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El principio del fin 2

El núcleo de la Tierra se está apagando y solo tienen una ventana de tiempo limitada para actuar. Víctor y Sara, atrapados en el eco de su propia ruptura, deben dejar de lado el orgullo y el deseo reprimido para diseñar la única esperanza que les queda. Mientras el mundo ignora el peligro, ellos saben que el tiempo se agota, tanto para el planeta como para sus segundas oportunidades.

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El principio del fin 2

• ¿El núcleo se ha detenido, dices? – pregunto asustada Colette.

• No tengo todos los datos todavía y me he puesto en lo peor, la hipótesis que barajamos es que el núcleo se ha enfriado y gira a menor velocidad – dije.

• ¿Eso que significa? – pregunto el militar.

• Significa que el campo magnético se ha debilitado, por eso los fallos de los marcapasos y la desorientación de los pájaros – dije.

• ¿Tiene solución? – pregunto Colette.

• Si se ha detenido no, pero si se está enfriando podríamos tener una oportunidad.

• ¿Estás seguro? - pregunto Colette.

• Es una hipótesis, en el terreno que pisamos, la seguridad es un lujo – dijo mi mentor.

Todos nos quedamos callados, la única solución que veía era calentar el hiperfluido de hierro y níquel a una temperatura de cinco mil grados, de esa manera volvería a la fluidez original. El problema era que no solo tendríamos que lidiar con esa temperatura tan extrema, sino con el millón cuatrocientas mil atmósferas de presión que ejercía el núcleo externo.

• ¿En qué estás pensando Víctor? – pregunto mi mentor.

• La única solución es calentar el núcleo externo asta los cinco mil grados que tenía originariamente, de esa manera será más fluido y girara más rápido – dije.

• El problema será, con que podremos calentar el núcleo externo que es del tamaño de un planeta pequeño – dije.

• ¿Si usamos bombas nucleares? – pregunto Colette.

• No funcionará, nos harían falta todas las bombas nucleares que hay en el planeta y no sería suficiente, necesitamos algo más manejable y que produzca más calor – dije.

• En colaboración con distintas agencias de todo el mundo, hemos creado una serie de satélites, que crean un aro de plasma con una temperatura superior al del sol – dijo Colette.

• ¿Qué temperatura llego a alcanzar ese anillo? – pregunto mi mentor.

• En la única prueba que se hizo alcanzo los diez mil grados, pero tengo la sensación que podía alcanzar más – dijo Colette.

• El problema es que no hay ningún material en la tierra que pueda aguantar esa temperatura, sumado a la gran presión que tendrá que soportar – dije.

• Se dé alguien que podría ayudarnos – dijo Colette.

• ¿Quién? – pregunto mi mentor.

Algo dentro de mí me decía que ya sabia quien era esa persona y no tarde mucho en ratificarlo.

• Sara, ella está desarrollando unos escudos de energía basados en el campo magnético que protege la tierra, esos escudos podrían ser lo suficiente fuerte para aguantar la temperatura y lo suficiente flexibles para soportar y amoldarse a esa brutal presión – dijo Colette.

La situación del núcleo terrestre era irreversible, este plan solo nos permitiría ganar tiempo, pero todo dependía de los datos que mi mentor y yo estábamos esperando. Si el núcleo seguía rotando aunque fuera a menor velocidad, abría una oportunidad. Por fin salimos de la morgue, el militar de alto rango me dijo que sus superiores se pondrían en contacto con nosotros, esperaba que para entonces tuviéramos un plan solidó.

Mi mentor estaba asustado y excitado a partes iguales, hacía años que no lo veía así, también me fije como coqueteaba con Colette y esta se dejaba coquetear, si mi mentor no fuera tan mujeriego, sería una gran pareja. Me reí para mis adentros, este era demasiado carcamal para cambiar. Colette me dijo que me invitaba a cenar, quería hablar conmigo.

Colette nunca hizo distinciones entre Sara y yo, para ella estábamos a la misma altura, pero que quisiera hablar conmigo me preocupo, para que tomara partido por uno de los dos, eso significaba que uno de los dos estaba realmente mal. Sara se equivocó, pero no más que yo, me sentía culpable, tal vez tendríamos que haberlo intentado otra vez. Según me vino esa idea, la descarte, yo tenía que cambiar muchas cosas para poder volver a tener una nueva relación, si no el resultado sería el mismo.

Me llevo a un restaurante muy bonito y acogedor, la comida era exquisita y la atención no se quedaba atrás. No entramos en materia hasta terminar el postre, no entendía como podía tener esa figura con lo golosa que era, en cuestión de postres seguía sin privarse de nada.

• He hablado con Sara, está tan mal como tú, no entiendo qué os paso.

• Soy un adicto al trabajo Colette, eso pasó, ella habló conmigo en reiteradas ocasiones y yo no le hice caso pensando solo en mi egoísmo.

• Te ha sido infiel, eso es un hecho, pero no es irreversible, os queréis mucho – dijo una apenada Colette.

• Colette yo…

• No pienses que defiendo su infidelidad.

• Colette, tranquila, la culpa fue mía, ella me dio mil oportunidades de cambiar y yo las desperdicié todas.

• Estoy segura de que vuestro amor no termina aquí – me dijo con una sonrisa.

• No sé que nos deparara el futuro, no me cierro a nada, ¿y tú qué tal? – pregunte.

• Si tu pregunta va por mis sentimientos hacia ti, te diré que están superados, siento algo muy fuerte por otra persona, pero no sé si me conviene.

No le pregunte más, sabía perfectamente que Colette, no soltaría prenda. No negaré que sentía mucha curiosidad por saber quien era esa misteriosa persona, también me alegre mucho por ella, se alejó de nosotros rota de dolor y ahora volvía a ser la Colette de siempre, también sabia que nos ayudaría a los dos y haría todo lo posible para que no diéramos una nueva oportunidad, la conocía demasiado bien.

El móvil empezó a sonar cortando radicalmente la conversación, era mi mentor, nos dijo que los datos habían llegado, me los había mandado al correo electrónico. Saque mi tablet y los mire detenidamente, dentro de la gravedad estábamos de suerte. El núcleo seguía girando, pero a trompicones como un motor viejo, según parece algunas partes del núcleo se habían endurecido, por eso el campo magnético fluctuaba de esa manera, pasando de un estado normal a uno más débil.

• Colette, pidamos la cuenta, tenemos que ir a la habitación de hotel de mi mentor, nos espera allí.

• Muy bien.

Cuando entramos en su habitación, este se encontraba sentado en un gran sofá, con una copa de coñac y mirando a una mesa que tenía llena de papeles, como odiaba este hombre la tecnología, para él la máquina de escribir fue un adelanto tecnológico y lo que ha venido después, una perdida de tiempo. Si no necesitara un ordenador para su trabajo, no tocaría uno ni en pintura.

• Estamos de suerte Víctor – dijo mi mentor.

• Sí, dentro de la gravedad.

Nos sentamos en frente de el, le explicamos lo que ella y yo habíamos hablado en la morgue, era un plan arriesgado y mi mentor no las tenía todas consigo, pero no había otro plan, aquí las bombas nucleares no surtirían efecto.

• Tenéis claro que esta es una solución temporal, el núcleo se ha empezado a enfriar más deprisa de lo que teníamos calculado y no sabemos por qué – dijo mi mentor.

• Sí, la situación del núcleo es irreversible, esto solo servirá para ganar tiempo, eso si conseguimos una nave que pueda bajar hasta allí abajo – dije.

• ¿Qué sabes de esto Colette? – pregunto mi mentor.

• El equipo de Sara estaba trabajando en una nave para llegar hasta el manto terrestre y tomar muestras, pero no sé si podrá llegar tan abajo - dijo Colette.

Colette recibió un mensaje, nos esperaban a los tres en la agencia donde trabajaba Sara. Querían que asistiéramos a una prueba que tenían preparada y de paso querían enseñarnos el diseño de la nave, Colette contesto que allí estaríamos y nos miró a los dos. Era hora de ir a descansar, mañana sería un día muy largo, llevaba meses sin ver a Sara y al día siguiente volvería a verla.

No podía evitar estar nervioso, por una parte, tenía ganas de verla y por otra me sentía aterrado. Por una parte, me sentía aterrado solo de pensar que me hubiera olvidado de mi, por otra parte, me aliviaba ese mismo pensamiento. Estaba hecho un lío, llegue a mi habitación del hotel y me dispuse a darme una ducha caliente, esto siempre me había ayudado a calmar mis nervios.

Mi mente me llevo a tiempos más felices y no pude evitar que mi mente dibujara el perfecto cuerpo de Sara, era como si estuviera allí duchándose conmigo, veía perfectamente como el agua le caía por esos preciosos pechos, como se daba la vuelta para enseñarme ese poderoso culo y lo movía incitándome para que tuviéramos un combate amoroso.

La erección fue dolorosa, con la visión de Sara en mi cabeza, desde nuestra última vez no había estado con ninguna otra mujer y habían pasado unos cuantos meses, me tumbé en la cama y me dormí según mi cabeza, toco la almohada. El despertador sonó y me levante, después de una ducha rápida elegí uno de mis mejores trajes y baje a desayunar.

Tenía tres cuartos de hora hasta que mi mentor y Colette vinieran a recogerme. Termine de desayunar y salí del hotel, llegaron puntuales como un reloj, como no, mi mentor si no llegaba a la hora explotaba. Fuimos hasta la agencia donde trabajaba Sara en silencio, al llegar nos esperaban, Sara y otras dos personas, uno era el creador de la nave y la otra la mejor ayudante de Sara.

Nos dimos la mano entre nosotros hasta que llego el turno de Sara, qué guapa estaba, nos quedamos mirándonos y tuve la sensación de que el tiempo se detenía. Fue Colette que con un golpecito en mi nuca me devolvió a la realidad, después empezó a reírse mientras Sara se ponía roja como un tomate. Mire a Colette como si quisiera estrangularla y esta me miro con una gran sonrisa.

Entramos dentro, el complejo era impresionante, lo primero que hicimos fue firmar un contrato de confidencialidad, la verdad es que no me extrañaba. En ese edificio habían creado algunos de los inventos más impresionantes del último siglo, andamos por un estrecho y largo pasillo, hasta que llegamos a una sala de mandos, en la pared había una ventana y al mirar se veían unos seis satélites, pero lo que más me llamo la atención fue que las paredes estaban revestidas con un material refractario que no había visto jamás.

Nos dieron unas gafas de seguridad, un casco y unos cascos para el sonido, Sara y Colette se pusieron a los mandos, qué cabrona, qué callado se lo tenía Colette. No quiso decirme que la prueba era sobre los satélites que ella y su equipo habían creado, cuando me miro y me saco la lengua mientras me sonreía, no pude más que sonreír. Lo pusieron en marcha y cuando salió el primer resplandor, el cristal de la ventana se puso negro, como los cristales inactínicos de las máscaras de soldar.

Los seis satélites crearon un aro perfecto, este cada vez brillaba más, entonces Sara manipulo una de las pantallas de mando y de la pared refractaria apareció una especie de campo de fuerza que lo cubría, eso lo vimos en uno de los monitores, el cristal era demasiado oscuro para apreciarlo. El brillo era tan intenso que incluso un cristal tan oscuro como el que teníamos delante no podía opacarlo, según dijo Colette el anillo había alcanzado una temperatura de tres mil grados.

La pared y los escudos de fuerza aguantaban bien, Sara fue subiendo la intensidad y temperatura del anillo. Cuando llegamos a los diez mil grados, todo empezó a temblar, Colette detuvo la prueba cuando el anillo había superado los quince mil grados. Según nos comentó, el anillo desprendía tanta energía que ponía en peligro toda la estructura del edificio. Esperamos a que todo se enfriara y al mirar las padeces habían aguantado bien, prácticamente no tenían desperfectos y habían aguantado una temperatura superior a la que soportarían dentro de nuestro planeta.

Sara nos comentó que dentro de la sala había una máquina que aumentaba las atmósferas de presión y que el escudo de fuerza había aguantado más de doscientas mil atmósferas de presión sin inmutarse, estaba realmente impresionado. Mire a Sara con una expresión de auténtica admiración, había estado tan absorto en mi trabajo que me había perdido el trabajo de ella. Me creía el más listo y Sara me acababa de demostrar que me había superado con creces, qué orgulloso estaba de ella.

Sara al ver como la miraba agacho la cabeza roja como un tomate, pero con una gran sonrisa. Después fuimos a otra sala, donde el hombre que diseño la nave que usaríamos nos pondría al corriente de todas las características de esta, tenía forma de una oruga, se había basado en este insecto, por el cuerpo tan flexible que tenía, en el frente tendría un láser basado en el rayo de los satélites de Colette, este era un plasma capaz de evaporar cualquier elemento, menos el diamante, con esto tendríamos que tener cuidado, la nave estaría dividida en varios vagones. Lo que si dijo el diseñador era que no estaba creada para bajar tan abajo, además que tener que perforar cinco mil kilómetros, tal vez sería demasiado para la nave.

Ya había barajado esto, mi idea era usar un volcán extinto, las calderas de los volcanes eran alimentadas por magma que subía desde lo más profundo del manto y podríamos utilizar el recorrido que había realizado el magma en su ascensión para poder bajar hasta el núcleo sin forzar en demasía la nave. Una vez entráramos en el núcleo pondríamos a prueba los escudos y ese material refractario, según el diseñador, ese material evitaría que nos cociéramos dentro, pero por si acaso pondría un sistema de refrigeración con nitrógeno líquido como también llevarían los satélites inventados por Colette.

Bueno ya teníamos algo parecido a un plan, la nave llevaría el visor que yo había inventado para ver dentro de la tierra, este visor funcionaba como los rayos x, era capaz de pasar a trabes de cualquier elemento, dándole a los elementos de baja densidad un color claro, los de alta densidad un color más oscuro y a los espacios vacíos un color blanquecino. Unas cámaras normales se fundirían con el extremo calor que haría en este viaje hacia el centro de la tierra, mis cámaras podrían ir dentro de la nave bien protegida y permitirnos ver las profundidades de nuestro planeta.

Como dije salí muy impresionado, al salir de la agencia un todoterreno nos esperaba con dos militares con cara de enfado. Nos montamos, mi mentor, Colette, Sara, el diseñador de la nave y yo. El viaje fue largo, no sabría decir cuanto tardamos, porque estaba demasiado ocupado intentando que Sara no notara lo nervioso que me estaba poniendo, cosa que no conseguí, por ciento.

Cuando llegamos, entramos en una especie de bunquer, allí nos esperaban militares llenos de medallas y distintos científicos de distintos países, uno de los militares espero a que tomáramos asiento y hablo.

• ¿El problema que tenemos entre manos tiene solución?

• No, el problema del núcleo es irreversible – dije.

• ¿Entonces? – pregunto otro militar.

• El plan que hemos trazado es un parche, para ganar tiempo – contesto mi mentor.

• ¿Ganar tiempo de qué? – pregunto otro.

• De vida – respondí yo.

Les expliqué que el núcleo llevaba miles de años enfriándose, lo que ocurría era que por una razón que se nos escapaba, el núcleo se había endurecido en algunas partes, haciendo que la rotación fuera errática, de ahí los fallos de marcapasos y la falta de orientación de las aves. Este hecho se daba solo en los sitios donde ese hiperfuido endurecido pasaba al rotar, los militares decían que no era tan grabe, con inventar marcapasos que no se estropearan con el campo magnético bastaría.

De los pájaros ni se preocuparon, entonces mi mentor tomo la palabra y les comento que según el núcleo se fuera endureciendo, el campo magnético se iría debilitando, hasta que en algunas partes fuera tan débil que podría dejar pasar los vientos solares, donde esto ocurriera, todo quedaría arrasado.

Después comento que ese campo magnético, cada vez más débil, crearía supertormentas eléctricas capaces de arrasar ciudades. Los muertos se contarían por miles, uno de ellos pregunto, cuál sería la situación más complicada. Mi mentor me miro y tomé la palabra, dije sin ninguna duda que esa situación se daría cuando el núcleo estaría tan endurecido que apenar pudiera rotar, en ese momento el campo magnético se desmoronaría y los rayos solares arrasarían con la vida en el planeta, ese sería un EEM (Evento de extinción masiva).

Cuando otro de los militares de alto rango pregunto, cuando llegaríamos a ese momento, la contestación fue que no lo sabíamos, podía ser en cincuenta años, en doscientos o en cinco mil años, el plan que se había trazado era para retrasar ese momento crítico que llegaría inevitablemente, el silencio lleno la sala, mire a Sara y tome aliento para seguir explicando el plan.

Continuará.