Xtories

Un San Valentín para tres

El marido le regaló la noche perfecta: un desconocido que la deseaba y un hotel vacío. Ella no solo aceptó, sino que orquestó el encuentro con una precisión calculada, sabiendo que el verdadero placer estaba en compartir el control y el deseo.

Ella con otros8.6K vistas8.0· 6 votos

A pesar de ser solo 2 noches y en Madrid, este era un viaje de trabajo diferente al resto. Coincidía con San Valentín y después de mucho años, con los hijos lo suficientemente mayores como para quedarse solos, su marido se lo había montado para estar esa noche con ella, en Madrid, también por trabajo.

El solo iría una noche, la del 14, saldrían a tomar un vino y cenar en algún restaurante, tal vez una copa después de cenar y luego al hotel.

Tenía muchas ganas, a pesar de que los días previos habían sido agotadores preparando la ponencia que daria en el congreso al que iba a Madrid, no era la situación más idónea para un viaje romántico, pero el glamour de la capital y compartir una noche con él eran todo un aliciente.

Llegó al hotel a las 20:30, cansada hasta decir basta a pesar de que en el AVE había dado unas buenas cabezadas. Deshizo la maleta, se desnudo y se metió en la ducha, el vaho empaño el espejo del baño, mientras su cuerpo recuperaba poco a poco el tono. Con el albornoz puesto se tumbó en la cama, abrió el ordenador y se puso a terminar un par de asuntos que tenía pendiente.

Al poco le llegó un mensaje a Telegram: “Llevo dos días soñando con él, y adjuntaba una foto de un hombre muy guapo con el torso al aire. Quedábamos, como antiguamente, para conocerle, los preparativos previos y el anonimato de Madrid le daban un morbo extra. Los nervios, los tuyos y los míos porque todo fuera bien, se iban haciendo patentes poco a poco. Y todo salió bien. No tardamos en congeniar, a pesar de que no el hablaba español, ni yo inglés. Era un macho macho, de esos que me sacan dos cabezas, fuerte y con unas manos inmensas que no podías quitarte de la cabeza. Tú traducías e interpretabas a tu manera. Un primer vino y ya habías sentido la cercanía de sus fornidas manos acariciando tu cintura. Mientras me acercaba a la barra a por un segundo vino, el acercamiento fue aún mayor. Sus manos rozaron tu mejilla buscando tu cuello. Tuviste que aguantarte para no lanzarte encima de él. En el segundo, aproveché para dejaros solos con la excusa de salir a fumar, desde la calle, a través de la cristalera vi ese primer, y apasionado beso. Fueron segundos, los suficientes para que soñases con que cómo hiciera todo igual que besaba, la noche sería inolvidables.

Al entrar no lo dudasteis ni un segundo, y sin saber que yo os había estado viendo, quisisteis hacerme una especie de declaración de intenciones, y os besasteis de nuevo.”

Leyendo el mensaje abrió con su mano derecha el albornoz del hotel buscando su sexo desnudo, no fue difícil encontrarlo, húmedo, muy húmedo. Puso su teléfono en modo cámara y se grabó mientras comenzaba a tocarse.

No grabo todo, solo el principio, lo justo para dejarle claro a su marido que le había gustado el mensaje. Tirando el teléfono sobre la cama y abriéndose el albornoz no dudo en continuar dándose placer mientras imaginaba el resto del sueño de su marido. Su mano jugaba con su clitoris, visiblemente alterado, mientras humedecía los dedos de la otra mano y buscaba su sexo por detrás, deteniéndose en su ano. ¿Por qué no? Se dijo antes de comenzar a jugar con el haciendo círculos. Con tres dedos de la mano derecha se penetró, llegando a rozar su punto G. Con el indice de la otra penetro su culo. La imagen de ese macho, de esas manos, tocando su delicado cuerpo, cediendo y concediendo cada avance. No tardo en correrse como hacía tiempo. Y a pesar de eso, no quedo del todo satisfecha.

“No te hagas una paja cuando veas el vídeo. Si, yo me la he hecho, y me he quedado con ganas de más, mañana quiero más, todo lo que puedas darme, tú o quien sea” decía el mensaje que acompañaba al vídeo.

Poco más dió de si esa noche, cayó rendida tras enviar el mensaje y se durmió.

A la mañana siguiente era su día, San Valentín ¡tendría la noche para ella y su marido! y el día que daría su ponencia. A pesar de no ser la primera vez, no acababa de acostumbrarse a ser el centro de atención de un auditorio repleto de compañeros de profesión. Estaba nerviosa, lo justo, y muy segura.

Se vistió tal y como le había pedido su marido: “Aunque nadie pueda verlo, tú siéntete muy puta y poderosa, capaz de todo. Ponte medias, con un conjunto de tanga y sujetador bonito, y cuando salgas de la habitación hazlo pensando que vas a devorar a cualquiera que se te ponga por delante.” Y eso hizo. Se vistió, muy elegante y con el punto de discreción adecuado a la situación por fuera, muy sexy, extremadamente sexy por dentro. Y salió de la habitación sintiéndose una diosa.

Entró en el restaurante del hotel para desayunar, pensando que conocería a alguien de otros congresos, pero no fue así. Eligió una mesa alejada de otros grupos y se sentó a esperar que vinieran a atenderla. Saco el móvil para hacer tiempo y dar los buenos días a su familia, cuando de repente vio a un hombre que le llamó poderosamente la atención.

Era mayor que ella, y que su marido, extraño porque a ella no solían gustarle a sí a primera vista los hombres mayores, pero aquel…Menuda facha, impecablemente vestido con un traje, sin duda hecho a medida, azul oscuro con un liguero dibujo de cuadros. Muy elegante y discreto. Camisa blanca y una corbata llamativa pero igual de elegante que el resto de la percha. Alto, altísimo, con un buen melenón, sin ocultar las canas, perfectamente peinado y un cuerpo grande, sin estar fuerte ni delgado. ¿Botas? ¿Lleva unas botas negras de motero/cowboy? Uhmm, interesante! Lejos de parecer un hortera le daban un punto de malote que no dejaba indiferente a nadie.

Eligió mesa y como no, justo al lado de la suya. ¡Qué bien huele! pensó, al quitarse la americana antes de sentarse, ¡y qué culo! Mira que es difícil apreciar el culo de un hombre con pantalón de vestir, pues… él la pillo, se sonrieron. Por un momento se hizo pequeña, se ruborizó como nunca lo había hecho. Definitivamente estaba demasiado bueno para ser real.

Como pudo mantuvo las formas aunque se la notará demasiado, aunque ella lo sintió por dentro, al igual que sintió que llevaba un conjunto precioso y unas medias… se sintió un poco puta, le miro de reojo y “si yo te pillara” se sorprendió pensando. Sus miradas se cruzaron, sin darse ni cuenta se estaba mordiendo los labios. El la sonrió. Al poco le trajeron el café con leche que había pedido, y se levantó al buffet. El lo hizo detrás de ella, se acercó peligrosamente. Estaba provocándola. Y ella a él. Un leve tonteo con las pinzas del jamón ibérico y sintió su mano sobre ella. Se miraron. Notó que sus ojos se clavaban en ella. Casi estremeció. El resto del desayuno fue una tortura, y aunque todo transcurrió muy rápido, a ella le resultó eterno. Acabó y dedicándole una última sonrisa a modo de despedida, él un “hasta luego, buenos días”, recogió sus cosas y salió dejando su huella, todo lo estirada y marcando culo y cadera al andar para que él se deleitara. Serás zorra pensó al verse en el ascensor, ¡cómo te has pavoneado y qué cachonda te has puesto!

Abrió la puerta de la habitación, se descanzó, iba a hacer un pis, lavarse los dientes y retocarse el maquillaje, con el tiempo justo para llevar al autobús que debía recogerla para llevarla al congreso, y acabó masturbándose frenéticamente de pie, en el baño viéndose en el espejo. Fue rápido, intenso y le supo a poco. Hubiera deseado que ese desconocido la penetrase allí mismo, sin mediar palabra. Miro el reloj. Se apresuró. Cuando salía del lobby del hotel el autobús se marchaba. Se sintió decepcionada y cabreada. Tendría que coger un taxi y no sabía muy bien que indicaciones darle al taxista para llegar al centro, donde se celebraba el congreso.

“Acabas de perder el autobús del congreso, como yo” dijo una voz varonil que llegaba a ella por su espalda. Sin mirar se sintió aliviada, no era la única, sería algún compañero que le había reconocido. Se giró y ¡tierra trágame! era él.

Dio un pequeño respingo.

“Perdona ¿te he asustado?” Dijo él. “Debí imaginarme durante el desayuno que eras compañera, en el hotel casi todos lo son”

“Si, bueno”, se sintió muy tonta y cohibida, ¡Por Dios, acababa de masturbarse pensando en él! “Soy Sara Martín de la delegación de Barcelona” y sin dudarlo ni un segundo le dio dos besos, que él no se esperaba. Al hacerlo volvió a sentir su olor, esta vez más de cerca y su cuerpo volvió a encenderse.

“Jaime Peláez, de la delegación de Bilbao” dijo él, “¿Compartimos el taxi hasta el congreso?” Preguntó.

“Bueno, si, claro”.

Excesivamente caballeroso, delicioso le supo a ella, llamó al taxi y abrió la puerta para que entrase primero. Al sentase la falda se le recogió un poco, dejando a la vista buena parte de su pierna, muslo y encaje de las medias que le había regalado su marido, rápidamente se colocó y el cerró la puerta, yéndose hacia el otro lado.

Cuando se montó a su lado, ella continuaba en una nube. No se acaba de creer la situación.

“¿De Bilbao?” Le preguntó por decir algo.

“Si, he estado mucho tiempo en destinos internacionales, tan solo he regresado hace unos meses a mi puesto”.

“Vaya, me alegro”, al decirlo se dio cuenta de que el comentario no había sido muy acertado.

“Si” le dijo él.

“Pues si, para que te voy a engañar” dijo viniéndose completamente arriba “en estos congresos no suele haber muchas novedades. Todos nos conocemos” él la dejó hablar aguantándole la mirada “y desde luego ninguno tan…” se dio cuenta de lo que estaba a punto de decir, no se reconocía. El la animó a continua la frase “tan?”. “Elegante” acabó diciendo.

Ambos se rieron, relajándose por completo, ella volviendo a ser la mujer segura de sí misma que no se amedrenta frente a nada, ni a nadie, volviendo a tomar el pulso de la conversación. Hablaron de otros compañeros, de trabajo, del congreso, incluso les dio tiempo a que él le contase algo de su vida laboral internacional. Cuando el taxi se detuvo, los dos hubieran deseado que el trayecto hubiera sido infinitamente más largo.

Al llegar al congreso, lo hicieron antes que el autobús que debía haberles recogido, unos cuantos compañeros esperaban en la puerta. Todos conocidos de ella, se saludaron y ella hizo las presentaciones. Enseguida vinieron a buscarla, la suya era la ponencia con la que se abría el congreso, la más importante de todas y debían probar micrófonos y explicarle cómo transcurriría todo.

Estuvo sembrada, como siempre, fue un éxito total, el tema y su exposición cautivó a los compañeros y así se lo hicieron saber. Incluso él, Jaime, que se acercó a felicitarla efusivamente. “¡Que crack eres! Elocuente, precisa, cautivadora, didáctica y bueno… podría seguir así un buen rato, pero no se si debería” la dijo ruborizándola de nuevo.

El resto de la mañana transcurrió sin más situaciones reseñables, salvo la ponencia de Jaime, justo antes de comer, que se completaba a la perfección con la que había hecho ella. Y así se lo hizo saber “Deberíamos hacer bolos juntos” le dijo ella divertidamente “igual de elocuente y bueno… que yo”.

Justo antes de la comida le llegó un mensaje de su marido: “Estoy en Madrid, ¿Qué tal la ponencia? Seguro que has triunfado como siempre… Esta noche lo celebramos. Voy a comer con clientes y después ¿te llamo?”

Se sintió un poco mal, desde la hora del desayuno donde le había dado los buenos días y deseado buen viaje, habían pasado demasiadas cosas, y sabía positivamente que todas le hubieran encantado presenciarlas o por lo menos vivirlas en directo, pero literalmente había sido un sin parar.

“La ponencia genial un exitazo y todo el mundo me ha dado la enhorabuena, la ropa interior ha surgido el efecto que predijiste y hasta he ligado con un compañero de lo más interesante.” Le escribió.

“Si?” Respondió él.

“Le he conocido en el desayuno y cuando he subido a la habitación a recoger las cosas para marcharme al congreso…” dijo ella haciéndose la interesante.

“Jajaja, el de las fantasías no era yo” la respondió.

“Nadie ha dicho que me haya puesto la mano encima. A lo mejor lo he hecho yo” respondió ella. “Luego te cuento más, la cosa promete. A las 18 acabo, pero seguro que quieren tomar una copa los del curso”

“Cuando acabe yo te llamo a ver qué hacemos, yo tengo que pasar por el hotel si o si ha dejar la maleta”

“Ok. Te Amo” dijo ella para aparecer ya desconectada”

“Te amo” dijo él sin llegar a marcarse el doble check azul.

Ella sabía jugar sus cartas y lo nervioso que se pondría su marido. Sabía perfectamente cómo trabajaba su mente y lo retorcido e imaginativo que podía ser. Eso y que se había encontrado con un hombre a su altura, que le había hecho temblar después de mucho tiempo.

“Nos vamos ya a comer” les dijo a los compañeros que estaban esperando, entre ellos como no podía ser de otra manera, Jaime.

El grupo entró en el restaurante, tenían una mesa redonda para ocho esperándoles. Si, no se como lo hicieron pero se sentaron juntos. Tal vez porque él no conocía a nadie más que a ella en el congreso. Tal vez porque eran los ponentes y el director. El caso es que la comida juntos les dió lo suficiente de sí como para abrirse y conocerse un poco mejor.

Al terminar ella ya sabía que era soltero, padre de dos chicas, la mayor vivía con su novia en Ámsterdam, la menor estudiaba en Londres. Había vivido en media Europa, en Nueva York, Washington y Los Angeles, y una gran parte de las capitales Latinoamericanas. Se había casado tres veces, las hijas eran de su primer matrimonio y en la actualidad compartía algo más que piso con una chica veinte años menor que él. Decía “compartía” porque era incapaz de seguirla el ritmo, él con una vida más sosegada, con su salidas matutinas a correr por la ría. Ella con sus salidas nocturnas que en más de una ocasión acababan de día.

El supo de ella que llevaba toda la vida con su marido, de hecho acababan de cumplir 25 años juntos, con tres hijos, el mayor en la universidad, la pequeña una experta bailarina… y el tercero su marido, un hombre al que amaba y respetaba, pero como le ocurría a él con su compañera de piso, no era capaz de seguir.

Cuando volvieron al congreso ella se encontró con dos viejas amigas y compañeras, con las que se sentó el resto de la tarde, poco tardaron en preguntarle por Jaime. Ella le definió como un compañero de lo más interesante y atractivo que había conocido en el desayuno. Pero había mucho más.

Al terminar la jornada, como era previsible, el grupo de conocidos insistió en ir a tomar una copa, ella se apuntó. Pensó que Jaime les acompañaría pero no había ni rastro de él. Tampoco tenía su teléfono ni cerca a nadie que lo pudiera tener para avisarle de dónde estaban. La copa no le supo igual. Y fue rápida. A todos les dijo que había quedado con su marido para salir a cenar por San Valentín. Era cierto y lo que más le apetecía en ese momento. Tenía mucho que contarle y seguro que él lo estaba deseando.

“Ya voy para el hotel” decía su mensaje. “¿Te queda mucho?” Su marido no le contestó, ni siquiera había visto el mensaje. Justo cuando llegó al hotel, le entró un mensaje: “Salgo para allá en una hora. Tengo mesa reservada a las 22:00”. Eran las 19, tiempo de sobra para arreglarse tranquilamente.

Cuando entró en el Lobby le vió, estaba sentado en la barra del bar tomándose una copa. No lo dudo, y fue hacía él.

“¿Donde te habías metido? Pensé que vendrías a tomar una copa con nosotros” le dijo acercándose por la espalda y poniéndole una mano en el hombro.

“Ya lo estoy haciendo y ahora contigo a solas, que es lo que me apetecía. ¿Te pido un cava?” le dijo sin pestañear.

“Por supuesto” aceptó la invitación sentándose junto a él, en uno de los taburetes altos.

Comenzaron hablando del Congreso, de los compañeros, él no conocía a nadie, pero ella enseguida le fue poniendo al día.

“Sabes que eres una mujer única” le dijo cambiando de tema y dejándola descolocada por completo.

“Lo sé. Y eso que todavía no has descubierto todas mis cualidades” le respondió sin el más mínimo atisbo de rubor.

“¿Tienes más? Estoy deseando descubrirlas” su mano se posó sobre el muslo de ella. Nuevamente esa mano inmensa y poderosa rozaba su cuerpo. Sara se encendió por completo.

“Bueno, no todas se pueden descubrir el primer día” al ver que su respuesta le había defraudado decidió continuar subiendo el tono de la conversación “ni en público” le dijo siendo ella la que ponía su mano sobre el muslo de él.

“¿Y me las descubrirás?” Preguntó, casi a modo murmullo muy cerca de su oreja.

Ella aguantó unos segundos pensativa. Todavía quedaba una hora para que llegase su marido, cualquier mujer en el estado en el que se encontraba ella, no lo hubiera dudado, le hubiera cogido de la mano en ese momento y se lo habría llevado a la habitación, pero ellos no eran así, a ellos les encantaba jugar con sus “víctimas”.

Sacó el móvil del bolso, él se extraño, fue a decirle algo pero enseguida le silenció poniéndole el dedo índice sobre sus labios.

“Escucha, solo escucha” le dijo.

Marcó el número de teléfono de su marido: “Hola amor, ¿ya vienes?. Si, genial. Estoy en el bar del Lobby tomando una copa de cava con Jaime, el compañero que te decía esta mañana y me tiene cachondísima” Él la miro incrédulo por lo que estaba oyendo, pero su mano no, su mano se envalentonó y comenzó a recorrer su muslo, incluso por debajo de la falda haciéndola sentir un verdadero escalofrío. “Ahora mismo tiene puesta una de sus enormes manos sobre mi muslo y como siga subiendo se va a encontrar con mi tanga realmente calado”….”Seguro que si llamas al restaurante pueden añadir un servicio más a nuestra mesa, donde comen dos comen tres ¿Te apetece?”…”En el bar del hotel te esperamos. Te amo”. Y guardó el teléfono ante la atónita mirada de su nuevo amigo.

“¿Qué ha pasado?” Le preguntó.

“Que te acabamos de invitar a pasar la noche de San Valentín con nosotros. No querías descubrir todas mis cualidades.” Le respondió mientras la mano de Sara subía por el muslo de Jaime hasta casi rozar su abultado paquete. “Yo también quiero descubrir las tuyas”.

“Pero, ¿tu marido?” Preguntó sin necesidad pues era obvio que conocía la respuesta.

“Donde comen dos, comen tres, y a mi los donnuts me gustan de dos en dos” le dijo con una mirada cachonda que no se tenía de pie.

El no pudo resistirse, llevo sus manos a las mejillas de ella y acerco su cara a la de ella. “Unica y espectacular” la dijo besándola… “y muy puta en la cama” le dijo ella devolviéndole el beso, esta vez más largo y profundo.

Habían dado el paso, los dos se sentían profundamente atraídos y necesitaba acercarse más el uno al otro. Sus manos ya no tenían tope, las de él descubrían su culo, el interior de sus muslos, las de ella las dimensiones de su paquete, tan grande como lo era él.

“¿Y podremos aguantarnos?” Le susurró. “Si, ya verás como si”.

El marido había llegado ya al hotel, y sin decir nada se colocó en una esquina del bar desde donde podía ver perfectamente el espectáculo sin llamar la atención. Ella le vio entrar, él no.

Ella subió el tono, le volvió a besar y discretamente rozaba su cuerpo contra él. Le estaba poniendo a mil, para que su marido viera el espectáculo. Su paquete así lo decía, como sus ojos, cargados de deseo. El la seguía, ambos habían perdido la vergüenza, pero no la discreción, no obstante el hotel estaba lleno de compañeros del Congreso que podrían verlos.

Su marido terminó la cerveza y se acercó donde estaban, él se retiró discretamente, ella no. Y le beso sin apenas separarse de su amigo. “Àlex, te presento a Jaime, Jaime, este es Álex, mi marido”.

Se estrecharon las manos. “Tienes una mujer que es encantadora” le dijo. “De serpientes” le respondió él.

“¿Y ahora que hacemos?” Le preguntó ella “¿conseguiste cambiar la reserva?” “Amor, lo dudas, a las 21:30 tenemos mesa para tres”, “Pues tendremos que subir por la habitación a arreglarnos, eso es dentro de nada””Si, y está en la otra punta de Madrid”.

Se levantaron, el cargó las consumiciones a su habitación y se encaminaron al ascensor. Cuando se cerraron las puertas, ella se lanzó sobre él y le comió la boca delante de su marido. Su marido se puso detrás de ella y la acarició el culo. “Me va a encantar esta cena de San Valentín” dijo él. Me parece que he dado con dos guarros de órdago. “No lo sabes tu bien” le respondió el marido.

El ascensor llegó a la planta donde se alojaba él, se despidieron quedando para más tarde en el lobby. Antes de que se cerrarán las puertas, ella las detuvo. Se acercó nuevamente a él y posó su mano sobre el paquete de Jaime “Lo quiero todo para mi” y le morreo, hasta que la puerta del ascensor volvió a cerrarse de nuevo, entró y desaparecieron camino de su habitación.

“¡Qué puta eres amor! Le dijo su marido cuando se quedaron solos en el ascensor… “Y lo que te gusta a ti”.

Entraron en la habitación y se desnudaron, tenían solo media hora para arreglarse. El comprobó como su tanga estaba totalmente calado, no dijo nada. Mientras ella estaba en la ducha le estuvo contando como se habían conocido por la mañana en el desayuno y cómo se había puesto tan cachonda que al subir a la habitación se había hecho una paja de lo más salvaje. También le contó como habían coincidido en el taxi y los comentarios que le había hecho durante la comida. En cuestión de minutos ya le había puesto al día de Jaime. A su marido, no se le bajaba la erección.

Mientras su marido se duchó ella se maquilló y eligió el vestido para salir a cenar. “No, nada de tanga ni sujetador, quiero que vea lo puta que eres y que pueda sentir lo caliente que te pone con solo acercase ahí”.

El vestido que había elegido era especialmente provocativo, minifaldero, y con un escote, aunque discreto, de lo más juguetón. No permitió que su marido se acercase, a pesar de que su erección continuase igual “Te digo lo mismo que le he dicho a él, lo quiero todo para mi, pero en su debido momento”… Y cuando terminaron de arreglarse, bajaron al lobby, donde Jaime les esperaba.

Estaba impresionante, no le hicieron falta los piropos ni de su marido, ni los de Jaime para creérselo, simplemente lo sabía.

Pidieron un taxi para llegar al restaurante, Jaime y ella se sentaron detrás, su marido delante dándole las indicaciones al taxista y escuchando la conversación que estaban teniendo. No hablaban de trabajo, solo banalidades que no dieran que pensar al taxista. Jaime y Àlex congeniaron bien, ya lo habían hecho cuando se conocieron en el bar del hotel, pero ese ratito en el taxi sirvió para que ambos se dieran cuenta del papel que estaban jugando.

Al llegar al restaurante, Justo antes de entrar Àlex besó a su mujer y se dirigió a ambos, “os puedo pedir que hagáis vosotros el papel de pareja y yo de invitado”…

“Uhmm, ya estás con tus jueguecitos, eh” respondió ella.

“Por mi parte será un auténtico placer” dijo Jaime agarrándola de la cintura y tirando de ella hacia dentro del restaurante.

Era una mesa de rectangular, para cuatro comensales. Jaime y Sara se sentaron juntos, Àlex justo en frente de Sara.

Jaime adoptó rápidamente el papel de marido extendiendo su brazo por el respaldo de Sara y jugando con su mano sobre su espalda. Sara no tardó en comenzar a jugar, besándole incluso antes de que les llevaran la carta.

Era un restaurante elegante casi todo parejas, perdón, todo parejas excepto ellos tres, de diferentes edades, en seguida les atendieron y Jaime, muy metido en el papel de marido, casi pidio por los tres y eligió el vino. La conversación casi también la inició él, tenía una inmensa curiosidad, aunque podía intuir de que iba, por el juego que nos traíamos entre manos.

“No, olvídate de cornudos” le dijo Sara, “Aquí solo hay una zorra, yo, que le gusta sentirse deseada por dos hombres a la vez y un marido que comparte todos sus gustos. Ni tenemos necesidad de nada, ni echamos en falta nada, ni nadie tiene que suplantar a nadie, esto lo hacemos por puro edonismo”.

“Yo añadiría también algo de voyerismo y mucho vicio, por mi parte” dijo el marido. “Y mucho morbo” completo ella.

“Comprendo perfectamente” confirmó él… “y justo en San Valentín es una manera de hermosa de compartir vuestro amor”.

“Dicho asi, suena un poco cursi, pero si, aunque yo diría mejor para compartir nuestra complicidad. Esto es sexo puro y duro. No niego que siempre se de una parte afectiva con el tercero, sino no estaríamos aquí sentados compartiendo una velada como esta, ni siquiera habría roce, es algo que compartimos, simplemente” puntualizó el marido.

“Y cuando dices compartir? Yo no soy bisex, ni me siento atraído por los tíos, es más nunca he hecho esto” dijo el con un tono más serio.

“Ni yo tampoco, aunque si es cierto que no me retiro ni me mosqueo si toco a otro hombre” puntualizó el marido.

“A ver, a ver, que esto parece un dialogo entre vosotros dos y aquí la que manda y decide soy yo… A ti Jaime, te apetece que después de cenar, nos tomemos una copa y nos vayamos los tres a la habitación, porque yo me muero de ganas” intervino ella.

“Jajaja, me encanta que seas tan directa, claro que me apetece, no me he visto en una de estas nunca y tengo que decirte, que contigo no me lo perdería por nada del mundo” afirmó él.

Sara no lo dudó ni un segundo, se aproximó a Jaime y literalmente se lo comió. “A mi ya me tienes ganada y como hagas todo igual que besas, uff, menuda noche me vais a dar”

Jaime le contestó “Eres un sueño de mujer, tan lista, como puta, la mezcla perfecta” y le devolvió el beso.

“Y buena cocinera, esposa y madre” apuntó el marido con lo que todos se echaron a reír.

Siguió la conversación como si nada, Jaime se abrió más todavía, y les contó que su novia actual era demasiado joven y que era imposible parar un volcán, que tenia la certeza de que se acostaba con otros, y otras, ella no se lo ocultaba, pero que estaban demasiado a gusto el tiempo que pasaban juntos. No se sentía un cornudo, para nada, simplemente estaban juntos, muy posiblemente con fecha de caducidad. También contó que sus divorcios fuera culpa suya, siempre metido entre las piernas de otras mujeres, que sus esposas eran conscientes de que era un pichabrava, de siempre, pero se hacían las tontas hasta que todo estallaba o se encariñaba con otra. Àlex no puedo dejar de contar algunas de sus perversiones, como la de grabar en video todos esos encuentros para literalmente dijo “matarme a pajas después…

Ante tanta confesión ella decidió darla un nuevo giro hacia su terreno. “Como sigáis contadoos la vida vamos a terminar todos borrachos y deprimidos y esto se trata de pasarlo bien ¿no?” Que os parece si pedimos el postre, ese no pienso compartirlo, bueno ni esta noche a ninguno de vosotros dos” Mientras el camarero llegaba con los postres, ella se puso nuevamente melosa con Jaime, lo que no preveía su marido es que se descalzaría y mientras contemplaba el nuevo acercamiento de su mujer y Jaime, ella buscaría con su pie desnudo su paquete. Y vaya si lo encontró. Seguramente a la vez que Jaime, el fino hilo de su tanga mojado.

Siguieron tonteando durante los postres, tanto que decidieron que se podían saltar la copa y tomarla directamente en el hotel.

Salieron del restaurante y nuevamente el marido fue delante, mientras ellos dos, como dos adolescentes se comían la boca en el taxi.

En el bar del hotel pidieron una botella de cava y tres copas, brindaron por una noche espectacular y cuando ella se terminó la copa dijo que se subía a la habitación, que acabasen tranquilamente sus copas y que les enviaría un mensaje cuando estuviera lista.

Asi fue… Ella les espero en la habitación, desnuda sobre la cama, con un fular tapándole los ojos. “Haced conmigo lo que queráis” y vaya que si lo hicieron. Los dos se desnudaron prácticamente a la vez, los dos ya estaban empalmados, Àlex alucinó con la polla de Jaime, ¡Joder con el madurito! se dijo mientras se acercaba por un lado de la cama a Belén: “Amor, Jaime tiene un pedazo de polla de esas que te gustan”, ella se relamió, “y le debes tener muy cachondo porque la tiene como el acero”.

“Así es zorrita, llevas desde esta mañana poniéndome cachondo y ahora me lo voy a cobrar” la dijo Jaime justo antes de comenzar a morrearla.

“Ella también lleva todo el día mojada, ahora mismo está calada” dijo Àlex poniendo su boca y relamiendo el húmedo sexo de su mujer… “será putilla, tiene el clitoris dilatadisimo y eso solo lo he visto cuando se pone muy muy cachonda”.

“Lo soy y lo estoy” es todo lo que pudo decir antes de que Jaime le acercase su polla a la boca y ella comenzase a devorarla.

“Uhmmm, dios, que boquita, con razón me faltaba mucho por descubrir de ti. Joder, Álex, como la come tu mujer, joder” dijo Jaime.

“Grrrmm” dijo ella abriendo más la boca para que la entrase toda, a la vez que su marido trabajaba su clitoris.

“Dios, pocas veces me la habían comido entera, joder, mira Àlex, se la ha tragado hasta el fondo la muy puta”

Àlex subió un poco la vista y efectivamente, lo que no sabía Jaime es que su mujer era toda una experta en gargantas profundas.

Sara comenzó a sentir que se acercaba su primer orgasmo, con la polla de Jaime clavada en su boca, comenzó a subir y bajar para poder respirar… “ahhh, si, me voy a correr” consiguió decir a duras pena. Jaime aceleró el ritmo, follándose su boca, Àlex introdujo un par de dedos en su coño y comenzó a follarsela mientras aceleraba el ritmo de su lengua.

“Me corro, joder” conseguía balbucear y no tardó mucho en convulsionarse y hacerlo.

Àlex se retiró enseguida. Follatela ahora Jaime, ven ponte aquí. Sara se dio la vuelta poniéndose a cuatro patas, “sin condón no te preocupes, estamos sanos y protegidos”, la polla Jaime no tardo en arrancarle un nuevo suspiro. Poco a poco centímetro a centímetro fue entrando toda hasta tenerla completamente dentro.

“Uff cariño, que rabo tiene, me está llenando toda y está súper caliente, que gozada. Fóllame cabrón, fóllame duro”, decía ella mientras Àlex sitúa su polla a la altura de su boca.

“Zas, zas” Jaime le dio dos palmadas en el culo, “que delicia de culo, y de coño, como traga” zas, zas.

“Si dame, dame más, más fuerte, más rápido” Jaime aceleró el ritmo.

“Àlex, comémelo, estoy a punto de correrme de nuevo”. Àlex bajo como pudo hasta su clitoris, tenia un primer plano de la polla de Jaime entrando y saliendo del coño de su mujer, lanzó su lengua para comenzar a comerselo, sin poder evitar que entre tanta entrada y salida la polla de Jaime recibiera algún lametazo… “Uff, tío, no se que coños estás haciendo ahí abajo pero me gusta” y acelero todo lo que pudo. Sara se estaba muriendo de gusto. “No pares, me corro de nuevo, si, cornudo, sigue comiendo, seguid, me coooorrrro” Jaime le dio un par de azoté bien dados, zas, zas y Sara estalló de nuevo en un increíble orgasmo, cayendo a plomo su marido.

“Ha sido increíble” dijo cuando se repuso un poco. Dejadme ahora a mi, indicándoles que se pusieran sentados en la cabecera de la cama para tener sus dos pollas a su alcance. Ella se arrodilló en medio de los dos, en cada mano tenía una polla, la diferencia de tamaño era muy notable. Comenzó a masturbarlas, pero primero besó a Jaime “me encanta haberte conocido” y ayudada por su boca, comenzó a mamarsela ensalivándola todo lo que pudo, después se morreo con su marido “¿sabe a polla como te gusta?” Así, yendo de uno a otro continuaron un buen rato hasta que Sara se colocó encima de Jaime, en cuclillas y se ensartó de una sentada su polla. Le beso apasionadamente, “ahora te voy a follar yo” y comenzó a subir a bajar matándole de gusto… “Cómeme el culo” le dijo a Àlex, “prepáramelo bien, quiero regalárselo a nuestro invitado ¿Quieres?” Le pregunto a Jaime…. “Me muero de ganas” dijo él”y me lo llenarás de tu lechita” dijo ella en plan mimosa puton “Te lo voy a reventar… ahhh” dijo Jaime al notar como Sara apretaba los músculos de su vagina para estrangular su polla.

Àlex la comió bien el culo, follandola primero con su lengua y después con un dedo. Cuando lo tuvo abierto y mientras Sara continuaba follandose a Jaime, enfiló su polla en el ano de Sara y de un golpe seco la enculo. Le entro entera, sin dificultad. Sara gimió nuevamente. Y comenzaron un saca y mete sincronizado que pronto la llevo de nuevo a tener otro orgasmo. Sin darles tregua, se sacó las dos pollas y le pidió a Jaime que la enculará poniéndose nuevamente a cuatro patas para él. No fue fácil a pesar de que lo tenía ya dilatado, pero poco a poco consiguió superar el dolor que le provocaba una polla del tamaño de la de Jaime y transformarlo en placer, cuando así fue, giro su cabeza para mirar a Jaime y decirle “pártemelo para que vea este cornudo como folla un hombre de verdad”

Jaime la dio un par de cachetadas, tan sonoras como fuertes, la agarro de las caderas y cuando le dijo “te voy a domar zorra, te vas a enterar” desplegando toda su virilidad en un mete saca infernal.

La cama temblaba, Sara temblaba a cada enculada a la vez que gemía y chillaba “si, más, follame cabron, destrozame el culo”

Àlex como pudo llegó con su mano al clitoris de su mujer y comenzó a masturbarla a toda velocidad… “córrete zorra y tú llénale de leche el

culo a esta zorra”, los tres estaban lanzados. Sara no tardo en correrse de nuevo y volver a gemir y chillar. Jaime estaba a punto, “te lo echo dentro o en tu boca para que se lo coma el cornudo” la pregunto. “Como quieras, en el culo se lo va a comer igual” le respondió… “Ven, quiero hacerlo en tu boca, Àlex los dos a la vez, vamos a darle una buena ración de leche a esta zorra”

Sara se puso de rodillas, mientras los dos de pie polla en mano comenzaba a masturbarse, ella alternaba su boca de uno a otro. Jaime dijo que no podía más, que se iba a correr. Sara atrapó su polla con la boca justo en el momento que comenzaba a soltar chorros de semen. Àlex tampoco pudo más y apuntó hacia la cara de Sara. La imagen era completamente delirante Sara esa mujer elegante que por la mañana había deslumbrado a sus compañeros en la apertura del congreso, estaba completamente pringada de semen de su marido, y por la comisura de sus labios brotaba semen de su amante… “Feliz San Valentín, amor” le dijo a Àlex mientras esté se agacha para besarla y limpiarla un poco el semen que salía por sus labio.

“Déjalo todo bien limpito” le dijo a Alex mientras ella se encargaba de sacar hasta la última gota de la polla de Jaime. “Feliz San Valentín pedazo guarros” lea dijo Jaime.

A la mañana siguiente, habían quedado para desayunar juntos. El matrimonio dejaría el hotel pues tenían el viaje de vuelta a media tarde, pero Jaime no volvería a Bilbao hasta el día siguiente. A pesar de que el restaurante del hotel estaba repleto de compañeros y que Sara tuvo que presentar a su marido a más de uno, le dio tiempo de sobra para comentar todo lo que habían hecho la noche anterior, lo bien que lo había pasado, la puta que podría llegar a ser Sara y quedaron en verse de nuevo muy pronto. Àlex se despidió de ellos, tenía una reunión y aunque ellos también debían ir al cierre del Congreso, todavía tenían unos minutos más. Esta vez si llegaron a tiempo para el autobús del Congreso, y como todos les habían visto desayunando con el marido de Sara, a nadie le llamó la atención que no se separasen en toda la jornada, ni tampoco cuando al terminar el curso a las 13 y ella se despidiese de todos diciendo que iban a comer con su marido, ya que Jaime y él se habían hecho muy amigos.

A las pocas horas cuando su marido estaba comiendo, no con ellos, sino con sus compañeros de trabajo, le llego un mensaje y un video: Lo único que nos falto por hacer anoche, Jaime me dijo que no te podíamos dejar con las ganas y no tuvo que insistir mucho…. Es solo un trocito, en el móvil tengo mucho más.