Embarazados 23
Tony creía controlar la situación al elegir al amante de su esposa, pero Juan no vino a cumplir, vino a dominar. Ahora, el verdadero juego no es el sexo, sino quién aguanta más humillación: el que folla o el que mira.
Dejé pasar unos días, las emociones vividas el sábado no podían empañar mi vida laboral y no era para menos, iba a proponerle a un empleado mío ser el amante de mi mujer. Quería comprobar que el chico tenía la cabeza bien amueblada, el sábado resultó ser un hombre muy dominante, superior a mí, pero lo observaba en el taller y mantenía su compostura habitual, en los desayunos se mostraba como siempre, sin comentarios sexuales, sin preguntarme si quiera por mi mujer, charlábamos sobre trabajos, clientes, actualidad y cualquier otra cosa que no estuviera relacionada con el sexo.
El miércoles le pedí a Juan que subiera al acabar la jornada, como la vez anterior mis nervios me podían, intenté calmarme antes de que acabara la jornada haciéndome una buena paja, viendo las fotos de la última sesión de sexo. Cuando él llegó al despacho mis nervios estaban totalmente aplacados.
-Bueno Juan, Carmen me ha pedido que te felicite por darle una buena sesión de sexo el otro día. La verdad es que ambos quedamos satisfechos, cada uno a nuestra manera, estuvo muy bien, nosotros solemos buscar chicos, en la mayoría de los casos crean unas expectativas que después no cumplen.-
-Es normal Tony, si es que Carmen es mucha hembra.-
-Ese es el problema, que no vale cualquiera para satisfacerla, en cierta manera queríamos encontrar a otro hombre que fuera capaz de hacerlo, tener una persona de confianza para cuando ella quiera jugar con otro hombre, después de lo de las dos sesiones de sexo contigo, pensamos que si tú lo ves bien, seas esa persona que nos de esa tranquilidad de tener otro macho cumplidor para nuestros juegos.-
-Os agradezco mucho que hayáis pensado en mí. Me encantaría ser ese hombre Tony. Es mi sueño follarme a Carmen. Soy más como en el segundo encuentro, muy dominante, me gusta que mis amantes y sus maridos estén sometidos a mis caprichos.-
-¿Qué intentas decirme Juan?-
-Lo que quiero decirte es que tengo mis condiciones, no quiero compromisos ni malos rollos, me has dado mucho y no me gustaría estropear vuestra relación, otra condición es que lo que pase en el dormitorio se queda allí, no quiero que esto pueda influir en el trabajo o en las relaciones personales, para mí solo es sexo con una diosa. Por otro lado perderás todos los derechos sexuales sobre tu mujer, a partir de nuestro acuerdo, yo seré el único hombre que eyacule dentro de ella. Tú lo harás con preservativos y solamente si te doy mi permiso. La única persona que puede sodomizarla soy yo y bajo ningún concepto lo harás tú. No tendrás mi permiso nunca...-
-¡Pero es que es mi mujer y a mí me gusta…!-
-Desde ese día será mía, la follaré, cuando y como yo quiera, disfrutaré de ella sin medidas ni restricciones. Y por supuesto, correrás con los gastos que genere nuestros encuentros. Si no estás de acuerdo podéis seguir con vuestra vida liberal, buscando chicos para satisfacerla y tan amigos como siempre.-
-Hombre Juan no te pongas así, verás puedo renunciar a correrme dentro de ella pero a sodomizarla, si no te importa…-
-Sí, sí me importa. Es la condición principal. No es negociable. Podrás correrte en su cara, boca y todo su cuerpo. Pero de ninguna de las maneras lo harás dentro, ni la sodomizarás.-
Realmente no había pensado en encontrarme en esa situación frente a él. Sus palabras martilleaban mi cabeza, perdería mi derecho sobre mí mujer.
-Bien Tony he sido claro con estas condiciones, estás son principales y básicas, lo que no significa que más adelante las amplíe.-
-Bueno ¿y tú qué nos ofreces?-
-Sabéis como soy, lo que soy capaz de hacer, haré gemir, gruñir, bufar y llorar de placer a tu mujer, haré que se mee de gusto y la dejaré mejor follada de lo que lo harías tú. A ti te humillaré delante de ella sin piedad, permitiré que veas lo que hacemos y otras veces estaré a solas con ella, y más adelante ella dejará de tomar anticonceptivo para dejarla preñada, os daría un hijo, que por supuesto criarás tú y mantendrás tú.-
Sus palabras me impactaron tanto que, en esos momentos me llegan a clavar una daga y seguramente no sangraría, tartamudeando lo despedí, diciéndole que comentaría el tema con Carmen y ya le contestaría. Estaba noqueado, casi sin respiración. Sus condiciones eran execrables. Traicionado, esa era la palabra que venía a mi mente, le había dado todo, un oficio, trabajo, dejé que follara con mi mujer, y ahora pedía un peaje demasiado alto por volver a follarla, ¿quien coño se creía que era? Él es el que debería pagar peaje por follarse a una mujer top como Carmen y no al revés.
Hablaría con mi mujer y tomaríamos la mejor decisión. Carmen sabía que hablaría con el chico, esperaba ansiosa la respuesta afirmativa de Juan. Esperaba tener un gran amante para satisfacerla plenamente.
Carmen no salía de su asombro, cada petición la asombraba aun mas que la anterior. Debatíamos punto por punto, con las cartas sobre la mesa, estaba claro que yo llevaba la mano perdedora de los tres.
-Tony cariño, el chico se ha comprometido a qué está sea una relación sin compromisos, a unas malas lo dejamos y cada uno para su casa.-
-Esa parte la entiendo y veo coherente, pero hay condiciones que son demasiado humillantes.-
-¿Qué significa perder los derechos? si después vamos a poder follar con su permiso.-
-¡Sí, pero no me podría correr dentro de ti, usaría preservativos!-
-Lo sé cariño, pero podrás correrte en cualquier parte de mi cuerpo, incluida la boca, puedo seguir saboreando tú rica leche. Lo de los preservativos, pues sólo sería como volver a la época de novios, no creo que sea mayor problema, sabes que en el mercado hay una gran cantidad de ellos que ni se notan.-
-Joder tía pareces que estás deseando entregarte sin mas a él, sin condiciones, serás una marioneta en sus brazos.-
-Tú no has follado con él, tú no has follado con los tíos que he follado yo, él es un buen macho, como tú padre o Jawara, y no me preguntes si mejor que tú, porque sabes la respuesta, pero aceptaré sus condiciones solamente si tú estás de acuerdo.-
-Pues verás, eso de que te embarace lo veo grotesco, pero si tú quieres tener otro hijo yo podría aceptarlo.-
-Pues tendíamos otro hijo, ya tenemos dos que no engendraste tú, y que llevan tú apellido, él no lo sabe, cree que Esperanza y Álvaro son tuyos, por mi otro hijo no me importaría, además Juan es un candidato ideal ya qué lleva tu ADN.-
-El embarazo si tú lo ves bien a mí no me importa ¿pero renunciar al sexo anal? No podría, recuerda que nos costó mucho llegar ahí. No puedo, me niego.-
-Pues habla con él, vuelve a negociar este término, hazlo entrar en razones a unas malas perderás ese derecho, pero el de que Catwoman te haga disfrutar no, eso no lo tendrá él.-
Carmen se sinceró conmigo, Juan había sido el mejor macho que había pasado por su cama, ella estaba dispuesta a aceptarlo todo por sentir su polla llevándola a la gloria. Pero estaría dispuesta a olvidarse del tema si yo no estaba de acuerdo. Tuve que hacer lo mismo y sincerarme con ella.
Por un lado me había sentido ninguneado por Juan, muy humillado, incluso vejado, pero he de reconocer que al imaginar esas situaciones sentía mi polla palpitar de la excitación.
Carmen me bajó la cremallera y mi polla saltó como un resorte, la conversación con ella me había dejado muy cachondo. Carmen agarró mi polla y empezó a masturbarme.
-Imagina cariño que llega ahora a casa y me pone de rodillas a comerle la polla y tú no puedes hacer nada, porque eres un cornudo consentidor, imagina que después de follarme la boca me pone de pie apoyada en el sofá y me mete su poderosa polla hasta lo más profundo de mi coñito y tú solo puedes mirar como mi macho me folla sin piedad…-
Solo esas palabras fueron necesarias para que mi polla eyaculara como la de un chaval al que masturban por primera vez. Me había puesto cardíaco aquella declaración de intenciones, aquel tipo de cornudez.
-No has aguantado ni un minuto, el chico provoca en ti el mismo efecto que en mí, nos tiene en sus manos, ahora tú decides si te conformas con follarme con preservativos, recibir la mejor de mis mamadas y renunciar a mi culito a cambio de estos orgasmos que recibes con tu cornudez.-
Tenía razón, ese orgasmo no lo había provocado ella, había sido Juan con sus peticiones, con su ninguneo, por su manera de humillarme. Mi cabeza iba a reventar con lo cual aquel día me acosté antes. Quizás por la mañana lo vería de otra manera.
Al día siguiente hablaría con Juan, a ver si negociaba lo del sexo anal y aceptaría si así fuera. Durante el desayuno la cosa transcurrió con normalidad y antes de volver a la faena le pedí a Juan que subiera al despacho.
-Bueno Juan, ayer estuvimos Carmen y yo debatiendo sobre el tema, estamos de acuerdo en muchos puntos pero no lo estamos en el del sexo anal, no puedo renunciar a ese tipo de práctica, si aceptas que yo pueda seguir sodomizándola, no hay más problemas.-
-Lo siento jefe, mis condiciones son innegociables, si no os parece bien pues tan amigos como siempre, ya sabes que no hay compromisos ninguno y que sobre lo ocurrido en estos días, tienes garantizada mi discreción.-
No cabía más debate, había puesto mis cartas sobre la mesa y estaba claro que el chico no cedería, que no daría un paso atrás. Juan se retiró para realizar sus faenas de taller. Al rato abandoné el taller y me acerqué a la tienda, quería ver a mi mujer, sentir su calor, verla trabajar sin más. Al medio día almorzamos en un bar de la zona donde le comuniqué a mi mujer la conversación que tuve con Juan y mi intención de no aceptar sus humillantes condiciones, seguiríamos cómo hasta ahora buscando en web y acudiendo a pub liberales.
Ese finde acudimos el sábado y el domingo a un pub liberal, Carmen lo hizo el primer día con un chico que no estuvo mal, pero Juan había dejado el listón del morbo y el placer muy alto, aquello resultó ser un paseo para ella. El segundo día hicimos un intercambio de parejas, aunque tampoco estuvo mal, también volvimos a echar en falta ese punto de morbo y placer extra que nos daba Juan.
La situación creada con Juan, no solo había afectado a nuestra relación con terceros, nuestro sexo había caído en intensidad y duración, nos excitábamos recordando cómo Juan la follaba y cómo nos sometía.
Una vez con el sexo anal acabe rápidamente cosa que muy pocas veces me sucedía, siempre le daba a Carmen un par de orgasmos anales antes de que yo eyaculara.
-Disfruta cornudo, lo que más pronto que tarde ya no podrás.-
Solo bastó esa frase, recién enculada y con solo dos movimientos para que eyaculara violentamente dentro de su culo una cantidad grande de semen. Me repuse al rato y pude darle a Carmen sus orgasmos anales, mientras la insultaba llamándola puta, la puta de Juan. Yo volví a correrme esta vez lo hice en su espalda.
-Te quiero reina mía.-
-Y yo a ti Tony.-
Estaba claro que Juan se había instalado en nuestra vida sexual y nuestras fantasías.
La semana siguiente volvimos el sábado noche por el local liberal, está vez fue un fracaso, Carmen se mostraba apática, sin morbo, sexualmente oscura, aunque el chico lo intentó todo, no fue capaz de arrancarle un orgasmo. Durante el castigo anal solo pude sacarle un orgasmo y fue cuando le dije que yo era Juan enculándola, como hacíamos en nuestros antiguos juegos.
Volvimos el domingo por la noche y aunque aquel chico era un negro vergón, a Carmen pareció no hacerle cosquillas. Su libido estaba por los suelos. En su castigo fingí ser de nuevo Juan, enculándola duro, su cara recuperó el brillo de siempre, buscando la máxima profundidad.
-¡Así Juan párteme el culo!-
-¡Toma puta, ese culo me pertenece!-
-¡Sí, si, mi culo es tuyo, pártemelo!-
Le di muy duro en varias posturas en el sillón tántrico. Dándole 3 orgasmos antes de correrme dentro de ella.
Estaba claro qué echábamos de menos a Juan. Mi mujer y su libido por los suelos era la que más sufría claramente con el tema. Por otro lado mis erecciones cada vez que recordaba la tremenda humillación a la que sería sometido me provocaban a veces hasta dolor, y por supuesto eyaculación precoz. Tenía que reflexionar, ¿merecía la pena sacrificarme por verla feliz? Lo dije una vez y lo diré siempre, “hare todo lo posible por hacerla feliz” no sé cuánto podría durar la aventura con Juan, desde que la conocí y hasta que mi padre la desvirgó analmente, no sabía lo que era encularla. Ese era el único escoyo que encontraba para que ella disfrutara del buen sexo que le podía dar Juan. Mi cabeza iba a reventar, de nuevo me metí en la cama, aún reflexionaba con el tema cuando Carmen entró en la cama y agarrando mi polla me masturbaba, contándome cómo Juan había follado su culo aquella tarde. Por supuesto que manché mis boxes y sus preciosas manos con mi eyaculación.
-Te amo demasiado reina mía, no puedo privarte del placer que te va a proporcionar Juan, estoy seguro que no encontraremos a nadie que te entienda como lo hace él. Mañana hablaré con él y aceptaré sus condiciones. Felicidades querida, vas a tener a un gran macho entre tus piernas.-
-Gracias Tony, se que ha sido dura tú decisión y que has reflexionado mucho sobre el tema, está relación se basará en el no compromiso, si alguna de las partes no desea continuar dejaremos de hacerlo, te amo demasiado para estropear lo nuestro, tenemos una vida en común preciosa, labrada a fuego, contigo voy al fin del mundo porque te amo, con Juan solo a la Cama, cariño puedes estar tranquilo que sé perfectamente diferenciar el amor del sexo.-
Después de aquellas reflexiones pudimos descansar bien, habían sido dos semanas de reflexiones nocturnas que tuvieron su fin aquella noche.
Por la mañana Carmen tenía otro ánimo, estaba radiante, feliz. Tanto como para empezar el día deslechándome con una mamada antológica. Esa sí era mi mujer, la autentica Carmen y eso es lo que yo quería, que volviera, si tenía que sacrificarme lo haría ahora y siempre, solo por verla así.
Llegamos a nuestros trabajos y tras una mañana agotadora, paramos a desayunar, como siempre hablamos de temas de actualidad y de trabajo. Tras el desayuno le pedí a Juan que al acabar subiera al despacho. El resto del día fue interminable, no tuve tiempo de ponerme nervioso ni de preparar ningún discurso, solo se que sonó la alarma de fin de jornada y los trabajadores fueron abandonando la carpintería, todos menos Juan que subió para hablar conmigo.
-¡Bueno jefe tu dirás!-
-Pues mira, he estado debatiendo con Carmen y hemos decidido aceptar tú propuesta, solo con la condición de acabar con la aventura, si en algún momento alguno de los tres no quiere seguir.-
-Por supuesto que si, te dije que no había compromiso y lo que prima aquí es tu matrimonio. Por otro lado creo que con este acuerdo vamos a ganar los tres, ella tendrá un buen macho con el que follar y yo tendré un matrimonio entregado a mi placer.-
-Bien solo queda saber cuando quieres empezar.-
-Pues verás, voy a empezar el Sábado por la mañana y pasaré todo el día con ella.-
-¡Pero el sábado no se puede por la mañana, ella tiene que trabajar en la tienda!-
-Creo que voy a tener que darte las pautas correctas, te dije que los gastos los pagarías tú, y que estarás presente o no cuando esté con ella.-
-¡No te entiendo Juan!-
-Pues es fácil, a las nueve de la mañana abrirás la puerta de tu casa para que yo entre, a esa hora saldrás con tus dos hijos, puedes dejarlos donde quieras, tras lo cual vas a sustituirla ese día en la tienda. Dirás que está enferma y punto. Sobre el medio día nos traes a tu casa un pollo asado y un par de refrescos para almorzar, nos lo servirás en la mesa y te marcharás. Cuando cierres la tienda recoges a los niños y llegarás a tu casa a las 9 de la noche, abrirás la puerta, entrarás y yo me marcharé.-
-¡Pero, pero, yo, yo...!-
-¿Pero tú qué cornudo? ¡No hemos empezado y ya estás con los peros!-
-Esta bien, está bien, tranquilo no pasa nada, haremos lo que tú dices.-
-No esperaba menos, además dile a Carmen que saque su traje de boda, que lo vamos a necesitar.-
-Pero no le estará bueno, tras los embarazos las caderas le han crecido un poco.-
-Nadie te ha dicho que opines sobre este tema, se lo dices y punto.-
Juan se fue de la oficina dejando en mi un sabor agridulce, agrio por no dejarme ver y disfrutar mirando como lo pasan en grande los dos, de privarme de ver su primer anal con ella, era obvio que con un día entero con ella, también le partiría el culo, por otro lado, dulce porque pensaba en mí mujer, lo que gozaría entregándose por completo a Juan, sin que yo estuviera presente. Mi corazón palpitaba y se aceleraba a mil revoluciones. Puse en mi pc un video de ellos dos follando, donde mi mujer le pedía que se la clavara entera, que le diera duro. Me masturbé pensando en que la humillación a la que me sometía Juan no conocía límite alguno.
La semana pasó rápido, tuve sexo de diferentes formas con mi mujer todas las noches menos el viernes. Desde una maravillosa paja recordándome lo cornudo que era, una gran mamada de la mismísima Catwoman, incluso sexo vaginal, ¿Cómo no? Con preservativos. Aunque era humillante no poder disfrutarla a pelo más lo era el hecho de no poder encularla, pero ese era mi sino, como buen cornudo solo buscaba su felicidad, anteponiéndola siempre a la mía.
El sábado llegó y tal como habíamos hablado abrí la puerta para que Juan entrara en casa.
-Buenos días Cornudo, hoy voy a hacer que te crezcan esos cuernos como te mereces, prepáranos café antes de irte y nos lo sirve en el dormitorio.-
-Buenos días mi amo, ahora mismo lo sirvo.-
Juan entró en la habitación y tras desnudarse se metió en la cama con ella, mientras yo preparaba el café. Llegué a la habitación y Juan estaba bajo las sábanas comiéndole el coño a Carmen de la cual asomaba medio cuerpo sobre las sábanas, a las qué se agarraba fuertemente con las manos, mientras gritaba.
-¡No pares, así, así, joder que placer, me encanta, sí me encanta.-
Mi corazón latía a mil revoluciones, al ver a mi mujer con los ojos vueltos de placer, con sus turgentes pechos apuntando al techo de la habitación y sus pezones negros empitonados, duros como piedras, siendo pellizcados por ella, mientras se mordía el labio inferior, no quise ver mas, dejé los cafés en la mesilla de noche y me marché cerrando la puerta tras de mí.
Pasé la mañana en el trabajo recibiendo fotos de WhatsApp, en ellos se veía a mi mujer con el traje de novias, de rodillas, mamando la polla a su macho, en otras también vestida con su traje boca arriba en el filo de la cama con las piernas abiertas en V donde podía ver su coñito bien abierto, recién usado, su mano derecha descansaba a sobre su pubis con todos los dedos cerrados, exceptos los dedos índice y meñique, clara señal de los cuernos que me estaba metiendo con Juan, tuve que ir al baño un par de veces esa mañana para masturbarme mirando las fotos, me sentía humillado pero feliz por ver a Carmen guapa con su traje y con una sonrisa de felicidad, mi excitación también era plena pensando en las distintas posturas que cogerían o en los orgasmos que tendrían, hasta me parecía escuchar a mi mujer pidiéndole polla y llorando de placer.
Llegó el medio día y cerramos la tienda para almorzar, tal como me pidiera Juan. Abrí la puerta y me dispuse a preparar sus almuerzos, cuando alertado por el ruido de los cubiertos, llego Juan a la cocina desnudo con la polla flácida.
-¡Hombre, cornudo! ¿Tú ya por aquí?-
-Sí mi amo, os traigo el almuerzo.-
-Déjalo ahí, después lo preparas, ahora te toca a ti almorzar, ven conmigo.-
Juan tiró de mi brazo hasta ponerme de rodillas.
-¡Arrodíllate cornudo y sígueme!-
Llevándome tras él al dormitorio, allí estaba tumbada boca abajo Carmen, de su coño abierto salía un hilo de semen.
-Túmbate en la cama cornudo.-
Así lo hice, Juan situó el coñito de Carmen en mi boca, su coño olía fuertemente a sexo, a hembra en celos recién pisada por su macho. Ella apretó su suelo pélvico y de su coñito empezó a brotar gran cantidad de semen y fluidos que yo recogía con mi lengua y tragaba ávidamente.
-¿Te gusta tú almuerzo cornudo?-
Me preguntó Carmen mientras apretaba de nuevo y volvía a soltar fluidos en mi boca.
-Me encanta mi amor, me encanta.-
Tras limpiarla, ella me besó apasionadamente, observé que su traje de bodas estaba doblado sobre el sillón del dormitorio y presentaba gran cantidad de manchas, tampoco se me escapó la presencia de una foto de nuestra boda que normalmente está en el salón y posaba en la mesilla de noche.
-Te amo reina mía, espero que estés disfrutando mucho.-
-Así es mi amor, hoy estoy tocando el cielo con mis manos.-
-Dejaros de tantas charlas, tú cornudo calienta la comida y nos la sirve, mientras mi puta y yo nos duchamos.-
Así lo hice aparecieron desnudos en el salón donde les esperaba yo para servirles.
-Arrodíllate mientras comemos, cornudo.-
Así lo hice, cuando acabaron recogí los platos y vasos, con la esperanza de hacerlo todo perfecto y que como premio Juan me dejara ver como esa tarde enculaba a mi mujer, pero me equivocaba, de rodillas me llevó a la puerta de la calle y tas una patadita en el trasero me echó de mi casa.
-¡Venga cornudo, ve a trabajar para pagar todos los caprichos de mi puta.-
Mi corazón iba a mil, tanta humillación me había puesto cardíaco, tenía que aliviar mi tensión, de rodillas agarré mi polla y me masturbé, con el olor que aún llevaba impregnado en mi boca, en mi bigote o en mis fosas nasales, ese olor intenso, aún penetrante que conservaba en mi recuerdo. Ni que decir tiene que me corrí a abundantemente en el jardín de casa. Me levanté y tras recomponerme vi que Carmen miraba desde la ventana y Juan estaba detrás de ella con sus manos magreando sus pechos. Ella levantó sus manos y mientras con una me decía adiós con la otra me hacía la señal de los cuernos.
Me fui de casa triste por no poder disfrutar aquello plenamente, pero ver a Carmen durante el almuerzo radiante, no tenía precio, aún pagando el mayor de los castigos al que me estaba sometiendo Juan por no haberle entregado a Carmen dos semanas atrás.
Llegué a la tienda y tras pasar una tarde entretenida, casi no tuve tiempo de pensar en mi cornamenta y en el culo roto de mi mujer. Cerré la persiana tras irse la vendedora a las 8 de la tarde, me dispuse a revisar mi WhatsApp para ver si había más fotos. Así era, de nuevo Carmen estaba vestida con su traje y a 4 patas recibía la polla de Juan en su culo. Juan tuvo la delicadeza de fotografiar todas las posturas en las que estuvo enculándola, con y sin traje, para mí sorpresa también mandó un par de audios donde se escuchaban a Carmen y a Juan.
-¡Así, sigue, párteme el culo, oh síii que placer!-
-¡Toma golfa, toma por el culo! Dile al cornudo ¿quién es tu macho?-
-¡Escucha bien cornudo, Juan es mi macho!-
-¿Te ha quedado claro picha corta?-
En el otro audio también se escuchaba a Carmen pidiendo polla.
-¡Métemela entera, me partes, me partes!-
-Toma toda mi polla en tu puto culo, golfa.-
-¡Sí, sí, así, duro dame duro, que polla tienes, la siento dentro, que pollaaaa!-su voz se quebraba por el llanto de placer. –¡Me matas, me corro, oh siiii me corroooo, me meeooo, me meeooo agghhh!-
-¡Así puta, dile al cornudo de tu marido cuantas veces te has corrido por el puto culo!-
-Cinco veces, cinco veces.-
Su voz sonaba cansada pero feliz, jovial. Ni mi padre, ni yo le habíamos dado nunca cinco orgasmos anales en una única sesión de sexo y aún le quedaba tiempo para alguno más.
-Ahora dile al cornudo ¿quién es el dueño de este culo?-
-Lo siento mi amor, pero el único dueño de mi culo es mi macho, Juan.-
El audio se cortó, pero ya había demasiada humillación para que mi polla estuviera loca por salir del pantalón y me la pelara como un crío viendo la revista Interviú.
Recogí a los críos en casa de mis suegros y llegué a casa sobre las 9 de la noche, poco antes de llegar a casa me crucé con el coche de Juan que había salido un poco antes de mi casa, pero había dejado una nota en la entrada.
(Deja descansar a mi puta y no la molestes hoy, mañana será otro día.
P.d. Encima de la mesilla te he dejado una crema de bebé para las irritaciones, cuando te acuestes con mucho cuidado le unta en su culito y en su coñito.)
Me encargué de bañar, dar la cena y acostar a los críos, después me duché, cené y me acosté, no sin antes untar cremita en el maltrecho culito de Carmen y en su coñito. Lo cual provocó que se despertara balbuceando me besó y dándose la vuelta me agradeció haberle untado la crema, para unos segundos después quedarse dormida, pensé que después de todo, su día había sido más placentero, pero también mucho más duro que el mío.
Continúa en
- Relato #222618— title-regex: contiguous parts (22 -> 23)
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