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Playa nudista: Encuentro con mi jefe y su esposa

Saúl siempre fue inalcanzable, pero esa tarde en la playa nudista, su esposa Penélope rompió todas las reglas. Lo que comenzó como una comida cordial se transformó en una lección de sumisión donde Pelayo descubrió que su jefe no mandaba, solo observaba.

Valenciano84K vistas9.5· 61 votos

No era ni es un jefe cualquiera, había coincidido con él varias veces, las primeras veces con alguna charla que nos daba a todos desde su púlpito. Era alguien inalcanzable en el trato, Saúl además era impenetrable, distante y parecía un general arengando a sus tropas cuando nos hablaba. Tenía 51 años, de traje hecho a medida, muy bronceado hasta en invierno y de físico cuidado. 1.75, pelo con bastantes canas, que le daban un toque interesante según las mujeres. Según escalé en la empresa le fui conociendo algo más, pero ni un café nos tomamos. En las siguientes reuniones ya no eran multitudinarias e incluso se me preguntó por mi opinión, que en varios momentos fueron muy acertadas.

Eso llevó a que se me invitara a una comida y en la que por primera vez vi a su esposa Penélope. 1.73, melena por debajo de los hombros, color castaño caramelo con reflejos. Ojos del mismo tono. Labios gruesos sin ser exagerados y de amplia sonrisa. Su modelo de ropa discreto, marcando buena figura, pero sin enseñar nada, pero si siendo sugerente. Me la presentaron de pasada, me sonrió, me dio la mano y su mirada era una mirada especial. La segunda vez que coincidí con ella, fue en una comida en su casoplón, pero mi presencia en esa comida tenía un motivo más importante que comer, era asistir a una pequeña reunión discreta. Luego vendría la comida.

Un miércoles, jueves y viernes cualquiera del mes de agosto, tuve que trabajar sin descanso de la mañana a la noche por un problema difícil de resolver. El sábado por la mañana quedó resuelto satisfactoriamente y para despejarme y sabiendo que ya mismo me marchaba de crucero con mi madre, quise relajarme, me fui a un lugar especial, una cala muy apartada, es una zona nudista. A la cual voy de tarde en tarde, cuando puedo. Estaba desnudo, me había colocado junto a dos parejas y les dije si me echaban un vistazo a mis cosas, que me iba a dar un chapuzón y andar un poco, me dijeron que sí, estuve bañándome un poco y luego me puse a andar por la orilla. Entre las personas que veo de pie, jugando a las palas, hablando, etc. Veo una pareja madura que viene andando en mi dirección. El lleva calada una gorra de beisbol, con visera muy grande de color granate y letras doradas. Ella llevaba un sombrero de paja con alas anchas. Ella tiene un cuerpo estupendo, tetas grandes ligeramente caídas, pero no mucho y con cierto movimiento sugestivo al caminar. Buen físico y llevaba una fina tira de pelo en su pubis en sentido vertical. El un cuerpo bien musculado y lo más llamativo su rabo, se ve claramente que sus cojones son minúsculos y su rabo de los más pequeños que he visto, eso sí, en total reposo.

Iban caminando sin más, no se hablaban, hasta que veo que empiezan a hablarse, quien parecía agitado era el hombre, aunque dudaba porque no estaba seguro. Lo entendí cuando nos cruzamos, bueno unos pocos metros antes me pareció que era Saúl, ella tenía dudas. Hasta que al cruzarnos Saúl me dice tan seguro como siempre —buenos días, señor... que casualidad encontramos por aquí— le contesto —sí, suelo venir siempre que puedo, que me queda un poco alejada— me hacen caminar junto a ellos y vamos caminando a donde están mis cosas. Ya me estaba despidiendo de ellos y pensando que a Saúlno le había hecho nada de gracia el encuentro, cuando Penélope habla —Saúl invítale que venga a comer con nosotros, qué nosotros estamos solos y él igual— como la expresión de Saúl no era de aplaudir, quise excusarme y Penélope se quita las gafas de sol, mira penetrantemente a su marido y este me dice, aunque era más una orden —a Penélope no se le puede llevar la contraria y si dice que comamos juntos, comeremos juntos— y acto seguido me explica como ir hasta su casa. Me ofrecí a llevarlos y me dijeron que seguro que llegaban ellos antes que yo. Efectivamente di más vueltas que un tonto hasta que di con la urbanización de chalets.

La casa desde fuera se veía bien, aunque era mucho mejor que la habitual. Me salió a abrir Saúl, que seguía tratándome de usted y dirigiéndose a mí por mi apellido. Hasta que hizo su acto de aparición Penélope, que se había soltado el pelo y su melena estaba completamente mojada, peinada hacia atrás y se la veía bellísima. Llevaba puesto un vestido vaporoso largo, hasta los tobillos y unas sandalias coloridas con forma de cuña. —Venga Saúl, POR FAVOR, que nos acabamos de ver desnudos, vamos a tutearnos, que además no estáis en el trabajo y estamos solos— ella decía las cosas suavemente y su marido aceptaba lo que ella decía. En esos momentos en mi cabeza estaba el pensamiento de que mi trabajo peligraba. Mientras ella trataba de encargar comida para que la trajeran, Saúl y yo hablábamos de trabajo. Comprobaba que era desconfiado y no se fiaba mucho de algunos de los que le rodeaban y en concreto de uno que llego a comentar que tenía los dedos “pegajosos” y que se pensaba que él era tonto. En ese tipo de conversación no podía opinar porque me faltaban muchos datos. Me limitaba a escuchar y no decir nada.

Luego Penélope se vino a sentar con nosotros mientras traían la comida, que según ella tardaría como mínimo una hora. La conversación dio un giro total y fue prácticamente un interrogatorio de la esposa, tratando saber todo de mi vida y en cuanto le dije que no tenía pareja su expresión cambió. Saul me empieza a hablar y ella se queda callada, pero no dejaba de mirarme, su mirada era de provocación, de estar cachonda y de buscar marcha. En principio trataba de evitar su mirada, pero cada vez me era más difícil. La muy zorra jugaba con su lengua y sin abrir la boca, se la pasaba por su carrillo, que se abultaba y parecía que estaba haciendo una mamada. En un momento que su marido buscaba algo en su portátil para enseñármelo, mira detenidamente a Penélope, haciendo que me reía por un chiste de su marido, que no tenía nada de gracia, pero me valió para sacar mi lengua, que es grandecita y hacer un pequeño juego. Ella se echó para atrás en su asiento y se mordió el labio inferior moviendo su cabeza de un lado a otro. Si quería jugar a provocar, pues provocaremos, porque la verdad que ya pensaba que de una manera o de otra estaba en la puta calle. Siguieron los momentos excitantes y me pude dar cuenta de que estaban los dos sumergidos en el juego. Lo que habían pedido era comida vegana. La verdad que no comí mucho y después nos sentamos fuera, junto a la piscina y se inició un juego por parte de ellos al que me presté a jugar. Lo único que se llevarían una sorpresa, porque mi sensación, es que solo querían jugar conmigo provocándome y a estas alturas ya me daba igual todo.

S— Ya que estamos con cordialidad, Pelayo ¿ahora los jóvenes por que os cuesta tanto estar en pareja?

Y— No puedo hablar por los demás, aunque sé que a muchos les pasa lo mismo, porque quedarte con una sola mujer habiendo tantos peces en el mar.

P— ¿Así que ves a las mujeres como peces?

Y— Qué va, he dicho que hablaría por mí y supongo que a las mujeres les ocurrirá lo mismo.

S— Entonces tu es acostarte con quien sea, da igual con tal de tener sexo.

Y— Que va, no me gustan todas igual que seguro que tampoco gusto a todas.

P— Y en tus gustos... ¿solteras, casadas, rubias, morenas...?

Y— Si me gusta me da igual su estado civil, el color de su pelo... Lo único que quiero es que quiera pasarlo bien.

P— ¿La edad también te da igual?

Y— Si me dan a elegir una de 18 y una de 40, la de 40 tiene muchísimas más posibilidades.

P— ¿Por qué?

Y— Porque tienen menos complejos a la hora de “hacer”

S— Pues no a todas les pasa lo mismo porque Penélope tiene algún que otro complejo.

Y— No me puedo creer que tenga complejos, que está pero que muy bien.

S— Es muy miedosa en algunas cosas.

Y— ¿Cómo en qué?

P— Saúl, tranquilo, que no es necesario contar todo (lo decía falsamente, se veía que estaba encantada, pero se notaba que no sabía por dónde iba a ir su marido)

S— Pues todo lo que tenga razón con su culito.

Y— Te estás quedando conmigo.

S— Que va, porque nos has pillado desnudos, porque que la puedan ver su culito le da mucha vergüenza porque dice que no es bonito y ya no te digo de practicar sexo anal, porque dice que tiene el ano más pequeño del mundo. (se hacía la enojada, pero volvía a estar encantada)

Y— No se lo he visto bien (era verdad) pero lo que he podido ver, tiene un culo fabuloso.

Por lo que pude ver, llegamos a donde quería Saúl que me pregunto si había visto muchos culitos y si había practicado mucho el sexo anal, ante mi afirmación se le pusieron los ojos cantarines. Lo siguiente que sucedió no me lo esperaba y fue que Saúl le dice a su mujer que como no le había visto bien el culito me lo enseñara. Penélope muy digna le pregunta a su marido —Saúl, ¿de verdad quieres que le enseñe mi culito a Pelayo?— y él le contesta que es solo para saber mi opinión y se le quiten sus complejos. Este le responde que un —PUES CLARO, es para que se te quiten las manías— ella se levanta y nos deja un momento solos, lo que Saúl aprovecha para hablar, más que del trabajo, fue de mi labor concreta, la real no la que figura en los papeles como me decía. Ni falte a la verdad, ni exagere, relaté la verdad, entre otras cosas porque lo mismo él estaba al tanto de todo. Me pregunto por el último problema que tuve que resolver (lo que me decía que le tenían informado al minuto) y sobre mis futuras mini vacaciones.

Penélope apareció con un tanga de color blanca, no era un tanga para la piscina, era uno para vestir. Resaltaba mucho su bronceado extremo. Se puso junto a su marido, no se sentó. Saúl acariciaba una de sus nalgas, luego las dos y me miraba describiéndolas, por su tacto, su dureza, su suavidad... y poniéndome los dientes largos. Lo hacía de forma parsimoniosa, lo que me llevaba a pensar, que si en un principio había pensado que era su mujer quien mandaba en esa pareja, ahora parecía que era él. Ya puestos quise ir un paso más adelante y dije —Saúl no me queda otra que fiarme de tu palabra— sé que eso no estaba en su guión, porque advertí su contrariedad, supuse que no era la primera vez que jugaban a eso y a alguno ya le habían calentado para luego dejarle en blanco. Saúl mirándome fijamente, le da unos buenos cachetazos a su mujer, que no se queja, todo lo contrario, pone cara de excitación y le dice —Penélope acércate a Pelayo y que lo pueda comprobar personalmente, qué yo, NUNCA MIENTO— ella le pregunta seria —¿ESTAS SEGURO?— él le da otro cachetazo a su culo y la mueve hacia mí. Al hacer eso, estaba dispuesto a tomar el mando de la situación.

Penélope se acercó, me dio la espalda y quedó frente a Saúl, que miraba atentamente. Lo primero que hice fue acariciar suavemente sus nalgas, era verdad que su piel estaba bien hidratada y suave. Las nalgas estaban súper duras y al decírselo a su marido me dijo todo orgulloso —nada más levantarse hace ejercicios específicos para endurecer el culo durante 60 o 90 minutos y no perdona ni un día, da gusto verla— a continuación, acaricié con más fuerza sus nalgas y luego no lo dude, le pregunte a Penélope si podía azotar su culo para comprobar bien su dureza. Ella mirando a su marido y con voz más cachonda que otra cosa le dice —el osado de tu subordinado quiere azotar mi culito, ¿tú le dejas? Porque si tu no le dejas yo tampoco— él ni habla, pero asiente con la cabeza. Azoto su culo desde el primer momento con mucha dureza, el culo está durísimo, los azotes resuenan y ella solo le dice a su marido que se los doy mucho más fuerte que él.

He tenido que parar, no porque ella me lo pidiese, lo hice porque me estaba poniendo cada vez más “malo” viendo ese culo enrojecido y continue hablando, esta vez los desafié a los dos diciendo —eso sí, lo que no me puedo creer o me cuesta creérmelo, es que no pueda practicar el sexo anal, porque lo tenga pequeño— Saúl que se le notaba cachondo me decía que era verdad, que lo había intentado infinidas de veces y había sido imposible. No me corte y les pregunte —¿me permitís que lo valore yo? Que de eso entiendo mucho— Saúl no decía nada ni gesticulaba tampoco, ella solo miraba a su marido y al final su marido da el beneplácito, pero recalcando que no me pasara. Ella de nuevo pone voz de vergonzosa fingida —¿amor sabes lo que estás diciendo?—y mientras le preguntaba eso a su marido, ya había cogido por los laterales su tanga y se lo estaba bajando, pero la muy puta vergonzosa, antes de que le respondiera su marido, me ayudaba con el movimiento de sus piernas a que se lo quitara.

Le dije a su marido que acercase una silla para que su mujer se pudiera apoyar un poco, para que se inclinase, lo hizo sin ninguna pega. Penélope se apoya, pero no se agacha tanto como me hubiera gustado. Acaricio la entrada de su ano y aunque trata de ocultarlo puedo notar su estremecimiento. Saúl por fin habla para preguntarme —¿tenía o no tenía razón?— le respondo que tiene que esperar a que acabe. Se queda en silencio mirándonos. Me chupo bien mi dedo corazón y cuando lo tengo bien mojado, se lo empiezo a introducir en su culo. Ella no dice nada, sigue con su disimulo y luego empiezo a meter mi dedo índice junto al corazón, recibiendo su culo perfectamente mis dedos. De nuevo me pregunta Saúl y le digo que esta vez sí puedo dar mi opinión y lo hago sin quitar mis dedos del culo de Penélope —tu mujer tiene un culo perfecto y más que preparado para ser follado, si no lo has hecho hasta ahora es porque como he visto en la playa, tu rabo es de lo más pequeños que he visto, no sé cómo será empalmado, porque puede ser que sea muy difícil llegar a la entrada del culo, con las nalgas tan duras que tiene o que tu rabo no adquiera la dureza suficiente para poder follárselo, que es algo que es más común de lo que parece incluso teniendo un rabo normal—

No dejaba de meter y sacar mis dedos con suavidad del culo de Penélope, que ya empezaba a dar signo de mucha excitación. Tardó en reaccionar, pero reaccionó y Saúl me dice —te equivocas del todo, lo tiene muy chiquito y no puede no soy yo— sé que lo mismo no le gusta, pero le digo —hace un rato que le estoy follando el culo con dos de mis dedos y uno solo de ellos seguro que es más grande que tu rabo y si me apuras, me da la sensación de que este culo ya se lo han follado— Penélope saltó enseguida —amor lo de los dedos es verdad, pero lo otro NO, te JURO que jamás te he engañado— era el momento de que me echaran de su casa o de dar un paso más. Saúl se levantó y se acercó a ver lo que le hacía a su mujer y todo cambió. —Cómo se puede ser tan guarra, esto no es lo que habíamos acordado, dile que pare o hare que te rompa el culo por PUTA— la respuesta de Penélope sin decir nada fue clara, porque se agachó más y meneó su culo con más fuerza. —PELAYO TE ORDENO QUE LE DESTROCES EL CULO A ESTA PUTA INFIEL— sigo a mi ritmo y le digo a Saúl, —tú ahora no ordenas nada ni a nadie y me follaré a tu mujer cuando ella me lo pida, porque es quien me lo tiene que pedir y mientras tanto, quítame los pantalones y luego te desnudas— se pone nervioso, masculla algo y no le entiendo, pero su mujer sí y por eso le dice —ya te dije que esto pasaría algún día, es lo que tiene jugar con fuego, no seas nenaza, asume que eres un eunuco y a partir de hoy un cornudo, que nada más los sabremos nosotros—

Me trató de quitar mi ropa, pero desde atrás, no se lo facilito y hago que se ponga por delante, cuando ve saltar mi rabo, se queda inmovilizado. Se sonríe y dice —cari, siempre te ríes de mí en la cama, me insultas, haces de mi lo que quieres, pues ya verás con esto que te tiene reservado Pelayo, va a ser mi venganza, jajajajaja— no deje que ella se diese la vuelta y le dije a Saúl que trajera cualquier crema que me valiera como lubricante y fue su mujer la que le indico la mejor. Al regresar con la crema ya estaba desnudo, su rabo empalmado estaría entre los 6 u 8 cm. Siendo generoso, de grosor estaba más normal. Ella al ver a su marido desnudo dijo que no tenía polla que tenía un tapón de champán, su ejemplo era muy descriptivo y acertado. Una vez que tenía su culo bien embadurnado, quise que Saúl ejerciera de lo que su mujer decía que era. Le digo que tiene que abrir bien las nalgas de su mujer, dudo un poco, pero se acercó con una sonrisa en sus labios y le dice a su esposa —lo que voy a disfrutar viéndote sufrir— y ella da un cambio, señal de que había estado contenida —puto de mierda, sabes que tienes que estar callado, que solo puedes hablar cuando te lo permita y estas aquí solo para hacer de perro y lamerme. ¿Le has puesto a Pelayo crema en su polla?— el ahora más sumiso le contesta que no y ella no se corta —hasta ahora solo has lamido mi culito y mi chocho, pues es hora de que también te comas una polla, déjala bien llena de saliva y no te quiero oír chistar—

No me la comió mucho, pero se la comió, luego abrió las nalgas de su mujer y según entraba mi rabo a él se le veía cara de cachondo emocionado. Penélope según entraba mi rabo en su culo decía que se notaba mucho, que parecía muy grande o era la sensación y yo le decía que era la sensación, que no era tan grande. Estuve follándola un rato con mucha suavidad, dejaba que ella marcara los tiempos hasta que ella me dijo —quiero sentirte mejor, no quiero que ahora seas un caballero precisamente— le di dos de mis estocadas especiales, que es meterle mi rabo hasta lo más que se puede y ella decía que así es como lo quería. Tardamos en corrernos y lo hicimos a la vez. Nada más acabar ella se apartó y al ver mi rabo dijo —con que eran una sensación, menuda cachiporra, que cosa ms bonita— pidió a su marido que nos sirviera bebida y ella dijo que de momento se quedaría un poco de pie. Luego Saúl inició una conversación que por lo menos me dejó un poco más tranquilo, pero solo de forma momentánea.

S— Aprovecho para decirte algo Pelayo. Como comprenderás nada de esto estaba previsto. Por la mañana cuando nos levantamos nuestra idea era pasar un día tranquilo y ya ves. No quiero que te preocupes por nada, todo seguirá siendo igual que ayer, con la única diferencia de que serás una persona de mi confianza, que eso no quiere decir que te quiera de chivato o de correveidile. Que ya me había fijado en ti y no para nada de esto. Ha ocurrido y ya está.

P— Te lo aclaro mejor. Nosotros tenemos nuestros códigos de pareja, a la hora del sexo soy la que domina y está claro el motivo. Siempre buscamos un tercero lejano a nuestro círculo y entorno, nos divertimos a costa del “incauto” y luego a solas hacemos nuestros juegos. Esta vez y como ya le avisé en más de una ocasión a Saúl, se nos ha ido de las manos. Es verdad que ha sido nuestra primera vez en todo, mi estreno por detrás y el estreno de Saúl como cornudo y en su experiencia bisexual, la pena que no l viera, que sin verlo me he puesto BUF imagínate viéndole.

Y— Pues me alegro de que todo esté bien y si os sirve de algo, mi intención esta mañana era de tomar el sol y relajarme. Jajajajaja.

P— Y tu Saúl no has dicho nada de tus estrenos (pensaba que no sería sincero, por lo menos delante mía)

S— Jajajajaja. Pues como cornudo consentido muy cachondo y comiéndome el pollón de Pelayo... que me falta experiencia y quien me enseñe, jajajajaja.

P— No conocerás a nadie tan vicioso como él.

Y— Jajajajaja, y te aseguro que te equivocas.

Penélope se fue al aseo y luego se tiró a la piscina y detrás fui yo. Saúl se quedó tumbado en una hamaca mirándonos. Estábamos tranquilos, Saúl se puso a hablarnos y me puse en el borde de la piscina a escuchar lo que me decía, Penélope se puso a mi lado y me echó mano a mi rabo, que en dos meneos que me dio se puso arriba del todo. Ella riéndose le dice a su marido —amor se la he tocado solo un momento y madre mía como se le ha puesto— quise follarla en la piscina y dijo que en la piscina no, me hizo sentarme en el borde de la piscina y que arte tenía la tía para comerme el rabo. Llamó a su esposo para decirle que se acercara y le explicaba cómo hacer una buena mamada. Luego hizo que él continuase y se puso tan cachonda que se salió del agua, no dio la mano y dijo que no se aguantaba más. Nos fuimos a su habitación, una cama King size y ella me empuja y me dejo caer en la cama, luego no se espera, agarra mi rabo, se lo pone entre sus piernas y se lo mete en su coño, iniciando una cabalgada bestial. Se acaricia sus tetas, se estira de sus pezones y me mira con deseo, se agacha y me come la boca literalmente, porque me la destroza a mordiscos.

A Saúl lo sentía por detrás porque le comía el culo a su mujer y de vez en cuando me devoraba los cojones. Estaba claro que era un puto vicioso y en la vida normal el llevaba las riendas, pero en el sexo era su esposa quien lo “martirizaba” de palabra y obra. Se notaba que habían traspasado sus fronteras y lo querían disfrutar. Penélope se corrió y se quitó de encima, hizo que su marido se sentase en el borde de la cama y quiso que me sentara como él. Se baja de la cama, pone una almohada en el suelo, se pone de rodillas sobre ella y empieza a comernos los rabos, que están bien empalmados, aunque no lo pareciese en el caso de Saúl. Penélope en medio de los dos, empezó a chupar el rabo de su marido y a mí me pajeaba, al rato cambia y me lo mamaba a mí. Luego se dedicó prácticamente a comerme a mí solo el rabo, pero sin dejar de mirar la mayor parte del tiempo a su marido, que cada vez estaba más cachondo viendo a su mujer. A mí también me tenía muy cachondo, pero cada vez tenía más descontrolado a su marido. Sobre todo, cuando sacaba el rabo de su boca lleno de saliva, porque se lo metía profundamente y se ponía a pasar la lengua por todo el tronco hasta llegar al capullo, que era como si se comiera un helado.

Tan cachondo se ponía Saúl que al final no se aguantó y le dijo a su mujer —amor mío ven aquí, dame un beso de los tuyos, que ahora tiene que saber más cachondo sabiéndote a polla de otro hombre— ella dejo mi rabo y dijo —claro que si amor, disfruta de la boca de la puta de tu esposa— y se dieron un beso enorme, más que un beso, de esos besos con mucha lengua y que él saboreaba. Aproveche para ponerme entre las piernas de ella y comerme su coño. Al ratito le dice a su marido con la voz congestionada por el placer —cariiiiño cómo usa la lengua, buafff, que gustazo me está dando— y él le sigue la conversación preguntándole si es que lo hago tan bien y ella apunto de correrse de nuevo —SIIIII, ES MU-Y BU-EEEE-NO, tanto que me AH, AH, AH, AH, AAAAHHHHHHH— tuvo una corrida bastante larga y si no engañaba, que ya aseguro que no, fue una corrida muy placentera.

La quería follar como sabía que su marido no se la había follado nunca, no se otro, la puse a cuatro patas y no sabía muy bien cómo ponerse. La ensarte rápidamente y su esposo ya había empezado a disfrutar de sus tetas y de su clítoris, tenía buenas manos. Ella estaba en plan muy puta y provocaba cachondamente a su marido —mira cómo me folla otro, un hombre de verdad, no un eunuco como tu ¿te gusta cómo me folla?—él no se molestaba en absoluto, porque le contestaba que le volvía loco verla. Continuaba —me está follando sin “chubasquero” ¿quieres que me llene de lechecita?—el volvía a ponerse más cachondo, a tocar su clítoris con más rapidez mientras le contestaba que sí y ella le decía que quien se lo iba a comer luego todo y él responde que él. Ella no está conforme con la respuesta, le “regaña” y entonces él le dice —se lo va a comer el eunuco— le vuelve a regañar y él le dice —el cornudo— otra vez lo mismo, es como si estuvieran jugando al decirle ella que lo va a tener que echar de la habitación como castigo, él le responde —EL CORNUDO EUNUCO DE TU MARIDO— y entonces Penélope muy cachonda de escuchar a su esposo le ordenó —pues ahora cómele el culito a tu subordinado, que vea lo bien que lames y que se pueda decir que su jefe le ha comido además de la cachiporra el culo— Saúl encantado, sin dudarlo, se puso a comerme el culo mientras me follaba a la puta de su mujer y reconozco que sabía bien lo que hacía.

Penélope empezó a correrse y yo a la vez, nada más terminar de correrme, que se me escucho bien, Saúl casi con violencia me apartó de su mujer y se lanzó a por su coño desesperadamente, que manera de comérselo. Una vez acabamos ese asalto dijimos de reponer fuerzas porque la noche iba a ser muy larga, porque me invitaron a pasar la noche y acepté de inmediato. La noche fue tremenda y porque al final cayó rendida Penélope y pudimos dormir algo, no mucho, ni dos horas, porque me despertó Penélope con una mamada de campeonato, que no paró hasta que me corrí en su boca y cuando lo hice, que ella ya se había duchado me dijo —ya he tomado la leche, ahora ya me puedo tomar el café, jajajaja— esa tarde había quedado con tres amigos para ver el partido contra el Osasuna y ellos querían que continuáramos con la misma marcha. Me excusé bien (no dije que me iba por ver un partido) y después de follar me marché.

Al llegar al estadio mis amigos se metieron conmigo por el careto que llevaba. Para no decir lo que había estado haciendo, dije que estaba con un dolor de muelas de campeonato, al decir eso se acabaron los comentarios y me dieron “recetas” de la abuela para el dolor de muelas. Hasta que uno de mis amigos me dice —tienes detrás dos tías que están para comérselas, que no nos han hecho ni puto caso y desde que has llegado, no dejan de mirarte y hablar entre ellas, lo mismo conoces a alguna de las dos— me insistían para que mirase y no quería resultar tan descarado, aparte de que estaba agotadísimo y no en mi mejor momento. Solo les pregunte una cosa a mis amigos, si eran habituales, porque donde nos sentamos solemos ser siempre la misma gente y me dijeron que no, que nunca las habían visto, algo que me extraño mucho. A punto de empezar el partido, me giro porque uno que conozco me da en el hombro para decirme una cosa y ya me fijo. Con lo que voy a decir no es juzgue a las dos mujeres, que no las juzgo, porque que sepa no las conozco, aunque una me suena.

Las dos son morenas, una con melena y la otra con una melena más corta. Van muy bien vestidas, con mucho gusto. Son más o menos de la misma estatura y de la misma edad, no más de 40, que no es que lo aparenten ni mucho menos. La de melena más corta tiene cara graciosa y revoltosa, delgada y tetas de medianas a pequeñas. La otra y aquí viene lo de que no la juzgo, es “rolliza” sin estar gorda. De un morbo exagerado y aquí viene lo importante, con una cara de PUTÓN que quitaba el sentido. Si encuentro una mujer con esas características se me quita el sentido. Las miro descaradamente porque como he dicho me sonaba, pero ni idea de que. Cuando salen los jugadores, ellas que llevan dos bufandas, ponen brazos arriba sujetando las bufandas y meneándose, las tetas de la morbosa son no grandes, enormes y se bambolean de una forma excitante, ella me mira y sigue sonriendo. Lo que me doy cuenta de que las dos llevan alianzas de casadas. Lo que me entero de que son cuñadas o eso dicen, porque una a la otra la llamaba cuñada. Lo que pensé, que en otro partido ya intentaría un acercamiento si es que volvíamos a coincidir y la alegría fue menos alegría en el minuto 94.

El lunes se terminaban el trabajo extra de enseñanza y estaba en plena despedida en la sala, cuando entra una de las administrativas para decirme algo, no me gustan que me interrumpan y entonces le pregunto si es que se ha muerto alguien, al contestarme que no, le dije que entonces podía esperar, ella con bien criterio me dice que está al teléfono don Luis, que es mi jefe regional. Me extrañaba porque sabía de sobra que estaba de vacaciones y que había dicho al irse que no se le molestara hasta el lunes 4 ya que el 1 caía en viernes y no estaría. Mientras iba a mi despacho lo que me vino a la cabeza, que Penélope y Saúl, después del fin de semana desenfrenado, se habían enfriado y llegaron las “rebajas”

— Buenos días, Luis. Tú me dirás...

— ¿Que ha pasado con Saúl? (sabía que tenían buena relación, él se creía que estaba en el círculo de Saúl, pero dudaba que alguien lo estuviera)

— Nada, que yo sepa.

— Hombre Pelayo, nada no, que me ha llamado para ponerte por las nubes porque dice que eres un fuera de serie y que le solucionaste un problema que tenía enquistado. ¿Qué ha sido?

— Nada una tontería y me agarré al último problema que hubo, que le dije que llamó para interesarse...

— Pues Pelayo le conozco hace muchos años y es la primera vez que le veo tan bien impresionado.

— No creo que sea para tanto.

— Pues ha dicho que se te de todo el mes de septiembre de vacaciones.

— Vaya, no me lo esperaba.

— Puede que tengas futuro aquí.

— Luis ya sabes que para mí esto es una escalada más, para donde quiero ir.

— Bueno, bueno, mientras tanto aprovecha el momento.

Se había quedado más impactado Luis que yo. Aunque tengo que decir que para mí había dos opciones una bye, bye y otra dejar todo como estaba y no joderme en el trabajo. Lo que no me esperaba era la llamada a Luis y lo de las vacaciones completas. Estaba seguro de que de alguna manera íbamos a “coincidir” de nuevo.