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El viejo y la arqueóloga parte 9

La pulsera de acero soldada a su tobillo no era un adorno, era una cadena. Mientras Nacho conducía, el espejo retrovisor le devolvía la imagen de su esposa siendo devorada por un viejo neandertal, y él no podía apartar la vista.

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EL VIEJO Y LA ARQUEÓLOGA Parte 9

_ ¿Y eso?_ dije, señalando el tobillo de Elena

_Es una pulsera, regalo de don Eusebio, es de acero…._ dijo ella

Era una pulsera tobillera, pero no veía yo ninguna trabilla.

_Me la ha puesto un artesano amigo suyo, está soldada_

_No te la puedes quitar…_ dije

_No…hay que romperla para ello_ dijo Elena y luego caminó hacía el agua

La pulsera era de color plateado y contrastaba también con lo moreno y dorado de la piel, ella se alejó, contoneándose felinamente, sus pies descalzos dejaban una huella invisible sobre el suelo.

Observé su culazo perfecto y voluptuoso, su pequeña cintura, la fina espalda, el largo cuello bien visible con ese pelo tan corto.

Me giré y vi que el viejo conversaba con el tuerto y nos miraban y junto a ellos ese otro viejo macilento y con una gran nariz de pajarraco.

Regresamos al hotel, Elena hizo que los niños se ducharan y cambiaran, estaban asombrados por la novedad del nuevo corte de pelo de su madre.

_ ¿Cómo fue eso? _ pregunté a mi esposa cuando nos quedamos solos.

_Me llevó a una peluquería de una amiga suya, una choni de barrio con el pelo platinado y el mismo le pidió que me lo cortara así_

_ ¿Y tú aceptaste sin más?_

_En realidad muchas veces había pensado en cortármelo así, pero….nunca cogía valor para dar el paso_

_Y luego lo de la pulsera en el tobillo_

_Si, eso me dio un poco de miedo te digo la verdad, en cuanto lleguemos a Madrid voy a una joyería que me la quiten_

_Más bien tendrás que ir a una herrería_

_ ¿Te gusta cómo me queda?_ dijo ella enseñándome el bonito pie.

_Eres su esclava ahora, eso quiere simbolizar_ dije

_Demasiado sofisticado para un neandertal_ dijo ella

_Y esta noche ¿Dónde iremos?_

_Hay un sitio, una especie de disco, donde se baila _ dijo ella

_Nos encontraremos con el viejo y con el tuerto_ dije

_Si, pero si no estás seguro de hacerlo…..nos quedamos aquí y mañana nos marchamos_

_No, debo hacerlo….quiero hacerlo…- dije, ella rozó mis dedos con su mano.

_ Espero que no tengamos que arrepentirnos_ dijo.

Luego cenamos en el hotel con los niños y al poco rato llegó Tere, la canguro.

Tenía buen rollo con nuestros hijos y parecía una chica responsable.

_ ¿No ha venido David?_ dijo Lucas, mi hijo, se refería al hermanito de Tere.

_No, se ha quedado en casita_ dijo ella.

Elena se quedó en la habitación de los niños leyéndoles un último cuento antes de irnos.

Ella llevaba unos pantalones blancos y una camisa.

_ ¿Vas vestida así?_ le dije

_No, el viejo me compro otro vestido_ dijo ella y cogió un envoltorio de papel.

_Mira, no sé si no es más pequeño que el anterior_ dijo ella y me lo enseño, cogiéndolo por los bordes.

Era un pequeño vestido de color blanco, con unos tirantes muy finos.

_Esta vez llevo bragas, me da igual que se noten, sujetador no, sería imposible_ dijo ella.

La ayude a embutirse dentro de ese mini vestido, la falda era muy corta y ella estaba muy morena, su piel parecía brillar, su cuello parecía más largo que nunca con el pelo tan corto.

En los pies llevaba unas sandalias que dejaban los delicados dedos al desnudo, las uñas eran de un color blanquecino por efecto del sol, la pulsera en el tobillo brillaba también con la frialdad del acero.

_Joder, estás increíble…..esos paletos es que van a alucinar_

También llevaba varias pulseras en las muñecas.

_Si me siento en algún sitio se me verán las bragas, es mejor a que se me vea el coño_ dijo Elena un poco más guarramente de lo que ella solía hablar.

Por un momento pensé en mi situación tan patética, en lo que estaba a punto de hacer, luego mi mente se inundó de las imágenes del relato de Elena, ella follando con esos dos viejos, el tuerto, dándole por el culo.

_Vamos de una vez, antes de que me arrepienta_

Hice las últimas recomendaciones a Tere y nos marchamos.

El aire parecía cargado y tenso, como si estuviera a punto de llover.

Al pasar por recepción vimos que no estaba el conserje de siempre, ese viejo panzón y desagradable sino una mujer, me alegré, no quería que ese sujeto viera a Elena con ese vestido

Subimos al coche.

Una sensación de adrenalina y ansiedad me recorrió el cuerpo como un subidón y luego me calmé.

Las piernas torneadas de Elena parecían interminables, la falda era muy corta y los tacones de sus sandalias muy finos.

Se colocó el cinturón de seguridad y noté como sus tetones querían escaparse de la prisión del escote del vestido, los tirantes parecían a punto de romperse por el esfuerzo de sujetar esos pechos enormes.

_Estás para una foto_ dije

_Ni se te ocurra_ dijo ella

Partimos, hacía lo desconocido.

El viejo le había dado a Elena las señas del lugar, preguntamos a una pareja por la calle y nos dijeron dónde ir.

Quedaba justo donde acababa el pueblo y la música tan fuerte y los coches en la calle nos fueron guiando.

Estas discotecas de pueblo suelen poner la música a un volumen demasiado alto.

Entramos, dentro estaba muy oscuro y la música aturdía, el puto reguetón de los cojones.

Nos acercamos a la barra, no había señales del viejo.

_ ¿Estás segura que este es el sitio?_ grité en el oído de mi esposa, ella inclinó la cabeza como asentimiento.

Unos chavales la miraban como para desnudarla y arrojarse sobre ella.

_Voy al servicio, pídeme algo de beber_ dijo, la vi alejarse entre la gente, su figura felina y alta dejaba como una estela a su paso y todos se apartaban admirativamente.

Pedí unos gin tonic a una camarera y sentí que alguien me tocaba el codo.

Era el viejo, llevaba una camisa negra que más hortera no se conseguía.

_Que pasa, Nacho_ me gritó en el oído, su aliento era pesado de tabaco y alcohol, pensé en su boca besando a mi mujer.

_Bien_ dije, supongo que leyó mis labios.

Me miró muy sonriente, con su cara de neandertal, las cejas muy tupidas, la mandíbula prominente, su piel era morena y sebosa y parecía sucia, como si tuviera tierra pegada, la barba mal rasurada.

Bebí de mi copa, el viejo tenía un trago en la mano.

_ ¿Sueles venir a este sitio?_ dije

_Nahhh…_ me dijo, como si le hubiese sugerido una locura.

_ ¿Y entonces por qué….?_ comencé a decirle, cuando vi que Elena venía caminado, con alguien, era el tuerto, quien llevaba una amplia camisa blanca y cogía a mi esposa de la cintura y le decía algo al oído y ella le escuchaba muy seria y luego miraba en nuestra dirección.

Y luego comenzaban a bailar, el viejo tuerto, casi inmóvil a su lado y ella contoneándose frente a él como desganada.

El viejo neandertal me miró divertido.

_Hacen buena pareja, a que sí_ gritó en mi oído

No respondí.

El tuerto se aproximó a Elena y la hizo girar, para verle el culo, enfundada en ese mini vestido blanco cuya falda era como un cinturón, ella se movió un poco más y entonces las manazas de ese viejo cogieron la pequeña cintura y ella flexionó las piernas en un típico movimiento de perreo y en ese momento una pareja se cruzó en mi campo visual y los ocultó.

_Trae el trago de tu mujer_ dijo el viejo

Cogí el trago, el frio de la bebida se transmitió a mi mano, seguí al viejo, me pareció muy bajo de estatura, su panza ridícula.

Nos metimos por el borde de la gente bailando, el viejo empujó a alguien, de pronto estábamos en medio del tumulto.

Me dio un codazo en las costillas.

Elena estaba contra una pared moviéndose suavemente, el vestido blanco era una mancha entre la penumbra y alguien estaba frente a ella y la cogía de la cintura, era el tuerto claro y a su lado había otra persona.

Era el conserje del hotel.

El viejo volvió a darme otro codazo en las costillas.

El tuerto puso una manaza en el fino y largo cuello de mi esposa, ella pareció querer zafarse, entonces me ubicó con la vista y bajó los ojos y el tuerto acerco su cara y la besó en la mejilla, ella abrió los ojos y me miró largamente, alguien se cruzó frente a mí, lo aparté, me moví de mi sitio y cuando volví a mirar….

El tuerto estaba besando a Elena en la boca, pequeños besos donde los labios se encontraban, se pegaban y volvían a despegarse, con un breve rastro de humedad que los unía, la cara del tuerto era alargada, caballuna, ella con los tacones quedaba ligeramente más alta que él.

El conserje también era bastante alto, casi como el tuerto, estaba apoyado con una mano en la pared y miraba como se besaban.

El tuerto se aproximó más a ella y le dijo algo al oído, ella negó con la cabeza y miró otra vez en mi dirección, su mirada era implorante.

Quise avanzar hacia ellos, el viejo me cogió del brazo.

El tuerto volvía a besarla y ahora pude ver como rozaba con el dorso de su mano los pezones por sobre la tela del vestido.

Y entonces el conserje acarició la sien de Elena con una mano e hizo el gesto de acomodarle el pelo detrás de la orejita, mientras el otro la besaba, pero ese pelo era muy corto, no había forma de hacer eso, ella le miró asombrada, el tuerto seguía sujetándole la carita, el conserje aprovechó ese momento para besarla también, en la mejilla, ella pareció resistirse y luego se aflojó.

Una mano del conserje estaba en la pequeña cintura.

El conserje volvió a la carga, el tuerto hizo girar la cara de mi esposa para que se encontrara con la boca del otro y el conserje finalmente hizo chocar su boca agrietada con la carnosa boca de Elena y se besaron

Los dos hombres estaban pegados a ella y ahora no paraban de besarla y meterle mano, le besaban en el cuello y ella se inclinaba y cerraba los ojos y cada tanto los abría y me buscaba con la mirada, y también le tocaban el culo, las manos iban por detrás, entre la pared y ella y acariciaban y sobaban y a veces le daban también un pellizco sobre los pezones que ya se notaban muy erectos, marcándose obscenamente en la tela, ya las parejas que bailaban me habían empujado varias veces y el líquido de la copa de Elena se había volcado a medias.

El viejo me dio otro codazo en las costillas y vi que ahora ella tenía las piernas ligeramente abiertas y el conserje tenía una mano debajo del vestido y le estaría tocando el coño, era claro y ella seguía besándose con uno y otro, eran dos buitres devorando a una leona, ahora los dos corpachones de esos viejos parecían asfixiar a mi esposa y de pronto otra figura apareció en escena.

Era el viejo macilento de la piscina, con su gran nariz de pajarraco y los otros dos se apartaron y mi esposa estaba apoyada en esa pared con las palmas de las manos sobre el muro, los brazos a los costados del cuerpo, las piernas flexionadas y separadas, la cara mirando hacia un costado.

El macilento se acercó a ella y la cogió de la barbilla e hizo que le mirara y luego otra vez una pareja bailando me los ocultó de la visión y cuando pude recobrar el contacto visual, el macilento tenía una rodilla entre las piernas de mi esposa y la estaba besando y ella cerraba los ojos y se dejaba besar y los otros dos se acercaron a cada costado del macilento y eran como un trio de hienas que se cerraban sobre la presa.

Y era tanta la conmoción que sentía, yo no había visto nada de todo lo que había pasado entre Elena y el viejo, solo habían sido los relatos de ella y lo poco que me había dicho el viejo y estar viendo ahora como ella, mi esposa de 34 años, tan dulce y seria se besaba y era manoseada por esos tres viejos en una discoteca de pueblo, era más de lo que podía soportar.

_No aguanto más esto_ dije al viejo en el oído, como pidiendo su ayuda.

_ ¿No lo aguantas?_ dijo el, gritando a su vez en mi oído

Volví la vista hasta donde estaba Elena, ahora se besaba con el conserje y el macilento esperaba su turno y luego este la cogió del pelo tirando su cabeza hacía atrás y la besó en el cuello y luego en la boca y ella trastabilló y ahora fue el tuerto quien la besó, desgajando su boca, mordiendo un poco y vuelta a entregársela al macilento quien tenía una de sus manos por dentro del vestido y luego se la paso al conserje quien también la besó y le sonrió y le decía algo, seguramente un insulto por la expresión feroz de la cara y la mirada de Elena cuando abría los ojos era llorosa, suplicante, avergonzada.

_Pues tendrás que aguantar cornudo, porque esta zorrita quiere polla y eso es lo que le vamos a dar…._ gritó el viejo en mi oído.

Y luego avanzó hacía el grupo y los otros tres se apartaron a su llegada, como una señal de respeto hacía el líder de la manada, hacía el macho alfa.

El viejo cogió a Elena de una muñeca y la arrastró detrás de sí.

Comencé a seguirles, pasé frente a los tres viejos que me miraron desafiantes y divertidos.

El tuerto, el conserje y el macilento, parecían los personajes de un spaguetti western.

Elena iba casi trastabillando cogida de la mano con el viejo neandertal y yo les seguía detrás, llegamos hasta la barra, ella me miró, avergonzada, le di su copa y ella la bebió de un solo trago.

El viejo volvió a tironear de su mano, les seguí, salimos a la calle.

_ ¿Dónde está vuestro coche?_ dijo el viejo, imperativamente, Elena parecía flamear, cogida de su mano, el viejo quedaba como un enano a su lado.

_Por allí_ dije

Llegamos al coche, subí al lugar del conductor y entonces vi como el viejo abría la puerta de atrás y empujaba a Elena en el asiento trasero y luego él subía detrás de ella.

Ella me miró, agitada y nerviosa, sus tetones subían y bajaban con su respiración.

_Coge el camino este y tira derecho_ dijo el viejo

Arranqué el motor, era un alivio haber dejado de escuchar esa música estridente de la discoteca

_ ¿Por aquí?_ dije, entonces escuche otro sonido que aturdió mi cabeza.

Era el sonido de un beso, giré la cara y vi al viejo besando a Elena en la boca, le había subido una larga y torneada pierna morena sobre una de sus propias piernas fornidas.

_Mira adelante, tontolón, a ver si te la pegas con alguien_ dijo el viejo.

Miré hacia el camino y luego enfoqué a mi esposa y al viejo por el espejo retrovisor, estuve a punto de echarme a llorar por la angustia.

No estaba preparado para ver aquello, había podido soportar bastante bien los relatos de mi esposa, pero esto, estar viendo como ese viejo pasaba sus manos oscuras y terrosas por todo el exuberante cuerpo de mi esposa era demasiado.

Como la besaba en el cuello y luego en el nacimiento del pecho, en el borde de las tetazas opulentas y el ruido que hacían sus besos

CHUUUUPPPP!!!!.........CHUPPP!!!

Y ella suspiró, quedamente, estaba reprimiendo sus gemidos pero ya no podía más, vi que una de sus manitas delicadas estaba sobre la polla del viejo, apretujando esa verga por sobre los pantalones.

Y el viejo le acariciaba la larga pierna izquierda que estaba apoyada sobre la suya y le subía el vestido, dejando al descubierto el muslo musculado y parte del nacimiento del culo y los besos eran un morreo desesperado y adolescente, se comían las bocas como si no hubiera mañana y la angustia me atenazaba la garganta y de pronto me di cuenta que mi polla estaba dura dentro de mis calzoncillos y también había estado así mientras los viejos la besaban en la discoteca.

Y me toque brevemente la polla y esta dio un respingo y eso me calmó, estaba empalmado viendo como sobaban a mi mujer, esa era la realidad, el corazón se me salía del pecho, viendo por el espejo retrovisor como ahora ella le cascaba la polla desnuda al viejo, la larga pierna de ella sobre la rodilla del viejo, y en el tobillo esa pulsera de esclava.

El viejo neandertal tenía una esclava y haría con ella lo que le viniera en gana, la había conquistado de pleno derecho, por la prepotencia de su enorme verga.

Ahora el viejo hacía resbalar uno de los finos tirantes del vestido y sacaba un pecho gordo y pleno a la luz de la luna que entraba por las ventanillas del coche y lo cogía con su boca y lo mamaba y Elena ya no pudo más.

_AHHH!!!....OHHHH!!!!........._

_ ¿Qué cariño?....... ¿Qué pasa?_ dijo el viejo y le dio un pequeño bofetón sobre la teta y luego le volvió a besar en la boca y ella seguía sacudiendo con su manita esa enorme polla.

Era tremenda realmente, era una polla de película porno, la polla de un actor porno insertada en el cuerpo de simio de ese viejo neandertal.

_ ¿Quieres comerme la polla delante del cornudo? ¿Quieres eso?_ dijo el viejo

Ella le miró con la carita fruncida en una mueca indescifrable, mitad de placer, mitad de bochorno.

El viejo le dio una pequeña bofetada en la carita.

_ ¿Quieres mamarme la polla como a ti te gusta? ¿Le has contado al cornudo como me suplicas que cuando quieres mamarme la verga?_ dijo el viejo y le retorció un pezón y le azotó ese pecho y tiró del otro tirante del vestido para bajárselo y dejarla con las tetas desnudas y volvió a darle un bofetón en la carita y la besó, soezmente y un rastro de baba y saliva quedó uniendo las bocas.

_ ¿Quieres tu verga? Pues pídelo, como tú sabes, anda Elena_ dijo y le dio un nuevo bofetón sobre la carita.

_Quiero comerte la polla……_ dijo ella

_ ¿Delante del cornudo? ¿Delante del padre de tus hijos?_ dijo el viejo

_Si…….si……_ dijo ella

_Pero serás zorra, venga, date el gusto, cariño, date el gusto, abre bien la boquita…._dijo el viejo

Y entonces se repantingó en el asiento y abrió las piernas cortas y fornidas, de neandertal y cogió la cabecita de Elena con su pelo corto y oscuro, pegado al cráneo y la llevó hasta su polla, presionando la nuca desnuda y ella se la tragó, con un profundo suspiro.

El coche se me fue de carril en la carretera, lo enderecé.

_Sigue recto, hasta que veas un cartel que dice, capilla de Hinojares_ dijo el viejo

Elena estaba doblada sobre el cuerpo del viejo como un junco y le mamaba la polla con un ruido de chupeteo y una especie de gruñido animal.

_Joder, hay que ver la boquita que tiene esta zorrita, no solo es que está muy buena, sino que le gusta follar a la hija de puta…._ dijo el viejo presionando la nuca femenina sobre su ingle.

Seguí conduciendo, mi polla estaba a reventar, volví a tocarme por sobre los pantalones, eso me relajaba, me colocaba en situación.

El cuerpazo de Elena era algo descomunal, con sus tetas fuera del vestido, aplastadas sobre los muslos y la panza del viejo, la pierna izquierda seguía cruzada sobre las piernas del viejo en una pose como de contorsionista.

_Es una buena arqueóloga, eso no se puede negar……cuando descubre algo que vale la pena…..joder, esto sí que es pasión por la arqueología ¿verdad?_ dijo el viejo.

_Venga cómeme los huevos…- dijo el viejo y le quitó la polla de la boca con desprecio y se bajó los pantalones y le dio otro bofetón en la carita mientras ella le comía la polla y el rostro de Elena estaba deformado en un rictus que la afeaba.

Y el viejo cogió el pelo corto de Elena y la hizo bajar hasta sus pelotas y ella comenzó a lamer esos testículos peludos, con la misma premura y desesperación con que antes le había mamado la polla.

_Joder, macho, es que mueve esa lengüita de un modo….nunca me habían comido las pelotas así, es una pasada…._ dijo el viejo y con su mano izquierda le levantó el vestido, con esfuerzo de tan ajustado que estaba y metió la mano allí.

_Tienes un pantano en el coño, cariño, un verdadero lodazal en el chochete……_ dijo el viejo

Y cada expresión humillante hacía latir mi polla de un modo que pensé que hasta podría correrme sin tocarme.

_Envuélveme la polla con tus perolas, anda_ dijo el viejo

_Mmmmmmm!!!......._ los gemidos de ella eran desesperantes para mis oídos y luego hizo lo que el viejo le pedía, refregó sus tetas enormes sobre esa enorme polla del viejo y trató de envolverlas, ayudándose con sus mano.

_Te has pasado…._ dijo el viejo

No supe a qué se refería, solo escuchaba los jadeos animales de Elena y sus esfuerzos por sostener esa verga entre sus tetas.

_Que te has pasado, Nacho……ya hemos pasado el cartel, da la vuelta y tú aparta un poco, hija…._dijo el viejo a Elena.

Esta se incorporó limpiándose la boca con el dorso de la mano.

Giré en redondo con cuidado.

_Conduce despacio, que vas a pasarte otra vez_ dijo el viejo, ahora parecía ignorar a Elena, quien se subía los tirantes del pequeño vestido y se acomodaba los pechos desnudos dentro.

_Aquí, aquí está el cartel, ahora coge ese camino a la izquierda_

Vi el cartel que decía capilla de hinojares.

_Los Hinojares eran una familia de aquí, construyeron esta capilla no sé cuándo, en la edad media yo creo_

Cogí el camino, estaba en bastante mal estado y los faros del coche iluminaban lúgubremente el paisaje.

_Ahora vas hasta el final y vamos a llegar a la capilla_

Entonces vi que Elena seguía cogiendo la polla del viejo y lo masturbaba maquinalmente.

_No puedes dejar de tocarla ¿verdad?_

_Que idiota eres…._ dijo ella y le soltó la polla

_Mira que si me cabreo, igual no te follo una mierda…._ dijo el viejo

Una mole oscura apareció ante mis ojos, era de piedra y parecía bastante antigua, el techo era a dos aguas y parecía de paja.

Aparqué el coche.

_Bueno parejita, llegamos al picadero, esta es una noche señalada y me pareció bonito hacerlo en un lugar especial_

Descendimos del coche, estaba oscuro y el viejo utilizó su móvil como linterna, las puertas eran de madera oscura y desvencijada, luego el viejo recogió un farol a pilas que estaba en el pórtico y lo encendió.

Luego empujó las puertas.

Dentro era más pequeño de lo que imaginaba, había una hilera de bancos y sobre la pared del frente una gran cruz de madera.

_ ¿No se usa como capilla? No quiero hacerlo aquí…_ dijo ella

_Nahh…..no se usa hace años, yo era pequeño y esto ya estaba abandonado_

Había unas columnas de piedra a los costados, el viejo encendió una antorcha que estaba sobre una de las paredes.

_ ¿De qué época crees que será esto, Elenita?_ dijo el viejo

Mi esposa con su mini vestido blanco, su pelo corto, sus sandalias de tacón era una figura discordante en ese sitio.

Se acercó a una de las columnas de piedra y la tocó, sus pulseras tintinearon en su muñeca.

_Debe ser de la alta edad media, pero ha tenido reformas, creo…._ dijo ella

_Es lo bueno de venir a este sitio con alguien que sabe_ dijo el viejo y encendió otra antorcha, sobre una de las paredes.

Nos miramos con mi esposa, por fin un momento de paz, me acerqué a ella, nos besamos.

_ ¿Estás dispuesto a seguir con esto?_ dijo ella en voz baja

_Si…._ dije, mientras acariciaba su cara.

Escuchamos un ruido como si el viejo arrastrara algo, efectivamente era un colchón, lo arrojó frente a la cruz, era una especie de atrio, más elevado que el resto de la pequeña capilla, depositó el farol sobre uno de los bancos, las antorchas echaban una luz fantasmal y danzante.

Escuchamos el aullido de lo que parecía ser un lobo.

_Mira, han vuelto los lobos, los putos proteccionistas, no te jodes…._ dijo el viejo

_No pensaras que…._ dijo Elena mirando el colchón.

_Ven aquí_ dijo el viejo y cogió a Elena de un brazo, bordearon el colchón, era de dos plazas, de matrimonio, viejo y mugriento.

_Pon las manos así_ dijo el viejo e hizo que Elena pusiera las manos a los costados de la cruz, sobre ese muro de piedra.

_Y ahora separa las piernas_ dijo el viejo y luego comenzó a desnudarse, arrojaba su ropa al suelo, sin miramientos, vi su gran panza peluda, sus tetillas, sus piernas cortas, su culo de mono y esa gran polla colgándole, un gigantesco rabo bamboleándose orgullosamente.

Elena miró hacia atrás, su culo se marcaba brutalmente dentro de ese pequeño vestido, las manos sobre el muro a los costados de la cruz de madera.

Parecía una mártir de la inquisición sobre esa cruz y ese muro de piedra antigua, una Juana de Arco, con su pelo corto, a punto de ser condenada a la hoguera.

_Mira que buen culo se carga la muy guarra_ dijo el viejo y se amasó la polla.

Entonces cogió el borde del pequeño vestido y tiró hacía arriba.

_Hoy te has venido con bragas, bah esta tira de tela clavada en el ojete que usáis ahora, vaya guarras con los tangas estos_ dijo el viejo, mientras tiraba de la tela con esfuerzo y entonces asomó el perfecto y moreno culo de mi esposa en todo su esplendor.

_Bájate los tirantes estos_ dijo el viejo, ella se los bajo, el vestido cayó por su cintura, ahora la espalda también estaba desnuda, la pequeña y simétrica espalda dividida por un línea de piel que la separaba en dos mitades perfectas.

El vestido blanco enrollado en su cintura como una faja.

_Bueno, ¿qué dices, mi cornudo? ¿Me la follo? ¿Me follo a esta zorrita?_ dijo el viejo y le sobó un poco el culo y luego le dio un azote suave.

El glúteo redondo y bien formado tembló un poco.

_ ¿Me la follo o no? Tú decides_ dijo el viejo

_Si……dije, con un hilo de voz

_Mmmmmm!!!......_ Elena gimió y pareció hundir su cabecita entre los hombros

El viejo bajó el tanga, cogiéndolo por los bordes y los dejó tensado a la altura de las rodillas

PLASSSSS!!!!

Un soberbio azote sobre una nalga que rápidamente cogió un tono rojizo

_No te he escuchado bien, coño ¿ME FOLLO A ESTA ZORRA O NO?_

_ ¡¡SI!!….FOLLATELA….._ Grité, espoleado por ese viejo

_Tú, baja la grupa, hija, flexiona las piernas_ dijo el viejo, ella flexionó las piernas en una posición antinatural, sacando culo hacía fuera.

El viejo puso una mano en la cintura de Elena y empujó hacia abajo y luego se cogió la polla y se situó detrás de ella.

_Ven acércate, Nacho, así ves bien la carita de tu esposa_ dijo el viejo

Fui hasta la pared de piedra.

Elena giró la cara y me miró, vi como el viejo refregaba esa monstruosidad de polla sobre el coño de mi mujer.

_Mira al cornudo, cariño…..no dejes de mirarle…._dijo el viejo, ella me miró, sus tetones desnudos repuntaban hacía arriba casi tocando la piedra y entonces don Eusebio empujó y se metió dentro de ella, se hundió en su coño y el dulce rostro de mi esposa se descompuso en el acto, su mirada era implorante y avergonzada, seguía con las manitas largas y estilizadas sobre la piedra.

Sentí que me desmayaba, me toqué la polla por sobre los pantalones y luego metí la mano por dentro y el viejo inició un lente mete y saca, esa enorme verga entraba y salía del coño de Elena con un sonido acuoso.

Y entonces escuché a la distancia el sonido del motor de un coche, acercándose

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