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Mi esposa argentina 4 parte 3

Él solo es el espectador, pero su mirada es el látigo que no necesita. Mientras ella se entrega a la bestia en la habitación de hotel, él comprende que su matrimonio se sostiene sobre el secreto más prohibido: el placer de verla perder el control.

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MI ESPOSA ARGENTINA 4 Parte 3

No podía creerme lo que había dicho Fernanda, ciertamente no parecía de su estilo, pero tal vez algo había cambiado en ella, a lo largo de ese día.

Primero había follado con Aitor y Robert de manera salvaje, había presenciado mi humillación y ella misma nos había rescatado a ambos de una situación que amenazaba con tornarse peligrosa.

Luego había follado con Aitor de rodillas en el sillón, pero poniendo sus condiciones.

Tal vez el cabreo con Chema y Javi y de alguna manera conmigo también.

Tal vez el ver la humillación de su tío Roby, cayendo en las redes de Chema por el pecado de sucumbir a la belleza de la propia Fernanda.

Tal vez era su propia naturaleza la que no dejaba de emerger, de pronto ella se estaba aceptando a sí misma como era en verdad, su increíble sensualidad como instrumento de placer y de poder al mismo tiempo.

_ ¿Acaso no podemos hacer las dos cosas? ¿Tú qué crees Carlos? _ dijo Ricky

Pero no esperó mi respuesta sino que se aproximó a mi esposa, quien seguía apoyada en la pared, con las manos en los bolsillos de su cazadora, las piernas flexionadas,

_ ¿Y tú? ¿Quieres que bailemos otra vez o quieres que te folle?_ dijo Ricky muy seguro de sí mismo. Tomó el rostro de mi mujer con sus dos manos y le dio un morreo suave en los labios.

Ernesto el hombretón, tenía el rostro desencajado, no podía creérselo.

Ricky puso una mano en la nuca de Fernanda y la otra en la cintura de ella, la arrinconó más contra la pared y volvió a besarla, ahora metiendo su lengua en la boca de mi esposa que se ofrecía mansamente, pero siempre con sus manos en los bolsillos, la cartera colgando de su hombro.

Parecían una pareja de adolescentes besándose en una calle oscura, con los ojos cerrados y sus cabezas ladeándose.

Pensé que Ricky apenas la había conocido hacía una horas, que cojones, con una mujer tan bella como mi esposa que intimidaba a cualquiera, yo nunca hubiese sido capaz de esa osadía y de esa confianza en mí mismo, le tuve un poco de envidia en ese momento.

Era un tío bien parecido pero tampoco un adonis, muy moreno y canoso con el pelo bastante abundante, delgado y un poco más alto que yo.

Había metido su rodilla entre las piernas de mi esposa y bajado la mano que tenía en la cintura de ella hasta ponerla en su culo sobre el ajustado pantalón vaquero.

Seguían besándose muy concentrados, con los ojos cerrados, ella parecía estar bastante a gusto con él, seguramente le gustaba Ricky más de lo que yo había podido notar, algo parecido había sucedido con Ramón el marido de Carmen.

A veces el tío que calienta a tu esposa es el más inesperado para ti.

_Oye debe haber cámaras de seguridad en los pasillos_ dijo Ernesto

Se separaron las bocas, Fernanda tenía los ojos brillantes, me miró profundamente y yo sabía lo que quería decir esa mirada, ya estaba lanzada, era su juego y su deseo y yo solo un espectador.

_Ven_ dijo Ricky y cogió a Fernanda de la cintura, a un metro estaba la puerta de su habitación, pasó la tarjeta magnética por la cerradura, hubo un destello verde y un chasquido, la puerta de la habitación se abrió.

Ricky empujo levemente a mi esposa con su mano en la cintura, había una lámpara encendida y difundía una luz tenue en la habitación.

Pasó el detrás de ella y luego yo, la puerta quedó entreabierta.

_ ¿Estás seguro? ¿Así de fácil?_ dijo mi esposa

_Claro cariño ¿a qué complicar las cosas?_ dijo él y le quitó la pequeña cartera tirándola en una silla.

Detrás de mí, vi de reojo como Ernesto entraba en el cuarto, con el rostro demudado y rígido, todavía sin poder creer lo que estaba ocurriendo.

_Esto también lo quitamos_ dijo Ricky ayudando a mi esposa a quitarse la cazadora de cuero.

_No pierdes tiempo_ dijo ella

Estaban de pie al lado de la cama. No había terminado Fernanda de quitarse la cazadora y ya Ricky la estaba tomando de la cintura y la besaba nuevamente.

El beso sonó fuerte en el silencio del cuarto de hotel y luego otro y otro y las manos de él acariciaban con avidez su culo sobre el vaquero y sus pechos sobre la camisa de seda.

Tomó luego una de sus manos y la colocó sobre su polla, sobre el pantalón, mi esposa estrujó el paquete y con la otra mano acarició la nuca de aquel hombre quien horas antes era un perfecto desconocido.

_Eso es… eso es_ musitó el entre beso y beso.

Mi esposa tenía el rostro arrebolado y podía sentirla caliente y entregada, por dios había estado follando desde las dos de la tarde del día anterior y si no recordaba mal, ni siquiera se había duchado luego del último polvo con Aitor.

Ricky comenzó a desprender los botones de la camisa de seda de mi esposa y acarició sus pechos con las dos manos sobre la camisa.

Me senté entonces en la cama, tenía un cubrecama blanco, a pocos pasos de ellos y tomé el móvil y comencé a filmar. Sentía una excitación muy controlada, estábamos en un cuarto de hotel con dos desconocidos pero a la vez era una situación en la que ya habíamos estado antes, era algo casi familiar para nosotros. Habíamos recorrido un largo camino desde aquella primera vez con Javi hacía tres años.

Ricky desprendió dos botones más de la camisa y metió su mano dentro para sentir piel, vi su mano sobar un pecho de mi esposa por dentro de la camisa y ella gimió quedamente, le dio otro beso en la boca un poco más guarro esta vez jugando ambos con sus lenguas.

Ricky se inclinó algo para desprender los últimos botones y besó el pecho desnudo de mi esposa entre medio de las dos tetazas.

Luego, al desprender el último botón, abrió la camisa y la contempló extasiado.

_Que hermosa eres, me cago en dios_ dijo

Y se inclinó para besar un pecho y estrujar el otro. Fernanda me miró por primera vez mientras acariciaba el cabello cano de aquel hombre, luego cerró los ojos entregada al placer.

Entonces vi como otra figura se pegaba a mi esposa detrás de ella, casi que me había olvidado por completo de Ernesto el hombretón de Bilbao y supongo que también Fernanda porque abrió los ojos sorprendida, mientras Ricky seguía devorando sus tetas con succiones y pellizcos.

Ernesto estaba frotando el culo de mi esposa con fruición, bien en el coño y el ojete entre las dos nalgas, sobre el vaquero, casi que la levantaba del suelo y mi esposa volvió a cerrar los ojos y gimió más fuerte un desolador:

_Mmmm_ mordiéndose el labio

Ahora si yo estaba completamente empalmado y por primera vez volví a sentir un cierto temblor en mis dedos y en todo mi cuerpo.

Y la excitación fue mayor cuando Ernesto se pegó a ella completamente y tomó a Fernanda del mentón y girando su cabeza la besó en la boca, desde arriba, ya que era un tío muy alto, el terrible contraste entre el rostro delicado de mi esposa apresado por esa manaza de oso y la barba tosca y entrecana de aquel hombretón sobre la hermosa y femenina boca de mi mujer.

Su hermosa boca abriéndose a la lengua gruesa y soez que entreví fugazmente, jugando con la lengua y los perfectos dientes de ella.

Y luego, sin dejar de besarla, él le cogió una mano y la llevó a su polla, para igual que hiciera con Ricky antes, se la sobara sobre el pantalón.

Y Fernanda entrujó su polla mientras él seguía besándola, inclinando la cara de mi esposa hacia arriba, siempre tomándola del mentón.

Y Ricky seguía comiéndole los pechos, pero por un instante se apartó y se quitó su propia camisa apresuradamente y luego sus pantalones.

Entonces Ernesto con su mano libre fue directo a los pechos de mi esposa y estrujó un pezón violentamente y ella gimió en forma lastimera.

Y yo me sentí morir de la excitación y ya no era Fernanda la gran tigresa de hacía un rato antes, la gran felina estaba ya en brazos de su domador sin látigo, quien la amansaba y la doblegaba solo con sus manos.

Este hombretón, este palurdo ilustrado que se había mostrado tan despectivo con ella y conmigo, me daba lo que siempre quería ver yo una y otra vez, la humillación de la gran belleza y seguridad en sí misma de mi esposa.

Y por consiguiente me humillaba a mí también y comprendí una vez más que era ese placentero dolor el que quería sentir una y otra vez.

Y no sabía si era más placer que dolor, porque ambos se solapaban como en capas aleatorias dentro de mí.

Y mientras Ricky se sacaba el pantalón y el calzoncillo, Ernesto levantó el cuello de mi esposa violentamente hacia arriba pegando la cabeza de ella contra su pecho y tomó uno de los tetones de Fernanda y lo aplastó con una mano y lo exprimió, haciendo que el pezón con su aureola emergiera entre sus toscos dedos como enseñándoselo a Ricky, que sonreía ante la violenta actitud de su compañero.

_Mira que melones colega, mira que melones de zorra_ dijo Ernesto y luego besó a Fernanda desde arriba siempre apresándola del cuello y del mentón al mismo tiempo.

Y ella con sus piernas clavadas en los tacones de sus botines parecía sacar culo hacia afuera mientras su camisa flameaba abriéndose por momentos para mostrar sus pechos en las manos de ese palurdo que los estrujaba sin piedad

Y entonces Ernesto descargó un guantazo desde arriba sobre el pecho de mi esposa que tembló toda y gimió ya descaradamente y otro y resonó el Plass!! obsceno y las tetas se bambolearon y ella seguía estrujando su polla sobre el pantalón y gimiendo.

Y de pronto Ernesto tomaba un papel de dominador y protagonista inesperado.

Pero ya Ricky completamente desnudo se pegaba a ella de frente y la besaba en los labios con más delicadeza y guiaba la otra mano de mi esposa hacia su polla desnuda y ella la envolvía con su mano e iniciaba una paja casi tímida, mientras seguía estrujando la polla sobre el pantalón del otro hombre a sus espaldas.

Ahora era devorada entre los dos y entre los dos fueron quitando su camisa de seda que fue arrojada a un costado y Ricky desprendió el botón del vaquero y Ernesto tironeó hacia abajo y cuando su culo quedó al descubierto, cubierto apenas por el tanga negro entre las nalgas blancas y opulentas, se arrodilló como un desesperado para besarlo restregando su barba por el culo, hundiendo su cara entre las nalgas, apartando los cachetes con sus manos para hundirse en lo más profundo e íntimo de Fernanda, arrancándole suspiros desesperados y desgarradores.

Y por último le dio un sonoro y humillante azote en el culo, antes de ponerse en pie y comenzar a desnudarse.

Y ahora Ricky volcó a mi esposa sobre la cama a mi lado con el vaquero por debajo de las rodillas y se agachó para quitar sus botines y Fernanda se dejaba hacer y sus tetas quedaron oscilando en esa posición recostada sobre la cama.

Entonces tomé una de sus manos y se la apreté fuertemente y ella me correspondió el apretón y volvimos a sentirnos más unidos que nunca.

Y abrió los ojos y me dijo te amo, solo moviendo los labios, sin pronunciar sonido, mientras Ricky con habilidad seguía quitándole el último botín y luego el pantalón.

Y casi tuve ganas de llorar, con la polla a reventar y aun así emocionado recordando la actitud firme de mi esposa con Aitor unas horas atrás y agradecido de que fuera así, de que fuera así completamente, que aceptara complacer mi lado más oscuro que también era el de ella.

Todo ese hechizo fue interrumpido por la voz de Ernesto

_Quita de ahí hombre_ dijo y vi como completamente desnudo, de rodillas sobre la cama, se colocaba cerca de mi esposa y una gran polla torcida y deforme se bamboleaba sobre el rostro de Fernanda.

Entonces ella frunció la boca en un femenino rictus de placer porque ya Ricky de rodillas entre sus piernas estaba comiéndole el coño.

Y luego escuché

_Joder menuda fiestecita os estáis montando_

Era la voz de Borja.

_ ¿Queréis que os cuente todo? ¿Con todo detalle?_

_ ¿O lo dejo a la imaginación?_

¿Queréis saber cómo Ricky la penetró primero con las piernas de Fernanda sobre sus hombros? mientras ella alternaba mamando las pollas de Ernesto y Borja uno a cada costado de su cara, los dos de rodillas en la cama.

Como ella se corrió de esa manera convulsionando entre las burlas idiotas de Borja y los bofetones que Ernesto seguía propinando en sus tetas.

Luego Ricky se corrió en sus pechos y llegó un latigazo de semen hasta el mentón de Fernanda y Borja dijo

_Ostias nos vas a pringar a todos_

Y cuando Ernesto la empotró de pie al borde de la cama ella en cuatro patas gritando como loca, con el culo rojo por los azotes en el culo que el palurdo le soltaba sin piedad

_Joder tía como te bailan las tetas_ dijo Borja

Y en parte era cierto porque las embestidas de Ernesto eran brutales, sus tetas se golpeaban entre si casi ridículamente y Fernanda encadenaba un orgasmo tras otro con Borja masturbándole el clítoris ya que su polla había perdido la erección de lo borracho que estaba

Y luego le dijo a Ernesto:

_Que le vas a sacar los ojos pa’ afuera semental_

Y no sabía que era más humillante si las estúpidas bufonadas de Borja o como Ernesto la estaba matando de placer con su polla y sus azotes.

Y por momentos pensaba que unas horas antes no sabíamos siquiera de la existencia de estos tres y luego en el pub, todo era una posibilidad remota e incierta y ya hasta la historia de Roby parecía lejana y absurda, solo un pretexto de Fernanda para ir al hotel, para follar como la estaban follando, sin piedad.

Y fue tremendo cuando ella tragó toda la lefa de Ernesto, con este apretándole la rubia cabeza contra su ingle peluda, con sus manazas toscas de oso, mientras Borja se la follaba a polla floja y luego este también al cabo de dos o tres embestidas terminó corriéndose sobre su culo para luego derrumbarse en una silla y callarse la bocaza de una vez.

Y fue tremendo cuando Ricky le dio por el culo primero, detrás de ella y me dolió ver como se besaban como enamorados mientras la enculaba y como Fernanda se corría, totalmente compenetrada con su amante.

Pero lo más tremendo fue cuando ella todavía con la segunda corrida de Ricky dentro de su culo se montó sobre Ernesto y lo cabalgó corriéndose varias veces sobre su gran polla torcida como enloquecida.

Mientras ese hijo de puta la azuzaba, dándole azotes en el culo hasta cansarse, abofeteado sus tetones una y otra vez.

Y luego le ordenó sin ningún tipo de miramientos

_Ahora clávatela en el culo zorra, tu misma_

Y todo el tiempo ella se fue empalando, guiando la polla con su mano, mirándolo a los ojos casi desafiante y el hijo de puta sonreía y me miraba y sonreía y dijo:

_Fílmalo bien cabron, así es como se follan al zorrón que tienes por esposa_

Y mientras tanto Ricky de pie al costado de la cama, se pajeaba tratando de ponérsela dura de nuevo, pero ya no iba a lograr empalmarse después de sus dos polvos.

Y Borja solo sonreía estúpidamente tirado en la silla con su polla mediocre colgándole.

E imaginé como cada uno de ellos contaría esta aventura a sus amigos al regresar a sus ciudades, la increíble tía buena que se habían follado delante de su marido en un jodido congreso de medicina.

_ ¿Así es como te gusta zorra?_ dijo de pronto Ernesto y me arrancó de esa ensoñación

_ ¿Así es como te gusta? Dímelo venga_ volvió a decir mientras pistoneaba a Fernanda desde abajo moviendo su pelvis para enterrarle bien su polla en el culo

_Si… así me gusta hijo de puta_ dijo ella con su cara transformada en una mueca de vicio

Y Fernanda me miró un poco culpable de estar entregada así a ese palurdo, con sus delicadas manos en el pecho velludo de él, sus piernas increíbles flexionadas, las manos grandes de Ernesto en los muslos musculados de ella, las pequeñas y finas arrugas de las plantas de los pies de Fernanda y los dedos de sus pies contrayéndose por el placer.

Y otra vez escuchaba el plas, plas, de la pelvis de él y el culo de ella entrechocarse y mi esposa tiró su cabeza hacia atrás cerrando los ojos y ahora Ernesto la hacía subir y bajar sobre su polla como una muñeca ingrávida y sin voluntad propia, tomándola con sus manazas de la cintura.

Y Fernanda abría los ojos y se mordía los labios, e inclinaba la cabeza, vencida, hecha un guiñapo, a punto de correrse otra vez y buscaba con sus labios la boca de Ernesto y lo besaba.

Y luego de correrse aullando, la tigresa convertida en perra o loba, volvió a inclinarse sobre su polla y volvió a tragar su leche y él le decía unos humillantes y ridículos:

_Ordéñame, mamoma, quiero que me ordeñes hasta la última gota_

Y cuando ya pensé que todo había acabado, cuando mi esposa regresaba del baño, Ernesto le dio la tarjeta de su habitación a Ricky para que se fuera a dormir allí.

Y Borja tenía cara de que iba a terminar vomitando de un momento a otro y así con el rostro descompuesto se vistió y se marchó, sin siquiera decir palabra.

_Nosotros también nos vamos _ dije yo

Y Ricky no sabía bien qué diablos hacer porque su polla ya había dicho basta y él seguramente había imaginado otro final de esa extraña orgia y Fernanda cogió del suelo el tanga y se lo estaba poniendo cuando Ernesto fue hasta ella y allí de pie volvió a besarla y el contraste entre el cuerpo perfecto de ella y el cuerpo corpulento, descuidado, con algo de tripa, desgarbado de él volvió a excitarme.

Y Ricky entendió y comenzó a vestirse con una extraña sonrisa en los labios y antes de irse me estrechó la mano

_Ha sido un placer_ me dijo.

En tanto Fernanda y Ernesto seguían besándose, él completamente desnudo y ella con el tanga puesto y la polla de él ya estaba erecta nuevamente y le dio otro azote en el culo y yo sabía de sobra que ella en estas situaciones no tenía final.

Y el final de esa noche me hizo recordar al final de la orgía con Pachi.

Esa especie de intimidad que se da cuando ya todos se han ido y solo quedan dos, en este caso tres contándome a mí.

Pero yo había vuelto a ser invisible para ellos, incluso me sentí tan a mis anchas que dejé de filmar y me senté en una silla y saqué mi polla y comencé a masturbarme lentamente.

Y fue tremendo como Ernesto volvió a follarse a Fernanda otra vez, bien a gusto, a su entero capricho y como ella se entregaba a él completamente, sin reservas.

En un momento los dos de pie, ella con las manos apoyadas en la pared y el penetrándola desde atrás, besando su orejita y su cuello y su hombro y mi esposa mirándome sin verme con el rostro lloroso y desencajado.

Y las maravillosas piernas de mi esposa temblando, ahí de pie, primero un poco, levemente y luego con más violencia, un temblequeo que anunciaban el orgasmo irrefrenable y la mueca de triunfo de Ernesto soez y estúpida, pero también viril y feliz. La increíble felicidad de tener a semejante mujer así.

Y luego el volvió a hacer que ella trague su leche por tercera vez y entonces pensé que ya todo había acabado y entonces bajó a comerle el coño y la hizo correrse así otra vez y otra vez la penetró e hicieron un misionero profundo y sentido con sus bocas juntas y ella anudando sus largas piernas al culo plano y seboso de él.

Y Ernesto la cubría casi totalmente con su corpachón y ella con todo el rostro sudado y con el maquillaje corrido, asomó su rubia y despeinada cabecita por sobre el hombro de él y comenzó a besarlo en el cuello entre gemidos lastimeros, con los ojos cerrados y cada vez que veía los labios de mi esposa posarse sobre el cuello de ese palurdo mi polla temblaba.

Hasta que no pude más y me corrí o mejor dicho me desintegré sobre mi propia mano y cuando volví en mí como después de un largo sueño, Fernanda y Ernesto estaban corriéndose al mismo tiempo y él esta vez inundaba el coño de mi esposa con su leche y la cara de ella era de entrega ciega y total, ajena a cualquier cosa del mundo pasada y futura, solo el nítido y ondulante presente latiendo en cada poro de su hermoso cuerpo.

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