El sabor del verano
En el baño oscuro del bar, el aire se vuelve denso y húmedo. Helena no solo te hace pagar la cuenta, te hace beber el precio de tu propia degradación. ¿Estás listo para aceptar tu nuevo lugar?
Los veranos son áridos en Santiago. Bien lo sabías tú, llevaba alimentándote exclusivamente con mi orina por un par de días ya.
Esa tarde nos habíamos reunido en un bar que claramente excedía tu presupuesto, pero no me importaba. Estábamos probando nuevas formas de hacerte sentir inferior y quería que te doliera no solo corporal sino que también financieramente. Tú pagabas y yo me ocupaba de verme alucinante en mi body de latex, mis pantalones de cuero y mis lentes de sol.
"Helena, necesito beber algo", dijiste, tan caprichoso como siempre.
"¿Acaso no tuviste suficiente esta mañana?"
"No, sí, estuvo bien, pero me siento seco, moribundo incluso."
Lamí mis labios, "hay baños aquí, ¿sabes? ¿tan sediento estás?"
Vi tu cara enrojecer. Ese era el tipo de momento que me hacían seguir en esto. Conectaste las ideas y tu cuerpo no pudo ocultar que, si bien no era lo que esperabas, sí era lo que deseabas. Tontito, ¿cuándo entenderás que conozco tus deseos mejor que tú?
Lo que siguió fue breve, pero metódico, fuimos juntos al baño del local, te postraste en el piso, dejando que tu pantalón se impregnara en la repugnante humedad que apestaba la habitación. Me bajé el pantalón, corrí mis bragas a un lado y dejé que saliera todas las copas que me habías comprado esa noche. Evitaste con torpeza que gotas cayeran en cualquier lugar que no fuera tu boca, ya sea por temor a que manchen tu atuendo o porque no querías que ese regalo se desperdiciara junto a lo que desconocidos hayan dejado en este mismo lugar. Tragaste. Era un sabor más amargo y salado que el de la mañana. El sabor de las tardes de verano, o por lo menos las de este verano, en que decidiste dar un paso adelante y aceptar tu condición de baño personal. No toleraba tu aliento, pero eso era justo lo que quería. Con cada gota dejabas de ser humano ante mis ojos y pasabas a ser un poco más objeto. No ha sido fácil, Alonso, aún a veces recuerdo cuando eramos compañeros de clase y nuestras interacciones se reducían a saludos cordiales y temas académicos. No ha sido fácil, pero me calienta ese esfuerzo, espero nunca dejar de imaginar al ingenuo estudiante que conocí hace 6 años cuando te dé de comer de entre los dedos de mis pies. En ese contraste está mi dicha. Agradeciste como es debido y salimos del baño.
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