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Mi esposa argentina 7 Parte 8

El coche se detiene en un semáforo y la mano de un desconocido sube por el muslo de tu esposa. No puedes intervenir. No es tu lugar. Solo te queda mirar mientras ella entrega su cuerpo a un viejo que cree que la ha comprado.

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MI ESPOSA ARGENTINA 7 Parte 8

Fernanda se duchaba mientras yo jugaba con Sol. Luego saldríamos los tres a pasear por la ciudad. Mis suegros estaban trabajando.

Germán tenía un dominio total sobre mi esposa, la había sodomizado una vez más, sobre la cama ella con sus leggins bajados y las zapatillas blancas de ejercitarse. ¿Cuantas veces tenía que hacer aquello para estar conforme? ¿Cuántas veces debía penetrarla por el culo?

Tenía una verdadera obsesión y Fernanda se entregaba a ese capricho, para complacerlo y porque también lo deseaba.

Era una mujer muy sexual, esa era la simple explicación de todo.

Luego de almorzar por la zona de Recoleta, regresamos a casa. Eran nuestros últimos días en Buenos Aires. Realmente ya deseaba regresar a casa.

_Germán me pide que vaya al kiosco_ dijo Fernanda con el móvil en la mano

_ ¿Otra vez quiere follar?_ dije

_ Que se olvide, ya me va a lastimar mal el boludo_

_Te quiere arruinar como dice él_

_Todo tiene un límite, voy a ver que quiere y vengo_

Ella salió, bamboleando su hermoso culo, embutido en el vaquero, los tacones de sus botitas resonaban por el pasillo.

Tardó unos quince minutos. Regresó, sonriendo enigmáticamente.

_ ¿Qué quería?_ dije

_Presentarme a un tipo_

_ ¿De verdad?_

_Un viejo, Don Julio, me invitó a bailar tango, a una milonga_

_Un sitio donde se baila tango_

_Si eso, una milonga_

_ ¿Vas a ir?_

_Vamos a ir_

_ ¿Y cómo es que yo me enteré de la invitación?_

_Dijo Germán que si vos aparecías por la tienda te iba a avisar_

_O sea que debo ir_

_Si_ dijo ella risueña

_ ¿Y has conocido a don Julio_

_Si, es un viejo muy caballeroso, muy educado, pero me parece un poco falso_

_Mira tú, bueno, voy a la tienda para darme por invitado_

_Dale, yo voy a hacer que Sol duerma un poco la siesta_

Fui a la tienda, entré con cierto desgano.

Había allí un hombre de cerca de setenta años, mediría como yo, 1,75, llevaba traje y corbata y un gran bigotazo de morsa, tenía la piel morena y artificial como si hubiese estado en un solárium y el cabello cano, un poco raleado ya en la coronilla.

_Gaita querido, que justo que viniste, te presento a don Julio, el gallego, don Julio_ dijo Germán

_ Un gusto_ dijo el viejo y me estrechó la mano, tenía una mano pesada y grande

_Acá el hombre acaba de quedar con la rosarina para ir a bailar el tango y pensé que a vos te gustaría ver como se baila_

_ ¿Fuiste a alguna milonga acá en Buenos Aires?_ dijo el hombre, tenía una voz cavernosa como si hubiese fumado dos cajetillas de cigarros durante años

_No, la verdad que no_

_Pero como querido, el tango es patrimonio de la humanidad_ dijo clavándome unos ojos muy claros, casi aguados, incoloros.

_Bien, entonces habrá que ir_ dije

_Don Julio ¿Vio lo fuerte que está la rosarina?_ dijo German

_Que pedazo de hembra, nené_

_Ahora no le garanto lo que pueda pasar, ligera es y le gusta la pija una barbaridad, pero depende de usted_

_Vos déjame a mí, se vuelven locas con el baile ¿sabes la de pendejas que me he fifado gracias al baile?_

_Que grande don Julio, esta se la debía, espero que se le de_

_Tranquilo pibe, no me debés nada, bueno me voy yendo querido, a las once acá en el kiosco, galleguito_ me dijo por último

El viejo se fue.

_Un campeón este viejo, me dio una mano con un crédito que tuve que sacar, es jubilado del banco Nación_

_Y ahora le entregas a Fer….a Daniela_

_Se la entrego es mucho…..tampoco se la sirvo en bandeja…Danielita es muy putita pero andá a saber si agarra viaje con este jovato, por ahí los viejos no le gustan_

_Ya te contaré_ dije ridículamente

_Igual te la terminás cogiendo vos, gallego_

Regresé al piso, Fernanda estaba con mi suegra, ella casi en sus sesenta años, sequía siendo una mujer muy hermosa, tremendamente atractiva, su figura impecable, sinuosa, con un culo potentillo y unos pechos no tan grandes como los de su hija pero muy bien puestos, todavía no habíamos hablado con Fernanda sobre que su madre follaba con Germán.

Nos quedamos solos en la habitación finalmente.

_El viejo te quiere follar_

_Obvio_ dijo Fernanda

_ ¿Y tú que harás?_

_Vemos, en principio no me cae muy bien, es un viejo canchero, habrá que ver como baila el tango_

_ ¿Tú has bailado tango alguna vez?_

_Jamás en mi vida_ dijo ella

_ ¿Y cómo harás?_

_Trataré de copiar los pasos_

_ ¿Te gustaba el ballet?_ dije acomodando un mechón de pelo rubio sobre sus ojos.

_Me gustaba bailar, pero toda esa disciplina del ballet clásico no, fue cosa de mamá que fuera, después me desarrolle y chau bailarina clásica y además no podía seguir con el hockey y eso_

_ ¿Qué piensas de lo de tu madre con Germán?

_ Trato de no pensar, pobre mi viejo_

_ ¿Te imaginas estar las dos con él, al mismo tiempo?_

_Lo que faltaría, ni loca, ya pasó con Remigio y no va a volver a pasar_

Fernanda estaba espectacular, un vestido negro, corto, ceñido al cuerpo, unas pantimedias negras y zapatos de fino tacón, el vestido tenía unos finos breteles que dejaban sus hombros redondeados prácticamente al desnudo, el negro de la tela hacía resaltar el blanco marfil de su piel.

_ ¿No llevas sujetador?_

_No ¿está mal?_ dijo ella

_Joder_

Sus tetones libres eran impresionantes, el canalito exuberante emergiendo entre la negra tela, ese viejo iba a morirse con ella.

_Estoy bien tanguera ¿no?_

_Estás bien buena, yo diría_

Ella salió primera y luego yo, cuando llegué al coche, frente a la tienda, Fernanda estaba sentada en el asiento delantero del copiloto. Me senté en el asiento trasero.

_ ¿Cómo andás pibe? puntual como a mi gusta_ dijo la voz de las cavernas, era de una ronquera que asustaba.

_Y vos chiquita ¿tenés ganas de bailar?_

_Nunca bailé el tango, tengo ganas_

_Tranquila, yo te voy a enseñar bien, hay que caminar nada más, vos con esas piernas, estás hecha para el tango_

_Gracias_ dijo ella, estaba sentada muy recta, cruzada de piernas, el vestido era muy corto

_Lo importante es el abrazo y dejarse guiar, yo te voy a hacer unos toquecitos en la espalda y vos vas a entender todo, ¡¡enseguida!! _ dijo con entusiasmo

_Eso espero_ dijo ella y echó una mirada risueña hacía atrás.

Contó que se había jubilado hacía cinco años, que tenía setenta y un años, que era viudo, que había empezado a bailar el tango por su mujer, que tenía tres hijos, que había vivido toda su vida en el barrio de Caballito y que lo conocía a German de ir a ver a San Lorenzo.

_Los voy a llevar a una milonga fina, no cualquier porquería_ dijo

_Así que sos psicóloga, yo por suerte nunca precise, yo la psicología me la hago bailando_

_Llegamos, la vamos a pasar diez puntos_ dijo por fin

El sitio estaba atestado de gente de todas las edades, viejos con fijador en el pelo, en su mayoría de traje y corbata, como Julio y otros más jóvenes, las mujeres lo mismo, de todas las edades, algunas muy bellas y otras un poco desvencijadas.

_Ya reservé una mesita para nosotros_

_ ¿Qué haces Julito? Siempre bien acompañado vos_ dijo un hombre obeso con una flor en el ojal

_ Como andas Floreal, hoy gran noche gran, mira la belleza que tengo al lado_

El hombre cogió la mano de Fernanda y se la llevó a los labios.

_Pero que hermosa flor_ dijo

Fuimos hasta una mesa redonda con un mantel negro y unas flores artificiales como centro de mesa.

_Pedimos una botellita de champan para ir agarrando el tono_ dijo Julio, su pelo cano brillaba por el fijador, parecía tener un cuerpo pesado, embutido en el traje negro con rayas grises, la corbata en la gama de blancos y grises, tenía el nudo excesivamente grande, parecía que iba a acabar ahorcado por ella.

Fernanda llamaba mucho la atención como siempre, las cabezas de los bailarines, giraban y la buscaban con la mirada.

_Que lindo es esto_ dijo ella

_ Más bien, esta es una de las mejores milongas de Buenos Aires, no te voy a traer a un lugar berreta, querida_

_Quiero bailar ya_ dijo ella, estaba entusiasmada y pensé, va a acabar follando con este viejo, ya está hecho.

__A ver cómo te las rebuscás, nena_ dijo el viejo, salieron a bailar.

Ella con los taconazos era un poco más alta que él, la mano de Julio en la pequeña y delicada espalda de ella y la mano de Fernanda en la nuca de hombre, las manos entrelazadas, bien pegados los cuerpos.

Ella tenía un don para el baile y volvió a demostrarlo, se adaptaba a lo que él sugería de una manera asombrosa, parecían deslizarse por la pista de baile como si tuviesen patines, los giros eran cada vez más audaces, él metía un pie entre los pies de Fernanda y ella una pierna entre las piernas rechonchas del hombre.

Bailaron una serie de cuatro tangos, el camarero trajo una botella de champan y sirvió las copas.

Fernanda y don Julio se aproximaron a la mesa.

_ ¿De verdad es la primera vez que bailas tango? Increíble, hay detalles, te falta un poco, pero muy bien eh_

_Gracias, vos bailas muy bien_

_Lo importante es que la mina se deje llevar, el abrazo, viste, tomen che, que este champu está fenómeno_ dijo alzando la copa para brindar.

Era un viejo muy enérgico y autoritario, bailando era muy serio pero lo notaba cada vez más pegado a Fernanda y su mano cada vez más cerca de la cintura, casi llegando al culo de mi esposa.

En un momento, ella fue al baño y nos quedamos solos.

_ ¿Cómo la ves gallego, agarra viaje esta guacha? Ahora pido otra botellita a ver si la pongo un poquito en pedo y se baja la bombachita_

_No lo sé, la verdad es que apenas la conozco_

_ ¿Si? yo pensé que eras el novio…nah una joda…que vas a hacer vos con semejante mina. Un hembrón eh…..que yegua…está para matarla…..para asesinarla….esas tetas me están volviendo loco, querido_

_Baila bien_

_Baila, pero le falta conocer el tango, un poco fría para mi gusto, guarda que ahí viene_

_ ¿Seguimos bailando?_ dijo Fernanda

Bailaron otra tanda de tangos y luego una de valses, Fernanda bebió más champan y ya Julio la llevaba cogida de la mano a sentarse, ella tenía el rostro arrebatado y estaba muy hermosa, bailaba con desenfado y seguridad y me parecía que cada vez lo hacía mejor.

El hombre gordo, ese tal Floreal, se acercó a la mesa, sudoroso.

_Che, Julito, dice Gavito si no le prestás la pierna_

_ ¿Para bailar con él?_ dijo Julio bruscamente

_Y si, hermano ¿para qué va a ser?_

_Bueno, si como no, pero mira que la nena está muy tiernita, es la primera vez que baila_

_ ¿Qué pasa?_ dijo Fernanda

_Que Gavito quiere bailar con vos_

_ ¿Y quién es Gavito?_

_Es un milonguero de la gran siete_ dijo Floreal

El tal Gavito se acercó a la mesa, era un hombre de unos sesenta años, con barba cana y con una coleta en el pelo.

_Ahora hacemos una exhibición, mi compañera no pudo venir y me gusta como bailás_ dijo

_Bueno, yo soy muy principiante_ dijo Fernanda

_No parece, es que el tango es así o bailas o no bailás_ dijo el hombre

Luego Floreal cogió un micrófono y presentó la actuación de Gabito y esta noche el debut de Daniela.

La pista estaba vacía, cogí el móvil dispuesto a filmar.

Gavito vino hasta nuestra mesa y le tendió la mano a Fernanda.

Fue algo increíble, creo que recién en ese momento comprendí toda la sensualidad de la danza del tango. Fernanda era como arcilla entre las manos de un orfebre experto como Gabito. La gente miraba extasiada, las piernas de mi esposa nunca me parecieron tan increíbles, sus muslos potentes y gráciles al mismo tiempo, sus pies dentro de los taconazos pisando firmemente, acoplándose a todos los movimientos que le sugería el hombre.

Era obvio que Gavito la había elegido por su belleza pero luego supe que un milonguero experto no baila con cualquiera por más bella que sea.

Sus pechos se agitaban, bajo la seda negra del vestido, su pelo rubio y corto, su espalda recta, la forma en pompa de su culazo.

_Que gomas que tiene esta guacha_ dijo don Julio como para sí.

Bailaron tres tangos y la gente aplaudió a rabiar, yo había filmado todo.

Luego Gabito se sentó en una mesa aparte con Fernanda.

_Este turro me quiere soplar la percanta_ dijo Julio

_Realmente ella baila muy bien_

_Para mi le falta todavía, pero para ser la primera vez no está mal_ dijo, pero estaba dolido de que ella brillara tanto.

Fernanda llegó con una sonrisa de oreja a oreja.

_En dos semana me voy a Japón, a bailar tango_ dijo

_ ¿De verdad?_

_ No, no creo pero el ofrecimiento está, Gabito me ofreció viajar con él, una gira de tres meses_

_Joder amor, deberías hacerlo_ dije yo entusiasmado, olvidando que no estábamos solos

Don Julio me miró en forma suspicaz.

_No, no, imagínate, tengo a la nena y los pacientes, no, sería un lio_

_Yo creo que ya podríamos ir a un lugar más tranquilo_ dijo Julio

_Yo la verdad es que estoy un poco cansada_ dijo ella

_Bueno, los llevo, pichoncitos, entonces_

Do Julio se hizo cargo de la cuenta, pagó y luego salió caminando muy erguido con Fernanda cogida de la mano, en el camino a ella la felicitaban varias personas por cómo había bailado.

Salimos al frío de la noche, fuimos caminando por las veredas desparejas, los taconazos de ella resonaban en la acera, el contraste de verla caminar de la mano con ese viejo, con su panza y su bigote de morsa me estaba provocando un cosquilleo que yo conocía muy bien.

Julio le abrió la puerta del coche con caballerosidad y ella entró su cuerpazo sinuosamente, tuve la fugaz visión de sus piernas musculadas con el panty medias negro, acomodándose en la butaca.

Subí al asiento trasero, el coche arrancó.

_No me gustó lo que hizo Gabito, vos venías conmigo, hay códigos_ dijo él con esa voz cavernosa que tenía.

_Bueno, fue muy respetuoso_ dijo ella

_Tranquila, no es tu culpa, ya vas a ir aprendiendo cómo comportarte_

_ ¿Cómo comportarme?_

_Yo te voy a enseñar_ dijo él

Fernanda no respondió.

Nos detuvimos en un semáforo.

_ ¿Qué haces?_ dijo ella

_Que piernas que tenés, bien duritas_

Me asomé entre los asientos y vi que la mano pesada de ese hombre estaba sobre la rodilla de ella y luego subió por el muslo.

_Bueno, pará, ya está bien_ dijo ella

_ Abrí las piernas_ dijo él, arrancó el coche, sujetaba el volante con una sola mano y la otra sobre la pierna izquierda de Fernanda.

_ ¿Qué?_

_Dale no te hagas la arisca_ dijo don Julio, subiendo la falda y apretando la pierna más que acariciando.

_Me parece que te estás confundiendo_ dijo ella

Entonces sucedió algo increíble, don Julio sin dejar de conducir llevó su mano, que era una manaza hinchada y de dedos gruesos como chorizos y pasó la palma de la mano por el rostro de Fernanda, cubriendo desde la frente y los ojos y luego bajando por la nariz y la boca y luego le dio una pequeña bofetada en la mejilla.

_Ay…boludo_ protestó ella

_No me tomés por boludo, pendeja_ dijo autoritario

_Ey tío, no te pases_ dije

__ ¿Y vos que te metes gallego? ¿Sos el novio? ¿O sos el marido?_

Don Julio la cogió de la barbilla y recorrió con su pulgar los labios carnosos de Fernanda

_Soy solo un amigo_ dije

_ ¿Un amigo que le gusta ver como se la cogen entre seis tipos? Déjame de joder hermano, vos sos el marido_

_No discutan_ dijo Fernanda

_Abrí la boquita_ dijo él

Ella cogió la manaza pesada de aquel hombre y entreabrió la boca y lo miró con los ojos brillantes

El dedo pulgar, grosero y absurdo de aquel viejo se introdujo en la boca de mi esposa.

_Chupá, dale_ dijo él, se había detenido en otro semáforo

Ella mamó de ese dedo mientras seguía sujetando el resto de la mano con la suya, delicada y sutil.

_Viste que fácil, otra que Gabito, yo te voy a enseñar a bailar el tango_

Estaba sucediendo, ella estaba cayendo en el círculo de dominación de aquel hombre, el cabrón había pulsado los resortes adecuados.

El coche volvió a impulsarse hacia adelante y él bajó la manaza hasta las piernas de Fernanda, esta vez las recorrió con avidez, de una rodilla perfecta a la otra.

Ella abrió las piernas sin que él se lo pidiera, el cinturón de seguridad hacía presión sobre los pechos opulentos.

_Que gambas que tenés….mmmm y que conchita……_

Ella lo miró fijamente, seria y con expresión llorosa.

_Ya estás mojadita……ya estabas mojada cuando bailábamos….¿cierto?_

_Si…._dijo ella

La mano de aquel hombre hurgaba entre sus piernas, palpando el coño sobre el diminuto tanga que llevaba.

_Correte la bombachita, a ver esa cotorrita_

Ella le hizo caso y corrió la tira del tanga. El hombre presionó los labios vaginales con dos dedos gruesos y morcillones y los juntó sobre el clítoris.

_Ay……_ dijo ella

_Esto es lo mejor, una conchita transpirada después de haber bailado unos tangos_

Luego recorrió los pechos sobre el vestido y el cinturón de seguridad y metió la manaza por dentro del vestido.

_Que tetones, te viniste sin corpiño para calentarme más ¿no es cierto?_

_Si….._ dijo ella

Él sacó todo un pecho fuera del vestido lo estrujó, estirando el pezón y luego dejó caer su mano pesada en una especie de bofetada de arriba hacia abajo.

_ Tenés unas tetas hermosas, la vamos a pasar muy bien, ya vas a ver_

Otra vez llevó su pulgar hacia la boca de ella y Fernanda volvió a mamar de ese dedo asqueroso.

_Bueno gallego decime si sos el marido o qué mierda sos o te dejo tirado acá mismo_

_Soy el marido_ dije

_Mira vos el cornudito, a Germán también le parece que hay algo entre ustedes pero no estaba seguro_

_No le cuentes_ dijo ella cogiendo la manaza de aquel hombre y posándola sobre su propio pecho desnudo.

_Si te portás bien no le cuento, depende de vos_

El coche se había detenido en otro semáforo, don Julio inclinó su cabeza canosa y su corpachón en dirección a ella, las bocas se encontraron en un beso, vi las lenguas juntarse y jugar. La manito de ella sobre el cuello arrugado de aquel viejo y la manaza de él sobre la nuca delicada

_Que boquita de caramelo_ dijo él

El coche se metió en la cochera de un edificio, al aparcar volvieron a besarse inclinando los cuerpos, él metió la cabeza entre los tetones y sorbió allí con delectación.

Ella suspiró, mirándome, ida, acariciando la calva raleada de ese viejo.

Bajamos del coche, don Julio llevaba a Fernanda cogiéndola de la cintura, se besaron al llegar al ascensor.

_Van a conocer mi humilde departamentito_ dijo

En el ascensor, él subió el mentón de ella con una mano y volvió a darle una pequeña bofetada cariñosa.

_Yo te voy a sacar esa rebeldía que tenés, tontita_

Le acarició los pechos por sobre el vestido, recorrió la curva de la cadera y el culo.

Mi esposa se dejaba hacer como si hubiese perdido la voluntad.

_Así que te gusta ver como se la fifa un macho, hoy te vas a quedar bien conforme, gallego_

El hombre tenía un buen subidón y luego entendería por qué.

Entramos al piso, era decorado con cierto buen gusto pero muy recargado, muebles que fingían ser de estilo Luis XVI y cosas así.

_Dejá la carterita por acá, no la vas a necesitar_ le dijo don Julio y le quitó la cartera y la arrojó a un sillón y luego la besó en los labios, delicadamente y después le bajó los tirantes del vestido y los tetones emergieron, sosteniéndose sólida y firmemente, dos pechos bien puestos, dos pedazos de tetas que cortaban el aliento.

Don Julio las amasó con esas dos manos gruesas y pesadas, ella suspiró y trastabilló un paso.

Entonces le subió el vestido y dejó las nalgas expuestas, estrujó esas nalgas llenas, pegándose a ella y le soltó un azote.

PLASS!!.......PLASSS!!!

_Que buen culito_ dijo y la besó, cogió una manita de ella y la llevo hasta su polla por sobre el pantalón.

_ ¿Qué opinas, chiquita? ¿Te gusta?_

Fernanda sobó esa polla erecta y pude ver que formaba un buen bulto con sus manos.

El labio superior de ella tembló levemente.

_La tenés muy grande ¿eso querés que te diga?_

Él la volvió a besar, ella seguía masajeando la polla y él cogió las nalgas con las dos manos.

_Que culito bien durito, me encanta_

_Vos también la tenés bien dura ¿tomaste viagra?_ dijo ella, un poco provocándole.

_Quedate tranquila que hoy te vas a ir bien cogidita_

_Vení_ dijo él y la cogió de la mano, la hizo caminar unos pasos y cogió un envase plástico.

Se derramó gel en la mano y luego lo pasó por los pechos opulentos y los embadurnó bien y después derramó directamente de esa pequeña botella sobre los tetones, los sobó bien y los dejó relucientes y brillosos.

Luego se sentó en un sillón de respaldo alto, cogió un cojín y lo arrojó a sus pies.

Fernanda se fue dejando caer, de rodillas, sobre el cojín, quedó en el medio de sus piernas, con los tetones asomando, el vestido bajado.

Entonces don Julio liberó su polla y se bajó los pantalones hasta los tobillos.

El viejo tenía una polla brutal, era gorda, cabezona, era tan grande como la del mono o más. Por eso este imbécil estaba tan seguro de sí mismo.

Llevó una mano de Fernanda hasta su polla, ella la envolvió y la sacudió un poco de arriba, abajo.

_ ¿Te gusta?_ y le acarició la cabeza, la dura mano acarició el fino pelo rubio, desordenándolo.

_Si…_ dijo Fernanda

_Ponétela entre las tetas, mi pija, ponete mi pija entre las tetas_

Ella se inclinó hacia adelante y envolvió esa gigantesca verga entre sus pechos.

Se merecían, los pechos de mi esposa y la verga de ese hombre se merecían mutuamente.

_ Está calentita ¿viste?_ dijo él

_Si…._ dijo ella y con las dos manos se envolvía la enorme verga entre las tetas y se frotaba con ella. Era como una pequeña alimaña que quería escaparse de entre su nido cálido y resbaloso, ella se ayudaba con las manos para mantenerla aprisionada y luego moviendo sus torso la hacía resbalar arriba y abajo por en medio de ese canal.

Julio estaba repantingado en el sillón y metió un pulgar en la boca de ella y luego le dio una bofetada en el rostro y volvió a meter sus dedos en la boquita de mi esposa.

Ella gimió quedamente, de rodillas entre las piernas de ese viejo.

_Sería lindo acabarte en las tetas, llenártelas bien de leche ¿te gustaría?_

_Si……me gustaría…._

_Mira tú maridito como mira……que pareja de enfermitos que son_

Ella gimió, tenía los ojos brillantes, la polla golpeó su barbilla.

_Creo que ya es hora, Danielita_ dijo don Julio

_ ¿Es hora de qué?_

_ De que le pegues un buen beso a mi verga ¿no te parece?_

Ella se inclinó y besó la cabeza de esa polla enorme, dos y tres veces, con un ruido de chupeteo morboso.

Luego llevó la polla entre sus tetas y la acunó otro poco.

_Y ahora vas a tener que comértela enterita, no te digo garganta profunda porque te morís, pero si meterte un buen pedazo de verga en esa boquita de chupapija que tenés, mi amor_

Fernanda abrió la boca y tragó y tragó lo más que pudo.

_Eso….mi amor….eso_ dijo Don Julio

Continúa en