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El portero 2 Parte 1(Relato)

Ismael no es solo el portero; es el amo silencioso del edificio y de sus fantasías. Adrián sabe que ha cruzado una línea sin retorno, pero la noche del sábado promete repetir el ritual, con Valeria vestida como una muñeca a su disposición.

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EL PORTERO 2 Parte 1

Valeria y yo nos miramos, como si fuéramos dos desconocidos, casi como si nos viéramos por primera vez. Realmente impresionados ante la magnitud de lo que habíamos hecho, de lo que había pasado, del paso sin retorno que habíamos dado. Ella estuvo a punto de decir algo, y yo también.

La ausencia de Ismael se sentía en la habitación casi como una presencia, como si hubiese llenado completamente ese cuarto con su chulería, con su virilidad grotesca, exagerada, absurda.

--- Al fin lo has conseguido-- dijo ella.

--Sí, dije yo, sin saber bien a qué se refería.

--- Al fin has tenido lo que deseabas, espero te haya servido –

--- ¿Me haya servido de lección?--- dije.

---Te haya servido de la forma en que sea --- dijo ella.

Se había instalado entre nosotros una frialdad que nos separaba como una barrera de hielo, como algo que se interponía entre ella y yo. Me acerqué, intenté coger su mano, ella la apartó.

--- No, Adrián, ya he tenido suficiente contacto humano por esta noche, si a eso se le puede llamar humano ---

--Joder, ¿estás bien?—dije.

Creo que era el primer momento en el que realmente me apiadaba de ella, que la veía como un ser humano, que tal vez estaba sufriendo o estaba traumatizada por lo que le había sucedido, por lo que había hecho.

--- Sí, estoy bien, joder, solo ha sido follar-- dijo ella, reponiéndose, un poco soberbia tal vez como enrostrándome que era más fuerte que yo, que podía soportar eso, que podía soportar como el portero se había abusado de ella, le había dado por el culo y la había humillado de todas las formas posibles.

--- Es que ha sido muy fuerte esto, ¿no?-- dije.

---Debiste haberlo pensado antes-- dijo ella. Evidentemente se había originado una desavenencia entre ella y yo, como que me culpaba de lo que había sucedido, y para revertir eso no sabía bien qué es lo que haría falta. Pero volví a acercarme, y esta vez la abracé, aunque ella se resistía todavía, y acaricié su hermosa cabeza rapada, y le di un beso en la boca, y ella me lo respondió.

--- Joder, mira lo que has hecho --- dijo. Seguía esa sensación morbosa de culpabilidad, esa acusación, ese reproche.

--- ¿Yo lo he hecho?--

--- Bueno, voy a ducharme--- dijo ella, tú ven si quieres.

Escuché cómo se metía en la ducha, cómo el agua corría sobre su cuerpo desnudo y perfecto y mancillado por los azotes y las caricias soeces de ese bárbaro. Me serví una copa y la bebí largamente, en soledad, mientras seguía escuchando el agua correr, como si fuera lluvia. Siempre me había gustado la lluvia, el ruido que hacía sobre el pavimento.

La lluvia parecía limpiarlo todo, nos relajaba, era algo que sucedía cada tanto, como que interrumpía la infinita continuidad de las cosas. La lluvia era como una interrupción, en la infatigable maquinaria que nunca se detenía, pensé. Y era increíble que tuviera esos pensamientos en ese momento, en lugar de concentrarme en lo que había pasado, en cómo Ismael le había dado por el culo a mi mujer.

Joder, cómo se la folló, maldito cabrón, pensé. Qué bien le ha venido todo a ese cabrón, cómo se ha aprovechado de todo esto. Luego terminé de beber la copa y fui a nuestro cuarto, y allí estaba Valeria.

Había salido de la ducha y se estaba secando con unas toallas. Admiré otra vez ese cuerpo curvilíneo, largo, perfecto, tan bien definido y formado. Esas tetazas enormes que se pegaban a su torso, tan delicado y tan esbelto.

Era la feminidad hecha persona, hecha carne. Me miró ella largamente.

--No te preocupes--dijo.

---Es difícil que no me preocupe--

---- Cualquier cosa que haya pasado, podemos superarla-- dijo ella.

--- Vale, nunca he tenido dudas de ello.

---Bueno, ¿te vas a duchar o qué?-- dijo ella.

---Sí, claro, dije. Me desnudé mientras ella se preparaba para dormir. Ahora era yo quien sentía el agua correr sobre mi cuerpo, aunque éste no había sufrido tanto.

Mi papel solo había sido pasivo, apenas me había cascado la polla viendo todo. Así todas las imágenes de unos minutos atrás volvieron a mi mente. Cómo él la poseía, montado sobre ella.

Cómo la masculinizaba, diciéndole maricón, diciéndole Edu, reviviendo esa fantasía de la mili. Tenía mis serias dudas sobre que todo eso fuera verdad, como ya he dicho antes. Finalmente salí de la ducha y vi que Valeria se había dormido ya.

Respiraba tranquilamente, su naricita cogía el aire necesario para vivir, para seguir estando en este mundo, plácidamente. La lámpara daba una luz tenue sobre su silueta, tan femenina y tan carnosa. Y también yo me acosté a su lado y me dormí, sintiendo su perfume y su respiración como algo bueno que tenía para mí en exclusiva. Que era parte de mi vida, que era un derecho que me pertenecía y una recompensa a algo bueno que había hecho y que no sabía decir que era en ese momento.

Al otro día escuché como ella ya estaba levantada, antes que yo, y trasteaba en la cocina preparando el desayuno. Me levanté y la vi, con su pelo rapado de siempre, con su figura tan armoniosa, con esos trajes tan elegantes que usaba, de pantalón ceñido a su culo y blazer y una camisa de seda.

--- Venga que se te va a hacer tarde para ir al trabajo-- dijo ella. Me acerqué a la barra desayunadora y Valeria me sirvió un café y una tostada.

--Venga, come que se te va a hacer tarde -- dijo ella, con una solicitud casi maternal.

--- Va a ser difícil enfrentarle ahora, ¿no?-- dije.

--¿A quién?-- dijo ella.

-- A Ismael, el portero ¿A quién va a ser? –

---¿Por qué sería difícil enfrentarle?--- dijo y se sentó a mi lado y bebió su café con rostro circunspecto.

----¿Pues por lo que ha pasado anoche?---

---Lo que ha pasado anoche no ha sido nada, Adrián. No te preocupes por eso--dijo ella. Acabamos de beber el café y salimos al pasillo.

Descendimos en el ascensor y, por supuesto, en la recepción estaba Ismael pasándole un trapo a algo, limpiando o haciendo que limpiaba. «Buenos días», dijo ella en forma glacial y pasó a su lado, dejándole una estela de perfume. Ismael me sonrió a mí de una manera más cómplice, como si en realidad el trato hubiese sido conmigo y todo lo que había pasado era algo entre él y yo más que con Cristina.

Luego fue lo de todos los días, concentrarse en el trabajo, pero era sólo un paréntesis de la vida real. La vida real, lo que realmente importaba, era lo que sucedía en ese edificio donde Ismael era una suerte de amo y señor, donde él era el dueño de lo que estaba sucediendo y de lo que estaba pasando, aunque ni él mismo supiera de su poder o fuera consciente de él. Y así fue que regresé esa tarde y, por suerte él no estaba en la recepción.

¿Tal vez estaba limpiando en alguno de los pisos o quién sabe dónde? ¿Se estará follando alguna otra de las mujeres que viven en este edificio? No, me dije, porque en general las personas que vivían allí eran bastante mayores y a este cabrón le gustaban las mujeres más jóvenes, seguramente, como Valeria.

Pensé si él se había masturbado, imaginándola desnuda como la había tenido a placer y a su disposición, y cuánto tiempo tardaría en acercarse otra vez y querer repetir, volver a follar con ella. Pero no creo que ella estuviera muy por la labor, y tal vez, si él era inteligente nos iba a dejar unos días de descanso para que lo pensáramos, para que lo que había pasado se hiciera carne en nosotros, para que lo aceptáramos.

Creo que de algún modo así fue, pues ese día y esa noche no tuvimos novedades de él. Valeria llegó, como siempre, bastante cansada del trabajo

-- Joder, es que me costado tanto concentrarme --dijo ella.

---¿Por lo que ha pasado?-- Dije yo.

---Claro, ¿en qué otra cosa iba a estar pensando?

--- Sí, es verdad. Bien, ¿y qué piensas ahora de lo que ha pasado?

---¿Qué piensas tú, Adrián? ¿Qué sientes tú?---- Dijo ella, y se sentó en el sofá.

Le acerqué a una copa, como a ella le gustaba, ginebra con tónica, con bastante hielo.

--- ¿Qué pienso yo? Dije, no sé qué pensar. Siento una especie de repugnancia y vergüenza y asco de mí mismo, pero a la vez me doy cuenta de que en el momento del morbo nada de eso importaba. En ese momento sólo era el verte follar con él y el tener mi polla parada, y el masturbarme y el sentir una excitación como nunca antes la había sentido---

--- Así es que lo tienes bastante claro, por lo que veo. Yo, en cambio, simplemente me siento sucia, ¿sabes? Pero a la vez está claro que fue un buen polvo, ¿no?

--- Sí, claro, dije yo.

----Tiene una buena polla y la sabe usar, y hacía tiempo que no me sentía tan humillada y a la vez tan cachonda-- dijo ella.

--- Pensé que no te gustaba esa palabra, cachonda.

--- Claro que no, no me gusta. Me parece una palabra horrible. Pero, en fin, es la palabra que mejor lo define, ¿no? Ese estado de cachondez, de simplemente querer que te follen y follar. Y, en fin, ahora lo que me pregunto es por qué tú necesitas esto. Por qué necesitas que alguien me folle de ese modo para excitarte---

--- Joder, me excitas tú, tu cuerpo. Toda tú-- dije

--- Sí, toda yo, pero con ese complemento bestial de un tío como Ismael---

--- No lo sé, a una parte de mi le gusta verte con él---

--- Yo creo que hay algo tortuoso--- dijo ella

--- ¿Sí? ¿Qué es lo que crees? --- dije

---Creo que necesitas que otro haga lo que tú no puedes o no te atreves, que es tratarme como una zorra---

---Sí, puede ser que sea así, dije. ¿Y si lo fuera?

-- Y si lo fuera, no sé, no pasa nada, pero no me apetece volver a follar con ese hombre.

--Claro, claro, lo entiendo. Ha sido muy fuerte.

--- Pues sí, bueno, ya lo tienes, ya lo has visto y ahora se te tiene que quedar en la memoria, pues no va a volver a pasar nada con él, ni con otra persona ---

---¿De verdad?--- dije, un poco decepcionado y aliviado a la vez

--- Sí, de verdad--- dijo ella. Y la miré, estaba tan entera, y era tan firme y tan convencida de lo que decía.

Y a la vez, una mujer con tanto carácter como ella, si afirmaba algo así, era porque había pensado lo suficiente para decirlo.

---Entiendo, dije. Al fin y al cabo ha sido solo una fantasía mía y tú solo me has dado el gusto.

--- Puedes verlo así, dijo ella. Espero que esto te sirva para algo.

---Otra vez con esa palabra, servir, que te sirva, como si fuera algo de uso, de utilidad---dije yo.

---Es solo una palabra--

----Tal vez lo que quieres es darme una lección, que esto me sirva de lección--- agregué

---No, no es que quiera castigarte, ni te reproche lo que sucedió. Simplemente espero que te sirva para estar más tranquilo, para liberarte de esas fantasías. Porque al fin y al cabo, ese tipo de fantasías son las cosas que nos esclavizan, de algún modo lo hacen, son un peso a cargar. Porque en realidad están totalmente fuera de la realidad.

--- No sé, esto que sucedió fue muy real--- dije.

--- Sí, ¿tú crees que fue muy real? En realidad, yo no soy un hombre, ni soy un maricón, como me llamaba Ismael.

--- No, esa era una fantasía de él, pero a la vez la humillación que nos propiciaba era algo bastante real, y nosotros lo vivíamos así--- dije.

--¿Sí? ¿De verdad te pone que alguien me llame maricón, que me diga zorra, que me diga guarra?

--- Yo creo que a ti también te puso, pues bien que te has corrido varias veces--- dije.

---- El hecho de que me corra o no es totalmente indiferente, eso no significa nada.

---Joder, nunca hubiera pensado que realmente era así para ti, que lo sentías así, que no significaba nada.

---Claro que sí, no significa nada, es solo algo del momento, algo que sientes en ese instante de cachondez y que luego se va. Y cuando lo piensas te das cuenta que es nada, o menos que nada--- dijo ella.

Pensé que ella se empeñaba mucho en decir que todo lo que había pasado no significaba nada o que no tenía importancia, pero no se lo dije.

Por unos días pareció que habíamos zanjado así la cuestión, no volvimos a hablar del tema. Pero el tercer día fue como si Cristo resucitara de entre los muertos, pues Ismael conversó conmigo cuando yo iba para el trabajo.

Creo que fue algo que hice adrede, dejé que ella saliera primero y me demoré a propósito para poder hablar con él a solas. Nos encontramos cara a cara como la primera vez que habíamos hablado y él me miró largamente.

---Y bueno, ¿qué?-- dijo.

---¿Qué cosa qué?--- dije yo.

--¿Lo repetimos o no? Realmente me he quedado con ganas de volver a follarme a Valeria. ¿Y tú?

--Ella ya no quiere, no lo desea.

---Ah, ¿no? Pues mira, eso sí que lo tendré que aceptar como un no--- dijo él.

--- Así es, para ella ya ha estado bien, simplemente ha querido darme una lección o algo así, no lo sé.

---Pues bien que se ha corrido a veces con mi polla en el culo--- dijo él.

--- Sí, eso es verdad--- dije. Era como si él y yo estuviéramos hablando de un problema que nos atañía a los dos, por fuera de lo que pensara Valeria o de lo que dijera.

----Así que esa era tu fantasía, que alguien se follara a tu mujer delante de ti. Lo has disfrutado, ¿no?

---Sí, claro que lo he disfrutado.

---¿Y ella? ¿Cuál era la fantasía de ella? Supongo que tendría alguna, ¿verdad?

---Bueno, en su momento me había propuesto hacer un trío con una mujer.

----Joder, así que en realidad es una bollera, una come coño.

-----No sé si es una lesbiana, simplemente era que tenía esa fantasía. Pero en realidad también era por complacerme, porque la idea de hacer un trío tampoco es que le quitara el sueño.

--- Claro, entiendo. Tú eres el que tiene fantasías, a ella le gusta follar solamente. ¿Sabes qué me gustaría hacer este sábado?--

---No--- dije.

--- Este sábado me gustaría ir a bailar con vosotros a un sitio al que suelo ir. Se baila bachata, salsa, esas cosas. Se me da bien el baile, ¿sabes?---

Todo esto me lo decía Ismael sonriendo con su mono azul de trabajo, muy satisfecho de sí mismo. Y realmente pensé que era verdad, que sí, que se le daría bien el baile, que simplemente era un ser primordial, sencillo y vulgar que le gustaba follar y bailar y reunirse con los amigos y nada más.

---Sí, te gustaría ir con nosotros a ese sitio-- le dije.

---Claro, a ver si ella se pone un vestidito, ¿sabes? Bastante escotado, que tiene esos melonazos que no veas. Y claro, con la peluca que no se le ha visto puesta desde hace unos días, con esa peluca rubia. ¿Qué te parece? Sería este sábado, además que…..

--- ¿Qué?--

--- No, bueno, eso te lo diré luego. Pero si la convences, sería la hostia.---

---- Vale, veré qué puedo hacer, dije.

Toda esa mañana y esa tarde, en el trabajo, estuve pensando en la manera de abordar el tema con Valeria, de qué manera podía convencerla. Entonces me decidí, al pasar por una tienda, en comprar un vestido para ella. No era tan difícil, porque cualquier vestido le quedaba bien, ella tenía un talle perfecto.

Y pasé por una tienda y lo vi, era un vestido bastante escotado, como me había pedido Ismael. Ya había comprado una peluca para ella, y ahora era el momento de comprarle un vestido. Como si ella fuera una gran muñeca, gigante, a la que yo podía vestir del modo en que me viniera en gana.

Era un vestido de raso, negro, con una falda muy corta, un minivestido, en realidad. Y más que un escote, eran unos tirantes, que se abrían y se unían recién en el ombligo. También le dejaba la espalda al desnudo, y por supuesto, debía usarse ese vestido, sin sujetador.

No sé cómo quedaría en ella, pues sus pechos eran enormes, y esas tiras, esos tirantes, que se unían en el ombligo, le cubrirían apenas los pezones y las areolas, con suerte, y parte de los pechos quedarían casi al descubierto. También era muy ceñido, y la falda muy corta, y dejaría sus piernas al desnudo. Pero no lo pensé, y simplemente lo compré, y me aparecí con ese vestido, en casa, y ella recién llegaba del gimnasio, con sus leggings y un top que le dejaba el vientre liso al descubierto, y me miró con curiosidad y sonrió.

—¿Qué? —dijo ella.

—Que he comprado algo para ti.

---Otra vez con eso ¿y esto? —dijo, cogiendo la bolsa con el vestido

—Míralo, ¿por qué no te lo pruebas?--- Ella abrió el paquete y sacó el vestido.

—Joder, es que estás loco si crees que me voy a poner esto, ¿y cuándo lo usaría? —dijo ella.

—Pensé que podías llevarlo este sábado.

—¿Este sábado? ¿Qué, tenemos una fiesta cutre? ¿O ya es noche vieja? —dijo ella— pero una noche vieja bastante cutre. —

---No creo que el vestido sea cutre, me ha costado mi buena pasta.

—Sí, pues estás tirando el dinero, a menos que esto te lo pongas tú, porque yo...

Y alzó el vestidito y lo miró y meneó la grácil cabecita.

—Pero joder, mira, si voy a andar con las tetas al aire con este vestido.

—En realidad te lo he comprado para algo en particular.

—¿Sí? ¿Para qué? No me digas nada —dijo ella, y se sonrió. Al parecer todo esto la ponía más de buen humor que lo que le incomodaba.

—Bueno, dilo, venga, me imagino que Ismael está mezclado en esto. —

---¿Por qué, te ha dicho algo? —dije.

—No, no me ha dicho nada, él no habla conmigo, sabe que debe hablar contigo.

—Es bastante inteligente el cabrón —dijo.

—Bueno, te lo digo, me ha dicho que este sábado podemos ir a bailar con él a un sitio, y quiere que te pongas un vestido escotado, y hoy lo vi en una tienda y lo compré.

—Joder, ¿cómo eres, Adrián? ¿Estás loco, no? ¿Tú te das cuenta que estás loco? —

---Sí, me doy cuenta —dije.

Ella meneaba la cabeza, sin poder crerrlo.

—Pero anda, póntelo, quiero ver cómo te queda.

—Vale, te daré ese gusto —dijo ella. Fue a nuestro cuarto, y me serví una copa, y esperé.

Era realmente una locura lo que estaba haciendo, lo sabía bien. Y entonces apareció ella, con tacones y ese vestido opuesto, y también con la peluca rubia.

—Y bien, ¿qué te parece? —dijo.

Realmente era una especie de mujer fatal. Estaba embutida dentro de ese pequeño vestido, la ceñía como un guante, y sí, sus tetas quedaban al desnudo, al descubierto. Pensé que era una locura que pudiera salir así a la calle, pero en realidad íbamos a ir a un sitio donde se bailaba, salsa, bachata, un sitio cutre, seguramente.

—¿Sabes bailar bachata o salsa? —dije.

—Sí, sé bailar todas esas mierdas, puedo bailar cualquier cosa. Ya lo sabes —dijo ella.

Yo sabía que había tomado clases de ballet clásico desde pequeña, y que el baile era una de sus pasiones.

—Bueno, siempre te quejas de que yo no bailo contigo, de que no me gusta bailar. Pues bien, ahora alguien te invita a un sitio donde se baila.

—Sí, claro, que suerte tengo, mira —dijo ella en forma irónica.

_Gírate, un poco, quiero verte---

Era como una aparición, no podía ser más sensual y perfecta.

—Bien, ¿qué? ¿Vas a sacarme una foto o qué? —

---Sí, podría tirarte unas fotos--- dije Y así lo hice.

Cogí el móvil y le tiré un par de fotos, y ella un poco que posó para la foto, cambiando el peso del cuerpo de una pierna a la otra.

—Bueno, ya está bien, me lo quito, ¿no? Que debemos cenar.

—Sí, por supuesto —dije.

Ella volvió a nuestro cuarto para cambiarse, y entonces yo aproveché para enviarle las fotos a Ismael. Su respuesta no tardó en llegar.

—Joder, es la hostia, ¿eh? Qué pedazo de tía, qué tía más buena. No veo la hora de volver a follármela, pero tú tranquilo, que esta vez lo vas a disfrutar de un modo que ni te imaginas, cabrón —me escribió.

Me quedé pensando en todo eso, en lo que estaría haciendo Ismael en este mismo momento, si se estaría cascando la enorme polla que tenía, mirando la foto de mi esposa. Yo, a su vez, también tenía una erección, y me dije que estábamos por vivir otra experiencia que no sabía en qué podía llegar a terminar.

Valeria y yo no habíamos vuelto a follar desde que pasara lo que pasó con Ismael, pero esa noche luego de que se puso el vestido, finalmente acabé comiéndole el coño de rodillas y metiéndole mis dedos. En realidad tenía curiosidad por ver cómo había quedado su culo de abierto y metí mis dedos en él, y lo noté como siempre, cerrado y prieto. Evidentemente ese boquete del culo había vuelto a cerrarse.

También era absurdo pensar que le iba a quedar todo el tiempo así abierto como luego de haber follado, que era un boquete rojizo y rezumante en ese momento. Ahora era el culo de siempre de ella, esas nalgas perfectas y redondas, y la poseí en cuatro patas y dándole azotes en el culo, y creo que era distinto a las veces anteriores, es decir que había un antes y después en nuestras relaciones. También en la cuestión sexual la noté más liberada, que gemía con menos timidez después de lo que había sucedido, como que había una femineidad y una entrega y una sumisión que se había hecho patente con él y que de repente ahora estaba también cuando follaba conmigo.

-- Estás realmente loco lo sabes ¿verdad?-- me dijo después.

--- Sí, puede ser que esté un poco loco, pero tal vez es que el trabajo en la fiscalía sea demasiado pesado. Si no tengo estas válvulas de escape, me volvería loco, de verdad.

Ella se giró en la cama, desnuda.

---- ¿Y por qué no dejas el trabajo?—

--- Sabes que no, que es un buen trabajo, que es lo que he estudiado y es mi profesión.

--- Sí, pero estar en contacto todo el tiempo con crímenes, con cosas horribles, tal vez eso te esté volviendo loco, de verdad--- me dijo. Y observé su rostro, tan fino, tan bien proporcionado, tan simétrico, ese óvalo perfecto de su cara, ese cabello rapado, y me miraba de un modo amoroso realmente.

De alguna manera habíamos follado bastante bien, mejor que nunca, pensé. Esto había revitalizado nuestra vida sexual, era evidente. Sentí que ella estaba más enamorada de mí que antes, pero era sólo esa impresión engañosa que nos daba el hecho de haber follado hacía apenas unos minutos.

---Bueno, lo haré por ti--- dijo

--¿El qué harás por mí?—

-- Que mañana vamos a ese sitio a bailar, pero si no me apetece hacer nada con él, no lo haré, ¿sabes?

---Claro, no quiero obligarte a nada, simplemente, no sé, es que ese vestido te queda de muerte, ¿no?

---Sí, claro que sí--dijo ella, como resignada, como aceptando mi gusto en ese sentido ---

---¿Cómo quieres que lo lleve, con zapatos de tacón o con botas?

---Creo que zapatos de tacón es lo que va, ¿no?

---Sí, tengo unos que irán bien, que son como de raso, de color negro.

---Sí, las botas ya serían como demasiado de zorrón---

---- Bueno, supongo que es lo que le debe gustar a Ismael—dijo ella

-- No, con los zapatos de tacón estará bien -- dije yo. Finalmente nos dormimos, nos despertamos tarde, el sábado, y era todo como una lenta preparación para lo que iba a suceder en la noche.

Valeria fue a visitar a su madre, que solía hacerlo los sábados por la tarde, y yo me quedé en casa, y todo el tiempo pensaba en lo que iba a suceder esa noche, cuál sería el límite, en qué momento yo encontraría mi propio límite, porque tampoco estaba dispuesta a que Ismael hiciera con nosotros lo que le viniera en gana.

Tenía que tener un límite, pero la noche en que él se la había follado no hubo límite ninguno, hizo realmente lo que quiso y nos humilló, y en ese estado de cosas yo estaba dispuesto a hacer lo que sea, a que me humillara de la forma en que se le ocurriera, eso era lo terrible, sentir que no podía parar de ninguna manera, que él era dueño absoluto de nuestros cuerpos y de nuestras mentes, y que podía hacer con nosotros lo que le viniera en gana.

Por fin en ese sábado llegó la noche, nos cubrió con su manto de oscuridad y de alguna manera nos protegía de nosotros mismos, de lo que éramos, de lo que habíamos sido hasta ese momento.

Era un manto protector el de la noche del sábado, con toda su expectativa, con toda su carga anhelante de sensualidad, que finalmente rara vez se cumplía, que solía acabar en mediocridades, que no dejaba ninguna huella en nosotros.

Un sábado más, sentía uno en la madrugada del domingo, y en un fin de semana que pasaba como suele suceder, sin pena ni gloria, pero en estado de cosas fuimos a cenar temprano y luego a las once de la noche ya estábamos en casa. Ismael me había enviado un mensaje en el que me decía que nos encontraríamos en la recepción del edificio a la medianoche. Luego ella fue a maquillarse, era un maquillaje suave y que solo realzaba la belleza natural de su rostro, y luego apareció ante mí con ese vestido y se puso la peluca, realmente me parecía que le quedaba mejor que el día anterior en que se lo había probado, el escote era algo realmente que cortaba el aliento, sus tetas quedaban casi al desnudo, enormes, carnosas, todo el vestido parecía hecho para que ella luciera esos pechos naturales tan hermosos, tan potentes, que resaltaban esa feminidad exuberante, y por un momento pensé si no sería mejor que fuera sin la peluca, pero luego ella se puso la peluca, con cuidado, con esmero, y cuando la vi, finalmente ataviada, con esa peluca rubia, el pelo sedoso, con un flequillo que se veía que era tan antinatural en ella, con sus cejas morenas, no pude evitar pensar que estaba increíble.

Ese contraste de las tetas naturales y el pelo artificial, claramente se notaba que era artificial, pero a la vez era como una máscara que se amoldaba perfectamente a su rostro, esta rubia, con ese flequillo, con el pelo largo y sedoso, era una de las posibles Valerias que existían, una que yo nunca había visto frente a mí, como ahora, parada sobre los zapatos de tacón, esos taconazos que se afirmaban en el suelo y parecían abrir una grieta a su paso, de tan potente que estaba ella.

--- Bien, vale, hagámoslo, bailaré con él, pero nada más--- dijo ella.

--- Está bien, ya sabes que no quiero obligarte a nada, si te sientes incómoda por algo me lo dices y nos volvemos--- dije una vez más.

--- Vale, te creo, estaré protegida contigo_ dijo.

Otra vez esa rutina de salir del apartamento, entrar en el ascensor y luego la recepción y allí estaba Ismael y estaba tan hortera como me lo imaginaba, llevaba una camisa floreada con flores chillonas y exuberantes que contrastaban con su cabeza calva, con su nariz de pimiento y también llevaba un blazer color azul que le venía chico, que ni siquiera podía abrocharse los botones y su panza lo estiraba y las flores de la camisa eran rojas, amarillas, sobre un verde tropical y furioso.