En el altiplano Parte 10
Isabella llegó buscando a su hermano, pero el altiplano tiene otros planes para ella. Entre el polvo y la chicha, los secretos de la sangre mestiza se revelan bajo la mirada de Aymara. ¿Podrá una mujer de España aceptar el deseo de un joven indígena que la desea como nunca nadie lo hizo?
Era un mediodía polvoriento en el altiplano boliviano, con el sol castigando el pueblo pobre como un amante implacable. Javier y Aymara bajaron del bus destartalado, tomados de la mano, su amor mestizo brillando en sus ojos. Ella, con su pollera ondeando y su vientre aún plano pero cargado de vida, caminaba con ese meneo sensual que hacía rebotar sus tetotas grandes y duras. Javier no podía dejar de mirarla, pensando: "Dios, qué mujer... preñada de mí, y aún así lista para más". Aymara sonreía, susurrando para sí: "Mi conquistador blanco... nuestro chamaco será perfecto, mestizo y fuerte".
Al entrar a la choza familiar, Javier se detuvo en seco, sus ojos azules abriéndose de sorpresa. "¡Isabella! ¿Hermana? ¿Qué coño haces aquí en este rincón del mundo? Pensé que estabas en España con tu marido aburrido". Isabella, sentada en un taburete de madera, se levantó con una sonrisa forzada, su piel blanca pálida bajo el estrés, ocultando el terror que la carcomía por dentro: "Si supiera que me folló un indígena crío y podría estar preñada... no, no puedo decirlo, me moriría de vergüenza". "Javier... vine a buscarte, estaba preocupada. Has desaparecido con esta... cholita. Pero veo que estás bien", respondió ella, abrazándolo, su voz temblando ligeramente.
Aymara los observó, sus ojos morenos entrecerrándose al notar cómo Inti, su hermano menor, rondaba cerca de Isabella con una mirada embobada. "Ese tonto... mira a la blanca como si fuera una virgen europea. Y ella... parece nerviosa cuando él se acerca. ¿Habrá pasado algo? No, imposible... pero sospecho", pensó Aymara, frunciendo el ceño mientras preparaba mate para todos.
La conversación fluyó tensa al principio, con Isabella preguntando por su aventura: "¿Cómo os conocisteis? ¿Y ahora qué, Javier? ¿Vives como un campesino?". Javier rio, atrayendo a Aymara por la cintura. "Hermana, mira a esta diosa... Aymara es una indígena espectacular, con piel morena como caramelo quemado, tetotas grandes y duras que rebotan como frutos maduros, culito redondo y firme que pide azotes, cintura estrecha y caderas anchas perfectas para parir. Es una diosa aimara, y la amo". Aymara se sonrojó, pensando: "Mi blanco me adora... sí, soy su diosa preñada".
Entonces, anunciaron la noticia: "Estamos esperando un hijo, Isabella. Un chamaco mestizo, fruto de nuestro amor". La familia de Aymara, reunida en la choza –madre, tíos y primos–, estalló en orgullo. La madre abrazó a Javier: "¡Un europeo blanco formando familia aquí! Nuestros nietos mestizos serán fuertes, con sangre española... bendición de los ancestros". Un tío asintió: "Mejorar la raza con un blanco rico... el pueblo hablará de esto por generaciones". Isabella felicitó con una sonrisa falsa, pensando: "Ellos celebran un mestizo... y yo podría llevar uno en la barriga de un crío indígena. Asco y envidia... ¿por qué no me pasó a mí con alguien decente?".
Javier, sonriente, agregó: "No hay problemas de dinero, hermana. Soy rico, herencia familiar y negocios en España. Compraré un terreno grande aquí, con sirvientes para cuidar de mi familia. Viviremos como reyes en el altiplano, con Aymara y nuestros chamacos". Aymara besó su mejilla, pensando: "Mi hombre proveerá... preñada y segura, qué suerte".
Más tarde, mientras la familia festejaba con chicha, Aymara se escabulló y confirmó sus sospechas. En un rincón apartado, vio a Inti e Isabella discutiendo bajo un árbol seco. Inti, con voz torpe pero dulce: "Señora Isabella... no me rechace más. Sea mi mujer, quédese aquí conmigo. Así estará cerca de su hermano Javier, y yo la cuidaré como una reina blanca. La amo, con su piel suave y sus ojos verdes... déjeme tocarla de nuevo". Isabella, cruzada de brazos, replicaba: "Inti, eres un niño... podrías ser mi hijo por la edad. Me asqueas un poco, con tu raza indígena y tu olor a tierra. Si me preñaste, joderás mi vida... parir un mestizo salvaje, mi marido me deja. Vete". Pero por dentro: "Su juventud me atrae... a mis 40, sin hijos, este crío me desea como nadie. Me hace sentir fértil, viva... aunque sea un indio primitivo".
Inti, persistente, se acercó, sus manos callosas subiendo por sus muslos blancos bajo la falda. "Señora... su cuerpo es perfecto, tetas grandes y blancas... déjeme follarla una vez más, como mi mujer". Isabella cedió, gimiendo: "Inti... no... oh, dios... sí, métemela... pero solo esta vez". Él la tumbó en el suelo polvoriento, sacando su verga larga y oscura –más larga que su complexión pequeña sugería, típica de su raza, venuda y curva como una rama andina–, y la penetró en misionero, bombeando profundo y lento. "Ahhh... señora... qué apretada... sea mi mujer, la cuidaré... déjeme preñarla bien". Por dentro, Inti pensaba: "No me lo creo... follando a esta europea blanca y rica, con tetas como melones... podría ser mi madre, pero su concha me aprieta como una virgen. Soy un rey indígena".
Isabella gemía, dejándose hacer: "Ohhh... Inti... tan larga... me llenas... pero un mestizo... terror... sí, más... tu juventud me excita". Él eyaculó chorros espesos en su útero, gruñendo: "Tome, mi mujer... nuestro chamaco será mestizo y mío". Ella se vino en silencio, pensando: "Asco y placer... ¿quedarme con él? Mi vida en España... o madre aquí... estoy hecha un lío".
Isabella se levantó, ajustándose la ropa, y se fue sin decisión, su cabeza un torbellino: "Preñada de un crío indígena... asqueada, pero atraída... ¿qué hago ahora?". Aymara, espiando desde lejos, sonrió perversa: "Mi hermano con la blanca... interesante. Pero mi Javier es mejor".
Fin de la parte 10.
Continúa en
- Relato #244924— title-regex: contiguous parts (9 -> 10)
Relatos similares
- Hetero: General
Richard y la viuda y joven madre de su amigo
Sofía siempre había sido estricta y reservada, hasta que la presencia de Richard, el amigo de su hijo, comenzó a despertar en ella deseos que creía…
Comparte:Intercambio de parejasMirones que se involucranDeseo reprimido
- Hetero: General
Una amiga de mi abuela
La abuela no solo lo vio masturbándose, sino que vio más allá de la vergüenza: vio la oportunidad.
Comparte:Intercambio de parejasMirones que se involucranDeseo reprimido
- Hetero: General
Polvo de una noche Capítulo 5. Plan retorcido
La noche comienza con un juego de cartas y termina con cuatro cuerpos desnudos en una sola habitación.
Comparte:Intercambio de parejasMirones que se involucranDeseo reprimido
- Hetero: General
Madres, hijas, tías y sobrinas(15)
Nunca imaginó que llevar a su madre a un tugurio sería la llave para desatar sus fantasías más prohibidas.
Comparte:Intercambio de parejasMirones que se involucranTransgresion moral
- Interracial
Un estudiante de intercambio VI: Virginia debuta
Virginia siempre supo que su matrimonio estaba muerto, pero nunca imaginó que la vida le traería un remedio tan caliente y joven.
Comparte:Intercambio de parejasMirones que se involucranMadurez vs juventud
- Hetero: Infidelidad
La madre de mi amigo Diego
Marisa no esperaba que su visita de instalación se convirtiera en algo más, pero su mirada y sus gestos dejaron claro que la tentación estaba…
Comparte:Intercambio de parejasMirones que se involucranTransgresion moral