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Dominaciónene 2025

Mi vecina me domina (20)

Sara lo tiene encerrado, pero la verdadera sorpresa llega con la visita de su madre. ¿Qué pasa cuando la dominante descubre que prefiere estar de rodillas?

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Este relato queda fuera de tus preferencias actuales. Lo mostramos porque llegaste por un enlace directo.

Al día siguiente mi señora Paqui tras desayunar se vistió de una forma muy sugerente para ir a casa de Paula. Se vistió con una falda de cuero negro, sus botas altas y un top de cuero muy ajustado que hacía resaltar sus pechos. Toda ella se cubrió con un abrigo largo de piel a juego de color negro también. A mi me dejó encerrado en mi celda a la espera de que Sara se despertara y requiera mis servicios. El sonido de la puerta de mi celda me hizo saber que era ella quien me pedía servirle.

Perro, no tardes. Date prisa y te traes un bol para tu desayuno.

Si, mi señorita Sara.

Creo que hoy va a ser el último día que te pueda dar tu desayuno tan sabroso y que tanto te gusta. ¡Échate al suelo, joder! ¿Es que voy a tener que decírtelo todas las mañanas? Abre bien tu asquerosa boca.

Tiró del cordón del tampón y lo puso entre mis labios.

Esta vez te va a gustar más por lo calentito que está. Chúpalo bien y cuando termines lo echas en tu bol.

Lo chupé con fuerza extrayendo todo el flujo sanguinolento de su regla. Después lo eché en el bol como me había ordenado.

Acércalo entre mis piernas.

Lo acerqué para que orinara en el. Con la orina el tampón volvió a hincharse de orina. Cuando terminó, pasé mi lengua por su coño secándoselo de la orina para después tomar el cordón del tampón y chuparlo. Cada vez que lo terminaba de chupar volvía a echarlo en el bol para que se empapará con su orina y volverlo a chupar. Así hasta que en el bol no quedó ni una gota de orina.

Muy bien, así me gusta, encontrarme con mi perro a mis pies para darle su desayuno. ¡No lo olvides, entendido!.

Dos bofetones cruzaron mi cara.

Ahora prepara mi desayuno mientras me visto. Tengo que salir.

Le preparé el desayuno y esperé a que llegara.

Espero que le guste el desayuno, señorita Sara.

Si, está bien.

Tomó el desayuno, se encendió un cigarrillo y me miró sonriendo mientras fumaba y usaba mi boca como cenicero.

Acércate que te coloque la jaula de castidad. No quiero que te masturbes mientras estoy fuera.

Me colocó la jaula y me mandó entrar en mi celda. Cerró la puerta, me esposó a los barrotes y accionó el mando para hacer que vibrara.

No la dejará accionada la vibración, ¿verdad?

Por qué no. Voy a hacer lo que me apetezca.

Si, mi señorita Sara.

Se marchó dejándome encerrado, inmóvil y accionada la vibración. No volvió hasta las tres de la tarde. Antes había llegado su madre que me miró y sin más se sentó frente a mí mientras se encendía un cigarrillo llenando uno de mis bol con la ceniza.

Perro, he pasado una mañana increíble. Además te confesaré que hoy he entendido que disfrutes de esta manera siendo nuestro esclavo.

No entendía lo que me estaba diciendo. Yo la miraba excitándome al ver como exhalaba el humo del cigarrillo muy lentamente de su boca. Así estaba cuando llegó Sara.

Hola mamá. ¿Como lo has pasado con Paola?

Muy bien. Siéntate que te he de contar algo.

Ninguna se percató de que mi jaula de castidad seguía vibrando sin cesar.

Pues, tú sabes de los gustos de Paola. Es sádica, bisexual, viciosa y que te voy a contar que tú no sepas. Pero nuestro encuentro del otro día fue algo muy sensual que he de reconocer que me encantó por ser la primera vez que estaba con una chica. Hasta aquí todo normal. Cuando llegué a su casa me esperaba y estuvimos charlando y tomando una copa mientras fumábamos un cigarrillo. Lo que yo esperaba era que me hiciera sentir sus caricias, sus besos al igual que hizo el otro día aquí en casa.

Ve al grano, por favor.

Pues pasado un rato de caricias y besos me dio la mano para que la acompañara al dormitorio. Allí me desnudó y recorriendo mi cuerpo con su boca hizo que mi excitación subiera. Así estábamos, abrazándonos hasta que de forma muy sutil elevó mis brazos hacia el cabecero de la cama esposándome y dejándome inmóvil. Yo creía que formaba parte del juego pero a continuación colocó una barra separadora entre mis piernas a la altura de los tobillos a los que también me esposó. Yo estaba sorprendida viendo como salía del dormitorio y volvía fumando un cigarrillo. Se acercó a mí sobre la cama y acercándose a mí compartimos el cigarrillo besándonos y pasando el humo de una boca a la otra. A la vez seguía hablándome alabando mi cuerpo, besándolo, mordiendo mis pezones y diciéndome que me iba a hacer suya y que a partir de ese momento me iba a convertir en su sumisa. Yo le pedí que me soltara pero ella siguió hablándome, diciendo que lo que iba a sentir iba a hacerme desear ser suya por completo. Tomó una fusta y separando los labios de mi coño dejo mi clítoris sobresaliendo para ir dándome golpes muy suaves al principio sobre él para ir subiendo la intensidad. Todo esto hizo que me excitara sobremanera a la vez que me estaba sorprendiendo de aceptar ser suya. Tú sabes que soy muy dominante.

No puedo creérmelo. ¿Tanto estabas disfrutando?

Si, Sara. Estaba excitándome muchísimo y de mi boca salieron palabras hacia ella suplicándole que continuara más fuerte. Aún ahora no puedo creérmelo. Ella siguió con su fusta para pasar a golpear mis pechos y estirándolos con sus dedos. Esto hizo que sin llegar a tocarme alcanzara un orgasmo brutal. No recuerdo haberme corrido nunca de esa manera.

Mamá, no tienes porqué atormentarte. Siempre has sido muy liberal y ahora lo que ha ocurrido es que has descubierto una forma de gozar distinta.

Si, pero desear ser su sumisa es algo que me cuesta aceptar.

Sigue contándome, mamá.

Pues creyendo yo que todo había terminado, se puso arrodillada sobre mí abriendo sus labios y pegando su coño a mi boca a la vez que me decía “siendo mía disfrutarás de mí y yo de ti”. Aún escucho sus palabras mientras mi lengua se abría paso entre sus labios y lamiéndola toda hasta que sus gritos me hicieron saber que su orgasmo había llegado.

Estupendo, si las dos habéis disfrutado me alegro por vosotras.

Si, claro. Pero Sara que Paula se convirtió en mi Ama y yo accedí a ser suya. ¿No lo entiendes?

Espera, voy a hacerte una prueba.

Sara pulso el mando y abrió la puerta de la celda.

Ven aquí perro, tu ama te necesita.

Sara ató unas de las esposas de la celda, las de abajo, a mis muñecas quedando todo agachado y ofrecido.

Toma mamá, disfruta de tu perro.

Paqui tomó la palabra de tachuelas que le estaba ofreciendo su hija con el fin de que comprobara que su carácter dominante aún vivía en ella. Se levantó y comenzó a darme con la pala fuertes azotes que dejaban muy muy marcado mi culo. Mientras su hija le colocó el arnés con uno de los strapon y a la vez me penetró sin miramientos. Me penetraba y al echarse hacia atrás dejaba caer la pala sobre mi.

Sigue mamá, te das cuenta como disfrutas.

Los gemidos de Paqui se fueron haciendo cada vez más intensos y es que su hija se había colocado tras ella y pellizcaba sus pezones.

¿Así te pellizcaba Paula tus pezones?, ¿te gustan mis dedos y mis uñas?

Siiiiiii, así, no pares, más fuerte.

Mi cuerpo estaba llegando al límite y deseaba que la señora Paqui alcanzará pronto su orgasmo. Así estaba cuando tocaron a la puerta. Era Raquel.

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