El pintor de desnudos (III)
La luz del atardecer ilumina el estudio, pero la verdadera obra maestra no está en el lienzo. Marisa sabe que el silencio del dibujo es solo una excusa; esta noche, ella tomará el pincel y pintará sus propios deseos sobre la piel de Julián.
NOTA DEL AUTOR: Este relato es continuación del "El pintor de desnudos II", dividido en dos partes por cuestión de tamaño, no por que sean relatos independientes, por lo que creo aconsejable leer los dos de forma inseparable.
Tengo dudas acerca de si debo continuar con esta serie de "El pintor de desnudos" o no. Aunque tengo ideas para hacerlo, no sé si será conveniente exprimir más esta historia y dedicar el material a otra serie diferente. Dejo en vuestras manos la decisión que podeis comunicarme con algún comentario.
Muchas gracias a todos por vuestra atención
Thom Ripley
ARTE
La luz en la habitación va cambiando poco a poco a medida que el sol baja sobre el horizonte. Llevo unos veinte minutos dibujando, allí sentado a un metro delante de ella, deteniéndome de vez en cuando para corregir la posición de Marisa, que procura estarse lo mas quieta posible, así que venga paramos un rato que debes estar cansada ya y no tenemos prisa, “no, no, estoy bien, no te preocupes, pero quería pedirte algo”, tu dirás, “es que,…, bueno, no me importa estar desnuda aquí delante de ti mientras me miras, pero me sentiría mucho mas cómoda si tú estuvieses también sin ropa, en igualdad de condiciones como si dijésemos, je, je”, me pide con una mirada mas pícara que otra cosa. Y yo me imagino una clase en San Fernando con veinte alumnos y el profesor, desnudos porque la modelo se siente incómoda y no puedo evitar reírme, pero lo comprendo y que todo sea por el Arte, así que me quito la camiseta y los pantalones en dos segundos, dejándome puesto el slip porque mi amigo hace rato que está un tanto guerrero y me da corte que Marisa vea como salta cada vez que la miro brevemente para corregir algún detalle. Ella sonríe al notar el bulto y vuelve a su pose sin hacer mas gestos, pero insisto en que descanse un poco y voy a la cocina para abrir una botella de vino blanco puesta a enfriar en la nevera y volver con dos copas llenas y unas almendras en una bandeja.
“¡Hombre!, muchas gracias, es todo un detalle, creo que ya me hacía falta”, mientra coge la copa que le ofrezco y da un sorbo largo, observándome por encima del borde con la mirada fija en la tienda de campaña que se va formando bajo mi slip, cuando veo que se acomoda en el sofá con las piernas un tanto abiertas, dejando entrever su vulva perfectamente depilada y los brazos en cruz sobre el respaldo, para mostrarme sus pechos coronados por unos pezones oscuros que apuntan al techo decididos y rotundos.
“Pues si que cansa esto de posar, nunca hubiera pensado que fuese tan difícil estarse quieta ¿falta mucho?”, no, no, que acabo enseguida, no te preocupes, esto es solo un boceto para hacerme una idea de la luz y la composición que quiero para luego pasarlo a un lienzo y empezar con los colores, me pongo a explicar, “ven aquí”, me ordena con un gesto para que me levante y me acerque a ella. Me pongo en pie y en un rápido movimiento me baja el slip de un tirón, haciendo que mi polla salte como un muelle sin freno, “así está mejor”, satisfecha, “pero se puede mejorar”, afirma mientras empieza a masturbarme con una mano y, con la otra, acaricia mis huevos suavemente para luego estrujarlos entre sus dedos con fuerza. Consigue que se ponga tiesa en menos de un minuto y entonces retoma la copa de vino y, tras otro trago que casi la vacía, vuelve a recostarse en el sofá igual que antes, mirándome fijamente, con aire inocente mientras mastica una almendra salada y se pasa la lengua por los labios. Me siento otra vez en la silla frente a ella y busco el block para seguir dibujando. La erección va bajando y le pido que se coloque de nuevo en la pose, ella obedece, pero a los treinta segundos me pide que me acerque otra vez y vuelve a masturbarme, ahora tirándome de la piel de la polla hacia atrás hasta dejar mi capullo totalmente al descubierto. Cuando consigue que vuelva a estar como un mástil de bandera se coloca en posición y me hace un gesto con la cabeza para que siga dibujando.
Me cuesta mucho concentrarme, estoy completamente empalmado así que doy por terminada la sesión de dibujo. Aparto el block a un lado y me levanto de la silla quedando frente a ella, indeciso acerca de lo que tengo que hacer ahora, conteniéndome para no abalanzarme sobre su cuerpo como un salvaje, pero ella se inclina hacia mi y me pasa las manos alrededor de la cintura atrayendo mis caderas hacia ella mientras se vuelve a recostar en el sofá, inclinando la cabeza hacia atrás, hasta dejar mi polla apuntando directamente a su boca entreabierta. Sigue tirando de mis caderas hasta empezar a metérsela entre los labios y comienza a chuparme el glande y a lamerlo mientras yo busco apoyarme en el respaldo del sofá para no caerme encima de ella. “¡Vamos!, no seas tímido, fóllate esta boca hasta el fondo de una vez, no tengas miedo”, me ofrece mientras baja una mano a su coño y empieza a masturbarse furiosamente. Me alzo sobre su cara y empiezo a meter mi polla en su boca suave y lentamente, disfrutando el contacto con su lengua que se mueve alrededor de ella como una serpiente que quisiese atrapar a su presa y busca su punto débil para asestarle el golpe definitivo. Aparta la cabeza un momento para tomar aire, “mas adentro,…, mas, quiero sentir esa polla llenándome la boca y llegar a mi garganta, no te cortes”, me pide respirando entrecortadamente, así que vuelvo a la carga y esta vez se la meto despacio, casi entera al primer golpe, sintiendo como su lengua la presiona al entrar en toda su longitud y como llega al principio de su garganta, que se encoge en un espasmo al intentar retener la arcada. Sigo metiéndola y sacándola, con suavidad, cada vez mas adentro, es evidente que tiene experiencia en esto pues cada vez su boca recibe mas relajada mi polla hasta lograr que entre entera, casi tragándose mis huevos. La dejo dentro mientras me corro y noto su garganta contrayéndose en torno al glande mientras traga tres o cuatro chorros de semen sin pestañear, Luego se retira un poco y sigue chupándomela, sujetándome contra su cara con un brazo mientras sigue frotándose con los dedos hasta correrse, arqueando su cuerpo sobre el sofá, con mi polla en su boca, entre gruñidos y sonidos ahogados.
Me desplomo a su lado y la miro asombrado de su pericia. Está relajada, con los ojos cerrados, respirando en un ligero silbido que sale de su boca entreabierta de cuyos labios resbalan por la comisura unos hilillos de saliva mezclada con semen. Al cabo de unos minutos abre los ojos y me mira sonriente mientras se pasa la lengua por los labios, limpiándose con el dorso de la mano y soltando un suspiro satisfecho.
“¿Que tal ha ido?”, pregunta con retintín, pues sabe de sobra mi respuesta. Casi no puedo hablar, pero consigo articular que nunca me habían hecho algo así, Fabián si te cuento esto te babas de verdad encima de los garbanzos, que te doy un diez, que la chupas como una reina, que estás buenísima y que te quiero toda la noche aquí aunque tenga que atarte a la cama y que mira que mañana es domingo y que mejor que seguir con el cuadro y hacer un numerito de estos de vez en cuando. Veo su cara resplandecer de satisfacción con los elogios, pero se pone en plan interesante de nuevo, “ya veremos, tendrás que convencerme y de momento ¿que tal si tomamos otro vino?, tengo la garganta seca y quiero lavarme la boca”, le hago un gesto para que vaya al baño a enjuagarse y, entretanto, me deslizo hasta la cocina para preparar la bebida y le pregunto a voces si quiere comer algo. Escucho su respuesta ahogada por el agua de la ducha, así que saco una pizza que meto en el microondas y me pongo a freír unas croquetas congeladas mientras intento recuperarme del tembleque de piernas que me ha dejado de recuerdo el orgasmo. Mientras se hace la pizza vuelvo al estudio y preparo la mesa de trabajo con mantel, servilletas de papel, platos y cubiertos, que lo cortés no quita lo valiente. Luego me visto la camiseta y los pantalones y vuelvo a la cocina para acabar de freír las croquetas, sacar la pizza del microondas y prepararme un whisky con hielo. Llevo todo al estudio y me siento a esperar a Marisa mientras me bebo el whisky y contemplo a través de la ventana como el sol se oculta hasta mañana por detrás de las montañas tiñendo el cielo de rosa.
Marisa aparece envuelta en el albornoz, fresca como una rosa, pero no se ha mojado el pelo que aparece bien peinado. “¿A que no me prestas una camiseta?”, y yo solícito corro a mi habitación para traerle la mas grande que tengo, que se pone y le llega casi hasta las rodillas y así se sienta a la mesa, tomando un trago de vino, “¿Qué?, ¿comemos,?, tengo hambre”, y sirvo la pizza cortada en triángulos perfectos que devora uno tras otro con delicadeza pero con verdadero apetito, “a mi el sexo siempre me da hambre, y ¿a ti?”, comenta mientras mastica, pues no siempre y prefiero verla comer mientras voy tomando sorbitos de whisky y cavilo sobre como satisfacer en la cama a esta mujer que parece insaciable en todo lo que hace. Se come la pizza casi entera mientras yo mordisqueo un trocito mirándola arrobado, luego termina con media docena de croquetas y se bebe dos copas de vino como si fuesen agua del grifo. Tengo miedo de que quiera postre, porque no tengo nada para ofrecerle, pero me acuerdo de los bombones y saco la caja en plan sorpresa, “¡que bien!, con lo que me gustan,…, ¿no tendrás algo mas fuerte que esto para acompañar?”, pregunta agitando la botella de vino vacía. Abro la botella de vodka y nos tomamos un par de chupitos mientras degustamos los bombones que, la verdad, no hacen honor para nada a su precio. Yo estoy algo achispado ya y Marisa parece haber entrado en un estado de euforia que le hace hablar por los codos de mil anécdotas de su vida, de los novios que tuvo, de su familia, de cuando quiso ser bailarina de ballet pero su padre no le dejó y le obligó a estudiar económicas porque era ejecutivo de un banco en el que luego la enchufó para un cargo de interventora, de su boda con un compañero de trabajo que era un desastre en todos los sentidos menos en el de ponerle los cuernos con insistencia, de su divorcio y de lo sola que se sentía a veces. a pesar de estar rodeada de amigas, igual de pijas que ella, igual de ricas e igual de dispuestas a tirarse al primero que se pone a tiro siempre que fuese guapo, medio decente y, sobre todo, discreto, hombre gracias por lo que toca, que “no me malinterpretes que tu eres diferente”, ya, claro, ya entiendo, seguro que sí, “lo siento, te he ofendido, perdona, no quise decir eso. Tú me gustas de verdad Julián, si no nunca habría venido hasta aquí con esa excusa tan tonta del cuadro, que ahora veo que es real y eso hace que aún sienta mas interés, en serio te lo digo. Y, por cierto, tienes una polla muy rica”, vale, vale, te acepto la disculpa, no tiene importancia, en serio.
Quedamos en silencio, sin mirarnos, un tanto cohibidos ante aquella primera discusión. La situación es molesta hasta que me decido a tirar pelillos a la mar y le doy un beso en la boca, el primero que nos damos, al que me corresponde con entusiasmo, abrazándose a mi y estrechándome contra su pecho mientras nuestras lenguas se anudan en una lucha ansiosa. Abrazados, con nuestros labios unidos en el beso infinito, vamos dando tumbos hasta el sofá, donde caemos uno encima del otro mientras nos arrancamos la ropa mutuamente y acariciamos nuestros cuerpos, abrazándonos y girando, intentando aprovechar todo el espacio que nos permite el asiento. Se mueve con una agilidad sorprendente; en un giro rápido y decidido, me empuja hacia atrás, contra los almohadones, y se monta sobre mi a horcajadas. Su peso, su calor, su presencia dominante, me inmovilizan de una forma deliciosa y soy incapaz de oponer resistencia alguna, solo un gruñido de aprobación cuando frota su sexo caliente y empapado contra mi polla rígida y palpitante. La fricción hace que una corriente eléctrica me sacuda de pies a cabeza y un gemido gutural escapa de mis labios al sentir su piel rozando la mía. Luego coje mis manos y las guía con firmeza hasta sus pechos.
“Apriétalos. No seas soso”, me ordena, moviendo las caderas en un círculo lento y sensual, embadurnando mi vientre y mi polla con su propia humedad. “Quiero sentir tus manos sobre mí,…, más fuerte.”. Obedezco con gusto, hundiendo mis dedos en la carne firme de sus senos, amasándolos con mis manos y pellizco sus pezones, duros y erectos. Ella arquea la espalda, dejando escapar un jadeo. “Así… así me gusta”, subiendo el ritmo de su balanceo sin despegar su mirada de mis ojos. “¿Ves lo que me haces? Estoy goteando sobre ti. Tu polla está dura como una roca…, ¡me gusta tanto!… y quiero más…”, detiene su movimiento y se inclina hacia adelante, apoyando las manos a ambos lados de mi cabeza, llevando sus labios a centímetros de los míos. Su respiración caliente y ligeramente alcohólica me golpea el rostro y yo aspiro ese aire con fuerza queriendo empaparme de su aliento, de sus palabras sucias que cada vez me excitan mas. “Quiero correrme montada en esta polla. Pero tú… tú aguanta. No te corras, ¿entiendes?”, lo que tú digas cariño, aquí Julián para lo que haga falta. Se incorpora y con una mano guía la punta de mi polla a la entrada de su sexo haciendo que la cabeza apenas penetre, jugando con el límite, frotándosela contra el clítoris. “Humm… así…”, gime con los ojos cerrados concentrándose en la sensación. “Ahora quiero sentirla dentro, hasta el fondo”. Lentamente se hunde sobre mi y los dos gritamos cuando mi polla entra por completo en su coño. Se queda quieta un momento, gozando esa sensación de plenitud y haciendo que sienta cada contracción de sus paredes.”Ahora…”, jadea, y comienza a moverse en un balanceo profundo y lento, subiendo y bajando con una cadencia hipnótica que busca cada punto sensible dentro de ella. Sus palabras se convierten en un torrente obsceno, atropellado y casi ininteligible “… ahí… ahí,...me llenas tanto… tu polla es perfecta… fóllame, fóllame,..., cómo me gusta…, sí,.., si...”, me limito a seguir su ritmo con mis manos aferradas a sus caderas, guiándola levemente pero cediéndole todo el control. La vista de su cuerpo moviéndose, de sus senos balanceándose, es una imagen más erótica que cualquier Venus del espejo que haya visto en mi vida.
Marisa acelera el ritmo y su respiración se vuelve entrecortada, mientras sus palabras se quiebran en una sucesión de quedos gruñidos y suspiros, “Si…, si…, no pares… no pares,…, aguanta, aguanta,…”, y el orgasmo potente y profundo, le hace perder el control totalmente mientras grita mi nombre entre convulsiones, contrayéndose violentamente alrededor de mi polla. Se deja caer sobre mi pecho, jadeando, completamente agotada y satisfecha.
Alza la cabeza con una sonrisa triunfal brillando en sus ojos y me besa suavemente en los labios, “Ahora,... ahora es tu turno. Toda tuya, cariño. Dámelo todo”, y yo que le fuerzo a rodar sobre si misma y me coloco encima empezando a follarla con un ritmo fuerte y desesperado mientras ella baja su mano hasta su clítoris hinchado, frotándolo en busca de un segundo orgasmo que no llega porque, cuando siento que estoy a punto de correrme, me pongo de rodillas sobre su pecho, con mi miembro, grueso y duro como una piedra, brillando frente a su cara y llevo su mano hacia él, agárralo fuerte, abre la boca y ella sin dejar de frotarse abre los labios y saca la lengua en una invitación obscena con sus ojos de un gris vidrioso fijos en la punta de mi polla, a centímetros de su rostro, y me masturba con golpes cortos y rápidos hasta que el primer chorro cae directamente en el centro de su lengua. Luego se la mete en la boca y sigue sorbiendo el resto hasta que un hilillo de semen le desborda los labios y un segundo orgasmo, más corto pero igualmente convulso, le sacude y su cuerpo se retuerce sobre el sofá y un grito ronco escapa de mi garganta. Me dejo caer a su lado, jadeando, el silencio solo roto por dos respiraciones agitadas. “Has dado justo en el blanco, je, je”, relamiéndose, “No hay mejor postre que una buena polla”, susurra mimosa mientras se acurruca a mi lado. Huele a sexo, a sudor y a sal. A calma después de una tormenta. Intento rodearla con un brazo pero ella se levanta de un brinco y se acerca a la mesa para servirse otro chupito de vodka que bebe de un trago, enjuagándose con él la boca, mirándome fijamente, de pie en el centro del estudio. “¿Sabes Julián?, esto… “, con un gesto vago que abarcaba toda la habitación, “no ha sido más que el principio de algo estupendo,…, lo sé”.
La promesa en sus palabras hace que un nuevo escalofrío recorra mi cuerpo desnudo. Y no era de frio. Sé que es verdad y que la noche solo ha empezado y que el deseo, ahora satisfecho pero lejos de apagarse, solo dormita esperando el siguiente episodio. Me dejo llevar por un sopor placentero y cierro los ojos mientras la veo comerse otro bombón, seguro de que, cuando despierte, el juego volverá a comenzar para convertirse en homenaje al verdadero Arte, en un lienzo invisible, destinado a ocupar el lugar preferente en el museo de mis recuerdos imborrables.
CONTINUARÁ (o no)
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