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Viaje a Miami - 1er Parte

El vuelo a Miami no era solo un viaje de negocios. Entre la sombra de la cabina y el sol de la playa, una mirada cruzada encendió una chispa prohibida. Ahora, en la intimidad de un departamento vacío, la curiosidad se transforma en un juego de placer sin límites.

Natalia16K vistas9.4· 14 votos

Por cuestiones laborales, generalmente tengo que viajar a USA dos o tres veces al año. En algunas oportunidades lo hago sola, en otras en compañía de mi jefe. A veces aprovechamos el pasaje, y mi familia se suma una vez finalizado el viaje laboral.

En esta oportunidad me tocaba ir sola, y por ser época escolar, mi marido y mi hijo no se pudieron acoplar.

Al momento de sacar el pasaje preferí volar el sábado por la noche, de manera de tener el domingo libre para ir a la playa y/o hacer compras, teniendo en cuenta que posiblemente en la semana sería mucho más complicado.

Como en todos los viajes Juli y mi nene me llevaron a Ezeiza, donde siempre, por más de que sean pocos días, las despedidas son horribles.

No me gusta viajar sola. Estoy acostumbrada, pero es algo que trato de evitar. Pero este iba a ser algo diferente, las sorpresas iban a comenzar antes de que despegara el avión.

Cuando viajo siempre trato de hacerlo cómoda. De hecho, no entiendo a esas mujeres que viajan con jean, zapatos, etc. Yo siempre trato de hacerlo en calzas, zapatillas, y alguna remera o musculosa. Nada que me incomode teniendo en cuenta de que son viajes de 8hs.

En este caso había optado por unas calzas deportivas grises, y una musculosa ajustada negra. Como es negra y tiene doble forro, aproveché y me la puse sin corpiño.

Como siempre, luego de pasar los controles voy a mirar un poco el free shop, y después aprovecho para comer algo en el lounge ya que evito cenar en el avión.

Cuando llego la hora de embarcar, y para mi sorpresa, me tocan el hombro para saludarme. Resulto ser (por obvias razones voy a cambiar el nombre) Martin, el papa de un muy amigo de mi nene del cole. De hecho, Martin y su mujer, Paula, vinieron en un par de oportunidades a cenar a casa cuando hicimos algún asado de padres, y el hijo de ambos se quedó más de una vez a dormir en casa. El año anterior Martin y Paula habían decidido cambiar a su nene de colegio, por lo que la relación de a poco se había enfriado y ya hacía varios meses que no nos veíamos.

-“Que sorpresa verte acá!!”, fue lo primero que le dije mientras nos abrazábamos y nos dábamos un beso. Martin también viajaba por trabajo, pero en lugar de hacerlo solo lo hacía con un contingente de 4 personas más. Los compañeros de Martin nos miraban, por lo que enseguida nos presentamos. Las edades eran variadas, siendo que el más grande, Jorge, tenía 53 años, el resto entre 45 y 35 años aprox.-

Martin, quien no está para nada mal, siempre me llamo la atención. Deportista, es de esos hombres a los que les gusta verse bien. Siempre prolijo, bien perfumado, en más de una oportunidad lo había “enganchado” mirándome el escote. Nunca me dijo nada, y yo nunca le di el espacio como para que lo hiciera. Siempre fui muy respetuosa del espacio de mi hijo, por lo que jamás hice o haría algo que pudiera llegar a exponerlo. Por este motivo los papas de sus amigos o compañeros de colegio, para mi están tachados.

Pero este no era el caso. Martin, que tiene 45 años, ya no era más papa del cole. De hecho, mi hijo ya casi no se veía con el suyo. Aunque no lo crean, todo esto lo pensé en una fracción de segundo mientras lo saludaba.

Mientras esperábamos para subir al avión, y aprovechando de que la fila avanzaba lento, conversamos un poco sobre el viaje de cada uno y sobre las familias. Ellos iban a estar en un congreso de lunes a miércoles, pero aprovechaban a viajar el sábado porque el congreso arrancaba temprano el lunes. El jueves ya se volvían.

Se iban a alojar en un hotel cerca del aeropuerto, que era en el mismo donde se realizaría el congreso. Yo por mi parte me iba a alojar en un departamento que alquilaba siempre, más en la zona cercana a la playa.

En el transcurso de la charla, en la que no hablamos de nada más que de trabajo y la familia, pude notar o sentir la atracción. Sin decirnos nada, me di cuenta de que estábamos intercambiándonos información y solo restaba que alguno de los dos propusiera el café o algo como excusa para vernos en Miami.

La hilera avanzo por lo que nos despedimos quedando en hablar o mensajearnos más adelante.

Una vez arriba del avión, el cual estaba en una ocupación del 60% aprox, me empecé a mensajear con Juli contándole que me acababa de cruzar con Martin y que viajábamos en el mismo avión. Juli, a quien los ratones le corren tan o más rápido que a mí, enseguida me empezó a joder diciéndome cualquier guarangada.

Siempre pido pasillo, ya que me gusta poder levantarme sin molestar a nadie, y en esta oportunidad tuve tanta suerte que, al lado mío, y en la ventanilla no viajaba nadie.

Como pude trate de ver donde estaba Martin. Por lo que alcance a ver él y sus compañeros estaban divididos, y a Martin no lograba verlo. Posiblemente estaría detrás mío.

Luego de la cena, donde solo comí las galletitas, me dirigí al baño para poder dormir sin tener que levantarme. Ahí lo vi a Martin, quien estaba algunas filas detrás de la mía. Nos saludamos con la mano justo antes de ingresar al toilette.

Al salir del baño, y para mi sorpresa, Martin estaba parado esperando para entrar. La “casualidad” hizo que nos quedáramos hablando unos minutos, para luego volver a mi asiento sin antes decirle, también de casualidad, de que viniese a charlar que los dos de al lado mío estaban libres.

Creo que me senté y a los 2´ Martin ya estaba sentado al lado mío.

Obviamente como ya estaban todas las luces apagadas, y gran parte del pasaje durmiendo, hablábamos en voz baja. Charlamos un poco de todo, pero de a poco empezamos a entrar en diferentes terrenos. Al preguntarle por Paula me comento que las cosas no estaban muy bien. Ya hacia un tiempo que venía todo mal entre ellos, pero que los hijos eran el motivo por el que no tomaban la decisión de divorciarse. De hecho, me confeso en ese momento, como para graficarme la magnitud de la crisis, de que Paula había estado saliendo con un compañero de trabajo y que él, al enterarse, no había hecho nada al respecto ya que el único camino era el divorcio, y para ellos no era opción.

La verdad es que la situación me dejo helada. Yo estaba acostumbrada a verlos como una pareja más de padres del cole. Siempre juntos en todos los eventos y nada hacía sospechar de la crisis que me comentaba Martin. Por otro lado, Paula, a quien yo apreciaba mucho, no tenía el perfil de mujer infiel. Pero indudablemente la había mal juzgado.

Martin, quien me dio la sensación no quiso quedar simplemente como “el cornudo” enseguida me mostro sus cartas y sonriendo me dijo, “por eso estos viajes son sin culpa”. Yo le devolví la sonrisa, ya que claramente había entendido lo que me había querido decir. Seguimos conversando, y la charla siempre giraba en torno a las parejas. Hasta que en un momento Martin, pidiéndome permiso, me pregunto si yo, en alguna oportunidad había sospechado de Julian o habíamos pasado por una situación como la que estaban pasando ellos. Era obvio que primero me iba a preguntar por Julian, y que si yo le daba pie me iba a preguntar por mí, por lo que lo ayude un poco…. “-alguna que otra vez tuve mis sospechas, pero nosotros nos contamos todo y la confianza es el pilar en nuestra relación. Nos damos todos los gustos. Si Juli tiene necesidad o ganas de estar con otra mujer, no tiene más que venir y comentármelo. No es necesario romper la confianza en nuestro caso. Posiblemente yo le dé el ok, como así también seguramente el me lo de a mí. En ese sentido nosotros nos complementamos y entendemos muy bien.”. Martin se quedó mirándome, y se hizo un silencio de unos segundos que parecieron una eternidad. Volví a ayudarlo, y sin muchas vueltas le dije, -“si, somos un poco liberales”. Martin abrió los ojos como un dos de oro. Parecía no entender muy bien lo que le estaba comentando. Tímidamente y entre sonrisas me pregunto, -“algo así como swingers?”. “-Así es”, le respondí. Parecía querer preguntarme todo, pero no animarse. Me pongo en su lugar y posiblemente me sentiría igual. Por un lado, le estaba dando pie para preguntarme lo que quisiera, pero por el otro, no había tanta confianza.

La charla se fue enfriando, por lo que de a poco los silencios eran mayores y cuando menos me lo esperaba…me quede dormida. Me desperté sobresaltada cuando empezaron a servir el desayuno. Martin estaba al lado mío y me sonrió al ver que abría los ojos. La verdad es que no me sentí cómoda. Ni bien pude salte al baño a lavarme la cara, los dientes y ponerme un poco de maquillaje encima.

Ahora sí, estaba de nuevo presentable. El frio del avión me había hecho marcar los pezones en la musculosa. Martin, disimuladamente lo había notado y no dejaba de mirarme cada vez que podía.

Charlamos un poco, pero era evidente de que el cansancio del vuelo nos jugaba en contra.

Aterrizamos, y antes de bajar del avión nos dimos un beso quedando en escribirnos. Lo que no me había quedado claro era si la intensión era vernos en Miami, o en Buenos Aires…

Martin y sus amigos quedaron más atrás y los perdí en los trámites migratorios para ingresar a USA.

Ni bien salí del aeropuerto me tomé un taxi al departamento. Si bien era temprano, como lo alquilo siempre que viajo, generalmente sino esta alquilado me dejan ingresar ni bien llego.

Fui derecho a la ducha, y lo que más me sorprendió fue sentirme mojada. Nunca me había imaginado con Martin, pero sin dudas el viaje había encendido en mi algo diferente. Mientras disfrutaba de la ducha, empecé a jugar con mi vulva. Primero un dedo, después dos. Con un brazo me apoye en la pared mientras el agua caída en mis tetas. Con la otra mano seguí jugando con mi clítoris. En mi cabeza mi imaginación iba de un lado para otro, hasta que se quedó fija en el avión. Me imagine dándole sexo oral a Martin. Los dos estábamos sentados como habíamos viajado, y yo empezaba masturbándolo y en determinado momento se la empezaba a chupar. Parecía real. Tan real que me hizo acabar. Hacía tiempo que no me masturbaba y realmente lo había disfrutado.

Me tire un rato en la cama, necesitaba descansar.

Por la tarde decidí ir a la playa. Me puse una bikini, un vestido rosa de playa, arme un bolso con algunas cosas, sandalias y me fui. El clima era ideal por lo que aproveche para tratar de broncearme un poco. Del calor que hacía en el sol, termine metiéndome un par de veces al mar. No aguante mucho, ya que hacía mucho calor y no tenía donde repararme, así que luego de un par de horas decidí ir a caminar por la Lincoln. Previamente, y para estas más cómoda, me saque el corpiño de la bikini que estaba mojado. Odio cuando esta mojado y se me queda la arena pegada en la parte de debajo de las tetas. Así que me saque el corpiño y como pude trate de secármelas y sacarle la arena húmeda que tenía.

Se notaba claramente que estaba sin corpiño, pero la onda de Miami acompaña ese tipo de acciones, por lo que no me sentí tan observada.

Entre en un par de locales a mirar ropa, pero no tenía muchas ganas de comprarme cosas por lo que al cabo de un rato termine en un bar tomando algo.

En la mesa de al lado tenía un grupo de chicos, tendrían unos 25/30 años. Me di cuenta de que me observaban y al escucharlos hablar noté que eran argentinos. Eso, y el saber que me miraban, hizo que me acomodara de manera de que me vieran mejor. Mis pezones se marcaban muy bien debajo de la tela del vestido, he incluso, al ser bastante amplio debajo de las axilas, según la posición en que me pusiera, también dejaba ver bastante.

Al principio estaba con los anteojos de sol puestos, por lo que yo podía ver si me miraban, pero ellos no lo sabían. Me gusta sentirme observada, y los anteojos me daban cierta protección. Después de un rato decidí quitármelos por lo que empecé el juego de cruzar miradas. Desde mi posición tenía enfrente a dos, con quienes cruce la vista varias veces. El juego consistía en mantenerla y ver quien la corría primero. Generalmente ganaba yo. Quise subir un poco más el nivel del juego, y decidí ir al baño. Era evidente que, al pararme, iban a poder mirarme y ver mucho más. Pero para jugar un poco más fuerte, decidí acércame con la excusa de pedirles que me cuidaran las pertenencias. -“chicos, perdón. ¿No me miran el bolso unos minutos que voy hasta el baño?”. Los chicos se quedaron en silencio unos segundos, hasta que uno de ellos me respondió de manera afirmativa. Mientras me alejaba podía notar como me miraban. Me encanto la situación.

Pero el salir del baño y volver a mi mesa fue aún mejor. El frio me había dado varios escalofríos por lo que mis pezones estaban duros como una piedra. Obviamente se me marcaban y notaban muchísimo. Camine hacia mi mesa, y dos de los chicos no pudieron dejar de mirarme mientras me acercaba y les daba las gracias. La verdad es que todo este juego, el sentirme deseada, mirada, sobre todo por chicos jóvenes, hizo que empezara a mojarme. Podía sentir como mi vulva estaba empezando a mojarse. Es automático. Me excito y enseguida me humedezco.

En eso, y mientras mis pensamientos volaban, me entro un mensaje al celular. Era Martin.

Dude un segundo en abrirlo, para que no se diera cuenta de que lo había leído. Quería saber que responder, pero aún no tenía muy en claro que me habría escrito. El mensaje era bastante directo. Me preguntaba si estaba muy cansada o si tenía ganas de tomar algo o cenar, temprano, ya que ambos teníamos que trabajar al día siguiente.

Demore en responderle. En el fondo estaba esperando que alguno de los chicos de la mesa de al lado se animara a hablarme. Creo que, en mi interior, alguno de los chicos era mi plan A, y Martin mi plan B. Como el plan A parecía no avanzar, le conteste a Martin. “Dale, buenísimo. Si te parece nos encontramos en D´Vine que esta sobre la Lincoln a unas cuadras de mi departamento”. La respuesta no demoro más de unos segundos. – “perfecto. A las 19hs esta ok?”.- “ok”respondi.-

Pedí la cuenta y mientras estaba esperándola, uno de los chicos se me acerco tímidamente. No lo podía creer. Acababa de definir con Plan B, y ahora se me acercaba Plan A. Arranco consultándome si era de Argentina, ya que cuando les había preguntado si me podían cuidarme el bolso, por mi acento entendían que sí. Le dije que sí, y él me contesto que también era de Argentina, pero lo interrumpí diciéndole que me había dado cuenta al escucharlos hablar. Se llamaba Fernando, y era de Rosario. En realidad, eran 8 amigos que estaban por la despedida de soltero de uno. Pero los otros estaban en el shopping. Comenzamos a charlar hasta que en un momento lo invite a sentarse. Tenían todos entre 25 y 30 años tal como había supuesto ni bien los vi.

Hablamos un poco cada uno. Podía notar como cuando yo no lo miraba, aprovechaba para mirarme las tetas. Quiso invitarme una cerveza, y acepté, pero le dije que solo una porque me tenía que ir. Los amigos, que también habían pedido la cuenta, lo saludaron ya que se volvían un rato más a la playa.

Mientras charlábamos me conto que se estaba por recibir de abogado. Que estaba de novio, y que como uno de los amigos tiene un departamento ahí en Miami (de los padres), solo se habían pagado el aéreo para pasar una semana entre amigos.

Yo le conté de mi vida. Casada, con un hijo de 11. Viajaba por trabajo. De a poco la charla fue haciéndose más intensa, y lo que en principio iba a ser una cerveza terminaron siendo 3.

Podía sentirme bastante mareada, pero lo pude confirmar cuando tuve que ir al baño.

La charla con el pendejo me estaba entreteniendo, y la realidad era que no me quería ir. Quería ver si avanzaba un poco más. Yo tenía en claro que dependía de mí y de cómo quisiera llevar la conversación. Eran las 18hs, por lo que tenía poco tiempo para seguirla. Así que decidí apurar la situación para ver hasta donde se animaba a llegar.

Cuando volví del baño nuevamente noté como me miraba las tetas. No solo se notaban perfectamente los pezones, sino también se movían libremente bajo el vestido al no tener corpiño. Fernando me miro como pudo, pero no me saco los ojos de encima mientras me acercaba. Me pregunto si me tomaba una cerveza más, pero le dije que no porque en 20´ me tenía que ir ya que tenía un compromiso. Acepte compartir la que se había pedido el como para tener una excusa para quedarme un ratito más.

En determinado momento, y sin muchas vueltas, le pregunte si en una despedida de solteros, en Miami, se le era infiel a la novia o no. Fer, que no era para nada lento, la atajo enseguida y me respondió, “y…mmm a más de 1000 kms….. depende de con quién.”. Nos quedamos mirándonos unos segundos hasta que rompió el silencio y me pregunto. “vos que viajas tanto por trabajo, nunca nada?”. No demore mi respuesta. “Eso depende, son muchos viajes y a veces varios días. Además de varios años de casada”. Sin decirle que sí, le estaba diciendo que sí. En eso miro mi reloj y ya eran las 18:15hs. Me tenía que ir. Me levanté y le di un beso en la mejilla. Pero me encargue de que se diera cuenta de que no era cualquier beso. Le dije que posiblemente al día siguiente volviese al mismo bar a tomar algo, ya que generalmente iba siempre al mismo lugar. Si teníamos suerte nos íbamos a cruzar.

Era obvio que no dependía de la suerte. Sino de la voluntad de ambas partes.

Me fui bien apurada al depto. Tenia que bañarme, y arreglarme un poco.

Mientras me bañaba mi cabeza daba vueltas, un poco por el mareo de la cerveza, otro poco porque estaba muy excitada. No sabía que iba a pasar con Martin, pero también pensaba en Fernando. La verdad es que, con veintipico de años, no era algo para dejar pasar así nomás.

Terminé de bañarme y como pude elegí la ropa. No tenía mucho, ya que viajo con pocas cosas. Me puse un vestido negro, suelto, con tiritas en los breteles, y largo hasta las rodillas. Obviamente me lo puse sin corpiño, y con una linda tanga debajo. En los pies opte por unas sandalias. Estaba bastante sport. Demasiado para mi gusto, pero era lo mejor que tenía, sin caer en la ropa de oficina. Como pude, y a las corridas me maquillé un poco, y salí.

Camina las pocas cuadras que separaban mi departamento del lugar donde nos íbamos a encontrar lo más rápido posible. Al llegar al bar, ni bien me asomé, lo vi a Martin sentado en una de las mesas del fondo. Una especie de box curvo con forma de herradura. Es decir que dependiendo de donde uno se ubicara, podía estar enfrente del otro comensal, como directamente al lado.

Lo primero que hice fue disculparme por haber llegado unos minutos más tarde. Como todavía era temprano para cenar, nos pedimos unos tragos. Yo empecé con un Gin Tonic, y Martin me acompaño. Al principio la charla fue un poco tensa, ya que, al no haber tanta confianza, tampoco había tantos temas de conversación. Había que romper el hielo y fue el quien lo hizo al decirme que estaba muy linda. Obviamente yo le agradecí con una sonrisa, diciéndole que era un mentiroso ya que no me había podido arreglar mucho al no tener ropa para la ocasión. Comenzamos un intercambio de bromas en doble sentido que ayudaron a distendernos, y que hicieron el tiempo pasara bastante rápido. Al segundo gin tonic, sumado a las cervezas de la tarde, sentía que, sino comía algo, la noche iba a terminar de manera trágica. Así se lo hice saber a Martin y ordenamos algo de cenar. Se podía sentir el clima sexual que había en el ambiente. Si bien ninguno de los dos había dicho algo explicito o demasiado directo, la ocasión, el lugar y el contexto hablaban por si solos.

En determinado momento, cuando ya habíamos terminado de cenar, Martin se levanta para ir al baño y al volver se sienta más cerca mío. Casi que estábamos pegados uno al lado del otro. Cruzamos una mirada cómplice y poniendo como condición la última copa, acepte una cerveza. Los dos sabíamos que estábamos haciendo ahí. No había mucho mas de que hablar, y tampoco tenia sentido hablar de nuestras familias, cuando lo que ambos queríamos era terminar teniendo sexo. Ya sin muchas vueltas Martin me confeso de que desde hace años que me tiene ganas. Es más, me confeso que, en un grupo reducido de padres, que no es en el que esta Julian, mi marido, en varias oportunidades se habló de mí y de lo cuanto que los calentaba. A mí me encanta que me miren, me encanta calentar y me encanta que hablen de mí, así que trate de indagar un poco más. Le pregunte quienes eran los que estaban en ese grupo, y tratando de ayudarlo, le pedí que me contara con lujo de detalles que era lo que decían. Y ahí arranco. Me comento que todo había comenzado un día, hacía ya un par de años atrás, en que yo había ido a llevar a mi hijo vestida de gimnasio y como tenía unas calzas blancas, se me notaba perfectamente la tanga. Ese día comenzaron a hablar, en ese grupo, de cómo se me marcaba todo. Otro día, también hacia bastante tiempo atrás, había ido a buscar a mi nene y llovia. Como no había lugar para estacionar, me tuve que bajar del auto a unas cuadras y caminar bajo la lluvia. Tenía una camisa y el agua había hecho que se me pegara al cuerpo por lo que se me notaban todas las tetas. Uno de los padres del grupo lo había notado, y disimuladamente me había sacado una foto y mandado al grupo. Obviamente antes de comentármelo me pidió que por favor no me enojara con lo que me iba a decir… De más esta decir que no me enoje. Al contrario, me estaba excitando muchísimo el saber cómo los papas del cole se calentaban conmigo. Le propuse que nos sacáramos una selfie y la mandara al grupo sin agregar ningún comentario. Seguro se iban a hacer todos la cabeza y lo iban a bombardear a mensajes. Así que le pedí su celular, y acercándome bastante y agarrando el mejor ángulo posible, donde se vieran bien mis tetas, nos sacamos una foto que inmediatamente compartió en el grupo. Obviamente casi enseguida el grupo empezó a llenarse de mensajes, pero le prohibí que respondiera para aumentar la ansiedad de todos. En un momento, y cuando ya habíamos terminado las ultimas cervezas, Martin se me acerca, en lo que creí, fue intencional para darme un beso. Como pude me zafé, diciéndole que iba al baño.

Ya eran pasadas las 22hs, por lo que sabía que era el momento de avanzar o cerrar ahí y terminar en el departamento sola.

Al salir del baño Martin ya estaba pagando, a lo que gentilmente quise colaborar, pero obviamente no me dejo, Le dije que si quería podía invitarlo un café en el departamento. Era obvio que era una excusa, pero basto para que saliéramos del bar y empezáramos a caminar en esa dirección.

Creo que no cerre la puerta que ya lo tenía rodeándome. El beso no tardó en llegar. Se notaba que lo tenía contenido, y yo correspondí. Estuvimos besándonos unos minutos contra la puerta del departamento. De a poco nos fuimos moviendo y terminamos en el sillón. Al tener un vestido suelto, era muy fácil tocarme. Sus manos empezaron a recorrer todo mi cuerpo. Primero las piernas, subiendo hasta mi vagina, que estaba literalmente empapada. Con la otra mano tocaba mi espalda casi desnuda. No paso mucho tiempo y los breteles de mi vestido ya estaban caídos, dejando mis tetas al aire. Martin me las masajeaba, apretaba y como podía trataba de chuparlas. Yo tenía mis pezones duros. Es que el roce del vestido, más la calentura acumulada, hacia que los tuviera muy sensibles y duros. Con una de mis manos trate de tocarle su pene, pero la posición no me dejaba. Me recosté un poco más, así tenía mis tetas aún más al alcance. Me encanta que me chupen las tetas y mucho más cuando mis pezones están super sensibles. Generalmente al día siguiente me quiero morir porque no me los soporto del dolor, pero ya iba a haber tiempo para lamentarme. Me estuvo chupando las tetas varios minutos. En determinado momento logre empezar a tocarle el bulto. Tenía un pantalón de vestir suelto, por lo que fácilmente lo pude sentir. Estaba duro, y reconocí la cabeza fácilmente. Me encantan cuando la cabeza se diferencia en resto del tronco, y este aparentaba ser el caso. Como pude, con una mano traté de desabrocharle el pantalón, pero fue imposible. Lo senté, indicándole que quería cambiar de posición, y me pare. Ni bien me pare deje caer mi vestido, quedándome parada en tetas, tanga y sandalias. Con una mano hice que se parara, para que me fuese más fácil desabrocharle el pantalón. Mientras le desabrochaba el pantalón, Martin comenzó a desabrocharse la camisa, que finalmente se sacó. Yo logre bajarle los pantalones y en el mismo movimiento le baje el bóxer también. La erección que tenía hizo que se trabara, lo que me obligo a ayudarme con la otra mano. Como pude lo empujé indicándole que quería que se sentara en el sillón. Agarré un almohadón del sillón y lo puse en el piso para arrodillarme delante de él. Antes de hacer nada, le saque las zapatillas y termine de arrancarle el pantalón. Martin estaba completamente desnudo delante mío. No tenia mal físico, pero se notaba que no se cuidaba mucho. Lo que si se notaba era que tenía un pene bastante grande. No el más grande que había tenido, pero si más grande que la media que conocía. Mirándolo a los ojos, y mientras con mis manos lo masturbaba le pregunte si también habían hablado con los amigos del grupo de WhatsApp como seria chupándola. Me dijo que no, pero que si varias veces habían hablado de lo perra que sería cogiendo. Siempre mirándolo a los ojos, y sin dejar de masturbarlo suavemente, le pregunte si quería que se la chupara. Ni bien me dijo que si empecé a jugar con mi lengua en su cabeza. Al principio apenitas, después le daba un besito, y de a poco me la metía en la boca. Tenía gusto agrio, señal de que algo de semen ya había salido. Me encanta. Es señal de excitación. Mientras se la chupaba lo miraba a los ojos, y cada tanto paraba para preguntarle algo. Siempre relacionado con el grupo de papas. En determinado momento mi cabeza se desconectó del lugar, y empecé a imaginar que estaba en medio de los integrantes de ese grupo de WhatsApp chupándoselas y preguntándoles si era lo que se imaginaban. Fueron unos segundos, pero enseguida mi cabeza volvió al momento. La pija de Martin estaba durísima. Se notaba que estaba muy excitado. Se la habre chupado unos 5 minutos, en los que me asegure que recibiera la mejor chupada de su vida. Cuando note que estaba demasiado excitado, baje un poco la intensidad. No quería que acabara tan rápido. Me senté arriba de él, de manera de que mis tetas volvieran a quedar a la altura de su cara y pudiese volver a chupármelas. Con una de sus manos empezó a tocarme el culo y en un movimiento logro correrme la tanga. Sus dedos entraron fácilmente ya que yo estaba totalmente lubricada. Sentí como primero metía uno, luego dos, y en determinado momento tres. El movimiento rítmico que ejercía hizo que en pocos minutos tuviese mi primer orgasmo. Lo grite y disfrute muchísimo. Una vez que termine de acabar me levante y con una de mis manos me saque la tanga. Al bajarle pude ver como un líquido gelatinoso se estiraba de entre mis labios vaginales y la tela.

Me volví a sentar encima de Martin, lo suficientemente rápido como para no darle chance a buscar otra posición. Con mi mano derecha le agarre la pija y trate de metérmela, pero Martin se resistió. Eso me freno un poco, por lo que me aleje como para poder mirarlo a la cara. Ahí fue cuando me dijo que no tenía preservativos. Le pregunte si tenía algún problema, pero de mi parte estaba todo bien, por lo que en un segundo podía sentir como su pija empezaba a llenar mi vagina. Baje de una, y al principio me dolió un poco. Enseguida mi vagina se acostumbró, por lo empuje aún más hacia abajo. Quería sentirme totalmente llena. Martin estaba expectante a mis movimientos, dejándome a mi tomar la iniciativa total del momento.

Una vez que sentí que estaba completamente llena y mi cavidad acostumbrada comencé a moverme rítmicamente. No quería que se saliera, por lo que apenas me levantaba un poco, empujaba enseguida para abajo. Martin me chupaba las tetas. Pero no me importaba. Cuando notaba que estaba por acabar, me quedaba quieta. Al poco tiempo empezaba a moverme de nuevo. Estuvimos en esa posición un largo rato.

Cuando podía le hablaba en el oído. “así que hace mucho que me queres coger?”. “contame que dicen de mí que me encanta!!”. “te gusta cómo te estoy cogiendo?”. “te gustaría cogerme con el grupo de WhatsApp?”. En este momento me di cuenta de que estaba por acabar, por lo que me levanté y arrodillándome seguí masturbándolo. Me ayudé un poco con la boca, pero cuando sentí que estaba por salir el primer lechazo, corrí la boca. El primer chorro me quedo en el pelo, el segundo termino parte en mi cuello, y el tercero ya logré atajarlo con la mano. Seguí masturbándolo hasta que me aseguré de que había terminado totalmente. Martin se quedó tirado en el sillón, con la pija semi dormida y con restos de semen en sus piernas.

Yo me levanté y me senté en una de las sillas de la mesa. Nos quedamos unos minutos así, sin hablar ninguno de los dos. El fue quien rompió el silencio. “sos una bestia”. Yo me empecé a reír. Mientras tanto me levante y con unas servilletas me limpie el semen de las manos para luego servirme un vaso de agua. Lo compartí con él y me volví a sentar en la silla.

Unos minutos después Martin fue al baño y yo aproveche para tirarme en el sillón.

Yo sabía que si quería una segunda vuelta iba a tener que trabajarlo, por lo que cuando volvió del baño, me encontró sentada en el sillón, con las piernas un poco abiertas y apoyada en el respaldo. La imagen posiblemente era de película porno, y Martin me lo hizo saber. “siempre imagine que eras una bestia. Tu forma de caminar, de vestirte, y ni hablar del lomo que tenes, siempre hicieron que llamaras la atención. Pero sos una cosa de locos. Perra total. Deci que no se lo puedo contar a nadie, porque además si se lo contara no me lo creerían”.

Se sentó a mi lado y con una de mis manos empecé a masajearle la pija. Estaba dormida y sinceramente, no sabía si iba a lograr que se despertara. “ahora me toca a mí”, me dijo, y arrodillándose empezó a chuparme la concha. Estaba empapada, por lo que podía escuchar el ruido de mis jugos y su lengua. Cerré los ojos, me tire para atrás, y me dedique a disfrutar. De a poco se empezó a ayudar con los dedos, lo que aumento aún más mi excitación. Me regalo, tal vez, el mejor orgasmo de lengua que tuve. Hacía tiempo que no acababa de esa manera mientras me daban sexo oral. No sé si el contexto, o el saber que posiblemente no se le volviera a parar, fue lo que hizo que me entregara totalmente a esa lengua, pero la realidad es que fue increíble. Pero lo más increíble fue que cuando termine de acabar, Martin se había parado nuevamente y tenía la pija totalmente erecta. No dude un minuto y acercándome empecé a chupársela. Quería mantener esa erección y quería consolidarla. Quería sentirlo nuevamente dentro mío.

Cuando me aseguré de que no iba a volver a bajarse, me di vuelta poniéndome en cuatro paras sobre el sillón. Saque culo y apoye mis brazos en el respaldo. Sin mediar palabras, creo que no eran necesarias, me penetro de un empujón. Volví a sentir como me llenaba, pero esta vez no me dolió. Saque culo como pidiéndole que me la metiera aún más, y así fue. Con sus manos me agarro de la cadera como para que no pudiese escapar, y ahora fue el quien tomo el ritmo de la situación. Con sus manos me empujaba y me traía en movimientos bruscos. Cuando podía me pellizcaba un pezón. Que fuese el segundo nos regaló más tiempo. Por lo que estuvimos en esa posición varios minutos. No es una posición que me ayude a acabar fácilmente, pero fue suficiente para que tuviese un orgasmo más. Pero Martin no, por lo que siguió. En un momento me di cuenta de que con uno de sus dedos empezaba a jugar con mi ano. No dije nada, y saqué un poco de cola como para incitarlo. Lo hacía tímidamente, como esperando a obtener mi aprobación. Al no tener negativa alguna, lo que al principio era la puntita del dedo, en poco tiempo se transformó en el dedo entero, y así hasta sentir que eran dos o tres los dedos que me estaban penetrando. Tengo mucha facilidad para el sexo anal cuando estoy muy excitada. Entre la lubricación natural, y la excitación, todo resulta más sencillo. En determinado momento siento que sale de dentro mío, y en un movimiento rápido, pero suave, empieza a penetrarme analmente con su pija. Si bien ya estaba dilatada por los dedos, era evidente que sui pija era más ancha y tuvo que trabajar un poco para lograr que entrara, al menos, la cabeza entera. No fue mucho tiempo, y aunque sentí un poco de molestia, logro su objetivo. Nos quedamos unos segundos quietos, como dejando que todo se acomodara y acostumbrara. Le pedí que me la sacara y que volviera a meterla, algo que le pedí repetir dos veces más. A la tercera, ya estaba lista para empezar a disfrutarlo. Empuje con fuerza, como señal de aprobación, y empezamos nuevamente con el movimiento rítmico, solo que esta vez el agujero era otro.

Con una de mis manos empecé a masturbarme, y como podía aprovechaba a tocarle sus huevos, que golpeaban contra mi vulva. Martin empezó a acelerar, en señar de que estaba por acabar, pero yo sabía que, si seguíamos con ese ritmo, posiblemente acabara también en breve, así que como pude empecé a acelerar mi mano también. Unos segundos después siento que Martin sale de dentro mío, y automáticamente algo caliente en mi espalda. Estaba acabándome encima. La situación me calentó muchísimo y con la ayuda que me estaba dando con mi mano, y sin cambiar de posición, logre acabar otra vez. No fue tan intenso como los anteriores, pero lo suficiente como para recordarlo. Tenía semen en mi espalda, en el pelo, ya casi seco, y en el cuello. Me sentía una actriz porno divina. Me encantaba.

Como pude me di vuelta, me dolían las rodillas y tenía las piernas cansadas. Me tire en el sillón mientras Martin se sentaba en la silla. Podía sentir como aplastaba el semen en el respaldo del sillón. Fueron unos segundos en los que ninguno de los dos emitió sonido, hasta que me levante nuevamente a agarrar una servilleta. Me limpié como pude y me fui al baño.

Ya era tarde y al otro día tenía que trabajar temprano. Ni hablar que sentí como me cayó encima el cansancio del viaje. Al salir del baño Martin se estaba vistiendo, por lo que yo agarré el vestido que estaba en el piso y me lo puse. Aun tenia las sandalias puestas.

Intercambiamos unas palabras, y lo acompañe a la puerta. Nos dimos un beso, y quedamos en hablar. Antes de irse me aclaro, sin que yo se lo pidiera, de que no iba a comentar nada en el grupo. Solo le dije que después quería saber lo que hablaban, sobre todo a partir de la foto que nos habíamos sacado en el bar. Si bien era una foto totalmente normal, seguramente en ese grupo iba a dar mucho de que hablar.

Ni bien se fue Martin, me di una ducha y me acosté. Necesitaba descansar ya que al día siguiente me esperaba una jornada laboral intensa.