El encuentro - 01
Llevan cinco años desnudándose por escrito. Ahora, las cortinas están abiertas y las terrazas están a pocos metros. ¿Quién se atreverá a cruzar la línea entre la mirada y el tacto?
Ya era casi media noche y estábamos a punto de cerrar la conversación, cuando Armand, como hacía de vez en cuando, se le ocurría la misma pregunta:
- No te parece que algún día deberíamos conocernos?
- ya te he dicho más de una vez que no me gusta lo de la cam, y ya te he enviado alguna foto, creo que me has visto casi desde todos los ángulos.
- no, me refiero en persona, aunque solo sea sin saludarnos, coincidir algún día en algún sitio.
Llevábamos enviando correos, nuestra forma habitual de comunicarnos desde hacía casi 5 años, unas conversaciones por chat en alguna ocasión, y el envío de fotos, alguna casi excesivamente atrevida, pero nos bastaba con eso para haber creado un clima de confianza y amistad, mezclada con un poco, o bastante mejor dicho, picante y hasta atrevimiento tanto en lo que nos decíamos como en lo que sugeríamos.
Puede que tuviera razón, me gustaba como era y se notaba una exquisita educación y respeto en todo, aunque poco a poco habíamos derivado en una complicidad casi sexual en nuestros escritos, a veces desvergonzados y otras directamente de tipo sexual, y el hecho de habernos enviado fotos casi desnudos o en bikini, era más que una señal de exhibicionismo, una prueba de la confianza que ya nos teníamos.
Puede que no fuera descabellado el organizar un encuentro y conocernos en persona, cosa que alguna vez debería de ocurrir: la relación epistolar ya casi no daba para más avances y puede que esto fuera después de todo el paso siguiente y casi obligado para llegar a una etapa nueva en la que la escritura fuera más precisa cuando sabes cómo es la persona a la que se la dedicas.
El problema, más o menos, eran nuestros cónyuges respectivos, que nos habían visto escribir ante la pantalla, que suponían que era una distracción inocente y que no sabían nada de hasta donde habíamos llegado en nuestra relación, incluso desconocían que nuestro corresponsal era un hombre en mi caso y una mujer en el suyo.
Acepté al final y comenzamos a urdir un plan para vernos en un sitio neutral, que al final sería en un hotel o apartamento en la costa, en algún lugar de playa, que escogeríamos con cuidado para que sirviera a nuestros planes y donde hubiera facilidades para poder conocernos sin llamar la atención a nuestras parejas.
Y encontramos el hotel más o menos como queríamos y a casi la misma distancia de los dos. Fácil de llegar, discreto y alejado lo suficiente de las aglomeraciones de la costa y cómodo y tranquilo. Lo difícil fue cuadrar las fechas pero al final arreglamos todo, y en la fecha prevista salimos de casa con todo lo necesario para pasar unos días de relax y supongo que Armand con esperanza de algo mas mundano, aunque yo no le había asegurado nada.
No obstante, en mi interior estaba dispuesta a todo, si había accedido al fin, era por algo más que curiosidad: quería hacerlo, conocerle, y todo lo que surgiera entre los dos al fin en esos días, y dejé todos mis prejuicios en casa y partí con la idea de hacer todas las locuras que fueran necesarias para conocernos y a fondo de verdad.
Mi marido estaba contento, le gustaba siempre una semanita o dos de alejarse de todo, sentarse, leer, vaguear y no hacer nada, siesta y comidas sin ir muy lejos del hotel, y allí había de todo eso, y supongo que Armand había también preparado a su mujer para intentar tener algunos artos para nosotros dos, y la excitación de lo prohibido, de lo difícil, nos excitaba a ambos hasta el mismo día que partimos.
Yo tenía la idea muy clara de donde quería la habitación, en la zona más alejada de la piscina, lejos del bullicio, y con dos hileras de apartamentos enfrentados con una pradera y grandes árboles entre ambos, y así lo pedí cuando nos presentamos en recepción. Y nada más entrar en la habitación le envié un mensaje a Armand para decirle el número y que él pidiera una o bien al lado o bien enfrente, donde pudiéramos vernos y saber cuando llegaba.
Y justo cuando acababa de deshacer el equipaje y colgar todo en los armarios, recibí un timbrazo en el teléfono, la señal convenida para anunciarme que ya estaban en la habitación.
Dejé sobre la cama la ropa arrugada del viaje y busqué unas braguitas en el armario recién estrenado para ponerme y salir al balcón, como habíamos convenido, y confirmar que estábamos en el apartamento y el número de cada uno. Mas que una braga era un tanga, con un pequeño triangulo delante, otro más pequeño aun por detrás y una finas tiras que sujetaba todo en su sitio. Y Salí al balcón a tumbarme en la hamaca que habíamos colocado allí.
Mi marido sonrió y me dijo algo de que empezaba bien pronto, y se fue a guardar el coche que habíamos dejado a la puerta para hacer el checkin. No sé si refería a lo de tomar el sol, o a ponerme casi en pelotas para ello, pero en cualquier caso daba lo mismo. Agarré una revista y de vez en cuando miraba a las terrazas de enfrente, para ver si se veía a Armand en una de ellas, y al final me puse a leer, porque daba igual, lo importante era que me viera y supiera que estábamos allí ya.
Regresó mi marido al rato y me encontró así, con el culo casi al aire y una revista en la mano, aprovechando el sol de la tarde, pero se metió en la habitación y me soltó: vaya, tienes un admirador ahí enfrente. Me dio un vuelco el corazón, le había visto antes que yo, y no supe que contestar, solamente me le quedé mirando un instante, y regresé a mi revista, aunque supongo que Armand esperaba alguna reacción mía de que le había visto.
- a que no atreves a enseñarle algo más?
Ese reto era casi una proposición que me hacia cuando estábamos en la playa o en algún lugar público, y se había convertido en una costumbre que yo aceptaba y acababa por demostrar que sí era capaz, haciendo alguna exhibición que el disfrutaba al verme así expuesta y con la gente mirando.
Sin contestar, me puse de frente a la ventana y abrí las piernas, sintiendo reír a mi marido dentro de la habitación, y me confirmó que ahí seguía y ahora con unos primaticos para verlo en detalle, a pesar de lo relativamente próximas que estaban unas terrazas de otras.
- siii, jajaja, y hasta se ha atrevido a buscar como verte mejor.
- shisttt, calla, no me lo espantes.
De vez en cuando me abría un poco la braga, para dejar que viera algo más, y al final me cansé, no fuera a hacer alguna tontería porque no estaba muy segura de si había visto llegar a mi marido y podía ser que creyera que estaba sola. Me levanté con cuidado, para que se viera bien mi culito desnudo adornado solamente por esas finas tiras en la cintura y entré en la habitación, pensando en cerrar las cortinas, pero Jorge me retuvo.
- déjale, vamos a jugar a estar todo este tiempo sin cortinas, lo mismo ellos se contagian también y nos divertimos los cuatro.
No tenía ningún inconveniente en hacerlo, aunque él no sabía que yo jugaba con ventaja, porque sabía quién era mi mirón, y es más, el espectáculo era en su honor, pero hice de nuevo como si aceptase el reto, y dejé las cortinas en su sitio, Salí de su campo de visión y me abracé a mi marido:
- de verdad te gusta jugar a eso? Todavía sigues con esas manías?
- tú sabes que sí. Me pone, me gusta que los demás te admiren
- bueno, pues ya sabes que a mí no me importa, espero que no nos asalten una noche por haberle excitado demasiado.
Ya habíamos hecho eso alguna vez en otros hoteles, pero nunca con las terrazas tan cerca y además era algo puntual, me decía: a que no sales así a la terraza? o: péinate en ese espejo junto al balcón, que se vea desde fuera. Y yo lo hacía para darle gusto, porque ni miraba si había alguien fuera, que la mayoría de las veces era que no, pero le gustaba que fuera atrevida y no me importaba hacerlo si a él le gustaba y calentaba.
Pero ahora había cambiado, quería que me lo dijese, deseaba que fuese él quien me lanzase a mostrarme más, porque en este caso tenia identificado al objetivo a quien iba dirigido todo el espectáculo, y además pensaba que se iba a sorprender, yo que nunca había aceptado a posar en la cam, que ahora fuese la que empezaba el juego sin que por una vez pidiese verme. No sabía si estaba allí, imagino que una vez comprobado que era yo y haberse visto sorprendido por las vistas habría entrado en su habitación también para ducharse y arreglar sus cosas, pero no quería mirar para comprobarlo, prefería que todo pareciese natural y no hacer sospechar a nadie que nos conocíamos, porque además él tampoco estaba solo, y no sabía cuál sería la reacción de ella si le pillaba mirando y a mi exhibiéndome.
Y continuamos así el resto de la tarde, fuimos a recorrer los alrededores, llegamos hasta la playa y regresamos al apartamento para arreglarnos antes de bajar a cenar. Yo quería ducharme, venía llena de arena de pasear descalza y antes de encender la luz miré por el balcón y vi la luz encendida en el apartamento de enfrente.
Bien, seguiría con lo que habíamos concertado, aunque esta vez no me lo tuviese que rogar o avisar, abrí del todo las cortinas, me desnude y me fui a la ducha para regresar ya limpia y colocarme ante el espejo que estaba en la puerta del armario, justo delante de la terraza y dejando la toalla encima de la cama me peiné meticulosamente, sin querer mirar hacia fuera, y fue Jorge quien me avisó de que el vecino no perdía ojo, reclinado sobre la barandilla de su terraza.
Le di todo un espectáculo, vistiéndome con tranquilidad y volviendo para un lado y otro para que tuviese vistas desde todos los ángulos.
Le vi de nuevo en la cena, su mujer era muy guapa, rubia y alta, y hacían buena pareja, pero no quise forzar que nos sentáramos a su lado, solamente seguí a Jorge que nos colocó dos o tres mesas mas separados y le tuve que dar la espalda. Creo que fue mejor así, tal vez fuera más discreto y menos evidente que no empezáramos tan pronto y que fuera él quien tomase la iniciativa.
Ya veríamos mañana…
* * *
Estábamos casi llegando al hotel, buscando la entrada cuando sonó el pitido de mi teléfono. Era la señal convenida con María José de que ya estaban en la habitación, y miré el mensaje cuando paré el coche junto a la puerta de recepción: solo había un número, el de su habitación.
Pedí un apartamento próximo, al lado a ser posible, pero justo al lado no había. Y enfrente? Enfrente justo, sí, había varias y escogí la que me pareció mejor. Mi mujer se extrañó por esa decisión: en ese lado da el sol por la tarde, por si queremos salir a la terraza al sol.
Le pareció bien, se había acostumbrado pronto a mis cosas, y además le daba igual un sitio que otro, de modo que subimos al cuarto y se puso a deshacer el equipaje y colgar la ropa mientras yo salía a la terraza a ver si veía a María José en el cuarto de enfrente, más o menos como habíamos quedado, para el primer contacto visual, después de tantas conversaciones o fotos, y que nunca conseguí verla en directo.
Y si, allí estaba, en bikini, sin sujetador y tumbada al sol en la terraza, con una revista en la mano. Me quedé mirándola aprovechando que estaba distraída y no se había dado cuenta de mi presencia. No era un bikini, era un tanga lo que llevaba puesto y además parecía braga, la parte de delante se veía clarito, como si fuera transparente. Me gustaba verla al natural, casi desnuda, no era muy alta, pero tenía un cuerpo proporcionado, el culo redondito pero sin sobresalir, el pecho aplastado por la postura pero aun firme con un pezón chiquitito, y una curva suave en el vientre, que hacia mas redondito todo el conjunto.
Entré a por los prismáticos, y aproveché que mi mujer seguía con sus cosas para mirar con más detalle, y la vi encantadora en su postura lánguida y desinhibida, en una terraza con cristalera y casi desnuda ante todo el que pasara por allí. La verdad es que había escogido bien la situación de los apartamentos, al final de la hilera del conjunto, no muy cerca de la piscina y con una pradera entre las dos filas de balcones y arboles muy altos que daban buena sombra y permitían circular el aire con soltura por toda la zona.
Una figura pasó fugazmente por la visión detrás de la hamaca donde estaba tumbada y me asusté, escondiéndome un poco detrás de la cortina, pero fue un instante, y ella enseguida se dio la vuelta y se mostró de frente a mí, y aun mejor, abrió las piernas generosamente par darme facilidades en mi observación.
Si, era una braga tipo tanga, sus piernas abiertas me permitían ver con facilidad la tela trasparente, el vello ligero que ensombrecía un poco y apenas tapaba una línea oscura formada por los labios juntos y que me hubiera gustado estar junto a ella para poder abrir y ver y oler más en su interior sonrosadito. La braga no cubría todo el vientre o ella aposta la había movido para que se pudieran casi contar los pelitos de su pubis, de un color claro y cortitos que como había visto antes, eran casi una sombra sólo, pero dejaban ver toda esa parte intima con absoluto detalle.
Estuvimos así un ratito jugando, ella se movía, o abría un poco la braga, como para recolocarla y dejándome ver más carne por un lado o más detalle por otro, hasta que oí a mi mujer decir por detrás que donde ponía las maletas ya vacías, y tuve que cerrar y abandonar el espectáculo y guardar los prismáticos, que la distancia que separaban ambas terrazas la verdad es que apenas lo hacían necesarios mas que para ver con todo detalle algo, como yo había hecho.
No les volví a ver después, pensé que se echarían la siesta un rato, como nosotros, así que estuvimos un tiempo en la piscina algo más tarde, cuando el sol pegaba menos y justo cuando recogíamos para ir a ducharnos, aparecían ellos con una pequeña bolsa dirigiéndose hacia su habitación.
Miré de nuevo por la terraza mientras mi mujer se duchaba y arreglaba, y sí, allí estaba y al igual que nosotros, ella se duchaba antes, y por la hora tenían todas las luces encendidas. La pillé justo cuando se estaba despojando de las bragas para ir al baño, y pensé que se acabaría el espectáculo, pero supongo que debió ver las luces en nuestro cuarto, tras las cortinas, y dejo todo abierto, espero que a propósito.
Movía su culito al caminar hacia la ducha, los brazos levantados para recogerse el pelo con una goma tensaban sus músculos y lo hacían firme y duro, y volvía al estado redondo y relajado al bajar los brazos y caminar hasta meterse debajo del agua. Tampoco aquí cerró la puerta, la mampara de cristal dejaba adivinar casi con todo detalle su cuerpo húmedo, las manos recorriendo su piel para enjabonarse y los pechos elevándose al levantar de nuevo los brazos para lavarse el cabello.
Salió húmeda y desnuda, buscando la toalla y secándose sin cubrirse con ella y ahí me quedé, justo hasta que dejé de oír el agua en nuestro baño y deduje que era mi turno. Menos mal que estaba solo en el baño, porque el tamaño de mi pene era descomunal, y pensaba que lo tendría así toda la noche y que nada conseguiría que bajase mientras tuviese en mi mente las imágenes anteriores.
Estábamos ya sentados en el comedor cuando aparecieron ellos, pero no me atreví a llamarlos para que se sentasen con nosotros, ella iba detrás de su marido y se colocaron unas mesas mas allá. Iba muy veraniega, con un vestido muy cortito de una pieza que dejaba al aire sus piernas al sentarse, y aunque esto era lo normal en todas las mujeres en ese momento, a mi me parecía la más sensual de todas, la que tenía las piernas más bonitas y con la que me hubiera gustado sentarme para tener más cerca y poder observar con detalle ese par de monumentos.
Y la tarde acabó con ese imagen grabada en mi mente, y la idea de que tenía que hacer algo para estar más cerca, que debía ser yo quien rompiese la barrera de las parejas, pero sin que pareciese sospechoso de que lo estuviera haciendo a propósito, y además tenía que intentar ganarme la confianza de él para que todo pareciese natural, pero la solución la encontró ella, cuando a la noche, mientras paseábamos por la arboleda al pie de los apartamentos y desde allí se veía como apagaba la luz de la habitación, tuvo tiempo de enviarme un mensaje diciendo a qué hora bajarían a desayunar y que intentase sentarnos en nuestra mesa, que ella intentaría reservar.
Cuando regresamos a dormir, ya su luz estaba apagada, solo una pequeña claridad delataba que aun estaba despierto uno de los dos, y con el teléfono encendido que daba un aire de penumbra a toda la habitación, pero no dejaba ver quien era quien. Oí el sonido del timbre cuando ella recibió el mensaje de que estaríamos a esa hora y entonces apareció mi mujer y se colocó a mi lado en la barandilla de la terraza.
- has visto a esos? Se lo pasan desnudos casi todo el rato
- pues… no me he fijado, las veces que yo he salido no había nadie.
Y justo entonces una sombra, un cuerpo pequeño apenas iluminado por la luz del teléfono que ya se iba apagando, se levantó para cerrar las cortinas.
- pues… yo creo que ahora estaba también desnuda.
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