Joanna – 21 Una monta muy especial
Carol y Osvaldo saben que hoy no son dueños de sus cuerpos, sino piezas de un espectáculo cruel. Mientras el público grita y los caballos relinchan, el dolor se mezcla con una sumisión absoluta que los llevará al límite del placer y la destrucción.
Mientras nosotros veíamos la presentación de Osvaldo y Carol. En un descampado cercano, Rosa, y Alba se han apuntado a un curso de boleadoras, un instructor les ha enseñado el funcionalmente básico, de estas bolas cogidas por una cuerda. Una docena larga de esclavos y sumisas, nerviosos esperan… oyen como el látigo silba en el aire y empiezan a correr, ven la bandera de los 300 metros, corren hacia ella, la traspasan, sus dueños salen al galope tras ellos, Rabo y Chita oyen el sonido de los cascos cada vez más cerca, también oyen como se paran los caballos. Tragan saliva Alba y Rosa están girando la boleadora, intentan apuntar a sus esclavos, el aparato sale lanzado hacia ellos, a Rabo le golpea en el lomo y a Chita le roza una nalga. Suena un silbato, y los esclavos dóciles y sumisos vuelven a la línea de salida para un nuevo intento, habrá tantos intentos como sean necesarios hasta que sus dueñas los cacen.
Chita sudoroso y jadeando vuelve a oír el látigo, otra vez a correr, nota el dolor de les cuatro intentos de Alba, golpeando uno de sus brazos, su lomo, su culo, su muslo. También Rabo esta dolorido, pero ambos salen corriendo hacia la marca de los 300 metros, otra vez los cascos, otra vez las bolas girando, y otra vez su piel castigada, tan solo 4 de los 12 esclavos han sido cazados por sus dueñas.
Un nuevo intento, los dos esclavos corren, junto a cinco más que aún no han sido cazados, cruzan la línea de los 300 metros, los cascos, las bolas girando hacia ellos, una no les toca, la otra golpea las patas de Rabo, pero no lo suficientemente a ras de suelo, para hacerlo caer. Otra carrera, ahora solo quedan 4
De pronto, las patas de Chita se entrecruzan atadas por esta boleadora que se ha enroscado en él, cae de bruces, no tarda en llegar Alba, orgullosa y satisfecha, lo ata y tira de él hacia la línea de salida. Solo quedan 2 esclavos, Rosa no quiere quedar la última, la otra amazona tampoco, Rabo oye el látigo, vuelve a correr, a intentar alejarse, aunque el cansancio cada vez hace que corra menos, Rosa sale al galope, para en seco, apunta bien, la otra chica también, lanza las bolas… y levanta los brazos satisfecha cuando su esclavo cae al suelo con sus tobillos enroscados en la boleadora. Rabo sonríe aliviado, mientras espera esta cuerda con la que le atarán las patas y lo llevarán arrastrando hasta la salida.
A la hora de comer, nos juntamos todo el grupo en un gran descampado, donde no dejan de asar carne, que luego reparten entre los distintos amos y dueñas que estamos aquí. Los jóvenes de nuestro grupo se lleva la sorpresa de ver a Gabriel y a su nieta Leyla, charlamos, reímos, también les contamos lo de la carrera de mañana, y Mia, pero sobretodo Yazmy y Joanna se ilusionan, con poder correr como yeguas, con poder demostrar su fuerza y su valor. Les contamos también la prueba que les espera esta tarde a Osvaldo y Carol. Mientras comemos vamos charlando, riendo, vamos tirando algunos trozos de carne a los esclavos que intentan cogerlos al vuelo, y al poco rato sentimos que nos falta algo, echamos en falta a Carol y Osvaldo que están en el establo esperando su prueba, y es Rosa quien sugiere que podríamos ir a comer con ellos, animarles un poco, juguetear, en fin mostrarles nuestro confianza en ellos, somos un equipo, y a poco que podamos nos encanta estar juntos, Gabriel y Leyla son los primeros en apoyar la idea, y en pocos instantes, todos nos dirigimos hacia las caballerizas.
Al llegar les encontramos tumbados en el suelo, abrazados, Carol engulle más y más la verga del esclavo, y él lame la vagina dilatada de la hembra. A ella le encanta sentir aquella boca dentro de su sexo, las manos aferradas a sus nalgas, y sus pechos pegados al cuerpo de Osvaldo, a él también le gusta como la lengua y los labios de Carol juguetean con su verga. Al vernos se separan, sonríen con sus caras sucias, mientras se relamen al ver el cubo con algunos trozos de carne que les hemos traído, lanzamos uno, y los dos corretean a cogerlo, lo agarra Osvaldo, pero al momento otro trozo vuela, y ahora es Carol quien lo aferra ente sus dientes, seguimos tirándoles algo de comida, tampoco mucha, mejor que la prueba la pasen con el estómago no muy lleno. Tras comer, Chita se acerca a la hembra, Carol sonríe mientras abierta de piernas deja que él vaya jugueteando con su sexo, está tan dilatada que él no tiene problema para penetrarla hasta cerca del codo. Ella se estruja en él intentando gozar, disfrutar, Rabo también va con ella, le besa los labios, le estruja las tetas, va bajando sus manos hasta sus nalgas, entrando sus dedos en ella, Carol cierra los ojos, recuerda el barco y como estos dos sementales la hicieron gozar como esclava y como mujer.
Mientras, Cornuda y Joanna se acercan a Osvaldo, Cornuda va excitándole la verga, mientras Joanna restriega sus pechos por los labios del esclavo, que aferrado a ella, besa, lame, chupetea, mientras nota la boca de Cornuda en su rabo. Las dos mujeres disfrutan excitándolo, calentándolo, haciendo que no pueda evitar correrse en ellas. Osvaldo oye gemir, jadear, gruñir de placer a Carol, y él no tarda en unirse a ella, en sentir como su orgasmo se desparrama entre los labios de Cornuda, que lame golosa toda la corrida del esclavo.
Leyla mira la hora, pronto empezará la prueba, está excitada, caliente, mira a Rosa y deciden que ellas sean las últimas en disfrutar de sus esclavos antes de ser montados. Leyla se sienta frente a su abuela, le enseña su sexo abierto y mojado, Carol se aferra a sus piernas y empieza a lamer, a besar, a juguetear, a mordisquear incluso, mete su hocico todo lo dentro que puede y Leyla aferrada a los cabellos de Carol, la va moviendo a su gusto, mientras mira el lomo y el culo de la hembra moviéndose, contorneándose. Carol sigue lamiendo, besando, hasta que un chorro de jugos de placer le inundan la cara, satisfecha traga, lame, lengüetea mientras su nieta se corre de placer en su hocico sumiso y esclavo. Rosa se acerca a Osvaldo, que, por nervios, por miedo, por excitación, por ver a su dueña desnuda junto a él, vuelve a estar empalmado. Le ordena que se tumbe mirándola, él lo hace, ella se clava a su verga, y va moviéndose, gozando, disfrutando de este rabo grueso y caliente que no tarda en vaciarse en ella.
Empieza a llegar gente, las gradas se van llenando, Carol y Osvaldo están serios, asustados, comprenden que ha llegado la hora, el momento, pero el mismo miedo les atrae, les excita, y mucho más cuando un par de mozos traen los caballos. Carol tiembla cuando el animal levanta las patas y relincha, lo menos malo que le puede pasar si este animal la patea, es que le rompa algunos huesos. Uno de los mozos ve su cara de preocupación, y acariciando sus mejillas le dice que todo está previsto, pone una de sus manos entre las piernas de la hembra, y le dice que lo único que el caballo romperá es su agujero, ella baja la mirada, mientras aquella mano va comprobando la dilatación de su coño También otro de los mozos, mira y trastea el culo de Osvaldo.
Traen un arnés especial, es una especie de caparazón de barras metálicas donde entran a Carol, los hierros se clavan en su lomo, en sus pechos, estará estrujada, prensada, pero no más de lo que pueda resistir su cuerpo, luego le levantan el culo, hasta que su sexo está listo y dispuesto. Ella no puede dejar de llorar, de temblar, mientras cerca de ella, otros mozos también preparan el caparazón de Osvaldo. En pocos minutos los esclavos están listo, la espera mientras los mozos van preparando los caballos, es otro castigo que sufren los dos. Están a poco más de medio metro del suelo, embutidos en su arnés, sudando, gimiendo, respirando agitadamente, con sus agujeros abiertos y dispuestos, exhibidos y mostrados a centenares de espectadores, que no dejan de mirarles, de fotografiarlos, de animarles e insultarles.
El spiker dice que necesita que alguien excita a los caballos antes de la monta. Miro a Vane y Mia, y les ordeno que se encarguen del caballo de Osvaldo, se miran, no lo esperaban, pero mi orden es clara y las dos se dirigen hacia el alazán que montará al esclavo. Empiezan a tocarle la verga, a lamerla, a acariciarla, mientras el mozo aguanta las bridas del caballo. Junto a ellas, se acercan Joanna y Jazmy ellas se encargarán del caballo de manchas marrones, el de Carol.
Mia con sus manos acaricia los testículos del animal, que se mueve asustándola, Vane la mira, y ella al instante vuelve a lenguetearle los huevos, mientras Vane acaricia y lame su verga, cada vez más excitada, las bocas de madre e hija se encuentran, sonríen, mientras sus lenguas se entrecruzan en el rabo grueso y caliente del animal. Tambien Joanna y Jazmy están lamiendo, relamiendo, acariciando la verga del caballo de manchas marrones que montara a Osvaldo.
No cabe nadie más, las gradas abarrotadas de gente aplaudiendo, animando, el corazón de Osvaldo y de Carol están a mil, el miedo se hace pánico, con cada nuevo relincho que oyen, con cada grito, y el pánico se vuelve deseo, excitación, les ponen una silla frente a ellos, ante Osvaldo se sienta Rosa que le acaricia la cara, y ante Carol, Gabriel, su nieta, ha querido que el momento de la monta, fuese su abuelo quien disfrutase de la sumisión y el dolor de la esclava.
Las vergas están empalmadas, las mamporreras se separan de los animales, los mozos colocan el último detalle, para asegurar que no haya accidentes ni desgarros, les ponen 3 aros gruesos de goma a cada verga, esto reduce la longitud de la verga, a un tamaño descomunal, pero soportable. Carol aprieta
los puños cuando nota un frio intenso en su sexo, es el spray con feromonas de yegua en celo, luego los mozos lo reparten bien por todo su agujero, también Osvaldo aprieta los dientes, cuando le preparan su culo, y de fondo un relinchar cada vez más intenso, mas impaciente de estos caballos que ya huelen las hembras.
Rosa levanta el rostro de Osvaldo, y le pregunta –Listo?, el afirma con la cabeza, mira a Gabriel, también él está con la cara de Carol levantada, la misma pregunta –Lista?, y la misma respuesta, Rosa y Gabriel, levantan el pulgar, al instante los mozos sueltan los caballos, que corren hacia sus hembras, el aullido de dolor de Osvaldo llena toda la zona, también Carol berrea y llora, mientras siente sobre su cuerpo el vientre del animal, sobre su cuello la cabeza babeando y en su sexo una vara increíblemente gruesa abriéndose paso entre sus músculos totalmente dilatados. A pesar de la preparación, aquello es tan grande que el dolor la marea, casi la hace desvanecer. Osvaldo llora, suplica, mientras no puede evitar mearse, su culo perforado sigue abriéndose más y más al paso de aquella tranca.
Por fin Carol nota el golpe en sus nalgas de los aros de goma que impiden que la bestia aun la penetre más, Gabriel le levanta la cara, la mira, la besa, mientras ella temblando de dolor, de miedo, de impotencia solo puede dejarse usar por esta bestia, que desfoga en ella todo su instinto. También Rosa acaricia a Osvaldo, le seca las lágrimas, le acaricia estos labios que no dejan de temblar, de moverse, mientras su esfínter se retuerce de dolor, y los golpes de los aros en sus nalgas las dejan amoratadas, aunque a la vez también le recuerdan que podría ser mucho peor.
La gente no deja de mirar, de fotografiar, muchos amos enseñan a sus esclavos un posible castigo… o premio, para el año próximo, otros simplemente se dejan masturbar por aquellas bocas sumisas arrodilladas ante ellos. Carol nota como el animal se corre, un rio inmenso la baña por completo, cayendo a borbotones al suelo, ella sudorosa, jadeando, mira a Gabriel, sumisa y orgullosa, se entrega a él, con su dolor, su agonía, su estremecimiento y con su coño rebosando el placer de esta bestia que le recuerda lo que es, carne sumisa para el placer de su dueño. Finalmente el caballo sale de ella, gira la cara, y ve que también Osvaldo esta sin su macho montándolo, sus agujeros son dos fuentes de semen que no dejan de manar, formando un charco inmenso a sus pies.
Antes de que la suelten, Carol ve la verga empinada de su marido, y abriendo la boca, le suplica que deje que beba su placer, él sonriendo se acerca a ella, entre los aplausos del público ella con sus labios temblorosos, engulla amorosa y dulce aquel glande que tanto conoce, va lamiendo, besando, hasta que en pocos instantes, nota orgullosa el placer de su marido inundando su boca, su garganta, mojándole la cara, ella se relame, mientras aun nota como de su coño siguen saliendo restos del placer del caballo. También Rosa ha permitido a Osvaldo que disfrutase con su lengua, con sus labios y su hocico del sexo empapado y excitado de su ama.
Finalmente, les van quitando el arnés, caen desfallecidos sobre esta lefa blanca y espesa que cubre buena parte del suelo, poco a poco la gente de las gradas va bajando, algunos se van pero muchos otros prefieren antes pasar por la zona donde están los esclavos, para ver sus agujeros dilatados, sus caras, para acariciarlos o pellizcarlos, para mostrar a sus sumisas y esclavos, lo que es la sumisión autentica, la entrega total y absoluta a sus dueños.
Ahora que están rodeados de esclavos y amos, el spiker ordena a Carol y Osvaldo, que se restrieguen bien por el suelo, que mojen cada centímetro de su piel de esta leche medio reseca. Obedientes lo hacen, Carol nota como toda su piel va emblanqueciendo, como sus pechos se embadurnan en el suelo de leche y suciedad, Osvaldo restriega sus mejillas, su pecho, su verga. Una vez listos, los hacen levantar, la leche baja lentamente por sus cuerpos mientras les atan las manos y les separan sus patas, que también atan a unas argollas, y cuando ya están listos, el spiker anima a los amos a que hagan que sus esclavos limpien la piel de estos dos magníficos ejemplares. Al instante, decenas de bocas se pegan a sus cuerpos, Carol nota una mano agarrándola por la barbilla, moviendo su cabeza, mientras una lengua recorre sus mejillas, sus labios, Otra va lamiendo sus pechos, sus pezones, tras ella también siente otras lenguas recorrer su lomo, sus nalgas, moverse entre sus nalgas hasta lengüeta en su esfínter, restregarse en sus patas, y no falta la que entra hasta el fondo de su sexo brutalmente dilatado. Osvaldo también es besado y lamido por todo su cuerpo. Cada vez están más excitados, más calientes, a pesar de la vergüenza, la humillación y el dolor, sus cuerpos sumisos vibran de deseo, con estas decenas de lenguas, de manos, de caricias y besos, que les recorren la piel. Con la boca abierta Carol entrega su lengua, su paladar, su boca, a unos labios jóvenes e intensos que se pegan a ella, El rabo de Osvaldo, cada vez más endurecido, mas levantado, también siente el tacto suave y calado de todo tipo de bocas, de manos que lo masturban.
Carol empieza a jadear, a gruñir, mientras unas manos aferradas a sus nalgas, le abren el culo, y la empujan contra una boca que no deja de acariciar su clítoris, su vulva, que no deja de buscar su vagina dolorida pero cada vez más mojada. Su cara también está llena de labios, de besos, de lenguas que entran y salen de ella. Se contornea, se mueve, nota unos espasmos cada vez más intensos, mientras oleadas de placer recorren su cuerpo, hasta hacer que entre gritos y gruñidos se corra como una cerda entre tantas manos y bocas aferradas a ella. También Osvaldo se ha corrido en la cara sonriente de una chica joven, que orgullosa se relame los restos de placer del esclavo que llenan sus mejillas.
Tras este premio inesperado, la gente se va, nos acercamos a ellos y los vamos desatando, Carol agotada, exhausta casi cae al suelo, solo los brazos de Leyla aguantando a su abuela, la sostienen. También Osvaldo esta desfallecido, y son Vane y Mia quienes lo sostienen. Tras unos minutos recuperándose, finalmente ambos consiguen mantener la verticalidad, por fin pueden respirar hondo, sonreír un poco y agradecer a sus amos, esta experiencia única. Ahora los llevamos a la zona de limpieza, donde con unas mangueras de agua helada, los vamos terminando de de limpiar, A Leyla le encanta dirigir su chorro hacia los pechos caídos de su abuela, que se mueven, se levantan, se entregiran al compás de los deseos de su nieta, mientras la esclava aprieta los puños y no deja de temblar. Ahora es su coño el que recibe la potencia del agua, instintivamente cierra sus patas, pero al instante las separa, para ofrecerse a los deseos de su ama. Osvaldo a 4 patas, con el culo bien abierto, también es limpiado por Rosa, que disfruta viéndole medio caerse con cada nuevo chorro que golpea en su interior.
Mientras estamos limpiándolos, un coche hace sonar el claxon, mirarnos y vemos bajar a Eva, sonreímos al verla, junto a ella una amiga suya, Zyntia, y aunque aún no los veamos, en el maletero, estrujados y apretados, esperan nerviosos los tres animales con los que correrán mañana. Apenas si caben en aquel rincón tan reducido; pechos, rabos, bocas, todo entremezclado y sin espacio, cuerpos sumisos y esclavos prensados y doloridos, esperando que alguien les abra el portón del vehículo, que alguien les permita respirar un poco de aire fresco, tras tanto tiempo compartiendo este aire viciado, enrarecido, apestando a sudor y orina,, Lidia, la esclava de siempre de Eva, Peludo el esclavo de Zyntia, y Bigotes, una chica joven, morena, con algo de vello en la cara, las tres siguen tragando saliva, nerviosas y asustadas, no saben lo que les espera, solo pueden temblar y estremecerse pensando en lo que sus dueñas tengan pensado para ellas, mientras de fondo oyen gente, voces, risas, pero nadie que se acerque a liberarlas de esta jaula metálica.
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