Perra cobarde 5
El teléfono suena en la oscuridad y la orden es clara: no te pares. Mientras su lengua trabaja entre sus piernas, ella obedece, sabiendo que el amo la observa. Pero la verdadera prueba no está en la cama, sino en el parque, bajo la mirada de extraños, donde la humillación se vuelve su mayor placer.
Me desperté con la lengua de mi amante o lo que fuera en mi coño. Por mi parte tomé el móvil y llamé a mi amo.
— ¿De verdad tienes que hacer eso?
— Sí, y ahora sigue. No te pares.
— Sí, ama.
Sabía que no le gustaba demasiado que alguien la viera haciendo algo tan íntimo, pero yo necesitaba que mi amo me viera haciéndolo.
Y ella cedió.
Volvió a meter su cabeza entre mis piernas y su lengua en mi zona íntima mientras yo pedía permiso a mi amo para poder correrme.
Le puse toda la cara llena de jugo vaginal.
A continuación me vestí tal y como mi amo quería que me viera. Una falda corta, una blusa, tacones, nada de ropa interior.
Mónica me miraba con desaprobación, pero no abrió la boca.
Debía ir a mear y cagar al parque como la perra que era.
Todo este control por parte de mi amo me vuelve loca. Loca de placer, loca de humillación, loca de ansiedad. Amo esa sensación.
Busqué un lugar, un sitio, cualquier sitio privado y a la vez público en el parque me valía. Tras buscar un rato encontré un lugar tras unos arbustos.
“Comienza ya”
Esta vez me salió todo de forma natural, como si lo hubiera hecho toda mi vida.
Escuché las voces de dos chicos cuando aún estaba en ello.
Mi corazón estaba a nada de saltar de mi pecho. Contuve la respiración como una idiota, como si con solo eso fuera suficiente para desaparecer de la faz de la tierra.
Pero las voces pasaron de largo.
Suspiré.
No tenía ni la menor idea de que podría hacer si me pillaran haciendo eso.
Recogí mi propia mierda con las manos desnudas y tras meterla en una bolsa de plástico, me lo metí en el bolso.
Debía regresar a casa.
Me encontré a Mónica leyendo relatos.
— ¿Sabes que si el amo quiere puede dejarnos calvas?
— Lo sé muy bien.
— ¿Pero calvas? ¿Quién desea a una mujer calva?
— Usan pelucas para salir a la calle. Pero no te preocupes, nuestro amo es fetichista del cabello femenino.
Me había acercado a ella para acariciarle el pelo, para hundir mis dedos en su bonito cabello y poder sentir su suavidad con mis dedos.
Me resultaba muy agradable y la vez desconcertante que Mónica fuera tan sumisa a mis deseos.
Llamé a mi amo.
Mónica volvió a observar el teléfono con una mirada extraña en su cara.
Sabía que no le gustaba, pero debía acostumbrarse.
Me quité la falda mientras sujetaba suavemente su cabeza.
Comencé a frotar mi coño en su pelo.
Era una sensación extremadamente agradable para mi.
— ¿Esto lo haces porque te gusta o para agradarle a él?
— Ambas — respondí yo porque era la única verdad.
Me corrí empapando el precioso cabello pelirrojo de mi mejor amiga, ahora convertida en mi sumisa o algo así.
Para terminar levanté suavemente su cabeza y le escupí en la cara y en la boca.
— Eres una sumisa espectacular.
— Solo quiero satisfacer a mi ama.
Me dirigí a la cocina para desayunar algo. Me preparé los cereales con leche un bol y los coloqué en el suelo.
Masoquista, extrema, dispuesta a servir a mi amo y señor las 24 h del día.
— ¿Qué vamos a hacer hoy?
Era una pregunta válida, era Sábado.
— Terminar tu mudanza. Y viene el amo está tarde.
Lo dije como si nada, pero pude ver el nerviosismo reflejado en la cara de mi amiga.
— Entonces lo de esta noche va en serio.
— Estoy yendo muy en serio desde el minuto 1.
El resto del día lo pasamos haciendo maletas, terminando la mudanza, tumbadas en la cama, observando la lata de comida para perros que no habíamos abierto y que no podíamos tirar aunque quisiéramos.
Y mirando el reloj, hasta que por fin sonó el timbre y ambas sabíamos que era él.
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