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Una amiga de mi abuela

La abuela no solo lo vio masturbándose, sino que vio más allá de la vergüenza: vio la oportunidad. Ahora, con la complicidad de su propia sangre, el joven debe decidir si cruzar la línea que separa la curiosidad del deseo prohibido.

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UNA AMIGA DE MI ABUELA

Hoy les voy a contar lo que me paso en uno de los permisos mientras hacia el servicio militar, hace unos cuantos años. Yo entonces viví a aun en casa de mis padres, tenía 21, para 22 años. Me tocó hacer el servicio militar en Córdoba, lo que llamaban el cerro Muriano y cuando me daban permiso iba a casa de mis abuelos que lo tenía más cerca de casa, donde tenía una habitación con comodidades. Bueno, lo que paso fue que una de las veces que estaba con unos días de permiso vino a casa de mi abuela una pariente que vivía en un pueblo cercano a no más 5 km, una mujer, viuda desde hacía unos diez años de un primo segundo de mi abuela, cercana a los 50 años, era una mujer mayor pero que se conservaba bastante bien para su edad, en su pueblo era la clásica mujer que lo sabe hacer casi todo y vino a teñirle el pelo a mi abuela, tenía un hermoso trasero (culo). Resulta que cuando mi abuela me lava la ropa después de plancharla la deja doblada sobre una silla en el comedor de la casa, justo donde le estaba tiñendo el pelo. Necesitaba cambiarme una caimas y fui hasta donde estaban mi abuela y la amiga, me saque (quité) la que llevaba puesta quedando a pecho descubierto y me cambie la camiseta allí mismo, sin ningún pudor delante de ellas, me pareció normal que un hombre se cambien la camisa delante de dos mujeres ya mayores. Cuando la amiga de mi abuela me vio se me quedó mirando notando en sus ojos una mirada de admiración:

-- ella: Nene, tapate un poquito hijo somos viejas, pero no de piedra, joder como está el niño.

En ese momento me reí al igual que lo hizo mi abuela mientras decía.

-- abuela: ¿Qué te parece mi nieto, esta fuerte el jodido ehh?

Después de unas risas me marche a dar una vuelta con alguno de los amigos de la infancia. Cuando volví a casa de la abuela esa noche volvimos a hablar del tema de antes con su amiga, la señora Nieves que así se llamaba.

-- abuela: Has impresionado a las Nieves, la pobre está muy necesitada desde la muerte de su pepe (marido) necesita los cariños de un hombrote joven, guapo y fuerte como tú, en vez de hacer lo que haces todas las noches (masturbarte) podrías darle un buen alegron, tambien me lo daría yo si no fueras mi nieto, seguro que se te iban a pasar las ganas de machacartela despues de pasar una noche entre mis piernas.

-- yo: ¿ Tú tambien estas así, ayudarla abuela, ¿cómo?

-- abuela: Joder niño, pareces tonto, ¿Cómo puede ayudar un hombre a una mujer que hace años que no tiene marido?

Me quede de piedra al oír a mi abuela, me está proponiendo que me acostara con ella y la hiciera feliz (follara). Lo que en esos años se decía casarse, joder o echar un polvo.

-- yo: Abuela Nieves como a querer acostarse con un chico tan joven como yo, querrá un hombre ya con experiencia.

-- abuela: Experiencia dices, ¿quires decir como la que tenía tu abuelo que solo sabia montarse encima y en dos minutos se vaciaba, (corría) y yo ni me enteraba?, te equivocas, a las mujeres nos gusta que los hombres aguanten en buen rato antes de vaciarse, ¿sabes? ayer cuando te marchaste estuvimos hablando un rato con la Nieves y tanto ella como yo no sabemos qué es eso que sale en los libros del orgasmo, me dijo que ella estaría más que encantada de acostarse contigo, igual que yo si no fueras mi nieto, sentir una cosa tan grande y gorda como la que te cuelga a ti entre las piernas tiene que ser algo para desmayarse de gustoi, le dije a la Nieves el pedazo de cipoton (pene) que te cuelga, lo largo y gordo y creo que hasta se le mojaron las bragas solo de pensarlo.

De nuevo volví a sorprenderme al oír a mía abuela.

-- yo: Pero abuela como me dices esas cosas, ¿tu como sabes eso de que la tengo grande y gorda?

-- abuela: ¿Crees que soy tonta, que no te oigo por las noches como resoplas mientras te la cascas (masturbas)?

-- yo: ¿Abuela es que me espías por las noches?

Pues porque te he visto más de una vez como te la machacas (masturbas).

-- yo: Noo hijo, claro que no, pero no puedo dejar de oírte y como dicen la curiosidad mata al asno y una de las noches pensando que podías encontrarte mal mire por el agujero de la cerradura y vi cómo le dabas a la manivela, otro día también después de marchar me di cuenta que me había olvidado la billetera y volví a buscarla y oi ruidos en el baño, hibias dejado la puerta entre abierta y dentro de la ducha te la estabas cascando (meneando), no pude evitar quedarme mirando y no sabes cómo me puse cuando vi como el cipote empezó a vomitar chorros de leche (semen) que debían llegar hasta la pared de enfrente de la ducha.

La conversación con mi abuela sobre Nieves me estuvo martilleando en la cabeza durante todo el tiempo que pasó hasta que volví de nuevo de permiso.

Nieves no voy a decir que fuera un bombonazo de mujer, pero estaba aun follable, era una mujer mayor pero que se conservaba muy bien a sus 52 años, pero como entrarle y explicarle lo que me había contado mi abuela sin que se molestara y nada más llegar esa noche hable con mi abuela.

-- yo: Abuela, sabes no dejo de pensar en lo que me explicaste la otra vez cuando vine de permiso.

-- yo: No dejo de pensar en lo que me dijiste sobre la Nieves.

Solo oirlo a mi abuela se le iluminó la cara con una sonrisa de oreja a oreja.

-- abuela: Seguro que te la has machado un montón de ves pensando en ella ¿verdad?

No hizo falta contestarle.

-- abuela: ¿Quieres que yo interceda a ver si lo sigue deseando?

-- yo: Pues no estaría mal abuela que me charas un cable, llevo a palo seco (sin sexo) más de medio año, (seis meses).

-- abuela: ¿Y que ganaría yo con eso?

Respondió con una sonrisa de oreja a oreja que me dejo sin saber que contestarle.

-- yo: Bueno no sé, ¿cómo podría recompensarte?

-- abuela: Es broma tonto, podemos ir mañana a visitarla si quieres a ver qué podemos hacer.

Así fue al día siguiente nos pusimos en marcha hacia el pueblo de la Nieves. Con l excusa de ir a comprar algo la fuimos a visitar y nos quedamos a comer, Por lo que pude saber después ellas dos ya habían hablado sin que yo estuviera delante y después de comer mi abuela busco la excusa de ir a visitar a oro pariente que vivía en el pueblo guiñando el ojo antes de marcharse para dejarnos solos

Una vez mi abuela se había marchado note el nerviosismo en su rostro (cara), también yo lo estaba porque no sabia como empezar la conversación para ir derivándola a lo que por lo que pude comprobar los dos deseábamos. Los dos nos mirábamos, pero ninguno se atrevía a dar ese primer paso y fue ella la que por fin se atrevió y dijo:

-- ella: Si estas cansado puedes echarte un rato a hacer la siesta, puedes hacerlo en la hitación que corre más el aire y se está más fresquito.

Sus palabras fueron el tiro de salida.

-- yo: Solo si tú me acompañas.

Note como se le subían los colores y se empezaba a poner roja.

-- ella: ¿A hacer la siesta?

-- ella: A hacer la siesta o a lo que surja.

-- ella: ¿Me estás proponiendo que nos acostemos, te gustaría hacerlo conmigo?

-- yo: Mas que nada en el mundo, la siesta y mas cosas, pero solo si tú lo deseas.

-- ella: Hayy mi niño, esta pobre vieja ya hace tiempo que esta retirada de esas cosas

Nieves so frotaba las manos del nerviosismo y antes de levantarse me dijo:

-- ella: hace muchos años ya que esa puerta no se abre y debe estar ya atascada (cerrada)

-- yo: Pues intentamos abrirla, dice el refrán que paciencia y saliva se la metió el elefante a la hormiga.

-- ella: Bueno es que no se, a lo mejor piensas que soy una guarra, pero es verdad lo que te digo, desde que murió mi pepe no ha entrado nadie en esa puerta.

-- yo: Pues ya va siendo hora noo que alguien entre, ¿no te parece?

-- ella: Te lo digo de verdad, no te miento.

-- yo: Si yo te creo, pero mira como estoy solo de pensarlo.

Le mostré el bulto de los pantalones apretándolo con una mano.

-- ella: Jesús María y José, pero chiquillo que tienes ahí, tu abuela me ha dicho que tienes un buen cipote, (pene), pero eso parece que lleves ahí una talega, (bolsa) llena y una mazorca de maíz.

La mire a los ojos fijamente sin atreverme a hacer lo que tanto deseaba, abrazarla y apretarla contra mi cuerpo para que notara la erección que ya tenia dentro de los pantalones.

-- ella: es que tengo miedo a que me revientes.

-- yo: No te preocupes que no te voy a reventar, solo te dejare el chocho escocido, pero entrar entrara te dejare bien ingresadita ya lo veras.

Sabia porque desde el salón se veía la cama donde dormía al estar la puerta medio abierta.

-- yo: Venga vamos antes de que vuelva mi abuela.

-- ella: Bueno vale entra tu y ahora vengo.

Mientras yo entraba en la habitación ella salió al patio donde tenia una especie de cuarto que usaba como baño. Cuando volvió yo ya me había quitado los pantalones y me encontraba en calzoncillos y una camiseta de tirantes. Nieves aun llevaba el vestido puesto y se tumbó en la cama a mi lado sin decir nada. Nos abrazamos, mejor dicho, la abracé y comencé a besarla por el cuello mientras intentaba desabrocharle los botones del vestido para liberar sus pechos el encierro encontrándome que llevaba sostenes. En esos años aun no estaba experimentado en desabrochar el sujetador con una mano y echándome aun la mire a la cara que tenía roja como un tomate.

-- yo: Porque no te sacas (quitas) el vestido.

-- ella: ¿Quieres que me quede encueros (desnuda)?

-- yo: Porque no, estaremos mas cómodos, ¿no crees?

-- ella: Es que me da mucha vergüenza, mi marido nunca me vio encueros (desnuda).

-- yo: Pues yo quiero verte como Dios te trajo al mundo.

Mientras le hablaba me saque la camiseta y los calzoncillos, el pene salto como si tuviera un muelle quedan en todo su esplendor, Nieves al verlo note como abría los ojos más de lo normal.

-- ella: Madre del Dios hermoso, ¿todo eso piensas meterme?

-- yo: Todo esto y mas si tuviera, ¿crees que no te va a entrar?

Le ayude a sacarse el vestido por la cabeza sin que ella hiciera nada por rechazarlo y luego los sostenes) sujetador bajándole los tirantes sacándolo por la cabeza sin desabrocharlo, la mire fijamente, su cuerpo no era el de una veinte añera, pero aun no se notaban pliegues en el vientre ni en sus muslos, unos pechos grandes algo descolgados, pero poco nada que ver con los de mi abuela, unos pezones oscuros gordos rodeados por unos grandes círculos de color rozado oscuro, entre sus piernas lucia una gran pelambrera negar de pelos negros que le subían hacia el ombligo en forma de espiga. Una de mis manos voló entre sus piernas buscando la entrada de su cueva (coño) encontrado unos gruesos, calientes y húmedos labios vaginales que recibieron mis caricias con leves gemidos de placer.

-- ella: No quiero que pienses que soy una guarra, después de mi marido eres el único hombre que ha puesto la mano entre mis piernas, quiero que me creas, nunca me he acostado (follado) con hombre, eso tu abuela lo sabe.

Mientras le acariciaba entre las piernas (el coño), el chocho como ella se refería a su zona genital la miraba acariciándola con la mirada.

-- yo: Nieves eres muy hermosa, no pienses ahora en nada, solo déjate llevar y disfrutemos, estoy que reviento de ganas de entrar (metértela).

-- ella: Me da mucha vergüenza que me mires.

-- yo: Vergüenza, porque, estamos desnudos los dos y solos, nadie nos puede ver.

-- ella: Yaa lo sé, pero siento mucha vergüenza por lo que puedas pensar.

-- yo: Nieves solo pienso en hacerte feliz, en metértela y vaciar los huevos dentro tu coño.

Me coloque sobre ella abriéndole las piernas y con una de mis manos acompañe mi pene entre los gruesos y calientes labios vaginales, dándole varios restregones de arriba abajo entre ellos mientras le besaba los pechos y chupaba los pezones antes de buscar la dirección correcta para empezar a apretar. La verdad es que su coño era bastante estrecho y al principio también debido a sus nervios me costo un poco colocar la punta, (capullo) en la dirección correcta mientras ella no paraba de dejar escapara resoplidos.

-- yo: Nieves tranquila, relájate y no tengas miedo que entrará y no te dolerá.

Cuando noté que estaba un poco mas relajada apreté con fuerza.

-- ella: Ahhhhhh, ostia, parece que me estes metiendo un clavo ardiendo, joder como duele.

-- yo: Relájate y abre bien las piernas para que no te duela.

De un nuevo empujón note como atravesaba donde un día debió estar su virginidad.

-- ella: Paara, para joder que me duele mucho.

No la escuché y de un nuevo apretón le clave (metí) un buen trozo, como nueve o diez centímetros que ella recibió con varios quejidos al sentir como mi pene se iba abriendo camino. Me quede quiero sin moverme manteniéndola bien sujeta por las nalgas para que no intentara que se la sacara.

-- yo: Tranquila, tranquila, ya ha encontrado el camino relájate y veras como poco a poco, despacio entrara toda hasta el fondo.

Nieves resoplaba moviendo la cabeza de un lado a otro con las manos apretando la ropa de cama. Y algo más relajada poco a poco fui entrando hasta notar como los huevos (testículos) descansaban sobre la suave alfombra, (pelambrera) que rodeaba su zona intima, coño que en esos años no savia que se llamaba vagina pero que a mi siempre me ha gustado más llamarlo coño o chocho.

Una vez ya roda dentro hasta el fondo comencé a moverme lentamente de atrás adelante, sentía como su coño oprimía mi pene estrangulándolo con su estrechez que poco a poco se fue suavizando al comenzar a excitarse.

-- yo: Nieves mi amor, que coño más estrechito tienes, parece como si fuera la primera vez que algo entra por tu rajita.

-- ella: Algo tan gordo y largo es la primera, mi pepe tenia una pichilla (pene) delgadito y la mitad de largo que el tuyo, si es que parece que me hayas metido un salchichón de largo y gordo.

-- yo: ¿Y no te gusta?

-- ella: Ahora ya un poco, pero al principio parecía que me ibas a reventar con un clavo ardiendo.

-- yo: Ardiendo estoy yo por llenarte el chocho de leche.

-- ella: Hay niño, ¿Por qué me dices esas cosas?

-- yo: ¿No te gusta que te las diga?

-- ella: Es que mi marido no me decía nada, solo se montaba, la metía se vaciaba y se echaba a dormir.

-- yo: Pues yo voy a estar fallándote hasta dejarte el chocho a carne viva de pollazos.

Comencé a moverme cada vez más rápido de atrás adelante, ella comenzó a sentir placer y sus manos se aferraban a mi espalda gimiendo y jadeando.

-- ella: hay nene, que me estas haciendo, que me esta pasando que me tiembla todo, siento que se me van las fuerzas.

-- yo: ¿Quieres que pare?

-- ella: Noo, noo, no pares aunque me mates de gusto, (placer).

Mientras notaba como se corría y un líquido caliente inundaba su coño, notando como si entrara y saliera de un tarro (bote) de mantequilla. No paraba de gemir moviendo su cuerpo hacia arriba mientras yo bajaba los cuerpos se encontraban y los testículos golpeaban sus nalgas.

-- ella: hay niño, niño que me estas haciendo, yo esto no lo he sentido nunca, que me está pasando que me vas a matar.

Los orgasmos (corridas) le sobrevenían uno tras otros notado cada vez más encharcado su coño. Cuando ya no pude aguantar mas me deje ir y le inunde el coño con un chorro tras otro de leche (semen) calenté que ella acogía con suspiros, gemidos y jadeos que podían oírse en toda la casa. Me quede bien a gusto notando como los huevos (testículos) se me subían y descargaban dentro su coño inundando sus entrañas de líquido caliente.

Ella se había desplomado con la respiración agónica y signos de ahogo recibiendo uno tras otro los latigazos de semen que escupía la punta de mi polla (pene) hasta quedar igualmente desplomado con las palpitaciones del corazón a mil por hora. Sin salir de su cuerpo quede por espacio de varios minutos, mi pene seguía igual de tieso y duro dentro la estrechez de su coño que ya no era tanta, pase una de sus piernas por encima de mi pierna y así de medio lado comencé a moverme muy despacio observando en esa posición como mi pene entraba y salía de su chocho, entonces ella abrió los ojos y pude ver el cansancio, agotamiento en su mirada, su cara roja como un tomate, ella me miraba con los ojos medio cerrados, mis manos en su cintura controlando los movimientos de mete y saca, Nieves con los ojos cerrados se mordía el labio inferior del placer que estaba sintiendo.

-- ella: Niño, niño me vas a matar de tanto gusto, me viene otra vez, me viene, hay que gusto, que gusto mas bueno, niñooo, yaa, yaa, ahhhhh, ahhhhh, hay, hayyyy.

Se retorcía de placer, volvió a disfrutar de varios orgasmos (corridas) mas antes de que yo de nuevo volviera descargar nuevos chorros de semen que su cueva no podía retener y las metidas y sacadas su coño escupía cayendo sobre las sábanas dejando una enorme mancha de humedad.

De nuevo después de la segunda corrida nos quedamos sin movernos unos buenos minutos antes de oír el ruido de la puerta de la calle y mi abuela nos pillara infraganti abrazados en la cama.

-- abuela: Vaya, vaya con mi nieto, Nieves hija mía muchos años sin nada, pero no veas como te has debido poner, que envidia.

Dijo mi abuela mirándonos con mirada lasciva, (deseo)

-- abuela: santo Dios Nieves tienes la cara mas roja que un tomate, chiquilla muchos años sin nada, pero veo que te has puesto las botas.

Ese día todo quedo ahí, nos vestimos, Nieves caminaba espatarra, (piernas abiertas) decía que tenía el chocho a carne viva y mi abuela se reía como una posesa mirándola.

Desde ese día cada vez que tenía un día libre en el cuartel viajaba al pueblo de Nieves y follábamos como locos hasta cansarnos, a veces sin pasar por la casa de mi abuela que cuando se enteraba me reñía, decía que quería más a Nieves que a ella yo le respondía que las quería a las dos, pero de distinta manera y mi abuela me miraba de manera diferente a como me lo había hecho antes de que me acostara con su amiga Nieves, pero eso lo dejare para un próximo relato.....