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El cornudo y el viejo vecino facha (Cap III)

A las tres de la madrugada, el teléfono suena y Fran sabe que su vida ya no será la misma. El vecino ha cruzado la línea, y ahora exige obediencia absoluta. ¿Está dispuesto a perder todo por el placer de la humillación?

Domadordepalabras6.8K vistas8.7· 11 votos

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Capítulo III

Recibí una llamada telefónica a las horas más intempestivas posible…

Nunca suelo coger una llamada telefónica a eso de las 3:00 de la madrugada… Por el tema de la profesionalidad. Porque siempre he creído que tenía que separar mis dos mundos, el personal y el laboral. Pero en esta ocasión, algo me decía que se trataba de Fran.

De manera que cogí esa llamada.

-Dígame-

-Don Cosme…-

-Buenos días Fran. Ha tenido que ocurrir algo bastante insólito para que decidas hablarme fuera de horario…

No, a un horario terrible.-

-Tiene toda la razón, don Cosme… Y le pido mil disculpas, pero necesito contarle a alguien esto que me ha sucedido hace cuestión de una hora.

Sabe que el tema que compartimos usted y yo, no lo podría hablar con absolutamente nadie. Y ha sido tan grave y tan intenso, que no he podido evitar sucumbir de la manera más vil y humillante.-

-A ver… Cuéntame ese episodio.-

-Pues verá, como ya hemos hablado, y le conté, el episodio del ascensor, para mí había sido un punto de no retorno. Me dio la sensación, de que ese hombre, al ver mi estado de excitación, comprendió perfectamente cuál era mi situación con respecto a mi mujer y a ese hombre.

El momento en el que pasaba cerca de mí, me observaba, me analizaba, me escrutaba…

Sentí su mirada como una pesada losa que caía sobre mí, acharándome, achicándome, haciéndome sentir tan inferior, tan desnudo, tan vulnerable… Que agaché la mirada, y entonces sentí como él tomaba el control.

Estuve con mi mujer, toda la velada en silencio, ella, visiblemente nerviosa, visiblemente afectada, no se atrevía a decir nada al respecto, pero no hacía falta. Sabía que ella se había excitado de una manera poderosa.

Probablemente, en el momento en el que vio mi dureza, entendió mi verdadera naturaleza.

Y yo me sentí completamente humillado, completamente empequeñecido, como si fuese un muñequito de trapo, un guiñapo…

Y ante esas sensaciones, me sentí más vivo que nunca… Necesitaba otro chute de endorfinas, necesitaba que ocurriese algo nuevo…-

-Y ha ocurrido…-

-Subíamos por el ascensor hasta llegar a casa, cuando el ascensor, llegó a la cuarta planta y tanto Toñi como yo entrábamos, escuché una voz desde el rellano…

“Fran… Baja”.

En ese instante, mi mujer y yo, nos miramos, estuvimos un par de segundos o tres, mirándonos, como preguntándonos, que querría el viejo facha, ella con una expresión consumida, me estaba diciendo que no bajara, me estaba pidiendo que por favor, que no bajase, que no continuase por aquel camino… Yo, aguanté la mirada y me di la vuelta, bajando las escaleras, escuché como la puerta de casa, se cerraba detrás de mí y me dirigí al rellano donde estaba aquel individuo repulsivo esperándome.

“Te estaba esperando… Ven y entra, que tenemos que hablar tú y yo”.

En ese instante, Ramón se echó a un lado en la puerta y me obligó a pasar cerca de él, sintiendo su presencia, sintiendo su olor, sintiendo el tacto de su barriga, de manera involuntaria para mí, y seguramente forzada para él.

“No pases de aquí”…

Me dijo, y me quedé en el rellano de aquella casa, a la que no había entrado jamás, y a la que me estaba negando la entrada.

“Vamos a ver Fran, creo que no nos vamos a sorprender, si te digo lo que creo”

“¿Y qué cree?”

En ese instante, se acercó a mí de manera intimidante, pegó su cara a la mía, de manera que podía sentir su aliento, podía sentir su olor corporal, manido, antiguo, como los muebles de una casa vieja…

“Verás, tengo una teoría, la otra noche, cuando Toñi subía de bajar la basura por las escaleras, me pareció escuchar una puerta abrirse, yo creo que abriste la puerta, porque veías que tu mujer tardaba, y presenciaste, o al menos escuchaste lo que había ocurrido entre nosotros…

¿Podría ser?”

“Podría ser”

“¿Te gustaría saber lo que ocurrió?”

En ese instante, volvió a surgir toda esa vorágine de hormigueos en mi estómago, que volvieron a bajar hasta mi paquete, y se me volvió a endurecer la polla.

Ramón me miró, vio mi expresión, imagino que captó mi respiración agitada, e inmediatamente, miró hacia mi paquete que me delató…

“Creo que salta a la vista que te encantaría saberlo…

Pero quiero que me lo pidas tú”

“Por favor…

Me gustaría que me contase qué es lo que ocurrió en el rellano de su casa”.

“Así me gusta…

Ahora contéstame a otra pregunta y te lo contaré, aunque creo que conozco la respuesta…

¿Te gustaría que hubiese ocurrido algo?”

Durante unos segundos, permanecí mirándolo, intentando retenerme, intentando resistirme a decir lo que mi mente quería gritar…

Hasta que finalmente…

“Si”

“Bien… Te has ganado que te lo cuente”-

En ese instante, comencé a comprender la verdadera naturaleza de Fran.

Aquel hombre era un cornudo consentido en potencia, un verdadero Voyeur que tenía la poderosa ilusión de ver cómo follaban a su esposa.

“Bien, te has ganado que te lo cuente…

Pero quiero que sepas algo.

Yo me voy a follar a Toñi, tu mujer va a terminar siendo follada por mí, y a partir de que lo haga, va a pasar a ser una absoluta zorra, y cuando eso ocurra, me convertiré en el amo y señor de esta casa…

Tómalo como una apuesta…

Y cuando la gane, quiero que digas que vas a ser mi sirviente…”

“Primero, conociendo a mi mujer, no creo que lo consiga, pero sí eso ocurriese, estaría dispuesto firmar esa apuesta”

-Ni siquiera yo me creía esa afirmación, no solo no confiaba en mí, sino que tampoco confiaba en ella, en su fuerza de voluntad, después de lo que había presenciado en el ascensor…-

“Creo que confías demasiado en tu mujer, y desconfías de mi capacidad. Pero no te preocupes…

Es normal, todo cambiará cuando la veas abrir las piernas y el culo para su nuevo macho. ¿Entonces tenemos un trato?…

Cuando consiga someter a esa puta zorra, tú entrarás dentro del lote, y también pasarás a ser mi esclavo “

“D… De… A cuerdo…”

Don Cosme…

Aquel momento, el hecho de tener a ese señor, tan cerca de mí, casi respirando su aliento, cerca de mi cara, sintiendo su mano callosa, chocando la mía para cerrar el trato, y acercando con su mano, la mía, a su impúdica barriga, tengo que reconocer que me había excitado muchísimo, pero sobre todo, por el hecho de pensar que ese hombre podría romper la barrera psíquica de la mojigata de mi esposa…

Mi mujer, el ser más insulso, falto de imaginación, falto de iniciativa, carente totalmente de erotismo…

Realmente no sabía cómo ese individuo conseguiría emputecerla, a sabiendas que era un verdadero palo.-

-Es muy simple Fran… Las mujeres son así…

Pueden terminar relajándose, pueden caer en la monotonía del matrimonio y entonces, ellas mismas se van apagando, al igual que la llama.

De repente, llega alguien, y puede activar dicha llama en cuestión de segundos… La cuestión es saber si ese cerdo ha conseguido activar la llama de la puta zorra de tu esposa -

-¡Diooos!…-

Yo notaba, como cuando insultaba a su mujer, como cuando la desprestigiaba, la ninguneaba, ese hombre se encendía…

Se excitaba de una manera furibunda… Y realmente me apetecía jugar ese juego.

-Escúchame, Fran…

Quiero que entres a ese juego, quiero que hagas todo lo que él te ordene…Posiblemente, ese tipo, sea heterosexual, igual que tú.Pero, a veces, la humillación, la humillación sexual, no entiende de sexo. De manera que puedes encontrarte viéndote obligado a lamer su verga, o cuando termine de follarle el coño a tu esposa, igual tendrás que lavarle la herramienta.

A no ser que se lo ordene a la zorra asquerosa de tu esposa…-

-Ugggfff…-

Ese sonido gutural a través del teléfono, significaba que estaba completamente excitado. Significaba que lo tenía completamente en mis manos…

Significaba que podría pedirle cualquier cosa.

-Escúchame, ahora mismo quiero que me mandes una fotografía de la puta asquerosa esa, sé que tienes varias, quiero que me envíes una en la que se le vean las tetas…-

Inmediatamente y sin rechistar, recibí una fotografía por WhatsApp en la que se veía a escondidas, como le había sacado una fotografía a su esposa, mostrando sus tetas, caídas y flácidas,

Pero el acto en sí, era lo más excitante…

Ese hombre me había obedecido, y había compartido algo tan íntimo como a su propia esposa ante un desconocido.

-¿Sabes?…

No es nada del otro mundo esa perra asquerosa…

Pero me conformaré.

Ahora quiero que continúes y termines de contarme lo que ocurrió en el piso con Ramón.

Para ti, don Ramón -

-Cuando acepté la apuesta, me dijo que ya tenía un plan para comenzar a emputecer a su esposa…

“De la misma manera que observabas con el rabillo del ojo, como metía mi mano izquierda, entre los muslos de la falda de tu mujer, y subía hacia el interior de estos hasta llegar a sus braguitas…

Del mismo modo, que desde atrás, veía como te crecía el paquete, sin poder ver, claramente como con mi mano izquierda, mis dedos, iban adentrándose por el interior de sus bragas, hasta comenzar a acariciar sus labios del coño, hasta dejarlos completamente mojados, y ella, apenas, sin poner resistencia, incluso sabiendo que estaba su marido, aunque de alguna manera, intuyendo que no te atreverías a mirar hacia atrás…

Posiblemente, en ese instante, ella entendiese lo pasivo y pusilánime, que es su marido…

De esa misma manera, comenzará su emputecimiento, ella lo verá poco a poco, de la misma manera que sentía como mi mano derecha en aquel ascensor, acariciaba y apretaba su cuello, mientras, con mi mano izquierda, introducía dos dedos dentro de su coño húmedo, durante ese cerca de medio minuto, en el que bajaba el ascensor, hasta la planta baja…

Posiblemente, si no hubiese estado allí, el ascensor se habría detenido y ella me habría mamado la verga, completamente sucia, y completamente humillada…

De esa manera, la voy a dominar”.

“¿Qué ocurrió en el rellano?”

Me atreví a preguntar.

“En el rellano, ocurrió lo que tenía que ocurrir…

Ella vio por primera vez un verdadero pollón…

Ella entendió por fin lo que era acariciar una verga dominante…”

-Don Cosme, ese hombre estaba comprendiendo por momentos que era lo que a mí me excitaba…

Y como tal, así me trató.-

-Tienes razón Fran, ese hombre supo la clase de hombre que eres…

Un macho beta.-

-El caso es que yo no me veía así…

Jamás me he visto como alguien sumiso, ni acomplejado, mi verga es mediana, tampoco es pequeña…

El caso es que me impuso una nueva orden…

“Mientras te cuento, quiero que hagas lo que yo te ordene”…

“De acuerdo”

“Quiero que liberes mi verga de su encierro”.

Yo, en shock permanecí en silencio…

“¡Qué me saques ahora mismo la polla joder!”

Raudo, procedí a liberar su pene.

Al hacerlo, al introducir mi mano dentro de su roído pijama, sentí esa barra caliente de carne, enorme, palpitante… candente…

Y de repente, me vi liberándola de su encierro y admirándola…

“¿Te gusta lo que ves?”…

“…S… Si…”

“Eso mismo dijo tu mujer cuando le enseñé esta misma verga…”

"¿De verdad se la enseñaste?”

“Le ordené que la liberase, igual que tú…

Y ella, obedeció, sin rechistar…

Al igual que tú, sintió esta barra de carne caliente, dura y larga…

Ella imaginaria cómo se sentiría algo así dentro de sus entrañas…

Pero en ese instante, sonó la puerta de tu casa y ella se separó…

Yo la retenía, pero ella consiguió liberarse…”

“Ahora lo entiendo”…

“Hay algo que no entiendes…”

“Que”

“¡Que me quedé sin orgasmo!…

Y ahora, tú me lo vas a regalar…”

"¿Queeee?”

“Ya sabes imbécil…

Comienza a masturbarme”

Yo, en primera instancia, me negué, pero dos ostias, me advirtieron del error que sería desobedecer…

De manera que comencé a acariciar esa verga gorda y caliente, llena de venas, cubierta por el prepucio…

Comencé a agitarla lentamente, la admiraba, su imagen me hipnotizaba.

De repente, miré hacia arriba y me percaté de cómo me observaba,

Poco a poco, fui imprimiendo velocidad y fuerza a esa masturbación, que para mí se estaba convirtiendo en un deleite…

Jamás en la vida había agarrado otra verga que no fuese la mía.

Y sin embargo, ahí estaba yo, obedeciendo a ese hombre, que me acababa de decir que mi mujer, también había acariciado su verga, y habría permitido, que ese individuo follase su coño, con sus dedos y la masturbara…-

-Me parece interesantísima tu confesión Fran, sobre todo el hecho de que reconozcas que te gustó masturbar aquella verga…-

-Al final, me avisó de que iba a correrse.

Me daba miedo que me obligase a mamarle la verga y tragarme su semen…

Lógicamente, yo no me sentía preparado para nada parecido.

Pero imagino que ese hombre era demasiado inteligente para forzar la máquina. De manera que simplemente me avisó que se iba a correr y yo, simplemente me dediqué a observar cómo eyaculaba.

Comprobé extasiado por la cantidad de semen, que expulsaba esa enorme y caliente verga…

Jamás he visto soltar tanto semen…

Algo en mí, de alguna manera se rompió, era como si el estereotipo sexual al que estábamos anclados toda una generación, colapsara en un instante.

Y yo, con aquella verga aún palpitante y exhausta en mi mano, me sentí pleno, me sentí feliz, de haber regalado placer a ese hombre al que antaño odiaba, y que me parecía un ser odioso, prepotente y repulsivo.-

-He de reconocer que es muy valiente todo esto que me has contado Fran, el haber reconocido abiertamente esa parte de ti, que has descubierto, te confiere una dignidad digna de mención.-

-Don Cosme…

¿Como psicólogo que me recomienda?

Quiero decir…

¿Cómo debería afrontar esta situación?-

-Si te soy sincero, si yo fuera, tú, me dejarías llevar…

Estás sintiendo una amalgama de sensaciones que son absolutamente nuevas para ti…

Y esa parte, ancestral, arcaica, patriarcal, y anclada en pretéritos estereotipos, se aferra a condicionarte, y hacerte pensar que lo que te ocurre, lo que sientes, lo que te gusta es enfermizo…

Quizás, lo que deberías hacer es dejarte llevar, ver a donde te lleva todo esto…

De todos modos, a unas malas…

¿Qué podría ocurrir?

¿Que tu mujer se llevase diez o quince orgasmos nuevos?…

Ya te digo, y hazme caso… No le des tanta importancia a este tipo de estereotipos patriarcales.-

-Está bien, don Cosme…

Le haré caso, y no me comeré el coco de esta manera. Que tenga una buena noche, y disculpe por la molestia.-

Y ahí terminó esa llamada, ese nuevo paso, ese nuevo escalón hacia el autodescubrimiento de Fran, aquella exposición, aquel descubrimiento que sintió al sentir una nueva verga entre sus manos, le llevó a esa colisión emocional.

Y yo, sacaría partido de todo aquello.