Mi vecina me domina (21)
Raquel no es solo la vecina; es la dueña de los cuerpos de Sara y su madre. Mientras Sara sangra en el suelo, Paqui recibe órdenes que la transformarán en la perra perfecta de Paula. ¿Hasta dónde llegará la sumisión cuando la casa se convierte en una jaula?
Hola Raquel, pasa.
¡Guauuuuu! Que fuerte. Está tu madre totalmente entregada.
Si, lo necesitaba.
Sara le contó lo sucedido a su madre con Paula mientras se fumaban un cigarrillo y no dejaban de animar a Paqui. Mi culo estaba muy dilatado, sus embates eran fuertes haciendo que el strapon llegara al fondo de mi ano. Mientras, seguía azotándome con la pala haciendo que las tachuelas se clavaran una y otra vez en mi cuerpo.
Uffff, Sara, ver a tu madre me está poniendo muy cachonda. ¿Tú no lo estás, Sara?
Mucho, cuando has llamado a la puerta estaba dedicándome a ella.
Por mí puedes seguir. No te cortes.
Cuando Sara se colocó tras su madre para masajear sus pechos y centrarse en sus pezones no imaginaba que Raquel iba a situarse tras ella. Yo mientras sentía como se clavaban las tachuelas en mi culo. Entonces Paqui paró repentinamente.
Sara, he de parar, mira su culo cómo está.
Mamá debemos curárselo lo tiene ensangrentado. Voy a soltarle.
Sara me soltó y tirando de mi correa me miró y me abofeteó.
Te has portado muy bien con mi madre y es por eso que quiero agradecértelo. Ve a la cocina y te traes el plástico grande para ponerlo en el suelo, no quiero que se manche. Yo iré a coger lo necesario para curarte.
¡Que vas a traer!, deja que yo se lo cure como debe hacerse.
Fui a por el plástico, lo estire sobre el suelo y me tumbé boca abajo tal y como me ordenó. Paqui mientras se sentó en el sillón para relajarse y fumarse un cigarrillo. Raquel tomó una cuerdas y ató mis brazos estirados a mis pies. No me podía mover y el escozor era brutal. Nunca Paqui se había ensañado conmigo de esa manera. Así atado Raquel se dedicó a pisarme con sus botas clavando el tacón en mis heridas.
Ten cuidado Raquel, está sangrando más.
¡Ahora te va a importar tu perra!. Deja que yo le cure esas heridas.
Raquel se quitó la falda, la braguita y separando los labios de su coño colocó sus piernas a cada lado de mí y comenzó a orinar. La orina al caer sobre las heridas hacía que el escozor fuera en aumento.
Por favor, Sara. Dígale que pare, es muy doloroso.
¡Cállate, cerdo asqueroso y aguanta lo que te ofrece tu ama Raquel!
Paqui se limitaba a fumar y mirar como me retorcía de dolor. Ni se inmutó ni dijo nada a pesar de mis peticiones. Cuando Raquel terminó de orinar me desató dejándome tirado sobre el plástico.
Ya puedes dedicarte a dejarlo todo limpio, cerdo.
¿Cómo estás Paqui? Me lo ha contado todo tu hija y quiero decirte que no te tienes que preocupar. Yo te he visto más dominante y sádica con tu esclavo que nunca. Con Paula es otra forma de disfrutar y así te lo has de tomar.
Paqui se marchó a su dormitorio dejándoles allí frente a mi.
¿Has terminado de lamerlo todo, cerdo?
La miré y le dije que sí. El escozor era horrible. Sara cogió mi correa y me introdujo en la celda cerrando la puerta.
Vamos nosotras al dormitorio luego nos ocuparemos de él.
Mientras avanzaban por el pasillo y al llegar a la altura del dormitorio de Paqui se pegaron a la puerta a escuchar. La voz que escucharon les pareció ser la de Paula. Pero ella no estaba allí. Entreabrieron la puerta con cuidado para que Paqui no se diera cuenta y la vieron masturbarse mientras la voz de Paula le hablaba a través del manos libres de su móvil: “si mi cariño, has descubierto una forma nueva de vivir y es siendo mía, perteneciéndome y obedeciéndome en todo como lo hace tu esclavo. ¿Te estás masturbando? ¡Deja de hacerlo! Quiero que te depiles por completo todo tu pubis y tu coño y así quiero que estés siempre. Cuando lo hagas me mandas una foto. Avísame mi perra”.
Tu madre está entregada por completo a Paula. Ya has oído como le hablaba y como tú madre le obedecía.
Si, he visto como le obedecía y como disfrutaba haciéndolo. Vamos a mi dormitorio.
Paqui se levantó de la cama y se dispuso a rasurarse y depilarse todo como le había ordenado Paula. Le mandó la foto al terminar y recibió como respuesta:”Ahora vas a ponerte el liguero ese negro de encaje que tanto me gusta, unas medias del mismo color, te calzas tus botas altas por encima de la rodilla y te pones el abrigo de cuero negro que tienes, y así quiero que te presentes en mi casa ahora mismo”. Espero que te presentes en mi casa como merezco. Sara y Raquel echadas en la cama fumándose un cigarrillo escucharon a su madre.
Niñas, voy a salir. Hasta luego.
Ninguna de ellas se atrevió a salir. Le contestaron sin más. Al pasar delante de mi celda la miré y ella se acercó haciéndome sacar mi cara por la ventana de entre los barrotes. Me lanzó un salivazo a mi cara diciéndome:”Ahora se lo que sientes y como disfrutas siendo mi esclavo y un cerdo a mi servicio”.
A continuación narraré lo que Paqui le contó a su hija cuando volvió a su casa.
Paqui se marchó a casa de Paula. Mientras iba caminando se sentía que todo el mundo la miraba como si supiera que bajo el abrigo iba desnuda. Nunca había tenido esa sensación que al principio le suponía una gran humillación pero en cuanto pulso el interfono del piso de Paula desapareció por completo dando paso a una excitación que iba sintiendo resbalar por sus muslos. Al llegar a la puerta del piso de Paula sus nervios eran totales. Miro a un lado y otro del rellano y se arrodilló con la cabeza agachada esperando que le abriera la puerta. Fueron unos segundos que le parecieron eternos.
Hola Paqui, me gusta ver como te presentas ante mi. Pasa dentro.
Paqui, al igual que su esclavo, avanzó a cuatro patas tras Paula. Al llegar al salón Paula se sentó en el sillón, se encendió un cigarrillo y le puso su mano en la cara elevando su mirada.
Gracias Paula, me siento muy agradecida por tenerme así ante ti.
Acércate, quiero que en mi presencia lo lleves siempre.
Paqui acercó su cara para que Paula colocara alrededor de su cuello un collar muy ajustado.
¿Quieres fumar?
Si, por favor, estoy muy nerviosa y lo necesito.
Bien, abre tu boca.
Paula dió una calada profunda a su cigarrillo y echó todo el humo dentro de la boca de Paqui que desesperada lo trago con satisfacción.
Gracia Paula.
Si, Señora Paula.
Vamos a pasar un día maravilloso las dos solas. Antes quiero que te levantes, te desabroches el abrigo y te muestres ante mi….. ¿a qué estás esperando, Paqui?
Me da un poco de vergüenza y estoy muy nerviosa.
Eso sabes que me da igual. Solo quiero tu obediencia. ¡Vamos, desnúdate!
Paqui comenzó a desabrochar cada uno de los botones de su abrigo. Al dejar caer su abrigo al suelo su desnudez le hizo sonrojarse de vergüenza.
Me gustas mucho desnuda. Acaríciate los pechos, te quiero muy excitada y muy mojada para cuando vaya a gozar de tu cuerpo. Acércate.
La mano de Paula se abrió paso entre sus piernas, subiendo por sus muslos hasta llegar a su coño.
Pellizca tus pezones, te quiero chorreando como una perra en celo. ¡Sigueeeeee!
Paqui atrapó con sus dedos sendos pezones y procedió a atraparlos, retorcerlos y estirarlos, obedeciendo a Paula que ahora ya había introducido varios dedos en el coño de Paqui.
Me gustan las hembras maduras bien mojadas y abiertas por mi.
Paqui comenzó a gemir dado que sus pezones comenzaban a estar hinchados de dolor y a la vez porque ya la mano de Paula intentaba introducirse por completo en su coño.
Voy a hacer que necesites de mí para gozar. Serás mi perra sumisa.
Las palabras de Paula hicieron que alcanzara un orgasmo muy placentero dejando escapar su flujo por sus muslos. La mano de Paula se salió de su coño para acercarla a su boca y que la chupara. Paqui abrió su boca y de forma desesperada la introdujo en ella lamiendo todo el flujo de su mano y sus dedos.
¿Te gusta como sabe mi mano? ¡Arrodíllate!, quiero que pruebes el flujo de tu dueña.
Paqui se arrodilló ante Paula y está abriendo sus piernas le tomó por el pelo pegándola a su coño.
¡Lame bien perra! Vas a aprender a chupar y lamer como le gusta a tu Dueña.
No contenta de cómo se lo hacía Paqui tomo un látigo corto trenzado y comenzó a azotarla.
¡Hazlo bien o te juro que lo vas a lamentar!
Paqui siguió tratando de satisfacerla. Los latigazos seguían uno tras otro. Así estuvo bastante rato hasta que Paqui apresó con sus labios el clítoris de Paula haciéndole gozar. Al terminar le empujó con los pies dejándola echada boca arriba y poniendo sus pies sobre ella mientras se encendía un cigarro.
Cuando terminé de fumármelo te pones el abrigo y te marchas. Ya te llamaré cuando me apetezca o te necesite.
Paqui se levantó del suelo y antes de ponerse el abrigo de cuero fue a asearse.
¿Dónde vas perra?. ¿Acaso te he dado yo permiso para que te asees?.
Es que quería asearme un poco.
Te vas así como una vulgar puta asquerosa.
Paqui se puso el abrigo y se marchó a su casa.
Al llegar…….
Continúa en
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