Xtories

A propósito de G

El esposo se ha ido de fin de semana, dejando la casa vacía y la puerta abierta a la tentación. G no espera a que la busquen; ella activa el juego. Roberto ya está en la puerta, listo para recordarle quién manda realmente sobre su cuerpo y sus secretos.

Jon Dom 504.8K vistas8.6· 11 votos

Hola, me llamo G. soy una mujer de 40 años. Desde muy joven me ha fascinado romper parejas y ponerle los cuernos a las mías. La infidelidad está en mis venas desde muy joven.

Siempre he vivido en Barcelona. Mi familia me ha dado todo lo que he necesitado y me ha montado un negocio con el que puedo vivir de forma cómoda. Mis empleados, que gestiona mi padre, se encargan de todo, así que llevo una vida cómoda con una vida sexual muy activa.

En los años de secundaria rompí diversas parejas y me gané una fama de puta que ya no me he podido quitar. Tampoco lo querría. Es algo que me maravilla. Ser la puta de la clase, la puta del trabajo, la puta de lo que sea...

Varias amigas me dejaron de hablar porque simplemente fui a tomar algo con sus novios. Sin llegar a hacer nada. Soy muy calientapollas, ya me entendéis. Los hombres son, en general, tan fáciles de manipular...

A la que ven una mirada, una frase, se ponen nerviosos y caen a mis pies dulcemente y les hago lo que me place.

Así fui creciendo follándome a los compañeros de secundaria, de universidad... También a profesores. Rompí 3 matrimonios durante la carrera. Se enamoraban locamente de mí. Dejaban a sus esposas y perdían en aquel momento todo el interés que pudieran tener al empezar la relación.

He follado con muchos hombres. Soy algo ninfómana, sin caer en algo incontrolable.

Tuve claro cuando acabé la carrera que necesitaba un novio que fuese cornudo consentido o tan bobo que no supiera que su mujer era la más zorra del lugar. Así conocí a S. el típico friki simpático que cae bien a todo el mundo y que se pasa la vida arreglando el PC y el móvil de cualquiera que se lo pide, gratis, por supuesto.

También es muy aficionado a las bicis, las motos y a jugar con scalextric, como un niño pequeño, pero el mozo ya tiene sus 45 años y es el hombre más cornudo de Barcelona. Mientras él se va los fines de semana a sus carreras tontas o a entrenar yo aprovecho para conseguir mis conquistas eróticas.

Me encantan que me hagan fotos desnuda. En blanco y negro. Soy delgada, morena y con el pelo corto pero que se pueda coger. Poco pecho. Siempre he hecho natación y eso me ha ayudado a tener un cuerpo muy decente.

Sin ser extraordinaria de cara, soy la típica amiga que acaba accediendo a la polla de quien me propongo.

Hoy os quiero contar cómo me follé a un amigo mientras mi maridito cornudo se fue un fin de semana a una de sus carreras de adolescentes mentales.

Ese viernes S. se despidió de mí.

—G. recuerda que vendré el lunes por la mañana. Me quedo a dormir el domingo también que acabamos muy tarde el torneo, es un campeonato de España.

—Claro S. no te preocupes, disfruta mucho y que tengas mucha suerte. Llámame y cuéntame cómo te va, vale?

—Lo haré. ¿Tú qué vas a hacer este finde, amor mío? —S. no era nada celoso, hacía estas preguntas por sincera curiosidad.

—Estaré de tranquis por casa y tal vez quede con alguna amiga para charlar y criticaros a los maridos.— le guiñé un ojo y le sonreí.

Nos despedimos con un morreo y me quedé sola en casa. Me puse un poco triste al pensar que el morreo de mi marido no me excitaba ya nada. Tenía la vagina seca.

Viernes por la noche. Barcelona. Una mujer casada calentísima que en toda la semana no ha follado con su marido. ¿Qué puede salir mal?

Mandé un Whatssap a Roberto.

«Roberto, el cornudito ya se ha ido. ¿Vienes o voy? Estoy caliente como una perra.»

Me encantaba poner cachondos a mis parejas de cama. Tenerles siempre pendientes de mí. Necesito mucha atención de hombres. Que me halaguen, me digan que soy su favorita, que soy preciosa, que me hagan regalos...

«Qué zorrita eres G. Pobre S. es el más cornudo de todos los amigos de la universidad. Creo que te has follado a toda la clase...»

A toda no, pero sí a los que me interesaron. Ninguno fue un reto.

«Quiero ver cómo está la polla que me voy a comer.»

«Primero enséñame si estás mojada y cómo te comes tu humedad, zorrita.»

Le encantaba Roberto. Era mayor que yo y me dominaba. Era de los pocos que sabían que tenían que hacer conmigo lo que les diese la gana y no dejarse enredar por mis historias.

Me hice un vídeo selfi. Me enfoqué y le saqué la lengua como una burla infantil. Luego puse cara seria y bajé hasta mis tetas, se las mostré. Eran pequeñas pero hermosas. Seguí hasta mi vagina. Me desabroché el pantalón, bajé mi tanga y metí 3 dedos en mi vagina. Los saqué chorreando. Había pasado de cero a mil solo con las palabras de ese cabrón.. Me ponía muchísimo grabarme. Subí lentamente con los dedos y los metí uno a uno en mi boca. los relamí.

—Así me tienes de necesitada cabrón. Ven a follarme ya.

En media hora Roberto tocó al timbre del portal. Vivo en un piso típico del Eixample en Barcelona. Un piso de 4 habitaciones y 2 baños con ascensor y un patio interior enorme que da mucha luz por todas las habitaciones. Lo reformamos hace poco y está perfecto para vivir.

Roberto entró. Dejé la puerta de casa entreabierta. Me escondí debajo de la cama. Era un juego que tenía con Roberto. Cada vez me escondía en un sitio diferente.

—¿Dónde está la más putita de la clase? —me llamaba Roberto. Fue yendo habitación por habitación, sin prisas morboseándome. —Sabes que no vas a conseguir nada escondiéndote G. Las putitas como tú están para darnos placer a todos los que queremos follarte.

Me iba mojando por momentos. Al fin llegó y se sentó encima mío, en la cama. Yo estaba abajo esperando que llegase el momento que me mirase en mi escondite, algo infantil.

Ví que se quitaba la ropa, los zapatos, todo. Se quedó desnudo y escuché un vídeo en su móvil. Era un vídeo porno. En realidad un vídeo nuestro, follando. Qué pedazo de cabrón. Cómo sabía lo que tenía que hacer conmigo.

Salí de mi escondite.

—Eres un cabrón mirando eso sin mí.

—Ven aquí guarrilla. Mira qué zorra estás en este vídeo.

Estaba de rodillas comiéndome la polla de Roberto, mientras él me daba bofetones y me decía de todo. Me cogía por la cabeza y me forzaba a comerme toda su polla, sin piedad. Finalmente se corrió en mi garganta. Intentaba que las arcadas no me hiciesen vomitar.

—¿La chupo bien, verdad?

—No está mal... Las hay mejores pero no me voy a quejar.

Me encantaba que me ridiculizara o que me tratase mal. Era superior a mí. Me iba calentando más y más conforme me sometía con sus actos y sus palabras.

—Y bien qué me vas a hacer hoy cabronazo?

—Mira hay algo que quiero hacer hace mucho tiempo y que hoy podemos hacer. Me vas a comer la polla ahora mismo y llamaré a tu maridito mientras me la chupas. ¿Te parece bien?

—Me parece perfecto. Eres un maldito psicópata.

—Sí cariño y tú mi putita que quiere que yo venga y haga contigo lo que me plazca. Que te pegue, te escupa y me ría de tu maridito. ¿Cierto?

Asentí lentamente mirándole a los ojos.

Me desnudé. Sabía hacerme calentar como casi nadie.

Empecé con el francés. Su polla estaba en reposo. Me la metí en la mano sin tocarla. Me encantaba ponerme las manos atrás, cerca de mi culo, juntas, como si estuviese atada.

Le fui comiendo y lamiendo su polla y sus huevos, hasta que se puso con una erección impresionante. Tenía una polla de 22 cm. Una cosa excepcional. Además muy gruesa. Me hacía correr como nadie.

Mi marido me decía que tenía un poco de complejo de su polla de 12 cm y yo le decía que eran tonterías. Que el tamaño no importa. Pero sí que importa. A mí si.

Empecé a comerme la polla de Roberto. Sin manos. Con mis labios y mi lengua. Fue creciendo y creciendo. Roberto me iba diciendo de todo. Que era una puta, que sabía mamarla como una zorra de la calle. Que cree que me va a tener que pagar porque tengo cara de scort... Me ponía calentísima con cada ocurrencia.

—Ahora voy a llamar a tu cornudito.

—Sonreí y asentí con la polla en la boca.

—Qué cara de zorra haces ahora, G.

Sonó el móvil varias veces y S. no lo cogió. Al cabo de 2 minutos le devolvió la llamada. Lo tenía en modo altavoz para que G. lo escuchase perfectamente.

—¿Qué pasa S.?

—Hola Roberto ¿dónde andas?

—De visita en casa de una amiga. Ahora se ducha, me la voy a follar.

—Qué pedazo de cabrón que estás hecho, jajaja.

—¿Y tú qué plan tienes este finde? ¿quedamos? —me cogió la cabeza y me hizo tragarla del todo produciéndome arcadas y ruidos bastante fuertes.

—Seguro que tu marido está escuchando estos ruidos puta— había mutado el móvil y me dio un fuerte bofetón en ambas mejillas. Quitó el mute.

—Voy al campeonato de España, ya sabes. En Salamanca, dónde la que no es puta es manca, jajaja.

—¿Y vas a follárte alguna putilla?

—Estás enfermo, chaval. Con el monumento que tengo en casa qué cojones voy a follar por ahí?.

—Oye tienes a G. bien atendida ¿verdad?

—Vete a la mierda subnormal. No haces ni puta gracia.

A mí sí me hacía mucha gracia, pobre cornudito, cómo le estaba vacilando.

—No te enfades joder que es una puta broma.

Y se despidieron. Dos adolescentes, pensé...

—¿Te ha gustado?

—Eres un cerdo morboso, estás enfermo.

—Habló la madre superiora.

Reímos.

—Bueno, basta ya de mamada. Déjame que voy a grabarte. —Roberto acomodó mi iPhone 16 Pro Max blanco encima de la cómoda. Sabía mi número de desbloqueo y lo utilizaba como quería. No podía tener secretos para él. Tenía ya la forma exacta de ponerlo para que saliese toda la cama y podernos grabar bien.

Sabía lo que me pediría.

—¿Te tengo que explicar cómo te quiero? —Dijo con voz de enfado.

—No. Sé lo que me quieres hacer.

Subí a la cama y me puse mirando el móvil. Lo más cerca posible con las manos apoyadas en el fin del colchón.

Subió detrás mío. Me separó las piernas, se escupió en los dedos, me puso la mano debajo de mi boca, escupí también y me metió uno, dos, tres dedos en mi ano.

—Este culito lo he visitado ya demasiadas veces, G. Me vas a tener que buscar una chica para podernos montar un trio. No quiero acabar aburriéndome de follarte y encularte.

El muy cabrón me morboseaba y me despreciaba para ponerme más caliente. A veces no sabía lo que decía en serio o en broma.

Empezó a meter la polla en mi culo, con paciencia. Me dilaté en seguida, le tenía muchas ganas a ese cabrón.

Fue enculándome poco a poco hasta los huevos. Sacó su móvil también y buscó un vídeo que habíamos grabado. Lo tiró en la cama a mi lado para que lo pudiera ver.

—Mira a esa zorra.— me dijo dándole unos buenos azotes en mi culo.

La escena me puso a mil. Era un vídeo en el que le estaba chupando la polla y metiéndome un vibrador doble en el coño y el culo.

—¿Qué opinas G.? ¿Se puede ser más puta?

Empezó a encularme a un ritmo mayor, dándome golpes en el culo, apretándome y pegándome en los pechos, tirándome del pelo, escupiéndome en la cara. Diciéndome todo tipo de insultos y menosprecios...

Me corrí como una loca, medio avergonzada y absolutamente feliz.

—Joder. ¿Ya te has corrido, zorra? Tengo ganas para estar follándote horas todavía. Ahora súbete encima mío y trabájatelo. Que se note que hace veinte años que eres puta y que sabes mover el culo.

Obedecí, con el culo dolorido, me levanté, salí de la cama, respiré un poco apoyándome en el armario, mientras el cabronazo de Roberto se aposentaba en el cabecero, poniéndose las almohadas para estar bien tranquilo.

Aprovechó para hacerme unas fotos. Luego me las mandó retocadas y en blanco y negro. Estaba realmente bella y con una cara de zorra espectacular. Está mal que yo lo diga, pero creo que estaríais de acuerdo.

Volvió a coger el móvil y puso un vídeo de una orgía en la que una mujer era follada por diez hombres mientras el cornudo de su marido miraba y se masturbaba su micropene.

—Joder Roberto, eres un cabronazo y un pervertido.

—Lo sé G. Por eso te gusto tanto. Ahora ven y clávate encima mío. Haz tu trabajo de puta que para eso he venido.

—¿Dónde me la clavo?

—En tu coñito preciosa, a ver si te embarazo.

Tenía un DIU, así que no me preocupaba, pero Roberto no lo sabía y me gustaba que me morboseara sobre eso.

—Cabrón, ¿quieres embarazarme? Ya tengo 40 años, no sé si podré tener el hijo.

—Eso es tu problema y el de tu cornudito. Seguro que te voy a embarazar porque te voy a echar leche para enterrarte.

Mirábamos el vídeo y yo estaba súper empapada. Le daba sentadas apoyándome en su pecho, mientras con una mano me inmobilizaba las muñecas y con la otra me apretaba muy fuerte en mi cuello y me daba bofetadas muy fuertes en mi cara. Era delicioso para mí.

—Te voy a llevar a un club un día y te van a hacer todo eso. ¿Qué me dices G.?

—Ni de coña, no te voy a dejar.

Me pegaba en la cara más fuerte y me escupía.

Así seguimos con el juego hasta que me avisó que se iba a correr.

—Bueno zorrita, llegó el momento. Me voy a correr dentro, pero quiero darte también algo en tu boca.

No té que su pene palpitaba y me mojaba. Salió y me metió la boca sin compasión hasta la garganta. Tragué todo y estuve relamiendo su polla y sus huevos un buen rato.

—Voy a estar todo el fin de semana follándote, pero te voy a traer a mi amigo negro que conocí en el trabajo y te va a follar también, querida G.

Pero eso os lo voy a contar en otro relato, mis estimados lectores.

Espero que os haya gustado. Besitos de vuestra putita G.