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El principio del fin 3

Llevaba años esperando a un hombre que siempre llegaba tarde. Esa noche, la decepción se transformó en fuego, y en la habitación de un hotel, cometió el error que lo cambiaría todo.

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El principio del fin 3

Hacía unos días que Víctor se había ido de casa, no me hacía a la idea. Como la pudimos cagar tanto, Víctor se olvidó de que tenía un matrimonio, pero yo tampoco estuve a la altura, me deje llevar por la decepción y el rencor de ver como me convertí en la amante del hombre que amaba, pues estaba casado con su trabajo.

Tenía entre manos una fotografía que nos hicimos al principio de nuestra relación, qué felices éramos por aquel entonces. Recuerdo perfectamente como me sentí la primera vez que le vi entrar por la puerta de la cafetería. Todo mi cuerpo tembló y sentí una descarga eléctrica en mi coñito que hizo que tuviera que restregar mis piernas, sujetarme fuerte al respaldo de la silla y ahogar un gemido que crecía dentro de mi garganta.

Mis amigas lo miraban como si fuera un bicho raro, pero para mí era el ser más hermoso del mundo. Intente llamar su atención de todas las maneras que se me ocurrieron, pero todo fue en balde. Solo tenía ojos para sus libros y apuntes, era un hombre muy guapo, pero se notaba que su imagen era lo que menos le importaba, no se sacaba partido llevando el pelo desordenado y las camisetas ajadas de tantos lavados.

Llego un día que me dije a mí misma que de ese día no pasaba, que ese día sería el que Víctor se daría cuenta de que existía y que lo quería en mi vida. Pedí un café bien caliente, me acerque a él, entonces simule que me había tropezado. El café terminó derramándose encima de él, no medí lo mucho que el café lo quemaría y por un memento pensé que con esa jugada lo había echado todo a perder.

Se fue al baño a limpiarse y yo me quede allí totalmente desolada, pensando que me había pasado de la raya, tardo un rato en volver, pero su expresión había cambiado, al mirarme tenía la misma expresión que cuando miraba esos textos que tanto le fascinaban, tenía toda su atención. Me pidió que me sentara a su lado y así lo hice, empezamos a hablar y descubrí lo que más me atrajo de ese hombre.

Era increíblemente inteligente, no alardeaba de ello, tenía múltiples temas de conversación, que sazonaba con una sonrisa picara, que lo hacía la mar de interesante. Recuerdo que me tire toda la conversación mordiéndome el labio inferior, me tenía muy caliente. Una de mis amigas se acercó y de muy malas formas dijo.

• ¿Nos vamos, te vienes con nosotras?

• Adelantaros, yo iré enseguida.

• Te vas a quedar con este…

• ¡Termina la frase si te atreves! – golpeando la mesa con tanta fuerza que incluso la taza del café termino cayéndose al suelo.

Mi amiga dio dos pasos hacia atrás, no iba a permitir que ninguna de mis amigas le faltara al respeto. Víctor me miraba asombrado, se notaba que no estaba acostumbrado a que le sacaran la cara, entonces cogiéndole la mano le dije.

• Conozco una cafetería cerca de aquí que te gustara – mientras endulzaba mi rostro.

• ¿Cómo sabes que me va a gustar? – me dijo.

• Es una cafetería donde puedes coger libros y dejar otros, allí he leído los mejores libros de mi vida – con una gran sonrisa.

Víctor, cerrando sus libros y la carpeta de los apuntes, los metió en su mochila, después acepto mi propuesta con una gran sonrisa. Fue una tarde mágica, aunque me decepciono que no se atreviera a pedirme el móvil. Al día siguiente era viernes y una de mis amigas celebraba una fiesta, la verdad es que no me apetecía ir, pero de repente al pensar en Víctor me entraron ganas de ir, si iba con él.

Esas fiestas no me gustaban mucho, porque los chicos parecía que se habían dejado los cerebros en casa antes de salir, o tal vez es que nacieron sin ellos. Recuerdo la cara que puso Víctor cuando llegamos, pensó lo mismo que yo, pero a diferencia de mí, el no disimulo en absoluto lo que pensaba. Vi como le miraban muchos de esos chicos, algunos intentaron humillarle, pero Víctor, demostrando carácter, dejo a la altura del betún a más de uno.

Uno de ellos, sintiéndose humillado al ver como se reían de él, le dio un puñetazo a Víctor. Me llené de ira y le solté un tortazo a aquel neandertal con todas mis fuerzas, haciendo que se tropezara con una mesa cayendo al suelo de una manera de lo más humillante. Mire a Víctor y tenía la cara muy hinchada, le tendí la mano y nos fuimos a la barra, pedí una bolsa con hielo y salimos al jardín.

La cara cada vez se le estaba hinchando más, decidimos que lo mejor sería ir a urgencias, para descartar que tuviera algo roto. Cuando estábamos a punto de salir, una de mis amigas, que ya tenía más de una copa de más, me espeto en la cara que le estaba avergonzando delante de sus amigos por aparecer de la mano del bicho raro.

Me encaré a ella y le dije.

• Aquí la única que te avergüenzas eres tu misma, mírate a un espejo que estás que das pena – mientras le miraba con los ojos inyectados en sangre.

Según salíamos pedí un taxi, tardo un cuarto de hora más o menos. Una vez dentro nos dejó en urgencias, aquí sabes a qué hora entras, pero no a que hora sales. Al final salimos a las tres de la mañana, la verdad que nos pasamos toda la noche hablando cogidos de la mano, para mí fue una de las mejores noches de mi vida. Conociéndole como lo empezaba a conocer, sabía que no me daría su móvil, así que le di el mío y le hice una promesa de llamarle, promesa que pensaba cumplir.

Espere una semana, el siguiente viernes lo primero que hice fue llamarlo para que me invitara a cenar, me llevo a un restaurante que le habían recomendado y la verdad es que me impresiono, era bonito y muy acogedor, el servicio de diez y la comida ni te cuento. Me pasé sonriendo toda la cena y calentándolo a más no poder, me puse uno de mis vestidos más sugerentes, era solo para él, después de cenar le dije de ir a una discoteca, se notaba que no eran de su agrado, pero me dio el capricho y allí nos dirigimos, cuando entramos el segurata me miro como queriéndome comer y a Víctor como si fuera una cucaracha.

Esa noche me iban a follar y ese pacer solo sería para Víctor, se lo dejé bien clarito con la mirada al segurata, este puso mala cara, pero no dijo nada. Entramos dentro, Víctor miraba a todos los sitios, decidimos ir a la barra a por bebida. Víctor se desesperaba, viendo lo que nos estaba costando recorrer los pocos metros que nos separaban de esta. Los dos nos dimos cuenta de cómo me miraban los hombres y como lo miraban a él, de camino a la barra ya me habían entrado un par de moscones, me los quite de encima con vehemencia, pero con educación. Corte todo eso de raíz, cogí la cabeza de Víctor y le metí la lengua hasta la campanilla, con eso deje claro a todo el mundo que yo ya estaba con el hombre que quería estar.

Tardaron un montón en servirnos, no me extrañaba, el local, estaba a punto de reventar de gente. Le di un trago a la bebida y cogiendo la mano de Víctor me lo llevé a la pista de baile. Me esmeré en ponerlo cardiaco, el pobre tenía un calentón de los grandes. Nunca me ha gustado follar en los baños de ningún sitio, de no ser así me lo hubiera llevado a los baños de mujeres y lo habría exprimido, pero bien.

Mis padres estaban fuera y mi hermana había salido y no volvería hasta las tantas, entonces lo decidí. Le cogí la mano y salimos del local, llame a un taxi, fuimos directos a mi casa, según entramos por la puerta me empecé a bajar los tirantes de mi vestido y después hice que este resbalara por mi cuerpo hasta qué cayó al suelo, me di la vuelta para que pudiera ver mi cuerpo desnudo por primera vez.

Mi coñito estaba brillante de humedad, mientras bailaba y le ponía cardiaco, también me estaba calentando yo. Víctor empezó a desnudarse, pero estaba tan nervioso que se tropezó con su propio pantalón y termino en el suelo de forma humillante. Se puso rojo como un tomate, yo no me reí, me acerque a él y acerque mi coñito a su boca. Empezó a comérmelo, no era el mejor, pero si era el que más placer me estaba proporcionando.

No tarde mucho en correrme, jamás me había pasado, me quede mirándole mientras recuperaba la respiración, mi mirada era de satisfacción. Una vez estuve recuperada me acerque a él y de un salto cruce mis piernas en su cintura y mis brazos en su cuello. Víctor, al no esperárselo, empezó a caer hacia atrás, por suerte el sofá estaba allí y termino sentado conmigo sobre él, cogí su polla y acercándola a mi coñito, empecé a metérmela muy despacio, disfrutando cada milímetro que entraba en mí.

Víctor también lo estaba disfrutando, una vez la tuve dentro empecé a moverme de arriba abajo mientras le miraba a los ojos, los jadeos cada vez eran más intensos. Terminamos gritando con tal intensidad que tuvieron que escucharnos en media ciudad, menos mal que en casa no había nadie más. No tardamos en corrernos, la verdad es que estaba muy satisfecha, Apoye mi cabecita en su pecho y nos quedamos dormidos.

Lo tenía muy claro, Víctor tenía que ser mi novio, eso no tardo en suceder, estuvimos de novios hasta que terminamos la carrera y después hicimos el doctorado. Una vez terminado todo, decidimos casarnos, Colette fue la única amiga que acepto a Víctor, fue mi dama de honor junto a mi hermana. Las demás amigas se fueron alejando poco a poco, hasta que la relación se enfrió.

Colette y Víctor congeniaron muy bien, terminando en una relación tan estrecha como la que teníamos ella y yo, el problema vino cuando Colette nos confesó entre lágrimas que se había enamorado de Víctor, yo ya lo sabía. Solo me bastaba con ver como ella le miraba para saberlo, no dejamos de lado a Colette, yo confiaba totalmente en Víctor y sabía que no me iba a engañar, pero Colette decidió aceptar un trabajo en Francia, nos dijo que necesitaba distancia para olvidarse de lo que sentía por mi marido. La verdad es que me apeno su decisión, pero comprendía que no era nada fácil para ella. Los problemas en el matrimonio empezaron a los pocos meses de estar casados. Estos primeros meses fueron un sueño, pero me había casado con un hombre que amaba a su trabajo por encima de mí.

El primer golpe me lo llevé en nuestro primer aniversario, me esmeré en preparar algo especial, no cenaríamos fuera. Prepare los platos que más nos gustaban a los dos, puse la mejor vajilla y su regalo sería yo, envuelta en un lacito. Lo dejé todo preparado para cuando llegara, pero no llego. Después de estar más de dos horas esperándola sentada en la mesa con la cena más que fría, me llamo para decirme que había embarcado en un avión en dirección a Islandia, tendría que pasar allí por dos semanas.

Él tenía una maleta echa en su despacho, porque le podrían surgir algún viaje de improvisto, pero esperaba que nuestro aniversario lo respetaría. A las dos semanas volvió y si se esmeró, me prometió que viajaría con menos frecuencia. Lo cumplió los primeros meses después de nuestro aniversario, después volvimos a lo mismo. Había meses que no lo veía y en otros lo veía un par de semanas, hacíamos el amor, todo lo que podíamos, pero no era suficiente para mí.

Llegamos a nuestro segundo aniversario, esta vez no se fue de viaje, decidimos cenar en el mismo restaurante al que fuimos en nuestra primera cita, estaba siendo una noche maravillosa. Todo se torció cuando su móvil empezó a sonar, decidimos que los móviles se quedaban en casa, esa noche solo era para los dos. Era su jefe diciéndole que en dos horas tenía un vuelo a no sé que país, deje de prestar atención a la conversación cuando fui consciente que en nuestro segundo aniversario, volvería a dormir sola.

Llego el tercer año y ya decidí hablarlo con él, le dejé claro que si seguía por ese camino nuestro matrimonio se iría a pique, le dije que entendía que por su trabajo tendría que viajar, pero que nuestro matrimonio también era importante y lo estaba descuidando. Víctor terminaba prometiendo que viajaría menos, pero en cuanto veía que mi cabreo cedía volvía a las andadas. Durante el último año tuvimos esta discusión más de cien veces, una de ellas viendo que cogería mis maletas y me iría, decidió aceptar una oferta que le hicieron en una universidad para dar clase.

Sabía que a él, lo que de verdad le gustaba era el trabajo de campo, hablo con sus jefes y estos a regañadientes decidieron que viajaría una vez cada tres meses. Creéis que esto duro mucho, pues no, uno de mis compañeros de trabajo viendo mi mal humor dedujo que mi matrimonio no iba bien y empezó una trabajo de pico y pala. Yo no le hacía caso, ya estaba con el hombre que amaba y los demás me sobraban.

Todo cambio la noche de nuestro tercer aniversario, esa noche tenía una sorpresa para él, había aceptado un trabajo para crear unos escudos de energía, la intención era crear una nave que llegara al manto terrestre y así poder tomar muestras. Estaba casi segura que el que iría en esa nave sería mi marido, junto a su mentor eran los dos mejores en su trabajo. Pues bien, la sorpresa me la llevé yo, mientras le esperaba en el restaurante con el nuevo vestido que me había comprado para la ocasión, me llego un mensaje en el que me decía que se le había complicado un trabajo y no podría llegar para la cena.

Esto fue la gota que colmo el vaso, estaba tan enfadada, tan decepcionada, que todas las defensas que había creado, para protegerme de mi compañero, empezaron a caer una a una. Al final paso lo que no tenía que haber pasado y termine con ese compañero en una habitación de hotel a cuatro patas después de haberle comido la polla. Delante de mí había un gran espejo, cuando levante la cabeza para mirar, la escena que vi me dio tanta vergüenza. Como había caído tan bajo, me esmeré para que acabara lo antes posible y me fui de esa habitación corriendo sin mirar atrás después de vestirme.

Durante las siguientes semanas, mi compañero intento volver a quedar conmigo en esa habitación de hotel, pero yo le ponía excusas, no tenía ninguna intención de volver a quedar con él, lo hice para vengarme y lo único que había conseguido era avergonzarme a mí misma profundamente. Durante un tiempo mi compañero me dejo en paz, pensé que se habría aburrido. Esa semana Víctor tenía que volver a irse de viaje, una noche antes de que Víctor volviera, mi compañero apareció en la puerta de mi casa.

No quería ningún escándalo y le dejé pasar, tenía claro que no pasaría nada. Él, creyendo que me volvería a follar, puso una sonrisa de triunfador, esa sonrisa duro lo que tarde en dejarle claro que no volvería a pasar. No puso buena cara, pero estaba seguro de que si seguía insistiendo caería rendida a él. Casualidades de la vida, esa noche Víctor adelanto su llegada y nos encontró a los dos hablando en el sofá.

Víctor no era tonto y se olió algo, aunque no dijo nada. No tardo mucho en averiguarlo. Mi compañero me grabo sin yo saberlo y fue a su facultad a enseñarle el vídeo, sus intenciones eran claras, vengarse de mí y humillarlo a él, el tío termino en el suelo por un puñetazo de Víctor y con una denuncia mía por haberme grabado sin mi consentimiento, todavía recuerdo la conversación que tuve con él después de que Víctor me llamara para contarme lo que mi amante había hecho.

A la mañana siguiente lo primero que hice fue ir directa a su despacho y pedirle explicaciones.

• ¿Tú quien te crees que eres para grabarme sin mi consentimiento y después enseñárselo a mi marido? – pregunte muy enfadada.

• Que te creías que podrías pasar de mí y no tener consecuencias – dijo mi compañero riéndose.

• Tú no eres muy listo, ¿verdad? – espeté más que enfadada.

• ¿Por qué?, ¡porque acabo de hablar con mi abogada y te voy a meter una denuncia que te vas a cagar!

• Tú eres tan culpable como yo en la rotura de tu matrimonio – dijo mi compañero defendiéndose.

• Lo soy más, por haber aceptado follar contigo, pero yo estoy a punto de pagar por mi error y tú vas a pagar por el tuyo – dije.

No quise escuchar más, me marché dando un portazo, pasadas unas semanas, yo había firmado los papeles del divorcio y mi compañero perdió el juicio, no solo tuvo que indemnizarme. Le cayeron cuatro años de cárcel, Víctor y yo tuvimos una gran discusión, en ella le dije que la noche que nos vio en casa, era la segunda vez que iba a follar con mi compañero, no sé por qué lo hice, creo que fue por el calor del momento, pero si algo tenía claro era que el error que cometí en la habitación de ese hotel, no lo cometería en mi propia casa.

Habían pasado los meses, Colette me ayudo mucho, termino siendo parte del proyecto en el que estaba trabajando yo. No tenía vida, intentaba pasar el menor tiempo posible en casa, para ello trabajaba hasta catorce horas diarias, los únicos días que trabajaba mi horario normal era cuando quedaba con Colette para cenar. En la última cena me comento, que al día siguiente vería a Víctor, algo grabe había pasado.

Colette estaba nerviosa y no era porque volvería a ver a Víctor, algo grabe de verdad estaba pasando. Si no me lo había contado era porque tenía órdenes de no hacerlo. Después de aquella noche no supe nada más hasta que paso una semana, mi jefe me dijo que unos científicos vendrían a ver unas pruebas al laboratorio. Cuando me dijo los nombres de esos científicos casi me caigo de culo al suelo.

Eran, Colette, Víctor y su mentor, allí me encontraba yo en la puerta de la agencia junto a dos compañeros de trabajo esperando a mi exmarido y mi mejor amiga, nerviosa como no lo había estado desde la primera vez que vi a Víctor en la cafetería de la universidad.

Continuará.

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