La madre de mi amigo Diego
Marisa no esperaba que su visita de instalación se convirtiera en algo más, pero su mirada y sus gestos dejaron claro que la tentación estaba servida. Entre la instalación del televisor y la ropa que se desliza, la barrera entre la amistad y el deseo se desmorona. Ahora, la madre de su amigo tiene otras cuentas que saldar, y él está dispuesto a pagarlas.
Por aquellas fechas me encontraba estudiando el grado de informática en la Universidad. Con la finalidad de poder costearme los estudios y tener algo para mis gastos cotidianos, realizaba algunos trabajos fuera de mis horarios de estudio, para ganarme la vida. La mayor parte de los mismos, consistía en la reparación de electrodomésticos, ordenadores de todo tipo, e incluso eliminando algunos virus, y en otros casos, realizaba hasta la instalación de los equipos.
Cierto día me encontré con mi amigo Diego, indicándome que su madre necesitaba instalar un televisor en la casa que había adquirido recientemente, y sabiendo que era un manitas, me pidió si podía hacerlo, así como explicarle su funcionamiento. Mi amigo ya se encontraba trabajando por lo que me dijo que él no podía acompañarme. Que su madre solía encontrarse en casa en horas de la tarde. Tenía conocimiento de que su padre trabajaba igualmente, y solía llegar bastante tarde. Lo conocía bastante bien, ya que era dado a la bebida, y tras el trabajo se quedaba bastante tiempo tragando y jugando a los dados con otros compañeros. No obstante, me dio el número de teléfono de su madre para que le indicará cuando podía pasar.
Conocía a la madre de mi amigo desde hacía tiempo. Marisa, era una mujer que se había casado bastante joven con un hombre bastante mayor que ella, Cecilio. A muy temprana edad tuvo a Diego, mi amigo. Por lo tanto, por aquella fecha, Marisa no debía pasar de los cuarenta años, siendo una mujer aún joven. Era bastante elegante, muy atractiva, que se conservaba muy bien. Tenía unos pechos algo voluminosos, unas caderas bastante ceñidas, piernas bien torneadas, y con un trasero bien puesto, con unas nalguitas casi redondas que enloquecían a cualquiera.
De hecho, en alguna ocasión me había quedado en su casa, jugando o estudiando y había comprobado que aquella señora se mantenía muy bien. Recuerdo que en otra ocasión acudimos varios amigos, y a espaldas de Diego, mis amigos realizaron comentarios sobre lo buena que estaba aquella mujer, bromeando sobre lo que les gustaría hacerle.
En aquel momento, había cumplido la mayoría de edad, siendo un joven alto, no muy grueso, pero con un cuerpo bastante atlético, especialmente anchas espaldas y buenos bíceps. Aprovechaba cuando podía para practicar natación, ya que eso me había fortalecido bastante los músculos. No es que fuera un guaperas, pero tenía un buen aspecto físico y una cara bastante aceptable. Había tenido mis encuentros con algunas jóvenes, y en ese momento salía con una chica, aunque tampoco nada serio.
Tras llamar a Marisa, acudí aquella tarde para instalar el aparato de TV que habían adquirido. Nada más llegar a casa me saludó cariñosamente, sorprendiéndome la forma en que me había recibido. De hecho, llevaba puesta una bata, más bien corta, algo tenue, comprobando que debajo llevaba un camisón beis, que se me antojó sumamente trasparente, ya que permitía divisar su diminuta tanga. Mientras la saludaba, sentía un tremendo latigazo en mis partes, ya que no me esperaba aquel recibimiento.
Ella me llevó hasta la habitación donde quería instalar la TV, comprobando que era su dormitorio principal. Era una habitación bien decorada, amplia, con una gran cama de matrimonio. Me puse manos a la obra, y comencé a instalar el aparato. No obstante, me sentía inquieto al ver la mujer rondaba a mi lado, me observaba cada movimiento. Intentaba concentrarme, pero me estaba costando bastante. Aquella mujer me duplicaba en edad, pero realmente me daba cuenta de que era una mujer muy hermosa, bonita, y de muy buen ver. No había ni siquiera soñado con ningún encuentro afectivo con la misma, pero hallarla vestida de aquella forma me dejó pensativo.
Tuve agacharme para poder conectar los cables, momento en que ella marchó. Pese que me iba a dejar tranquilo durante un tiempo, pero al momento apareció con una cerveza que me ofreció. Al agacharse para ofrecérmela, se inclinó lo suficiente dejando a ante mi vista el escote del camisón, ya que la bata prácticamente estaba suelta. Me quedé impactado el ver las preciosas tetas, que campeaban sueltas con los pezones bien erectos. Tuve tiempo para comprobar que poseía unas aureolas, color casi marrón que bordeaba los pezones, poniendo mi verga firme y rígida como un mástil. Me percaté que lo había hecho a propósito, dado que observé cómo me miro el bulto que se formó en mi pantalón. Ella volvió a inclinarse ante mi para colocar algo mejor el tv, dando ocasión de que volviera a mirar aquel par de senos.
Mientras me tomaba la cerveza, sentado en el suelo, ella hizo movimientos para intentar coger algo que parecía estar en una estantería que se hallaba justo en el mueble donde estaba instalando la tv. La izarse, me quedé nuevamente impactado al verificar los hermosos muslos de la señora, estremeciéndome al constatar que podía apreciar la entrepierna de la mujer, solo cubierta por la tanga. La mujer se entretuvo lo suficiente para darme la oportunidad de poder contemplar el relieve que formaban los labios de su coño en la propia tanga. Era como si estuviera contemplando la raja de la madre de mi amigo. Tuvo que toser, ante el nerviosismo, observando como ella miró hacia abajo, comprobando que estaba viendo su entrepierna.
Obviamente me percaté que lo había hecho con este propósito. Ella descendió, y se me quedó mirando diciéndome: ¿me estabas mirando las piernas?
-Lo siento Marisa. No puede evitarlo. Tiene unas piernas muy bonitas. Me avine a contestarle, intentando disimular.
- ¿Solo viste las piernas? Me preguntó mirando retadoramente el bulto de mi pantalón. Ya veo como se te ha puesto. ¡Seguro que llegaste a verme las braguitas! ¡Eres un atrevido!
Luego volvió agacharse con el fin de retirarme la cerveza, volviendo a mostrarme sus pechos, diciéndome: ¿te gustan también mis pechos? ¿He visto como los mirabas?
-Señora…. que quiere que le digan. Son preciosos. Me han parecido que son voluminosos, pero firmes.
Ella me sonrió, y luego hizo algo que me dejó perplejo: se bajó el camisón por los hombros y sin cortarse un pelo, me mostró al desnudo sus pechos. Me quedé con la boca abierta, alucinado sin dar crédito. Eran grandes como preveía, con grandes pezones empitonados, que se exhibían completamente desnudos ante mi vista.
Marisa me sonrió maliciosamente al ver mi cara de sorpresa, pero no me dijo nada. Simplemente me dio la espalda, colocándose cerca de la cama de matrimonio. Volvió a girarse para retirarse la bata. Luego con suma morbosidad en el rostro, procedió a bajarte totalmente el camisón, quedando únicamente con la tanga. Contuve mi respiración, anonadado ante el tormento de mujer que tenía delante. Realmente la madre de mi amigo, era toda una gran señora. ¡Pero qué buena estaba!
Ya no me contuve, aquella era una provocación en toda regla. Era la madre de mi amigo, pero no por ella iba a desperdiciar aquella oportunidad. Me incorporé y avance hasta donde se hallaba. Al llegar ella, se volvió a girar dándome la espalda. Entonces la abracé desde atrás con mis grandes manos, atrayéndola contra mi pecho. Subí mis manos hasta alcanzar sus voluminosos pechos desnudos, acariciándolos suavemente, comprobando la textura y la dureza de aquellos. Me sorprendió, ya que pese haber sido madre, estos se mantenían tersos y firmes. Con la yema de mis dedos acaricie los pezones, duros, y empitonados. Marisa gimió ante mis caricias, al tiempo que pegó su firme trasero contra mi entrepierna, donde ya podía sentir mi verga a punto de explotar.
De hecho, movió su trasero, frotando una y otra vez mi verga. Tomé mi mano y la deslicé dentro de su pequeña tanga. Mientras comenzaba a rozar su pubis, percibí la abundante vellosidad que igualmente parecía rodear sus labios vaginales. Se los abrí con mis dedos y empecé a masturbarla suavemente, pasando la yema de mis dedos por toda la ranura. Note la gran humedad de su panocha.
La madre de mi amigo comenzó a gemir y jadear cada vez más y más. Casi sin esperar a razones, ella se giró, me miró de frente, para luego descender. Me soltó la correa del cinturón del pantalón, apresurándose a bajármelos. Se quedo observando mi slip, donde ya emergía el tremendo bulto de mi falo. Me miró a los ojos, con cara de gata en celo, diciéndome: joder nene ¿cómo estás? Uhm ¿la debes de tener bien grande verdad? exclamó mientras tomó el bulto sobre el slip comprobando la dureza.
Sin esperar más, tiró con fuerza de mi slip descendiéndolo hasta mis rodillas, y observó mis genitales. Oh… Dios… ¡chico la tienes bien grande! A ver…-y tomándola en su mano la manoseo a lo largo y ancho comprobado las fracciones de la misma, subiendo y bajando por todo el tallo, exclamando: uf “es casi el doble de la de Cecilio”. Note la lujuria en su rostro.
Ávidamente, tiró del pellejo, descapullándome el pene, emergiendo el glande rojo por la acumulación de sangre. Me dio unas pasadas más con su mano, y al instante, sentó su boca en mi verga. Me quedé perplejo: la madre de mi amigo me estaba mamando el falo. Lo hacía bien, como una autentica experta. No podía con toda ella en su boca, pero fue suficiente para dejarme el pene como un toro embravecido. Pronto me percaté que, si no paraba, me iba a correr. No quería correrme en su boca, por lo que se la retiré.
Ella me miró con cara de interrogante. Le hice que se incorporara, y le baje la tanga, retirándosela suavemente. Al observar aquella vagina me quede nuevamente impactado: tenía un monte de venus bastante poblado, negro, que incluso parecía bordear los abultados labios de su vagina.
-Uhm Marisa. Que precioso coño tiene.
Contemplar aquella hermosa vagina, aceleraron las ganas de cogerme a la madre de mi amigo. Ya no me iba a detener. Pero fue ella la que se adelantó y me empujó al borde de la cama, donde caí sentado. Marisa, me observó con mi falo emergiendo entre mis piernas, y pasando una pierna a cada lado de mi cuerpo, fue descendiendo mientras me miraba fijo a los ojos. Acercó su raja al contacto con mi glande, que volvió a tomar en su mano, dándole unas sacudidas, descapullándolo totalmente. Descendió un poco más, bajando poco a poco, viendo cómo se abría su concha para alojar mi vástago.
-Uy que grande. Uhm nene me vas abrir toda. Exclamó con agitación. Luego mirándome a la cara añadió: soy bastante estrecha. Tienes un pene extremadamente grande. Aunque eso no impidió que entrará más de la mitad de mi falo.
Pero sorprendentemente, en ese momento paro, se salió y me dijo: espera, no podemos hacerlo a pelo. No estoy protegida, y aún soy fértil. Se acercó a la mesa de noche y tomó un condón de una caja que poseía. Rompió el envoltorio e intentó colocármelo. Pero… ¡no entraba! Bueno entró un poco, apenas el glande, pero me presionaba bastante. Ella me miró sorprendida, como desencajada, exclamando:..pero… no me lo creo… no te entra. Son muy pequeños. Tienes una polla descomunal. ¿Y ahora qué hacemos?
-Calzo un XXL. Pero, “puedo correrme fuera si lo deseas”. Le conteste.
Ella me miró, observando mi falo que continuaba emergiendo totalmente descapullado, y me dijo: eso es muy peligroso. ¡Se te puede escapar, y me desgracias!
Entonces le pregunte: ¿acaso estás en tus días fértiles?
-Creo que no. Pero aun así es peligroso.
Me había quedado casi petrificado al comprobar que aquella señora parecía no estar dispuesta a dejarse follar sin protección. No obstante, esa decepción desapareció, cuando observé que nuevamente se volvió a subir sobre mis muslos, y acercando su coño, se fue dejando caer. Al sentir las fricciones de sus paredes vaginales contra mi pene, exclamó: oh cabronazo como me abres… pero, de una sentada se dejó caer, viendo como quedó empalada, dando un gran gemido.
Tras unos momentos, esperando que su concha se adaptarse, ella comenzó a realizar movimientos giratorios con toda la polla dentro, para luego comenzar a subir y bajar. Mi verga bien gruesa, ayudado de la gran lubricación de su vagina, pronto pudo entrar y salir como mayor facilidad, hasta el punto de que la mujer tomo carrerilla y comenzó a moverse de una forma increíble, a ritmos acelerados mientras gemía, jadeaba y suspiraba.
Me cabalgaba subiendo y bajando, acompañado de nuevos movimientos giratorios de sus caderas, estrujando mi falo, haciéndome sentir maravillosamente. Pronto nuestros movimientos fueron acompasados, sintiendo como mi pene le entraba completamente hasta la misma base, mojando todos mis testículos con la gran cantidad de sus fluidos que descendían constantemente.
Mientras me cabalgaba me miraba morbosamente, diciéndome. Uf chico…que buena pieza tienes. Me llenas todo el coño. Así dame caña…uf creo que me voy a correr. Tras varios movimientos más, sentí como aquella señora estallaba en un tremendo orgasmo con mi verga metida hasta el fondo de su ahora dilatada y chorreante vagina. Aguante mientras se retorcía, convulsionando su cuerpo, agitándose con movimientos bruscos que parecía que me iba a terminar partiendo el pene.
Por fin acabó, relajándose, apoyando su cuerpo sobre mi pecho. Me miro a la cara, sonriéndose, notando el placer en su rostro: ¡uf.. que polvo me acabas de echar! Nene tienes un buen aguante. Aún la siento bien dura dentro de mí. “Si no fuera que es peligroso te dejaría correrte dentro”. Y bajando una mano alcanzó mis testículos, diciendo: lo tienes bien grandes. ¿Seguro que guardas mucha lechita ahí dentro?
La mire a la cara, y casi desafiante le dije: Nunca nadie te regaría el coño como yo. Señora, tiene un coño tan placentero, que me dan ganas de llenárselo como mi semen.
Note como Marisa se estremeció contestándome: ¡estás loco! Ni lo intentes. Sin embargo, pese a todo note que volvió a moverse con mi sable dentro, renovando los movimientos de cabalgar mi falo como la vez anterior. Pronto nuestros movimientos volvieron a estar coordinados, viendo como aquella me hizo recostar sobre la cama, para poder echarse mejor sobre mi cuerpo. Luego apoyando sus pies en la cama, colocándose casi de cuclillas, comenzó a subir y bajar de forma casi acelerada. En esos momentos era ella la que me follaba. Movía sus caderas con gran ahincó, haciendo entrar y salir mi pene de su panocha a gran velocidad. Era como si aquella señora quisiera hacerme venir. Me di cuenta que de continuar mucho tiempo más, aquella señora me iba a sacar la leche.
-Uhm cabronazo. Te está gustando ¿verdad? Te gusta cómo te folla la madre de tu amigo. Exclamó sin parar de saltar sobre mi verga.
-Delicioso, siga así…. me está poniendo como un toro. ¿Nota mi polla?
-si cabronazo. La tienes durísima. Y mirándome a los ojos, me dijo: ¿te gustaría que la madre de tu amigo te sacara toda la leche. Veo que te estas poniendo a punto ¿verdad? Al propio tiempo sus movimientos eran cada vez más intensos, volviendo a preguntarme. ¿Así que te gustaría llenarme el coño con tu semilla? ¿acaso quieres preñar a la madre de tu amigo?
La miré a la cara, lujuriosamente, notando como mi pene se envarada más dentro de su coño ante aquella conversación tan excitante. Mi pene se infló considerablemente, diciéndole: ¡mis espermatozoides son bastante vigorosos, y con la cantidad que tengo, seguro que la dejaría bien Preñadita.
Mis palabras fueron suficiente, para que la mujer, acelerará el ritmo, hasta quedarse sentada, dejando completamente enterrado mi pene dentro de su vagina, notando como sus paredes estrujaron mi falo hasta parecer triturarlo, viendo que estaba alcanzando un nuevo orgasmo. Yo estaba a punto de venirme. Pero, tampoco quería hacerlo sin su consentimiento. Ya me lo había advertido, por ello aguanté lo que pude, intentando pensar en otra cosa, para evitar lanzar mi semen dentro de su cueva.
Mientras se corría, ella observó las fracciones de mi rostro, y como me contenía. Cuando acabó. Aún con todo el sable dentro, acercó su boca y me beso, diciéndome: Me tienes sorprendida. No pensé que tuvieras tanto aguante. Has hecho esfuerzos para no correrte dentro, permitiendo que volverá a correrme de nuevo. Gracias.
Luego me descabalgó, y viendo como emergía mi pene aún con una empalmadura notable, me dijo: Si prometes no correrte dentro, te dejará que me vuelvas a coger. Y colocándose en cuatro sobre la cama, me ofreció su trasero, diciéndome: anda “monta de nuevo a la madre de tu amigo”.
En esa posición, mi falo entró completamente dentro de su lubricada vagina. Arremetí con fuerza, bombeando sin parar, tomándola por las caderas, y viendo cómo se estremecía todo el cuerpo de la señora ante mis embestidas. Le di con tal fuerza, que pronto noté que no podía más. Hubiera sido un placer venirme dentro aquel jugoso coño, pero cuando llegó el momento, me salí de ella, lanzado todo mi semen sobre su trasero, así como sobre su pecho, dado que ella se giró con el fin de verme correr.
Cuando terminé, me miró complacida diciéndome: Jo… “que forma tan bárbara de correrse”. Si lo llegas hacer dentro me hubieras llenado…
Nos recostamos un rato en la cama, descansando tras aquel enloquecedor encuentro sexual, y luego se levantó para asearse. Una vez vestidos de nuevo, me dijo que acabara el trabajo. Cuando terminé, me iba a pagar y me negué. Luego le dije: si necesita alguna reparación más me avisa. Me tiene a su completa disposición.
Ella se sonrió, diciéndome: seguro que te necesitaré dentro de poco. Al tiempo que palpó mi entrepierna.
Ya fuera de la casa, reflexioné sobre la ocurrido. Me dije que ninguna joven con la que había estado había igualado a la madre de mi amigo. Era el mejor encuentro sexual que había tenido. Intuía que volvería a tener ocasión de yacer con la misma otra vez. Tal fue así que durante los días siguientes comencé añorar con que ese nuevo encuentro se produjera pronto.
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