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Dominaciónfeb 2025

Mi vecina me domina (46)

La obediencia no tiene límites cuando el placer se mezcla con la asquerosidad. Sara no solo quiere su sumisión, exige que su madre y él devoren la prueba más absoluta de su entrega. ¿Hasta dónde estás dispuesto a llegar por ser su perro?

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Paqui deseaba que su hija la dejara descansar hasta reponerse. Echada en la celda esperaba el consuelo de su esclavo, pero no fue así ya que él estaba roto por el servicio prestado a Estefanía. Pasaron unas horas cuando apareció en el salón su hija Sara.

¿Qué tal estáis putos cerdos? Es hora de merendar, ¿no os parece?. Esclavo sal y tráete el bol.

Salí y le acerqué el bol colocándolo junto a sus pies. Se encendió un cigarrillo y me miró.

Esta es la vida que deseabas, ¿verdad?, pues ya lo has conseguido y supongo que estarás feliz por haber alcanzado este nivel de sumisión, obediencia y humillación, llegando a convertirte no solo en esclavo sino en una puta, en un maricón y un cerdo. Si te he de ser sincera yo me siento muy afortunada por tenerte.

Gracias mi señorita Sara. Le aseguro que soy muy feliz con esta vida que me ha permitido alcanzar mi sueño. Y le doy a usted las gracias por haber contribuido a alcanzar mi sueño.

Pues date la vuelta esclavo.

De espaldas a ella colocó el bol entre mis piernas y bajo mi culo. Así tomó el tapón anal y tirando de él lo extrajo dejando que se llenara el bol de una mezcla blanca y marrón y de una solidez casi líquida. Su olor era nauseabundo. Toda la leche de la corrida de Estefanía junto a los restos sólidos de mi culo salieron ayudados por la enorme dilatación que había provocado en mi.

Mamá, sal de la celda y ven aquí, tu merienda ya está preparada y no quiero que se enfríe.

Paqui se arrastró hasta acercarse a su hija.

Hija, ¿que es eso que hay en el bol? Huele horrible.

Y qué mamá. Paula me ha dicho que te obligue a tomarlo todo. Es su deseo y lo vamos a cumplir. Colócate entre mis piernas y mantén tu boca bien abierta.

Paqui estaba frente al bol, sentada en el suelo y de espaldas a su hija, entre sus piernas. Sara tomó con sus manos la cara de su madre impidiendo que se pudiera mover.

Esclavo trae el embudo y colocárselo a mi madre. No quiero que nada se manche de esta asquerosa mezcla.

Fui a por el embudo, le introduje la boca de la manguera en su boca y cogí el bol para ir vertiendo esa asquerosa mezcla en el embudo. Paqui se removía queriendo evitar tragarla, pero Sara le tapó la nariz para asegurarse que lo tragaba todo.

Trágalo todo mamá, piensa que es un deseo de tu ama Paula y has de obedecerla. Por algo eres su perra sumisa mamá.

Cuando todo estaba en el embudo y caía por la manguera hasta su boca vi como mi señora Paqui lo iba tragando todo. Al terminar Sara me mandó que limpiara el embudo y lo dejara bien limpio. Yo también iba a ser partícipe de la merienda. Cuando volví de limpiarlo Paqui seguía en la misma posición y Sara había encendido un cigarro.

Mamá fuma de mi cigarro que seguro hará que se te vaya ese sabor de tu merienda.

Sonó el móvil de Sara. Era Paula que quería saber si Paqui le había obedecido y se había tomado todo.

Si Paula, se lo ha tomado todo. La tengo aquí sentada a mis pies. ¿Quieres hablar con ella?

Si, pásamela, gracias.

Si, mi ama Paula.

Me gusta mucho que tu obediencia a mí sea cada vez mayor. Sé que lo que te he echo tomar es repugnante pero es la única forma de que no existan límites en tu entrega a mi. ¿Lo comprendes, verdad?. Pásame a tu hija.

Por supuesto mi ama Paula. Gracias por hacer de mí una perra cada día más sumisa para con usted.

Sara si lo consideras y como premio puedes dejar a tu madre que disfrute con el esclavo como quiera. Hay que ser buena con ella de vez en cuando para que sepa que mi felicidad la comparto con ella.

Mamá, ¿deseas disfrutar del esclavo?, tu ama Paula te da permiso para que lo hagas.

Mi señora Paqui se levantó y acercándose a mi…..

Esclavo te has portado muy bien conmigo pero necesito sacar la rabia que tengo dentro por haberme hecho tomar esa mezcla repugnante. ¡Levántate y ven conmigo!.

Me llevo a la celda y me esposó a los barrotes por fuera.

No tengo fuerzas para hacerlo así es que usaré la máquina y sentirás el dolor que tengo en mi coño.

Colocó el strapón de la máquina en la entrada de mi culo y la accionó. Entraba y salía muy rápido pues sentada junto a su hija y fumándose un cigarro aumentó la velocidad haciendo que el dolor se apoderara de mi.

Mi señora Paqui, por favor, por favor. Le he cuidado y atendido como se merece, ¿por qué hace esto conmigo?

Mi esclavo necesito sentir cuando tengo el permiso de mi ama de mis gustos anteriores como dómina. Disfruta.

Cuando terminó el cigarrillo bajo la velocidad de la máquina quedando yo tirado en el suelo y con mi ano más abierto aún.

Ahora vas a venir conmigo al baño quiero que recuerdes mis aromas.

Tiró de mí hacia el baño. Allí se sentó en el wc y colocó mi cara entre sus piernas para que la oliera mientras cagaba. Al oír caer sobre el agua sus desechos el olor de los comenzó a invadir mi nariz aspirando yo todo el olor de ella.

¿Recuerdas mi olor esclavo?

Si mi señora Paqui. Me encanta volverlo a oler.

Bien ahora voy a usarte como papel higiénico. Sepárate.

Mi señora Paqui se levantó y girándose para darme la espalda se inclinó acercando su culo a mi cara. Yo al verlo la devoré, se trataba de algo que pertenecía a mi señora. Eso me bastaba para hacerlo. Comencé a lamer sus glúteos para ir acercando mi lengua a su raja. Con mis manos separé sus cachetes y así volver a olerla. Por fin pude saborearla, era un exquisito manjar.

Muy bien, veo que no se te han olvidado mis gustos. Salgamos.

Qué, mamá, ¿has quedado satisfecha?

Aún no, ¿verdad mi esclavo?. Ahora necesito seguir sintiéndome tu ama. ¡A cuatro patas, perro!

Ella se sentó sobre mi espalda y colocándose un guante rugoso de goma me penetró para con la otra mano azotarme sin descanso mi culo. Sentí que lo necesitaba y me sentía feliz de contribuir a su desahogo. De pronto volvió a sonar el móvil. Era Paula.

Sara mañana quiero organizar una cena en mi casa. Me gustaría que pudiera venir tanto tú como Raquel. ¿Podríais?

Si, da la casualidad que tengo turno de mañana y Raquel creo que libra. Pero, ¿solo nosotras?

Si claro pero seremos atendidas por el esclavo, tú madre y Elena.

¡Estupendo, allí estaremos sobre las ocho. ¿Te viene bien?

Os espero a esa hora.

¿Deseas que les llevemos vestidos de alguna forma especial?

A vosotras no tengo que deciros nada pero a ellos los quiero con collar, correa y desnudos. Solo han de ponerse un abrigo para salir que aquí se lo quitarán.

Está bien. Un beso Paula.

Sara comentó lo hablado con Paula. Estaba muy contenta y exaltada ante la invitación. Serian ellas tres servidas por tres esclavos y seguramente que ya tendría pensado algo especial para con ellos.

No puedo esperar sin saber lo que tiene pensado. La voy a llamar.

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