Xtories

Leidy y Sara (1)

Sabe que su esposa es un imán para los hombres, pero nunca imaginó que el verdadero fuego estallaría con la llegada de su sobrina. Lo que empieza como un juego de miradas en una discoteca se transforma en una noche de desnudos y secretos en un apartamento vacío, donde los límites del matrimonio se borran bajo el peso del deseo prohibido.

Sylke and Friends12K vistas9.2· 23 votos
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Leidy y Sara

Arturo & Sylke

Capítulo 1

Aquella fiesta estaba resultando de lo más aburrida, al menos yo no estaba en mi salsa, soy un poco soso, hay que reconocerlo, porque lo de bailar nunca se me ha dado bien y menos meterme en la pista de esa discoteca a rebosar.

Yo veía a Leidy, mi linda esposa, divertirse y luciendo palmito con ese pantalón ceñido que marca su perfecto y redondo culo, así como esa blusa negra en la que aparecen juguetones sus pechos y que hace que todos los hombres la rodeen. Está mal que yo lo diga, pero mi mujer es impresionante, una mujer que cualquier hombre desea... Nunca me he sentido celoso con Leidy y la verdad, aparte de su belleza y su juventud, ya que la saco diez años, nunca me ha dado motivos para sentirlos y eso que pretendientes no le faltan, desde algún vecino, al que ya le he visto lanzado, algún compañero de su trabajo, ya que ella trabaja en una gran empresa y según ella misma me cuenta, algún cliente del gimnasio al que ella acude cada día. Pero no sé por qué, lejos de molestarme, me gusta cada vez que me cuenta que “fulano” se le ha acercado más de la cuenta en el gimnasio o que ese cliente le dio dos besos y que le veía una mirada de deseo... ella lo cuenta con apuro, pero a mí me excita un montón, me encanta saber que Leidy es esa diosa que todo el mundo quiere para sí y yo la tengo como el gran premio que es tenerla en exclusiva como esposa.

Yo seguía con mi copa en la mano, observando a Leidy divertirse y moviendo su cuerpo, intentando escaparse de algún tipo que quería ponerse demasiado cerca o incluso librarse de él, con alguna de sus miradas y hasta empujones, pues ella es discreta, aunque su cuerpo y su meneo de caderas parezca un imán a todos esos lobos.

- Hola Arturo. ¿Qué haces aquí? - oí a mi lado la voz de mi sobrina Sara.

- Hola Sara. - dije dándome la vuelta para darnos dos besos.

- Aquí estoy, de fiesta con unos compañeros.

- Tú siempre con tu marcha, tío. - añadió irónicamente pues sabe que no soy excesivamente bailón.

Ella me llama tío, aunque en realidad no es una sobrina directa, ni siquiera política, es la hermana de la mujer de mi sobrino, pero siempre que nos hemos visto, me llama tío.

- ¿Qué estás sola? - le pregunté y vi que andaba algo achispada, seguramente fruto de unas cuantas copas.

- Si, mis amigas son unas aburridas y me han dejado tirada. Y ¿dónde está Leidy? - me preguntó buscando por su alrededor.

Me fijé en mi sobrina y estaba muy guapa, con un vestido corto de color fucsia, muy ceñido y tacones, siempre con su cuerpo lleno de curvas, pues está algo rellenita, pero todo en su sitio, es una mujer que también llama la atención.

- Pues está ahí, en la pista. - le dije, señalando hacia el lugar exacto.

- Ah, sí, ya la veo. Me voy con ella, que aquí me aburro. - dijo cogiendo mi copa y dándole un trago y dejarla medio vacía, para adentrarse en la pista y encontrarse con mi mujer.

Rápidamente ellas dos se dieron un fuerte abrazo, pues siempre ha habido muy buen rollo entre ambas, aunque creo que a mi sobrina le gusta algo más que como tía... ya que ella es bisexual y mi mujer le pone, no hay más que ver lo contenta que se pone cuando está junto a ella.

Yo, mientras tanto, me pedí otra copa y me puse a disfrutar del show que me ofrecían ellas dos... mi esposa, bastante liberada y con alguna copa encima se soltaba meneando el cuerpo con Sara, unas veces bailando juntas, otras enredadas en una bachata de lo más sugerente, juntando culos o abrazándose y provocando a los hombres que había alrededor. Y yo todavía más cachondo como espectador, viendo ese juego de ambas y de todos los tíos que soñaban con ellas.

En un momento dado, Leidy se acercó a la barra y me dio un beso tierno en los labios.

- Uf, cielo, ¿has visto a Sara? No hay quien la pare - me dijo dándole un trago a mi copa.

- Si, ya te os he visto a ambas, hacéis buena pareja de baile. ¿pero por qué has vuelto?

- Voy al baño... ahora regreso.

Mi esposa se fue meneando su trasero y moviendo su cuerpo al son de la salsa que estaba sonando en ese momento, mientras yo veía las cabezas de los hombres volviéndose a su paso.

- Hola, tío, estoy sedienta – esta vez era Sara la que se había acercado a la barra, para quitarme la copa y darle un buen trago, dejándome la copa casi vacía.

- Estás más que sedienta. - dije riendo y con el doble sentido.

- Uf, sí, y algo borracha, pero tu mujer es una bomba.

- Si, en cuanto se pone a bailar no para... - dije sonriendo, pues a mí precisamente el baile no me va mucho.

- Y es que es tan sensual.

- ¿Leidy? - pregunté.

- Claro, es una mujer explosiva, bueno, no hace falta que te lo diga, no sólo tú la miras, ya ves cómo están los tíos a su alrededor.

- Bueno sí, me gusta cómo la miran.

- ¿Te gusta que la deseen?

- Pues sí, no te lo voy a negar, es una sensación rara, como de saber que ella es mía.

- Pues la podrías compartir conmigo.

- Jajaja... Sara, cómo eres.

- Estoy hablando en serio. Me encantaría tener algo con ella.

- Pero Sara...

- ¿A ti te gustaría, Arturo? - me preguntó de sopetón y mirándome fijamente a los ojos.

Mi sobrina me estaba diciendo si desearía verlas juntas, ¿follando?... yo me quedé algo bloqueado, pero el sólo hecho de escucharle decir eso, me la puso bastante dura... me estaba excitando con esa idea, imaginándolas haciendo algo más que un baile sensual.

- Hola, ¿de qué habláis? - dijo entonces Leidy apareciendo en ese instante agarrándose a mi brazo... y frotando sus tetas con él. Sin duda, estaba cachonda, pues la conozco bien.

- Le estaba diciendo a tu esposo, que bailas de maravilla y tienes loco al personal, incluyéndole a él... y a mí. - apuntó de repente Sara mirando con descaro al escote de su tía.

Aquellas palabras impactaron de nuevo en mi cerebro, pero creo que también en el de mi esposa que se sintió turbada, pero al mismo tiempo halagada por eso.

Tras apurar ambas mi copa, las dos mujeres volvieron a la pista y así estuvieron un buen rato, ofreciéndome una vista increíble, incluso cuando tenían que quitarse de encima a algún pesado que se les arrimaba demasiado. No hacía falta que yo interviniera, pues ellas mismas se valían tanto para calentarles como espantarles.

A eso de las cuatro de la madrugada, el local daba por finalizada la música y ellas parecían no tener fin, el caso es que Sara acabó bastante afectada por el alcohol y mi esposa y no queríamos que volviera sola en esas condiciones a casa. A duras penas tiramos de ella para sacarla de la disco, meterla en un taxi y acompañarla, pues a esas horas y debido a su estado, no podíamos dejarla tirada... así que llegamos y le ayudamos a subir a su apartamento.

Cuando mi esposa, por fin pudo ponerla en una postura más o menos cómoda en su cama, Sara, que hasta entonces estaba medio dormida, abrió los ojos y le dio un tierno beso en los labios a mi mujer, mucho más largo de lo que ella esperaba y mucho más corto de lo que yo hubiera querido... aquello se me quedó grabado a fuego y mi polla enseguida se puso dura.

Cuando sus labios se separaron, mi mujer la miraba con cara extraña, pero se podían ver sus pezones marcados bajo la tela de su blusa.

- Gracias, tía, eres la mejor - apuntó Sara con la voz tomada y los ojos vidriosos, pero aun con fuerza para ver ese escote y los pechos de Leidy colgando ante sus ojos.

- De nada cielo... descansa. - respondió mi mujer.

- Tendrás que desnudarla, no vas a acostarla vestida - apunté yo como si tal cosa.

Leidy me miró primero y luego lo hizo a nuestra sobrina que estaba tumbada boca arriba en la cama, como si hubiera caido del cielo... y que afirmó con la cabeza, corroborando lo que yo decía y lo que ella parecía incapaz de hacer por sí misma.

En ese momento, mi mujer empezó a sacarle a duras penas los tacones de sus pies y a renglón seguido ese vestido fucsia tan ajustado a su cuerpo, lo que hizo descubrir, a medida que subía que solo llevaba un pequeño tanga negro y nada más, pues no se había puesto sostén. Las tetas de mi sobrina saltaron jubilosas cuando el vestido se desprendió por su cabeza, con poca ayuda por parte de Sara... que no sé muy bien si estaba realmente borracha o se lo hacía. Mi mujer se quedó fijamente en sus tetas y yo mismo, viendo aquellas protuberancias de Sara que se movían como flanes y por fin, en esa postura le echó las sábanas y el edredón y tapó su cuerpo semi desnudo.

Cuando la dejamos en la habitación a solas yo estaba excitadísimo, pero Leidy no lo estaba menos y en cuanto cerramos la puerta se abalanzó sobre mí y me besó con todas las ganas. Yo... ¿qué iba a hacer? Estaba tan cachondo que nos fundimos en un abrazo y en poco tiempo estábamos desnudos sobre el sofá siguiendo con ese beso loco y apasionado y algo mucho más fuerte.

- Joder, cariño, cómo estás. - le dije viendo como mordía mis tetitas y yo pellizcaba también sus pezones.

- Calla y bésame - decía la otra con los ojos cerrados abriendo su boca y buscando con su lengua la mía.

Un minuto más tarde mi mujer arrodillada en el suelo me estaba haciendo una mamada como pocas veces... si bien ella la chupa con muy buen estilo siempre, en esa noche lo hacía especialmente bien, dedicándose a cada rincón de mi polla, con sus labios, con su lengua y hasta ligeramente con sus dientes... me chupó ambos huevos, lamió toda la longitud de mi miembro y se lo tragó por entero haciéndome temblar de gusto, sin importarnos estar en el apartamento de nuestra sobrina mientras esta dormía su borrachera.

No quise continuar sin antes hacerle lo mismo a Leidy y deteniendo su enérgica mamada, cambiamos las posiciones para sentarla en el sofá y ponerme esta vez yo arrodillado frente a sus piernas abiertas y empezar a lamer su coño, que estaba empapado. Los gemidos de mi mujer eran atrapantes y no sé si el efecto de las copas, el hecho de hacerlo en un lugar prohibido, la noche loca con Sara, ella se dejaba llevar por aquellos gemidos tan intensos. Estaba tan cachonda que casi cómo una súplica me dijo.

- ¡Fóllame, Arturo! - hasta me sorprendió que lo dijera tan alto sin importarle en dónde estábamos

Me incorporé y apuntando mi polla a su dilatada y empapado coño, se la clavé hasta el fondo, arrancándole una especie de grito mezclado con un intenso jadeo. Yo estaba en la gloria, viendo a mi mujer tan fuera de sí, disfrutando de mí, como nunca, pero en el fondo yo sabía por quién era y lo que tenía en su mente mientras lo hacía conmigo... aunque ella nunca lo querría reconocer, se había puesto así con aquellos bailes con Sara, acostándola, besándola, desvistiéndola... Si bien siempre había fantaseado con Leidy follando con otro tipo y eso me enardecía, a pesar de estar seguro de que ella nunca aceptaría tal cosa, pues me es absolutamente fiel, pero el hecho de saber que lo podría hacer con otra mujer era todavía más fuerte, más morboso y excitante... como el sueño que podría hacerse realidad en algún momento.

- ¡Joder cariño, sí que te ha puesto Sara! - dije cuando yo arremetía con ganas follándola a tope.

En ese momento Leidy abrió los ojos y con los labios temblorosos soltó un largo gemido corriéndose entre hipidos... lo que hizo que yo mismo lo hiciera a continuación extasiado con esa imagen de mi esposa tan entregada y excitada.

Unos minutos después nos estábamos vistiendo entre risas...

- Estamos locos. - dijo ella por el hecho de habernos dejado llevar por esa lujuria extrema.

- La noche lo pedía. - apunté yo, sin hacer referencia a mi sobrina, pero sin duda ella había sido artífice de ese increíble momento.

Al rato, cerramos la puerta del apartamento y buscando un taxi, regresamos a casa sin mediar palabra, pero de reojo veía a mi mujer pensativa, como si el morbo o el momento vivido junto a Sara y después conmigo, le hubieran llevado a un descontrol total, como acabó siendo.

A la mañana siguiente, mientras desayunábamos le pregunté a Leidy qué tal había pasado la noche y como quien no quiere la cosa, volvimos a comentar la locura que hicimos en el apartamento de mi sobrina, pero también incidí en lo que ello había supuesto desde aquellos bailes sensuales en la pista.

- La verdad es que Sara, es pura sensualidad, ¿verdad? - dije mientras sorbía mi café.

- Pues sí... les tenía locos a todos en la pista de baile. - contestó mi mujer.

- A todos y a todas.

- Bueno sí, que Sara también...

- ¿Y tú?

- ¿Yo qué?

- Que te pone mi sobrina. - dije sin miramientos.

- ¡Qué tonto eres!, ¡A mí no me gustan las tías!

- Bueno, con Sara es diferente.

Mi mujer negaba y en cierto modo se tomaba como a broma lo que yo le decía, pero en el fondo ella estaba disimulando, haciendo que se le quemaban las tostadas o buscando mantequilla, pero sin ser capaz de reconocer que lo que yo le decía era cierto... pero tampoco quise “forzar la máquina” y debía comprobarlo de otra manera que no fuera asustándola o poniéndola contra la pared. Seguramente ella misma se negaba a la realidad, porque había quedado claro cuanto se atraían y ¿por qué no decirlo? Cuánto me gustaba a mí la idea de volver a verlas así y ganar yo con ese erótico juego.

El resto del día estuve dándole vueltas a ese momento tan especial de Leidy con Sara en la pista, con aquellas escenas que venían a mi mente una y otra vez, con sus cuerpos pegados, aquellos bailes tan ardientes, tan sensuales... luego cuando llevamos a casa a Sara, acostarla, desnudarla y ese beso suave y robado que se dieron por un instante, me dejaron absolutamente loco.

Mientras Leidy se daba un baño relajante, cogí el teléfono y llamé a mi sobrina.

- Hola, tío, ¿qué tal todo? - me preguntó al otro lado Sara, con su simpatía y energía de siempre.

- Bien, ¿y tú? ¿Cómo te encuentras?

- Bastante bien, estoy de compras en el centro comercial... oye, por cierto, la verdad, es que tengo que agradeceros que me llevarais a casa, pues me bebí todo...

- Si, ibas muy cargada y casi no recordarás nada.

- ¿Hice algo indebido? - preguntó riendo.

- No, al contrario... no sé si recuerdas que le diste un beso a Leidy.

- Eso si lo recuerdo. Me encantan sus labios. Tu mujer es tan sexy...

- ¡Vaya!

- ¿Te molestó, tío?

- No, Sara... al contrario... ¡todo lo contrario!

Mi sobrina tardó unos segundos en contestar, hasta que dijo.

- ¿Te excitó ver eso entre nosotras?

- Mucho...

- Uf, me pongo cachonda con sólo saberlo.

- Bueno, yo creo que ella no...

- ¿Ella no qué? - dijo de pronto.

- No sé, se dejó besar, pero no le gustan las mujeres.

- Jajaja... qué poco perspicaces sois los hombres...

- ¿Por?

Mi sobrina hizo otro silencio, en parte para que yo recolocara en mi mente las ideas.

- Porque estoy seguro de que mi tía iría mucho más allá. - soltó a bocajarro.

Fui yo el que hizo otro silencio intentando asimilar eso para acabar diciendo con la voz temblorosa:

- No, Sara, creo que fue el alcohol, el verte así a ti, no sé... se sintió casi obligada.

- Te aseguro que no. ¿Te gustaría comprobarlo, tío?

- ¿Cómo?

Mi sobrina calló y entendí que quería que le dijese si yo estaba dispuesto a ver algo más que un beso entre ellas.

- Si, claro, pero no sé yo... no creo que... - dije.

- ¿Te gustaría que follásemos nosotras, tío Arturo? - preguntó totalmente lanzada.

- Uf, Sara... - dije notando cómo crecía mi polla por momentos bajo mi pantalón.

- ¿Sí o no, tío?

- Claro... me volvería loco.

- Pues con tu aprobación, me voy a volver loca... y creo que la tía Leidy también.

Al colgar la llamada estaba muy excitado, sin saber qué planes tenía Sara, pero dándole vueltas a esa posibilidad que había dejado caer mi sobrina, sin creer que Leidy pudiera hacer algo más o incluso si mi mujer no había hecho nada, en parte por mí, por estar yo presente. Lo que estaba claro es que Sara no hablaba en bromas y al descubrir que yo estaba no sólo de acuerdo, sino dispuesto a disfrutar de eso al máximo, se la veía más que animada a llevarlo a cabo. A pesar de mis reticencias, la sola idea de saber eso, me excitaba al máximo.

- ¿Con quién hablabas? - dijo de pronto mi esposa saliendo del baño con una pequeña toalla envolviendo su sinuoso cuerpo.

- No, era una confusión. - respondí lo primero que se me ocurrió.

Justo al cabo de unos minutos, cuando Leidy estaba frente al espejo del baño secándose el pelo, sonó el timbre de la puerta. Miré a mi esposa que había detenido el botón del secador de pelo, pues no esperábamos visita.

Al abrir la puerta, mi sobrina entró como una exhalación cargada de varias bolsas de tiendas de marca, vestía una blusa ceñida y unos pequeños shorts que marcaba su prominente culo. Estaba preciosa.

- ¡Hola, tíos!

- ¿Sara? - dijimos Leidy y yo a la vez, sorprendidos por su inesperada visita...

- ¿Qué pasa? ¿Todavía os dura la resaca? - soltó ella risueña dejando las bolsas sobre el sofá

Primero se acercó a mí dándome dos besos y luego se acercó a mi mujer que todavía estaba plantada en medio del salón mirando a Sara. No sé por qué, pero me pareció ver una pequeña sonrisa, parecía que se alegrara de tenerla ahí. ¿y si mi sobrina tenía razón?

- Estaba pensando en vosotros. - dijo Sara – bueno, tío, no te enfades, estaba pensando en ella. - añadió señalando a mi esposa.

- ¿Y eso? - pregunté haciéndome el despistado, pero sin saber muy bien las intenciones de mi sobrina.

- Pues porque me he comprado unos trapitos en las rebajas, pero me están pequeños y creo que a la tía le irán de maravilla.

En ese momento sacó un conjunto de lencería muy atrevido, de color verde claro, compuesto por un sostén, un pequeño tanga y medias con liguero.

- Huy, eso es muy atrevido para mí, cielo – dijo Leidy viendo que mi sobrina se acercaba a ella.

- ¿Bromeas? Estás buenísima y con esto lo vas a estar aún más - comentó Sara.

- No sé yo...

- ¿A qué si tío Arturo? - dijo Sara volviéndose a mí y mostrando ese pequeño conjunto que colgaba de una pequeña percha.

- Por supuesto que si - aporté y noté que mi polla palpitaba dura bajo mi pantalón.

- Pues a probártelo. - añadió resuelta Sara.

En un momento Leidy me miró confusa, pero yo afirmé al momento sonriente y excitado.

- Bueno, me lo pruebo, pero no creo que... vamos a la habitación. - dijo Leidy apurada.

- No, no, mejor aquí. - apuntó mi sobrina.

- ¿Aquí?

- Si, claro, tu marido estará encantado de verte, necesito también su opinión. Si no te gusta lo devuelvo y ya está, pero son prendas carísimas que están muy rebajadas.

Sara se volvió y me guiñó un ojo sabiendo que Leidy no la veía. Aquella coartada era más que plausible, aunque la otra seguía llena de dudas.

- Si, cariño, pruébatelo aquí. Ya te he visto desnuda muchas veces, jeje... - apunté yo queriendo animar sus dudas – y Sara no se va a asustar.

Mi propia sobrina no dejó tiempo a más preámbulos y tirando de la toalla dejó desnuda a mi esposa en medio del salón.

- ¡Guau!, ¡Qué cuerpazo! - dijo mi sobrina mientras mi esposa se había vuelto a quedar en shock ante esa vehemencia de Sara

Realmente el cuerpo de mi mujer es increíble y creo que nuestra sobrina lo veía al desnudo por primera vez, admirándolo en cada detalle, desde sus pezones, su tripita, sus muslos hasta el ensortijado pelo de su pubis.

A renglón seguido, desató el sostén de la pecha y poniéndose detrás de mi mujer le fue colocando la pequeña prenda y guiándome de nuevo un ojo detrás de ella. Sus manos colocaban esa delicada tela que bordeaba sus grandes pechos y sus dedos juguetones intentaban colocar los duros pezones dentro del sujetador, algo que hacía temblar a mi esposa, lo notaba en el brillo de sus ojos, en sus sonrosadas mejillas y en el brillo característico de su sexo cuando está cachonda.

El siguiente movimiento de Sara era el de colocar las medias y para ello se puso frente a mi mujer que tenía su sexo totalmente expuesto y aunque algo apurada, entendía que entre mujeres aquello era de lo más normal, algo que desde luego a mí me resultaba explosivo y eso que ya tenía a mi mujer muy vista. Mi sobrina parecía recrearse mientras se ponía en cuclillas frente al cuerpo de mi esposa que esperaba anhelante.

Las manos de Sara subían por las piernas de Leidy lentamente, haciendo esos movimientos a cámara lenta, disfrutando de sus rotundos muslos, hasta enganchar las medias en los ligueros... pero ella seguía sin braguitas, apurada y mirándome de vez en cuando sin saber cómo reaccionar.

- ¿Sabes que tienes un coño precioso? - comentó de pronto Sara mirando hacia su entrepierna desde cerca y con ese descaro suyo.

- Uf, ¿sí? - note la voz entrecortada de mi mujer.

- Ya lo creo... si quieres algún día te lo recorto. - afirmó mi sobrina.

- No sé...

- A mi desde luego me gusta comerme coños bien depilados...

Las mejillas de mi mujer ardían y seguramente las mías también.

- Arturo, ¿no crees que estaría mejor sin pelitos? - me formuló mi sobrina la pregunta, pero era más bien un deseo suyo, aunque no niego que a mí también me seducía la idea, aunque mi mujer siempre me regalaba ese capricho.

- Sí, ya se lo he pedido, pero nunca quiere. - comenté.

- Bueno, porque tengo miedo a que me cortes ahí. - reclamó mi esposa dejándome confuso por su excusa.

- Si es por eso, yo soy muy cuidadosa. - sentenció Sara mordiéndose el labio inferior.

En un abrir y cerrar de ojos, Sara acudió al baño y regresó con todo lo necesario para rasurar el coño a mi mujer, que seguía roja, apurada, casi sin creerse lo que estaba sucediendo.

- Siéntate en la mesa. - ordenó Sara a mi mujer.

- Pero... - intentó decir algo señalándome como si el hecho de estar yo presente fuera un impedimento.

- Que el tío se quede y así aprende. - añadió Sara sacando ligeramente su lengua de forma burlona.

No sé si me producía más morbo el hecho de ver a mi mujer prácticamente desnuda, sentada sobre la mesa, el hecho de verse tan entregada a Sara y hacer, con tanta decisión, algo que tantas veces yo le había pedido y se había negado. Estaba claro que mi sobrina era el detonante a verse así de suelta, porque esta vez no era producto del alcohol... Me senté en el sofá y esperé expectante a ver qué ocurría en ese instante.

CONTINUARÁ...

Arturo & Sylke