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Dominaciónene 2023

Joanna – 02 Paseando por el barco

El mar esconde secretos húmedos y las cubiertas del barco se convierten en un escenario de sumisión pública. Mientras el horizonte se pierde en la noche, las esclavas son expuestas, juzgadas y usadas como trofeos vivientes. ¿Qué castigo te espera cuando la noche cae sobre el océano?

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Mientras, en otro rincón de la cubierta superior, Raül y yo estamos conversando con Jacques, un importante abogado francés, nos cuenta que su esposa, Margot, compañera de buffet y abogada como él, desde siempre se sintió atraída por este mundo, primero le pedía algunos azotes en las nalgas para excitarse, poco a poco los azotes se convirtieron en latigazos, en cadenas y argollas donde ella estaba colgada mientras él la penetraba, luego llegó aquel club exclusivo y discreto, donde los socios podían disfrutar de ella, la insultaban, la azotaban, la follaban por cualquiera de sus agujeros, mientras ella se corría una y otra vez, y ahora para celebrar los 15 años de casados, le ha regalado este crucero, y el día exacto del aniversario, la marcará a fuego con su inicial, esto interesa a Raül, ya que el también aprovechará para marcar a Zuleia, tuvo que aplazar su marcado ya que ella pilló una gripe muy fuerte, y él no quería marcarla sin que su esclava pudiera disfrutar en plenas condiciones del fuego en su piel. Tras estar un poco más con Jacques, decidimos quedar esta noche, para charlar un poco y compartir las hembras.

Poco a poco el mar llena por completo el horizonte, y a la hora en punto, por megafonía se anuncia que todos los esclavos y esclavas ya están expuestos, en el teatro, en algunas salas, incluso en los pasillos, durante las próximas tres horas, los cruceristas podrán ir paseando y mirando los distintos ejemplares y por si a alguno les apetece, todos llevan marcado el número de camarote donde están sus dueños, para contactar con ellos, y viendo su collar, ya saben que si es negro, siempre con el permiso de su dueño, pueden usarlos por cualquiera de sus agujeros, si es rojo, tan solo por el coño y si es azul, solo lo puede usar su propietario.

Tú, con tu cabellera castaña y tu cara de niña traviesa, eres una de las más solicitadas, decenas de manos juegan con tus pechos, con tu vello rizado y deliciosamente perfilado, algunos miran tu cara llena de chorreones de las corridas de tu compañero de jaula, otros meten sus dedos en tus agujeros, riéndose cuando los sacan totalmente empapados, y es que la vergüenza, la humillación, aquellos desconocidos usándote una y otra vez te excitan cada vez más, una joven pareja se entretiene pellizcándote la vulva y jugando con tus pezones, al fondo ves a Nuria, llega acompañada de un chico que ha conocido en cubierta, le iba a presentar a su perrita dócil y obediente, y resulta que tú has decidido follar sin permiso. Tu dueña te abofetea con todas sus fuerzas, y retorciéndote los pezones te recuerda que solo ella decide cuándo y con quien puedes disfrutar. Tú con lágrimas en los ojos, solo puedes suplicar de forma lastimera esperando que te perdone, el chico se pone tras de ti, y de un golpe entra su verga en tu culo. Te muerdes los labios para no chillar, no lo esperabas y te duele, te duele cada vez más, pero el sigue entrándola con todo su ímpetu, sigue abriendo tus nalgas con su rabo grueso y duro. Nuria mira a su alrededor y pregunta si a alguien le apetece tu coño, al momento uno de los hombres se acerca y sin dudarlo, te ensarta hasta el fondo. Emparedada entre los dos, con tus pechos aplastados contra su cuerpo te mueves como una muñeca al compás de sus golpes de riñón, al ritmo de su placer, notas las dos vergas casi rozándose en tu interior, mientras tus lágrimas se funden con los restos de semen reseco de tu cara.

No tardan en correrse, se separan de ti, su leche espesa y caliente baja por tus nalgas, por tus muslos, Nuria sigue mirándote, quizás decidiendo que castigo te espera esta noche, de momento, escribe en tu frente, “se autoriza su uso” luego se coge del brazo de su acompañante y se van, tú te quedas sollozando mientras no tardas en notar otras manos, otros besos, otros pellizcos, caricias y castigos en tu piel.

Mientras, en otra de las zonas del barco, Jacques y yo vemos a Nuri, la reconoce de los videos de la carrera, nos acercamos a ella, se arquea todo lo que puede, le gusta mostrar sus hermosos 44 años, altiva y sumisa, Jacques toquetea su coño, ella sonríe mientras sus dedos la excitan, la hacen sentirte deseada, le encanta ver como engorda aquella verga, como atrae su mirada, él nos cuenta que Margot se ha corrido decenas de veces viendo el video de su carrera, viéndola sudar, llorar, cojear, con su cuerpo al límite una y otra vez, mientras lo cuenta, no deja de mirarla, de tocarla, de acariciarla, Nuri empieza a moverse, a gemir, le falta muy poco para correrse entre sus dedos, me mira sumisa implorando mi permiso, y con un movimiento de mi cabeza se lo doy, al instante empieza a contornearse, a estrujar todo lo que puede aquellos dedos, a gruñir, a correrse entre los dedos de esta mano que la penetra y juega con ella. Se forma un corro de gente mirándola, viendo como con la boca abierta berrea entre espasmos de placer. Jacques saca la mano y la acerca a sus labios, Marrana y golosa lame cada uno de aquellos dedos mientras le mira sumisa y sensual. Antes de irnos ánimo a quien quiera, a usarla por cualquiera de sus agujeros, Nuri no tarda en estar rodeada de manos y vergas, cierra los ojos y sonríe mientras se entrega al placer de aquellos desconocidos.

Seguimos paseando, y en una de las salas, vemos a Margot, aquí es Jacques quien me invita a usarla, ella está seria, excitada, asustada, en un cumulo de sensaciones que se entremezclan y la hacen sufrir y gozar a cada instante, es un paso más en su sumisión, la han enjaulado, azotado y exhibido como un animal de feria, la han toqueteado y magreado decenas de extraños y por si fuera poco está navegando y siempre le han asustado los barcos y el mar. Acaricio sus labios, ella sumisa abre la boca, mi lengua recorre su cara, se moja en sus labios, mis manos se aferran a sus pechos, ella mira a su dueño sin saber qué hacer, Jacques tras ella, se agarra a su cintura y la penetra por el culo, lentamente, sin prisa, disfrutando de cada centímetro que va entrando en su esposa, de cada gemido de sus labios, de cada gesto de dolor, mientras, yo acaricio su vulva, toqueteo su clítoris, mordisqueo sus pezones, ella no pude evitar moverse, contornearse, mientras mi verga cada vez más endurecida va entrando en su cuerpo. Gime, tensa sus músculos, le gusta sentir a su marido detrás, y a un desconocido delante, se mueve al compás de nuestro placer y del suyo, es evidente que está gozando, que está disfrutando de cada instante, de cada nueva vergüenza e humillación, hace tiempo que ha aceptado que su mayor placer le llega de los castigos y humillaciones a que la somete su marido, o quien él decida.

Tras corrernos en Margot, su marido le da un beso en los labios, ella sonríe satisfecha y feliz, mientras ve como nos alejamos, ahora son otras manos, las que toquetean su piel. La tarde va convirtiéndose en noche, y a las 9 en punto empiezan a desmontar la exposición de esclavas y sumisos, es hora de llevar cada ejemplar al camarote de su dueño. Nuria se acerca a ti, mira cómo te desatan, como te magrean los trabajadores, mientras te ponen la correa y a 4 patas te llevan hasta el montacargas por donde te subirán hasta la cubierta 8. Aun tardan un rato en llegar al camarote, y cuando lo hacen, Nuria ya te está esperando con la fusta en la mano, asustada te encorvas ante ella, el primer azote golpea tus nalgas, totalmente empapadas con el esperma reseco de los distintos amos que te han usado. Te muerdes los labios mientras ella sigue azotándote, castigándote por haberte corrido sin su permiso, tras una veintena de azotes y con tu culo y tus tetas ardiendo de dolor, se sienta en el sofá, y te dice que ahora quiere que le cuentes todo lo que has hecho en la jaula. Tragas saliva y con un hilo de voz, empiezas a explicarle como le has limpiado el culo con la lengua y como él te ha limpiado el tuyo, le cuentas como os habéis mirado para poder ir juntos en la jaula, como el miedo al castigo te ha hecho correrte una y otra vez, en una sensación extraña y a la vez excitante. Nuria sonríe y te pregunta cuál es el camarote del perrito, tú se lo dices mirándola con ojos ilusionados 7042, Nuria descuelga el teléfono y marca el número, tu corazón te palpita a mil, mientras esperas que respondan, mientras temes y deseas que alguien hable al otro lado de la línea, finalmente alguien responde, Nuria le cuenta que tiene una perrita que merece ser castigada por haberse corrido con su esclavo. Tras un instante de silencio, Nuria ríe divertida, y colgando el teléfono, te acaricia las mejillas y te dice que esta noche cenaremos con los dueños del perro y decidiremos que castigo os merecéis…

Se acerca la hora de la cena, Nuria se pone un vestido negro ajustado a su piel, tremendamente sensual, se mira en el espejo todas sus curvas se adivinan de manera evidente, su cabellera negra cae sobre sus hombros y espalda, es joven y hermosa, y le gusta lucir su belleza. Luego termina de retocarse el maquillaje y tras calzarse sus zapatos de tacón va hacia ti, en el suelo, azotada y mugrienta, nerviosa y excitada, la miras, ella observa las marcas de tus últimos azotes, te levanta por las tetas y da un par de vueltas a tu alrededor, a pesar de tu suciedad, de tu piel enrojecida por el látigo, cansada y castigada, sigues siendo una hembra muy apetecible, está orgullosa de ser tu dueña y hoy quiere lucirte como su mejo trofeo. Oyes el click de la correa cerrándose en tu collar, es hora de salir, veremos que tal te portas con los propietarios de tu amigo, tu sonríes y bajas la mirada, mientras un tirón de tu correa te hace seguirla hasta la puerta, fuera el ambiente es del todo animado, por todas partes grupos de amigos charlando y riendo, música, espectáculos de todo tipo, bares llenos de gente y camareros eficientes sirviendo a cualquier crucerista. Algunos miran la hoja de actividades de esta noche, otros van a cenar, y algunos simplemente pasean viendo este mar atlántico extrañamente tranquilo y sosegado que mece suavemente el barco. Sientes un escalofrió cuando oyes los gritos de un par de esclavos a quien están azotando en una de las muchas cruces en forma de aspa que hay repartidas por el barco. Un poco más adelante ves a una hembra retorciéndose de dolor en un charco con su propia orina, mientras su dueño juega con el mando que hace estallar descargar eléctricas en alguno de sus agujeros.

Tras un breve paseo llegáis ya al restaurante “Gran Marques”, donde Nuria ha quedado con los dueños del perrito con quien follaste. Alguien la llama desde una de las mesas del fondo, tu dueña sonríe y vais hacia ellos. Les miras, son una pareja de vuestra edad, a medida que te acercas ves en el suelo a una hembra morena, enroscada a una de las patas de la mesa, y junto a ella, el culo inconfundible de tu compañero de jaula…

Al llegar, Nuria da un par de besos a los dueños de tu amigo, y tras sentarse empiezan a hablar, a reír. Tenían ganas de conocer a la jinete que cabalgo a su madre hasta hacerle ganar la gran carrera de las mamás, Nuria les cuenta cada detalle, cada sensación, y ellos le explican la sorprendente historia de sus esclavos, “Rabo” es el marido de Rosa, aunque antes de la boda ella ya tenía claro que lo que más deseaba su novio, era ser su esclavo, su perrito faldero. Su verga se endurecía más y más cuando lo azotaba, lo insultaba, cuando se traía algún amigo con el que follar mientras “Rabo” de rodillas los miraba, luego la lengua del esclavo limpiaba el coño de su esposa, la verga de su amante y cualquier resto que hubiese quedado en la cama o en el suelo. Uno de estos amantes fue Berto, con el que Rosa enseguida congenió, a la segunda cita, él ya trajo a “Cornuda” una hermosa venezolana a la que conocía desde sus tiempos de universidad, una chica que tras unos meses saliendo con él, le confeso que lo que más deseaba era ser sumisa, ser su esclava, le excitaba que la penetrase encadenada a la cama, el sudor de la espera antes del primer latigazo, sentir sobre su piel un trozo de hielo derritiéndose o el fuego de las gotas de cera de una vela.

Tras unos meses, Rosa y Berto decidieron ir a vivir juntos, y aparearon a sus perritos, la ceremonia fue en un salón privado donde tras una sesión de látigo, con sus espaldas, culos y pechos azotados y enrojecidos, les hicieron follar sobre unos viejos tablones rugosos y claveteados. Tumbaron a “Cornuda” sobre la madera, ella gimió un poco cuando las astillas se clavaron en su espalda llena de verdugones, luego hicieron subir sobre la hembra a “Rabo” que totalmente empalmado clavo al instante su verga en la mujer, mientras temblaba con cada nuevo azote que le daban sus dueños.

Entre lágrimas de dolor y vergüenza, Cornuda se corrió de placer con aquella verga sumisa golpeando una y otra vez en lo más hondo de su coño, Berto le ordeno que girase la cara, quería disfrutar de sus lágrimas, sus mocos, del temblor de sus labios, mientras Rabo seguía follándola. Por su parte Rosa, embutió de un golpe un consolador de castigo en el culo de su marido al mismo tiempo que Berto se corría sobre la cara de su perra. Y así empezó su historia. Mientras hablan, tú sigues de pie, escuchando y excitándote con cada una de sus palabras, con cada situación que tu imaginación te hace vivir en ti, estás nerviosa, inquieta, te muerdes los labios, mientras no sabes que hacer, donde mirar, allí de pie, con tu cadena colgando, desnuda e ignorada por todos. Berto te silba y con el dedo te indica que te acerques, tu miras a tu dueña y ella con un manotazo en tu culo, te dice que a que esperaras para obedecer a tu amo, él magrea tus tetas, pellizca tus pezones, luego baja su mano hasta tu coño, agarra con fuerza tu pelambrera y de un tirón te hace caer sobre Rabo y Cornuda.

Sollozando te enroscas junto con ellos, el camarero trae la carta, Nuria, Berto y Rosa van eligiendo platos, ella es vegetariana, pero a los demás les encanta la carne. Una vez han elegido, también le dicen al camarero que traiga un cubo con algunos restos de comida para los perritos. Él sonriendo se va. Nuria les cuenta tu historia, tu sumisión, se sorprenden que aun te llame Joanna, de que tu dueña no te haya puesto un nombre más acorde con tu condición, Nuria con el pie te levanta la cara y te pregunta si quieres tener un nombre de perrita, tu bajas la mirada, una patada te hace ladrar suavemente, Nuria decide que durante el crucero, te llamará Trisky, como una perrita esclava que su madre la conto que había conocido de joven.

El camarero trae los platos, y tras dejarlos en la mesa, vuelve con un cubo con agua sucia y restos de comida flotando en ella. Cornuda va hacia él, Rabo también hunde su hocico, y tu excitada y asustada también intentas ir cogiendo con los dientes, algunos de los restos que flotan en el agua. También bebes un poco, mientras sonrojada oyes como Nuria les cuenta más y más detalles de ti. Tras comer un rato, Rosa grita “top” y al instante sus perritos sacan la cabeza de la comida y la miran con sus caras sucias, tu tardas unos instantes en imitarles, Rosa os indica la mesa, ahora os toca ganaros la cena que habéis comido, Rabo y Cornuda corren bajo la mesa, y tú con ellos, Berto nota la boca de su esclava, pero una patada la hace caer, hoy le apeteces tú, eres la novedad y quiere ver que tal engulles su verga. Tú empiezas jugueteando con la punta de su miembro, mientras acaricias sus testículos, nadie te ve, pero sonríes orgullosa al notar como tu boca, tus labios, engordan y endurecen su deseo. Nuria siente la boca de Rabo lamiéndole una y otra vez su sexo, lo agarra por los pelos y lo estruja contra ella, él sigue lamiendo, excitándola, haciendo que calambrazos de placer se vayan sucediendo con cada nueva lamida de aquella lengua caliente y sumisa. Enfadada y sollozando, Cornuda empieza a lengüetear el sexo de Rosa.

La cena va pasando de manera perfecta, los platos exquisitos y vosotros bajo la mesa haciendo disfrutar a vuestros dueños. Rosa no deja de mirar al camarero, un cubano negro como el carbón y de casi dos metros de alto. Le gusta y le apetecería follar con él, pero las normas son muy claras, solo las esclavas con collar negro y con el permiso de sus amos, pueden ser usadas por la tripulación, ahora es Rabo quien va lamiendo la entrepierna de su dueña, que no deja de mirar aquel caribeño que nos acaba de servir el postre. Berto le dice que hay una manera, pero ha de cruzar la línea, ella le comprende y afirma con la cabeza, es ama, pero también se ha excitado más de una vez imaginándose sumisa. Berto le dice que se lo pida al propio camarero, ella sonrojada le llama y le pide un collar negro, él sonríe y al instante se lo trae, Rosa levanta sus cabellos y ofrece su cuello al camarero, que se lo pone, ella cada vez más caliente y mojada, espera que hable Berto, que mirando al camarero le felicita por la comida y el servicio, él agradece los elogios, mientras de pie junto a ellos, sonrojada, Rosa espera cada vez más impaciente. Berto se toma su tiempo, le gusta verla así, sumisa y cabreada, finalmente se la ofrece al camarero como propina por el excelente servicio recibido. Rosa deja caer su vestido, es joven y hermosa, morena, con unos pechos prominentes y un culo redondo y apetecible. El camarero sonriendo y sin dejar de mirarla, dice que todas las propinas se reparten, Berto lo ve perfecto, y autoriza a que todos los cocineros y camareros que lo deseen disfruten de ella. Por un instante Rosa mira a Berto asustada, no era eso lo que ella pensaba, él le pregunta si tiene algún problema, y ella bajando la cabeza dice –No amo, luego sigue dócil y obediente la correa de la que tira el camarero hasta perderse tras una de las puertas de servicio del personal del comedor.

Tras quedar solos, Nuria y Berto deciden ir a dar una vuelta, les sigues atada a tu correa, piensas en tu nuevo nombre “Trisky” en el fondo te gusta, mucho más que Rabo o Cornuda, Berto comenta que en la sala Corinne, hay un concurso de barro y látigo. Al llegar ves una docena de esclavas esperando junto a una gran piscina de barro, Nuria os apunta, y uno de los animadores, tira de vuestras correas y os ponen junto a ellas. Aun traen un par de hembras más. Cuando llega la hora, os dicen que en la piscina hay 30 cajitas con un nombre, es la parte de vuestro cuerpo donde os azotaran. Las primeras cinco que consigan sacar dos cajitas, pasarán a la final. Para hacerlo más divertido, os atan las manos a la espalda, habéis de coger las cajitas con los dientes. Una vez atadas, con un patada en el culo os van echando al barro una tras otra, caes, te hundes en él, estás asustada, no puedes levantarte, te falta el aire, abres la boca, se te llena de barro, al final consigues levantarte y sacar la cabeza, toses, escupes, mientras la gente ríe y apuesta a ver cuál de los animales ganará, junto a ti, una chica oriental hunde su hocico en el barro, con su pie ha notado el recipiente y orgullosa saca su boca llena de lodo con la cajita entre los dientes, la gente aplaude, tu notas como una cajita se clava en tu pie, también hundes tu cara, pero alguien también lo hace y en el último momento te quita tu trofeo. Cerca de ti, Cornuda sigue buscando desesperada sin encontrar nada. Con los pies vas recorriendo toda la piscina, mientras aquí y allá los distintos animales van encontrando cajita tras cajita. Por fin encuentras una, ahora si la coges con todas tus fuerzas y la llevas hasta el chico que las recoge, restriega tus pechos para poder ver tu número de camarote y te devuelve al barro, tan solo quedan 3 plazas, ahora es Cornuda quien consigue su primera cajita, tú al instante levantas tu cara con otra entre tus dientes. Y al final también Cornuda consigue coger la última plaza que quedaba para poder seguir en el concurso…