Reencuentro inesperado 2/3
Angela no comparte. Cuando descubre que otro hombre busca a la morena, decide que el juego empieza con ella. Y esta vez, las reglas las pone ella.
Reencuentro inesperado 2/3
Continuación de la primera parte:
https://www.todorelatos.com/relato/229021/
Parte 2.
Dejo que pasen los días con la misma rutina, trabajo, gimnasio y unas buenas jarras en “La Cueva” y todos los días espero que vuelva Verónica, pero nada. Hoy es algo diferente, la empresa nos ha recompensado el buen trabajo saliendo antes por lo que cuando paso al garito solo está Angela colocando botellas.
— ¿Dónde vas tan temprano? — Me pregunta. — Acabo de abrir hace nada.
— Hoy he tenido más tiempo. ¿No hay nadie más?
— ¿No te has limpiado las orejas? — Cuando quiere es súper cortante, aunque en realidad le queda super sexy.— Acabo de abrir y Kike hoy viene más tarde.
— Bueno, pues una de lo de siempre.
Me sirve una jarra, le doy un buen trago mientras Angela me mira.
— A decir verdad no eres el primero que viene hoy por aquí. Hace unos 15 minutos ha aparecido una mami morena, con cara de niña tierna pero de rollazo de irle lo bueno.— Se saca del escote un trozo de papel y juega con él entre sus dedos.— Me ha dado su número de teléfono para dárselo a no sé que chico que venía aquí. ¿Te suena quién puede quererlo?
Me pongo nervioso, sinceramente si tuviera cola creo que estaría como un perro apunto de recibir comida. Ella sale de la barra, se acerca y extiende la mano para darme el trozo de papel pero cuando voy a cogerlo vuelve a metérselo en el escote.
— No va a ser tan fácil. — Me dice mientras tira de su camiseta hacia abajo. — ¿Estás de broma no? — Le contesto.
— ¿Tú crees? — Le pongo cara de incredulidad.— Muy bien, te quedas sin ella.
Se da la vuelta, camina unos pasos muy lentamente, la muy cabrona sabe jugar.
— Tú ganas.
Ella vuelve con una sonrisa casi diabólica, se planta delante de mí y vuelve a tirar de la camiseta hacia abajo dejándome ver parte de su sujetador y bueno más cosas… Intento coger el trozo de papel con los dedos pero me da un buen manotazo y me enseña los dientes. Supongo que para muchos meter la boca entre tan impresionantes obras de artes sería un placer pero es que está jugando claramente conmigo.
Acerco mi boca y se empieza a reír. Levantó la cabeza muy ofendido.
— Me haces cosquillas. — Se disculpa.
Vuelvo a intentarlo, esta vez no se ríe, comienzo a buscar a tientas y aunque si lo cuentas no te lo crees me sentí como un buzo buscando un tesoro en un amplio océano. Al poco apareció un piercing amarrado a un rosado pezón y mentiría si dijera que no se me puso dura pero mentiría aún más si dijera que no le di un buen lametón. Angela gimió y apretó mi cabeza contra ella y me dejo así unos segundos hasta que me separó y con una mano me enseñó el trozo de papel. La muy cabrona ha vuelto a hacer trampa.
— ¿Buscabas esto? - Me lo acerca a la boca y lo cojo con los dientes.
Angela puso todo en su sitio y se vuelve a la barra y vuelve a colocar bebidas en la nevera. Me vuelvo a mi jarra y de un trago la vacío.
— ¿Por qué lo has hecho? — Le pregunto.
Ella se vuelve.
— Porque aquí la perra alfa y peligrosa soy yo y si alguna otra perra quiere venir a comer de mi manada tendrá que comer de lo que haya comido yo primero. ¿Entiendes? — Asiento con la cabeza con una sonrisa de bobo.— Y no lo pierdas porque entonces tendrás que buscar en otro sitio.
Se vuelve riéndose, sinceramente estoy tentando de tirarlo y decir que se me ha roto. Entra otro de los parroquianos, me saluda con la cabeza y le pide la primera ronda a Angela y ésta le gruñe a su vez insinuando algo de que como le vuelva a potar en el baño lo iba a limpiar con la lengua. Lo dicho, una “perra peligrosa”, chunga y sobretodo muy morbosa.
Pasan un par de horas y unas 5 o 6 cervezas, me pongo la chupa, me despido de Kike y salgo de la Cueva camino de casa. Al pasar por la primera esquina me encuentro con Angela fumando.
— ¿Te vas sin despedirte? — Me dice.
— Pues sí, estoy cansado.
— Seguro que a hablar con la mami. — Se ríe y da una calada.
— Puede. ¿Te molesta?
Ella suelta el humo, se acerca como una pantera, tira el cigarrillo y me comienza a besar y para después comerme el labio. Me empuja contra la pared, muerde el lóbulo de mi oreja con aún más fuerza y al soltarlo me dice al oído.
— Te dije que yo iba a comer primero.
Todo lo que pasó a continuación fue una locura, ella entró y le dijo a Kike que se encontraba mal y éste le dejo marcharse antes. Ella salió con su abrigo largo de cuero y una medio sonrisa perversa, volvió a besarme y morderme como ella sabe y me dijo que su piso estaba cerca.
A besos y mordiscos llegamos a su casa. Al subir ella me empujó al sofá y desde esa posición me quedo mirando toda la decoración, esperaba algo más “oscuro” pero al revés todo con mucho color, etc…
— Lo decoró mi compañera de piso. No me gusta su estilo, pero lo come bien. — Enarco una ceja sorprendido.— Pero a ti lo que te importan son éstas.
Ella se quita su camiseta y sujetador dejando ver sus pezones anillados, y su cuerpo tatuado noto que el bulto del pantalón crece por momentos, ella se da cuenta, se pone encima de mí y aprieta mi cabeza contra ellas, lamo, muerdo, beso esos pezones rosados y duros que tanto me llaman la atención y Angela gime.
— Eso es cabrón. Demuestra que sabes complacer a la perra Alfa.
Intento usar las manos para apretar esos turgentes pechos, ella me obliga a no usarlas pero insisto y en el forcejeo acaba ella debajo y yo encima. Me mira con cara de lujuria y placer, se quita los pantalones de cuero, no sin esfuerzo y un bonito culotte rosa dejando ver sus también tatuadas piernas, Durante un momento me quedo pensativo <<¿ un culotte rosa? >>
No le doy muchas vueltas, su idea está clara, pongo mi boca justo debajo de la fina línea de vello que adorna su entrepierna y le doy un rápido lametón, ella gime fuerte y aprieta sus piernas. Yo aprovecho esa debilidad y utilizo mis manos para abrírselas y comienzo a devorarle el coño, ella no para de gemir y gemir. Vuelvo a subir, esta vez amaso sus grandes tetas y tiro suavemente de las anillas de los pezones, Angela da un gritito. Subo hasta la boca, que ya me espera entreabierta y muerdo el carnoso labio. Angela vuelve a gritar. Me quito los pantalones y dejo libro mi erecto miembro, escupo para lubricarlo y en esa posición con algo de dificultad la penetró una y otra vez. Ella me mira lujuriosa entre jadeos, se las apaña para morderme el cuello y la oreja.
Al final termino por darle la vuelta y dejar su trasero incorporado.
— Fóllame duro cabrón.
No hace falta que me diga más, apoyo mis manos en su trasero y la embisto primero lento y cada vez más rápido, los gritos y gemidos inundan el salón. De vez en cuando le doy un buen azote, para alegría de Angela, sinceramente no me sorprendería verla con una fusta y unas esposas en plan ama sado o al revés. Abro sus nalgas para que mejore la penetración, escupo en su agujero pequeñito y meto el dedo gordo hasta el fondo. Angela vuelve a dar un grito de sorpresa, me hace parar y me lleva hasta su habitación.
Ésta sí encaja más con su estilo, vinilos de rock clásico, alguna calavera, olor a maría, etc… Ronronea y se acerca a mí, me besa los labios, baja dando mordiscos por el cuerpo y baja hasta mi miembro que coge con las manos y literalmente se lo mete en la boca de una y comienza a lamerlo como si de un pirulí se tratara. Al final vamos a la cama, ella rebusca en la mesita de noche y saca un plug y lubricante. Se pone a cuatro patas, mete el plug en su sitio y me invita a que le folle el coño abriéndoselo. La penetro otra vez duro, con rabia y de vez en cuando aprieto la base del plug, tras unos minutos así Angela se arquea y por los fluidos que se notan en mi miembro ha debido ser una buen corrida. Me mira y sonríe, se quita el plug y no me hace falta una invitación para saber lo que quiere. Utilizó el lubricante de la mesa y apoyo el glande y no tarda mucho en entrar. Ella grita, parece que le ha dolido un poco pero ayuda a que entre más, empiezo a moverme pero no tardo ni un minuto en tener que sacarla y esparcir mi semen por el trasero de Angela.
— Vaya, y yo que esperaba otra sesión.
Bufo medio complacido medio indignado, le doy un beso y me tumbo con ella en la cama, ella apaga la luz y se acurruca bien a mi lado.
— Ahora que ya he comido, puedes follarte a la mami.— Me dice.— Buenas noches.
Ni que decir tiene que cuando nos levantamos volvimos a repetir, entre risas porque la compañera de piso quería dormir porque volvía de fiesta y daba golpes porque con los gritos no le dejábamos.Tendría que haberse unido.
(Continuará)
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