Camping con matrimonios amigos maduros
La tienda de campaña es un espacio íntimo donde el sueño de Carlos es la única barrera. Cuando Irene se aparta de su marido y se pega a Pelayo, el silencio se rompe solo con el sonido de la respiración contenida y el roce de la piel. No hay testigos, solo el riesgo de ser descubiertos y el placer prohibido de lo que no deberían hacer.
Para poder desarrollar correctamente este relato, tengo que poner en antecedentes. Carlos e Irene son una pareja de 42 años los dos, que son muy amigos míos, sobre todo Carlos y a ella la conocí por ser novia de él, luego se casaron. Carlos físicamente es muy parecido a mí, la mayor diferencia es que él siempre lleva el pelo bastante largo. Irene siempre me atrajo y me gustó. Mide 1.65 como máximo, delgada, unas tetas con el pitón para arriba, que como hace toples la tengo muy vista, el culo respingo, con una forma de bombón y con el tanga se ve un culo muy deseable. El que sea pequeñita y tan bien hecha, la hace muy vistosa. A pesar de que si no fuera la mujer de mi amigo hubiera intentado follármela, al ser la mujer de mi amigo, jamás se me ha pasado por la cabeza y por lo tanto nunca le he hecho ni la más leve insinuación. Son la pareja que conozco con una compenetración total y se nota que se aman con locura, solo tienen un defecto como pareja, que Carlos es el mayor celoso que conozco, él lo sabe y le cabrea, pero no puede evitarlo. Por eso ella nunca da confianzas a ningún tío.Después de la pandemia sin embargo me di cuenta de que había un cambio en ellos, imperceptible para los demás menos para mí. Hasta un día que Carlos quiso hablar conmigo y se abrió.
- Estoy muy mal, estoy hecho polvo. Es que ni duermo y con alguién me tengo que desahogar. Que mejor que contigo Pelayo, además sé que no me vas a decir lo que quiera oír, que serás muy sincero. - La verdad que si te he notado raro o tendría que decir que os he notado raros. Qué es eso que te quita el sueño? - Pues que fallo en la cama. - Cómo fallas? - Sabes que cuando me contagié del covid estuve jodidísimo, que después de salir del hospital me quedó esa fatiga crónica, que sigo haciendo el mismo deporte, pero me cuesta mucho más, me quedo fuera de mí. - Si, pero eso te dijo el médico que se te iría pasando, que podía ser lento. - Ya, esa parte la tengo asumida, pero hay otra cosa, a la hora de tener sexo, me cuesta mucho conseguir la erección y no la consigo del todo, se queda un poco fofa y eyaculo muy rápido. - Poco te puedo ayudar o asesorar en eso, salvo que acudas a algún especialista que ahora hay muchos. - Ya estoy con médicos, que, aunque no hay ningún avance de momento, sigo haciendo lo que me dicen. Pero no iba por ahí. - Pues dime en que te puedo ayudar. - Nunca hemos hablado de intimidades, Irene es una mujer muy caliente y le gusta mucho el sexo, sin entrar en más detalles. Salvo que antes era de hacerlo todos los días y ahora pues de tarde en muy tarde y mal. Pero ahora no “reclama” nada y eso me hace sospechar de que alguien se la está follando. - Carlos no vayas por ahí, que es algo que no me creo. Irene nunca te lo haría, es más, antes te lo avisaría. Qué quieres que le pregunte? Porque si es eso paso. - No es eso, en ti confío, por eso quiero que la entres, pero sin llegar a consumar nada y que me lo cuentes. - Estás jodidamente mal de la cabeza. Ya te digo que NO lo voy a hacer y para mi esta conversación se acabó aquí.
Nuestra relación continuó igual y luego su actitud dio un giro de 180° porque me dice muy serio —Pelayo he reflexionado mucho, hasta con el psicólogo y quiero que hagas el amor con Irene. Así mato dos pájaros de un tiro, me enfrento cara a cara con mis celos y así Irene se da un alivio y no corro ningún riesgo que venga uno de fuera y me la levante, que sé que tu no me la levantarías— mi respuesta y más siendo él, quise que fuera sutil pero contundente —seguro que ni se lo has planteado a tu mujer y en estas lides que conozco muy bien, si la mujer no da el sí, todo lo demás son tonterías, pero es más, a cualquier otro seguramente le hubiera dicho que aceptaba, a ti no, porque con tus celos perderíamos la amistad en el mejor de los casos— estuvo un buen rato tratando de convencerme y que no se mosquearía ni conmigo ni con su mujer, al final también me contó que se lo propuso a Irene y esta le mandó a la mierda, además de montarle una bronca superlativa. A partir de ese día cada vez que nos encontrábamos insistía en los mismo y para quitármelo de encima le dije sentenciando el tema —cuando tu mujer diga que sí, entonces me lo planteare, que no quiere decir que vaya a decir que si—
Ahora voy con el momento chulería. Las parejas a las que me voy a referir físicamente están bien, se cuidan, unos más guapos que otros, pero con cualquiera de ellos se podría mantener una relación sexual. En una de nuestras comidas habituales de domingo, en una conversación de lo más banal, hay un reto de ir de camping un fin de semana, todo vino por un programa de supervivencia que hay en la tele. Jacobo en el fragor de la discusión con Mariano dice —NO TENÉIS COJONES DE IRNOS UN FIN DE SEMANA DE CAMPING— y Mariano responde a su reto —YA TE DIGO QUE PARA COJONES LOS MIOS, además de aceptar tu reto LO SUBO, nada de ir a un camping normal, nos vamos al camping de David y a dormir en tiendas de campaña, en el suelo— me partía de risa. David tenía un lugar en el campo para camping para colegios, etc. no era el típico camping y que lo tenía que reformar porque no le dejaban abrirlo al público.
El pique funcionó porque al reto se sumaron dos parejas más la formada por Jesús y Marta, Pedro y Lucia. Las que protestaron un poco fueron Silvia la mujer de Jacobo y María la mujer de Mariano. Luego por reírme me querían picar a mi —no me gusta dormir sobre el suelo existiendo camas muy cómodas, pero es que, además, ni tengo saco de dormir, ni tienda de campaña, ni ganas, jajajajajaja— al final acepto y digo si hay algún sitio donde alquilar tiendas de campaña y es cuando con mucha normalidad Carlos hace un ofrecimiento —no digas gilipolleces Pelayo, mi tienda es una quechua para tres y también tengo el resto de lo necesario— no me dejaron decir nada porque todos lo dieron ya por solucionado, la única que tenía cara de circunstancias era Irene. Ya que ellos iban a poner todo, iríamos en mi coche. Del resto de los que venían, eran parejas que siempre había pensado que podían ser swingers como mínimo y si no, por lo menos con mente muy abierta.
El jueves dos de la tarde quedamos todos para comer e irnos de fin de semana largo. Pedro y Lucia llegaran más tarde porque a uno de ellos les surgió un problema en el trabajo y a esperar. Mientras comíamos repasamos lo que llevamos por si algo se había olvidado, pero estaba todo correcto. Había mucho cachondeo, pero muy sano. Hasta Carlos estaba de mejor humor que últimamente, no así Irene que seguía con aspecto apesadumbrado. Una vez llegaron Pedro y Lucia, que se tomaron un pincho nos encaminamos a donde íbamos, no tardamos ni una hora, en ese tiempo Carlos no dejó de hablar conmigo e Irene iba recostada en su asiento, con gafas de sol y aunque miraba por el retrovisor, no le veía hacer ni un gesto, no sabía si en verdad iba dormitando o nos veía. Al llegar lo que podíamos ver no era nada alentador, había una casa grande que se veía que estaba en obras, aunque paradas. Menos mal que junto a una piscina que estaba sin agua, había unos aseos que funcionaban. Colocamos los tres coches estratégicamente por si nos hacía falta una iluminación extra en algún momento.
No perdimos el tiempo y nos pusimos a montar todo. Hubo complicación con dos tiendas y las terminé de montar yo, con lo que me preguntaron qué porque les había engañado diciendo que no había ido de camping y les tuve que decir —yo no he dicho que no haya ido nunca de camping, lo que dije y lo mantengo es que no me gusta dormir sobre el suelo existiendo camas muy cómodas, pero es que, además, ni tengo saco de dormir, ni tienda de campaña, ni ganas y luego me reí. Además, cuando he ido de camping era con chavalas de muy chaval y con una intención... jajajajajaja— no dijeron nada más y poco después estaba todo colocado. Otros habían ido por piedras grandes para hacer una buena fogata y por unos troncos para sentarnos alrededor de la hoguera. Para pasar esa primera noche habíamos llevado bocadillos. Mejor que los bocadillos estaba el vino que alguien había llevado, que nos hizo pasar de historias de miedo a situaciones de placer, que al final se trasformaban en sexo puro, duro y en algunos momentos muy “sucios”
A pesar del calor de la hoguera la noche se había puesto fresca, no fría. Irene y dos más dijeron que se iban a dormir por el madrugón que se habían pegado y porque tenían frío. Era muy tarde cuando nos acostamos el resto, me cogí una camiseta y un pantalón corto, me la puse fuera para dormir y debajo del pantalón corto no llevaba nada. Carlos se metió el primero e hizo moverse a su mujer que estaba dormida, quedando Irene en el centro. Era una micro colchoneta en la que apretados cabían bien tres personas. Le di la espalda a Irene y me eché a dormir. Lo que me despierta por la mañana es escuchar —JESUS, JOSÉ Y MARÍA, (luego en voz suave) y todo eso es suyo?jijiji— era Silvia que acompañaba a Irene a recoger algo a la tienda de campaña y mi rabo se había salido por un lado de la pernera y estaba con una erección de caballo. Me hice el dormido y cuando se fueron intenté que se me bajara la erección, era algo que me solía ocurrir con demasiada frecuencia.
Pasado un rato aparecí donde los demás, había sido el último en levantarme. Después de tomar un café dije que me iba a un peñasco conocido y rápidamente me encargaron el pan, Carlos dijo que se venía conmigo y nadie más quiso, me temía lo peor, pero no, Carlos se comportó y fuimos hablando del paisaje, el cambio climático y al final del fútbol, más concretamente del Valencia. Había sido un recorrido importante y cansado, nos fuimos hacia el pueblo por el pan y nos dijo el de la panadería que si esperábamos un poco saldría una remesa de pan, que hacía a la leña. Nos fuimos a tomar una cerveza al bar.
- Pelayo este sería un buen momento. - Un buen momento para qué? - Para qué va a ser, para intentar hacer algo con Irene. - Macho, creía que se te había pasado. Que se va a mosquear como una mona y que te la lie a ti es tu problema, pero no quiero que me la lie a mí y que parezca que soy un salido que no respeta ni a su marido, que es uno de mis mejores amigos. - No te hacía un miedica. - No lo soy, pero no es el momento, ni el lugar y menos estando tú. Que ya te mando a tomar por culo. - Si, pero desde ese día a ahora, ya no es tan contundente. - Pues si yo fuera ella te diría un no rotundo, porque luego la vas a estar machacando, que te conozco.
Le dije de ir por el pan y dar por finalizada la conversación. Recogimos el pan y llegamos cuando ya tenían reposando la paella que íbamos a comer. La comida estuvo soberbia, no quedó ni un grano. Me pegué una siesta como nunca me había dado una de más de dos horas. Mariano estaba ya preparando lo que iba a hacer de cenar, que nos decía que nos íbamos a chupar los dedos. Era todo a base de verduras y pechuga de pollo, algo que estuvo riquísimo y ligero. Mariano dijo —lo he hecho pensando en todos vosotros para que no pongáis excusas esta noche para el “fornicio” jajajajajajaja— trago va trago viene, sale el tema de las fantasías y no se cortan. Se decidió empezar por los hombres.
PEDRO: Hacerlo junto a otra pareja – MARIANO: Un trio con otra mujer – JESÚS: Iba a decir el trío como Mariano, pero para no repetirme un trío con un tío bien dotado para mi mujer - JACOBO: Tener los ojos tapados y escuchar a mi mujer haciéndolo - CARLOS: No sé, no se me ocurre ninguna. A los de Carlos hubo pitidos. Las mujeres no pusieron ninguna cara de sorpresa con lo que dijeron sus maridos. Me dijeron que dijera alguna mía y dije que lo haría el último. Ahora le tocaba el turno a las mujeres que no sé si se atreverían a decir algo, pero se negaban en redondo hasta que no dijera la mía. No me negué más y dije —montármelo con las dos mujeres que dijeron JESUS, JOSÉ y MARIA— no especifique nada más ni dije quienes podían ser, es más todos pensaron que eran mujeres que no estaban allí. Silvia me miró de forma pecaminosa sonriéndome, pero Irene se alteró.
El alcohol siguió corriendo y las lenguas aflojándose, empezaron las mujeres. MARTA: Sois unos mentirosos, porque siempre estáis queriendo darnos por detrás y digo yo, si os gusta hacérnoslo por detrás es que sois un poco gais o por lo menos bisexuales. Mi fantasía follarme el culo de un tío y luego que me haga lo que quiera – LUCÍA: Un trio con uno que esté muy bien dotado y más, mucho más - IRENE: Cumplir la fantasía que quisiera mi marido, pero antes él se la tendría que mamar al tío que eligiera – SILVIA: la misma que ha dicho mi marido, pero eso sí con un señor POLLÓN, que para pollas normales ya tenemos todas una, jajajajajaja, que nos contamos todo, jajajajajaja – MARIA: Estoy más con Jacobo, hacerlo delante de otras personas, que tiene que ser afrodisiaco.
Los hombres quedaron más descolocados, porque ellas fueron más sinceras, lo que no quiere decir que lo fueran del todo. Pero este acto de declaraciones llevó a más preguntas. Pedro pregunto midiendo mucho la pregunta —alguien ha tocado a otra persona del mismo sexo o se ha dejado tocar— el único que levanto la mano fui yo. Luego preguntaron por los tríos y de nuevo el único sincero fui yo, porque no me creía que nadie no hubiera hecho nada. Un par de preguntas más y con el mismo resultado, por lo que me cansé y dije que me iba a dormir porque no me gustaba estar rodeados de mentirosos. Algunos se hicieron los ofendidos, pero esa ofensa se acabó cuando Silvia dijo —por nuestra parte Pelayo ha dicho la verdad, porque nosotros hemos hecho tres intercambios de pareja, ya está dicho— hubo mucho silencio y Jacobo no terminaba de creerse lo que había soltado su mujer. Se habló más sinceramente de todo y aunque nadie reconoció nada más si quedó claro que las fantasías de todos eran más fuertes de lo que habían contado, pero que si no las habían llevado a término era por miedo al qué dirán.
Los quise dejar solos y me levanté para irme a dormir —bueno me voy a dormir que lo mío está claro, ya sabéis que en el sexo me gusta todo, que me gusta ser duro no solo con la mujer, también con la pareja y os dejo para que os descubráis— en ese momento Pedro propone follar viéndose todos. Irene dice que no, Carlos dice que mejor pensarlo y no precipitarse y es en lo que quedan todos. Mi madre siempre dice que el hombre es fuego, la mujer estopa y que el diablo llega y sopla. En este grupo si hago de diablo y soplo puede montarse una auténtica bacanal. Estaba dentro de la tienda valorando si merecía la pena, porque si pasaba algo, podía ser una buena sintonía de futuro o lo contrario, era blanco o negro, aquí no se daría el gris. Dos horas después de haberme metido en la tienda, dentro del saco de dormir comunitario, de color naranja chillón, oigo llegar a Irene y Carlos. Cambian la luz de la lampara que traen de un blanco intenso a un amarillo tenue. Se meten en la tienda y Carlos susurra mi nombre, se aguantan la risa y dicen que es una envidia como duermo. Veo como muy hábilmente Irene se quita el sujetador sin quitarse lo que lleva, igual que luego se cambia la camiseta del mismo modo, con la parte de abajo se enrolla una toalla y se cambia.
Carlos es más básico, se queda en pelotas y su mujer le llama la atención, le había visto varias veces desnudo como él a mí, pero esta vez no se si por la luz, parece que se le ha retraído el rabo. Ella se pone en el otro extremo y él hace que se mueva al centro, ella protesta y al final con un rugido suave protesta. Se pega a él y él le dice que no se le eche encima que así no puede dormir, el muy cabrón quiere provocar algún roce entre nosotros. Carlos se queda dormido en poco tiempo, no es que se haga el dormido, se ha quedado dormidísimo, la respiración esa no se puede fingir, la de ella es otra cosa, no sé si duerme o que hace, voy a comprobar si duerme en verdad. Cualquier movimiento aun no siendo brusco provoca rozarse los cuerpos y es lo que voy a hacer, me muevo y me pongo mirando hacia su espalda. Ni se inmuta, puede ser que esté dormida, porque esperaba alguna reacción, aunque fuese mínima. Otro movimiento y me pego a su espalda, situación sin cambio. Su olor, la situación hace que mi rabo vaya aumentando su tamaño de forma considerable, aquí si se empieza a producir cierta alteración. Echa un brazo hacia mí y me da con el codo, ni me inmuto, está despierta. Lo siguiente que hace es pegarse a Carlos, que esta vez no protesta, señal de que su fuerte respiración es real.
Tengo un empalme descomunal, no me muevo todavía para no ser muy evidente, pero ante ese rechazo, en cuanto pasen unos minutos me giraré al lado contrario. Ante mi asombro, ella recula, se aparta de su marido y me pregunta con voz baja —Pelayo puedes encender la lámpara?— ni la enciendo ni contesto. Sigue retrocediendo y pega el culo a mi rabo. Se queda quieta, ni se mueve y aguanta la respiración. Poco a poco mueve con mucha suavidad su culo sobre mi rabo. Me va a reventar si sigue haciendo eso, me entran ganas de decirle que no estoy dormido, pero aparte del calentón que me estoy cogiendo, quiero ver qué clase de puta es. No tarda en pegar su culo de forma potente pero igual que se ha restregado duramente, se aparta sin más, segundos después noto su mano pequeña tocándose el rabo por encima de mi pantalón. Acaba metiendo la mano y me lo saca, puedo ver como se rechupetea la mano y luego me acaricia el rabo. Su respiración es muy profunda pero contenida. Se mueve, no sé qué hace y no tardo en descubrir lo que ha hecho, se ha bajado un poco su pantalón, dejando un hueco. Se coloca mi rabo por detrás y se menea con él entre sus piernas, restregando su coño sobre mi rabo. Puedo sentir cómo se va empapando porque mi rabo lo deja mojadísimo.
No le debe de gustar como va, porque se da la vuelta, se queda de cara a mí y esta vez se coloca la cabeza de mi rabo, en su clítoris. De vez en cuando lo pasa por su raja para que se lubrique y vuelve a su clítoris, hasta que estira sus piernas deja de respirar y se puede notar como se corre. Haciendo un ruido sin hacer, con los labios apretados, contención máxima. No se queda conforme con esa corrida, porque vuelve a repetir el mismo proceso, pero esta vez descubro como se aprieta los pezones de forma feroz mientras se corre más rápidamente que la primera, pero de la misma manera. Se vuelve a mover y lo que hace es subirse bien los pantalones que por cierto han sido muy incómodos para mí, pero sospecho que para ella también. Se pega a su marido y aunque me quedo esperando que vuelva al ataque, ya no se movió más. Me levanté y no de los últimos, pero Irene y Carlos ya no estaban en la tienda. Me hago completamente el loco, lo que hace que Irene se quede más tranquila, no es que lo diga yo, que lo decían los demás que estaba con mejor cara que el día anterior. Me preguntan varios que como puedo dormir tanto y contesto con una mentira para dar más confianza a Irene —porque me tomo unas capsulas de unas hierbas para relajar el cuerpo, que me dejan KO y no me entero de nada—
Un día normal y llega la última noche, ya está oscurecido. A las mujeres les da miedo ir hasta donde están los aseos, porque quedan un poco apartados y no hay nada de luz, por eso normalmente cuando va una mujer suele acompañarla el marido. Esta noche la cena va a ser una cena normal, pero con algo de barbacoa y uno de los cocineros va a ser Jacobo. Conmigo no cuentan porque de cocina no sé nada. Silvia dice que quiere ir al aseo, pero no lo dice muy alto, lo dice para que su marido la oiga y poco más. Este le dice que se tiene que esperar y sin mala intención, me ofrezco para acompañarla y llevar la luz. Lo hago por ser útil y acepta. Silvia llevaba un mono vaquero corto. Llevamos una linterna de camping, entro y engancho la luz de un alambre que hay para ese propósito. Mientras íbamos de camino, le pregunto que van a hacer esa noche, porque sabía que había alguno que había propuesto hacer algo esa noche, pero para verse solamente. Silvia me dijo que eso fue por el alcohol, que hoy harán que se le han olvidado. Hay una ventana grande, pero sin marco ni cristal.
Silvia se baja la parte del peto. Es más alta que Irene, eso sí menos guapa, pero cuerpo envidiable, deja al aire sus tetas, que son bien grandes y hermosas, me mira y me dice —hay que hacerte una invitación formal? Porque yo ya estoy más que preparada— entre donde estaba ella, que se apoyó en el reborde de la ventana y solo me dijo que no me corriera dentro de ella y que no disponíamos de mucho tiempo por qué no quería llamar la atención de los demás. Iba a ser un polvo de aquí te pillo aquí te mato. No vio mi rabo, pero en cuanto lo sintió dijo —cuando te la vi dije que sería mía— y me pedía que le apretara sus tetas, aunque en realidad lo que quería era que lo hiciera con sus pezones, porque en cuanto empecé a tocarlos se puso excitadísima y no tardo nada en correrse. Luego se agacho y me pidió que me corriera en su boca, me hizo un rato una mamada (por cierto, una pasada de mamada) y me dijo que no podíamos estar más allí, sacó la lengua y me dijo que me corriera ya. Por lo que me terminé yo y me corrí sobre su lengua, que se tragó todo, se relamió y me dijo —hay que repetirlo con más tiempo y sin tantos meapilas—
Después bajamos y ella me iba hablando como si no hubiera pasado nada, tan fresca, no se le notaba nada, era una buena actriz. El resto de la noche fue menos disparatada que la noche anterior, pero aprendí muchas cosas de estas parejas amigas, que tampoco es que fueran más raras que el resto de las parejas. Había que saber leer entre líneas y se podía intuir quién, si sería capaz de hacer algo y quien, aunque se le llenara la boca de decir que quería, nunca sería capaz. Con lo que respecta a Irene y Carlos, la noche en principio era similar a la otra, Carlos bajo los influjos del alcohol y me di cuenta de que Irene en vez de decirle como siempre que bebiera menos, esta noche le estaba dando manga ancha, lo que me llevó a pensar que esa noche tenía ganas de más. Para darle más tranquilidad hice que bebía también más de la cuenta, pero en cuanto no me miraba tiraba a la tierra mi bebida. Una vez que me levanté tropecé, pero sin querer y Jesús me decía que era mejor que fuera a dormir, por lo que se levantó a ayudarme y me dejé llevar a mi tienda.
Para hacer tiempo y después de quedarme semi desnudo, me puse a ver wasap que tenía pendientes, una hora después traían a Carlos en estado de “desahucio” se quedó tumbado vestido y un buen rato después llegó Irene, que se puso de rodillas en la tienda y se desnudó por completo, esta vez no se lo pensó, se puso una camiseta larga y antes de tumbarse, le pegó dos meneos buenos a su marido que le dejó claro que había caído esa noche por KO técnico. Lo que hizo a continuación, fue agitarme y fue cuando se dio cuenta de que estaba semi desnudo con el rabo al aire. Tanteo el terreno con unas caricias con su dedo mojado sobre mi capullo. Se metía de nuevo el dedo en la boca lo llenaba de saliva y otra vez hacía lo mismo. Sabía muy bien por donde pasaba el dedo y lógicamente mi rabo se puso como el mástil de una bandera. Estoy seguro de que Irene no se daba cuenta, cada vez su respiración se le alteraba más. Esta vez podía ver gracias a la tenue luz, que ya no se chupo el dedo, se chupo la palma de la mano varias veces y lo siguiente que hizo fue agarrar bien mi rabo, su mano no abarcaba el tronco del todo y dejo que se deslizase iniciando una paja muy suave. Lo de suave era en su movimiento, porque en el resto, variaba la fuerza e intensidad en su forma de apretar.
Empezó a usar la otra mano y me acariciaba. Cada vez cogía más confianza consigo misma y quise meterla en un apuro. Pase de estar boca arriba, a ponerme tumbado de costado. Le cortó el rollo al segundo, se llevó un buen susto. Se tumbó en medio de los dos, sabía que no tardaría en volver a iniciar su “juego” porque estaba tan cachonda como lo estaba yo. Siento como se acerca de espaldas, hasta que su espalda da contra mi rabo tieso. Echa la mano atrás y se apodera nuevamente de él. Se da la vuelta y estamos cara con cara, ella se lo coloca en su clítoris, está muy mojada y resbala bien mi capullo, medio cabreada dice entre dientes —joder empuja más, dame más, no aguanto, uf, uf— y movía bruscamente su cintura para dar con más fuerza a mi rabo. Está así hasta que se corre, se le escapa un gemido fuerte que corta de golpe cerrando su boca, se queda como relajada pero no quita mi rabo, lo único que ha hecho es bajar el ritmo, pero se le nota que está más cachonda, poco a poco aumenta su ritmo y entonces es cuando se da la vuelta.
Coloca con su mano mi rabo a lo largo de la raja de su coño y como le sale por delante lo aprieta de nuevo contra su clítoris, sigue con su particular juego, pero no se da cuenta de que de tanto jugar se va a quemar y lo sé cuándo otra vez entre dientes, dice —Carlos perdóname, por favor perdóname, pero es que lo necesito, pero te quiero, eres al único hombre que amo— después cambia un poco de posición y se mete ella sola el rabo dentro de su coño, se está follando ella misma. Primero tiene un movimiento placentero, muy suave, disfrutándolo y ella se hace un dedo mientras mi rabo entra y sale. Luego en unos de sus susurros oigo —no se puede correr dentro, que no, que no, que sería una traición total— pero sigue y aumenta sus movimientos, hasta que se corre de nuevo y una vez que termina, se saca el rabo y dice —menos mal, no se corrió, sí que aguanta el “hijoputa”— tuve claro que su intención era dejarlo en ese instante, pero cuando se tienen ganas de follar o se necesita follar, la razón no entiende y pocos momentos después volvía al ataque. Seguía muy cachondo y quise ponerla nerviosa, me puse de nuevo boca arriba, Irene intentó de varias maneras que me pusiera de nuevo de costado, al no lograrlo se lanzó, hizo de amazona y me empezó a follar poniéndose encima. Que movimiento más espectacular y sensual tenia, me tenía muy cachondo, ella se tocaba sus tatas y se hacía un dedo, lo único que decía —venga cabrón córrete a que esperas, JODER— aunque era para mí se lo decía ella a sí misma.
Se corre y era “rabia” y placer, rabia porque no me había corrido, le da igual y continúa follándome, se echa para atrás, me acaricia los huevos y luego en plan contorsionista, se echa más atrás y mientras lo hace se dice a mí misma, —seguro que, si a este “hijoputa” le dejara follarme el culo, no me dudaría ni un minuto, pero Irenita tu culito para ese pollón, necesita mucho trabajo de preparación, pero debe de estar riquísimo— y acto seguido me mete un dedo en mi culo, lo hace sabiendo muy bien por donde se anda. Estamos un rato así hasta que me corro y al hacerlo Irene se corre conmigo, mientras me corro ella con voz delicadamente cachonda me dice ante mis movimientos y mis bramidos —eso es, eso es mi espléndido semental, córrete, venga échalo todo... que gustazo de corrida, eres la hostia, como serás sin estar “mamado” tienes que ser... AHHHHHH— la verdad que nos quedamos muy relajados, para mí fue una experiencia hasta ese momento única, porque jamás me había pasado algo así. Hasta que el sueño no se apoderó de mí, solo pensaba que esa mujer debía de ser un volcán en erupción follando en situación normal. Se durmió antes que yo y dormía dulcemente.
Me despierto y ella no está, pero si está su marido durmiendo. Me he despertado con un dulce sabor de boca, aunque entre otras cosas eche de menos una buena ración de sexo oral por ambas partes. Antes de que se despertara Carlos, me puse unos pantalones cortos y nada más terminar se despierta y me pregunta qué hora es, le digo que las 11 y 17, da un gruñido diciendo —que resacón y tengo un dolor de cabeza de puta madre— le digo que lo mismo y nos levantamos juntos, antes de ir con los demás nos vamos a dar una ducha. Salimos en pelotas de las duchas y dice —joder Pelayo si es que con esa polla y eso que esta dormida, ya tienes la mitad conseguido con cualquier tía, aunque solo sea por la curiosidad de ver cómo es empalmada, jajajajajaja— desde que me había despertado, estuve pensando de dar alguna “señal” a Irene de que era consciente de lo que habíamos hecho. Pero al final decidí que no. No quería que lo pasara mal.
Al llegar donde estaban los demás, hubo comentarios de varios tipos, pero todos benévolos a excepción de los de Irene que nos pegó la mayor de las peloteras —hombre por fin han aparecido los dos BORRACHUZOS, vergüenza os tendría que dar y menuda noche que me habéis dado, no respetáis nada, sois unos egoístas y nada más vais a lo vuestro— no me esperaba esa reacción, por lo menos conmigo, con su marido todavía. Carlos le pregunta a su mujer que había pasado y ella de nuevo a la carga —que ha pasado? Pues los dos olíais a puro alcohol, habéis roncado, resoplando, os habéis quejado y es que hasta hablabais en alto, MENUDA NO-CHE-CI-TA, para olvidar— no se quedó solo en eso y nos dio por todos los lados, fue un verdadero escarnio y cambié de pensamiento, me dije que mi venganza sería terrible, podía haber hecho algún comentario que nada más entendiéramos ella y yo, para que se quedase frita, pero preferí esperar mi oportunidad, que sabía que se iba a dar. No tardó en darse la oportunidad. Se dio cuando nos quedamos apartados de los demás porque nos tocó hacer un café de esos que llaman de puchero.
- Irene si no lo digo me da algo, te has pasado un montón, por lo menos conmigo y no me lo merecía. - Hombre tampoco te me pongas así, que no tengo la culpa de que te pillaras una cogorza. Ya sabes, si no sabes beber... - De verdad no me vas a pedir disculpas? - Por qué tendría que pedirte disculpas? No haber bebido más de lo que podías aguantar, que no por estar con tanto musculo... - No digo que me tuvieras que dar las gracias, que ni lo insinúo, pero por lo menos no cebarte conmigo de esa manera. - JA... porque te iba a tener que dar las gracias? - Tienes razón, no me tienes que dar las gracias por nada. Solo lo decía porque en esta vida siempre quedan cosas pendientes. - No sé a qué te refieres, pero a mí nunca me quedan cosas pendientes. Pero si te refieres a cualquier sandez que haya podido decir mi marido, es problema de él y si lo hizo sería estando con alguna copa de más y si le haces caso es que eres tan... (no terminó) es tu problema. - Pues ves a mi alguna vez me quedan cosas pendientes, por ejemplo... follarme tu culo y demostrarte que duraría más de un minuto, el poder comerte entera y que te corrieras en mi boca y que me hicieras una mamada, que estoy convencido de que debes de ser formidable. Porque con lo bien que sabes usar el dedo... que no es nada fácil, el resto tiene que ser... AH y me llena de curiosidad saber cómo besas.
Acto seguido, cogí la olla con el café y la llevé a donde estaban los demás. Dejando a Irene sola, porque se quedó pegada al suelo de donde estaba. Tardó en unirse a nosotros y lo primero que hizo fue pedirme disculpas públicamente, diciendo que se había pasado conmigo. Su mirada cambió y cuando se cruzaba la mía con la suya, no lograba saber ni remotamente lo que podía estar pensando. A mitad de la tarde regresamos todos a Valencia y durante todo el camino, la miraba por el retrovisor y era una mirada intrigante. Paramos en una gasolinera y Carlos dijo que iba a comprar chicles. Nada más quedarnos solos nos dirigimos las últimas palabras de ese viaje. —Le piensas contar algo a mi marido?— mi respuesta fue tajante —si alguien se lo tiene que contar eres tú, salvo que quieras que se lo cuente, de lo contrario el “problema” es tuyo, gestiónalo como te apetezca— y lo terminó dándome las gracias.
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