Xtories

El pacto (Anexo)

Entre el fuego cruzado y la traición, solo queda un refugio: el cuerpo de quien te mira sin miedo. Pero cuando la noche termina, el precio del placer se cobra en sangre.

Apasionado 211K vistas9.5· 27 votos

El pacto (Anexo)

Al salir del mi antiguo piso, Laura no estaba nada contenta, me miro y me dijo.

• ¡No entiendo que se haya salido de rositas!

• Le he enseñado este documento y ni ha pestañeado.

• ¿Qué quieres decir?

• Se que no mentía en lo del plan de Víctor para implicarnos, pero sabía perfectamente que esos documentos existían.

• ¿Quieres decir, que sabía lo del blanqueo de dinero?

• Sí, pero necesito pruebas más contundentes, Sara es una mujer muy lista.

Pronto sería el cumpleaños de Laura, la invité a cenar y después nos iríamos a esos locales de música infernal. Que manía con lo cómodo que se estaba en un pub irlandés tomando una buena cerveza y escuchando buena música. Laura se había convertido en la primera mujer Einherjar por derecho propio, en aquella isla le enseñé todo lo que sabía, pero tengo que decir que demostró un valor tal que me dejo impresionado en muchas ocasiones.

Mis compañeros estaban igual que yo, todavía recuerdo como entro en un edificio que estaba siendo acribillado, para salvar a Sergey, un hermano para mí. Este había sido herido en una pierna restándole movilidad, el general ya lo daba por perdido, pero mientras yo abatía a los enemigos desde la distancia, Laura entro en aquel infierno arriesgando su vida. Eran demasiados, no me daba tiempo de abatirlos con la suficiente rapidez.

Laura movió el cuerpo de Sergey a un lugar resguardado y espero taponando su herida a que acabáramos con todos los enemigos que estaban disparando como si estuvieran enajenados. Al final todo el equipo colaboro, haciendo caso omiso a la orden de dejar atrás a Sergey, como todo salió bien, el general nos dio un tirón de orejas a todos, pero nos dejó claro que la siguiente vez acabaríamos todos en la prisión que la organización tenía en Siberia, allí nos pasaríamos el resto de nuestra vida picando piedra a cuarenta y cinco grados bajo cero.

Los Einherjar eran una organización independiente a cualquier rama militar, no trabajaba para ningún país, pero a la vez trabajaba para todos, tenían su propia financiación y su propia cárcel, esta no era otra cosa que una mina, los presos condenados trabajaban de sol a sol extrayendo cobre de ella. Todos tragamos saliva, era muy capaz de hacerlo, mientras llevaban a Sergey al hospital que tenía la organización, me cogió de la mano y me dijo.

• No la dejes escapar, hermano, esta mujer vale su peso en oro, siempre has sido un hombre valiente, no te acobardes ahora.

La verdad que Sergey tenía razón, pude ver como Irina venía corriendo, ella era enfermera en el hospital y la mujer de Sergey. La herida que tenía en la pierna era aparatosa, pero nada que no curara un tiempo de reposo. Fue Laura la que la abrazo con un cariño infinito, esa era la Laura que yo conocí antes de que nos enviaran a aquel infierno. Esta me miro y me sonrió, era hora de empezar a reconocer que Laura me gustaba y mucho, pero la traición de Sonia seguía muy presente.

Todos los Einherjar, teníamos una casa asignada, yo fui a la casa de Laura y toque el timbre, cuando abrió la puerta me quede con la boca abierta. Ante mi tenía la mujer más hermosa del mundo, Laura media un metro setenta centímetros, tenía un cuerpo de infarto y un pelo rojo como el cielo en un atardecer. Traque saliva, ella sonrió, cociéndome del brazo, me dijo.

• ¿A dónde me vas a llevar?

• Es una sorpresa.

La cena fue estupenda, no conocía ese restaurante, me lo recomendó el general. La verdad que me reí mucho, fue una gran sensación volver a sentirme una persona normal. Mi mente empezó a fantasear con una vida lejos de guerras y con niños en el futuro, ese sí que era un sueño por el que merecía luchar y lo tenía a un metro de mí. Laura estaba enamorada de mí, eso lo tenía claro, pero se merecía que yo aclarara mis sentimientos, se merecía la mejor versión de mí.

Terminamos de cenar, me saco del restaurante cogido de la mano y me llevo a una discoteca a la que ella solía ir en el pasado y le gustaba mucho. Cuando entramos el ruido era ensordecedor, tardamos una eternidad en llegar a la barra y poder pedir unas consumiciones. Laura era feliz y eso me hacía feliz a mí, entonces miro a la pista de baile, me miro a mí y me llevo justo a la mitad.

Que forma de moverse, cada movimiento del cuerpo de Laura era sugerente y me tenía cardiaco perdido. Todo estuvo a punto de estropearse cuando a lo lejos pude divisar a Sara, la forma de mirarnos no me gusto nada, entonces se acercó a nosotros, saludo a Laura y me pidió hablar conmigo.

• Me dijiste que no sabías lo que sentías por ella – en forma de reproche.

• Sara, tú ya no eres quien para reprocharme nada, lo que yo sienta por Laura o no, no es de tu incumbencia.

Vi como sonrió mirando hacia la pista de baile, allí se encontraba Laura hablando con un antiguo compañero de trabajo, según me dijo Sara habían tenido una cena de empresa. Aquel tío era un ligón empedernido, pero esta vez el que sonrió fui yo, gesto que a Sara no le agrado en absoluto.

• Sara, Sara, veo que sigues subestimando a Laura.

Le deseé a Sonia que tuviera una buena noche y fui en dirección a donde estaba Laura. Al llegar a donde ella. A Laura se le iluminó la mirada, le cogí de la mano y me la llevé de aquel antro infernal. Salimos los dos entre risas, lo primero que hice fue respirar el aire fresco de la calle y después besar los labios de Laura. Ella colaboró plenamente con el beso, a unas cuadras había un pequeño hotel, la verdad es que nos pareció romántico y pedimos una habitación, por dentro no estaba nada mal y las habitaciones eran mejores que en muchos hoteles con más renombre.

Al entrar en la habitación, Laura se desabrochó el vestido y lo dejo que resbalara por su precioso cuerpo. Cuando este cayó al suelo pude observar que no llevaba ropa interior, eso me puso como una moto. Mirándome con una extrema picardía, anduvo de espaldas hasta que llego a la gran cama de matrimonio. Se sentó sobre esta y abrió sus piernas enseñándome su precioso coñito, húmedo y palpitante, me desvestí rápidamente y me metí entre sus piernas. Laura apretaba cada vez más su cabeza sobre su coñito, sus jadeos cada vez eran más fuertes hasta que se corrió como un grifo.

Una vez recupero el aliento, me cogió mi rostro con sus dos manos y me beso, saboreando sus propios jugos, entonces se levantó y apoyando sus pechos sobre el gran ventanal, echo su culo atrás para que pudiera penetrarla, empecé a meterme polla en ese coñito estrecho y caliente, cuando la tuve toda dentro Laura tuvo que meterse la mano en la boca para ahogar el grito, su orgasmo fue atronador.

Me miraba roja de vergüenza, pero para mí fue una gran muestra de lo que ella sentía por mí, bese su cuello y empecé a penetrarla. Mientras lo hacía le decía en el oído que todas mis dudas se habían disipado, que quería envejecer a su lado y formar una familia.

Los dos tuvimos un orgasmo atronador, Laura se dio la vuelta y me miro con una gran sonrisa, me beso y nos tumbamos en la cama, entonces me dijo.

• Me has hecho el mejor regalo del mundo.

Ese fue el pistoletazo de salida para una gran noche donde nos demostramos todo lo que sentíamos el uno por el otro. Creo que dormimos unas dos horas, los rayos de sol empezaron a entrar por el gran ventanal. Nos duchamos y bajamos a desayunar, el hotel nos gustó. Teníamos claro que volveríamos más pronto que tarde, nos montamos en el coche. Lo pusimos en marcha de camino a casa de Laura, pero de repente nos dimos cuenta de que un coche nos seguía, estábamos tan concentrados en ese que no vimos el coche que nos embistió desde el lado derecho.

El coche dio unas vueltas de campana, para cuando se detuvo, Laura y yo estábamos casi inconscientes, lo último que hice antes de perder el conocimiento fue volver a apretar el botón de mi móvil, dejando la alerta a todos nuestros compañeros. Después de eso perdí el conocimiento, Laura lo perdió en el golpe.

Me desperté con las manos atadas a una silla por unas bridas, delante de mí estaba Laura colgada sobre un estanque lleno de agua electrificada. Un hombre me dio un tortazo y me enseño unos documentos. En ella aparecía una gran cantidad de dinero y un número de cuenta irrastreable, al verlo sabía perfectamente quien había mandado esos documentos y que todo esto era una distracción para poder fugarse con la pasta. No pude evitar echarme a reír, aquel hombre me volvió a dar otro tortazo.

• ¿De qué te ríes?

• Sois tan estúpidos que mientras perdéis el tiempo torturándonos a nosotros, el verdadero culpable ya ha escapado con el dinero.

• No te creemos, veremos si tu versión sigue siendo la misma cuando la veas a ella sufrir.

Bajaron el cuerpo de Laura, hasta que sus piernas entraron en contacto con el agua, recibiendo una gran descarga eléctrica. Cuando la volvieron a subir, los dos nos miramos, la siguiente vez que la bajaran aprovecharía para dislocarme los dedos y poder librarme de las ataduras y después, mientras distraía a todos los presentes, le daría tiempo a Laura para hacer lo mismo.

Volvieron a bajar a Laura, el tío me agarraba del pelo mientras se reía viendo el sufrimiento de mi amada, me disloque los dedos y pude zafarme de mis ataduras, entonces colocándome los dedos, rápidamente cogí su arma, después pase mi brazo por su cuello y le apunte con esta. Mientras eso pasaba, Laura se había soltado de las cadenas.

Había conseguido desarmar a dos hombres y apuntaba a todos los presentes.

• ¡No podréis escapar!

• Eso crees – dijo Laura.

• ¿Ves esa luz que parpadea? – pregunte.

• Son nuestros compañeros que están a punto de entrar.

Cuando los subordinados del hombre que tenía apresado vieron que nuestros compañeros con Sergey a la cabeza entraban, empezaron a disparar. No tardaron mucho en ser abatidos, el hombre que tenía apresado agacho la cabeza sabiendo que había perdido.

• Matadme ya.

• No, iras a un sitio donde vales más vivo que muerto, eso si desearas todos los días que te hubiéramos matado.

Aquel hombre iría a Siberia, igual que todos los hombres poderosos y corruptos de la ciudad, Laura me miro lamentando de que Sonia se nos había escapado. La miré con una sonrisa y le pasé un escáner.

• ¿Y esto?

• La posición exacta de Sara.

• ¿Cómo?

• Aquella noche le metí un rastreador en el café mientras estaba distraída mirando los documentos.

• ¿Ya has pensado que vas a hacer?

• Si, ya lo tengo decidido.

Sara se encontraba en un país sin tratado de extradición, pero eso a mi organización le daba igual, teníamos jurisdicción en cualquier país. La forma de huir fue muy ingeniosa, no lo hizo en un avión de pasajeros, sino en uno de carga, escondida en una de las cajas de madera. De esa manera nadie pudo encontrarla antes de salir del país, me encontraba junto a Laura dentro de un coche.

Teníamos a Sara justo delante en una terraza tomándose un refresco, mientras estaba distraída leyendo un libro, los dos salimos del coche. Al llegar a la mesa nos sentamos ante una sorprendida Sara.

• ¿Cómo me habéis encontrado?

• Por esto – le enseñe el escáner.

• No podéis hacer nada, este país no tiene extradición – dijo sonriente.

• Eres una ilusa – dijo Laura.

Sara empezó a preocuparse y su labio empezó a temblar, estaba segura de que pensó que la íbamos a matar.

• Tranquila, no te vamos a matar, eso sería demasiado fácil.

• Me enviaréis a la isla donde Víctor os mando a vosotros – muerta de miedo.

• No, no permití que violaran a Laura y tampoco lo permitiré contigo, iras a Siberia, donde trabajaras picando piedra el resto de tu vida – dije.

Unos hombres se acercaron y después de esposar a Sara se la llevaron, al final había resultado que Sara no era tan diferente a Víctor, ella también nos había vendido por su propio beneficio. Ahora tendría tiempo para reflexionar sobre ello, mientras picaba piedra en aquella mina infernal.

Habían pasado un par de meses de aquello y Laura me comunico que estaba embarazada, después de cenar fuimos a celebrarlo a aquel hotelito, sabiendo que de aquí en adelante, mi vida estaría llena de felicidad, sabiendo que mi sueño se había hecho realidad.

FIN.