Directo a Dirección... ¿Premio o castigo? (2)
Cada vez que la profesora Silvia la manda a dirección, Amalia no ve un castigo, sino una cita. El director la espera con una sonrisa y una promesa de placer que sus compañeros de su edad jamás podrían darle.
Un día más en la vida de Amalia, cursando su último año en la preparatoria, un paso más que la aterraba completamente, aún no sabía que haría para su siguiente etapa y prefería no pensar en eso por ahora, a pesar de la presión que ejercían sus padres en ella por estar un año atrás, ella tenía 19 años y aún seguía en la preparatoria, debería estar en la universidad ya, sin embargo, fue su propia culpa por tener que recursar un año completo y simplemente pasó un año más.
Salió de su habitación vestida normalmente, está vez no creyó que la mandarían a la dirección de nuevo así que no se arregló demasiado, bajó para irse a comenzar su día escolar, sin embargo antes de irse pasó a despedirse.
- Nos vemos mamá - le dio un beso en su mejilla
- Quédate a desayunar - le dijo antes de que se fuera
- No tengo mucha hambre - le contestó la joven
- No me importa cariño, siéntate, te sirvo - su madre se levantó y la joven ya no podía hacer nada
- Hazle caso a tu madre - se escuchó la voz de su padre en el fondo
- Ya sé - respondió en un tono un poco molesto
- Oww Amalita está molesta - su hermano mayor se acercó a la chica y le hizo un remolino en el cabello, lo que claramente le molestó
- ¿¡Qué haces idiota!? - le gritó y de inmediato se escuchó una represión
- ¡Amalia, ese lenguaje! - su madre le regañó - ¿Ves lo que les enseñas Raúl?
- No quieras echarme la culpa de sus groserías - el hombre se estaba acomodando su corbata para irse a trabajar - Maleducados
- Aléjate de mí asqueroso - le dijo Amalia a su hermano que se sentó a su lado
- Relájate niñita, quiero convivir contigo - le dio un demasiado fuerte abrazo, ella no estaba para nada contenta
- Aaagh déjame - decía apenas pudiendo respirar
- Por Dios Damián déjala en paz - le reprime ahora sí el padre
- Gracias papá - dijo cuando su hermano la soltó dejándola respirar
Está era una típica convivencia familiar diaria, su hermano molestando diariamente y cada vez que tenía oportunidad, su madre regañando a ambos por sus acciones y claro por su lenguaje, y su padre solamente dando un refuerzo a lo que decía su madre. Lo cierto, es que no podía reprochar nada de su familia, le gustaba, aunque a veces no los tolerara, estaba feliz de tener una madre tan tierna como la que tenía, un padre que a pesar de su trabajo estaba ahí para ellos y claro, un hermano que si bien a veces no soportaba sabía que siempre podía contar con él, siempre la apoyaría fuera cuál fuera su problemática.
Salió de la cocina bien desayunada, su hermano la llevó a que tomara el autobús y una vez que se subió él se fue a la universidad, durante el trayecto pensaba que hoy no tendría la oportunidad de ver a Adrián y cuando pensaba en eso vino a su mente el hecho de que no les había dicho a sus padres acerca del reporte, pensaba que lo mejor era no decírselos, le tomaría mucho explicarles por qué la maestra estaba en su contra y eso sin evitar el regaño que venía de por medio, a pesar de que ella no hubiere hecho nada malo.
Cuando iba a entrar a su salón correspondiente se encontró con Elizabeth, quien la saludó muy efusivamente.
- ¡Hola preciosa! - le dio un gran abrazo a su amiga de años y después un beso en cada mejilla
- Hola Eli, ¿Terminaste lo de Biología? - preguntó para poder copiarlo, sabía lo responsable que era su mejor amiga y no hizo sus labores pensando en que ella sí los haría, en efecto ella asintió y Amalia no tuvo que decir más pues ya tenía la libreta en su mano - Eres un amor Eli - le besó en la mejilla y de inmediato se sentó en su lugar y comenzó con su tarea
- ¿Cómo te fue ayer en dirección? - preguntó inocente Elizabeth, lo que causó cierto efecto de flashback en la otra chica, se detuvo de copiar el texto y se quedó pensando en cómo ella se había encontrado sentada plácidamente en las piernas de su director - ¿Amalia? - preguntó de nuevo al no obtener respuesta y observar como su amiga se quedaba en transe
- A-ah sí, bien, solo me dio un reporte - recuperó su cordura y dijo la verdad a medias
- Creí que te suspenderían ja,ja,ja, la bruja estaba más que enfadada con lo que le dijiste, aunque era la verdad no creí que nadie fuera a decirsela - Eli platicaba mientras Amalia copiaba rápidamente, se había vuelto experta en eso
- No se la hubiera dicho si no me hubiera provocado - se encoge de hombros - Ella siempre me manda a la dirección, cómo si estuviera en la primaria, había aguantado mucho pero, ¿Qué me gritara? Tengo límites Elizabeth - le dice excusándose
- Lo sé linda, lo sé, por eso te apoyo en esto, tienes suerte de que hoy no la vemos, hoy no tendrás que pisar la dirección - su mejor amiga ríe a carcajadas, sin embargo, eso entristece un poco a Amalia, hoy no lo vería y no podría saber si se arrepentía de lo que había sucedido o si podrían continuarlo - ¿En qué piensas? Hoy estás muy pensativa - le dice extrañada su amiga sacándola de sus dudas internas
- O-oh no es nada, solo recordé que mis padres no firmaron el reporte, tendré que dejarlo mañana - la chica sigue terminando sus deberes
- Mira quién llegó - Elizabeth le llama la atención a Amalia para que observe, ella levanta la vista y ve como Mario entra al salón con ciertos aires de grandeza
Mario era un joven bastante guapo, era cierto que no dejaba indiferente, de cabello negro y ojos cafés, era un muchacho atlético, por esto muchas querían con él pero él tenía un solo objetivo hacía algunos meses: Amalia.
- Ah, creí que era algo más importante - sigue con lo suyo pues estaba a punto de terminar. Estaba claro que la chica no estaba para nada interesada en su compañero de clases, si bien admitía que era atractivo, no le llegaba ni a los talones a su querido Adrián
- Es divertido ver cómo él se emboba contigo y tú ni siquiera lo volteas a ver - dice mientras observa como Mario le dedica ciertas miradas a su amiga que ni siquiera se digna en mirarlo
- Con eso debería entender que no estoy interesada, ¿No crees? - suspira y cierra ambas libretas, había terminado su tarea
- Los hombres son tercos, ni aunque le digas directamente "No" va a dejarte en paz, linda - se encoge de hombros y entonces Amalia se digna en ver a su admirador quien le dedica una sonrisa picarona y ella solo responde con una sonrisa de un lado y un gesto de la mano - Aunque no entiendo que es lo qué no te gusta de él, no está mal - lo ve fugazmente y luego observa a su amiga quien ya la está mirando también
- En el mundo hay mucho más que los de un salón de clases, Eli, no te conformes - le dice mientras le señala la ventana muy inspirada - Además es muy chico para mí - se encoge de hombros
- ¿Muy chico? Es literalmente de tu edad, si acaso le llevas unos meses, ¿De cuántos prefieres? - la cuestiona pues a ella no le hace sentido lo que dice su amiga
- Mayores, los prefiero mayores, solo diré eso - observa la hora en su celular y de nuevo su atención está en su mejor amiga
- Pero ¿cuántos Amalia? ¿Acaso quieres un señor como… - se queda pensando en algún señor que conocía -… cómo el profesor de educación física? - sonríe desafiandola para saber su respuesta
- Ja, ja, ja, muy graciosa Eli, pero no, hay gente mayor que es muy atractiva, además son más maduros que uno, es mejor así, tienen más experiencia, hay más pros que contras - de inmediato le interrumpe su amiga
- ¿Quieres un contra? Se va a morir antes que tú - ese comentario les causa un estallido de carcajadas
- Quédate con tus jóvenes inmaduros entonces - Amalia se rinde en convencer a su amiga de sus ideales
- Sí y tú quédate con tus ancianos casi muertos - ambas ríen y esperan a que llegue el profesor de su clase
La razón de que Amalia prefiriera a los hombres mayores provenía de hace un año, había tenido varias relaciones de noviazgo con chicos de su misma edad, sin embargo, nunca se sentía plenamente feliz, siempre le hacía falta algo, además de que siempre tenían peleas muy estúpidas por muchas cosas que ella creía eran evitables, y eso sumado a que el sexo con ellos nunca la satisfacía, siempre ellos llegaban a su orgasmo y Amalia tenía que complacerse a si misma porque ellos nunca se preocupaban por ella, así que un día conoció al que sería su primer encuentro con un hombre de verdad, así lo calificaría ella.
Erik era el mejor amigo de su padre, sin embargo se había ido a Estados Unidos por unos 15 años, por lo que Amalia no recordaba nada de él, sin embargo, un día llegó a su casa y ahí se encontraba el hombre, platicando con sus padres y conviviendo un poco con su hermano, él era muy guapo, tenía unos ojos marrones penetrantes, su cabello corto y castaño oscuro le combinaba con su piel bronceada, y sobre todo un paquete que se marcaba demasiado en su pantalón, Amalia en cuanto hizo contacto visual con ese bulto que se le marcaba a Erik se puso toda colorada, sin embargo trató de disimularlo y saludarlo como propiamente debía.
- Un gusto, soy… - él la interrumpe y con una sonrisa le dice
- Amalia, sí lo sé, te conocí cuando naciste, cómo han pasado los años, aunque han beneficiado más a unos que a otros - se ríe aún sosteniendo la delicada mano de la chica
- Bueno que no se iba a quedar pequeña por siempre - dice su padre feliz de volver a su amigo
- Tienes razón, te hicieron bien estos años pequeña - Erik le sonríe amablemente y desde ese momento Amalia incrementó su interés por él
El hombre iba a su casa frecuentemente a visitarlos, Amalia había tenido el gusto de platicar con él algunas veces, pero todas eran sobre temas banales pero que disfrutaba, su compañía era agradable. Entonces, un día ella llegó de la escuela y lo encontró en el sofá mirando su celular.
- Hola Erik, ¿Cómo estás? - dice en cuánto atraviesa la puerta de entrada de su casa y lo visualiza sentado
- Oh Amalia, muy bien gracias - se levanta para saludarla con un apretón de manos y un beso - Tus padres me dejaron aquí - se ríe y se encoge de hombros
- ¿A dónde fueron? - pregunta la joven
- Tu padre fue a dejar unas cosas de su trabajo y tu madre salió pero no sé exactamente a dónde - guarda su celular en su bolsillo
- ¿Por qué no fuiste con mi padre? - la chica se sienta a un lado del señor y lo mira atentamente
- Yo apenas iba llegando y tu padre ya iba de salida, me iba a ir pero me dijo que pasara, que tú llegarías pronto - le sonríe a la joven quien empieza a sentir cierto nervio por tener a ese hombre tan cerca de ella y solos...
- Ah… ¿Crees qué tarden en llegar? - por los nervios Amalia solo dice cualquier cosa que se le viene a la mente, estaba nerviosa por la mirada que tenía el amigo de su padre, puesta en ella
- Ni idea, pero no hay prisa en que lleguen, ¿O si? - con sus dedos recorre un mechón de cabello de Amalia, luego con su dedo va bajando desde su sien hasta su barbilla, la cual toma con su dedo índice y pulgar, la jala para acercar sus rostros y ella solo se deja llevar con cierta excitación por lo que va a suceder
- ¿Erik? - dice pensando en si estará bien esto que está a punto de suceder
- ¿Si pequeña? - le dice amablemente - No va a suceder nada que no quieras, ¿De acuerdo? - le hace énfasis y es justo lo que Amalia necesitaba para seguir con lo que el hombre había planeado, la joven asiente y entonces se acercan aún más para dar pie a un beso lento que aún no denota deseo, es simplemente un beso
De pronto aumenta la velocidad, Erik con su lengua intenta abrirse paso en la boca de la joven, quien fácilmente le deja entrar e incluso usa su lengua también, era un juego con sus lenguas que iban en un vaivén o en círculos, más adelante, Erik como el experto que era con sus manos empezó a bajar desde sus senos hasta su monte de venus que fue acariciando levemente para poder bajar más y sentir su vagina que estaba empezando a mojarse, Amalia dejaba soltar leves gemidos, sentir esos dedos masajear esa parte que se estaba volviendo sensible, no podía más que liberar esos gemidos de placer.
- Ah Erik - soltó cuando se separaron unos momentos del beso para poder tomar aire
- Acuéstate preciosa - ella le obedeció y él removió su blusa y su brassier casi en un abrir y cerrar de ojos, Amalia simplemente se dejaba llevar por el expertise del hombre, con su lengua empezó a dar lentas lamidas a los pezones de la chica, los cuales ya estaban bien paraditos, luego con su mano masajeaba su seno derecho mientras continuaba las lamidas en el izquierdo, a veces los chupaba o succionaba, lo que le excitaba a sobre manera a Amalia, después de un rato de jugueteo con sus pechos fue bajando dejando pequeños besitos hasta que llegó a su Monte de Venus donde se detuvo y miró a la joven cuyas mejillas estaban enrojecidas y soltaba grandes suspiros - ¿Quieres que continúe linda?
- Sí, sí quiero - ella no dudó ni un instante y simplemente se dejó llevar, sintió su lengua pasarse por toda su vulva, por sus labios mayores y luego los menores, luego se dirigió al clítoris, al cuál le dio unos lengüetazos para después hacer su maravillosa succión, con esta última Amalia vio el cielo y asegura que fue su primer orgasmo provocado por un hombre - Quiero que me la metas hasta el fondo - le suplicó Amalia, quien ya cegada por el deseo perdió toda timidez
- Lo que pida señorita - se bajó rápidamente su pantalón y su bóxer, solo para liberar su miembro, ese era el más grande que la jovencita había podido apreciar, de gran largo y ancho, dudaba si podría entrar completamente, lo vio y apreció unos segundos y con cada segundo que pasaba más quería tenerlo dentro suyo, y sin avisar sintió como se adentraba en sí misma, no se necesitó lubricante porque la chica ya estaba muy mojada, ya resbalaba perfectamente y sin dolor, entonces Erik comenzó su movimiento rítmico, entraba y salía hasta la mitad pero Amalia ya gritaba de placer, sus gemidos inundaban la casa, la embestía duramente y eso le encantaba a la chica
- Ah ah ah s-s-siguee… Erik no pares - casi suplicando mientras estaba siendo penetrada por un gran miembro, sus senos iban y venían con cada embestida, se escuchaba el sonido de sus huevos chocando con el trasero de Amalia, todo el escenario era realmente excitante, de pronto el hombre se detuvo y levantó a la chica para poder ponerla en una nueva posición: a cuatro patas, ella simplemente se dejaba penetrar y escuchaba los leves bufidos de su hombre, mientras la seguía penetrando iba aumentando cada vez más la frecuencia y la profundidad, además de que masajeaba sin mucho cuidado sus senos, estaba por alcanzar su segundo orgasmo y de pronto sintió un chorro de algo que salía de ella y que en su momento no sabía que era, un líquido transparente que salía en gran cantidad
- Oh… eso preciosa. Aaah… - expresó Erik antes de vaciar todo su semen dentro de la chica - Traje pastillas del día siguiente Amalia, solo no te olvides de tomarlas, ¿De acuerdo? - salió de la joven y le plantó un beso en el cuello
- Sí, está bien - dijo con la respiración agitada - Hay que vestirnos, no creo que tarden en llegar - estuvo de acuerdo y limpiaron la escena como si nada hubiese sucedido.
No hablaron de eso más, en cuánto llegaron los padres de Amalia volvían a su relación normal, nada había sucedido.
Ese mismo día en la noche Amalia estaba por dormirse, sin embargo miraba fijamente el techo pensando... pensando en cuánto tiempo había desperdiciado con chicos menores, con unos inexpertos, hoy había experimentado nuevas sensaciones gracias a un hombre maduro, experimentó su primer orgasmo que ella no se había provocado, un hombre de verdad, cómo ella lo llamaba, se lo había realizado y no necesitaba más para darse cuenta que ahora estaba completa.
Este encuentro había marcado un antes y un después en Amalia, sabía lo que le gustaba, sabía lo que quería y sabía cómo lo conseguiría, ese encuentro significó un cambio en lo que la joven buscaría para sí misma.
Sus clases se estaban desarrollando con normalidad, el hecho de que no tuviera problemas en ninguna otra materia dejaba en evidencia que Amalia no era la del problema de comportamiento, y eso era algo que todos en su grupo sabían y aprovechaban para que a ellos no se les castigara cómo se le haría a la chica víctima de la profesora Silvia. De hecho, Amalia podía llegar a ser de las más destacadas en su salón, sin embargo, no le gustaba estudiar para sus exámenes y las calificaciones que tenía era por hacer el mínimo esfuerzo, e incluso así lograba aprobar todo.
Elizabeth y Amalia iban de regreso a su salón cuando se toparon con el director Adrián dirigiéndose seguro a algún lugar que desconocían, cuando el hombre observó a Amalia no hizo ningún gesto, contrario a la joven que se le quedó viendo a los ojos pensando en lo que había sucedido ayer.
- Buenas tardes jovencitas - les dice el director y se aleja por el pasillo, ellas ni siquiera contestan por la fugacidad del momento y Amalia se queda pensando en él, aún recuerda cómo fue la primera vez que la mandaron a la dirección...
Orientación y Tutoría, era de sus últimas clases en el día, todo el grupo ya estaba inquieto, era obvio que no prestarían atención a una materia que ni siquiera era obligatoria pasar, simplemente una materia que existía y que si bien tenía un buen propósito, una pésima ejecución, según la mayoría del salón.
La profesora Silvia llevaba hablando más de 30 minutos, acerca de lo importante que era esa materia, a veces se desviaba con una idea y no regresaba a lo que se estaba hablando, sin embargo, su voz no descansaba ni un minuto. Por supuesto, Amalia comenzó prestando la mayor atención posible, pero la perdió cuando su maestra en algún momento comenzó a contar cuánto le había afectado tener un padre ausente en su infancia, así que sin quererlo cayó dormida en su banca.
- Jovencita - la profesora se acercó intimidante hacia la chica que hace unos momentos se encontraba en un profundo sueño - Señorita, señorita, ¿Cuál es su nombre? - Amalia reacciona al escuchar la voz tan cerca de ella, abre los ojos y se incorpora lentamente
- Amalia profesora - dice aún con los ojos hinchados
- Oh, señorita… Amalia, veo que no le es interesante mi clase - la joven interrumpe
- No, claro que sí - dice con cierta ironía que disfraza de buena intención, pero que para todos resulta gracioso
- Claro, le sugeriría que tomara sus cosas y se retirara de mi clase - le sonríe malévola, esa sonrisa que vería presente en muchas ocasiones más
- Pero profesora, y-yo no estaba haciendo nada malo - se acomoda en su asiento y espera una respuesta
- No, claro que no, dormir en clases no es malo, no prestar atención no es malo, dormir cuando alguien está hablando no es una falta de respeto, claro que no - la mujer rubia teñida, con ciertas arrugas por todo su rostro y de protuberantes senos estaba comenzando a enfadarse
- Lo siento, tiene razón, prometo que no volverá a suceder, estaba cansada y… - la mujer ya no quería escuchar más de sus "excusas tontas"
- Sí señorita, no volverá a pasar pero para la próxima clase, ahora debería ir a dirección - se da la vuelta para regresar al frente y continuar su historia
- ¿A dirección? ¿Qué voy a hacer ahí? - pregunta Amalia inocentemente
- Platique con el director, que le dé un reporte si es que lo merece, ya le contará - Amalia seguía sin creer esa actitud de esa horrible mujer - ¿Puede retirarse ya? Tengo una clase que continuar - todas las miradas estaban en ambas, Elizabeth solo miraba apenada a su amiga y ella se resignó
- Vaya clase - susurró muy levemente pero la profesora alcanzó a escuchar cierto murmullo, por lo que preguntó
- ¿Disculpe dijo algo? - miró a la joven aún más molesta que antes
- No para nada - se levantó con sus cosas y salió del aula, sin saber que con eso había firmado su declaración de guerra con la profesora Silvia
Cuando llegó a dirección, le preguntó a la secretaria Ludmila que debería hacer y ella amablemente le explicó que solo pasara con el director y hablara con él de lo sucedido, él le diría si necesita reporte o simplemente una recomendación.
Así lo hizo y una vez se adentró a la oficina, todo su mundo dio vueltas… había visto a su director en juntas, en honores o simplemente de lejos y nunca se había dado cuenta de lo atractivo que era, nunca se había detenido a analizar cada una de sus facciones y comportamientos, el cómo se dirigía a cada persona y sobre todo a ella.
- Buena tarde jovencita - le dice con una amplia sonrisa y extendiendo su mano para darse un apretón de manos - Soy el Licenciado Adrián, estoy aquí para servirte en lo que necesites, bueno dime ¿Cuál es tu nombre? - ella estaba embobada y su mente no estaba trabajando como siempre lo hacía, su actitud con ella le intimidaba un poco
- Soy… soy - se quedó pensando unos segundos - Soy Amalia, licenciado - ella sonrió también
Entonces después de eso, era obvio que Amalia tenía que contarle a el licenciado qué es lo qué había sucedido, y cómo éste conocía bastante a su esposa decidió ser piadoso y dejar ir a la joven sin reproche alguno, más que aconsejarle que no durmiera en clases, ella agradecida salió con una sonrisa y con un objetivo nuevo en mente: coger con el director.
Un objetivo por supuesto algo difícil, ya que no es como un maestro que ves todos los días, aquí su único recurso era ir directamente a dirección y eso implicaba cambiar su comportamiento, sin embargo no estaba dispuesta a ser mala o bajar sus calificaciones para ello, no obstante eso no hizo falta, su ahora enemiga le haría el favor de mandarla casi todos los días al lugar y eso le daba oportunidad de convivir con él.
Así, generalmente iba mínimo dos veces por semana a la dirección, poco a poco ambos estaban conociéndose las caras y algo más, a veces platicaban un rato antes de que Amalia se tuviera que ir a su próxima clase, ella estaba encantada de convivir con él lo más que pudiera, conocerlo un poco más le hacía sentir algo especial.
- ¿Y ya sabes que harás después de salir de la preparatoria Amalia? - dice Adrián plácidamente acomodado en su silla
- No, mis padres me presionan para elegir algo pero no tengo idea de cuál es mi vocación - le responde
- Tienes que decidir, en unos meses esto terminará - se encoge de hombros y entrelaza sus dedos
- Lo sé, lo sé, es solo que siento que no encajo con ninguna carrera disponible - observa sus ojos azules que la miraban a ella también
- Precisamente es para eso la materia de Orientación, por eso es importante que prestes atención Amalia - hace su asiento hacia adelante
- Lo haría si no me sacaran cada 5 minutos - le responde irónica y el hombre solo menea su cabeza en reproche - ¿Usted cuándo decidió que quería ser… esto? - lo mira fijamente con el temor de no haber dicho algo malo
- No lo sabía hasta que una vez tuve que dar clases a cambio de dinero, necesitaba el recurso económico - suelta una leve risita - Y me gustó, estuve unos 15 años dando clases, hasta que me ascendieron a este puesto - se encoge de hombros
- ¿No extraña dar clases? - pregunta inocente
- Sí, a veces me aburro en la oficina… pero hay cosas que me animan los días, los hacen diferentes - le dice
- ¿Cómo qué? - pregunta sin saber lo que venía
- Tú por ejemplo - la expresión de Amalia es de impacto, no sabía de tal efecto que llegaba a causar en el director - Es extraño el día que no te tengo aquí, estas pláticas son las que animan mi día, me sacas de la rutina Amalia, gracias por eso - la joven estaba pasmada, no sabía que responder a aquello y mucho menos qué hacer, ¿Le agradecía por qué la castigaran y la mandaran para acá? Estaba confundida pero feliz, escuchar eso de aquel hombre era un gran paso hacia su objetivo, ya la reconocía, ya sabía quién era Amalia, se estaba permitiendo conocerla y lo que es mejor aún: le estaba gustando - Bueno Amalia, fue una buena plática pero deben estar buscándote tus amigos y tienes clases a las que asistir, nos vemos después - se levanta de la silla para ir a la puerta a abrirle
- Muchas gracias Licenciado, significa mucho que usted piense eso de mí - es lo único que dice la tímida joven
- No es nada Amalia, solo preferiría que no tengas que venir tan seguido, no es bueno para tu conducta - le abre la puerta, ella asiente y sale de la oficina
Esa conversación era una que había significado mucho para Amalia, era la prueba de que se estaba acercando a él y de que disfrutaba de su presencia, sin embargo, aún faltaba camino por recorrer…
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