Madres, hijas, tías y sobrinas(15)
Nunca imaginó que llevar a su madre a un tugurio sería la llave para desatar sus fantasías más prohibidas. Puri, la secretaria del instituto, no solo conoce su nombre, sino que sabe exactamente cómo tocarle las fibras más oscuras. Esta noche, las reglas de la sociedad se quedan en la puerta; dentro, solo importa el placer crudo y la mirada cómplice de quien más lo conoce.
El final de la noche en el tugurio
Carmen se fue hacia el parking a coger su coche y yo entré de nuevo en el tugurio. Cuando llegué donde había dejado a mi madre había dos tías hablando con ella. Me quedé pillado, de pies con cara de idiota, y mi madre se apresuró a presentármelas.
- Mirad, este es Pepe. El hijo de una buena amiga. Quería conocer esto y me lo he traído. Estás son Puri y Amelia.
No me había quedado pillado porque me tuviese con dos tías, sino porque la tal Puri trabajaba en la secretaría del instituto.
Solo la conocía de haberla visto alguna vez, pero por su reacción parecía que ella no me había conocido. Tenía buena memoria para las caras, porque vestida así era difícil de reconocerla. También era normal que al instituto no fuera vestida con esa ropa, porque hubiera dado un cante total.
En este momento llevaba un vestido cortito y muy ajustado, y marcaba las tetas y el culo ostentosamente porque era muy voluptuosa, todo lo contrario que en el insti, que siempre que la había visto iba con ropa ancha intentando disimular los atributos que le había regalado la naturaleza.
Amelia se marchó al poco tiempo de apetecer yo, pero Puri se quedó intentando hablar conmigo. La cabrona de mi madre le dio pie para ello al ponerse a hablar con un tío que parecía conocer.
Puri era de mediana estatura. Morena, ojos pequeños, nariz chata y labios regordetes escandalosamente pintados. Como he dicho, era voluptuosa, y sus tetas se apretaban bajo el oscuro vestido queriendo escapar por el escote. Ni que decir tiene que mis ojos estaban más pendientes de las tetas que de sus palabras.
Estaba sentada en el sofá de dos cuerpos junto a mi madre. Yo, en un sillón a su lado y el tío que hablaba con mi madre en otro sillón pegado a ella. Puri hablaba por los codos y sus piernas no paraban de moverse de forma inquieta. Sus muslos eran tremendos, y la carne se pegaba entre ellos impidiéndome verle las bragas, pues el vestido era tan corto que daba margen para eso.
Me preguntó de todo, y le contesté a todo, excepto diciendo que mi madre era otra, y no Sole. Aquello se alargaba y comenzaba a estar molesto. Lo que quería era bailar con mi madre para meterle mano y a ser posible follármela después en casa. Suponía, que después de la mamada que me había hecho, lo de follar estaba cantado.
Después de diez minutos de charla, fue ella la que me invitó a que bailásemos poniéndome el caramelito en la boca diciendo que le gustaba bailar bien apretada
- ¿No te apetece bailar un poquito? Me encanta bailar bien apretaditos. – dijo acercando su cuerpo al mío a la vez que me ponía morritos.
Viendo que mi madre no paraba de hablar con el puto tío que había llegado, le dije que sí. Más bien para no seguir viendo el coqueteo que mantenían los dos.
Otra vez me encontraba en la pista con otra tía que no era mi madre. Fue ella la que se hizo hueco hasta alcanzar el centro, donde cuerpos y manos se confundían en la penumbra ante los ojos de los que miraban.
Se agarró a mi cuello con decisión estampando sus tremendas tetas contra mi pecho. La carne no se desparramó porque las llevaba bien apretadas. Rápidamente sentí su aliento en mi oreja cuando dio un largo suspiro.
- Ummm… Me encanta bailar bien pegaditos.
Pensé que era una indicación, pues había puesto mis manos sobre su cintura y eso no le parecía suficiente.
Las bajé lentamente hasta su culazo y lo apreté con fuerza. - ¿Así de pegaditos? – le pregunté con sorna.
- ¡Así, así! – susurró a mi oreja con su mejilla pegada a la mía.
- ¿Te gusta este sitio? – me preguntó después de unos segundos de silencio.
- Está bien. – contesté con pocas ganas de hablar.
- Pero aquí no viene gente de tu edad.
- Lo sé. Por eso quería venir.
- ¿Es que te gustan las chicas más mayores que tú? – la definición de “chicas mayores” para definirse a si misma me hizo gracia, aunque no era tan mayor, pues tenía treintena y cinco años.
- Lo has adivinado. – contesté bajando las manos hasta alcanzar el bajo del vestido y tocar la carne desnuda.
- Pues a mí me pasa al contrario. Me gustan los chicos jóvenes.
- ¿Cómo yo? – otra pregunta con sorna.
- La verdad es que nunca he estado con alguien tan joven. – contestó poniendo timidez en la voz – Trabajo en un instituto, ¡sabes! Y algún alumno se me ha insinuado pero, aunque me apetecía, no quiero líos en el trabajo. - Tuve que contenerme para no reírme.
Mis dedos toqueteaban la carne de sus muslos y los subí bajo el vestido hasta llegar al culazo. Lo tenía duro, pero de piel fina y tersa.
- ¿Te gustan tan jóvenes?
No contestó a la pregunta, pues el sobo que la estaba dando la desconcentró. La polla ya se me había endurecido y la apretaba contra su bajo vientre y cada vez se aferraba con más fuerza a mi cuello.
- Bufff… Me está encantando bailar contigo. – fue su respuesta a la vez que metía su pierna entre las mías en ese baile lento y sensual.
No tenía nada que perder, pues no estaba demasiado interesado. Había sido ella la que se había lanzado desde el principio y le solté una ligera bomba para ver su reacción.
- Pues a mí me está encantando sentir tus tetas contra mi pecho.
- Bufff… - resopló de nuevo, e hizo un corto silencio para después soltarme ella otra bomba - ¿Y tocarme el culo no?
Sonreí escondiendo mis labios tras su mejilla y le abracé el culazo con manos y dedos abiertos para desgajarlo con suavidad.
- Claro que me está gustando tocártelo, pero no quería ser tan directo.
- No te cortes. Me gusta que la gente sea directa y me está gustando mucho sentir cómo me lo tocas.
No podía ser más clara y directa. Solo le faltó decir que la desnudara allí mismo. Se restregó con más descaro contra mi polla y bajó una de sus manos lentamente hasta la cintura para después meterla entre nuestros apretados cuerpos. Sus dedos avanzaron hasta alcanzar la carne dura a través del hinchado pantalón.
- Bufff… - volvió a resoplar al sentir la erección – Me he puesto muy caliente, pero ya veo que tú también.
- Es imposible no hacerlo pegado a una mujer tan sensual como tú. – está vez fui más fino, aunque lo que me apetecía era soltarle burradas.
Su respiración se había alterado y percibía su aliento sobre mi oreja a intervalos cortos y rápidos. Sus dedos no paraban inquietos toqueteando todo el bulto que había crecido entre mis piernas y despegó su mejilla acalorada para mirarme a los ojos, pero con los dedos atenazados a mi polla.
- ¿Quieres venirte a mi casa? – me dijo de repente.
- Es que… he venido con Sole, y no me parece bien dejarla sola. – intenté escabullirme, aunque ya me había puesto tan burro que me jodía decirle que no.
Mi mente pervertida corrió como una gacela imaginando cómo sería follarme a Puri, con esas tetas y ese culazo que tenía. Y con el morbo de que trabajaba en el insti.
- Bueno… - dudó – Podríamos decirle que se viniesen si se ha enrollado con ese tío.
Eso me sentó como una puñalada, aunque ella fuera ajena. ¿Cómo iba a irme a una casa a follarme a una tía mientras mi madre se follaba a otro tío en la habitación de al lado? Eso me pareció extravagante.
- No creo que acepte.
- Se lo podemos preguntar. Sole no es de las que se echan a atrás. – me dijo con cara de pícara.
Después de unos segundos de pensamientos arrebatados y dispares, acepté pensando que diría que no.
- De acuerdo. Aunque no creo que acepte. No obstante, nos podemos ver otro día. – le dije como último recurso.
Fuimos hasta la mesa y la cabrona de mi madre estaba abrazada al tío morreándose como una puta adolescente. No pude evitar un pensamiento malvado en el que cogía a tío por la garganta y se la apretaba hasta asfixiarlo.
Cuando nos vieron, dejaron de besarse.
- ¿Qué tal? ¿Cómo lo lleváis? – preguntó mi madre dando un sorbo a su copa.
- ¡Muy bien! – contestó Puri con entusiasmo – Estábamos pensando en ir a tomar una copa a mi casa. ¿Os apetece?
Sonreí por dentro pensando en la negativa que le iba a dar mi madre, pero la muy zorra sonrió y miró al tío.
- ¿Qué te parece, Damián?
- ¡Por mi, encantado! – contestó él casi eufórico.
- Pues vamos. – replicó Puri sin darme tiempo a reaccionar con alguna negativa.
Salimos del antro y cogimos los tres coches. Cada uno en el suyo, excepto yo que no tenia coche y como era lógico me fui con Puri.
- Ya te había dicho que Sole es muy lanzada y no se arruga a la primera. – me dijo al arrancar.
- La verdad es que no la conozco de mucho. – mentí como un bellaco mientras mi mente se recalentaba intentando no soltar ningún improperio.
- Lo que me parece raro es que te haya traído a este sitio siendo el hijo de una amiga. – hizo una pausa y me miró – ¿O hay algo más? – puso cara pícara de nuevo.
Puse también cara de pícaro y me mordí la lengua para no soltar una burrada.
- Pensaba que está noche lo habría, pero ya ves, le ha gustado más otro.
- Jajaja. – soltó una carcajada volviendo la vista a la carretera – No tires la toalla tan pronto.
La miré con cara de no enterarme de lo que había querido decir, y sonrió mirándome de reojo.
- Te contaré un secreto. Conozco a Sole desde hace algún tiempo, y una vez ocurrió lo que hoy. Estábamos con dos chicos y decidimos irnos a mi casa. La verdad es que lo pasamos de maravilla. – hizo una pausa - Aunque esto te pueda sonar a qué somos un poco putillas… hizo otra pausa - acabamos intercambiándonos.
Se quedó callada y yo boquiabierto. Ya no había sido una vez, con Carmen. También lo había hecho con Puri. ¡Joder! ¿Tan putón es mi madre? Pensé desconcertado. ¿Es que se tira a los tíos de dos en dos?
Sacudí la cabeza, literalmente, y perdí la vista en la carretera. Puri vio el gesto, y se apresuró en pedirme que guardara el secreto.
- Oye, esto no se te ocurra comentárselo. Sole tiene muy mala leche, y si se entera que te he dicho algo me la monta.
- Tranquila. Entiendo que es demasiado íntimo como para ir contándolo.
- Te diré algo más, ya que tienes intención de enrollarte con ella. Creo que ningún tío la deja satisfecha y los acaba echando a patadas.
Eso sí que no era nuevo para mí.
- Gracias Puri. Eres una tía muy maja.
Soltó una mano del volante para ponerla sobre mi pantalón.
- Ya verás lo bien que lo vamos a pasar. – comentó intentando dejar el tema.
Yo hice lo mismo. Alargué una mano y la metí entre sus muslos prietos. Los abrió con rapidez y no me costó llegar a las bragas.
- Espero que si. – repliqué tocando los abultados labios vaginales, que ardían como el fuego.
- Ufff… Estoy deseando llegar.
- Y yo. Pero no conozco tus gustos. A lo mejor no tenemos los mismos.
- Jajaja. Ya veo que te quieres anticipar. Te diré que… no te defraudaré, jajaja. Espero que tú a mí tampoco.
Apreté los dedos sobre las bragas hasta hundir la tela entre la raja.
- Bufff… si sigues así voy a tener parar.
Camuflé una risita cabrona.
- ¿Tan caliente estás?
- No lo puedo remediar. Cuando me toca alguien me arde la sangre. Y cuando es un chico guapo como tú… más.
- ¿Te parezco guapo? – le pregunté para aumentar mi ego.
- ¡Guapísimo! – exclamó sin dudas – Y por lo que estoy tocando, me da que también tienes un buen rabo. – acabó diciendo con los dedos engarfiados en el bulto del pantalón.
Desde luego, el ego ya no cabía en mi cuerpo. Alargué la otra mano y la metí entre el espléndido escote buscando la carne de sus tremendas tetas.
- Bufff… Para, que nos vamos a salir de la carretera.
Me estaba divirtiendo y continué.
- ¿Es que nunca te han mentido mano conduciendo? – le pregunté estrujando uno de sus pechos.
- Joder… si… Pero era al contrario.
- ¿Cómo que al contrario? – le estrujé el otro.
Hizo una maniobra brusca a la vez que frenaba en el arcén.
- Normalmente voy en el asiento de al lado. – dijo con la respiración agitada – Y soy yo la que mete mano.
Con el coche ya parado, abrió más las piernas y dejo que mis dedos penetraran entre las bragas. ¡Menudo chochazo tenía! Eso sí que eran dos gajos de naranja grandes y jugosos.
- ¿No te has atrevido a seguir conduciendo?
- Ufff… Es que me estabas poniendo como una perra, y así no puedo conducir.
Lanzó su boca contra la mía y agarrándome de la nuca me metió la lengua hasta la campanilla. Rebozó sus labios contra los míos llenándome media cara de saliva mientras le media los dedos entre la raja sintiendo la humedad que manaba de su chochazo caliente y palpitante.
Despegó la boca para respirar con una agitación tremenda. Se bajó los tirantes del vestido para sacar las tetazas fuera de la tela y dejarme más espacio para que las manosease. Eran realmente tremendas, pero llevana un sujetador que parecía una coraza para poder sujetarlas.
Las luces de las altas farolas que iluminaban la calle apenas me dejaban ver su cuerpo. Era una zona sin edificios, y tan solo los faros de los escasos coches que pasaban iluminaban el interior con fugaces ráfagas, pero era lo suficiente para ver su enrojecida cara y la excitación que manaba de su boca abierta y jadeante.
Metí los dedos entre el fuerte sujetador hasta llegar a los pezones que se aplastaban endurecidos bajo la fuerte tela. Los pellizqué a la vez que introducía dos dedos entre la raja de su chochazo a gran velocidad.
- Ahhhh… diosss… Ahhhh… - jadeaba sonoramente a la vez que movía las caderas intentando que los dedos profundizaran más.
- Que guarra te has puesto. – le susurraba contra la cara medio riéndome, pues esa situación con una tía de su edad me parecía graciosa y grotesca a la vez.
Estaba tan excitada que no tardó en correrse dando alaridos descontrolados de placer.
- ¡Aaaajjj! ¡Aaaajjj!
Aflojé la masturbación hasta sacar los dedos mojados de su chochazo caliente. Pero bien mojados. Sin cortarme los llevé hasta su boca, todavía jadeante, y los chupó arrebatadamente, como si fuese un helado que se derretía.
- ¿Te gusta tu propia corrida? – le pregunté en plan cabroncete.
- Ahhg… me gusta todo… Ahhg… sobre todo un buen biberón de leche. – respondió entre jadeos con cara perversa.
- Pues arranca, que nos estarán esperando. – repliqué en plan chulito, pues me sentía el puto amo.
Arrancó mientras me que adulaba a mí mismo pensado mentalmente pensando en él tugurio en el que habíamos estado y la cantidad de maduritas que podría follarme.
Cuando llegamos, mi madre y Damián nos esperaban en la puerta del chalet de Puri. Era de una sola planta, como el resto de los que había a lo largo de la calle.
- Habéis tardado. – comentó mi madre con un cigarro en la mano.
- Es que he tenido que parar a repostar gasolina. – mintió Puri.
Entramos en la casa y Puri y mi madre se fueron a la cocina a por bebidas y vasos. Nos quedamos Damián y yo sentados en los sofás de salón mirándonos con sonrisas.
- Eres un poco joven para ir al Remero. – me insinuó Damián.
- ¿El Remero? – pregunté despistado.
- El sitio en el que estábamos…
- ¡Ah… si! Bueno, quería saber cómo era.
- ¿Y que te ha parecido? Aunque las mujeres que van son algo mayorcitas para ti.
- Me gustan las mujeres mayores.
- ¿Conocías a las dos?
Ya me percaté que mi madre no le había dicho nada sobre mi.
- Solo a Sole. Es con la que he ido. A Puri la acabo de conocer.
- ¿Y que me puedes decir de Sole?
- Qué tiene muy mala leche. – sonreí en plan cabrón soltándole la pullita.
Se movió nervioso sobre el sofá y echó una mirada hacia la puerta de la cocina. Damián era igual de alto que yo, pero más corpulento. No obstante, mi comentario le resultó incómodo, todo lo contrario que a mí, que me regocijé al notar su incomodidad y aproveché para meterle más miedo en el cuerpo.
- Procura no cabrearla, porque si lo haces sus gritos se oirán en toda la urbanización.
Se volvió a mover nervioso mientras me descojonaba por dentro.
- Pues me ha parecido agradable, y muy maja.
- Y lo es, hasta que se cabrea.
Volvió a mirar a la puerta de la cocina y ya salían las dos. Me estaba partiendo el culo viendo lo nervioso que se había puesto, pero tenía que contenerme para que no lo notase.
Nos servimos las copas y Puri puso música a la vez que bajaba la intensidad de la luz. Parecía que eso de bailar lento era muy recurrente para la gente de esas edad.
Nos pusimos a bailar los cuatro en medio del salón. Yo con Puri y Damián con mi madre. Ahora ya no había nadie que nos pudiese mirar, excepto nosotros mismos, y el magreo comenzó de inmediato. A mí madre le sudaba el coño que estuviese yo allí, porque comenzó a morrearse con Damián y a meterse mano ambos como si estuviesen solos.
Puri y yo hicimos lo mismo, pero mis ojos se desviaban de vez en cuando para ver lo que hacían Damián y mi madre. Las manazas del hombretón le sobaban el culo con fuerza hasta hacer que el corto vestido se le subiera dejando parte de los bonitos glúteos al aire. Ver esa parte que había entre las braguitas negras y las medias me excitó más que el sobo que le estaba dando a Puri.
Puri buscó mi boca y comenzó a comérmela como una puta leonas hambrienta y eso me hizo perder la visión. Sus hábiles manos me bajaron la cremallera con rapidez y metió una de ellas en busca del trozo de carne endurecida. A la vez, yo le había subido el vestido por detrás y palpaba con fuerza su culazo.
- Qué caliente estoy. Podíamos irnos a mi habitación. – me sugirió con un susurro.
No quería irme, pues me apetecía seguir mirando para ver qué pasaba con mi madre y Damián.
- Podemos esperar un poco, para que nos aumenté la temperatura. – es lo único que se me ocurrió para seguir allí.
- ¿Más? Estoy ardiendo. Y tengo unas ganas de verte el rabo que no me puedo aguantar.
Ya lo había trincado con sus cinco dedos y lo apretaba con fuerza para sentir la dureza. Continué hablando para retrasar el traslado a la habitación.
- ¿Y que piensas hacer con él, además de verlo?
- ¡Comérmelo entero! – exclamó con ansiedad a la vez que me mordía los labios.
Yo seguía hablando pero mis ojos se movían con rapidez en cada giró observando en la penumbra a Damián y a mí madre. Los tirantes de su vestido habían caído y el cabrón le estaba comiendo las tetas con un hambre de una semana.
Pude ver una mano de mi madre moviéndose entre sus sombríos cuerpos. ¡Joder, le está haciendo una paja! Pensé agudizando la vista. Hasta que me di cuenta que lo que le estaba haciendo era pajearle contra su coño.
Puri tampoco podía contenerse, y me había sacado la polla y la restregaba entre sus gruesos muslos.
- ¡Dios! ¡No puedo aguantar más! – me susurró con voz gutural con la que expresaba su deseo.
Yo quería seguir allí, viendo el espectáculo que me proporciona mi madre, y continúe hablando en plan vacile.
- ¿Me vas a dejar que te folle a cuatro patas?
- ¡A cuatro, a seis o las que quieras! – exclamó dándose unos restregones brutales con la polla.
Habíamos girado, y al volver a ver a mi madre, noté que se habían parado y ambos movían las caderas. ¡No me jodas que están follando! Exclamé en mi cabeza con los nervios a flor de piel.
Mi madre tenía las bragas algo bajadas y se le veía todo su precioso culo, vamos, lo que dejaban libres las manazas de Damián. Porque se lo apretaba impulsándolo en cada movimiento de caderas. No pude evitar decírselo a Puri.
- Creo que están follando.
- ¡Joder, olvídate de ellos y fóllame tú! – exclamó exaltada estrujándome la polla contra su chochazo.
Estaba tan excitada ya que ni me pidió que fuésemos a la habitación. Le bajé las bragas hasta mitad de los muslos y abrió las piernas todo lo que pudo. El duro glande se incrustó entre los voluptuosos labios de su chocho y penetró entre la rezumante raja.
- Aaaa… Aaaa… Aaaa… - jadeó repetidamente entre temblores al sentir la penetración.
No sé si la habrían escuchado, porque yo no oía a mi madre jadear, y no sabía si lo estaba haciendo o simplemente no la podía oír.
- Diosss… ¡Qué rabo tienes! – dijo Puri con voz gutural ahogando los jadeos.
Tiré del vestido hacia arriba hasta llevarlo bajo sus tetas, pero ella levantó los brazos invitándome a qué se lo sacara por la cabeza. Se quedó con el sujetador coraza y las bragas a medio bajar. Me hubiera gustado verla así pero estaba pegado a ella y solo podía ver su boca abierta y jadeante, y las tetazas semicubiertas. Le desabroché el sujetador y al ceder la presión las tetazas cayeron botando contra su pecho.
Con media polla dentro de su chochazo, me lancé con la boca sobre los gruesos pezones que presidían los dos melones de carne sabrosa.
Creo que ambos nos olvidamos de la presencia de mi madre y Damián. Con movimientos bruscos de caderas comencé a follármela mientras le comía las tremendas tetas con ferocidad. Sentir toda esa carne apretada contra mi boca y mi cara me puso frenético.
La voz de Puri cada vez era más ahogada, como si saliera de la garganta pero no fuera capaz de traspasar su boca. Mi polla ya penetraba profundamente y los huevos chasqueaba contra sus tremendos muslos. Estaba desquiciado dándole unos pollazos tremendos cuando sentí cómo se corría, o quizás se meaba por la cantidad de flujo que sentí empapar mi polla.
Quiso gritar, pero no podía. Sus piernas temblaron y aflojo el movimiento de caderas hasta quedarse estática. Su corazón iba a mil, y su boca, totalmente abierta, no parecía capaz de absorber todo el aire que sus pulmones le reclamaban.
Noté cómo le cedían las piernas y la sujeté dejando que cayera de rodillas con lentitud. Entonces volví a ver a mi madre y a Damián. Parecían haber acabado y nos miraban impávidos, de pies a unos cuatro metros de nosotros. Damián tenía los pantalones caidos y la polla colgando hecha un guiñapo. Mi madre con el vestido arrugado hasta la cintura y las bragas a mitad de los muslos.
Escondí una sonrisa en la penumbra. Me quité la ropa y me arrodillé tras Puri. Su culazo desnudo era absorbente para la vista, y las bragas, tirantes por la apertura de sus muslos, era un aditivo más para la excitación visual.
- Te dije que quería follarte a cuatro patas.
- ¡Si, si! – exclamó curvando la espalda para apoyar las manos sobre el suelo.
Los dos gajos de naranja, todavía chorreantes, aparecieron entre los tremendos muslos. La polla seguía en plena erección con la cabeza erguida intentando despegarse del tronco. Arrodillado tas el culazo de Puri, inserte el terso glande entre la suculenta raja. La polla entró hasta la mitad arrancando un gemido de la garganta de Puri.
Mi madre y Damián, se habían sentado en uno de los sofás y nos miraban bajo la tenue luz que apenas nos iluminaba. Comencé a bombear pensando en mí madre. Primero me había invitado a follarme a Carmen en plena calle y ella salió a mirar. Ahora había aceptado la invitación de Puri sabiendo que íbamos a follar, y claro, otra vez la tenía mirando. ¿Es que eso la excitaba más que follar?
Puri estaba de rodillas, de frente a ellos, y yo detrás. Aunque la luz era escasa, la situación parecía perfecta para deleitarse con la vista. Pues si quieres espectáculo, lo va a tener. Pensé mientras comenzaba un bombeo lento y profundo. Mi polla empezó a entrar y salir del jugoso coño con un engrase perfecto producido por sus propios fluidos. El prominente culazo de Puri se aplastaba en casa penetración, y se volvía a expandir maravillosamente cuando la carne dura de la polla salía de esa cueva caliente.
Un minuto tras otro fueron pasando en el silencio de la sala, tan solo roto por los jadeos ahogados de la débil voz de Puri. Vi cómo mi madre hizo un par de amagos manoseando la polla de Damián, pero sin conseguir un endurecimiento completo.
Puri se corrió dos veces hincando la cabeza en el suelo entre sollozos y gemidos, y a la segunda corrida mi madre despachó a Damián a su estilo.
- Mejor lárgate. Aquí ya no pintas nada.
Hice caso omiso de lo que sucedía y seguí a lo mío. Aumenté el ritmo y Puri llegó a su tercer orgasmo. Apenas podía oír su voz cuando intentaba gritar de placer.
Mi madre, ya sola sentada en el sofá, nos miraba a esa distancia en la semioscuridad mientras se manoseaba el coño, con las piernas abiertas y las bragas a medio bajar.
Cuando Puri se corrió por tercera vez, saqué el rabo de su chocho totalmente empapado y le abrí los dos melones apretados que tenía por culo. Entre esa tremenda raja pude atisbar el agujero del ano formando una estrella cerrada.
Me agarré la verga y la metí entre la raja hasta hacerla chocar contra el cerrado agujero. Puri quiso gritar, pero su voz ya no era audible.
- Supongo que no te importará que acabe en tu hermoso culo. – susurré inclinando mi cuerpo sobre su espalda para acercar la boca a su nuca.
- No. – contestó con un hilo de voz – Pero hazlo despacio.
Levantó la cabeza y vio a mi madre masturbándose con lentitud.
- ¿Es que no va a dejar de mirarnos esa…? – dejó la pregunta en el aire.
- Creo que le está dando envidia de que te hayas corrido tres veces. – intenté que el sonido de mi voz no lo percibiera mi madre.
- ¡Cuatro, con la del coche! – exclamó, aunque su voz era casi difusa – Nunca me había corrido tantas veces seguidas.
- Y por el culo. ¿Te gusta? – le susurré apretando con suavidad.
- Ufff… siiii, pero…
- Pero… ¿qué?
- Es que tienes la polla muy grande.
- No te preocupes. Te lo abriré con delicadeza.
Presioné con suavidad y noté cómo le costaba abrirse. Otro suave empujón y la espalda de Puri se estiró como si le diese un calambrazo. – ¡Aaaah! – gimió con un pequeño grito que atravesó su garganta seca al sentir como la piel cerrada del ano se abría para dar paso al glande. Otro apretón y la endurecida cabeza arrastró la fina piel del recto para penetrar.
Está vez no gritó, pero puse notar la tensión que mantenía su espalda erizada.
- ¿Te gusta?
- Aaaah… NOO… Me vas a reventar la tripa.
No la hice caso, y apreté más hasta sentir mis huevos chocar contra su culo. - ¡Aaaah! – gritó de nuevo tensándose aún más.
- Ya está. – la susurré acariciando con una mano su pelo a la vez que pasaba la otra por toda la espalda.
Mantuve toda la polla dentro unos instantes sintiendo la presión del recto.
- Tienes el culito muy apretado. – le dije en plan cabrón mientras intentaba ver la cara de mi madre, pero la escasa luz no me dejaba ver la expresión de su rostro.
- Ufff… Lo siento muy lleno. – resopló bajando la tensión.
- Me da la impresión de que lo han usado poco.
- No le dejo a cualquiera que me la meta por ahí, pero tú… te lo has ganado.
Esa frase fue como el banderazo de salida, y comencé a bombear lentamente sintiendo como esa tripa del final de su cuerpo, de piel suave y fina, se estiraba hasta adaptarse a la carne dura que la penetraba.
Percibí cómo mi madre abría más las piernas espatarrándose sobre el sofá y movía la mano más deprisa entre ellas. Yo también aumenté el ritmo haciendo que la polla entrase y salirse por completo en casa penetración. La espalda de Puri se erizó de nuevo y sus jadeos volvieron a hacerse sonoros.
El olor a sexo se hizo más potente llenando mis cosas nasales. Eso me excitó más, y le arreé un par de azotes. - ¡Zasss! ¡Zasss! – Resonaron en todo el salón aplastando sus jadeos, pero no sus gritos al sentir el picor - ¡Ahhhhg! ¡Cabrónnnn!
Puse una mano en el centro de su espalda y con la otra la agarré del pelo. La follada de culo fue bestial. Mi polla entraba y salía como un pistón bien engrasado mientras disfrutaba como un loco. Fueron varios minutos cabalgando ese culazo como un poseso hasta que la polla estalló soltando la leche dentro de él. - ¡Ahhhh! ¡Ahhhh! ¡Ahhhh! – gemí como como un niño con el placer sacudiendo todo mi cuerpo.
Seguí empalándola hasta que no pude más, con una desesperación total. Los estertores sacudieron mi cuerpo hasta que la última gota salió de la polla. Me quedé parado, jadeante, con la vista nublado, y noté cómo su ano expulsaba la polla fuera del recto.
Puri dejo que sus rodillas escurriesen hasta caer tumbada, boca abajo, contra el frío suelo.
Cuando abrí los ojos, vi a mi madre levantarse y empezar a ponerse la ropa. Yo hice lo mismo, y ya vestido, me acerqué hasta Puri. Me agaché y la besé en la mejilla mientras seguía postrada en el suelo.
- Ha sido genial, Puri. – le susurré entes de marcharnos.
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