Campus Cornudo PARTE 2 (Cap. 24 - 2ra parte)
El cristal lo separa de su mundo. Afuera, la humillación; adentro, el placer prohibido de su esposa. No puede entrar, no puede actuar, solo puede mirar cómo la mujer que ama es usada por extraños mientras él bebe para no sentir.
NOTA DEL AUTOR:
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CAPÍTULO 24 (2da parte)
–Sólo parejas o hombres acompañados– dijo con autoridad.
–Mi mujer está dentro– respondí.
–Eso yo no puedo saberlo. No puedes cruzar esta puerta si no te acompaña una mujer.
–Pero está dentro– insistí. Y ya casi con desesperación añadí –tengo que entrar.
Pero todo fue inútil. Aquella bestia humana nunca me permitiría entrar. Confuso, molesto y ofuscado intenté buscar una alternativa para colarme. Buscando otra forma de acceder al interior me metí por una puerta en la que pude ver cuatro hombres amorrados a la pared. Tardé unos segundos en entenderlo. Estaba en el otro lado del pasillo francés.
Esos hombres tenían sus pollas metidas en el agujero esperando que alguna mujer o hombre les masturbara o se la chupara. Quedaban cuatro agujeros más e intenté mirar por ellos a ver si encontraba a Laura, pero al otro lado estaba muy oscuro y no pude ver nada revelador.
–¿Laura? – dije sin obtener respuesta.
Entonces me acordé. ¡Rebeca! Nos había abierto ficha, me reconocería, se acordaría de Laura y podría indicarle al segurata de la puerta que me permitiera pasar.
Salí hasta la recepción y una joven morena me miró perpleja.
–¿Qué haces aquí completamente desnudo? – pregunté.
–Busco a Rebeca– respondí.
–Ya ha terminado su turno. Su horario es de 16h a 00h. Ya hace media hora que se ha ido. – me dijo con un tono ligeramente desagradable.
–Bueno, igual tú también puedes ayudarme, hace una hora y media hemos llegado con mi esposa. Rebeca nos ha enseñado las instalaciones. El caso es que nos hemos separado y Laura, mi mujer se llama Laura, está en el interior y a mí no me dejan entrar.
–Vaya, pues no puedo hacer nada al respecto– respondió, –ya debieron explicaros las reglas del local. No está permitido acceder a las zonas privadas sin compañía femenina.
–Pero ella está dentro– insistí.
–Lo siento, no puedo hacer nada.
–¡Puedes consultar las fichas que rellenamos al entrar! – dije alzando la voz.
–¡NI HABLAR! La ley de protección de datos no me lo permite. Y ahora haz el favor de entrar o llamo a seguridad para que te echen.
–Pero se la van a follar– dije suplicando, pero su impertérrita mirada me obligó a regresar por donde había venido.
–A eso ha venido– oí que decía riéndose a mis espaldas.
Me senté en un sofá y me volví a sentir desfallecido. Pasaron los minutos y lo único que podía hacer era observar el ir y venir de las parejas y los hombres. Pedí otro gin-tonic. De vez en cuando alguna mujer se fijaba en mí, pero cuando se percataba de mi cinturón se iba con una sonrisa en la cara. Pedí otro gin-tonic.
Sin haberme recuperado completamente de las copas anteriores, añadir a mi torrente sanguíneo el alcohol de dos gin-tonics más acabó por embriagarme y quedé adormilado. Hasta que un hombre al pasar junto a mí me dio un golpe involuntario en la pierna.
–¿Has visto a la nueva? – oí que le decía a otro hombre que la acompañaba.
–Está buena de cojones… ¡vaya tetas! – le respondió y se alejaron de mi a toda velocidad.
Había perdido completamente la noción del tiempo, pero aquella interrupción me desveló y seguí con la mirada el lugar al que se dirigían casi a la carrera. Y pude verla, tras el cristal, Laura estaba siendo follada con violencia. Intenté levantarme, pero parecía que las paredes daban vueltas y el suelo se moviera; me agarré a una columna y con paso inseguro me acerque a la cristalera, a través de la cual se podía ver a la perfección toda la escena.
Un hombre bastante joven estaba tumbado y, encima de él, Laura tenía su polla clavada en el coño, mientras que, por detrás, Gabriel, con una furia inhumana le clavaba la polla por el culo haciéndola rebotar adelante y atrás.
De nuevo me encontraba al otro lado del cristal como en las celdas de Santo Domingo. De nuevo era incapaz de actuar, incapaz de detener aquello y relegado a ser un mero espectador. Y de nuevo, Laura, mi esposa, mi amada, estaba siendo follada con una intensidad abrumadora. ¡Y por el culo! Ese culo que hacía muy poco aún era virgen.
–¡AHHHHHH!!!! – se oía a través de unos altavoces, aunque el ruido de la música de la discoteca se mezclaba con los sonidos del interior dificultando la comprensión.
–¡SIIIIIIII!!!! ¡FÓLLAME!!! ¡FÓLLAME!!! – gritaba totalmente poseída.
–¡Joder, que enculada! – dijeron a mi derecha.
–¡NO PARES!!! MÁÁÁÁÁS… ¡MÁÁÁÁÁS!!! ¡AHHHHHH!!!!
La velocidad y la potencia con la que Gabriel se follaba a Laura era demencial, la agarraba por la cintura, retiraba su polla y con fuertes empujones se la volvía a clavar entera.
¡plop! ¡plop! ¡plop! ¡plop! ¡plop! ¡plop!
–¡AHHHHHH!!!! – Laura no podía parar de gritar de gusto –¡AHHHHHH!!!!
Absorto con tanta intensidad no me di cuenta de la presencia de otro hombre, que se acercó por delante y le puso la polla en la boca de Laura.
–¡chup! ¡chup! ¡chup! ¡ugggghhhh! – hacía ella cada vez que los empujones de Gabriel la forzaban a meterse la polla entera en la boca.
¡PLAFFF! Resonó en la sala tras una fuerte nalgada que le propino Gabriel.
¡PLAFFF! Otra nalgada seguida de un ¡AHHHH!!! sentido
–¿De dónde ha salido esta guarra? – preguntó uno de los espectadores.
–¿Es una de las nuevas putas de la casa? A esta tengo que follármela como sea.
–Y yo… pero debe cobrar un pastizal
–Ni idea tío… pero mírala… se lo vale.
–¡AHHHHHH!!!! ¡SIIIIIII!!! ¡MÁSSSS!!!! – chillaba Laura fuera de sí.
¡PLAFFF! Otra nalgada. ¡PLAFFF! Y otra.
–Le va a dejar el culo que no va a poder sentarse en una semana– dijeron y efectivamente las nalgas de Laura mostraban un aspecto lastimosamente enrojecido.
–¿Esta es la puta que nos ha chupado la polla en el pasillo francés?
–No lo sé tío, pero bien podría ser ella. ¿Has visto como se traga toda la polla?
–¿Polla? ¡Dirás pollón!!! Ese cabrón tiene una polla de 20 cm como mínimo.
–Y más– oía que continuaban comentando a mi derecha.
–¡Aparta! – me dijo un viejo dándome un empujón y se puso frente al cristal a masturbarse como un loco.
Mientras tanto Laura continuaba recibiendo pollazos de Gabriel.
–¡AHHHHHH!!!! Joder….. ¡ME MATAS!!!! ¡AHHHH!!! – suplicaba Laura.
–¡AHORA!!! ¡TRÁGATELA TODA!!!! – dijo el hombre que se estaba follando la boca de Laura y, dando un último empujón, empezó a correrse en su garganta.
–SIIIIIII ¡QUE BUENA PUTA!!!! ¡DIOS!!!! TRAGA, TRAGA, TRÁGATELO TODO.
Y tras un par de empujones más, sacó su polla completamente limpia y se fue. De la boca de Laura rezumaban gotas de semen, pero la mayor parte del líquido ya estaba en su estómago.
–¡POR EL CULO!!! FÓLLAME POR EL CULO – dijo Laura dejándome perplejo. ¿Por dónde se la estaba follando Gabriel? ¿Por el coño? ¿Tenía dos pollas en el coño? ¡Joder!
–¡Tenia dos pollas en el coño! – alucinó una mujer rubia con los pechos caídos.
Gabriel sacó su polla totalmente empapada y apuntó directamente a la entrada de su culo.
–¿Le va a meter todo eso? – dijo otra voz femenina detrás de mí. Y no era de extrañar aquella incredulidad porque aquella polla era, de calle, la más larga que había visto nunca. Como mínimo 30 centímetros y no sólo era larga, también era muy, pero muy gorda.
Al sentir aquella polla sobre su culo, Laura empujó su cuerpo un poco hacia atrás metiéndose la punta y cuando finalmente estuvo dentro, Gabriel, de un empujón la metió entera.
–¡AHHHHHH!!!! – chilló Laura
–¡Para! ¡Para! ¡Para! – suplicó.
–Y una mierda. Tú lo has pedido. – y tras retirarla un poco volvió a clavársela; una y otra vez ignorando los estridentes chillidos de Laura.
–¡AHHHHHH!!!! ¡AHHHHHH!!!! ¡AHHHHHH!!!! – chillaba Laura con lágrimas en los ojos.
Pero cuanto más chillaba más aceleraba Gabriel y con más fuerza le reventaba el culo.
–¡Que polvazo! –oí.
¡plop! ¡plop! ¡plop! ¡plop! ¡plop! ¡plop!
–¡AHHHHHH!!!! ¡Ummmm! ¡AHHHHHH!!!! SIIIIIII… que gorda ¡AHHHHHH!!!! – finalmente dijo Laura rindiéndose al placer.
–AHORA SÍ. ¿EH? – dijo Gabriel.
–¡SIIIIIIII!!! ¡SIIIIIIII!!! ¡SIIIIIIII!!! ME GUSTA ¡AHHHH!!!! ¡COMO LA SIENTO!
Y entonces, súbitamente un chorro de squirt salió disparado del coño de Laura en todas las direcciones empañando los cristales.
–¡AHHHHHH!!!! SIIIIIIII
Pero Gabriel no se detenía, continuaba follándose el culo de Laura completamente obcecado. Hasta que súbitamente se detuvo, se retiró del interior de Laura y, rodeándola, le puso la polla en la boca.
–Me han dicho que eres una buena mamona, capaz de hacer un deep throat, veamos si es verdad y puedes con mi polla de 28 centímetros.
Y sin esperar confirmación le metió aquella monstruosidad por la boca.
–¡chup! ¡chup! ¡chup!
Al principio sólo pudo meterle un poco más de la mitad.
¡chup! ¡chup! ¡chup!
–No va a poder… es imposible– dijo la misma voz femenina de antes.
Poco a poco, Gabriel fue aumentando la velocidad, pero también la profundidad.
–¡ugggghhhh! – se quejó Laura cuando la polla empezó a entrar en su garganta.
¡chup! ¡chup! ¡chup! Cada vez entraba un poco más, ya apenas le faltaban unos pocos centímetros.
–¡La puta! – ¿estáis viendo eso? – Joder – Se la va a tragar entera –¡No! – Imposible.
Y finalmente, tras un fuerte empujón, Gabriel se la metió hasta la empuñadura y Laura quedó empalada con aquella inmensa polla entera en su garganta
–¡ugggghhhh! – emitió echándose atrás para coger aire. Boqueaba como un pez fuera del agua y sin tiempo para recuperarse volvía a tener aquel pollón en el fondo de su garganta.
¡chup! ¡chup! ¡chup!
–¡ugggghhhh! ¡ugggghhhh! ¡ugggghhhh!
–¡Lo ha hecho! ¡JODER! LO HA HECHO… ¿de dónde ha salido esa puta?
Yo miraba embobado la escena, incapaz de reaccionar, oyendo los comentarios de mi alrededor y los gemidos de Laura que aún tenía dos pollas dentro de ella.
¡chup! ¡chup! ¡chup!
No sabía si estar aterrorizado por lo que mis ojos veían u orgulloso por los comentarios de incredulidad de los espectadores.
¡chup! ¡chup! ¡chup! Gabriel aceleró el ritmo dejando a Laura sin aliento, su cara se puso roja y de golpe, un chorro de semen salió disparado de su boca y entre estornudos escupió buena parte del líquido.
–Que buena puta eres– dijo Gabriel –Ya me habían hablado de ti, pero has superado todas mis expectativas. – Le metió una vez más la polla para que Laura pudiera limpiar los últimos restos de semen y se fue.
Con la cara llena de semen, Laura apoyó sus manos sobre el pecho del joven y empezó a cabalgarlo con brío. Subía y bajaba sin desfallecer y gozando de cada penetración.
–¡AHHHHHH!!!! Ummmm
–Joder, que zorra insaciable– dijo un hombre con un cinturón como el mío, –has visto, cariño, algún día tu estarás en su sitio.
–¡Ohhhhhh!!!! JODER….. QUE GUSTO.
Como desde abajo el joven apenas podía hacer movimientos, se limitaba a manosear las tetas de Laura y chupar los pezones cuando se ponían a su alcance. Por lo demás, simplemente, estaba siendo follado por Laura que controlaba la velocidad y la fuerza.
–Ummmm– Laura se tumbó sobre él y unió sus labios para morrearlo. Sus lenguas se enrollaron sin que ello implicara un descenso en el ritmo.
–Ummmm– jadeaban los dos mientras el culo de Laura subía y bajaba sin descanso.
–Voy a correrme– dijo el joven finalmente –¿Dónde quieres mi leche?
–En el coño… ¡NO! En la cara.
Laura se separó y se arrodilló de cara a nosotros permitiendo que el joven le pusiera la polla frente a su cara. La agarró con las dos manos y empezó a masturbarlo a toda velocidad. De vez en cuando se la metía entera en la boca para volver a sacarla y continuar la masturbación.
¡plop! ¡plop! ¡plop! ¡plop! ¡plop! ¡plop!
El joven estiró su cuerpo todo lo que pudo, se tensó marcando los músculos de piernas y abdominales y finalmente se corrió lanzando directamente cinco espesos chorros de semen blanco a la cara de Laura. Embadurnada de leche por todo el cuerpo, Laura, aún tuvo arrestos para tragarse aquella polla que poco a poco perdió fuerza hasta dejarla completamente limpia.
Con un dedo, él, acompañó el semen depositado en las mejillas de Laura hacia su boca para que, golosa, las recogiera con la lengua y se lo tragara.
Entonces, una mano fuerte me sujetó el hombro desde atrás.
–Ya puedes entrar– me dijo el segurata de dos metros.
El muy cabrón sabía quién era yo, sabía quién era Laura, y aun así me había bloqueado el paso para impedirme estar con ella.
Cuando entré en la habitación el espectáculo era sobrecogedor. Laura estaba tumbada boca arriba, sus pechos subían y bajaban al ritmo de su acelerada respiración. Su coño enrojecido estaba abierto como nunca lo había visto y su cara completamente lefada.
–¿Dónde te habías metido? – me preguntó sin poder abrir los ojos por el semen que se acumulaba en sus párpados.
–No me han dejado entrar– respondí casi sollozando y me tumbé a su lado para abrazarla. No los oía, aunque podía imaginarme los hilarantes y humillantes comentarios que estarían haciendo los espectadores al otro lado del cristal.
–¿Qué ha pasado? ¿Cómo has acabado aquí? Te perdí en el cuarto oscuro y desde entonces te he estado buscando. – dije balbuceando.
–En casa te lo cuento. Ayúdame a levantarme– dijo alargándome una mano.
Con paso inseguro regresamos a la discoteca; Laura estaba totalmente desnuda y cuando la vieron aparecer un ensordecedor aplauso silenció la música. En la barra nos entregaron su vestido y fuimos directamente a los vestuarios donde nos duchamos juntos, aunque sin dejar de ser observados por un grupo de hombres. Yo recuperé mis pertenencias de la taquilla mientras Laura se ponía el arrugado vestido negro, aunque sin ropa interior porque no supinos donde encontrarla; a saber, dónde se había perdido.
Ya aseados y adecentados nos fuimos de aquel lugar con la cabeza baja mientras a nuestras espaldas, alguno de los espectadores, nos felicitaba; a ella por ser tan guarra y a mí por ser tan cornudo.
De regreso a casa, noté como Laura andaba con dificultades y me pidió que nos detuviéramos un rato.
Entramos en el primer local que vimos abierto. Era un pub irlandés y, por suerte, una mesa se vació y pudimos sentarnos. No me apetecía tomar más alcohol de modo que pedimos una Guinness para ella y un refresco de cola para mí.
–Cuéntame– insistí.
–Ok. Vale. Como recordarás nos metimos en el cuarto oscuro, allí sin querer te acabé soltando la mano, aunque creía que estabas junto a mí. Una vez dentro empecé a notar manos, no sabía de quienes eran, no sabía si eran tuyas, de Gabriel o de otros. Oía gemir a hombres y mujeres y me puse muy perra.
–Sí. No me mires así, me excité muchísimo, no podía ver nada, pero sentía manos por todo mi cuerpo y labios besándome y lenguas lamiéndome. Me dejé ir. Me abandoné a los sentidos.
–¿Sabes que se te ve todo? – le dije interrumpiendo el relato porque sentada como estaba y con la falda tan corta y sin bragas su coño estaba a la vista de todos.
–Supongo. ¿Quieres que me tape de algún modo?
–No. Así está bien – concluí.
–Bueno, continuo, ¿por dónde iba? A sí, estar a oscuras de aquel modo era… joder, no sé cómo expresarlo, era excitante, muy excitante. Me besé con hombres, pero también con mujeres, acaricié sus cuerpos por igual, pollas, tetas, culos y a mí también me acariciaban. Hasta chupé un coño. ¡Joder! Nunca lo había hecho. Nunca había tenido ningún deseo lésbico, pero estaba tan cachonda que chupaba todo lo que se acercaba a mis labios.
Con un gesto le pedí que bajara un poco el volumen de su voz, ya que con la emoción más de uno se había girado a escuchar su confidencia.
–También me follaron. No se quienes fueron. Me follaron varias veces, aunque no se si fue siempre el mismo o fueron distintos. Uno acabó dentro de mí, pero el resto solo me follaban un rato, salían y buscaban otro coño en el que meterse.
–Varios se corrieron lanzando su semen en todas direcciones, algunos chorretones me alcanzaron. Yo también me corrí un par de veces.
–Tampoco sé cuánto tiempo estuve allí dentro, ni cuantas personas había. Era como te he dicho, pura sensación, embriagador, sólo percibía mi cuerpo a partir del tacto, del sabor y del olor.
–Al final Gabriel me sacó de allí. No sé cómo pudo encontrarme y aún menos como pudo orientarse en la oscuridad, pero me guio hasta la salida. Creo que, si no hubiera sido por él, aún estaría allí dentro incapaz de encontrar una salida.
–Luego fuimos al pasillo francés y me dijo “Ya sabes lo que tienes que hacer”. Fue como una orden a la que no podía negarme. Por uno de los agujeros apareció una polla, la agarré y empecé a chuparla como si fuera un helado. La lamí, me la tragué y cuando se corrió me tiró todo el semen en la cara. Y luego apareció otra polla, y otro, y otra; intenté satisfacerlas todas, pero no daba abasto. Chupaba una, luego la otra y así. Mientras chupaba una, masturbaba a las demás. Y una tras otra, se vaciaron sobre mí; en la boca, en la cara y la última en las tetas. Quedé hecha un asco.
Después, Gabriel, me arrastró hasta los yacuzzis aunque no nos metimos.
–¡Límpiate! - me dijo Gabriel señalándome las duchas y acercándome una toalla. Luego me llevó a la habitación del espejo falso.
–Pero ya por entonces estaba muy inquieta, hacia mucho que te había perdido de vista e intenté irme, pero Gabriel me dijo que estabas en la discoteca y me convenció para continuar. Me ordenó que me follara al chaval rubio y, cuando me la metí en el coño, él vino por detrás y también la metió.
–Al principio chillé del dolor y quería irme, pero entonces el espejo se volvió translúcido y pude verte, estabas en el mismo sofá del principio. Al verte pude relajarme y disfrutar; con saber que estabas bien y no te había pasado nada tenía suficiente.
–Lo demás ya lo viste, esa sí que fue una doble penetración; las dos pollas eran enormes, y las dos en el coño. Nunca había tenido dos pollas en el coño. Ni te imaginas lo que se siente, estás… estás… joder, estás llena. Completamente llena. Al final no pude aguantar más y tuve que pedirle que me la metiera en el culo.
–Pero explícame: ¿Qué es eso de que no te dejaron entrar? – preguntó Laura al terminar su parte del relato.
–En el cuarto oscuro alguien me zarandeó y me dijo que allí no podía estar, que el cuarto oscuro no era para los cornudos. Y a empujones me echó.
–Había bebido mucho y estaba muy mareado y desorientado, así que fui al baño a remojarme. Y cuando quise volver el segurata de la entrada no me dejó pasar. Me dejaron fuera expresamente. Lo tenían todo organizado. De eso estoy seguro.
–¿Y por qué estás tan seguro? – preguntó Laura.
–Pues porque cuando todo se terminó, el mismo segurata me llevó a rastras hasta ti. – respondí.
Laura sólo acertó a decir, –Joder.
Nos terminamos las bebidas de un trago porque el camarero nos indicó que ya estaban cerrando el local. Eran casi las tres de la madrugada.
–Cariño, regresemos a casa– dijo Laura levantándose con dificultad –necesito descansar.
* * * * *
Ya en casa, aún aturdido, hice un esfuerzo inhumano para recordar todo lo que había pasado durante la noche; los comentarios que había oído y las extrañas circunstancias que habían acontecido.
¿Por qué apareció Gabriel súbitamente cuando estábamos entablando conversación con aquella pareja? No recuerdo sus nombres, pero el modo en que apareció y la excusa que dieron para irse me pareció poco convincente.
Además, recuerdo haberlos visto mirando a través del cristal cerca de mí. ¿Qué hacían en la zona de discoteca?
Y después, ¿Quién me hechó fuera del cuarto oscuro? ¿Estaba planeado? Seguro que sí, porque si no habría podido regresar fácilmente y, en lugar de eso, el segurata me bloqueó el paso. Estaba claro que tenía instrucciones para impedírmelo.
También, me llamó la atención alguno de los comentarios que oí mientras Laura era violentamente follada detrás de la cristalera. No los recuerdo con exactitud, pero uno preguntó: “¿Es una de las nuevas putas de la casa?” y el otro le respondió: “Debe cobrar un pastizal”. ¿Desde cuándo en un club de intercambio de parejas hay prostitutas?
Y sobre todo el comentario de Gabriel “Me han dicho que eres una buena mamona”, ¿Quién se lo había dicho? ¿Quién conocía esta habilidad de Laura? ¿La doctora Álvarez?
Finalmente me quedé dormido con más preguntas que respuestas, pero cuando desperté todas aquellas evidencias quedaron difuminadas por la bruma y de ellas sólo quedó la extraña sensación de que algo no encajaba.
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