Leidy y Sara (2)
Arturo no podía imaginar que quedarse en casa sería la peor decisión. Al ver a su sobrina deslizando sus dedos por el sexo de su esposa, el voyeur despertó en su interior. Ahora, solo le queda esperar en la cafetería de la esquina y escuchar, con la boca seca, cómo su mujer se entrega a un placer que nunca creyó posible.
Leidy y Sara
Arturo & Sylke
Capítulo 2
Leidy obediente y poniendo un pie en la silla, alzó su culo desnudo y se sentó al borde de la mesa con sus piernas colgando y sin dejar de mirarme de reojo, con ese apuro implícito, como si con ello quisiera pedirme permiso. Yo sólo me limitaba a sonreírle y a admirar esa belleza de mi mujer con ese juego travieso de Sara que me estaba volviendo absolutamente loco.
Agachada entre las piernas abiertas de Leidy, mi sobrina se esmeraba en recortar con la cuchilla esos pelos rebeldes y ensortijados de su pubis, rasurándolo completamente y apoyando la punta de sus dedos en la zona de sus labios mayores, rozando su rajita en distintas oportunidades, pero con mucho estilo, como si fuera algo natural y nada intencionado, aunque yo sabía que Sara sólo estaba calentando el horno... envuelta en ese juego de afeitar la entrepierna de mi amada esposa para que no le quedara nada de vello en esa zona, a la que yo, por cierto, siempre había visto con pelo.
Desde mi posición, casi inmovil, para no causar ningún tipo de contratiempo, veía a mi mujer atenta, echando ese mechón rebelde sobre su oreja sin dejar de observar los dedos de mi sobrina jugueteando es su sexo, mientras ella le tocaba en esa zona tan delicada y de vez en cuando alzaba la vista para sonreírla...
Se podían ver marcados los pezones de Leidy bajo la fina tela del sujetador y cómo se mordía el labio inferior en esa delicada operación.
Cuando ya hubo terminado la operación de esa delicada tarea de rasurarla, Sara se entretuvo primero en secar y limpiar de jabón toda la zona y aplicar una loción hidratante esparciéndolo con sus propios dedos directamente.
Desde la distancia podía escuchar la respiración agitada de mi mujer, casi concentrada en cómo le acariciaban su sexo.
- Tienes un coño precioso, tía Leidy – dijo de pronto entusiasmada Sara pasando esas yemas de sus dedos impregnadas de loción hidratante directamente por la rajita.
Se pudo escuchar un gemido intenso de Leidy que yo creo que a ella misma asustó, tanto que levantando la vista y verme allí plantado observando, hizo que se arrepintiera casi al instante y de un salto se bajó de la mesa con un apuro evidente.
- Gracias Sara, pero ahora me voy a vestir. - comentó apurada abandonando el salón y acudiendo a su cuarto casi a la carrera.
Mi sobrina sonriente se acercó a mí, mirando a continuación el bulto que se formaba bajo mi pantalón.
- ¿Qué te ha parecido tío? - dijo mordiéndose el labio
Esta vez veía sus propios pezones marcados, sin duda ella estaba tan excitada como yo. Estaba claro que ella me hacía una doble pregunta, en primer lugar, si me había gustado como le había quedado ese rasurado sexo a Leidy y por otro lado demostrándome que mi esposa iba a ser capaz de mucho más. Mi excitación era máxima, casi tenía que morderme la lengua para controlar mis instintos y enfrente tenía a Sara sonriente, satisfecha y excitada. Es una pena que a mi sobrina segunda no le gusten los tíos, porque estaba tan cachondo que me la hubiera follado allí mismo.
- Ha sido increíble, Sara... pero... - intenté decir.
- ¿Pero? - dijo ella ladeando la cabeza y señalando mi erección que no dejaba lugar a dudas.
- No sé, no creo que esto funcione, es posible que ella se haya dejado llevar, ya sabes, la cosa del momento, pero a Leidy no le gustan las mujeres.
- Todavía estás en shock, tío Arturo y lo entiendo... pero esto no acaba más que empezar.
- Te agradezco todo esto, Sara, pero yo creo que no va a haber mucho más por su parte.
- ¿No confías en tu sobrina? - dijo ella sacando la lengua de forma burlona.
- No sé...
- Creo que a tu mujer no le gusta tenerte delante, le ha puesto nerviosa saber que estabas ahí, mirándonos, yo creo que con un par de toques más por mi parte la pongo a tope... y voy a acabar follándomela.
- Sara no creo...
- Necesito estar a solas con ella. ¿Puedes irte a dar una vuelta y darme a mí un poco de juego a solas con ella?
- Pero yo quiero estar presente, quiero verlo. - dije nervioso.
- No seas impaciente, tío. Todo a su tiempo. Vete a dar una vuelta y en menos de una hora, te prometo que te contaré todo con detalle y dentro de poco podrás verlo con tus propios ojos. Todo a su debido tiempo.
Dudé unos instantes, pero creo que Sara tenía razón y yo estaba siendo el impedimento para soltar las riendas de ella, si es que, en algún momento, como ella decía, mi mujer estaba dispuesta a dar otro paso.
- Mira, dentro de una hora quedamos en la cafetería que hay al final de la calle, la que hace esquina. - me comentó Sara.
- Vale, perfecto, confío en que me lo cuentes todo.
- Dalo por hecho. Me encantará vivirlo y contártelo después. - dijo mordiéndose el labio.
- Uf, Sara, esto es todo tan...
- Lo sé.
Cogí las llaves, dispuesto a salir de casa y mi sobrina solo me guiño un ojo diciéndome:
- Gracias, tío Arturo.
Abandoné la casa con aquella empalmada brutal y es que me costaba borrar de mi mente lo que había sucedido, aunque seguía pensando que todo era una calentura puntual, pero que no iba a ir mucho más allá, que era prácticamente imposible.
A los cinco minutos estaba en la cafetería en la que había quedado con Sara y me pedí una cerveza fresquita. Eso de algún modo me ayudó a rebajar mi calentura, al menos la física, porque por dentro seguía ardiente y en ese momento incluso más caliente y expectante, sin poder desviar mi mente de lo que pudiera estar sucediendo en mi apartamento.
No sé definir lo largo que se me hizo el tiempo esperando la llegada de Sara, pero puedo asegurar que esa hora, me pudieron parecer cuatro... el tiempo iba lento, en el que yo aprovechaba para dar vueltas a todo, recrear con mi imaginación y ver a mi mujer retozando con mi sobrina.
Justo cuando pensaba en verlas juntas, en lo que sería disfrutar de ese juego lésbico tan cachondo, apareció Sara en la cafetería y le saludé desde el fondo.
Ella parecía estar agitada y visiblemente acalorada, sin duda, su pelo algo crispado, los coloretes en sus pómulos y un brillo en sus ojos que daba a entender que había pasado un buen rato ¿o quizá fuera todo fruto de mi imaginación?
- ¿Qué?, ¿Qué ha pasado? - pregunté impaciente cuando ella tomaba asiento frente a mí.
- Tranquilo, tío... ya sé que estás sulfurado, pero todo a su tiempo.
Me tenía a cien saber qué demonios había ocurrido y ella, tranquilamente hizo una seña al camarero pidiendo otra cerveza, mientras que yo ya iba por la cuarta.
- ¿Has estado nervioso? - me preguntó.
- ¿Tú qué crees?
- Pobrecito... - dijo y echó una de sus risas.
Mi sobrina estuvo trasteando con su smartphone, mandando algún mensaje, pero yo estaba prácticamente histérico, necesitaba saber.
- ¡Sara, por Dios! - dije poniendo mi mano sobre la suya.
- ¿Quieres saberlo todo, tío?
- Por favor... con pelos y señales.
A partir de ese momento el tiempo y todo lo que había a mi alrededor se detuvo, ya que mi sobrina me fue contando con todo lujo de detalles lo que había sucedido en nuestro apartamento. Ella me veía tan nervioso que disfrutaba viéndome así. Y siguió contándome.
- En cuanto te fuiste, yo volví a la habitación y me encontré a la tía revolviendo en los cajones para ponerse unas braguitas, pero le dije que no lo hiciera todavía. Ella me dijo que estabas ahí en el salón y que le daba cosa...
- ¿Entonces Leidy se corta por mí?
- Sí, en cuanto le abracé por la espalda su cuerpo casi desnudo y le dije que habías salido, uff, casi me muero en ese abrazo con ella, porque recordarás que sólo llevaba el sostén y las medias, algo que por cierto me tenía cachonda perdida.
- Uf, sí, estaba tremenda con ese atuendo medio desnuda.
- Pues ella se dejó abrazar por mí, sintiendo mis manos jugando con sus pechos y luego fueron bajando hasta su tripita, para más tarde alcanzar su pubis recién rasurado.
- ¡Joder, cómo me hubiera gustado ver eso!
- Tranquilo tío, que tendrás tiempo de hacerlo. Ya he quedado que vamos a repetir en mi apartamento.
- Bueno, sigue, sigue... - dije yo sin querer interrumpir demasiadas veces.
- Después le di la vuelta y me abracé a ella por delante. Nuestras bocas se unieron al instante y la tía viéndose libre sin que tú estuvieras cerca, se entregó a mis besos y caricias.
Mi sobrina disfrutaba relatándolo y creo que se excitaba en el recuerdo.
- Me resulta tan difícil de creer... - dije.
- Pues no solo eso, vas a alucinar, porque ella tomó la iniciativa de empezar a tocarme el culo, al principio leves caricias, pero después me lo manoseaba con todas las ganas sin dejar de acariciar mi pandero por ningún sitio y cuando me quise dar cuenta, me estaba soltando los botones de mi blusa y que por cierto no llevaba nada debajo.
Al decir esto mi sobrina pasó su mano dejando clara la marca de su pezón. Volví a maldecirme porque a ella no le gustaran los hombres, porque en ese momento en la cafetería, estaba tan excitado que la hubiera besado con todas mis ganas y hubiese apretado ese pezón rebelde.
- Sigue por Dios. - le increpé cuando ello daba un trago a su cerveza.
- Me sobó las tetas, tío, pero no veas como... yo que pensaba ir despacio, no sé, ir calentándola, pero no, la tía estaba muy cachonda conmigo y era ella la que me sobaba las tetas a mí, la que me pellizcaba los pezones o la que con su lengua dibujaba mis labios.
- ¡Dios!
- Luego le faltó tiempo para bajarme los shorts y descubrir mi pequeño tanga, que lógicamente para entonces estaba empapado... y agachada enfrente de mí, dibujó las costuras de la braguita para luego irla bajando lentamente observando mi coño.
- ¿También lo llevas rasurado?
- ¡Cómo os pone eso a los tíos!
- Uf, sí. Y es que cómo se lo dejaste a Leidy.
- Bueno, para serte sincera, a mí también me gusta así, porque para comer coños, donde esté uno sin pelitos mejor... y luego cuando hay contacto uno con otro... no hay color.
- ¡Joder, Sara!
- Ya veo que te gustaría vernos en plena acción.
- ¡Ni lo dudes, uf!
Hice un movimiento disimulado en mi silla, pues la erección bajo mi pantalón me dolía y está claro que si no hubiera estado en esa cafetería me habría pajeado escuchando a Sara.
- Ya me imagino, tío Arturo que te hubiese gustado verlo y tendrás tiempo de hacerlo, pero te aseguro que ella, sabiéndose sola en casa conmigo, estaba desatada. Creo que nunca había visto a la tía tan lanzada.
- Entonces lo de hacerlo conmigo delante va a ser imposible.
- No hay nada imposible, pero por el momento yo creo que es mejor que no estés, al menos que ella no te vea. Sólo ten un poco de paciencia.
La idea de poder ver eso, de la manera que fuera me ponía muy excitado, hasta el punto de que me dolía la erección bajo mi pantalón.
- Pero, sigue, Sara... - le rogué.
- Bueno, ella me empezó a tocar el coño, estaba muy cerca de él... y yo estaba loca por sentir su lengua, pero tampoco quería forzar las cosas... ella simplemente acariciaba mi rajita suavemente.
- Estarías cachonda perdida.
- No te haces idea, cuando una mano me tocaba el coño y luego otra me sobaba el pezón...
- ¿Y tú qué hacías?
- Apenas podía moverme, estaba recibiendo un tremendo gusto por parte de tu esposa, sólo me limité a sacarme toda la ropa y luego logré soltar el broche de su sostén para dejarla desnuda del todo.
- ¿Os quedasteis desnudas del todo?
- Si, bueno, ella siguió con las medias puestas, algo que por cierto le daba todavía un aire más erótico a ese cuerpo que tiene.
- ¡Joder! ¿Y qué más...?
- Luego le pedí que me metiera un dedo y ella en un principio dudó, no se le veía muy decidida, así que yo misma tomé su dedo corazón y lo llevé a la rajita para que lo metiera... creo que yo me estremecí al sentirlo como entraba y ver a la tía mordiéndose el labio, fue lo más.
- ¡Guau, Sara!
- Pero es que ella se fue animando y me follaba con ese dedito arriba y abajo, constantemente, logrando que todo mi cuerpo se deshiciera con ese compás inocente y cada vez más decidido... tanto que me metió un segundo dedo.
- ¿Te folló con dos dedos?
- Si, primero con los dos, lentamente follándome hasta la última falange, pero es que luego se atrevió con tres, me folló con ellos, cada vez con más energía, cada vez con más ímpetu y perdí la noción de todo... porque la muy cabrona logró que me corriera entre espasmo allí de pie y ella arrodillada entre mis piernas.
Sara cerró los ojos rememorando ese instante, casi viviéndolo nuevamente.
- ¿Te corriste? - pregunté.
- Si, ese fue mi primer orgasmo y es que creo que tenía muchas ganas de sentir a la tía, casi pierdo el conocimiento, entre jadeos, gemidos y apenas sosteniéndome de pie, agarrándome a su cabeza y ella sonriente clavándome incesantemente esos tres dedos...
- ¡Joder, joder, joder!
El camarero se acercó de inmediato cuando Sara le llamó para que nos sirviera otra ronda de cervezas... realmente yo tenía la boca seca y creo que mi sobrina también y no sé si me daba vueltas la cabeza del alcohol que había ingerido o de lo que estaba oyendo de la boca de mi sobrina.
- ¿Bueno y qué te parece hasta ahora? - me preguntó con su sonrisa juguetona.
- Pues si te digo la verdad, aparte de lo cachondo que me tienes... me cuesta creerlo. Estamos hablando de Leidy.
- Pues absolutamente cierto, tío. Y entonces yo quise devolverle la moneda a ella, pero con todas las ganas.
- ¿Qué hiciste?
- Pues le ayudé a tumbarse en la cama, le puse una almohada a la altura de sus lumbares y su sexo quedaba totalmente expuesto, abierto, rasurado, brillante... no cabía ninguna duda de que la tía estaba muy muy cachonda.
- ¡Joder!
- Pues entonces entró en escena mi lengua... que mal está que yo lo diga, pero soy una auténtica experta en esos menesteres y metida entre las piernas de ella, metí mi cabeza delante de ese coño majestuoso que tiene y que me impregnó al momento con ese aroma a hembra cachonda. ¿Sabes a lo que me refiero?
- ¿Cómo no lo voy a saber Sara? Estamos hablando del coño de mi mujer.
- Jajaja... pues eso, que sujetándome a sus caderas y con mi cabeza frente a ese precioso coño, empecé a lamerle lentamente, primero jugué con las ingles y es que en el fondo soy un poco mala y ella me empujaba la cabeza para que mi lengua se dirigiera a la rajita, pero no, yo quería ponerla en las nubes y creo que lo conseguí cuando ella gritaba, “¡joder, cómeme el coño, ya!”
- ¿En serio?
- Como lo oyes, pero es que cuando mi lengua entró en contacto con esa rajita y empecé a subir mi lengua, introduciéndola levemente, la tía se retorció como una culebra y eso que también mis manos pellizcaban sus pezones al mismo tiempo y creo que una cosa llevó a la otra y acabé metiendo mi lengua completamente descubriendo lo rica que está la tía.
Mi sobrina se relamía.
- Si, Leidy está deliciosa. - apunté.
- Ya lo creo... y ahora que me has dado permiso, no me voy a poder bajar de este tren... tío, yo quiero repetir, aunque tenga que seguiros al fin del mundo, pero yo no quiero perderme ese coño otra vez.
- Desde luego tienes mi permiso y por lo que me cuentas, parece que también tienes el de mi mujer, que debió quedar satisfecha...
- Más que eso tío.
Me quedé mirando a mi sobrina sin entender.
- Sí, cuando me quise dar cuenta tras esa comida del coño de la tía, ella fue la que tomó las riendas, dándome la vuelta para ponerme boca arriba en la cama y fue su cara la que se metió entre mis muslos para empezar a comérmelo a mí.
- Espera, espera... ¿me estás diciendo que mi mujercita fue la que te comió el coño a ti después? No me lo puedo creer.
Mi sobrina me miraba sin entender.
- Si, Leidy después de correrse no parece tener ganas de continuar y si lo hace es casi como un ruego por mi parte.
- Pues aquí no tuve que rogar, te lo aseguro, fue ella la que se lanzó a mi coño, tío, pero no veas de qué manera, tú me dirás que a ella no le gustan las mujeres, pues viendo su lengua entre mis labios vaginales, yo diría que, todo lo contrario. Supongo que contigo es así de ardiente, ¿no?
- Pues sí, bastante, no puedo tener ninguna queja, aunque me sorprende esa iniciativa suya.
- Yo tampoco pensé que la tía fuera así, por eso ninguna queja... y bueno, mi única queja es que quiero repetir. La boca de tu mujer es una auténtica delicia, supo dónde chupar, donde lamer... yo creo que repitió punto por punto lo que yo le había regalado unos segundos antes y así fue cuando me retorcí sobre tu cama de matrimonio gracias a la boca, lengua y labios de Leidy que me hizo correrme como una perra... casi gritando de gusto.
- ¡Joder, joder!
- Todavía me tiemblan las piernas, tío. Supongo que ahora estarás a tope.
- No te puedes imaginar.
- Pues cuando lo veas en mi apartamento, alucinarás...
- ¿En tu apartamento?
- Si, buscaremos la manera de que lo veas.
- Si, por Dios, organiza eso, no me lo quiero perder.
- Pero no le digas nada a ella, recuerda, es un secreto.
- Por supuesto.
Mi sobrina y yo nos despedimos, con la promesa explícita por su parte, de que la próxima vez yo iba a ser testigo de excepción de aquello, pero sin contarle nada a Leidy, por supuesto, ya que ella todavía no podía confesarme algo como eso... y además iba a ser complicado, conociéndola como la conozco.
Se puede decir que el camino a casa fui totalmente excitado recordando cada palabra de mi sobrina y nada llegar a mi apartamento, me encontré a Leidy envuelta en una toalla y en cuanto cerré la puerta se lanzó a mis brazos para pegarme un beso contundente, en el que pronto entraron en juego nuestras respectivas lenguas... no me costó mucho soltar ese pequeño nudo de la toalla para descubrir el cuerpo desnudo de mi mujer, que incluso veía más armonioso y espectacular que nunca.
Ella desnuda y sonriente me fue quitando los botones de mi camisa mordiéndose el labio.
- ¡Uf, cariño, cómo estás! - le dije, viendo esa efusividad impropia de ella, pues siempre suelo ser yo el que toma la iniciativa.
- Si, cielo te fuiste y necesito a mi hombre...
- Me encanta verte así...
- Así ¿cómo? - preguntaba ella mientras me iba despojando de la ropa.
- Tan cachonda... - dije y es que ella nunca llevaba las riendas.
Leidy se limitó a sonreír, porque sabe que cuando muy de tarde en tarde, ella toma el rol dominante, me vuelve absolutamente loco. Cuando eso sucede, mi mujer se convierte en un volcán en el que yo quiero perderme.
- ¿Todo bien con Sara? - pregunté mientras me iba despojando de la camisa.
- Si, sí, muy bien.
- ¿Ha pasado algo?
De pronto Leidy se detuvo en seco, cuando ya empezaba a soltar mi cinturón.
- ¿A qué te refieres? - dijo ella mirándome fijamente.
- No, que pensé que todavía me la iba a encontrar en casa - respondí disimulando pues me temí que todo se podría desbaratar.
- Ah, no, se fue enseguida, tras marcharte tú.
- ¿Ah sí? Pensé que se quedaría un rato para hablar cosas de chicas.
- Pues no... pero ahora calla... - dijo ella rotunda concentrada en desnudarme.
A continuación, fue bajando mis pantalones y arrastrando con ellos mis bóxers hasta hacerlos desaparecer por mis pies, dejándome totalmente desnudo, como ella.
Tras mirarme de esa forma lasciva que tanto me gusta, Leidy, poniéndose de rodillas frente a mí, se metió la mitad de mi miembro en la boca.
- ¡Mmmm, qué duro está! - dijo sacándolo de entre sus labios y pasando la lengua desde mis huevos a la punta.
- Si, es que vaya recibimiento me has hecho. - confesé, aunque no era la única razón, pues yo ya venía muy excitado de mi conversación con Sara.
Pocas palabras por su parte y una mamada en toda regla, arrodillada a mis pies... mientras yo a duras penas podía ver esos pezones duros que resaltaban en sus preciosos pechos y que yo sabía que habían sido amasados y pellizcados por mi sobrina... lo mismo que esa boca, comiéndose el juvenil coño de Sara. No estaba muy seguro de hasta donde podría confesar mi mujer lo bien que se lo había pasado, pero de momento no iba a ser yo quien la indujese a hacerlo, pues en primer lugar no quería asustarla o alejarla de esa nueva faceta tan excitante y mucho menos después de ver lo cachonda que se había quedado, reforzando, además de mi calenturienta mente, nuestras relaciones sexuales a partir de ese momento... y es que allí mismo, cuando ya tenía mi polla totalmente dura y ensalivada, Leidy se tumbó en el sofá abriendo sus piernas totalmente.
- ¡Arturo, fóllame! - dijo de la forma más guarra que jamás le había escuchado.
No me faltó tiempo para tirarme sobre ella y casi en el propio salto ubicar mi polla a la entrada de esa gruta que antes preparara mi sobrina con su lengua y sus labios y penetrarla hasta lo más hondo.
- ¡Si, joder, cabrón, qué gusto! - gritó Leidy y me volvió loco que usara ese lenguaje, pues casi nunca era habitual, salvo que estuviera demasiado bebida. En ese instante no lo estaba lo que le daba un plus de cambio a esa otra Leidy salvaje y descontrolada.
Ni qué decir tiene que ella se corrió como nunca, gritando y gimiendo sin importarle que le oyeran los vecinos y yo al oir aquello y sentir su coño rasurado atrapando mi polla, me llevaron a vaciarme en su interior mientras veía esa mirada felina que le quedaba a ella.
Aquel polvo memorable, robado, furtivo, con una entrega y un deseo fuera de lo normal, me hicieron pensar que el encuentro entre Sara y Leidy se había convertido, además de en una fantasía hecha realidad, en algo que revitalizaría mi matrimonio, especialmente nuestras relaciones sexuales de pareja a cotas inimaginables.
Prácticamente follamos todo el resto de esa tarde y bien entrada la noche, se puede decir que hacía años que mi esposa y yo no hacíamos algo tan intenso... y cuando amanecí al día siguiente, ella ya se había largado.
Precisamente Leidy ese día tenía un viaje muy importante a cuatro mil kilómetros para una visita comercial y no volvería hasta el fin de semana siguiente. Se me iba a hacer duro sin estar junto a mi mujer y en ese momento me parecía que más que nunca.
Cuando fui al baño me encontré una nota escrita en el espejo:
- Gracias por ese regalo, cariño, te quiero. - rezaba el texto con un corazón dibujado al final.
Me quedé pensativo en lo de la palabra “regalo” por si lo decía por los polvos intensos que habíamos vivido o por haberle puesto en sus brazos y en su propio sexo a nuestra sobrina.
Lo primero que hice fue llamarla y hablamos un poco de lo que iba a hacer en su viaje, pero yo enseguida me metí en el tema que nos había llevado a la locura la noche anterior.
- Leidy, lo de ayer fue brutal.
- Cariño, ahora no puedo hablar... - dijo algo cortada, pues debía estar en una reunión con sus compañeros.
- Vamos cariño, sé que no lo lo puedes olvidar, como yo desde que me he levantado. ¿Qué nos ha pasado?
- No sé... - respondía ella y no estaba seguro de que fuese por su propio apuro o porque tenía a alguien delante de su trabajo.
No quise seguir insistiéndole mucho, tan solo decirle lo rico que me supo comerle todo, lo bien que me la chupó y lo estrecho de su coño que atrapaba mi polla como nunca... pero todo eso, por mi parte, ya que ella, seguramente reunida, se limitaba a contestar monosílabos algo apurados... hasta que me colgó la llamada, casi sin despedirnos.
No sé cómo acabó ella, pero yo desde luego terminé con una erección que tuve que bajar con una nueva masturbación y eso que el día anterior me había dejado prácticamente seco.
Una vez duchado y vestido, me dirigí a mi trabajo y apenas pude concentrarme durante toda la mañana y cuando miré el reloj, a la hora de mi almuerzo, le hice una llamada a Sara, ya que tenía que contarle lo sucedido y que me dijera si seguía preparando ese momento entre ambas en el que yo debería estar presente.
- ¡Hola, tío Arturo! - contestó risueña como siempre.
- Hola Sara... quiero decirte que cuento las horas para que me digas de ese encuentro contigo y con Leidy. ¿Ya me has buscado el escondite? Estoy ahora mismo a tope imaginándolo y además Leidy está más cachonda que nunca, creo que va a ser explosivo.
Sara tardó un rato en contestar.
- Bueno, tío, tendrá que esperar un poco, estoy de viaje ahora mismo. - dijo Sara al fin.
- Vaya. ¿muchos días?
- Todavía no lo sé... pero tengo una sorpresa que darte.
- Dime.
Otro silencio intrigante de mi sobrina para soltarme a bocajarro:
- Estoy con tu mujer.
- ¿Qué? - grité.
Casi el grito tuvo que alertar a mis compañeros en la oficina porque me miraron extrañados al soltar aquello.
- Tranquilo, ahora está ella en la ducha. - aclaró Sara.
- Pero... espera... ¿qué? - volví a repetir, totalmente desconcertado.
Se podía escuchar la risa de mi sobrina ante mi sorpresa.
- Si, tu mujercita se quedó tan caliente que no quiso perderse tener buena compañía en este viaje y me ha invitado. - dijo sin parar de reir.
- ¡Joder!
Nunca me había llevado mi mujer a ninguno de sus viajes de negocios, porque siempre me decía que estaba muy concentrada y que aquello iba a dejarnos poco tiempo y de repente, de la noche a la mañana había cambiado de actitud, llevando a nuestra sobrina con ella.
Creo que estuve un rato callado, en shock, sin saber qué decir, pero imaginándolas de nuevo juntas.
- ¿Tío?, ¿sigues ahí? - me decía Sara.
- Si, sí...
- Te veo sorprendido, ¿no?
- ¿Tú qué crees?
- Tranquilo, que te daré buena cuenta de lo que hagamos. Quiero ser tu confidente con todo detalle.
- Uff... ¿Lo harás?
- Claro, me encanta tenerte informado y no te preocupes que a la vuelta podrás vernos en acción... de momento debes conformarte con mi comunicación... y de esa manera tener a tu mujercita totalmente entregada conmigo.
- ¡Uf Sara!
- Es lo que quieres, ¿verdad, tío Arturo?
- Claro... pero por favor, en cuanto suceda algo me llamas.
- Por supuesto, tíito... lo sabrás todo. - acabó lanzando un beso sonoro mientras yo seguía en shock.
CONTINUARÁ...
Arturo & Sylke
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