El principio del fin 5
El beso no fue un error, fue una declaración de guerra contra el pasado. Ahora, bajo la amenaza de una tormenta que podría borrarlo todo, Víctor y Sara deben decidir si el miedo es más fuerte que el deseo que nunca desapareció.
El principio del fin 5
• No te precipites, las cosas no son como parecen – dijo Colette mientras me sujetaba el hombro.
A su lado se encontraba mi mentor, no lo he dicho, pero su nombre es Tom. Mire hacia donde estaba Sara, entonces vi como esta, se quitaba la mano del tío con un manotazo y le decía.
• Que sea la última vez que me pones la mano encima – con una cara de mala leche que conocía muy bien.
• Vamos doctora, sé que te mueres por mis huesos – con una sonrisa triunfadora.
Sara hecho su brazo hacia atrás y le soltó un tortazo que hizo retroceder a ese tío unos cuantos pasos, el tío no se creía lo que acababa de ocurrir. Vi como se arrancaba contra Sara, mi instinto fue salir para ayudarla. Mi mentor volvió a sujetarme y me dijo que le dejara a él, Tom llego al lado de Sara y miro de una forma severa al otro tío.
• ¿Quiero a esta mujer despedida me has entendido? – dijo aquel tío totalmente humillado.
• Tú no entiendes nada, aunque tu padre sea uno de los militares con mayor graduación, aquí no eres más que el guarda de seguridad – dijo mi mentor.
• ¿Cómo dices?, ¡verás cuando mi padre sepa de esto!
• ¡Eso llámale! Y ponle más en evidencia, si todavía sigues trabajando aquí es por él, la siguiente cagada y será el quién venga a sacarte, a rastras – dijo mi mentor.
Colette y yo nos acercamos, yo estaba muy cabreado, por eso Colette me tenía sujeto, entonces ocurrió. Sara, dándose la vuelta hacia mí, me cogió el rostro con las dos manos y me beso.
• Para que te quede claro, este es el único hombre que me interesa – la mirada que me echo Sara hizo que todo mi cuerpo temblara.
El tío decidió replegar velas, tenía mucho que perder, yo me quede tocándome los labios mientras Sara y Colette se reían, mi mentor me miro y me dijo.
• Anda zoquete, vamos a la sala de descanso y tomate un café, se te ha quedado cara de atontado – mientras se reía a mandíbula partida.
Él se adelantó a hasta llegar al lado de las chicas, yo les seguía, a la vez que me tocaba los labios. Estaba confuso, por un lado, me había gustado mucho, pero no tenía claro si lo hizo por gusto o por darle en los morros al otro. Para cuando llegue a la sala de descanso, Colette ya había sacado todos los cafés, me dirigí a la mesa y me senté al lado de Sara.
Sara tenía la misma mirada que la primera vez que nos vimos en la cafetería de su facultad, Mi mentor y Colette, decidieron que allí sobraban y decidieron volver al trabajo.
• Eso que tienes en las manos era mi carpeta, ¿verdad? – pregunto Sara.
• Si – dije en un susurro, la verdad que la había estrujado hasta dejarla totalmente arrugada.
Mire a Sara y me disculpe, por haber estrujado su carpeta, esta la cogió con una gran sonrisa y me dijo que no pasaba nada, eran datos obsoletos que ya no tenían validez. Sara me conocía bien y sabía que algo me rondaba por la cabeza.
• Venga Víctor, suelta eso que te ronda la cabeza – dijo Sara.
• El beso que me has dado, ¿era porque lo sentías o para fastidiar a ese tío?
• Porque lo sentía, llevaba deseando hacerlo desde que nos volvimos a ver, eso no quita para que me ayudara a quitarme ese pesado de encima – dijo Sara.
• Me alegro – dije con una sonrisa de oreja a oreja.
Sara volvió a mirarme y nuestros labios volvieron a juntarse, no sé cuanto duro el beso que nos dimos, pero dentro de mí sentí que volvía a vivir. Me volvía a sentir entero otra vez, divorciarme de Sara fue como perder una parte de mí. Por la expresión de Sara, ella debía de estar sintiendo lo mismo que yo.
• ¿Víctor quieres volver a intentarlo?
• Yo si quiero, pero…
• ¿A qué tienes miedo, Víctor?, ¿a que te vuelva a ser infiel? – pregunto Sara llena de tristeza.
• No, Sara, no es eso, lo que tengo miedo es que la misión no salga bien, lo que temo es recuperarte para volver a perderte.
• Entonces más razón para pasar juntos los meses que nos quedan – dijo Sara.
• Tienes razón – dije.
Desde ese momento volvíamos a ser una pareja, pero más sabia, sabiendo que errores no tendríamos que volver a cometer, ella me prometió que no me volvería a ser infiel y si yo, volvía a las andadas, me dejaría en ese mismo instante. Yo le prometí que jamás volvería a dejar que mi trabajo se interpusiera entre nosotros, tenía intención de empezar a cumplirlo esa misma tarde.
Aquellas instalaciones tenía una cafetería, restaurante muy bien servida, acompañe a Sara a su despacho y baje corriendo a hablar con uno de los cocineros, le pedí si me podía hacer algo de comida para llevar. Me dijo que sin problema que volviera pasada una hora, volví al despacho de Sara y allí estaba ella, terminando de insertar datos en su programación para los escudos.
• ¿Qué ocurre Víctor?, ¿qué has maquinado? –pregunto Sara con una gran sonrisa.
• En una hora tú y yo vamos a hacer un pícnic, he mandado que me prepararan comida para llevar.
• Me parece estupendo, yo aquí ya he terminado, ahora solo me queda prepararme para estar más guapa para ti – dijo Sara.
• No hace falta Sara, sabes que siempre me has gustado más al natural – dije.
Le pedí ayuda a Sara, con su ayuda podría terminar de calibrar el sistema de navegación. Sara me ayudo encantada, una vez terminado bajamos a recoger la comida y cuando nos íbamos, el cabronazo del cocinero me guiño un ojo y en sus labios pude leer suerte. Salimos de las instalaciones, estas estaban rodeadas de montañas y había una en particular que te permitía ver, el cielo estrellado más bonito que había visto en mi vida. Lo descubrí una de las noches que me quede a trabajar hasta tarde, cogí algo para cenar en la cafetería y salí del complejo para tomar aire y sentirme libre.
Cuando llegamos, aparcamos el todoterreno y pusimos una toalla debajo de nosotros, empezando a repartirnos la comida, Sara miraba al cielo, ella decía que era precioso. Opinaría lo mismo, si no supiese que ese cielo era debido al mal funcionamiento del núcleo, eran auroras boreales. Eso significaba que la parte del campo magnético que cubría la zona donde nos encontrábamos empezaba a debilitarse.
Tom y yo descubrimos que eran fenómenos temporales, pero si uno de estos fenómenos debilitaba en exceso el campo, la radiación solar se podría colar por ella. Todo lo que tocara quedaría destruido. Sara seguía mirando ese cielo embobada, hasta que al girarse para mirarme vio mi rostro.
• Víctor, me estás asustando – dijo Sara.
• No puedo disfrutar de esta preciosa aurora boreal, porque sé que no es natural – dije.
• Explícate Víctor – dijo Sara.
• Eso que vemos son la radiación solar y las microondas chocando contra el campo magnético, si el campo estuviera en perfectas condiciones, veríamos el cielo normal.
• Quieres decir que esto es porque el campo es mal débil, ¿verdad?
• Así es, si el campo falla, aunque sea un instante, estaremos todos muertos – dije asustado, mientras Sara me agarraba la mano.
De repente el cielo empezó a cubrirse de nubes oscuras y muy espesas, mire hacia el complejo y sabía perfectamente que no nos daría tiempo de llegar. Esas nubes estaban cargadas de energía y no tardarían en empezar a soltarla en destructivos relámpagos. Sara se dio cuenta de que esas nubes no eran normales. Me agarro la mano sabiendo perfectamente que estábamos en peligro.
Mire alrededor y cerca de allí había un puente hecho de madera, mire el todoterreno y cogiendo la mano de Sara, salimos disparados hacia él, lo puse en marcha. Uno de los rayos cayó a escasos metros de nosotros, de habernos impactado, nos habría matado con toda seguridad, metí la marcha atrás y arranque saliendo a toda velocidad, llegamos justo a tiempo para meternos debajo del puente antes de que otro rayo impactara contra nosotros.
La madera y la goma de las ruedas eran aislantes, tenía la esperanza que fuera suficiente, cogí una de las radios que usábamos en el complejo y llame a mi mentor, este nos dijo que todos habían bajado al bunquer, que tenía ese complejo. Al preguntarme donde estábamos, le dije que habíamos salido a cenar y nos había pillado la tormenta en medio de la nada.
• Habéis escogido el día perfecto para salir de pícnic – dijo mi mentor.
• ¡No me jodas Tom!, que como esto no aguante estamos jodidos – dije.
Uno de los rayos impacto contra el puente, este nos salvó de morir, pero quedo hecho añicos, el siguiente rayo nos fulminaría. Sara me indico que con la caída del puente se había abierto una abertura en la montaña, parecía una antigua mina. Arranque el coche y nos dirigimos hacia allí sin mirar atrás, los rayos golpeaban por todos lados. Solo esperaba que la abertura fuera lo suficiente profunda como para que entrara todo el todoterreno.
Acelere as tope y si nos teníamos que estrellar que así fuera, de todas maneras tendríamos más oportunidades que quedándonos fuera, por suerte la abertura se ensanchaba metros más adentro y pudimos entrar unos cien metros. La montaña que teníamos encima de nosotros era robusta y podría aguantar perfectamente las acometidas de esas nubes negras como el tizón.
Sara y yo decidimos quedarnos en el vehículo, dentro de ese bunquer natural y las ruedas de goma nos proporcionaban la protección perfecta. Solo esperaba que esa tormenta pasara lo más rápido posible, si terminaba por destruir el complejo. Se perderían muchísimas vidas, además de todo el trabajo que tanto esfuerzo había costado a todos.
• Víctor, estoy preocupada por Colette, Tom y todos nuestros compañeros.
• Lo sé Sara, yo también estoy preocupado, pero ahora no podemos hacer nada.
Pase mi brazo por la espalda de Sara y la acerque a mí, temblaba muerta de miedo, yo también estaba aterrado. Una tormenta así en una ciudad grande sería devastadora, no sé cuanto tiempo había pasado. La luz que entraba por la entrada de la cueva cada vez era menos intensa, eso quería decir que la tormenta estaba remitiendo.
Estaba en contacto continuo con mi mentor, este me decía que ellos dentro del bunquer estaban a salvo, pero que el complejo estaba recibiendo mucho daño, la subida de tensión habría frito los ordenadores, tenía la esperanza que las cajas fuertes donde guardábamos los discos con las copias de seguridad pudieran aguantar semejante despliegue de energía.
Esas cajas fuertes habían sido diseñadas por el doctor Cherkov, era un hombre meticuloso y siempre solía barajar todas las posibilidades, estaba seguro de que habría protegido las cajas contra la alta tensión, pero estaban cayendo muchos rayos por minuto y eso era mucha tensión. Por lo que me dijo Tom, el taller donde estaba la nave estaba aguantando bien, pero que si esto seguía así, terminaría colapsando.
Me pregunto por mi sistema de navegación, le dije que no se preocupara, que la última actualización la llevaba conmigo a salvo, de la máquina no tenía que preocuparse, si los rayos la habían destrozado, tenía dos más construidos por si pasaba algún improvisto como este. Él me dijo que también llevaba sus datos encima, esa manía la adquirí de él, cayó un rayo enorme que corto todas las comunicaciones, el estruendo fue tan fuerte que nos pareció como si el cielo se hubiera desquebrajado.
Después de eso volvió la calma, Sara y yo decidimos quedarnos un rato más en la cueva por si acaso, pasada media hora salimos del todoterreno y anduvimos hasta la entrada, el cielo estaba despejado y se podían ver las estrellas perfectamente, nada indicaba que momentos antes aquí se había desatado el infierno.
Nos volvimos a montar en el todoterreno y bajamos hasta el complejo, estaba bastante destruido, de repente vimos como se movían unos escombros y de entre ellos salían todos nuestros compañeros a salvo, Sara y yo sonreímos aliviados, el trabajo se puede reconstruir, pero las vidas humanas no. Vimos, salir a Colette y como esta ayudaba a mi mentor, decía que ya era viejo y se moriría sin tener emociones en su vida, pues ya las había tenido.
Cuando llegaron a donde estábamos nosotros, Colette se abrazó a los dos llorando muy asustada, nosotros estábamos tranquilos, creo que el miedo se desgastó dentro de esa cueva. Mi mentor se acercó mientras miraba la devastación, me abrazo a mí, abrazo a Sara y cuando llego donde Colette, le agarro el rostro y le metió la lengua hasta tocarle las amígdalas.
Colette al principio se quedó cortada, pero pronto colaboro con el beso, por fin pudo comprobar que su amor si era correspondido. Esperaba que mi mentor demostrara ser tan listo en esta futura relación como lo era en la geología, si no ya se podía preparar con Colette. Si la engañaba no tendría carretera para correr, por la expresión de felicidad de Tom, tenía claro que había vuelto a encontrar esa felicidad que perdió cuando su esposa murió.
Nos llevaron a todos a un hotel, mientras revisaban que el complejo era seguro, si no lo era tendríamos que trasladarnos a otro. Cenamos algo los cuatro, la verdad es que teníamos hambre. No hablamos mucho, creo que los cuatro teníamos lo mismo en la cabeza, queríamos hacer el amor a nuestra pareja. Sara y yo nos metimos en el ascensor y en cuanto las puertas se cerraron, me lance a besarla, bajando por el cuello hasta morderle suavemente uno de los pezones por encima de la blusa que llevaba.
Llegamos a nuestro piso y salimos del ascensor besándonos, estábamos tan ensimismados el uno con el otro que intentamos abrir una puerta que no era la nuestra, con tanto ruido que estábamos haciendo, esa puerta se abrió y detrás de ella apareció una pareja de ancianitos que se santiguaban al vernos medio desnudos y besándonos como si la vida nos fuera en ello.
Nos disculpamos y nos dirigimos a nuestra habitación, la cogí en brazos y entramos dentro. Sara se desnudó del todo según sus pies tocaron el suelo, estaba más hermosa que la última vez que pude admirarla en plena desnudes. Yo no me quede a la zaga, mi cuerpo no era tan bonito como el suyo, pero había empezado a asistir a un gimnasio y me había deshecho de esos kilos de más. A Sara le gusto lo que vio y me lo demostró agachándose y metiéndose mi erecta polla en su boca.
La mamada estaba siendo soberbia, me tenía a punto de caramelo. Puse mis manos sobre la cabeza de Sara para avisarle que me iba a correr, lo hice así porque no podía ni hablar del placer que estaba sintiendo, Sara viendo esto se metió mi polla hasta el final y se tragó toda mi corrida sin desperdiciar ni una gota. Me tuve que apoyar en la pared, mi corazón y respiración iban a mil, se me paso todo cuando Sara se acercó al sofá y se sentó en él abriendo las piernas.
Ver ese coñito brillante me devolvió la energía y no espere para meterme entre sus piernas y reclamar mi postre. Su olor y sabor era como lo recordaba, los gemidos de Sara eran música para mí, no tardo mucho en correrse. Pensé que descansaría hasta recuperar el aliento, pero no fue así, me cogió de las manos, empujándome hacia ella, según me tuvo encima, cruzo sus piernas en mi cintura y fui metiendo mi polla poco a poco en ese coñito que tanto placer me había dado y tanto había echado de menos. Empecé un mete saca pausado, sintiendo cada centímetro y transmitiéndonos ese placer que estábamos sintiendo con cada beso y cada caricia.
Lágrimas empezaron a brotar por nuestros rostros, pero esta vez eran de pura felicidad, llegamos al orgasmo a la vez y nuestro grito se tuvo que escuchar en todo el hotel, nos quedamos en esa misma postura mirándonos el uno al otro hasta que nos quedamos dormidos.
El sonido de los móviles nos despertó, al cogerlo nos dijeron, que por suerte los daños habían sido mínimos y que la misión se adelantaba, teníamos cuatro meses para tenerlo todo a punto.
Continuará.
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