El principio del fin 4
Llevan un año separados, pero el trabajo los obliga a estar juntos. Él cree que el tiempo los sanará; ella, que la distancia es definitiva. Pero cuando el amor se mezcla con la traición, la confianza se rompe más rápido que cualquier escudo térmico.
El principio del fin 4
Ahora tocaba explicar el plan a un año, esto es lo que tardaríamos en construir la nave y tener todo listo. La nave como dije tendría un diseño que se asemejaba a una oruga, el diseñador sé vaso en este insecto por la flexibilidad que tenía. La nave tendría seis compartimentos, unidad locomotriz, navegación, zona habitable, ingeniería, compartimiento para los satélites y módulo de control de los satélites.
La nave se movería gracias a un impulsor, este estaría formado por dos aros con estrías que se moverían para lados contrarios. El impulsor tendría sus escudos propios, tendría tres, uno en la parte delantera, el segundo en la mitad de la nave y la tercera al final. La nave obtendría su energía de un reactor nuclear como el que usaban los submarinos, pero este estaría modificado para poder soportar la carga de energía que generaría la nave.
La nave llevaría un casco de un material reflectante, entre el escudo y la nave se generara un vació necesario, para que el escudo pueda amoldarse a las distintas presiones que se generaran, según la nave vaya profundizando en la tierra. En ese vació la temperatura no será tan alta como en el exterior, pero sí lo suficiente como para matarnos. Este material nos protegerá de ese calor, de todas maneras la nave llevara un sistema de refrigeración con nitrógeno líquido, por si el material del casco de la nave no fuera suficiente.
El doctor Igor Cherkov supervisará la construcción de la nave y se cerciorará que la cumpla las especificaciones que él ha dado. El escudo protegerá la nave como el campo magnético de la tierra nos protege de la radiación solar y las microondas. Este escudo está diseñado, para soportar más de diez mil grados de temperatura y una presión superior al millón cuatrocientos mil atmósferas.
La doctora Sara Alba supervisara la creación de los dispositivos y su correcto funcionamiento, para recuperar la temperatura del núcleo de la tierra, utilizaremos seis satélites que crearan un anillo de plasma incandescente alrededor del núcleo interno, este anillo alcanza temperaturas muy superiores a los diez mil grados. La doctora Colette Moreau supervisará su creación y su buen funcionamiento.
El doctor Cherkov ha creado un láser, basado en el plasma que genera los satélites de la doctora Moreau, gracias a él podremos abrirnos paso hasta llegar al núcleo de la tierra, las primeras pruebas con él láser, han sido muy satisfactorias, por último os presento a las dos personas que nos llevaran hasta el mismo centro de nuestro planeta, el capitán August Weber y la teniente Emilia Weber.
Esta sería la tripulación, yo conocía el planeta, Igor conocía la nave, Sara conocía los escudos de energía, Colette conocía los satélites y los pilotos August y Emilia habían demostrado ser los pilotos más calificados. Por si lo preguntáis, August y Emilia son Hermanos. La tripulación estaría compuesta por seis pasajeros, entre todos cubríamos las necesidades de la misión.
Mi mentor se quedaría coordinando todo desde la agencia espacial europea, le daba mucha rabia, pero sabía que esta misión sería muy exigente y él no era ningún niño. Además, necesitaba un par de ojos fuera de la nave, él desde fuera podría ver cosas que a mí se me podían escapar y así cumplir la misión, después de exponer todo, la conferencia se dio por terminada, nadie hizo ninguna pregunta, tanto militares, como científicos sabían que este era nuestro único plan y si fallaba se acabó. Si esta nave no era capaz de llegar hasta el centro de la tierra, nada lo haría. Había llegado el momento de empezar a trabajar
El primer día me llevaron al que sería mi despacho, al lado estaba el de mi mentor, los dos tenían una puerta para comunicarse uno al otro. Los dos intentábamos que nuestros datos fueran los más actualizados posibles, nadie había llegado al núcleo del planeta, todo lo que sabíamos de él eran meras hipótesis, la verdad era que no conocíamos ni la misma corteza.
Lo máximo que el ser humano había conseguido perforar, fueron doce mil metros, eso era una parte muy ínfima. No pudieron seguir, porque la temperatura y presión con la que se encontraron a esa profundidad, averiaban las herramientas de perforación, haciendo imposible seguir excavando. Por suerte para nosotros la ciencia había avanzado mucho, mientras mi mentor se ocupaba de los datos sobre el interior de la tierra, yo me centraba en mejorar el aparato que yo invente para poder ver el interior de la tierra, convirtiéndolo en un sistema de navegación que nos permitiera viajar dentro del planeta.
Mi aparato estaba configurado para poder ver el interino de rocas de mayor o menor densidad, pero había materiales que el láser no podía atravesar, como el diamante y tenía que enseñarle a divisarlo, para que nuestros pilotos pudieran hacer este viaje con el menor riesgo posible. Otra cosa que tenía que enseñarle a mi aparato era a poder detectar espacios vacíos, la nave podría moverse mientras estuviera atravesando algo, pero no podía volar.
Si podía detectar esos espacios vacíos, podríamos rodearlos, aunque esto nos costara más tiempo en llegar a nuestro objetivo. Otro de mis trabajos sería elegir el volcán por el que íbamos a descender, en el pacífico había uno que llegaba hasta el lecho marino, eso significaba que la corteza terrestre sería más delgada en esa zona, pero tendríamos que lidiar con terremotos marinos.
Mire a mi mentor y le dije que iba a la sala de descanso a por un café, llevábamos los dos toda la noche sin dormir trabajando y necesitaba un café para despejarme. Al llegar vi la máquina de café y puse mala cara, con todo el dinero que tenían es estas agencias, ya podían tener cafeteras como dios manda, no maquinas de café que a saber si lo que esta soltaba era café u otra cosa.
Estaba tan ensimismado en mis pensamientos que no me di cuenta de que sentada a dos mesas de mí estaba Sara, esta miraba como yo seguía divagando. A mí me dio por mirar en su dirección y nos quedamos mirándonos, cogí mi café y me fui directo hacia ella.
• ¿Puedo sentarme?
• Claro – contento, Sara.
• ¿Cómo estás, Sara?
• Así, Así, ¿y tú?
• Más o menos como tú – dije.
• Siento mucho lo que paso, quisiera pedirte perdón, la última vez que hablamos la cosa no termino bien – dijo Sara.
• Yo también me gustaría disculparme, no me comporte nada bien en nuestro matrimonio y lo siento de verdad.
• ¿Te arrepientes de haberte divorciado? – pregunto Sara.
• No, creo que fue la mejor decisión – dije.
La cara de tristeza de Sara me partía el corazón, alargue una de mis manos y poniendo dos dedos en su barbilla, hice que me mirara.
• Ninguno de los dos supimos estar a la altura, seguir solo nos hubiera hecho más daño – dije serio.
• ¿Crees que algún día podríamos intentarlo?, o crees que ya no hay solución – dijo Sara.
• No descarto nada, Sara, pero ahora mismo ninguno de los dos se fía del otro, yo tengo que demostrarte que tú estarías por encima de mi trabajo y tú tendrías que demostrarme que no volverías a engañarme – dije.
Sara sonrió, ella estaba convencida de que yo jamás perdonaría su infidelidad, sé perfectamente de que si yo llego a estar a la altura como pareja, esa infidelidad nunca se hubiera dado, pero eso no la eximia de su falta grabé. Tampoco me libraba a mí de olvidarme que me había casado con una mujer maravillosa, que la aparte de mi vida porque solo tenía espacio para el trabajo.
Teníamos un año para aprender, mejorar y si todavía seguíamos enamorados el uno del otro, volver a intentarlo. La miré sonriendo y ella se sonrojó agachando la mirada, si alguien me pregunta, si seguía enamorado de ella, la respuesta sería un rotundo sí. ¿Por qué no la cuide como se merecía?, porque soy gilipollas, así de claro. Si algo me había enseñado esta experiencia era que no podría volver a tener una relación hasta no solventar esa adicción al trabajo que tenía.
Para ello contraté a una psicóloga que estuvo saliendo un tiempo con mi mentor, más bien mi mentor la lleno de cuernos. Cuando le dije quien me había dado su móvil, pensé que me echaba de su consulta. Por suerte se calmó y hoy en día me está ayudando mucho, por eso había decidido esperar, si tenía que volver con Sara el tiempo lo diría y de ser así ella obtendría de mí, mi mejor versión.
Cuando iba a salir me di cuenta de que en la puerta apoyada se encontraba Colette, la muy cabrona tenía una sonrisa en el rostro, la mire y le dije.
• ¡Deja de reírte, cabrona!
• ¿Cuándo vais a volver juntos? – pregunto muy sonriente.
• ¡Eso no es de tu incumbencia! – dije.
• Como está el patio – dijo Colette riéndose.
• ¿Querías algo de mí?
• Sí, tengo una duda y me gustaría insultártela.
Después de eso, saludo a Sara y me agarro del brazo para llevarme a su despacho, al preguntarle cuál era su duda, ella me dijo que estaba pensando en decirle al doctor Cherkov que sumara un compartimiento más.
• Me parece bien, ¿pero cuál es la causa? – pregunte.
• No sabemos cuáles son las verdaderas condiciones del núcleo, ¿verdad?
• Bueno, todo lo que tiene que ver con él está basado en hipótesis, pero si, la temperatura es teórica, la presión es teórica y la densidad es teórica – dije.
• Vamos, que podría tener más temperatura o mayor presión, ¿verdad?
• Así es, ¿en qué has pensado?
• En llevar unas baterías complementarias que desarrolle, por si acaso, utilizar ese compartimiento como escudo por si la presión o temperatura fueran mayor.
• ¿Solo uno? – pregunté.
• Sí, uno de los satélites es el que manda las órdenes, los demás lo único que hacen es mandarse el rayo de plasma unos a otros hasta crear el círculo.
• Pero, ¿el rayo no romperá el compartimiento? – pregunté.
• No si dentro también lleva un escudo y el material refractario.
Bueno, toda precaución era poca, solo tendríamos que hablar con Cherkov y comentarle la idea de Colette, él no nos puso ninguna objeción, pero si nos dijo que tendríamos que comentarlo con los militares. Fuimos los tres a decirles que necesitábamos otro compartimiento más, una vez Colette expuso sus dudas a los militares, estos pusieron mala cara, pero viendo que lo que Colette pedía no era un capricho aceptaron.
En mi equipo trabajábamos mi mentor y yo, para ayudarnos vinieron algunos de mis mejores alumnos, el cabronazo de mi mentor no pasaba la mínima oportunidad de meter ficha a dos de mis alumnas. Estás como ya sabían como era, no le hacían caso, pero me empecé a dar cuanta que a Colette que este coqueteara con otras mujeres no le hacía gracia.
Una de las veces me acerqué a ella y le dije.
• Oye Colette, el hombre misterioso del que estas enamorada no será mi mentor, ¿verdad?
• ¡Pero que dices majadero!
• Vamos, que tu mala leche te traiciona – dije.
Me cogió del brazo y me llevo hasta la sala de descanso a rastras, allí se encontraba Sara leyendo unos documentos mientras se tomaba un café. Colette me hizo sentarme mientras iba a por dos cafés, Sara levanto el rostro con una expresión totalmente extrañada, yo me encogí de hombros.
• ¿Se puede saber qué le pasa a esta?
• Creo que se ha enamorado de mi mentor – dije.
• ¡No me jodas! – dijo Sara.
• Así es – dije yo.
• Sé que no soy la más indicada para hablar, pero tu mentor es un picaflor – dijo Sara.
No pudimos seguir hablando, pues Colette se acercaba con los cafés, esta se sentó en la misma mesa que nosotros y después de tomar aire nos contó. Cuando los dos nos divorciamos, Sara se apoyó en ella, pero yo me apoye en mi mentor y en ella también. Cada vez qué venía a estar conmigo coincidía con mi mentor, ella sabía lo mujeriego que era, pues yo se lo había contado.
Él intentaba coquetear con ella sin ningún resultado, eso en vez de frustrarle, le hacía esmerarse más para impresionarla. Entonces Colette se puso roja como un tomate y nos reconoció que mi mentor le gusto desde el primer momento que lo vio, que no sabía explicarlo, pero que mi mentor tenía algo que la atraía mucho.
La verdad es que no era la única que me lo había comentado, todas sabían que no era de fiar, pero todas terminaban saliendo con él. Creo que la única que no había caído en sus encantos había sido Sara, pero en honor a la verdad es que jamás vi a mi mentor intentar nada con Sara. Tengo que decir que mi mentor, si estaba seguro de que la otra persona tenía pareja, este se comportaba correctamente.
Lástima que no hiciera lo mismo con la persona que había empezado a salir, Colette se puso a llorar, los dos le cogimos de la mano y nos levantamos para poder abrazarla, entonces la mire y la dije.
• Colette, tú eres su prototipo de mujer.
• ¿Qué quieres decir? – pregunto Colette muy nerviosa.
• Mi mentor necesita una mujer de carácter, alguien que le ponga límites y le haga respetarlos.
• ¿Existe alguna mujer que ese hombre haya respetado? – pregunto Sara.
• Su mujer, siempre le fue fiel, no se separó de ella hasta que esta dio su último aliento por culpa de una enfermedad.
• No lo sabíamos – dijeron las dos.
• Es normal, tampoco la conocí, pero le creo, porque cuando habla de ella todavía derrama lágrimas de pura tristeza – dije.
• No le cierres la puerta, pero si ves algo que no te gusta, la das puerta – le dije a Colette.
Esta se quedó más tranquila, la verdad era que Colette se parecía a la mujer de mi mentor, por lo menos a la versión que él me dio de ella. No sé si el amor que sentía Colette sería recompensado, eso el tiempo lo diría, terminamos los cafés y nos pusimos en marcha cada uno a su despacho, para llegar al mío, yo tenía que pasar por el taller donde estaban montando la nave que nos llevaría hasta el centro de la tierra, siempre me quedaba un rato admirando como iba creciendo día a día.
Después cogía mis planos de mi despacho e iba a actualizar el sistema de navegación, la verdad es que después de hacer pruebas con distintos minerales, el resultado que me había dado no me tenía nada satisfecho, en algunos materiales la imagen que transmitía a la pantalla no se veía nada bien.
Estaba frustrado cuando note a alguien a mi espalda, al darme la vuelta era Sara. Viendo mi rostro me pregunto si estaba bien, la verdad es que le dije que no conseguía que la visión que obtenía de mi sistema de navegación no era satisfactoria, dependiendo de con qué materiales lo usaba se veía como borroso. Sara se quedó mirando a la pantalla y me dijo que el problema era de encuadre.
Manipulo los mandos de mi sistema de navegación y de repente todo se veía mucho más nítido, me dijo que lo único que había hecho fue jugar con el encuadre, yo lo tenía puesto para que se viera todo el contorno del material, ella, sin embargo, enfoco el objeto que yo había puesto detrás de ese material. La miré y la sonreí, entonces poniéndome una mano en el hombro, me dijo que tenía que tener más paciencia y salió de mi laboratorio con una sonrisa.
Cuando me fui a dar la vuelta para seguir con mi trabajo, me di cuenta de que se había dejado una carpeta, la cogí y me puse en marcha para interceptarla y cuando llegue a la esquina del pasillo vi que Sara estaba hablando con un hombre bastante guapo. En la posición que estaba Sara, no se le podía ver bien el rostro, pero si vi como aquel hombre tenía cogida su barbilla con los dedos de la mano, levantando su rostro y acercando el suyo como si quisiera besarla.
Me fui a arrancar lleno de ira pensando que me había vuelto hacer ilusiones para nada, cuando note como alguien me cogía del hombro y me decía que no me precipitara.
Continuará.
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