La enfermera ramera
El hospital huele a antiséptico, pero bajo el agua caliente el olor cambia a algo mucho más primitivo. Ella viene a limpiarla, pero termina tocándola. Y esta vez, la enfermera no va a salir de esa habitación sin dejar su marca.
Llevaba varios días ingresada tras mi operación de apendicitis. Catalina, la enfermera del turno de mañana, aparecía todos los días a las diez y poco para lavarme y asearme. A causa de una leve complicación en el quirófano, era la primera vez que la veía sin estar sedada.
Ella procedió con normalidad. Primero me desnudó y luego me ayudó a llegar a la ducha y a sentarme en un taburete. Sus manos recorrían todo mi cuerpo. Era el primer contacto que tenía en días sin estar hasta arriba de calmantes y, poco a poco, me iba excitando.
Una de sus manos pasó por mi entrepierna lo mínimo para enjabonarla. No sé por qué, nunca me había fijado en una chica, pero mi mano atrapó la suya para evitar que la retirara de mi coño. Mi mano hacía que la suya me masturbara. Ella no sólo no se resistió, sino que colaboró y en pocos segundos pude soltar su mano. Ella seguía frotándome mientras yo me manoseaba las tetas.
- Creo que ya es hora de aclararte. - Dijo ella sin mucha convicción.
- Será mejor que te desnudes para no mojarte la ropa. - Le respondí yo descaradamente, pero sin atreverme a mirarla a la cara.
Ella se quedó en silencio e inmóvil. La miré por curiosidad, para saber qué pasaba. Estaba mirándome, esperando a que yo la mirara.
- ¿De verdad? - Me preguntó con la voz entrecortada.
Yo asentí con la cabeza y se lo supliqué con la mirada. Ella se desnudó. Se puso frente a mí, sentándose en mi pierna, sin apoyarse, sólo lo suficiente para que su coño rozara con mi muslo. Se movía para que se frotaran su coño y mi pierna a la vez que su mano me masturbaba.
Abrió el grifo de la ducha y el agua caía sobre nosotras. Dejaba de masturbarme de vez en cuando para asegurarse de que el jabón se iba de mi cuerpo. Luego volvía y me pillaba desprevenida. Se metió una de mis tetas en su boca para silenciar el gemido que soltó al correrse y después, sin dejar de masturbarme, me besó hasta que me corrí.
Me puso un camisón limpio y me llevó a la cama.
- Luego vuelvo a lavarte otra vez, que no ha quedado del todo bien. - Me dijo, guiñándome un ojo, antes de salir de mi habitación para seguir con su ronda.
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