Xtories

Entregada a un anciano

Leo le advierte que no se quite la venda. Al sentarse en el asiento trasero, descubre que no está sola: un desconocido la observa desde el frente. Él ordena que se desnude y se masturbe, mientras el viejo, Don Alfonso, se sienta a su lado para tocarla. La vergüenza choca con un placer prohibido que la deja temblando.

Andraniela9339K vistas9.1· 11 votos

⭐ Si eres nuevo lector, te sugiero que empieces desde el primero de mis relatos hasta llegar aquí, así podrás seguir el hilo de mis experiencias de manera ordenada.

Semanas después, Leo, ya con auto propio me llevaba a la universidad y algunas veces iba a buscarme. Le encantaba que le hiciera oral durante el trayecto y a mi me encantaba complacerlo.

Adoro tanto dar orales extensos, es tan divertido, excitante, placentero, sentir mi coño humedecerse mientras me ahogo tratando de engullirlo todo.

El pene de Leo, siempre aseado, casi siempre depilado además de su proporción, un pene blanco, largo, con un glande muy provocativo y con mucha energía a la hora de eyacular. A algunas mujeres nos encanta dar oral aunque no a todas. Conozco amigas que no son muy de complacer a sus chicos en ese particular y aunque no he ahondado en detalles puede que se deba al higiene de estos, la confianza también es importante.

A mi sí que me encanta degustar del miembro masculino, adoro tenerlo entre mis manos y mi boca y observar cómo empieza a erigirse, a tomar fuerza, a levantarse poco a poco, como si fuera una criatura extraterrestre con vida propia, me encanta olerlo, sentir ese olor característico, lamer el glande, darle chupaditas, besitos, masturbar, masturbar hasta ver que está todo erecto, lamer la piel testicular, chupar mientras masturbo y luego comerme todo su pene, relamerlo todo, saborear cada centímetro, sentirlo ahogarme, chocar contra la campanilla de mi garganta y atravesarla, todo este proceso humedece mi coño automáticamente, me mojo, me pongo cachondísima deseando que escupa semen. Soy una especialista comiendo penes pero tienen que ser grandes y largos, son los que me hacen mojar bastante.

De vez en cuando volvíamos a experimentar el que alguien desde otro vehículo observara y solo podían hacerlo los que conducían motos o camionetas altas, nunca me dejé ver pero Leo sí que me avisaba que alguien se había percatado.

Me convencía a salir sin pantaleta desde el departamento hasta el auto y estar así hasta llegar a la universidad y en alguna que otra ocasión estuve completamente desnuda durante el recorrido, mientras le hacía oral.

Una tarde que fue a buscarme a la uni se me hizo muy extraño el que haya estado esperándome afuera y no dentro del auto como de costumbre. Quería vendarme, pues me tenía una sorpresa así que discutimos un poco; le decía que la gente pensaría que me estaba secuestrando o algo parecido.

—Ay, tonta, tú siempre pendiente de lo que piensen los demás.

Pues, me convenció, me vendó mientras iban y venían estudiantes de un lado y otro y me llevó al auto, estaba a unos pocos metros de nosotros. Entré de lo más inocente y al sentarme me di cuenta de que era el asiento trasero y pregunté por qué.

—Relájate, es sorpresa.

Se sentó a mi lado y el auto arrancó.

—¿Quién maneja? —pregunté en voz baja.

—Un amigo.

Quise quitarme la venda pero no me dejó y sujetándome los brazos a la fuerza me obligó a estar quieta y me decía en voz baja.

—Quédate quieta, te quiero coger aquí, delante de alguien.

Empezó a quitarme la ropa y aunque yo forcejeaba en pocos segundos logró que yo me resistiera menos, ya había logrado calentarme aunque con el temor de desconocer quién conducía y si estaba observando todo desde el retrovisor, temor que también lograba excitarme un poco. Eso me sucedía muy a menudo, que al principio me resistía a las atrevidas intenciones de Leo y a los pocos minutos lograba fácilmente convencerme.

Mientras me desnudaba a la fuerza mi coño se humedecía sabiendo que había otro hombre dentro del auto presenciando el forcejeo y al final viéndome desnuda, porque así terminé, desnuda por completo a excepción de mis zapatos deportivos.

Leo me besaba sádicamente, el cuello, el mentón, las mejillas, me manoseaba los pechos y por último me manoseó el coño de muchas maneras hasta introducir sus dedos y llevarme a la perdición de desear ser usada delante de alguien a quien no podía ver.

Luego de ponerme bien cachonda me ordenó masturbarme.

—Eso, así de rico, date dedo que te están viendo —decía con excitación.

Me masturbé excitadísima y de repente Leo me arrancó la venda de un jalón y al ver quien manejaba me tapé mis partes intimas.

Era Don Alfonso.

—Sigue, que Don Alfonso no le va a contar a nadie.

—No, mi niña, secreto de estado.

—Además, ya Don Alfonso nos vio la otra vez, ¿recuerdas?... en las escaleras.

Leo me habló al oído:

—Si te da mucha vergüenza te pongo la venda pero mastúrbate, mi verga va a estallar, te ves tan rica así morbosita y apenada.

Como estaba dudosa, Leo me toqueteó y masturbó, luego tomó mi mano y la condujo a mi coño.

—Dale, mastúrbate rico, sé que te excita que te vea ese viejo —me susurraba al oído.

Volví a masturbarme sin ponerme la venda y en una parada Leo se pasó adelante y mandó al viejo a bajarse.

—Vaya, vaya atrás.

El viejo entró y se sentó a mi lado.

El semáforo seguía en rojo cuando Leo hizo saber a Don Alfonso que podía tocarme.

—Deja que te manosee —me ordenó Leo.

Y por primera vez en mi vida dejé que un viejo me tocara, además era el segundo hombre que me ponía una mano encima, el único hasta ese momento había sido Leo.

—Haz que se corra, viejo —dijo Leo.

Y el muy atrevido metió sus dedos en mi coño y manoseó toda mi vulva, estuvo un buen rato en eso mientras Leo me pedía que mirara hacía él por el retrovisor.

—Mastúrbate —me indicó.

—Qué bonito coñito —decía el viejo pervertido.

Leo sabía que el viejo no iba a lograr que me corriera con simplemente tocarme, pues, aunque me daba placer no era el suficiente.

Así que mientras Don Alfonso me metía dos y tres dedos yo jugaba con mi clítoris hasta que me corrí fantaseando con que ese viejo feo me hacía suya.

El viejo se llevó los dedos húmedos a la boca y lamió con cara de pervertido.

—Hazle la paja —dijo Leo.

El viejo se desenfundó el pene y el muy morboso tenía una erección. Su pene era más chico que el de Leo pero igual tenía buen tamaño y de más grosor, como de 16 o 17 centímetros. Me imaginé de todo con ese pene en cuestión de segundos, masturbar, chupar, ahogarme, ver la eyaculación, me pregunté si su semen sabría igual al de Leo, si escupiría la misma cantidad, qué gestos haría el viejo al llegar a un orgasmo intenso, cuál sería la cara que pondría ese viejo si llegaba a penetrarme en la postura en la que estaba él o en pose de perrita.

No tardé en agarrar su pene y masturbarlo cosa que lo excitó muchísimo.

—Oh, niña, qué sueño —decía.

—Mastúrbate mientras y no te corras hasta que él lo haga —ordenó Leo.

Leo había parqueado el auto en alguna calle random.

Estuvimos un rato así, Leo le hacía preguntas al viejo.

—¿Qué tal, viejo?

—Lo mejor, muchacho —y el viejo se giraba a verme y sonreír, yo también debía mirarle mientras me masturbaba y le masturbaba a él con mi otra mano.

Después de un buen rato el viejo logró eyacular, manchándome la mano de su leche mientras yo continué masturbándome hasta correrme otra vez.

—Dile a Don Alfonso que eres mi puta obediente.

—Soy una puta obediente —dije con mucha pena.

—Y me excita saber que usted escucha cuando Leo me da por el culo.

—Me excita saber que usted escucha cuando Leo me da por el culo.

—Y gimes rico, mi niña, muy rico —dijo el viejo pervertido

—Di gracias, mirándole —me ordeno Leo.

—Gracias

—Gracias, Don Alfonso —agrego.

—Gracias, Don Alfonso

—Gracias a tí, mi niña —dijo el viejo estúpido.

Luego de vestirme ante el viejo que no me quitó los ojos de encima fuímos a dejarlo en la entrada del condominio y Leo y yo nos quedamos unos minutos en el carro conversando lo vivido.

—Ese viejo no tiene la fuerza como para darte bien duro como yo pero quiero verte encima de él, por puro morbo, que te manosee, que te muevas como una perra sobre su panza, que te coma el coño, que se tome tus fluidos y hasta tu orina, esos viejos son unos pervertidos. Prepárate porque un día de estos lo invitaré al depa.

Me sentí mal, era increíble que Leo pudiera tener tanto poder sobre mi, me puteó ante ese viejo, ya era la segunda vez, además que actué como una puta, masturbándome delante de ese anciano, corriéndome dos veces.

No tenía dudas de que Leo me conduciría a la perdición sexual total y todo porque yo lo estaba permitiendo, además, disfrutando.

Y por supuesto que más tarde, Leo y yo disfrutaríamos en nuestro apartamento del sexo que tanto nos gustaba, sabiendo que el viejo podía oírnos coger.