Xtories

Embarazados 24

El timbre suena y la vida del narrador cambia para siempre. Juan no solo ha tomado a su esposa, sino que ahora reclama su derecho a humillarlo, ordenarle y usarlo como herramienta para complacer a la mujer que ya no le pertenece. ¿Podrá resistir la vergüenza o se perderá en el placer de la sumisión?

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El domingo amaneció con la esperanza de que fuera un gran día, donde poder disfrutar de mi esposa, después de que el sábado estuviera todo el día follando con su macho, esperaba tras el desayuno que me contara su aventura, mientras me la chupaba o me masturbaba, quizás con suerte y un preservativo la follaría. Pero en el desayuno me dijo que ella saldría a las 12 con los niños al parque, yo me quedaría en la casa haciendo las faenas, con lo cual despertamos a los niños y tras darle el desayuno y vestirlos se marcharon, despidiéndose de mi, con un beso, Carmen me dijo que disfrutara de la mañana. Cosa que no entendí hasta minutos después que sonó el timbre de la casa.

-Buenos Días Juan, cómo tú por aquí, Carmen se acaba de ir con los niños.-

-Lo sé cornudo, yo se lo mandé.-

Avanzó hasta que entró dentro de la casa.

-¡Arrodíllate ante el macho de tu mujer, cornudo!-

Me dijo con voz dominante y firme, las piernas me temblaron, él agarró mi nuca acompañando mi cuerpo hasta el suelo.

-¡Sígueme cornudo, pajillero!-

Como un perro a 4 patas lo seguí hasta el salón, sentándose en el sillón prosiguió.

-Ponte de pie y desnúdate.-

Aquella situación era tan embarazosa que mi polla flacideció hasta niveles mínimos.

-No me extraña que tu mujer quiera follar con hombres de verdad, con esa picha corta no le haces ni cosquillas ¿Verdad Marica?-

-Sí mi amo, mi mujer necesita más.-

-¡Arrodíllate y descálzame!-

Su contundente voz y su manera de pedirlo, no dejaban lugar a la duda de que esa mañana Juan estaba dispuesto a humillarme a tope. Era mejor obedecer y hacer todo lo posible por disfrutar la situación y hacer disfrutar a mi corneador, con lo cual le quité los zapatos y los calcetines.

-¡Chúpame los pies, cornudo!-

Dijo mientras cruzaba sus pies. Cogí aquel pie con las dos manos y lentamente fui lamiendo su empeine, la planta de sus pies y sus dedos introduciéndomelos en la boca como si de micro penes se trataran, olían ligeramente a sudor y su sabor era salado.

-Ayer le tocó a mi puta complacerme hoy lo harás tú hasta las dos de la tarde.-

-Lo que mandes, mi amo.-

-Ayer llegué y cómo viste lo primero que hice antes de desayunar fue darle una verdadera lamida de coño a tu mujer, como lo hace un buen macho, no un pelele como tú que seguro no tienes ni idea de cómo se come un buen coñito.-

-Así es mi amo.-

-Después de desayunar le pedí que se pusiera el traje de bodas y es verdad que sus caderas son ahora un poco más anchas pero no impidió que se lo pusiera con la cremallera sin cerrar, le pedí que se maquillara como una verdadera puta. Estaba preciosa, la miré y estaba orgulloso detener esa putona como amante.-

Yo seguía lamiendo sus pies, con verdadera dedicación, con devoción, la humillación a la que estaba sometiéndome y la manera de contarme sus primeros momentos con mi mujer estaban haciendo efecto en mi polla la cual palpitaba buscando la erección.

-La besé como nunca la has besado tú marica, mi lengua le llegaba a su garganta y mi mano en su coño hacia estragos, sus piernas temblaron de placer, mi mano chapoteaba, se estaba meando de placer manchando entero el traje, tú no le diste un orgasmo como ese en tu noche de bodas cornudo, puso el traje mojado, la arrodillé allí mismo encima de sus fluidos para meterle la polla en la boca, la cual folle a placer, metiéndosela hasta la garganta, provocándole arcadas y que su saliva cayera por la comisura de sus labios, manchando de nuevo el traje, folle su boca hasta correrme encima de su traje limpiando mis restos en su velo.-

Para entonces yo había cambiado de pie, volviendo a lamer de nuevo su empeine, planta y dedo a dedo, acabando en el momento de que él terminara esta parte del relato, el cual contado por el era mucho más humillante y morboso de lo que podía haberme contado mi mujer.

Juan se levantó y entrando en mi dormitorio salió con el traje en la mano, arrojándomelo.

-Huélelo cornudo, y mastúrbate con el olor de un verdadero macho y las manchas de los squirting que ella tuvo conmigo.-

El traje olía a semen, pero también a fluidos de Carmen, esos dos olores eran puro afrodisíaco para mí, ese fue el detonante para que mi mano agarrara mi polla para masturbarme.

-Tu mujer protestó porque manchamos el traje, pero veo que tú no. Le dije que lo había manchado para demostrarle que vuestro matrimonio me importa una mierda, ya me había encargado yo de mancillar uno de vuestros símbolos matrimoniales. Ahora las reglas de juego son otras cornudo, tu mujer es mía, has perdido todos los derechos, la follaré como y cuando quiera. La haré disfrutar más en una hora que tú en una semana completa.-

Sus humillantes palabras estaban causando efecto y estaba a punto de correrme.

-Me corro, me corro.-

-En el suelo cornudo, ni se te ocurra manchar el traje, no tienes derecho a hacerlo.-

Mi copiosa corrida de nuevo acabó por los suelos, era humillante ver mi semen desperdiciado nuevamente, pero lo más humillante fue cuando agarrándome de la nuca puso mis labios sobre mí corrida pidiéndome que la limpiara, cosa que hice muy diligentemente, nunca había probado mi semen y en este caso Carmen tenía razón, era un verdadero manjar, mejor que el de mi padre o el del mismísimo Juan.

Después de aquello me pidió mi anillo de boda y cogió del salón la foto que el día anterior estaba en mi dormitorio. Una foto de nuestra Boda posando delante del altar. Tumbándola puso el anillo sobre el cristal.

-¡Desnúdame cornudo!-

Desnudé a Juan, nunca había observado a un hombre como aquel día, tenía el cuerpo fibrado por el trabajo, sus manos como las mías encalladas, firmes, recia, unos músculos perfectamente definidos, guapo, Juan era un tío bello, de esos que a toda mujer le gustaría tener en su dormitorio algún día. No tuvo que hablar, solo señaló el suelo con su dedo índice y mi sumisión al macho alfa surtió efecto, me arrodillé ante ese adonis, el cual agarró mi cabeza y metió su polla en mi boca, estaba sucia, pero no me importó, era la gran polla que hacía llorar de placer a mi mujer, y yo era el cornudo más feliz del planeta lamiendo la polla y los huevos de un verdadero macho alfa. De vez en cuando tapaba mi nariz e introducía su polla hasta los huevos en mi garganta, provocándome grandes arcadas.

-Así cornudo, así follaba la boca de tu mujer ¿Te gusta?-

-Sí agehbshaoldbunsjggg-

Su polla venosa estaba a punto de estallar, si lo hacía dentro de mí garganta me mataría ahogado. Masajee sus huevos mientras me follaba la boca a placer. En un momento dado sacó su polla de mi boca y la apuntó a la foto y el anillo corriéndose en ellos abundantemente.

-Ves cornudo, me importa un carajo tu matrimonio, para mí no vale nada, me corro encima, como si me quiero mear en la foto, no vale nada, ella es mía ¿te has enterado cornudo?-

-Si mi amo, está muy claro.-

-Ahora ten la misma dignidad que tú mujer y limpia el semen del anillo y la foto con tu lengua.-

Así lo hice limpié el anillo y la foto enmarcada con mi lengua tragando todo el semen vertido sobre ellos. Fue bastante humillante y una clara declaración de intenciones. Quise ponerme el anillo pero Juan lo impidió, no me había separado de mi anillo desde el día de mi boda. Pero desde ese día desaparecería de mi dedo.

-¿No te has enterado verdad cornudo? Ella es mía y como vuestro matrimonio es una mierda para mí, ella ya no lleva anillo de casada y tú tampoco lo llevarás, mételo en esta cajita junto al de ella.-

Tras hacerlo dejó la caja encima del taquillón para que Carmen los guardara al llegar a casa.

-¡Sígueme cornudo!-

A gatas lo seguí hasta el aseo, una vez dentro me introdujo en la bañera, colocándome de rodillas de nuevo, se subió en el filo, sus tibias estaban por encima de mi cabeza. Sentí algo caliente caer por mi pelo y mi cabeza, su olor delataba claramente que era su orín. Se estaba meando encima de mí, manchando todo mi cuerpo, no entendía el porqué, pero al terminar acercó su rabo aún goteante a mis labios ordenándome que lo limpiara. Tras hacerlo abrió la ducha y me pidió que lo lavara con mis manos.

La sensación fue rara pero morbosa, estaba acariciando el cuerpo de otro hombre, estaba fascinado con cada pliegue, con cada músculo, masturbé su pollón mientras lo lavaba, no lo pude resistir, como si estuviera encantado me arrodillé y empecé a mamarlo de nuevo.

-¿Pero que coño? Jajaja a parte de cornudo eres marica, jajaja, ¿Te gusta mi rabo?-

-Siii me encanta-

-¡Pero que poco hombre eres! ¿Dime que eres, putito?-

-¡Soy un cornudo marica!-

-¿Y yo quién soy?-

-El macho que folla a mi mujer, mi amo, mi corneador-

-¿Y tú de quién eres cornudo?-

-Soy tuyo mi amo, sin duda soy tuyo.-

El agarró su polla en la base para abofetearme con ella. Salimos del baño y me llevó al dormitorio. Juan hacía poco que se había corrido con lo que su segundo orgasmo se demoraría, él se tumbó en la cama pidiéndome que le comiera los huevos y su culo. Estaba siendo poseído por su hombría y sin discutir me lancé a comerle los huevos, a lamer los pliegues de su ano, mientras él lentamente se masturbaba, lo escuchaba gemir mientras me hablaba.

-Chupa bien cornudo, igual que lo hacía ayer tu mujer, a la que follé como nunca la has follado tú marica, hice que se meara de placer un par de veces antes de quitarse el traje de bodas. Cosa que tú nunca has hecho, en tú miserable vida, porque hay que ser mucho hombre para hacerla llorar de placer y lo sabes.-

-Sí, lo sé, amo.-

-Después la folle en todas las posturas que me pareció, hice que se olvidara de la cantidad de orgasmos que le regalé a esa puta. Cuando me corrí lo hice sobre la misma foto y su anillo de puta casada. Hice que lo limpiara como la cerda que es. Lo mejor de todo su sinceridad, le pregunté si habíais incumplido mis normas y me dijo que no, le pregunté que semen le gustaba más y su respuesta sincera no me gustó nada cornudo, me dijo que el tuyo sabía mejor, con lo cual desde hoy tendréis una nueva norma: utilizarás preservativos para el sexo oral y no te correrás en la boca de ella, tú semen es una mierda, el semen de un cornudo marica merece estar en la basura o tirado por los suelos. El único semen que tomará esa puta será el mío, el de un macho de verdad, le daré tanta leche que se olvidará de tú mierda.-

-¡Pero, pero..!-

-Pero nada, el único macho de tu mujer soy yo y si quieres que la folle estas son mis normas. ¿Quieres que la siga follando?-

-Sí, mi amo, quiero que la sigas follando.-

Agarró su polla, dándome una estocada en mi boca que me llegó a la garganta provocándome unas arcadas, me mandó a callar.

-Pues entonces a callar y a obedecer cornudo.-

Su polla estaba dura de nuevo, como una piedra, grandiosa, venosa, sus huevos eran grandes y gordos. Me pidió que me tumbara boca abajo, cogió crema hidratante y dejó caer un chorrito en mi culo, pude sentir la frialdad de la crema y mi ano palpitó.

-¡Mira como se mueve tu esfínter cornudo, parece que estás deseando que te parta el culo, eres igual de puta que tú mujer.-

Juan se arrodilló entre mis piernas, agarró su imponente falo y restregó su glande por mi culito.

-¡Por favor, eso no! ¡No me folles!-

-Te lo dije una vez, no soy tan marica como tú. Aunque el día que me entere que no cumples mis normas no dudaré en darte una estocada que te llegará al estómago.-

Un escalofrío recorrió mi espalda y la piel se me erizó.

-Aunque por lo que veo es lo que estás deseando, verdad marica.-

-¡No por favor, no!

Mentí, estaba deseando sentir aquella polla grande abriendo mi virginal culo, pero resistí aquella tentación por no perder aún mas mi virilidad. Mi polla estaba dura, Juan cogió un preservativo y me lo tiró.

-Póntelo, eyacularás ahí-

Abrí el paquetito y deslicé el preservativo al largo de mi polla.

-¡Abre tus nalgas cornudo!-

Su glande se paseaba por mí arrugado esfínter, el cual palpitaba de placer. Acaricié mi polla, aquello me estaba gustando demasiado, el roce de su glande en mi lubricado esfinter, me causaba un placer que estaba nublando mis sentidos, estaba sometido al capricho del macho que dominaba a mi mujer, él que con éxito estaba imponiendo su hombría, sometiéndome al placer anal.

-Fóllame, hazlo.-

Nunca imaginé que pronunciaría esas palabras.

-Eres igual que la puta de tu mujer, pidiendo polla en el culo.-

Juan se tumbó encima de mí, su polla se deslizaba desde mi esfínter hacia mí entrepierna, el roce de su glande por mi escroto me estaba provocando un placer desconocido.

-Fóllame-

-Eso mismo me pedía la puta de tu mujer, a ella si le partí su culito, le di muy duro, ella pedía a gritos que se lo partiera y eso hice, hoy no se podrá sentar sin recordarme. Se corrió siete veces por su puto culo, se notaba que no sabes como follar un culo tragón como el suyo.-

Mi humillación era extrema, mi entrega era máxima, el placer infinito, tocaba mi polla y las sensaciones placenteras en mi escroto me llevó a gemir.

-Sigue, sigue, no pares, me gusta, síii me corro me corrooo.-

Mi corrida fue brutal, el preservativo parecía explotar. Juan me descabalgó, pidiéndome el preservativo, me arrodilló de nuevo en el suelo.

-Sígueme cornudo.-

Gateando llegué al aseo, donde me dio el condón.

-Vacíalo en el inodoro, hasta la última gota.-

Sin discusión hice lo que me mandó, era una marioneta en sus brazos, arrojé el preservativo en el inodoro y descargué la cisterna.

-Así me gusta cornudo, ese es uno de los destinos de tu semen, inodoro, basura o suelo, tú eliges donde dejarlo.-

Allí junto al inodoro follo mi boca.

-Eres un puto cornudo, marica, come pollas y tu mujer es mi puta, una puta a la que encularé cada vez que me salga de la polla y la próxima vez serás tú quien apunte mi polla en su culo de zorra.-

Sus palabras ofensivas volvían a ponerme dura la polla.

-¡Siéntate en el inodoro y mastúrbate cornudo!-

Me pidió mientras follaba mi boca, en pocos minutos llegaría mi mujer y se acabaría el morboso encuentro que Juan me había proporcionado. Él empezó a correrse, encima de mi polla, manchando el largo de mi pene y en especial mi glande. Su calor hizo que mi excitación llegará a su punto álgido y empecé a correrme de nuevo, está vez en el suelo.

-Así, córrete, no has podido aguantar la corrida de un verdadero macho, eres un puto marica.-

Juan metió su polla en mi boca para que limpiara los restos que habían quedado. La experiencia me había resultado en un principio dura, pero era necesaria, entendía perfectamente que aquello tenía que ocurrir, Carmen no podía tener dos machos a su disposición y en este sentido Juan tenía que imponer su hombría a la mía, tirar la mía por los suelos, y demostrarme el porqué era él macho elegido por mi mujer.

Juan se fue de casa 5 minutos antes de que Carmen llegara, con los niños revolucionados, la tarde pasó entre juegos con los niños y entre besos y caricias a mi mujer, nunca en nuestras vidas la palabra te amo y te quiero fueron tan nombrada en un día. Podría contar que esa noche tuvimos sexo a tope, fantástico, pero con Carmen aún dolorida y conmigo reducido sexualmente no tuvimos ganas ni de mirarnos desnudos.

El lunes tras el desayuno Juan me pidió que Carmen al finalizar su horario fuera para la oficina para follarla. El taller cierra una hora antes, yo tuve que esperar pero a Juan le dio tiempo de ir a su casa y asearse.

Eran las 9 de la noche, cuando llegó de nuevo al taller, entrando en la oficina me ordenó sumisión, así lo hice, me arrodillé y el ocupó el sillón donde yo siempre me sentaba, descalzándolo comencé a lamer sus pies. Me había prohibido masturbarme hasta que él lo autorizara.

Juan, tenía su polla en la mano cuando entró mi mujer y sin decir palabras se arrodilló junto a él para mamársela. Cuando la tuvo a tope pidió a Carmen que lo cabalgara dándole la espalda. Agarré su polla tal como me pidió y la apunté en la vagina de mi mujer, vi como se tragaba el pollón en tres sentadas. Juan, me pidió que lamiera desde sus huevos hasta el clítoris de Carmen, fue tremendo, el sabor de su coñito sudado, oliendo a hembra en celos, taladrada por su macho era intenso, lamía con toda la lengua sus genitales, desde los huevos de Juan, pasando por su vástago brillante por los fluidos de mi mujer, hasta su clítoris, repitiendo la operación hasta que ella alcanzó su primer orgasmo, dejando en mi boca el delicioso sabor de su triunfo. Tras el primer orgasmo la colocó boca arriba en la mesa y abriendo sus piernas en V, me pidió que ejerciera de nuevo de mamporrero. Agarré su dura polla y la apunté en la entrada de su vagina, metiendo solo su glande. De lo demás se encargaría Juan que en tres estocadas profunda estaba haciendo gemir a Carmen, con penetraciones duras y profundas, sin piedad, lo que provocó en mi mujer que llorara de placer, pidiéndole más y más duro.

-Dámelo todo Juan, me partes me partes.-

-Toma zorra, hay que ser muy puta para follar con otro delante del cornudo de tu marido.-

-Sí, soy muy puta, párteme, párteme el coño en dos.-

-Mira cornudo como pide polla.-

-Si dame duro, así sigue, sigue, me corro, me corroooooo.-

En dos embestidas más Juan descargó su semen muy dentro de su coño, sacando su polla me pidió que los limpiara, estaba encantado por limpiar esa polla perfecta aún goteante con flujos de Carmen, aunque el menú principal era limpiarla a ella, y toda la carga de leche que salía de su dulce vagina. Juan nos puso de rodillas a ambos para situarse entre los dos dejando su polla frente a mi mujer quien se la mamaría, a mí me tocaría lamer su culo, mi lengua recorría la zona anal, dedicándole más tiempo a su arrugadito esfínter. Juan se repuso en poco tiempo colocó a Carmen a 4 patas sobre el sofá, entregándome una bola lubricante, me mandó metérsela en su delicioso culo, para mí fue una recompensa sentir como mi dedo acompañaba la bolita y se introducía en su ano.

-¡Coge mi polla y métesela cornudo!-

Con rabia contenida, “Ese culo era mío y había perdido el derecho a disfrutarlo y ahora tenía que agarrar otra polla para que disfrutara de ese delicioso agujero” agarré su falo y lo acompañé dejándolo en la entrada de su culo. Mantuve cogida su polla hasta que su glande venció la resistencia de su esfínter, momento en el que Juan se emplearía para llegar a meterle sus 24 centímetros muy dentro de su culo.

-Entera, métemela entera, así, así, párteme el culo.-

-¡Mira cornudo, mira como pide polla está putita!-

Juan aceleró el ritmo y la intensidad dándoles fuerte, duro casi violento.

-¡A ver puta, dile al cornudo de quién es este culo!-

-Tuyo, mi culo es tuyo!-

-¿Y quién soy yo?-

-¡Mi macho, eres mi macho! así párteme, párteme el culo, me matas, te siento muy dentro.-

Arrodillado pude ver cómo Juan poseía a Carmen quién estaba totalmente entregada al placer, balbuceando frases ininteligible.

-¡Me corrooo, me corroooo, así me gusta duro aghhh!-

-Toma polla por el culo golfa, hay que ser muy puta para disfrutar por el culo, toma zorra.-

Tras ese primer orgasmo Carmen cambió de posturas un par de veces, para finalizar follándola de pie con las manos apoyadas en mi mesa, y sus espaldas arqueada. En la pantalla del ordenador había puesto un carrusel de fotos, de mi mujer follando con Jawara.

-¿Quién te ha follado mejor, el negro o yo?-

-¡Tú! Tú me follas mejor, Juan.-

-¿Quién te folla mejor, el cornudo o yo?-

-¡Tú! Tú me follas mejor, Juan.-

-¡Mira bien cornudo, hoy vas a ver como un hombre de verdad, le parte el culo a tu mujer.-

No podía hacer nada solo mirar, desear que acabara ya esa tortura sexual que tenían mis huevos a reventar de semen. Agarré mi polla y no tarde ni 5 segundos en eyacular al escuchar esas humillantes palabras, dejando mi copioso semen en el suelo de mi oficina.

-No era el momento de correrte cornudo, picha corta, marica, poco hombre, te dije que yo te diría cuando, tendrás tu castigo por no obedecer.-

Juan se corrió segundos después de que Carmen tuviera su tercer orgasmo anal, entre alaridos de verdadero placer, dejándole el semen muy dentro de sus entrañas.

-En el siguiente encuentro Juan trajo una jaula para mí pene, ese sería mi castigo, tendría que llevarla en cada encuentro que ellos tuvieran, estuviera o no presente.

Cualquier lugar era bueno para un par de encuentro entre semanas, las dos tiendas, el taller, el estudio a medio día, o cualquier probador en un centro comercial. Encuentros que no le llevaría más de una hora y en los que siempre estaba yo presente, donde Carmen obtenía 4 o 5 orgasmos, los fines de semana utilizaba el domingo para venir a casa y hacerse dueño y señor de ella.

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