Mi vecina me domina (47)
Sara ya no es solo una vecina; es la dueña de sus cuerpos y su dignidad. Con collar al cuello y la mirada baja, él sabe que esta noche la cena será solo el preludio de una noche donde la vergüenza se convierte en placer y la obediencia, la única ley.
Hola Paula. ¿Quien preparará la cena? Si son ellos deberán estar en tu casa mucho antes.
No, he encargado la cena, ellos se limitarán a servirnos
. y satisfacernos. Por cierto he invitado también a Estefanía, espero que no os importe
¡Que bien! Gracias. No, para nada, seguro que le pondrá un toque picante a la cena.
Lo que nos esperaba no quería ni imaginarlo. Todas ellas juntas y a cual más sádica. Nunca habíamos estado todos juntos.
¿Habéis oído mis perros?, mañana cenaremos en casa de Paula y vosotros vendréis también. Será una cena especial. Ahora quiero prepararlo todo y que no se me olvide nada.
Sara tomó un maletín donde guardo todo lo que tenía y que era factible de usar en la cena. Miro su armario seleccionando la ropa que se pondría. Para nosotros no era complicado el elegir lo que llevaríamos pues Paula le dijo que deberíamos ir desnudos, con collar y correa solamente.
Bueno ir a vuestra celda que es hora de acostarnos.
El día amaneció y de nuevo la puerta de la celda se abrió. Salimos los dos y nos dirigimos al dormitorio de Sara.
Buenos días mis perros. Acompañarme al baño que os dé el desayuno.
Nos tumbamos en el suelo con la cabeza dentro del plato de ducha y la boca abierta. Sara se colocó frente a nosotros.
Me encanta veros con esa actitud de cerdos que es lo que sois. ¡ a beber, mis perros!
Con sus dedos dirigía su orina a uno y otro. Ambos nos movíamos para recoger la mayor cantidad de orina. Lo hacíamos porque sabíamos que le encantaba eso.
Muy bien ahora limpiaros mutuamente antes de salir del baño y que quede todo bien limpio.
Paqui y yo nos dedicamos a lamernos mutuamente todo el cuerpo. Para mí el hacerlo era un placer inigualable. Recorrer sus pechos, su cara, toda ella, me producía un placer increíble. Cuando terminamos le dije que yo me encargaría de limpiar la ducha de orina, que ella descansara. Lo hacía por ser para mí mi señora Paqui.
Bueno ahora a preparar mi desayuno. Y tu mamá a la celda mientras.
Sara se sentó en la silla y se encendió un cigarrillo a la espera que estuviera preparado el desayuno. Cuando estuvo preparado se lo serví y me coloqué a sus pies con la boca abierta.
Toma esclavo, te gustará. Pero solo mastícalo bien y luego lo echas en el bol para mi madre.
Estuve recibiendo su comida masticada en mi boca y depositándola después en el bol. Cuando terminó abrió la puerta de la celda para que saliera su madre.
Mamá trae el bol que te lo condimenté más y te sepa mejor.
Paqui a sus pies vio como su hija escupía en el bol unos salivazos espesos y verduscos.
Tienes suerte, mamá, de que tengo unos gargajos muy ricos. Ya puedes tomar tu desayuno perra.
Paqui agachó su cabeza sobre el bol y comenzó a comer lo que le había preparado su hija. La comida masticada mezclada con mi saliva y aderezada con los gargajos de su hija hacia que fuera repugnante su desayuno.
Bueno aunque Paula quiere que vayáis desnudos vais a echar vuestras ropas. Tu esclavo, echa la ropita de criada y los zapatos de tacón; tú madre, echarás las medias que tienen dos aberturas, el top de látex que te está pequeño y ajustado y los botines de tacón.
Nos llevó tirados por nuestras correas a su dormitorio para que viéramos lo que se iba a poner para la cena. Así pasó el día hasta que llegó la hora de ir a casa de Paula. Nos puso arrodillados y nos pintó los ojos y los labios de una forma muy burda saliéndose del contorno. Parecíamos unas putas vulgares y barriobajeras.
Vamos perros, tenemos que irnos.
Nosotros desnudos solo con un abrigo sobre nuestro cuerpo. Ella iba impresionante. Se había vestido con un con una falda negra de vuelo, un top del mismo color y se había calzado unas botas altas por encima de la rodilla con tacones metálico y alto. Raquel entonces recibió una llamada.
Lo siento Sara he de marcharme, no voy a poder ir. Cuánto me gustaría.
¿Por qué?
Me han llamado del trabajo para que cubra a una compañera que está de baja. ¡Qué rabia!
Sara tiró de las correas cogidas a nuestros collares y nos montamos en el coche para ir a casa de Paula.
Hola Paula, ¿qué tal estás?
Paula solo se había puesto sus botas de tacón alto, un tanga y un sujetador que recogía sus grandes pechos y los resaltaba. Sus ojos pintados de marrón oscuro y unos labios rojos color tierra le daban un aspecto siniestro y sádico. A su lado estaba sentada en el sofá Estefanía fumándose un cigarrillo con ella y sentada a sus pies Elena, totalmente desnuda llevando solo el collar y la correa y su boca abierta.
¡Perros saludar a vuestra ama Paula!
Sara soltó nuestras correas de su mano ordenándonos que nos despojáramos de nuestros abrigos y dándonos patadas en el culo nos envió a postrarnos a Paula.
Mi señora Paula, gracias por proporcionarme tanto placer. Aquí me tiene para ser usado como usted desee - dijo el esclavo.
A sus pies mi Ama Paula. Siempre dispuesta para servirle - le dijo mi señora Paqui.
Paula, cariño como ves vienen desnudos aunque he traído algunas vestimentas por si te apetece que se vistan para servirnos la cena.
Dime que has traído Sara. Por cierto y Raquel.
No ha podido venir porque le han llamado del trabajo para sustituir a una compañera que se ha puesto enferma.
¡Qué pena! Cuanto me hubiera gustado que viniera. Pero bueno, a ver los vestidos.
Pues este vestido de colegiala he pensado que podría ser para Elena; este otro de minifalda y medias con este top ajustado para mi madre y para el esclavo un pantalón muy especial con aberturas por delante y por detrás. ¿Que te parece?
Me encantan, que se vistan ya que la cena está preparada.
Nos vestimos cada uno con lo pensado por Sara. Mi señora Paqui tenía una pinta de puta barata madura que la hacía que fuera deseada por los clientes; Elena se puso el vestido de colegiala dándole un aire de “Lolita” y yo me sentí como desnudo al sobresalir del pantalón mis huevos y mi polla dejando mi culo expuesto. Al sentarse en la mesa Paula les dijo…..
Voy a hacer un sorteo para que cada una de nosotras tenga esta noche a uno de nuestros perros a su servicio. Por supuesto que a pesar del que a cada una le toque puede intercambiarlo previo comentarlo con la propietaria del que va a intercambiar.
¡ Siiiii… me ha tocado Elena! - dijo Sara.
¡ A mi - dijo Estefanía, el esclavo!
Paqui esta noche serás mía mi perra.
Así cada uno de nosotros le servimos la cena a nuestra Ama estando siempre de rodillas junto a ella.
Elena trae esa máquina que hay allí Y ponte a cuatro patas como la perra que eres.
Sara le ajustó la máquina con el strapón con la funda rugosa y accionó el mando iniciando una penetración constante al culo de su esclava Elena que al sentir como le penetraba una y otra vez estuvo a punto de caer al suelo. Nunca lo había probado.
Mi perra, colócate bajo la mesa que estire mis piernas.
Paula colocó sus pies sobre la espalda de Paqui moviendo muy despacio sus botas dejando marcados unos surcos con sus tacones.
Estefanía me mandó levantarle la falda y hacerle una mamada bajo la mesa mientras cenaba. Mi sorpresa fue al levantarle la falda y ver la gruesa polla que tenía. ¡Era un transexual!.
La cena transcurrió oyendo los comentarios de ellas que hablaban cada una sobre sus gustos y lo que tenían pensado para cada uno de nosotros. La noche se presentaba muy intensa. Cuando terminaron de cenar nos mandaron parar con nuestras tareas y presentarnos ante nuestras distintas amas. Sus palabras y risas eran muy humillantes viéndonos andar y limpiarlo todo.
Fumémonos un cigarrillo antes de comenzar la fiesta.
Cada uno de nosotros, junto a su ama, abrimos nuestra boca para servirles como cenicero. Cuando terminaron tiraron las colillas al suelo y las aplastaron con sus botas para después presentarlas ante nuestras caras para que limpiáramos las suelas sucias.
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