De casada a puta rastrera 5 viaje a mi destino
Lleva semanas consumida por el deseo, pero su marido se niega a actuar. Cuando él finalmente la arrastra al club, no es para una cita, sino para ser entregada a un grupo de desconocidos que no pedirán permiso, sino que tomarán lo que quieren.
rescomiendo la lectura de mis anteriores relatos para seguir el hilo de nuestra protagonista a traves de su viaje de sumision y uso
Pasaron días, bastantes días; no sabía porque, pero no había citas, no había salidas, no había nada; pasaba mi tiempo en casa y aunque seguía viviendo desnuda y dispuesta en cualquier momento a ser usada, eso no pasaba. Y eso me alteraba
Después de la ultima noche en el club, sentía excitación permanente, mi sexo estaba siempre sensible, húmedo, y mi cabeza pendiente de ello, a menudo sentía necesidad de placer, de morbo, pero no llegaba.
Me masturbaba con frecuencia, aprovechaba cualquier momento al permanecer siempre desnuda, limpiando, cocinando, o incluso sin hacer nada, mi mano viajaba a mi coño y frenéticamente sobaba mi clítoris, o se introducía en el comprobando su humedad que después pasaba a mi boca
No era raro verme restregar mis tetas contra cualquier cosa, pellizcarlas en cualquier momento, o frotar mi ansioso coño con cualquier objeto, la esquina de una mesa, el brazo del sofá, incluso cojines o cualquier otro enser que en su momento llegara a mis manos
Y orgasmaba sí, me corría desesperada recordando aquel ultimo uso, aquellas continuas vejaciones que me proporcionaron en aquella noche en el club, recordando como era usado mi cuerpo; como era invadido en múltiples ocasiones por vergas calientes, húmedas, duras y como aquellos hombres con su desdén hacia mi persona, pero su deseo hacia mi cuerpo, me hicieron gozar como nunca lo había echo
A veces mis flujos empapaban mis piernas solo recordándolo, recorrían mis muslos y sentía mi vagina palpitar exigiendo aquello que le faltaba
El no me tocaba, mas sombrío y oscuro que nunca, simplemente me observaba; y al hacerlo, no dejaba de esbozar un rictus que se confundía entre rabia y desprecio. Cuando veía mi placer no le gustaba nada y no se veía capaz de impedirlo y eso le frustraba.
Y, sin embargo, yo no conseguía satisfacerme, por más que abandonaba mi cuerpo al placer, por más que quería gozar y aunque los orgasmos se sucedían en mí, no lo lograba. Algo me faltaba, algo que hacia que mi vida no fuera plena, algo que acrecentaba mi ansiedad, algo que me hacia vivir en un permanente estado de necesidad obscena, necesitaba la humillación y la vergüenza de ser usada, de ser un objeto sexual en manos de la lujuria sin sentimientos, en manos de quien no se preocupaba más que de su satisfacción, empleándome como si de una cosa se tratara. Y ese sentimiento de necesidad me estaba amargando la existencia
No pude aguantar más, pasados varias semanas con esta situación, no pude remediarlo, mi estado de ansiedad era demasiado, y no conseguía calmarme de ninguna manera, así que en una de las ya escasas conversaciones que manteníamos, fui yo la que le propuse que buscara algo, una cita, ir a la calle, o ir de nuevo al club.
Su reacción no dejo de sorprenderme, al igual que otras veces veía brillo morboso en sus ojos cuando existía la posibilidad de mi uso y humillación, en este momento decían otra cosa, vi desprecio, rabia, asco. No contestó, no emitió ningún sonido, ningún gesto más, simplemente se levantó y se fue, no volví a verlo hasta el día siguiente, y con un estado de tensión acumulada por intentar saber que podía pasar, seguí mi día entre actividades cotidianas y continuas masturbaciones, que lejos de calmarme, acrecentaban más mi ansiedad
Apareció al otro día, hacia media mañana, mientras yo estaba totalmente abierta de piernas en el sofá del salón, introduciendo el mango de un cepillo por mi vagina mientras golpeaba el interior de mis muslos en otro animo infructuoso de calmar mi tensión
Cuando entro,no hice el más mínimo esfuerzo por dejarlo, simplemente le miré, y vi cómo se acercaba hacia mi decidido y con gesto iracundo
Directamente me dijo “vamos puta, vámonos”. No me dio tiempo a nada y según estaba me agarro del brazo y tiro de mi sacándome a trompicones hacia la calle, mientras yo hacia esfuerzos para sacarme el cepillo que grotescamente sobresalía de mi coño mientras andaba trastabillada hacia el coche.
Extrañada y confusa, lo miraba sin saber que estaba pasando, a donde íbamos, que quería, como siempre la situación no estaba bajo mi control, pero la expectativa de que algo sucediera empezó a hacer que la ya continua ansiedad creciera, convirtiéndose ya esta, en excitación sin reparos
Arranco el coche y sin decir palabra inicio la marcha por las distintas calles y caminos, mientras yo ya con el cepillo en la mano y totalmente desubicada, veía como el recorrido que llevábamos se me iba haciendo familiar.
Conocía el camino; nos dirigiamos al club, llegando, aparcó el coche parò el motor y se bajó, yo le seguí, mas extrañada todavía, el club a esa hora de la mañana estaba cerrado, no había clientes, no sabía que hacíamos allí
En la puerta tres fornidos hombres, jóvenes, con cara de pocos amigos, charlaban y fumaban distendidos. al acercarnos, mi marido dijo “vengo a traerla” y ellos franquearon la entrada con un adelante, mientras los tres clavaban sus ojos en mi cuerpo desnudo de una manera descarada y obscena
Ya dentro, mi marido se encontró con el dueño, se saludaron efusivamente, y como quien no quiere la cosa el dueño saco el móvil y le pidió a una de las chicas que perezosamente estaba sentada en un taburete que nos hiciera una foto a los tres, una foto en la que aparecía flanqueada a derecha e izquierda de mi Marido y del dueño del club, yo en el centro desnuda, con cara tensa, a la expectativa
De una de las puertas laterales, apareció otra mujer, esta mas mayor que yo, vestía una camiseta de tirantes y unas mayas que apenas podían disimular su orondo cuerpo, y sus enormes tetas. Se dirigió hacia nosotros y el dueño la dijo, “mira esta es”, en ese momento me recorrio con su mirada, y el dueño divertido volvió a pedir a la puta que hiciera otra foto, esta vez con ella y el.
Vamos ven me dijo ella, y dándose la vuelta, comenzó a caminar hacia uno de los pasillos, yo instintivamente la seguí, caminaba a detrás de ella observando su enorme culo embutido en unas mallas ajadas, escuchaba su taconeo poderoso, propio de una mujer rotunda y segura, una mujer cuya vida sin duda la había deparado multitud de experiencias algunas muy duras
Llegamos a una habitación que tenía una ligera cortina como puerta, la aparto quedándose en el quicio de la puerta invitándome a entrar, cosa que hice hasta el medio de la habitación, escuchando sus pasos detrás de mí.
Solo había una mesa amplia y una butaca era el único mobiliario de la sala, aparte de una jofaina que estaba en un rincón de la habitación.
La sentí detrás, sentí como su mano agarro mi cabello tirando hacia atrás y haciéndome elevar mi cabeza, me rodeó de esa manera pasando su otra mano desde mi culo por mi cadera hasta mis pechos, apretó ambos, pellizco los pezones y bajo su mano hasta mi vagina, acariciando mi monte de venus, y recorriendo mi coño con la yema de dos dedos, sonriendo socarronamente al comprobar mí ya ostentosa humedad.
Bajo mi cabeza y enfrento sus ojos a los míos, los vi lujuriosos, cachondos, “abre la boca dijo” y recibí un escupitajo en la cara que me hizo instintivamente cerrar los ojos recibiendo gran cantidad de saliva en mi rostro,
Soltó mi cabeza y dando la vuelta y diciendo “esto va a estar bueno” se dirigió hacia la butaca; cuando llegó, con un movimiento se bajó y se deshizo de sus mallas, quedando a la vista, dos muslos gordos y ya fofos, que eran coronados por un culazo que sin duda había tenido tiempos mejores.
Se sentó en la silla, repanchigándose, apoyando su culo sobre la parte delantera del asiento y abriendo las piernas y con un tono muy severo me dijo “vamos coño a que esperas, ya sabes lo que quiero que hagas ¿no?, venga puta a comer
Avance hacia ella, me arrodille entre sus piernas y antes de que yo avanzara hacia ese peludo y oloroso coño, ya tenia su mano en mis pelos que de un tirón embutió mi cabeza en su entrepierna con un sonoro gemido
Apretó mi cabeza contra su coño, lo restregaba de nuevo contra mí, gemía, mientras yo trataba en todo momento de respirar, de abrir la boca, y de usar mi lengua para calmar su furia, intentando conseguir que se serenase, pero no era así, usaba mi cara y mi lengua como si un trapo fuese, restregándose ansiosa contra mi boca. Sus pelos abundantes entraban en mi nariz y boca, y mas de uno fue a parar a mi garganta, que sentía su presencia, mientras abundantes flujos de un sabor muy fuerte eran recogidos por mi lengua
Mientras mi boca era violada por semejante coño la escuché pronunciar dos nombres en voz alta, dos nombres de varón, que al rato sentí como contestaban desde el interior de la habitación haciendo saber que habían llegado, diciendo dígame señora, dirigiéndose a la que en ese momento era un cumulo de bufidos y gruñidos con su coño en mi cara
“a ver tu” dijo entre gruñidos “dala por culo a ver si espabila, y tú, ven sácate la polla y cómeme las tetas coño,” mientras con una mano se bajaba los tirantes y dejaba dos tetones enormes flácidos y caídos, con una tremenda aureola oscura al aire, mientras se escuchaba si señora
Inmediatamente noté la cabeza de una polla en mi culo e instintivamente puse una mano en cada cacha separándolas, tratando de mitigar el dolor que ya imaginaba que iba a sufrir al ser enculada sin ninguna contemplación
Y así sucedió, una polla entro en mi culo con un agudo dolor, no pude ni tan siguiera gemir pues en ese momento el coño de esa señora me llenaba la boca, y chorreaba flujos y babas por mi barbilla, solo pudendo tomas aire en escasos momentos
En un instante que alcé mis ojos pude ver como el otro hombre comía las tetas doblado sobre la vieja, mientras esta, echada hacia atrás y con una mano trataba de engullir su polla.
Sentía que me follaban duro el culo, me ardía y mi coño estaba mandando esos estímulos de placer que tanto había echado de menos, empezaba a sentirme muy puta, dando y recibiendo placer, siendo violada por un coño viejo y una polla dura que machacaba mi culo sin piedad
La señora no aguanto más, y se corrió copiosamente entre gritos ahogados por la polla del secuaz, empujaba contra mi cara con los espasmos, mientras el otro hombre bombeaba con fuerza mi culo, que acabo finalmente lleno de esperma
Antes de retirarse de mi boca, la vieja le dijo al otro hombre, ahora tú, vamos dala por el coño
Y tirando de mis pelos, me levanto e hizo que me tumbara bocarriba en la mesa; “avisa a las dos chicas” dijo al chico que salía por la puerta aun con la polla fuera, y mientras el segundo hombre me clavaba su miembro hasta el fondo, la madame se dedico a morder mis tetas, a pellizcar mis pezones estirándolos fuertemente, a retorcerlos, a arañarme las tetas, mientras me escupía en la cara y metía su lengua en mi boca
“¡puta!”, decía, “por mis muertos que te van a follar hasta que no aguantes más, so zorra, vas a convertirte en un cacho de carne para usar continuamente de cualquier manera cacho-puta; te vas a arrepentir de tus deseos”
No entendía gran cosa, ¿de que hablaba?, tampoco estaba en muchas condiciones de pensar, la frenética follada aumentada por la tortura de mis tetas estaba sacándome de mis casillas, sentía un placer sucio y culpable, pero quería más, necesitaba más, y el placer cada vez aumentaba en mí, liberada gemía bajito en intervalos rápidos, mis manos las puse en cruz, ofreciéndome, abandonándome a todo lo que quisieran hacerme
Llegaron las chicas y a una orden de la madama siguieron con su cometido, azotando mis tetas y mis muslos mientras era penetrada por aquel hombre, que al cabo de un rato se corrio en mi interior recibiendo la segunda lefada de aquel día
Una de las chicas se subió en la mesa, y a horcajadas, apartando su tanga, se sentó de nuevo en mi cara, colocándome el coño de nuevo en la boca, lo abrí con la lengua y mamé de el con devoción insana.
Mientras la otra chica se ponía un arnés, la vieja aprovecho mi posición de manos para atármelas por debajo de la mesa la una a la otra y de ahí a los tobillos manteniendo mis piernas separadas y elevadas con mis agujeros dispuestos
Azoto inmisericorde mi coño que rezumaba aun semen, salpicando entre mis muslos con repetidos azotes, hasta que la chica del arnés me penetro de nuevo brutalmente, entre risas con una enorme polla de plástico que me daba la sensación de partirme en dos
Entre tanto la vieja se hacia follar por uno de los tíos, de rodillas sobre la butaca, ordenando al gañan que la follara con fuerza, increpándole repetidamente
Durante horas, pasaron por el cuarto al menos otras cinco chicas mas y otros cuatro hombres, que trabajaban en el club como mantenimiento, limpiadores o cualquier otra cosa, todos y cada uno de ellos usaba cuantos agujeros le apetecía y cuantas veces quisieran, mientras otros continuaban con sus azotes y torturas
Yo estaba desmadejada, agotada, casi insensible, me había corrido innumerables veces, tenía semen y saliva por todo mi cuerpo, mis tetas rojas, mis pezones dañados y mi culo me escocia horrores, la boca casi no me salivaba y una cantidad ingente de flujos babas y lefa, invadía mi cara, mi pelo, mi cuerpo
Sin desatarme me dieron de beber, era algo alcohólico, lo trague con la esperanza de que me aliviara mis sentidos, mientras con escaso descanso usaban mi cuerpo una y otra vez de mil maneras
Me di cuenta de que debían haber abierto el club, porque las chicas se fueron a trabajar, mientras a mi seguían abusándome hombres que entraban al cuarto; yo no sabia de donde procedían, mis sentidos ya estaban muy adormilados, simplemente me dejaba hacer
Al final la cruel vieja, introdujo un vibrador de grandes dimensiones en mi coño y lo dejo encendido, marchándose y apagando la luz de aquel cuarto que olía a todo tipo de fluidos humanos
Y así permanecí durante otro tiempo, sin poder moverme, entre jadeos, dolores y pensando poco a poco tratando de averiguar que es lo que había pasado, y entre el agotamiento y el placer quedé dormida, sobre la mesa, atada, follada, sucia hasta mas no poder, y satisfecha
Amaneció, me despertó la madama con su poderoso taconeo, la vi entrar al cuarto seguida de otro hombre, un hombre de aspecto serio vestía traje viejo y ajado y llevaba lentes redondas, portaba un maletín. El medico dijo la madama, luego supe que era la persona que cuidaba la salud de las chicas, nunca cuestioné su titulación ni su conocimiento, nunca nadie lo hacía.
Tal y como estaba me ausculto, me miro las pupilas, me abrió la boca y miro dentro, haciendo un gesto de asco al recibir mi hediondo aliento con sabor a coño y a polla, toco mis tetas, las levanto, sobo y palpo por todos los lados, volvió a tirar de los pezones, y me miro con media sonrisa cuando no pude evitar un quejido de dolor, mezclado de nuevo con un gemido de placer.
Se coloco entre mis piernas, y saco de un golpe el consolador que aun tenia dentro, curiosamente se habían gastado las pilas y ya no vibraba, al sacarlo un chorro de flujos y lefa se deslizo desde mi coño hacia abajo, hasta caer en el suelo, la vieja que observaba la operación solo dijo “que cerda”, riéndose, mientras el “medico reía también divertido al ver como rezumaba mi coño, para mi vergüenza
Manoseo mis labios y el clítoris y su cara cambio de una anodina profesionalidad a una lujuria enfermiza, metió dos dedos, me follaba con ellos, mientras iba creciendo su ya clara congestión,
La vieja me puso las tetas de nuevo en la cara, y me vi obligada a mamárselas, entre sus risas e insultos, el doctor, siguió fornicándome con los dedos, tres dedos, cuatro, hasta que, empujando con fuerza y presión constante, introdujo toda la mano en mi coño, ante un enorme grito, al sufrir un indecible dolor.
De nuevo entre risas de unos y otros, abusaron de mi cuerpo indefenso de cuantas maneras quisieron, metiendo puños, mordiendo, pellizcando, y, al final, corriéndose de nuevo la madama sobre mi cara; mientras el doctor follaba espasmódicamente mi maltrecho coño hasta correrse de nuevo en él.
Perdí la capacidad de reacción, mi cuerpo se negaba a moverse, fui desatada y al rato cuando empecé por fin a poder moverme, llegaron dos chicas que me ayudaron a levantarme.
Me llevaron apoyándome en ellas por un pasillo hasta un cuarto, donde con una manguera de agua me regaron todo mi cuerpo, limpiando todos los restos que en el había, incluso metieron la manga por mis orificios y mi boca, lavándome con un trapo todo el cuerpo
Después, me acompañaron a otro cuarto, sin puerta, dentro solo había un colchón y un cubo. Me arrojaron en el colchón y me dijeron, “ahí te quedas, rastrera”, recupérate que pronto vendrán a por ti.
Me dejaron también un mendrugo y un cacho de queso, que devore con ganas, ya que no había ingerido desde el día anterior más que lefa, flujos y alcohol
¿Mi marido? No lo volví a ver hasta un año y medio después, al igual que no volví a ver más paisaje que el club y sus afueras durante el año y medio de total entrega que pasé en ese club.
Acostada en posición semi fetal en aquel colchón que se había convertido en mi camastro, recordaba la noche de uso continuo que había recibido, los golpes, las vejaciones, las violaciones, el dolor, el placer en múltiples ocasiones; como acto reflejo, llevé mi mano a mi sexo, acariciándolo, por primera vez, no necesitaba correrme, no necesitaba nada, me encontraba plena y satisfecha, y de nuevo dado el cansancio me dormí sonriendo
Había llegado mi destino, y ello me convirtió en la rastrera.
gracias de nuevo por sus correos y comentarios espero leerlos y me expresen su opinion
orgasmhunter
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