevo volvieron al trabajo. Valeria confirmó con un par de miraditas que la erección de José no había desaparecido, ya no era tan exagerada, pero seguía ahí. José no tardó en darse cuenta de que la blusa de su compañera tenía más botones desabrochados de lo habitual, sin mucho esfuerzo podía ver gran parte de un sujetador blanco y lleno de bordados sobre una tela transparente. La visión de esa prenda y, a través de ella, de parte de lo que debía tapar, impedían que se le terminase de bajar la erección, es más, estaba haciendo que le volviese a crecer. A Valeria le estaba encantando ser el centro de la atención de José y volver a comprobar cuánto le afectaba su anatomía.

Según pasaba el tiempo, Valeria seguía viendo como José miraba sus pechos y su erección se mantenía en unos niveles muy provocadores. Para cuando Edurne salió de su despacho dispuesta a defender que el proyecto de los italianos se quedase en su departamento delante de los jefazos y José le deseó toda la suerte del mundo, Valeria ya se estaba planteando la posibilidad de hacer algo con esa polla, llevaba un rato imaginando lo que podría disfrutar con ella y empezaba a costarle reprimirse de darle una buena sobada. Decidió subir un poco más el grado de sus provocaciones con la intención de que fuese él quien terminase abalanzándose sobre ella. Comenzó a jugar distraídamente con un dedo sobre su escote abriéndoselo para mostrar todo lo posible su lencería sin que nadie excepto José se percatase. A José le estaba volviendo loco ver como se transparentaba y se marcaba el pezón que podía ver, si sus ojos no le engañaban estaba completamente endurecido. Valeria empezaba a impacientarse más y más con cada miradita que dirigía al miembro de su compañero, esa forma de palpitar que tenía era como un imán para ella.

Llegó un punto en el que Valeria decidió sacar la artillería pesada, metió su dedo por dentro del escote y separó el sujetador de su piel hasta mostrarle completamente su pezón a José mientras le miraba, él comprendió que aquello no era un despiste sino una insinuación en toda regla.

- Valeria como sigas así no voy a poder contenerme mucho más.

- ¿Y quien te ha dicho que quiero que te contengas?

- Esto no es un hotel Valeria, estamos en la oficina.

- Conozco un sitio que creo que podría gustarte ¿Quieres que te lo enseñe?

- Siempre es bueno conocer sitios nuevos.

- Sígueme.

Valeria le condujo hasta los baños de la primera planta, allí no había oficinas, estaban los servidores y todas las máquinas que hacían funcionar correctamente el edificio, así que esos baños solo los usaban los de mantenimiento y casualmente eran todos hombres, en el baño de mujeres nunca entraba nadie. Cogió la mano de José y le guío hasta meterlo en uno de los cubículos.

- Ahora ya no tienes porque contenerte ¿Qué querías hacerme?

- Me la has puesto como un palo jugando con tus pechos.

- ¿Yo? Habrá sido sin querer, pero para compensarte te dejo que me los toques un poco.

Valeria se fue desabrochando la blusa mientras repondía a José. Él miraba con expectación como iba apareciendo ese sujetador tan provocador hasta que Valeria terminó de desabotonarse, entonces se lanzó a estrujarlos para posteriormente bajarle las copas y devorar sus pezones con ansia. Ella respondió sobándole esa polla que tantas ganas tenía de sentir y posteriormente la liberó de su prisión para pajearle. Mientras seguía comiéndole las tetas llevó las manos hasta el final de su falda para subírsela y dejar al descubierto sus bragas, cuando estuvieron completamente expuestas, movió la cadera hasta restregar la polla con su sexo. Después de sentir varias veces como la polla de José se frotaba contra su clítoris, Valeria se apartó las bragas y dirigió el miembro de José hasta la entrada de su vagina.

José soltó su pezón, la miró a la cara, usó sus manos para agarrarla por el trasero y se la clavó. Valeria emitió un gemido que hizo temer a José que les pudieran escuchar, así que soltó una de sus nalgas para taparle la boca y comenzó a penetrarla repetidamente. Ella se esforzaba por acallar sus gemidos aunque no lo conseguía del todo y seguían siendo audibles, pero José estimó que sería imposible escucharlos fuera del baño.

A ambos les produjo una excitación especial el riesgo que estaban corriendo de ser descubiertos, tras unas cuantas embestidas, José se dio cuenta de que sería un polvo rápido. A pesar de no estar penetrándola con toda su fuerza, ni estar clavándosela todo lo profundamente que podía, le estaba proporcionando un gran placer follarse a su compañera en esa situación tan comprometida, además los esfuerzos que hacía ella por no gemir aumentaban todavía más su excitación y haber podido degustar, tan solo un rato antes, el sexo de su jefa en el despacho le había dejado bastante caliente. José sentía que estaba muy cerca del orgasmo cuando Valeria empezó a correrse, él tuvo que bajar un poco la intensidad de sus acometidas porque sus gemidos se volvieron menos disimulados e intentó de esta forma mantenerlos dentro de unos márgenes aceptables. A pesar de haber bajado el ritmo y la fuerza con la que penetraba a Valeria, ella tuvo un orgasmo tremendo que terminó de excitar a José hasta llevarle al borde del orgasmo.

En cuanto ella se recuperó un poco, se arrodilló delante de su compañero, le agarró la polla, le miró a los ojos y se la metió en la boca.

- Umm, Valeria estoy a punto, vas a hacer que me corra.

A Valeria oír eso le supuso una motivación extra y se puso a devorarle la polla con esmero, recordó cuando la Voz hizo que José le llenara la boca de lefa y le hizo muchísima ilusión la posibilidad de volver a repetirlo. Al poco rato empezó a sentirla palpitar constantemente y supo que estaba al borde de conseguir su objetivo.

- Valeria, me corro ¡Ummmm!

Ella siguió comiéndosela con ganas y enseguida sintió los primeros chorros de semen estrellarse contra su paladar. Disfruto muchísimo con los fuertes espasmos que daba la polla de José al lanzar cada descarga en su boca, no fue fácil pero consiguió tragarse hasta la última gota de esperma y se sintió orgullosa de su hazaña. Según notó que había terminado de brotar semen, se puso en pie y recompuso sus ropas rápidamente.

- Salgo yo primero para comprobar que no haya nadie y te aviso cuando puedas salir tú.

Valeria salió del baño y José aprovechó para guardarse la polla y adecentar un poco su vestimenta, no acababa de creerse lo que había hecho con su compañera en la oficina. Tras unos instantes Valeria le avisó y los dos subieron hasta sus puestos de trabajo como si allí no hubiese pasado nada.

Mientras tanto, Edurne estaba en una reunión con la plana mayor de la empresa que cada vez se estaba volviendo más tensa. Ella estaba muy orgullosa por estar siendo capaz de mantener las formas a pesar de lo rastrero que estaba siendo su compañero con el objetivo de quitarle el proyecto de los italianos, incluso en algún momento pensó que él estaba tratando de hacerla perder los nervios adrede para que quedase como una loca delante de todos lo jefazos. Para ella estaba clarísimo que ese proyecto no le había interesado lo más mínimo hasta que no había visto que había crecido muchísimo en volumen y prometía ser uno de los mayores del año para su empresa. Hubo un momento en que parecía que el advenedizo se iba a salir con la suya y Edurne decidió usar la baza de Andrea que le había recomendado José, no tenía nada que perder y se estaba quedando sin opciones, el punto fuerte de su adversario era que realmente ese proyecto encajaba mejor en su área y eso era muy difícil de rebatir.

Les comentó a los jefazos que antes de tomar esa decisión era importante conocer la opinión del cliente al respecto, todos estuvieron de acuerdo en que la llamase y le preguntase, era un proyecto muy importante y no querían contrariar al cliente de ninguna manera, Edurne ya les había dejado muy claro que su equipo había sabido ganarse al cliente y eso era algo a tener en cuenta.

- Hola Andrea ¿Qué tal todo?

- Muy bien y espero que tú también estés perfectamente, pero ve directa al grano que supongo que no me has llamado para interesarte por mi estado y tengo un día muy estresante, hay un montón de cosas esperándome.

- De acuerdo Andrea, no te quitaré mucho tiempo. Estamos aquí reunidos con los directivos de mi empresa y estábamos planteándonos la posibilidad de cambiar al equipo que lleva vuestro proyecto, pero no queríamos hacer nada sin conocer antes tu opinión.

La italiana tenía un día de lo más movidito intentando que en su empresa aprobaran el proyecto lo antes posible y la mera posibilidad de que cambiasen en ese momento de equipo hizo que le hirviera la sangre, no solo es que estuviera encantada con la profesionalidad que habían demostrado tanto Valeria como José, es que vio la posibilidad de no volver a probar esa polla y montó en cólera, se sentía completamente estafada, tenía la sensación de que habían enviado a lo mejorcito que tenían para convencerlos y después les iban a poner a cualquiera como director del proyecto.

- Nosotros hemos confiado en vuestra empresa precisamente por la profesionalidad y eficiencia que ha demostrado el equipo que va a llevar el proyecto en vuestro lado. Para nosotros es un aspecto irrenunciable y ya que todavía no hemos firmado el contrato vamos a exigir que se añada una cláusula que asegure que las personas que están al frente del proyecto se mantengan en esa posición hasta el final. Espero que con eso te haya quedado claro lo que pensamos al respecto de vuestra intención de cambiar el equipo.

- Perfectamente claro, muchísimas gracias Andrea, no te preocupes que estoy segura de que el equipo no sufrirá ningún cambio sin vuestra aprobación.

Se despidieron cortésmente y Edurne colgó con una sonrisa de oreja a oreja en la cara. El rastrero de su compañero todavía intentó que Valeria y José pasaran a formar parte de su departamento, pero Edurne comprobó con satisfacción que a los jefazos les había quedado perfectamente claro que hacer cualquier cambio era un riesgo que no merecía la pena asumir, incluso les sorprendió lo contento que estaba el cliente, así que decidieron dejar todo tal y como estaba.

Al salir de la reunión se sentía pletórica, no solo había conseguido defender su parcela sino que además había visto como se arrastraba por el fango su compañero hasta casi implorar que le diesen el proyecto, después de eso los jefazos se tenían que haber llevado una imagen muy negativa de él. Para ella había quedado cristalino que ese mal bicho anteponía sus intereses personales a los de la empresa hasta el punto de arriesgar un proyecto importantísimo solo por llevarse él los méritos. Estaba tan crecida que se permitió colocarse las gafas haciéndole el gesto de la peineta a su compañero y vio con satisfacción como él se hinchaba de rabia sin poder responderla.

Al salir de la oficina, José se puso a pensar en las diferentes sensaciones que le había dejado el sexo con sus compañeras en contraposición con el que había tenido con las italianas. Le parecía que sus compañeras le apreciaban no solo por su polla y que su relación era mucho más sólida que algo puramente sexual. Después se puso a pensar en como cambiaba su forma de follar dependiendo de con quién estuviese y lo que le hiciera sentir, con las italianas había sido puro sexo, sin más. Cada encuentro había sido muy diferente dependiendo de lo que él había ido notando que deseaba cada una en ese momento, pero en todos los casos solo había sido un desfogue para ambas partes. En cambio con sus compañeras sentía que su relación se había estrechado con cada en encuentro y eso le dejaba una sensación muy dulce, sobre todo si la comparaba con la que se le había quedado después de su último viaje a Italia.

Metido en esos pensamientos se puso a reflexionar sobre las formas tan diferentes que tenía de follar, desde un sexo tranquilo como el que había tenido con Edurne en su casa, hasta uno lleno de rabia y furia como el que había tenido con la Voz, pasando por algo tan extraño para él como el de su primer polvo con Andrea, eso sin contar la forma que tenía de hacer el amor con Mila, no había nada igual a eso. Sobre todo le daba que pensar como había llegado a esos niveles de salvajismo con la Voz, afortunadamente le había pasado muy pocas veces en su vida, lo más parecido que recordaba había sido con una compañera del instituto.

Ahí le hizo click el cerebro y todo encajó a la perfección ¡Acababa de descubrir quién era la Voz! Era Vanesa su compañera de instituto, hacía diez años de aquello y todavía recordaba la forma que había tenido de humillarle a él y a otra compañera, todo era igual, la forma de hablar, la irritante manera que tenía de darle la vuelta a las cosas, el placer que ella sentía avergonzándoles, incluso la situación en que les había metido era muy similar a la que había sufrido diez años atrás, además sus tetas y sus ojos también eran tal y como él las recordaba. Pero sobre todo, lo que era idéntico, era su sabor, eso no dejaba lugar a dudas. Se sintió un poco imbécil por haber tardado tanto en descubrir quién era la Voz, ahora que lo sabía le parecía obvio, aunque era cierto que la había visto por última vez hace mucho tiempo. Para José era imposible haber imaginado que se pudiera acordar de él y, para colmo, que le hubiese encontrado tras semejante eternidad.

Decidió ir directamente a la policía para contarles quien era el culpable, o mejor aún, las culpables, era muy probable que la compinche de la Voz siguiera siendo la misma que en el instituto, aunque eso no podía asegurarlo.

Una vez que estuvo en comisaría le hicieron esperar una eternidad para poder hablar con un agente, por si eso fuera poco, le hicieron esperar otro montón de rato hasta que pudo hablar con el inspector que llevaba su caso. Le desesperó ver que tenía que volver a hablar con aquella policía, hubiera preferido mil veces que fuese su compañero, aunque por lo menos tenía el incentivo de poder repasar la anatomía de la agente. Le hizo contarle todo lo que había pasado hace diez años en el instituto y como se había dado cuenta, después le pidió todos los datos que podían servir de algo para llegar hasta la Voz y le dejó marchar. José pensó que si no la detenían con todo lo que les había contado era porque no querían, les había dicho hasta sus apellidos que todavía recordaba de cuando pasaban lista en clase. Cada vez le parecía que aquella policía estaba más buena, incluso empezaba a darle algo de morbo, pero por las sensaciones que le transmitía, ella no estaba ni de lejos en la misma onda, a José le seguía dando la impresión de que no se creía ni una palabra de lo que le contaba.

La agente pensó que ya tenía bastante por ese día y decidió que hablaría con su compañero a la mañana siguiente, entonces ya sería viernes y podrían comprobar fácilmente si aquella rocambolesca historia era real.

José se levantó con cierta ansia por decirles a sus compañeras que por fin había recordado a quien pertenecía el sabor de la Voz. Cuando llegó a la oficina se moría por contárselo pero ambas parecían muy atareadas todo el tiempo y no encontró oportunidad de juntarlas para darles la noticia hasta que Edurne les llamó a su despacho. Ella también parecía ansiosa por comunicarles algo y dejó que hablara ella primero aunque le estaba comiendo por dentro la ansiedad.

- Chicos, la primera gran noticia es que... ¡Nos quedamos nosotros el proyecto!

- ¡Bieeeeeeen! - Soltaron los dos al unísono.

- Sabía que lo conseguirás jefa, estaba seguro de que te ibas a comer a ese mamarracho.

- No fue nada fácil, no te creas. Tuve que usar la baza de Andrea como me recomendaste y fue mano de santo. Os tiene un aprecio enorme por lo que se ve, no sé como lo habéis hecho pero os la habéis ganado del todo, bueno, parece que al resto de responsables también, pero con ella ha sido más que suficiente. Muchas gracias por el consejo.

Valeria miró a José medio riéndose medio recriminándole algo. Ella estaba muy segura de lo que había pasado para que les tuvieran tanto aprecio.

- Y la segunda gran noticia es que ya nos han devuelto el contrato firmado, además han añadido una cláusula que os blinda por completo. Si os apartan del proyecto se acabó, rescinden el contrato.

Valeria se quedó de piedra, eso no lo había visto nunca, le daba una fuerza increíble a la hora de negociar su sueldo, llevaba años quejándose de que su salario no estaba acorde con sus responsabilidades y no le habían hecho ningún caso, ahora se iban a tener que tragar todo lo que les pidiese.

- Yo también tengo una noticia para vosotras. Ayer conseguí recordar quién es la Voz y se lo dije a la policía ¿No estáis contentas?

Ambas mujeres se miraron, a las dos les pasaba lo mismo, por un lado se alegraban de que por fin la policía fuese a detener a esa loca, era un peligro público. Pero por otro lado les dejaba una sensación de tristeza saber que nunca más iban a visitar aquella habitación con José.

- Si, si, es una gran noticia ¿Y como te acordaste?

- Pues recordé la ira que me entró cuando tuve que... Bueno, que hacer cosas con la Voz, y las escasísimas ocasiones en que me ha pasado eso en la vida. Pues la primera vez que me pasó fue con una compañera de instituto que nos hacía bullying a otra compañera y a mí, todo encajó, hasta la situación es parecida, aunque para mí la prueba definitiva es el sabor, es el mismo.

- Así que estás seguro.

- Totalmente, espero que la estén deteniendo ya y jamás tengamos que volver a pasar por eso.

Ambas mujeres pensaron igual, el cuidado que habían puesto escogiendo su ropa interior para aquel viernes no iba a servir de nada.

Mientras en la oficina de José todo iba viento en popa, en la comisaría los dos inspectores discutían si actuar o no aquella tarde, la mujer policía seguía sin creerse nada y tenía reticencias a invertir tiempo en ese caso.

- Nos han dado muchísimos datos, si la historia no fuese tan rara tendríamos muy claro que hacer. Yo creo que por lo menos deberíamos vigilarles a la salida del trabajo a ver si sucede algo extraño.

- Yo creo que es perder el tiempo, aunque es verdad que lo de que volviese el chico para decirnos quién es la culpable me hace dudar, si solo estuvieran riéndose de nosotros no tendría sentido hacer eso.

- Venga, si no es nada apenas perderemos media hora, y si es cierto, podremos detener a una perturbada bastante peligrosa.

- Pufff, tengo un montón de casos amontonados sobre mi escritorio que sí que son ciertos, perder el tiempo con eso...

- No les hemos pillado en ninguna contradicción, al menos se merecen el beneficio de la duda.

- Ok, está tarde les vigilamos a la salida, pero si no pasa nada pagas tú los cafés. Aunque solo sea por las milongas que nos contaron sobre sus proezas sexuales yo lo descartaría, pero si quieres que perdamos un poco de tiempo asegurándonos...

A medio día se fueron los tres a celebrar con una comida sus pequeños triunfos. Parecían más bien un grupito de amigos que unos compañeros de trabajo celebrando la firma de un proyecto, todo lo que habían pasado había generado una confianza y una complicidad entre ellos muy profunda.

- Oye, me tenéis que contar qué habéis hecho para que Andrea os adore de esa manera, por lo que me han dicho en otras empresas que han trabajado con ella, tiene que ser una mujer muy difícil.

- Eso José ¿No tienes nada que contarnos?

José tragó saliva, a él le parecía que habían hecho un trabajo excelente y que eso era suficiente para haberse ganado el favor de Andrea, pero le dio la sensación de que Valeria no se refería a eso. Era cierto que sus encuentros con ella podrían haber influido en algo, pero esa mujer era toda una profesional y confiaba en que se hubiera comportado así solo por la calidad de su trabajo, además Valeria no tenía forma de saber que hubiera pasado nada entre ellos.

- Pues yo creo que hemos hecho un trabajo excelente ¿Qué más se necesita para que nos tenga aprecio?

- José, que no nos vamos a enfadar, que todo va sobre ruedas ¿No quieres explicarnos que pasó en el hotel después del partido? Es que oí unos ruidos un poco raros.

- De eso no me habíais dicho nada, venga José, cuéntanos que pasó.

José no había sospechado en ningún momento que Valeria les hubiese oído, no pensó ni por un instante que ella pudiera estar despierta, ni cayó en que estando en la habitación de al lado podría haberles escuchado. De todas formas estaba acorralado y no había otra opción que confesar.

- Pues estuvimos muy a gusto esa tarde y después esa noche, la cosa es que al final acabamos en mi habitación Andrea y yo. Pero no creo que eso haya tenido ninguna influencia en el proyecto.

Las dos mujeres se miraron entre ellas y se rieron.

- Pues por como gemía yo creo que si que ha debido influir bastante.

- Te recuerdo que ha exigido que los DOS permanezcamos en el proyecto, no solo yo, y por lo que sé, tú no acabaste con ella en tu habitación del hotel.

- Hombre José, no va a decir que el único irremplazable eres tú, habría sido muy descarado.

Las dos mujeres estuvieron chinchando un poco a José diciéndole que tendrían que ponerle en todos los proyectos en que fuese una mujer las que los llevaba en el lado del cliente, que así iría mucho mejor la empresa. A él no le hicieron ninguna gracia sus bromitas, ya se sentía un objeto sexual con la italiana como para que encima se burlasen de eso, pero se tomó las bromas lo mejor que pudo y al final acabaron riéndose los tres.

Para cuando dio la hora de salir los dos policías estaban apostados dentro de sus coches camuflados vigilando la puerta, el hombre siguió a José y la mujer a Edurne. El inspector pudo ver como una mujer se acercaba por detrás a José y permanecía pegada a él unos instantes, después le siguió un ratito hasta que apareció una furgoneta en la que se metieron los dos. El policía siguió a la furgoneta hasta que se encontró a su compañera que estaba vigilando a Edurne disimuladamente y los dos pudieron ver que aplicaban el mismo modus operandi con Edurne. Lo que les sorprendió todavía más es que lo repitieron con otras dos mujeres más. Tuvieron suerte y pudieron seguir a la furgoneta hasta un edificio cercano, allí solo pudieron presenciar como el vehículo se metía en un garaje privado. Los policías no podían seguirles mucho más sin una orden judicial, así que pidieron una patrulla de refuerzo y se dispusieron a esperar pacientemente a que saliesen.