Diario de una hembra. El papá de Stellita
A sus veinte años, ella solo conocía la inexperiencia de los chicos de su edad, hasta que el padre de su amiga le enseñó a ser una 'hembra' de verdad. Entre la prohibición de estar en casa de la amiga y la privacidad de la oficina, una joven rubia y ávida de placer descubre que el riesgo y la experiencia de un hombre maduro pueden llevarla al éxtasis más absoluto.
Este capítulo de hoy se lo voy a dedicar al padre de Stellita. Fue el primer amante mayor que tuve. El que me hizo mujer sexual, de pies a cabeza, me formó en una verdadera hembra.
Estoy en mi dormitorio, por el espejo veo el lecho revuelto, las sábanas caídas a un costado, ellas fueron testigo de la caliente tarde que pasé con mi amante, número?, no importa el número, lo que importa es pasarla bien, con alguien que te gusta, que nos gustamos, y como adultos que somos, seguir adelante, mientras dure.
Todo muy bien planeado, consensuado, aclarado y hablado de antemano, como debe ser.
En la cama nos gozamos, fuera de ella, cada uno hace su vida, sin reproches, sin reclamos, nada de tonterías, ni hacer sufrir a terceras personas inocentes, para qué?.
Reconozco que en cuestiones sexuales soy bastante endemoniada, retorcida y dispuesta.
Coger con el mejor amigo de mi marido, o con el esposo de una conocida, por qué no con el de una amiga? no sólo me divierte, también me estimula, eleva el ardor, hasta límites inimaginables, que a veces, yo, la protagonista, no me reconozco.
Me corre un fuego por todo el cuerpo, y lo voceo a los cuatro vientos, en el oído de mi amante. Mientras me coje, soy la más puta en la cama, me da un morbo inmanejable, me excita, me pone como una gata en celo, a tal punto que pierdo el sentido y lo único que quiero es correrme, acabar, terminar y gozar.
Si señor!!! hacer muchas putadas hasta quedar exhausta.
Hay que aprovechar los momentos en que el esposo o esposa no está, cuando están ocupados y concentrados en otras cosas.
Mis padres me advirtieron que no debía casarme con un hombre que tenía un año más que mi padre.
Yo tenía 20 años, él 50. Estaba casado, tenía 3 hijos de 25, 22 y 13 años. A mi no me importaba nada, estaba fascinada con él, me calentaba, me elevaba al cielo con sus manos impertinentes y movedizas. Ni que decir lo que me hacía con su lengua. y lo que yo le hacía a él con la mía. Lo enloquecí, con mi físico joven, entregada a él sin ningún tipo de recato, ni timidez. A escondidas, seguía viéndome con el papá de Stellita.
Estaba caliente con los dos. Y también enamorada de ambos. Cada uno tenía su encanto.
Tengo dudas que una mujer de cuarenta o cincuenta años, tuviera tantos polvos encima, como yo a los veinte.
El padre de Stellita fue mi maestro. Con él aprendí de sexo, de orgasmos múltiples, de chupadas, lamidas, y todo lo que se les
ocurra.
Los dos me follaban delicioso, y yo los disfrutaba a ambos.
Dios!, Cuando mi esposo, era mi amante, me recorría todo el cuerpo, desde la punta de los pies hasta la cabeza, me ponía boca abajo y seguía con su recorrido, de arriba, abajo, al costado, a la derecha a la izquierda, de las lengüeteadas que me daba, su saliva quedaba desparramada a lo largo y ancho de mi cuerpo,.
Yo pedía que no parara, que no interrumpiera su recorrido, porque me hacía feliz, porque disfrutaba como una perra, podía estar mucho tiempo lamiéndome, haciendo que le rogara, que siguiera y siguiera, y él encantado, lo hacía.
-Si, si, así mi vida!!!!! sigue así, dame más, mucho más que me llevas al limbo.- Le rogaba en su oído. -Wouuu, qué delicia!!, Mi amor!!
Creo que era demasiado exigente con él. Yo quería cada vez más, él volvía radiante y satisfecho con su aburrida esposa.
Fuimos amantes durante 6 meses, hasta que decidió divorciarse y empezar una nueva vida conmigo.
A los seis meses de su divorcio, nos casamos.
Yo era su muñeca, me cuidaba, me mimaba, me daba todo lo que le pidiera, era el premio gordo de lotería que le dió la vida en su madurez. No tuvimos ni tendremos hijos nunca, porque a mi no me interesaba tener niños y él ya tenía tres y dos nietos.
Pero el tiempo pasa y todo poco a poco se va diluyendo, y va aburriendo, (hablo de mi) fui perdiendo el interés, porque llega un momento que la rutina te agobia y el cuerpo te pide (al menos el mío) algo distinto, algo nuevo, algo que te haga vibrar, que te haga perder el sentido, que te despierte, ese deseo animal, tan grande, que no te importa nada ni nadie, sólo te interesa que te coja a cada rato.
Empecé a tener aventuras con otros hombres, que me hicieron la vida más amena y divertida para mí.
Si hacía bien las cosas, él, jamás se iba a enterar de nada, porque yo soy muy prolija y ordenada en mis amoríos extramatrimoniales.
Mi esposo no soportaría que otro hombre que no sea él me hiciera gozar.
A mi me desvelaba algo que quería hacer con su complicidad, y su consentimiento, se que no sería fácil con mi marido, mejor dicho, imposible, él era muy chapado a la antigua, también bastante pacato.
Mi fantasía era follar con alguien y que mi esposo me mirara, y se tocara, que viera como gozaba, y que él también gozara, tanto era su goce, que terminaba cogiéndome como si fuese la última vez.
Imaginaba estar en la cama, con mi amante gozándonos, comerle la polla y él mi vagina.
Ponerme en cuatro y mirarlo a los ojos, con esa cara de viciosa, ver a mi marido, tocandose, sacudiendo su miembro, duro y caliente, deseoso... y que a su vez él me observara complaciente y feliz.
Uffff, como me calentaba eso!!!! Lástima que no lo aceptaba.
Según su visión, eso eran cosas de degenerados.
Lo escuchaba y asentía para convencerlo que opinaba igual, cuando en realidad, mi pensamiento era todo lo contrario, yo encantada me hubiese tirado un
tipo delante de sus narices, pero debía guardar mis gustos porque hubiese tenido graves problemas con él.
Me consideraba de su propiedad, única y exclusiva.
Soy una mujer muy tozuda, cuando deseo algo, no paro hasta conseguirlo.
Y si, para que mentir en mi diario, lo hice con alguno de mis amantes. Lo hablamos, nos pusimos de acuerdo, y lo practicamos.
Nuestro pacto, era hacer lo que nos gustaba y nuestros esposos nos negaban.
No se le hace mal a nadie porque todo es secreto entre personas adultas, que sólo buscan diversión y pasarla bomba.
Si mi esposo no estaba de acuerdo, lo lamento cariño, muchos están dispuestos a hacerlo por tí.
Lo que puedo decir ahora que esta experiencia fue fabulosa. muy emocionante.
Cuando alguien te está dando sexo, saber que otro a muy poca distancia, te está observando, te desea, se toca, te goza, y disfruta es una práctica alucinante.
Siempre mis aventuras fueron, son y serán con hombres casados y maduros. Por varios motivos.
Son discretos.
No hay celos.
Sólo quieren fornicarte.
Quieren hacer contigo lo que nunca harán con sus esposas, porque ellas se lo niegan
No hay ningún tipo de compromiso. Sólo pasarla bien.
Están ocupados los fines de semana, así que no molestan.
Y lo mejor del menú, la experiencia.
Hay que ser muy abierto de mente, no todos en el mundo lo aceptan.
A mi no me daría celos, al revés. Ver como mi esposo se monta a una mujer y la goza.
Qué mayor felicidad que ver a la persona que amas, a tu macho gozando y siendo feliz, creo que no hay que ser egoísta.
Pero son pensamientos que saltan continuamente en mi cabecita loca.
Seguía sentada frente al espejo, completamente desnuda y relajada, recordé con una sonrisa, con cierta añoranza, el día que decidí que a partir de ese momento, tendrìa sexo con hombres mayores que yo.
Buscaba la experiencia que sólo te la daba un maduro.
En esa época tenía un novio de mi misma edad. Por supuesto teníamos sexo, por lo general cuando mis padres o los de él salían a cenar o a algún viaje de recreo, los fines de semanas, aprovechábamos que la casa quedaba sólo para nosotros.
Nunca tuve un orgasmo con mis novios jóvenes.
Él terminaba muy rápido y yo me quedaba colgada, caliente, mirando el techo. Me cabalgaba como un potro desbocado, me penetraba y se movía arriba mío, daba cuatro embestidas y ya, se terminaba en dos minutos, sin exagerar.
Cuando me quedaba sola acababa masturbándome. Me la pasaba deseosa y con ganas, pero el noviecito no llenaba mis expectativas, dejándome siempre caliente y yo me estaba convirtiendo en un volcán en ebullición, que él no sabía apagar.
Andaría por los dieciocho años, cuando empecé un amorío con el hombre que me hizo realmente mujer. Con él estuve hasta una semana antes de casarme. De eso hace 17 años.
Era el papá de una amiga del colegio, el papá de Stellita.
Fue la primera vez que estando con el eyaculador precoz de mi novio, que encontré al hombre que colmaba todos mis fuegos.
Las ganas que me dejaba mi novio, este hombre me las quitaba y vaya por Dios y la virgen, qué manera de cogerme!!!!, de lunes a viernes, de tres de la tarde hasta las siete, el fin de semana lo dedicaba a su familia.
Rogando que llegara el lunes para estar en sus brazos.
Fue un día de primavera, se venían los exámenes de matemáticas, y con Stellita decidimos juntarnos a estudiar, como lo hacíamos siempre en épocas de exámenes. Como de costumbre fui a la casa de Stellita a repasar unos ejercicios, bien difíciles.
El padre de mi compañera me miraba de una forma diferente de cómo miraban otros padres, sabía que lo calentaba y mucho, y para qué negarlo, él también me calentaba también mucho. ¡Era tan guapo! tan varonil!
Siempre que podía me rozaba como al descuido, la mano, el brazo, sentía que era una caricia lasciva, a mi me venía como una descarga eléctrica, pero agradable.
Me gustaba, no quitaba, ni la mano, ni el brazo, ni bajaba los ojos con timidez, al contrario, le sostenía la mirada muy coqueta y provocadora.
Para mi era extraño lo que sentía, era la misma excitación, triplicada a cuando me masturbaba.
Experimentaba una corriente eléctrica, como dije, me hacía latir acompasadamente. mi coño, palpitaba, latía.
Esta excitación extrema que me producía el papá de Stellita, era tan singular, que me daban ganas de desnudarme y decirle, haz lo que quieras conmigo, pero todo pasaba en segundos, porque tenía que volver a la realidad, estaba en casa de mi amiga, ella a pocos metros, y la esposa por ahí dando vueltas.
Pobre papá de Stellita, jajaja!!, hay que comprenderlo, era humano!!!! y yo una pequeña y joven putilla, ávida de sexo, mis hormonas alborotadas, hacían que estuviera dispuesta a todo.
Era una rubia de ojos claros, la piel muy blanca y suave, alta, más bien delgada, pero con mis curvas, con cabellos color rubio claro, largos hasta casi mi estrecha cintura.
Mis senos eran turgentes, más bien pequeños, con una característica, que los hacía agradables y calentaban a todos los caballeros que se enfrentaban conmigo, no había uno que no posara su mirada libidinosa, sobre ellos.
El rasgo que sobresalía de mis pechos, eran mis pezones. Siempre estaban parados, eran rosaditos y en punta,bien duritos.
Llamaban a ser lamidos.
Ellos se podían apreciar a través de cualquier tela, ya que su medida, cuando algo los rozaba o si tenía frío o estaba
excitada se ponían exageradamente puntiagudos.
Mis senos no eran grandes, como ya comenté, eran de mediano para abajo, lo que sobresalía eran esas puntas que mínimo movimiento, ya saltaban y su tamaño se duplicaba.
Modestamente eran espectaculares.
Todas las mujeres, envidiaban mis tetas, todos los machos que conocía los querían chupar o manosear.
Mis piernas eran largas y torneadas debido a la práctica de danza clásica, desde los cinco años. En resumen era una muchacha agradable, que todos querían coger.
Todo empezó como un juego diabólico.
E
Él me rozaba como distraído y yo lo aceptaba complaciente. Él se daba cuenta que a mi me agradaba.
Los roces cada vez eran más frecuentes y más intensos, cada vez que podía avanzaba más, y yo no hacía nada para impedirlo.
Una vez iba a estudiar con Stellita, y lo encontré en el elevador. Estábamos los dos solos, nos miramos con lujuria, y nos fundimos en un abrazo apretado e intenso, mientras su lengua recorría mi boca, bajó sus manos hasta mis senos. Empezó a tocar mis pechos sobre la tela de mi vestido. Mis pezones se pusieron duros y puntudos. Bajó su lengua, y recorrió mi cuello.
Se abrió la puerta del ascensor y volvimos a la tierra, me acomodé el cabello, la ropa...
Estaba muy caliente.
Quería coger con él!!!! No deseaba otra cosa!!
Así roce vá, roce viene, empezó mi "romance" con el papá de Stellita.
Día 1:
Abrió el papá de Stellita, la puerta después de mi timbrazo, nos saludamos, me puse en puntas de pie, coqueta y sugerente, le dì un beso en la mejilla, casi tocando su boca, a modo de saludo.
Deliberadamente apoyé mis tetas en su pecho, sin pudor alguno, su mano, bajó por mi espalda en una caricia estimulante, y la mano, fue bajando y se posó en mi trasero, yo lo dejé hacer, aceptando complacida su acción, fueron segundos, tenía un perfume, embriagador.
-Quedamos con Stellita, estudiar algo de matemáticas, esta tarde.
-Stellita se está bañando, pasa a la sala que ya viene.
Pasé a la sala y me paré frente a la ventana, corrí la cortina y me puse a ver que pasaba en la calle.
De pronto el papá de Stellita, se paró detrás mìo y sin decir palabra, me levantó la corta falda, deslizó su mano atrevida y sorpresivamente, corrió hacia un costado mis bragas.
Yo no puse niuguna resistencia, todo lo contrario, lo dejaba avanzar, me calentaba ese juego peligroso...
Y bueno!! el madurito me ponía muy, muy cachonda!!
Con sus dedos de la mano derecha, comenzó a palparme el coño, por afuera, al segundo, empecé a mojarme, y con sus dedos experimentados, empezó a entrarlos en mi guarida deseosa, despacio, muy suave, sus dedos subían y bajaban primorosamente dentro mío.
Ay Dios mío!!!
Qué momento tan ansiado por mí. No hace falta explicar lo que gozaba, lo dejaba que jugara con mi clìtoris, que estaba a punto de explotar. Mis fluidos abundantes, facilitaban le entrada y salida de sus dos dedos.
Me mojaba cada vez más. Jugó y jugó con sus dedos, su respiración, en mi nuca, cerré los ojos, de mi boca salían pequeños quejidos de placer, mis suspiros eran delicados, sólo lo escuchábamos él y yo, por el momento y el lugar imprudente que estábamos.
Justamente eso era lo que más me excitaba, saber que la esposa estaba muy cerca, que Stellita ya llegaba, el riesgo, la adrenalina,
Sentirme la más puta, enloquecer a tal punto a este hombre que estaba arriesgando su matrimonio, su futuro, su familia, por mi nidito chorreante y ardiente.
Qué hermosa sensación!! era la mujer más poderosa, y eso se lo debía a mi coño perverso.
Era tan eficaz lo que hacía con sus dedos que en pocos segundos sentí que me venía un orgasmo tremendo.
Movía mi cuerpo lentamente hacia atrás, para sentir su órgano duro apoyado en mis nalgas.
El primer orgasmo, producido por los dedos de un auténtico hombre.
Verdadero, si señores!!!, el primero, ya que mi novio terminaba, cuando yo aún no había empezado, al ser tan joven como yo, le faltaba la experiencia que al papá de Stellita, le sobraba.
El papá de Stellita sabía dónde, cómo y qué tocar hasta hacerte desfallecer de satisfacción.
Me di vuelta y quedamos frente a frente, el muy perverso llevó sus dos dedos a su boca y se los chupó y saboreó todo mi néctar.
Dió media vuelta y se fue a seguir su vida, y yo temblorosa fui por Stellita.
Había tenido otras relaciones con varios chicos, me habían penetrado, lamido, chupado las tetas, yo sus penes, pero nunca nadie me había hecho experimentar semejante orgasmo.
Mi Dios bendito!!!
El papá de Stellita había logrado hacerme correr como una zorra con sólo tocarme con sus dedos, en pocos segundos y me prometí que esto no iba a quedar así, quería más... muchísimo más.
DIA 2:
Al día siguiente volví a la casa de Stellita, media hora antes de lo previsto para intentar que el papá me hiciera cositas ricas., no había otra intención en mi. Sólo volver a disfrutar como el día anterior. De sólo pensarlo me mojaba toda. Y volví a comprobar que me latía toda la entrepierna. Me ardía, ufff, qué caliente estaba, Dios!!!
Qué rico sentir así!!
Al segundo timbrazo, abrió la puerta la mamá de Stellita.
Me saludó con esa sonrisa de madre y me dió un sonoro beso en la mejilla, me hizo pasar a la sala, me invitó a tomar limonada, a lo cuál me negué. Me dijo que esperara a Stellita, que aún no había llegado, de su clase de inglés.
Se excusó porque debía subir urgente a la segunda planta donde tenía su estudio y estaba trabajando en un proyecto, que la tenía muy ocupada.
Con mi mejor sonrisa angelical le dije que no tenía problemas en esperar a Stellita.
Mi otro yo decía: -Vieja bruja, desaparece de una vez, lo que yo busco es a tu apuesto marido que me manosea, en tu cara y a mí me calienta como a una pava.
Nuevamente fui a mirar por la ventana, esperando la presencia del hombre, sabía que iba a venir.
Rápido, silencioso y delicado como un gato, se paró nuevamente a mis espaldas.
Levantó mi corta falda de colegiala, sorpresa!! No había bragas.
Oh Oh oh!!!!
Intuía que él iba a volver después de lo que pasó el día anterior.
Sinceramente quería que volviera a tocarme.
De lo que estoy segura que jamás hubiera esperado tamaña y sorprendente acción de mi parte. Pero yo anhelaba con delirio que el papá de Stellita me cogiera, esa era mi meta. Que me cogiera bien cogida, no quería otra cosa.
Me importaba nada que fuera el papá de mi amiga, ni su esposa, ni que estuviéramos ahí a pasos de su mujer.
Al contrario, la situación un poco embarazosa aumentaba mi morbo y me subía la temperatura.
Si no le importaba a él, por qué debería importarme a mi?
Sólo tenía un anhelo, que me tocara, que me hiciera lo que quisiera con sus manos y lengua, el bocado más apetitoso ya llegaría, por ahora, esto era lo que había y no lo iba a desaprovechar, para lo otro, no faltaba mucho y cuando se diera, iba a ser más apetitoso.
-Pero mira que resultaste putita eh?? me estabas esperando ya dispuesta. Como una perrita en celo. Me gusta eso.
Balbuceaba muy bajo en mi oído.
Me tomó de las caderas y acomodó su miembro ya duro en mi trasero.
Abrí mis piernas para que el bulto imponente, se acomodara mejor.
Apoyé mis manos en la ventana. Saqué mi trasero.
Sentí su dureza a través del pantalón.
Pasó su mano derecha hacia adelante y me introdujo dos dedos, el índice y el grande, en mi vagina, bien hasta el fondo, pero con delicadeza, haciendo círculos y luego me enterraba sus dedos, recorriendo mi interior, con una exquisitez suprema.
Tarea fácil, pues ya estaba empapada. Me temblaba todo y me salía fuego de la entrepierna.
Él seguía jugando dentro de mi cavidad. Mientras me murmuraba en mi oído.
-Te quiero coger, te quiero chupar toda, como se lo merece una zorrita como tú, eres una putita, muy muy putita.
Zorrita, putita, alimentaban más mi morbo, me ponía más ardiente.
Mientras tanto con el dedo gordo, muy suavemente acariciaba mi clítoris.
Uhhhh Dios bendito!!!!, pero qué rico era esto!
Su brazo libre lo llevó a mis senos. Con la palma de la mano, empezó a hacer círculos sobre la tela de la camisa. Mis pezones se pusieron en alerta y se inflamaron y duplicaron su tamaño,.
Su respiración en mi nuca, su lengua en mi oido, me sobaba el lóbulo. Me mordia con sus labios.
Quitó su mano libre de mis pechos, abrió mi boca, y fue poniendo de a uno los dedos, para que se los lamiera como si fuesen pequeños penes.
Los fui chupando uno, dos, tres...
Él seguía masajeando mi campanita endemoniada, había empezado a hacerlo con movimientos más seguidos y acelerados.
Era tanto el gozo que me hacía sentir, que una llamarada me subió de los pies a la cabeza, un suspiro prieto y largo anunció mi orgasmo inminente.
-Ah, ah, ah!!!! Ay, ay, no pares, sigue asì, ya ahhhhh!!! ahhhhhhhhh!!
Y me corrí como nunca creí que podía hacerlo.
Ay virgen santa!!.
Me retorcía de placer con quejidos que sólo escuchábamos nosotros ya que no podía gritar como realmente deseaba por el lugar en que estábamos.
Y yo quería más, mucho más pero no se podía. Fue rápido, secreto y maravilloso.
Me dio vuelta y de frente nos dimos un beso húmedo. Nuestras lenguas se juntaron y se frotaron fuertemente. Costó separarse, pero podía llegar Stellita o la esposa.
Después del formidable beso que nos dimos, llevó sus dedos a su boca y se chupó nuevamente todos mis jugos, la cara desencajada de placer, me lamió el rostro, desde la barbilla a la frente.
Me pasó una tarjeta con sus datos. La dirección de su trabajo.
-Te espero cualquier tarde a partir de las tres estoy solo y libre. Te espero en mi oficina.
Dió media vuelta y se fue en silencio.
DIA 3
A las tres de la tarde, subía al elevador. Iba al encuentro de lo que hacía bastante tiempo buscaba.
Un hombre, un macho con todas las letras, que me montara y me hiciera delirar como nunca antes, nadie lo había hecho.
Me había puesto un vestido cortito y apretado, de lycra blanco y negro, calzaba botitas cortas blancas.
Di unos golpecitos delicados a la puerta de la oficina, abrió enseguida como si me estuviera esperando. Me dio paso y cerró con llave. Cerró las ventanas y quedamos en penumbras.
Se acercó a mi y nos dimos un abrazo potente.
Nos besamos intensa y apasionadamente.
Me llevó de la mano, hasta su escritorio. Se sentó en su sillón de jefe, recorrió todo mi cuerpo con su mirada.
Me paré entre sus piernas y enrollé mis brazos en su cuello.
Con dulzura me quitó el vestido, quedé en ropa interior.
Me sacó el corpiño, Tomó mis senos entre sus manos.
-Qué belleza!!!, por fin los puedo besar.
Abrió su boca y empezó a lamerlos, primero uno, luego otro.
Con la punta de la lengua empezó un juego que me volvió loca de regocijo, zigzagueaba su lengua en mis pezones, duros y erectos como un mástil.
Así estuvo un buen rato.
-Ay, ay qué rico, ay, ay!!!
Ahora podía gritar, suspirar, rogar, pedir, nada me lo impedía, podíamos expresar nuestros sentimientos, y nuestro goce. Por fin estábamos libres sin temor de que alguien nos interrumpiera.
Yo no paraba de gemir, de placer.
Me tomó suavemente de la cabeza y me hizo agachar, me arrodillé, abrió su pantalón. Ayudando con mis manos a que apareciera lo que tanto ansiaba.
Asomó su pene erecto, firme y duro como una roca.
Fue llevando mi cabeza a su miembro, lo tomé con ambas manos y lo empecé a acariciar, lentamente.
Con mi lengua húmeda lo fui recoriendo de punta a punta, lo lamía suave y delicadamente, corrí mi pelo hacia un costado, para que me contemplara, no sólo sintiera mis manos y mi lengua, quería que viera mi cara de placer, mi lengua. (siempre me gustó que me miraran, ya de jovencita)
Después de recorrer su falo por todas partes.
Lo enloquecí lamiendo en círculos su glande, le pasaba la lengua de un lado, al otro...
Lo llevé poco a poco dentro de mi boca, y lentamente lo fui introduciendo, hasta tenerlo todo dentro, lo sacaba y volvía a entrar, amorosamente, lo volvía a entrar y a salir.
Había chupado varios penes a esta altura, pero nunca con esta pasión enloquecedora.
-Qué rico, putita, qué bien lo chupas, Ay!
Me lo comía como el mejor manjar del mundo.
Al rato, me tomó de las axilas y me tumbó de espaldas en el escritorio, mis piernas quedaron colgando, las subió a su hombro.
Mi vagina quedó a la altura de su boca.
Instintivamente levanté mi vulva empapada, abrí los labios de mi nidito y se lo ofrecí para que se lo comiera.
Virgen santísima!!! Cómo la lamió!!!! Increíblemente.
La recorrió toda, de punta a punta, toda su lengua entera estaba adentro, los movimientos al principio eran pausados, para que la disfrute más.
Levantó sus brazos y mientras me paladeaba el coño, me tomó los pezones, y con sus dedos empezó a masajearlos.
Virgen santísima, esto era lo máximo!!
El sonido que hacían sus lengüetazos mezclados con mis jugos sonaban como cantos de sirenas
Mis quejidos no paraban, era demasiado placer lo que me estaba proporcionando.
Su lengua llegó a mi clítoris, y empezó a moverla frenéticamente.
-Ah, ay, ay, no pares, ay, ay sigue así, así, así, asííí!!!!
Cómo no me iba a correr como una ramera insaciable? ¿Qué alguien me diga cómo no hacerlo? Imposible.
Todo mi instinto animal salió a flote y ahora sí, mis quejidos ya no eran susurros como en la sala de la casa de Stellita.
Eran suspiros y quejidos, pidiendo que no parara, que siguiera sin ningún reparo.
Apreté mis piernas en su cuello, levanté mis caderas del escritorio y con movimientos de sube y baja, me corrí como la más puta del mundo.
La mejor corrida de mi vida.
Con su boca llena de mis jugos nos besamos, juntamos las lenguas y las refregamos una con otra, y nos abrazamos.
Me dejó descansar apenas unos segundos.
Me penetró. Me fue hundiendo suavemete su miembro tieso.
Llegó al final de mi cavidad, se movía pausado, lento para que pudiera disfrutar de su rigidez.´
Entraba y salía, salía y entraba.
Yo estaba de nuevo tan caliente, que con mis manos me manoseaba mis pechos, eso me agitaba, pidiendo más y más.
-Quieres más? Más tendrás, lo que quieras, te doy lo que quieras, putita.
Y tal cual, me dió y me dió casi toda la tarde.
-Sí, dame más, mucho másssss, más fuerte por favor, ah, ah!!!
Y me dió lo que pedía, hasta hacerme correr nuevamente.
Mi segunda corrida, espectacular, la que nunca tuve causada por un hombre.
Él sabía lo que hacía, todo calculado fríamente, él no se corría, para mantenerse erecto mucho rato, y hacerme terminar varias veces.
Yo encantada.
Volvió al sillón y se desnudó.
Se sentó nuevamente, yo volví a arrodillarme y jugué con su pene lo lamí, lo chupé, lo disfruté.
Me levanté, tomé su miembro adorado y me senté sobre él.
Ahhhhhh!!!!! mmmmmm mmmmm, qué sabroso!!!!.
Al estar sentada con el pene duro muy adentro mío, mis senos quedaban cerca de su boca. Nuevamente los empezó a chupar, los mordía suavemente, y yo enajenada.
Luego me puso en posición de perrita, sobre la alfombra.
Me volvió a penetrar.
Pero esta vez lo hizo de un sólo envión entró hasta el final.
Un mete y saca con fuerza, pasó su mano izquierda a manosear mis pezones, y con la derecha mi clítoris.
No puede ser que este hombre me coja de esta manera tan espectacular, hasta me pasaba la lengua por la espalda.
Y yo empecé de nuevo a gemir, porque sabía que mi próxima acabada, estaba por llegar.
-Ay!, ay! así dame así fuerte papito, dame más fuerte! dame así!! no pares, dame así rico, ah! Ah!
-Si putita, toma, así te gusta? Más fuerte? toma putita, toda para tí, zorra! Ay qué delicioso es cogerte!!!, putita preciosa.
Él hacía todo lo que le pedía y eso era enloquecedor.
Mi orgasmo, llegó casi al mismo tiempo que él.
Caímos exhaustos sobre la alfombra, y ahí quedamos abrazados, y satisfechos por un rato, teníamos tiempo de sobra, para descansar y empezar una segunda ronda y lo mejor era que ya podíamos estar por fin solos.
Cogíamos de lunes a viernes, de tres de la tarde hasta las siete.
No me pregunten cómo se las arreglaba para cumplir con su tediosa esposa, nunca le pregunté, no me interesaba.
Yo quería que me coja, nada más que eso.
Sólo les puedo asegurar que yo lo exprimía todas las tardes, lo dejaba seco.
Fuimos amantes hasta una semana antes de mi casamiento.
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