Blanca. Mi primera Hotwife
Blanca no vino a la cita para hablar; vino a ser dominada. Pero cuando las puertas del ascensor se cerraron, Javi supo que la noche sería más salvaje de lo previsto. Y lo peor es que su marido no solo sabía que ocurría, sino que esperaba en la sombra para disfrutarlo todo.
Legué puntual a la cita y llamé al portero. Una voz de mujer me respondió al instante:
- Ahora bajo, espera un momento.
- Ok. Espero. — Respondí algo nervioso.
Yo pensaba que subiría directamente al apartamento. Pero no fue así.
Al cabo de cinco minutos apareció por la puerta la mujer a la que estaba esperando. Era una mujer muy guapa, de las que el paso del tiempo les ha sentado bien. Era idéntica a las fotos, por lo que reconocerla fue sencillo.
Yo estaba un poco alejado de portal, y ella empezó a buscarme con la mirada. Era una calle bastante transitada y le costó centrar la mirada en mí. Cuando sus ojos se encontraron con los míos, fije la mirada y una sonrisa de medio lado apareció en mi cara. Enseguida me acerqué a ella y la llamé por su nombre.
- Hola, Blanca. Encantado de conocerte. Eres más guapa en persona que en las fotos. — Le dije en tono seductor. — Me llamó Javi, y si me lo permites esta noche voy a ser tu acompañante.
- Hola, Javi. Por supuesto que te lo permito. Espero que sea todo un placer…
Esa mujer rezumaba sensualidad por cada poro de su piel. Llevaba puesto un vestido corto y ligero de color gris oscuro que le quedaba como un guante. No era una mujer delgada, ni escultural. Pero su cuerpo resultaba muy sensual y apetecible.
- ¿No vamos a subir ya? - Le pregunté.
- No. Mi marido me ha dicho que nos vayamos a tomar algo por ahí, que quiere que nos conozcamos antes.
- Bueno idea. No tengo mucha hambre, pero me encantará disfrutar de tu compañía.
Nos fuimos a un bar tipo chill out a dos calles de su casa, nos sentamos en la terraza y allí empezó mi juego. Iba a tratar de calentar a esa hembra, para que llegara a su casa con ansias de follar.
Pedimos unos vinos blancos y tras brindar comenzó una conversación que se iba calentando por momentos.
- Te he traído un detalle para jugar contigo.
- ¿Ah si? ¿Y qué es?
- Toma. — Y le entregué un pequeño paquete envuelto en papel de regalo. — Ve al baño, lo abres allí, te lo pones y sales.
- Muy bien guapo. A ver con que me sorprendes.
Se levantó y moviendo sus caderas de manera exagerada, se dirigió al baño, entró y no salió hasta pasados cinco minutos.
Volvía muy sonriente y contoneándose como una gata en celo.
- Buen regalo. Eres original, sí.
- Me alegro de que te guste, es un regalo que hago a todas mis amantes.
El regalo no era otra cosa que unas bolas chinas. Me encantaba jugar a meterlas y sacarlas para preparar el terreno antes de follármelas, como parte de los preliminares.
- ¿Y qué otra sorpresa me tienes preparada para esta noche? - Me dijo deslizando su mano por mi pierna hasta ponerla encima de mi paquete, que se estaba abultando por momentos.
- Toca y ya verás lo que te espera. Una noche de morbo y diversión.
- Eso espero, llevo unos días caliente con la idea de conocerte y las expectativas son altas.
Apuramos el vino y nos dispusimos a cambiar de local. Esta vez fue una taberna en la que Blanca pidió otros dos vimos blancos y una tabla de ahumados para acompañar la bebida. Era una mujer con clase y buen gusto, tenía un aire de mujer segura de sí misma que me estaba calentando todavía más.
- ¿Y en la cama como te gusta ser? ¿Dominante o sumisa? - Le pregunté.
- En la cama me gusta que el macho me domine y me haga suya de manera brusca. Soy una señora en la calle, pero una zorra en la cama y me gusta que me traten así.
- Perfecto. Aparte de ser un macho alfa, me gusta ejercer mi superioridad y dominar a mi hembra, a mi antojo.
- Se me mojan las bragas solo de pensarlo. — Confesó mi amante.
- Pues si las llevas mojadas, ve al baño, quítatelas y tráemelas. — Le ordené, empezando el juego de dominación.
Muy obediente se levantó y fue al baño.
Al volver, me las pasó por debajo de la mesa. Por lo que pude ver y tocar era una braguita de encaje negra. Cerré el puño en torno a ella y me la llevé a la nariz. Quería oler la esencia de esa hembra, quería olerla antes de saborearla.
- Mmmmm. Huele a perra en celo. — le dije.
- Estoy en celo. Y quiero que me follen.
- ¿Y quién quieres que te folle?
- Mi macho esta noche vas a ser tú. Así que tú, quiero que tú me folles, semental.
- Vamos para tu casa que tengo ganas de darte lo que te mereces.
Nos levantamos de la mesa y cuando salimos a la calle, me aseguré de que nadie nos veía y le di un azote en el culo que sonó como suenan los culos duros y prietos. La cosa prometía y aún no había hecho, ni comenzar.
- Tienes un buen culo, zorrita.
- Esta noche es todo tuyo, semental.
Y caminando llegamos hasta el portal de su bloque de pisos. Nos montamos en el ascensor y cuando las puertas se cerraron, sus manos fueron directas a cogerme la polla. Su boca buscó la mía y empezó a devorarme los labios. Me mordía y succionaba de manera animal, mientras sus manos terminaban de poner mi polla a punto.
Salimos del ascensor y entramos en la puerta justo de enfrente. Era un piso amplio y la decoración era clásica, un hogar con fotos de toda la familia por encima de los muebles y muy acogedor.
Me llevó de la mano hasta el salón y me invitó a sentarme en el sofá de tres plazas que tenía, se fue a la cocina y volvió con dos copas de vino blanco.
- Por una noche más que salvaje. — Dijo Blanca, levantando la copa y brindando conmigo.
- Por una noche que no olvidemos ninguno. — Completé su brindis.
Su mirada era fuego puro, y la mía deseo y premura. Quería disfrutar de ese cuerpo cuanto antes y saborear a esa dama.
- ¿Y tu marido? - le pregunté a Blanca.
- Tal vez venga luego. No me ha dicho nada, sorpresa…
Apuré mi copa de vino y comencé a besarle el cuello mientras ella saboreaba las últimas gotas de su copa. Se dejaba hacer, disfrutando de cada momento. Le bajé el vestido dejando su monumental cuerpo al descubierto.
- Vamos semental, todo esto es para ti. — Dijo apretándose los pezones y mirándome con lujuria.
Me desnudé, y sujetando mi polla con la mano, le dije.
- Todo esto también es para ti.
- Mmmmmmmm. Lo voy a disfrutar ahora mismo.
Diciendo esto se arrodilló y sujetando mi polla con una mano y agarrando mis testículos con la otra, se la metió en la boca, succionándola y jugando con su lengua. Era una maestra en el arte de la felación y me estaba llevando a un punto de excitación máxima, le sujeté el pelo con la mano como haciéndole una coleta y tiré de ella hacia arriba para que se levantara del suelo, la cogí del cuello y sujetándola con fuerza, la empecé a besar de una forma animal, mientras mi otra mano fue directa a estrujar sus pechos. Ella, que no había soltado mi miembro en ningún momento, lo empezó a estirar como si quisiera arrancármelo, haciendo que se hinchara más todavía.
- Ahora te voy a comer el coño que quiero degustarte. — Le dije mientras la empujaba hacia atrás, haciendo que se tumbara en el sofá. Llegando a un punto de excitación máxima, le sujeté el pelo con la mano como haciéndole una coleta y tiré de ella hacia arriba para que se levantara del suelo, la cogí del cuello y sujetándola con fuerza, la empecé a besar de una forma animal, mientras mi otra mano fue directa a estrujar sus pechos. Ella, que no había soltado mi miembro en ningún momento, lo empezó a estirar como si quisiera arrancármelo, haciendo que se hinchara más todavía.
Me quedé de pie mirándola y tocándome la polla, cuando ella abrió las piernas y me dijo:
- ¿A qué esperas? Mira lo que tengo para ti. — Dijo llevando una de sus manos hasta su vulva, de la cual asomaba el cordón de las bolas chinas que llevaba puestas, y se abrió los labios, mostrando su hinchado clítoris.
Me puse de rodillas acercando mi cara hasta sus muslos y besándola por la cara interior de estos, llegue hasta donde los dos queríamos que llegara. Con los dientes tiré del cordón de las bolas jugando a dar tirones hasta que la primera bola apareció, un gemido se escapó de su boca mientras me miraba a los ojos pidiendo más. Con otro tirón saqué la segunda bola, las dejé encima de la mesa y seguí donde lo había dejado. Mi experta lengua recorrió sus labios lentamente hasta llegar a su clítoris, que empezó a latir mientras mi boca lo succionaba. Blanca empezó a convulsionar, señal de que estaba llegando al orgasmo. Me agarró el pelo y enterró aún más mi cabeza en su intimidad.
No sé cuánto tiempo estuve así, pero fueron dos orgasmos lo que tardó en decidirse a cambiar de postura.
- Vamos a mi habitación. Quiero que me folles. — Y levantándose, me dio la mano y me guío hasta su habitación.
- Te voy a follar bien follada.
Se puso a cuatro patas y volviendo la cabeza me dijo. Puedes follarme sin condón, no me puedo quedar embarazada. Lo dudé un momento, pero aún consciente del riesgo, me puse detrás de ella y acomodando la cabeza de mi polla entre sus labios vaginales, se la metí entera de un solo empujón.
- Dios que buena, qué gorda la tienes, vas a hacer que me corra en el acto.
No respondí y empecé a follarla fuerte y profundo, hasta que sentía que mis huevos repletos de leche, golpeaban su vulva una y otra vez, cada vez con más violencia.
En esas estaba cuando se oyó la puerta y su marido apareció detrás de nosotros.
- Hola, pareja. Parece que os lo estáis pasando muy bien ehhh.…— Nos dijo mientras se sentaba en una silla a los pies de la cama.
- Hola, Pedro. — Respondí yo un poco cortado.
- Hola, cielo. — Respondió Blanca.
Seguí empujando aún más fuerte si cabe mientras el marido no se perdía detalle.
Empuje a Blanca hacia delante, de manera que quedará tumbada boca abajo con el culo en pompa, apuntando hacia mí y repetí la misma operación. Esta vez le di un sonoro azote mientras con la otra mano sujetaba su pelo y tiraba de él. Se la volví a meter de un solo golpe. Su marido se había desnudado y se dedicaba a masturbarse mientras nos miraba.
- Vamos llénala de leche. Córrete dentro. — Me animaba.
- Sí, vamos lléname de leche semental. Quiero sentirte dentro.
Al oír aquello no pude más y empuje con todas mis fuerzas, mi polla se hinchó y un calor subió por mi vientre hasta que me corrí dentro de mi amante mientras ella contraía su vagina, señal de que había llegado al orgasmo a la vez que yo. Me quedé encima de ella con la polla dentro, hasta que empecé a notar como aflojaba mi erección, momento en el que salí de su interior. Al ver su dilatado coño, pude ver cómo emanaba semen de su interior.
- Vamos Pedro, túmbate en la cama. — Ordenó blanca a su marido.
Una vez tumbado su obediente marido, Blanca se incorporó y se puso a horcajadas encima de la cara de Pedro, haciendo que su coño quedará justo encima de la boca de este, que sin ningún tipo de reparo la abrió para recibir todo lo que salía del coño de su mujer, que una vez situada, hizo fuerza con los músculos de su vagina hasta sacar todo el semen que tenía adentro. Su marido levantó la cabeza y lamió de su vulva hasta la última gota del néctar que fluía desde su interior.
- Así me gusta. Que seas un buen cabrón cornudo.— Dijo Blanca bajándose de la cama y viniendo hasta donde estaba yo y dándome un beso. — y tú, mi macho. Prepárate que esto aún no ha acabado.
Tumbándose bocarriba, abrió las piernas y cogiendo las bolas chinas de encima de la mesilla, se las dio al marido y le dijo:
- Métemelas y fóllame con ellas puestas. Y tú ponte de rodillas a mi lado y déjame tu polla que te la voy a chupar hasta que te explote.
Dicho y hecho. Blanca había tomado el mando de la situación y nos utilizaba para su propio placer. Me arrodillé dejando mi verga a la altura de su boca, mientras observaba como su marido le estaba metiendo las bolas, jugando con ellas mientras le acariciaba el clítoris. Cuando estaba a punto de orgasmar, su marido se puso encima de ella y le empezó a meter la polla. Blanca alcanzó un orgasmo tremendo mientras gritaba de puro placer. Yo amasaba sus pechos con fuerza mientras notaba los embates de su marido, que la follaba con fuerza. Al acabar de correrse, giró la cabeza y abriendo la boca, engulló mi polla hasta el fondo. La tenía toda adentro mientras amasaba mis bolas con gran maestría. La sacó y mirando me a los ojos me dijo:
- Quiero que te corras en mis tetas. Que me bañes en leche, semental.
- Vas a tener que buscar tu premio. — Le dije yo con una sonrisa de medio lado en mi cara.
Agarró mi polla muy fuerte y comenzó a masturbarme con furia. Si seguía así, no tardaría mucho en correrme. Usaba la fuerza de su mano y la alternaba con succiones fuertes y húmedas en la punta de mi polla. Su marido no se perdía detalle, mientras no paraba de empujar salvajemente a su hembra. Estaba a punto de correrse, y así lo avisó.
- No tardaré en correrme. Mmmmm.
- Te correrás cuando yo te lo permita. — Respondió Blanca de manera tajante.
Aceleró el ritmo de su masturbación y fue entonces cuando sin avisar mi polla empezó a lanzar chorros de semen. El primero fue a parar al cuello de Blanca, pero los sucesivos los dirigió a sus tetas, a sus pezones, más concretamente. Miró a su marido y le dijo:
- Comételo. Vamos, límpiame perro.
Su marido, muy obediente, recogió todo el semen que embadurnaba el pecho de su mujer y lo guardo en la boca para, a continuación, compartirlo con ella en un beso húmedo, muy húmedo. Cuando estaban en ello, Blanca ordenó de nuevo.
- Vamos córrete, córrete ahora.
- Sííí, sí. Ahhhhhhhh
La corrida de Pedro fue bestial. Se vació dentro de su esposa, que tuvo un orgasmo instantáneo al sentirlo. Se quedaron juntos hasta que la polla de Pedro, ya flácida, abandonó el mojado coño de su chica.
Blanca se sentó en la cama y abriendo las piernas se sacó las bolas chinas, que estaban llenas de semen y sin pensárselo mucho, las lamió hasta dejarlas limpias. Me miró con ojos de deseo y me dijo:
- Ven, que te vamos a limpiar la polla.
Me puse de pie en la cama, dejando mi polla a la altura de su boca. No tardó en acercarse el marido y ponerse en faena, limpiando mi falo hasta dejármelo bien limpio.
La velada terminó hablando sobre planear una escapada a una casa de campo que tienen en un pueblecito de montaña, pero eso ya es otra historia...
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